jueves, 15 de mayo de 2008

            De  SARMIENTO a  CARDUCCI.-

 

                                                                                              Guillermo R. Gagliardi

 

Romanos e indómitos.

 

  • Para DOMINGO FAUSTINO SARMIENTO (1811-1888)  y para GIOSUÈ CARDUCCI (1835-1907) la Patria, una entidad mística, significa la Idealidad, construida por la Religión y la Conciencia, sostenida por la Legalidad y la Autoridad.  Para el Centenario del óbito de éste,  recientemente cumplido, y  previendo el cercano  Bicentenario del nacimiento de aquél, es que hemos pergeñado estas observaciones y comentado estas lecturas comparativas.

 

  • Configuran la Politica como la argamasa que contribuye a organizar y proyectar “su propia misión en la Historia y en la Civilización, religión y  concepto, que sólo aseguran un pueblo de porvenir”, según afirma el autor de  “Ça ira”. Y define como “idealidad política” a esta labor superior, de unión y afirmación de los mejores valores, “que deberá  ser el honor y el interés de la patria” (1866).. El discurso carducciano, nacionalista, es un llamamiento severo y rotundo a “todo alto deber, toda alta idealidad, toda seriedad de sentimiento y concepto de patria”.

 

  • Seméjase al remontado sentimiento sarmientino, cultual y romano, de la Función Pública. Giovanni Papini (1881-1956) estampa acertadamente un juicio sobre el creador de los “Giambi ed Epodi” que nos sugiere luminosamente la verdadera alma, catoniana-ciceroniana, de Don Domingo: “C., artesano republicano, tiene más de romano que de griego, del romano antiguo..., de cuando Catón sentenciaba” (véase su personal semblanza de C., 1918,  caps. “La época de Humberto” o “Republicano, a la antigua&rdquoGuiño. “Corazón, que fue de la tremenda/ y dulce Roma” lo canta  el ardiente discípulo de Pescara (‘Oración para la tumba de G. C.&rsquoGuiño. Defender la Patria o mejorar sus costumbres y el Estado, era el “menester más digno y bello”. De allí p. ej., la prédica desdeñosa del autor de “Viajes” contra los poetas sin preocupaciones por el Bien Público. Considera un deber de todo artista “la  estrecha conjunción”, “entre poesía y patria”. Ideal profético y libertario, cívico y moralista.  “Yo creo que se debe obrar y escribir para el bien y el honor de la patria, para la libertad, para la verdad” (Carducci, trad. de J. M. Velloso, en ‘Obras’ de P., t. II, ed. Aguilar).

 

  • “Viva la estrofa, quiero yo..., indómita” (‘Preludio&rsquoGuiño.  Creíanse, y con fundamento, hombres “conscientes de su misión de altura”, como Fundadores de una Nación, tal como  lo define Gherardo. Marone (‘C. como crítico y  prosista&rsquoGuiño.

 

