· Ese profeta excelso que evoca Rougès, personifica a la Nación, que sacrifica todo por ella, por el destino nacional. Que no se entrega al goce, sino “sólo a hurtadillas”. Ese Hombre de los Deberes y las Responsabilidades. Pleno de virtudes sociales y patrióticas. Que abandona su egoísmo, y asume la defensa de la Comunidad y su representatividad. Que lucha por su continuación y mejora. Por su fundamentación como entidad Republicana y su Progreso Cultural. Memora netamente al gran Don Domingo, Faustino Valentín SARMIENTO (1811-1888) .
· No adopta como Guía al ciego Bienestar, sino al Espíritu de Beligerancia, de Combate por la Civilización y los altos valores de la vida democrática. Así lo predicó el filósofo Alberto ROUGÈS (1880-1945) en sus escritos medulares de “Un Guía Ciego”, “El poder del Espíritu” o “Las ideas que matan y el nacionalismo” (1936) . El insigne autor de “Facundo” se perfila como ese Guía ilustrado, vidente, religioso en esencia, que el pensador reclama “urgente” para salvar a la Patria, para construirla. Sembradores, uno y otro, de estrellas de Bien. Vida vivida desde la sociedad y la historia.
· El maestro sanjuanino “ofrenda su alma”, su entera vida, como Rougès clama en su “Meditación sobre las ruinas de San Miguel” (1935) , para que el pueblo “tenga un alma”. Ejerce así un auténtico Nacionalismo, heroico, en consonancia con el espíritu tradicional romano. Virtuoso y modélico, legado vigoroso de fortaleza, de Fundador y Organizador de naciones.
Los días sarmientinos llevan marcados las zozobras y martirios en aras de su Ideal Civilizatorio. Por éste, pospone todo y se consagra como el Héroe del Alfabeto, el Maestro-Político.
· En todas las meditaciones rougesianas se advierte, honda, palpitante, la impronta sarmientina, inmortal. La preocupación primordial por la Educación y la Cultura (vgr. En su carta al pedagogo Juan Mantovani, 28-02-1935, incluida en “Correspondencia. 1905-45”, carta 185, pág. 180 y ss.) . El concreto afán por la Enseñanza, como en “Educación Popular”, “Educación Común”, etc., trasciende en el frondoso epistolario del pensador tucumano (con E. Padilla, p. ej., cimera figura de la provincia) . También se refleja en su hacer por el mejoramiento de la alimentación de los escolares, por el estado físico de los niños, sobre todo de los menesterosos y desnutridos, por el avance de los planes de estudios de los colegios secundarios.
Rougès se había desempeñado como Miembro del Consejo Provincial de Educación en 1928, desde donde había emprendido una investigación sobre el estado físico de los escolares primarios y una acción social esforzada para promover su salud. En 1931 corona este trabajo ímprobo y esta destacada vocación de Maestro, con su designación como Presidente del Consejo Nacional de Educación (Distrito Tucumán) y su emprendimiento de una exitosa compaña de alfabetización.
Publica su “Proyecto para suprimir el analfabetismo” (La Gaceta, 30-01-1931) . Y en ese mismo refulgente espíritu sarmientino, con extrema intensidad de acción y pensamiento, su “Trabajo de menores”, su “Campaña contra el analfabetismo”, “Instrucción Pública...”, “El censo escolar de la Nación en Tucumán”, “La educación inculta” (La Nación, 03-10-1934) , “Memoria sobre el estado físico de los niños de las escuelas del segundo distrito de la ciudad de Tucumán, 1929” (1935) , “La enseñanza laica” (1936) , “El estado físico de los niños de Buenos Aires y de la provincia de Tucumán” (1937) , “Educación y tradición” (1938, reed. 1980) .
Culmina su radiante carrera de enseñante, su activo y fundado magisterio, con su Rectorado de la Universidad Nacional de Tucumán, que asume en el año de su muerte.
· “Como la democracia es colaboración, la ignorancia es incompatible con ella. Su éxito es tanto mayor cuando más elevado es el nivel de la educación pública, que ella imparte. Por eso en una democracia ejemplar la educación tiene una jerarquía casi igual a la de la defensa nacional” advierte como Rector de apasionado acento sarmientino (1945) . Lo hemos evocado, en su bonhomía, su contracción y seriedad en el trabajo intelectual, su magnífica austeridad, su amor al ser humano, su severidad en el estudio y el trabajo, su vocación investigativa, en nuestro poema “Elogio del Pensador” (en “Homenaje a Dante Alighieri”, Pegaso ed.- rev. Décima Musa, Rosario/ Buenos Aires, 2006, pág. 59-60) .
