LA MORAL EN KANT Y EN SARMIENTO.
Prof. Guillermo R. Gagliardi.-
. Las confesiones autobiográficas del sanjuanino ejemplifican sorprendentemente el pensamiento del profesor de Königsberg. El trabajo esperanzado fundamentó la épica sarmientina, su vida y obra, su escritura-hacer titánicos. Su ética, el ‘telos’ de esa gesta, su logos y su praxis, recoge estos axiomas kantianos en el territorio virgen de la América criolla. El "rastro duradero en la educación" y las "columnas miliarias en los edificios de escuelas" están amasados en los vectores kantianos, en su Guerra Santa por la Instrucción Popular, "para que todos participen del festín de la vida", postergando permanentemente esa felicidad terrenal que "nos fue negada" (ver ‘Un Resumen’, Augusto Belin Sarmiento, en su ‘Sarmiento anecdótico’ ed. de 1929, Saint Cloud, pág. 331). En los sublimes pensamientos de Kant podemos encontrar "al alma misma", a la esencia de la moralidad del autor de ‘Educar al Soberano’.-
"...gobernándolo desde arriba, otorgándole el sentido elevado que resplandece en cuanto él era y en cuanto él hizo, estaba aquella buena voluntad que Kant ponía por encima de todas las cosas. Y esto era en él decisivo. Era el principio ordenador, el móvil supremo que lo enfilaba en una dirección precisa": así afirma Francisco Romero (1891-1962) sobre la robusta personalidad del médico y filósofo Alejandro Korn, y lo adscribimos como síntesis apropiada del extraordinario cuyano (ver su ‘A.Korn. Filósofo de la libertad’ 1956, pág. 35). Energía espiritual y despliegue en tensión a una axiología de lo ‘bene-volente’. ‘Caudillo del bien’ lo adjetiva justamente Romero (en su ‘S. y la instr. pop. y extraescolar’, 1962, incl. en ‘S. y la educ. pública’ vs. autores, págs. 215-236).
La pedagogía kantiana contiene en su desarrollo fundamental un momento negativo, el de la ‘disciplina’, "quitar el salvajismo al niño", y uno positivo: la educación física (formación de las disposiciones naturales), la ‘prudencia’ (desenvolvimiento de y en la vida social) y la ‘educación práctica’ (cualidad de la libertad moral). Se refiere aquí a la capacidad para proponerse, a través del ‘ars docendi’, sólo ‘fines buenos’, es decir manifestando la firmeza en cumplir el obrar según principios basados en el deber de la propia conciencia, elevándola por el sentimiento de la dignidad de la persona humana (en su "Über Pädagogik" de 1803, consultada ‘Antología pedagógica’ trad. L. Luzuriaga: ‘Sobre educación’ 1911). Para S. y los liberales de la época de la Organización Nacional, también para los otros preclaros maestros Bello, Hostos, etc., ya en "Was ist Aufklärung?" (1784, ‘Qué es la Ilustración?&rsquo
estaban magistralmente establecidos los teoremas básicos de la liberación intelectual del hombre, la autonomía indeclinable de la voluntad y el pensamiento. Especialmente, por su intensidad y radio de acción, la pasión e intrepidez sarmientinas en llevar adelante estas teorías, implican evidentemente una respuesta político-pedagógica a la pregunta kantiana (‘Beantwortung der Frage&rsquo
. Trascienden esa esplendorosa y fructífera raíz. Además, en S., traducen una preclara concepción mística de la Nación y una idea religiosa de la función del Estadista. Sacraliza la Política y la función docente: tarea de elevadas miras, misión y sacrificio liberadores.
La nota central de la ética kantiana, la "Buena Voluntad", es la que rige las ideas y actos sarmientinos. Inspíranlo su eudemonismo, su concepto sagrado del Deber. El "imperativo categórico" o ley moral, el deber ser. Éste consiste según Kant en la obligación de llevar a cabo una acción. Es "el Supremo Bien" al que se refiere en su "Crítica del Juicio": "el más alto bien posible en el mundo por medio de la libertad". Es "un fin final, al cual tenemos que aspirar obligatoriamente". Distingue en el hombre dos facultades desiderativas: la inferior, que es la felicidad propia, y una superior, la ley moral, que tiene su origen en la voluntad racional. En su citada carta de 1867 a su hija Ana Faustina de Belin, Sarmiento expresa: "es preciso que te armes de coraje como tu padre, que acepta la vida como nos viene, sin creerse con derecho a una felicidad en la tierra, que nos ha sido negada. ¿Por qué serías más feliz que tu patria?...". He ahí la negación de la facultad inferior enunciada por el filósofo germano. Y continúa S.: "Sé mi hija en eso, en sufrir, en trabajar, en esperar...". Ahí radica el deseo superior kantiano. Combatir la barbarie, es su misión esencial, que vertebra su ideario, que legisla sus escritos y acciones.