  • Pertenecen a la vigorosa clase de los hombres veraces y augurales, exasperados pero púgilmente resistentes, ante el ataque desvergonzado de la injusticia.  Coinciden en el recurso de la imagen del “callo” que les ha causado su innata tendencia polémica, sus “pecados de pasión”, y los innumerables ataques de sus liliputienses enemigos de siempre. Así C.: “Yo me he hecho un callo para las insolencias, las injurias, las calumnias” (1889, ‘Resto del Carlino&rsquoGuiño. Ostentan, claro, un yo de índole expresionista, pugnativo constante, contra la Colonia y el Medioevo hispanoamericano, en el caso del  autor de “Conflicto y armonía de las razas”. Contra la Italia estancada medieval y a favor del pregón renacentista  y los fundamentos del Risorgimento itálico, en referencia a C.; el que oficia de Poeta Civil, el más alto, por la Unidad Nacional: “E Italia extendía los miembros, contraídos por el hielo de la noche, y quitaba de entorno a su cabeza el velo del ascetismo”, (‘De la evolución de la literatura nacional&rsquoGuiño.  Pero también representaron una integridad humana inhabitual. Y una actitud reformadora en lo estético-literario, que se extiende a lo social y cultural en Don Domingo. J.M. Rohde lo sintetiza hermosamente: “Arranca nuevos sonidos del idioma materno, y también hiere, arrastrado por la pasión, normas y creencias seculares” (cap. de su ‘Humanidad y Humanidades&rsquoGuiño. Robusta psicología, muestran lo que el narrador de “Confesione e Battaglie” nombra como “un vicio congénito”, “que es que cuando una verdad, o aquello que creo que es una verdad, se me impone, tengo necesidad de decirla, por interpelado o mortificado que sea, de la manera más contundente, que es naturalmente, la más dura...” (íd.). “...fuerte y bendita inclinación a decir la verdad, y a decirla en alta voz” (en cap. ‘El deseo de puñadas’, Papini, op. cit.).

 

  • Hombres “satánicos” al modo que el joven marismeño cantó en 1863.  En su “Inno a Satana”, “il vatte del avvenire” cantó a la rebelión, al progreso, la ciencia, la evolución del entendimiento humano.  Fieles a la Naturaleza y a la razón, “las dos divinidades de todas las almas generosas y buenas”. A la Alegría de la vida polícroma y al poder del Pensamiento liberador a lo Sísifo. El temperamental poeta canta a la Naturaleza múltiple,  el buey, el asno, los cipreses, el abeto, la vida, el paisaje toscano... Expresa con vehemencia la necesidad de labrar el propio espíritu y acción, cartesianamente. Y desde una postura naturalista, nada superficial ni retórica. Siempre Humanista y Libre.: “Yo he querido inspirarme y educaros siempre en este concepto: anteponer siempre en la vida, despojando los viejos hábitos de una sociedad gastada, el ser al parecer, el deber al placer” (discurso de C. a  sus alumnos, 1896). “mirar alto primeramente”, “a la fuerza, a la verdad y a la justicia”. Perfila el personalismo sarmientino, su liberalismo y ética de la responsabilidad, la “segura conciencia” del creador de “Educación Popular”.

 

La imagen final que en su singular estudio nos deja Papini, define magistralmente la figura histórica  del sanjuanino: “ceñudo como un dios en el día de la ira, pero por dentro, delicado y suave como un muchacho eterno”. Ellos están hoy vivos en nuestra alma. Han elaborado un particular concepto de Dios republicano, que fomenta los gobiernos legocráticos y laicos. Sarmiento  concibe al Cristianismo desde el sublime símbolo de la Caridad “Democrática”, como Religión “Constitucional”, útil y fertilizante del avance de los pueblos civilizados.  Liberal con limitaciones, “gubernista”, autoritario y ejecutivo. Coincidentemente:  “Hombre duro, le  gustaban los gobiernos fuertes que gobiernan de verdad y no se dejan rebasar” define Papini al “uomo Carducci”.

 

 

 

Acento épico.

 

  • Canta Sarmiento al Poema del Agua Dulce y entona himnos precursoramente whitmanianos, en sus discursos inmortales sobre el Ferrocarril, así como el italiano en su poema al río Clitumno (1876), en la flamígera estrofa final: “Montes y bosques y aguas de la verde/ Umbría mi canto aplauden; silva, humea /el vapor frente a mí, y anhela en marcha/ nuevas industrias” (trad. A. L. Ros, ed. Aguilar, y en ‘Maestros italianos’ Planeta, t. III, ed. de A. Prieto y M. Gil Esteve, 1969). “Del corazón de Italia yo surgí con un  ímpetu de himnos” (‘Las dos torres&rsquoGuiño, “Salta el corazón tras la idea” (‘Delante del Castelvecchio de Verona&rsquoGuiño.

