NOTAS SARMIENTINAS EN ENRIQUE BANCHS.-
Por Guillermo R. Gagliardi.-
Parecieran aludir a DOMINGO FAUSTINO SARMIENTO (1811-1888) estos versos de ENRIQUE BANCHS (1888-1968) , de "Las barcas" (1907): "Hermanos: / he venido con vosotros y tengo / la fuerte voz de aliento de que habla mi abolengo. / Mi espíritu es tan grande como un mar sin orillas / y mi esfuerzo más rudo que el que aprieta estas quillas". El Gran Sanjuanino, bravo y recio combatiente por la organización nacional, ha sido el "caudillo de ideales", el visionario de América. "Yo presiento el camino que va al azul. Me guía / la luz de un astro" escribe el poeta. Místico de la Patria. Convencido de su alta, dura y dolorosa misión apostólica. Sarmiento fue el sembrador de buenas ideas. Banchs en su "Elogio de la simiente" (del "Libro de los elogios"), evoca la imagen de la semilla fructífera: "La simiente es como una palabra de profeta / sobre las multitudes". Es el dador de vida y el que se entrega por entero en la lucha por el progreso.
Dignísimo hijo de Sarmiento, Banchs fue infatigable trabajador en "El Monitor de la Educación Común" (fundado por aquél en 1881) y en el Consejo Nacional de Educación. Creador de abundante y bella literatura infantil, teatro y narrativa, enamorado de las escuelas en que el espíritu sarmientino veía con admirable firmeza. Cree autorizadamente que debemos humanizar nuestros próceres: "Mientras representen para la mente infantil hinchazones de genio, de divinidad, de infinito, son modelos inmorales, porque su vida no se ofrece a la imitación". El patriotismo tiene entidad en el pensamiento de ambos prohombres como un imperativo ético. El deber moral de servir incondicionalmente a la Nación, un misticismo militante y activo. Para hombres tan auténticos, el escribir significó expresar su ser más genuino: " escrito según el ritmo de mi sangre y según el momento de mi carne" (Banchs). La prosa del sanjuanino, por su parte, adquiere más voltaje combativo, derroche de reciedumbre en la polémica política o religiosa, manantial de miel en sus escritos autobiográficos ("La escuela ultrapampeana" o "Diario de viaje de N. York a Bs. As." p. ej.). Están enrolados en el culto de la Libertad y de la Democracia, en la dignificación de la persona humana, en "la conciencia vigilante y despierta" sobre el valor de la cultura y el arte, el bien y la belleza. Su epítome, en el lema banchsiano: "edificar la vida de acuerdo con el espíritu".
En 1938, ante el cincuentenario de la muerte de Sarmiento, el poeta lo recuerda vivamente como "la inteligencia al servicio del bien público y al servicio del porvenir". "Bajo el signo de Sarmiento ha reconocido, como en repentina visión de su largo camino de Damasco, la proceridad de los valores del espíritu, y, congregándose ante ellos, ha puesto más seguro velamen a su destino". Él mismo, en su visita a la provincia natal del autor de "Facundo", rememora "las palabras del maestro vigorosas y cálidas", "el coro claro y vibrante de los niños que cantan el abecedario" (en su "Ciudades argentinas"), "A pocos pasos el bronce de
Sarmiento. Está en la actitud que todos conocemos, la actitud del maestro, en un grupo que representa al gran viejo con su rostro vagamente de dogo, las cejas gruesas, la calva donde el bronce se oxida (...), las mejillas un tanto fláccidas y su holgado traje de saco, su traje burgués". Y la casa natal, baja, gris y modesta, le despierta una singular "emoción pura y exaltada" y ricos detalles en sus observaciones: "No parece que aquí haya nacido alguien. Pero es preciso entrar como yo con la religiosidad en el corazón y se siente entonces un hálito de alma que envuelve todo, hasta a la higuera que se levanta frente a la puerta en el medio del patio".
El político y el poeta manifiestan asimismo un homenaje permanente a la Mujer, como madre, maestra y alma amante. El espíritu femenino es fecundidad, dulzura y vida en el vibrante "Elogio de las manos maternales" de éste. Es "el sol del ser". Aquél, en la "Historia de mi madre" (de su "Recuerdos de Provincia") la evoca como encarnación de la Providencia, la firmeza junto con el buen consejo, la tierra nutricia del hombre. Su visión es no solo estética, sino social, política y pedagógica. "Puede juzgarse del grado de civilización de un pueblo por la posición social de las mujeres". Escribe una verdadera Historia de la Mujer y de su emancipación desde las culturas orientales antiguas, pasando por el Cristianismo hasta los tiempos modernos (en su "Educación Común", artículos en "El Mercurio" de Chile, 1841). Santifican, Sarmiento y Banchs, a la Mujer: "Bendita y bendita, santa y santa", "Por tu yugo seré fuerte, /por la unción de tu gracia dislocaré la Muerte. / Sienta cerca de mí tu andar sereno / para alzarme de fortaleza lleno" canta uno. "Pedid al politeísmo, al mosaísmo, al brahamanismo, al islamismo una idealización más sublime, más social, más verdaderamente humana de la elevación y la santidad de la mujer..." predica el otro.
Confesó Sarmiento en página inmortal que en su lucha por el Bien Público no codició ninguna fortuna material por parecerle bagaje innecesario para la constante pugna contra la Barbarie: esa fue su vía mística de contrariedades y sufrimientos, su "martirologio" de Civilizador. También nuestro vate coincide en la manifestación de semejantes ideas, hondamente morales, sobre la conducta, la vida y el pensamiento: "Porque si la vida me privó de los bienes y los goces por lo común ávidamente apetecidos y de ambición y arrestos para alcanzarlos, llevó en todo tiempo a mi encuentro hombres dignísimos que me prodigaron estimación y afecto". El cuyano, en sus páginas autobiográficas: "he sido favorecido con la estimación de muchos de los grandes hombres de la tierra. He abrazado con el calor y el fanatismo de una religión, los principios políticos que han sucumbido hoy en mi patria: todo lo he pospuesto, reposo, familia, cuidados de fortuna, todo".
En su poema "De los hombres" (recogido en su "El cascabel del halcón", 1909) refleja Banchs la esencia del genio sarmientino: "molino de acciones", "el hombre que obra y el que piensa", "gloria de la raza", "cerebro granítico", de gesto firme y propulsor de ideas sanas y realizables. Sarmiento simboliza el enaltecimiento
humano a través del libro y del alfabeto, el combate religioso por el Bien Ciudadano.
Sarmiento y Banchs están unidos en la memoria republicana por "los mismos afanes de una categoría de la cultura", forman una armoniosa y augusta Fraternidad Espiritual.