Resume el sanjuanino su biografía espiritual: "...endurecido a todas las fatigas, acometiendo todo lo que creí bueno,... y no deseé mejor que dejar por herencia millares en mejores condiciones intelectuales, tranquilizado nuestro país, aseguradas las instituciones..." (‘Un Resumen’ citado anteriormente). La norma ética de su personalidad, se basa enteramente en el Bien, en su inspiración y ejecución, "las ideas sanas y realizables", las "teorías muy sencillas y buenas de saber" (carta de 1886 a su nieta Elena). Esta subordinación permanente de su conducta lo acerca a la esperanza, al consuelo del amor de los suyos y de la gloria de la posteridad: así lo explicita en su epístola neoyorquina a la hija. "Tengo la fe que no me abandonó nunca...Sé mi hija... en esperar para mañana o para más allá el sepulcro tú, en otra vida mejor que esperas, yo, en la justicia de la posteridad, que es el cielo de los hombres públicos". Este sentimiento de beatitud futura, es compensación según lo explica Kant en su "La religión dentro de los límites de la mera Razón": "nos calificamos para ello por nuestro esfuerzo en el seguimiento de todo deber humano, el cual ha de ser el efecto de nuestro propio trabajo..." (‘Die Religión Innerhalb der Grenzen der blossen Vernunft’, trad. F. Mz. Marzoa, Alianza, 1981, pág. 120). Por ello continúa Domingo a su hija: "He pasado por terribles pruebas, como pocos hombres habrán experimentado. Luego volara a donde el voto de mis compatriotas me llamase, no a gozar honores, que no lo son tan grandes como lo creen, sino a poner mi nombre en el edificio que se desploma, a trabajar humilde y valientemente"..., "con trabajo, con decisión, con conocimiento de los males del país y sus causas, se puede llegar al fin a levantar a ese país y elevarlo...", "nunca he desesperado de nada" (carta de 1875, a su sobrina Victorina Lenoir). Ésta es pues, la dirección vectorial de la moral autónoma del Sísifo sanjuanino (ver ‘S. a través de un epistolario’ Julia Ottolenghi, 1939).
Según entiende S: "Los maestros de escuela son en nuestras sociedades modernas esos artífices oscuros a quien está confiada la obra más grande que los hombres puedan ejecutar, a saber: terminar la obra de la civilización del género humano..." (‘Los maestros de escuela’, en tomo 30 de sus Obras Completas: ‘Las escuelas base de la prosperidad y de la República en los Estados Unidos&rsquo
. El maestro como civilizador, artífice de la perfección del género humano, tal como Kant también lo piensa: educar para el futuro, como aspiración "a un estado mejor·,para desenvolver la especie, "conforme a la idea de humanidad y de su completo destino. Este principio es de la mayor importancia". Concuerda Sarmiento: "es preciso obrar (...), con un fin que se dirige más allá del tiempo presente.". "Sólo el Bien es Eterno". El comienzo del proceso educativo consiste en el aprendizaje de la disciplina, así lo establecen Kant y Sarmiento. Dice aquél: "La falta de disciplina es un mal mayor que la falta de cultura, ésta puede adquirirse más tarde, mientras que la barbarie no puede corregirse nunca". Observa el sanjuanino, en su "Lectura sobre ‘El Maestro’" (Obras, tomo 30), y antes en su Discurso de 1862, "Viabilidad" (íd, tomo 21) que el hábito de cumplir horarios y obedecer las tareas escolares, induce el sentido del autogobierno, de la asociación y del deber, formativos primordiales de la
razón práctica del educando. "Es preciso obedecer, es preciso obrar..., en virtud de una cosa como deber, según un método como regla, bajo una autoridad como gobierno... He aquí ya la moral inculcada...". Es la "obra sublime pero humilde, humildísima" de "producir a la larga maravillosas transformaciones!".