En la “férrea pluma” del “Canto de Marzo” (1884) llama su verso épico: “A tu trabajo, ¡oh fuerte espalda!, inclínate;/ a los amores, pecho joven ábrete:/ alas del alma, el vuelo alzad altísimo,/ ¡oh ansias violentas!, suene el grito bélico;”. Y en su “Reducto de San Giácomo” (1891):  “¡arriba las banderas, / los corazones y recuerdos!¡Viva/ la Italia eterna!”. 

 

Sus estilos, vehementes y pasionales, personalizan la violencia de la sátira y asimismo la eglógica exaltación del paisaje agreste. En sus obras se observa por igual el “estruendo de catarata” de las ‘polemiche sataniche’ como el ‘dulce rumor de fuente’ (p. ej., “Mis pajaritos”, las ricas descripciones de los crepúsculos,  de S...). Así lo señala Baldomero Sanín Cano, el fino y erudito colombiano universal (1861/1957?, en un ensayo de 1935 sobre el creador de forma pagana (Odas, sonetos) y de contenido renovador y altivo mensaje. (ver de B.S.Cano,  su “Tipos-Obras-Ideas” Bs. As., 1949: ‘fue un grande, un excelso poeta, un modelo de carácter, y con su gente y sus amigos, la bondad en persona&rsquoGuiño.

 

Destacan en la prosa docente y en la reflexiva, en la íntima e imprecatoria:  “Cinque discorsi su lo svolgimiento della letteratura”, “Discorsi di San Miniato il Tedesco”, o los artículos del argentino en “Educar al Soberano· o “La escuela ultrapampeana”. La imagen del poeta de “Congedo” (‘Rime Nuove&rsquoGuiño: “capo ha fiel, collo robusto”, “duro el braccio”, pero así también, “l’occio gaio”.. Ambos han sido como una “grande ariete”, con “muscoli d’acciaio”, que han fabricado dardos y copas, celebran, contemplan, forjan, aniquilan y construyendo. Hombres ‘naturales y racionales’. Adhieren a “la primitiva, espontánea y selvática salud”. Papini dice que Carducci “tiene necesidad de una religión”, por lo cual “transportó su mística del cielo a la tierra”. Lo hermanamos con el político cuyano, “religioso”, que vivió la función pública como un sacramento, con un sentido litúrgico y místico. Aspiró a que su obra de estadista hispanoamericano, deificada por él mismo, hiciera surgir, como “la vara de Aarón”, magníficos Edenes de Civilización en estas Pampas ingratas.. Más aún, acriolla, proyecta republicanamente la teología del padre filósofo de Tagaste, San Agustín de Hipona (354/430). Intenta reencarnar la “civitas Dei” en el áspero suelo nacional, dignificando la vida de sus ciudadanos. “Diviniza” su patriotismo, todo entrañas y acción afirmativa.. Patriotismo erótico el sarmientino. Metaforiza este impulso soberano: quiere ‘hacerle un hijo macho a nuestra historia’ e inaugurar una nueva era, de adelanto industrial y político, y de ennoblecimiento de la persona. “Amor bestial” como el que adjetivó Papini, refiriéndolo a su biografiado: “es el amor masculino del macho tosco...” (ver aut. cit, cap. “Italia mía”; B. Canal Feijóo: ‘La polémica inconclusa’, en rev. SUR, nº  341, jul.-dic. 1977).