Privilegiado lugar ocupa en esta investigación que estamos intentando, la preciosa carta a Juan Mantovani (1898-1961, el autor de valiosos aportes a la filosofía pedagógica, “Educación y plenitud humana”, “La pasión civilizadora de Sarmiento”, etc.) , de enero de 1939 (pieza 394 de la “Correspondencia” de Rougès, pág. 381) . Y encuadra a nuestro Sarmiento como un personaje de fibra Cidiana, de naturaleza épica, un recio lidiador por la Instrucción Popular. Lo enaltece como un actor principal de la Génesis Nacional, un Titán de la acción para forjar y ordenar una sociedad en gestación. Utiliza el esquema conceptual ideado brillantemente por Max Scheler (1874-1928, la filosofía de los valores y de los sentimientos, la antropología espiritual y la sociología del saber) . Sarmiento, afirma sabiamente, nos introduce en el “saber de dominio”, para aspirar al “saber de cultura” y al “de salvación” como nación constituida, personal y poderosa.
Hoy el autor de “Las escuelas base de la prosperidad y la República”, “no puede reposar”. Su invocación del maestro es contundente: es ya la “hora sarmientina”, proclama entusiasta y convencido, “ha llegado para él nuevamente la hora del combate”. “El más fuerte” infundirá su fe salvadora, febril y pragmática, a los “Caudillos del Espíritu”, que nos afirmarán históricamente como nación, como comunidad cohesionada para enfrentar las exigencias del Futuro. Entrega completa al Ideal. Fina e inteligente escritura.
· Encarna Sarmiento, en la encendida visión rougesiana, las más excelsas virtudes del Espíritu. El heroísmo sobrehumano, la sacra abnegación, la guerra, siempre en guerra, por las “ideas sanas y realizables”. La concreción del Bien en la vida publica, la Fundación para la Eternidad de una Sociedad vital, con un nivel ético ascendente. Se ha constituido en nuestro Máximo “Lar tutelar”. Nuestro seguro de confianza en la pervivencia republicana. Nuestro “Homo Conditor” por la energía de irradiación de su Moral Ciudadana.
Símbolo augusto de la salvación por la Educación de las masas, por la ilustración progresiva del pueblo y el “cuidado” de la ética Cívica.
· “Las vidas humanas de mayor jerarquía se hallan orientadas a más largo tiempo que las otras”. Más aún, se asemejan al siemprevivo Sarmiento, a “la divinidad, que es la más alta jerarquía de todo lo viviente” (en su capital “Las Jerarquías del Ser y la Eternidad” 1943) .
. Un ser “para la patria, para la humanidad” eso fue Sarmiento. Un nacionalista virtuoso, “more romano” (vid. A. Buela: “A. R. y el nacionalismo virtuoso”, en Internet.Altermedia.info, en sitio web Rebanadas de realidad) .
Aseguraba el Prometeo cuyano, profesar la doctrina mística del Bien Absoluto. Aspiraba a la Gloria de cimentar el pasado en un presente venturoso para arquitecturar un Porvenir pródigo en bienes materiales y espirituales para la nación (su “Camino del Lacio&rdquo
.
A ello consagró su monumental energía hacedora. Estos ideales férreamente cumplidos son la causa segura del empuje modernizador y la irradiación de su Alma Grande. Ésta continúa aun hoy, a más de un siglo de su muerte, expandiéndose cual un Nilo fertilizante, según lo advirtiera bella e inteligentemente Alfonso Reyes en 1941 en su obra “Pasado inmediato” (Obras, F.C.Económica, tomo 12, p. 242) .
· En su impetuosa “Campaña contra el analfabetismo” (1931) afirma el norteño universal que el tema educativo ha de convertirse obligatoriamente “en un problema central de gobierno, de igual jerarquía que los más fundamentales que preocupan”. Insiste con firmeza sarmientesca relevante, sobre estas ideas-base. Así en 1935 en carta al citado Mantovani, asevera: “Las sociedades actuales más representativas de nuestra época, se diferencian de todas las demás de la historia, principalmente por la considerable obra educacional que realizan” (“Ensayos”, ed. 2005) .
· Vate y pastor, apóstol y educador, avasalla y conquista para el Espíritu, según lo expresa precisamente Rougès en cuanto a nuestros verdaderos y necesarios Padres de la Patria.
Los ideales superiores concebidos y nacionalmente realizados,
fueron su propio acicate, y el de sus ilustres antecedentes y sucesores: los misioneros de la conquista y colonización, la generación de Mayo, la positivista y constructora del 80 y del Centenario. Nos legó ese mandato de Grandeza, de Perfeccionamiento colectivo, que es su obra y hacer excepcionales. El 11vo. Mandamiento: de vivir como Pueblo antes que como Individuo. Fue éste el vector dirigente de nuestros Pro Hombres.
Sarmiento pugna salvajemente, contra el desierto entendido polisémicamente: la irregular densidad poblacional, la desorganización política y social, la ausencia de escuelas y bibliotecas populares, el anquilosamiento de la enseñanza superior, la mentalidad colonial, etc.
Como también lo entiende Rougés, trabajaron, el pensador y el hacedor, para desterrar la inacción. Para cualificar la vida de la comunidad. Impartiendo semillas de valores trascendentes. Para afianzar y elevar las cualidades nacionales, a través de la Educación, la Panacea y Síntesis de sus perennes mensajes. Merecen nuestro rescate y revalorización.