El sentido moral sarmientino, en la dirección especulativa de "La metafísica de las costumbres", alcanzó un desarrollo activo formidable: consistió en el cultivo, como ya señalamos, de la voluntad de Bien, el cumplimiento de deberes, en la obra civilizadora (op. cit., ‘Introd. a la doctrina de la virtud&rsquo
. En el cumplimiento de esta felicidad moral consiste la virtud del genio de S, ‘infortitudo moralis’, "conformidad de la voluntad con todo deber, fundada en una intención firme". "Deber de virtud externo" (La felicidad de los demás), es la ley y máxima de su actuación política. "Un fin que es a la vez deber –según Kant- que pertenece específicamente a la ética, es el único que fundamenta una ley para las máximas de las acciones". S. posee en alto grado ese sentimiento moral, ese amor entendido como acción y auteoestima, que Kant sitúa como la "condición subjetiva de la receptividad para el concepto de deber". El "bienestar (salus) de los hombres". Soberana capacidad de bregar por la felicidad ajena. Virtud práctica, activa, que supone proponerse como fin el bien, la salud del otro (op. cit., 2ª parte de la Doctrina ética elemental, cap. 1º, secc.1º, div. 28). Deber absoluto que "consiste en complacerse en la felicidad de los demás", "aceptar esta máxima como ley universal" (div. 29). Confiesa don Domingo profesar la "Religión del Bien Absoluto", sabe en qué consiste y cómo realizarlo. Ése es su ‘imperativo categórico’.. Esta ‘exercitorum virtutis’, la Ascética Moral, exige incondicionalmente valor, alegría y esperanza en el cumplimiento de los deberes. "Porque para vencer los obstáculos con los que tiene que luchar ha de concentrar sus fuerzas y a la vez ha de sacrificar muchos goces de la vida" (div. 53). Ésta es entonces la moral kantiana de nuestro prócer. Así la detalla con precisión en su esbozo autobiográfico. "Crecido en la lucha por la existencia, más que mía de mi patria...". "Sin fortuna, que nunca codicié, porque era bagaje pesado para la incesante pugna", "para que todos participen del festín de la vida, de que yo gocé solo a hurtadillas" (loc. cit.). Máximas de un político del orden, de un héroe de la voluntad, máximas estoicas de un hombre público, que ejemplifican las teorizaciones kantianas (ver ‘La filosofía del estado en Kant’, 1952, por F. Gz. Vicén, y también estudio preliminar por A. Cortina Orts, a "La metafísica de las costumbres", Altaya, Barcelona, 1989). Ascesis y heroísmo homérico contiene la doctrina kantiana de la virtud, actualizada en el hacer humanista sarmientino: imperativo para realizar acción positiva para el desarrollo de la humanidad. La vida tal como, p. ej., el filósofo argentino Angel Vasallo la entiende en "¨Qué es la filosofía"(1945, ed. aum. 1954). La vida moral "comienza con un acto de humildad trascendental que acepta la vida, enfrentada a todas las circunstancias". Es la sabiduría hercúlea de Don Domingo. Conocimiento "militante y sufrido" que emerge de la práctica del "hacer moral". Es el "Sollen", el Deber, "raíz de la cual es condición necesaria que proceda aquel valor que es el único que los hombres pueden darse a sí mismos" (Kant, según cita de Vasallo, en su "El problema moral", 1957, cap. "El Deber", pág. 33 y ss,, y en obra anteriormente citada, cap. "Metafísica de la libertad").
"Dos cosas llenan el ánimo de admiración y respeto,, siempre nuevos y crecientes, cuanto con más frecuencia y aplicación se ocupa de ellas la refelexión: el cielo estrellado sobre mí y la ley moral en mí","ante mí las veo y las enlazo inmediatamente con la conciencia de mi existencia"(dice la Conclusión de "Crítica de la razón práctica" 1788). "Obra de tal modo, que la máxima de tu voluntad pueda valer siempre, al mismo tiempo, como principio de una legislación universal", así reza el primer cap. secc. 7 de la obra citada (trad. de E. M.y Villagrassa y M. G. Morente). Ahí esplende la axiología ética, la neta impregnación de valores de la Política sarmientina, su ética Republicana, la idea moral vinculada a la acción cívica. La acción y la autocoacción, según distingue Kant. Es decir, "la fortaleza moral de la voluntad" para cumplir la obligación, y por otra parte el "proponerse como fin al hombre en general": en ello consiste, concluimos, el humanismo sarmientino.