 

  • Constatamos un paralelo tono alceico de los cantos carduccianos y sarmientescos (Alceo de Mitilene, siglo VI a.C.). Odio acerbo contra los “cacopátridas”, los déspotas y tiranuelos. El acento épico expresa más altamente  sus temperamentos. Peculiar y similar ímpetu Tirteico de su escritura, combativa y agresiva (Tirteo, siglo VII a.C.). Irradian el impulso patriótico, el espíritu guerrero, la ambición de batalla y gloria, el apóstrofe y los bélicos llamamientos de la elegía de estos poetas helenos. Sacralizan la virtud del Patriotismo; moral “tirtaica” llamo justamente Goethe a esta consideración de sus obras. En ellos sobresale la “ira de amonestador y de castigador”, la roja fibra de fiscales  que Gabriele  D’Annunzio (1863-1938) descubre en varias de sus odas. Alguno de sus discursos nos ofrece como la acción visible del combatiente. Los versos carduccianos adquieren la alta entidad de “un acto que se perpetúa con ímpetu multiplicado sin término” (‘Oración al pueblo de Milán’, trad. J. Gómez. de la Serna, Aguilar, Obras Completas, t. II).

 

Como el orador y hacedor de “Educar al Soberano”, su ideal literario es escribir para obrar, para expresar y combatir por el pensamiento, la pluma como espada y buril (así lo puntualiza en sus polémicas chilenas de 1841-42, recogidas  en las  vibrantes páginas de los tomos 1 y 2 de  sus ‘Obras Completas&rsquoGuiño. Literatura de médula épica.

 

  • Carducci mitologiza a G. Garibaldi (1807-1882),en su oda de 1880 , como Sarmiento lo hace con J. Facundo Quiroga (1793-1835, en su “Facundo o Civilización y Barbarie en las Pampas argentinas” 1845, y en su artículo en la prensa de 1885 “El día de los Muertos” Obras Completas, tomo XLVI). El caudillo de Barranca Yaco es una de esas “sombras que viven todavía entre nosotros, y nos animan, conducen, aplauden o vituperan”.  Lo interroga sobre el presente y el futuro patrios. Actualiza el personaje histórico y seguidamente, en bella prosa, lo transforma en venerable arquetipo, en ‘sombra terrible’, en estatua clásica, en ideal platónico y definitivamente en  argentino de estirpe homérica: “convertido en mármol de Paros y en estatua griega, porque del otro lado de la tumba todo lo que sobrevive debe ser bello y arreglado a los tipos divinos...”. Concluye: “Quiroga ha pasado a la historia y reviste las formas esculturales de los héroes primitivos de Áyax y Aquiles” (R. García Pinto: ‘Autores y personajes’, cap. ‘Escatología de Facundo’, 1961, y en rev. ‘Sur’ nº 269). Así Carducci, “more sarmientino”, en su poema “A G.Garibaldi- 3 nov.1880” invoca y diviniza al héroe combativo de bárbaros y tiranos. Cita al Alighieri (1265-1321), el constructor de la formidable ‘Commedia’ maestro del cantor de las “Odas Bárbaras”, fuente de ricas lecturas también para el maestro-estadista cuyano: “non pensammo forma piú nobile d’eroe”. Elevan un héroe hodierno en uno mítico, intemporal y suprageográfico.

 

  • Virgilio, Tito Livio, Horacio, inspiran la pluma y el entendimiento carducciano. Así como Catón y Cicerón, son algunas de las preciosas fuentes espirituales del Hacedor sudamericano, republicano garibaldino y al estilo de  su mentor yanqui, el físico, filántropo y escritor Benjamín Franklin (1706-1790). Han sentido, ya tempranamente, la magnitud de su destino de Grandeza en la batalla por imponer sus  creencias y destruir la Barbarie de juicios y opiniones o la acción retrógrada de los caudillos cerriles. “Polemista impenitente” lo adjetiva Rohde (ob. cit. supra, 1969).

 

El eximio literato y filósofo Benedetto Croce (1866-1952), por su parte, se sentía atraído por las actitudes  agónicas del escritor peninsular (así lo estampa  v.gr., en su “Contribución a la crítica de mí mismo’, 1915, cap.II, ‘Casos de la vida y vida interior&rsquoGuiño. El citado  G.  Marone (ítalo-argentino, 1891-1962, primeramente en su  , ‘Escritores de Italia’,1946, entrañable valoración, luego reproducida en su ‘Dignidad de la crítica’ 1960 y  en ‘Viaje al espíritu italiano&rsquoGuiño afirma que “en el secreto de su corazón el poeta debía ser, antes que todo, maestro de moralidad, ejemplo y guía de su pueblo y de su tiempo” (‘Viaje al espíritu italiano’,  compil. de N. Cócaro, 1973).

 

Persona y Creación.

 

  • Irascibles, exasperadamente temerarios, sus mensajes contienen elevada significación de Autoridad, por la cultura y la experiencia, y de Autoritarismo,, en el continente personal. Por el estilo impetuoso, la dinámica expresiva y el componente gestual, que denuncia e impone. Verbo y ademán de Epopeya por la Libertad y la Justicia y las  “ideas sanas y realizables” según  califica Sarmiento a la inspiración energética de su acción civilizadora.

 

  • Giosuè canta a Lidia, su simbólico amor en “Primavera Helénica”, reclamando un dulce amor, así  como nuestro  estadista ya anciano, casi agonizante en Asunción del Paraguay, le escribe a Aurelia Vélez invitándola, cual su “Prínce  charmant” como la balada de  F. Villón (ca.1431/ca.1480) a su bella Durmiente del Bosque, a compartir unos días en su retiro encantado de  tierra paraguaya (1888). Amor breve en el tiempo, el de Carducci por esa dama. Largo  e intenso “el verdadero amor” de Don Domingo, a esa  esclarecida dama, una de sus “Santas Mujeres”, la más decisiva en su destino político, la más pasional en su corazón siempre arrebatado. El poema de uno, pleno de gracia, recuerda la pureza y  preciosismo sabroso del “Diario de Viaje de N. York a Bs. As.” (1868), rebosante de  bellas imágenes y pensamientos, que el electo Presidente de la Nación escribiera alborozado a  la fiel e inteligente hija de Vélez Sarsfield.

 

  • Paralelamente, seres proteicos excepcionales, puede cultivar la cuerda despiadada e hipercrítica, como el autor del “Idilio di maggio”, o el de las cartas cruentas a B. Mitre en la guerra  contra el  Chacho (1862). La vida con sus desventuras, los hirió con  su habitual crueldad. La muerte de su hermano Dante y de su  pequeño hijo de igual nombre, así como a Don Domingo, la de su caro amigo y comprovinciano Antonio Aberastain (1810-1861) y de su hijo Dominguito (muerto en Curupaytí, 1865, en la infausta guerra del Paraguay).  Violento e iracundo el dolor carducciano. Elegíaco, no menos viril y conmovedor, el del argentino.

 

  • Ambicionaron la Gloria al modo romano (“Inmane statua broncea su dirupato monte&rdquoGuiño. El Premio Nobel en 1906, la cátedra universitaria (Bolonia, 1860-1904), la Senaduría (1890), concretaron algunos de los méritos y aspiraciones de C. La presidencia (1868-1874), los viajes y amistades célebres, el doctorado yanqui, por su parte, concretaron la voluntad extraordinaria de poder y de saber sarmientinos. Mitre (1821-1906) en su “Ad Gloriam”, necrólógica,  sostiene esa prevalencia del ego napoleónico y el brazo cesarino de Domingo. Las “Vidas” de Facundo, de Aldao, el Chacho Peñaloza... constituyen las “Odas Bárbaras” del cuyano. Y representan la apología portentosa de una parte sustancial de su propia naturaleza,  su talento literario impar. Inconscientemente los con-sagra, y a través de su prosa desbordante. Su buril, verdaderamente es una garra que pretende aniquilarlos, pero esculpe retratos memorables, los mayores,  primeros y cimeros  de la auténtica literatura criolla iberomericana.. Actitud  “poiética”,  creadora, mítica, artística primeramente, luego ideológica.

 

Mitre en su Carta-Prefacio  a “Rimas” (1854) advierte fundadamente, la predominancia poética del genio de su amigo y después contendiente. “...lejos de las languideces de la Arcadia, del afeite de los jesuitas, de las agudezas de los franceses, no renunciando en nada a lo verdadero moderno y nuevo” escribe Carducci sobre el arte de musculatura moral, magistral,  de  G. Parini (1729/1799). También nuestro Héroe del Alfabeto se revela enemigo de abstracciones y complejidades mecanicistas y su idealismo expansivo (de tinte fichteano) busca expansión a través de una escritura  afirmativa y una praxis progresista. Ambos atribuyen un basamento, un sentido misional, una teleología apostólica, y asimismo pragmática, a su obra. Su periodismo paulino, fuego y acción por el progreso nacional, el adelanto inteligente e industrial de sus conciudadanos, de “Ambas Américas”, los artículos compaginados en “Progresos-Vistas económicas” v. gr., desarrollan  la médula constructiva e innovadora, en el ritmo acelerado y denso de nobles intereses, como apreciamos  en las carduccianas “Rime nuove” o “Notte di maggio”. Thomas Carlyle (1795-1881) que concibe la historia como el producto  de la personalidad genial de los grandes héroes y conductores, Lord  Macaulay (1800-1859) y Ch. A. de Sainte Beuve (1804-1869, magnífico crítico y psicólogo), entre otros maestros clásicos y románticos de las Letras,   sientan las bases de  esa  tendencia a la etopeya clásica, original, nacional, , pasional. E integran la moral-y la psicología del genio literario sarmientino y carducciano.

 

  • Obra  “montada en el diapasón” (frase sarmientesca) del fervor. Les gustaba “tirarse de los pelos con las gentes”, pelear leoninamente por sus convicciones, desenmascarar la inmoralidad pública. “Idilio Maremmano” y los Escritos sobre el Delta paranaense, se hermanan en el sincero reconocimiento a la Vida, plena, moral y productiva, del ambiente eglógico, su realismo y congruencia con los valores más profundos de la persona.. La felicidad agreste retempla sus fibras más hondas, los une esta necesidad anteica, telúrica. Coinciden con  su soberano espíritu, por una parte popular, y por otra, conservador, campesino y agricultor, ideales de la República del Lacio. Papini define a  “l’uomo Carducci” como “un hombre sencillo, laborioso y concienzudo”, “republicano por literatura y por instinto de rebeldía, pero en lo más íntimo, conservador y alabador de los soldados y de los campesinos”. Como el autor de “L’uomo finito”, también Ortega y Gasset , el pensador de la “razón vital”,(1883-1955), pidió  un “Goethe desde dentro” (1932), para S., Leonardo  Castellani (1899-1981, sacerdote y escritor de fibra sarmientina),  exige  un Sarmiento desde su “alma honda y niña” (trabajo recogido en su ‘Las ideas de mi tío el cura’ 1984). Debemos coincidir en la necesidad de desmitificarlos, sobre todo, de des-escolarizarlos, para poder contemplarlos abiertamente en su magna humanidad, en  la deslumbrante  y honda, y extensa,  intensidad de su mente y espíritu, tierno e imperial.

 

Hijos soberbios, respectivamente, de la Marisma “salvaje, áspera y fuerte”, y del rudo Zonda y la granítica orografía cuyana.. Sus ojos, “llenos de amorosa altanería o de justa rabia” (como afirma Papini de su connacional). Como el autor de “Educación común”, que gustaba de hablar “duro y recio”, litigar y “enrabiarse”. Su carcaj de escritor contiene saetas y plumas de variadísima naturaleza.

 

Su alma  nos llama a continuar esa obra liberadora, de supremo arte y rebeldía, de pasión titánica, reveladora de una genialidad  modélica y de perdurable enseñanza.
Publicado por Desconocido @ 17:57
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