jueves, 15 de mayo de 2008

 

              MÁS INDAGACIONES SOBRE EL CRISTIANISMO DE SARMIENTO.

 

 

1.- Partimos de la observación de que la Educación es en el levantado concepto de Sarmiento, un oficium sacro. Indica un martirio, trasunta  un llamado metafísico, señala una tarea de largo alcance. “Cuando me afligen las punzadas terribles que sufro por la educación de los párvulos,  si levanto los ojos encuentro a estos mis lares que me consuelan”. El anciano gladiador, imbuido del espíritu místico de la instrucción popular, habla y escribe desde el corazón. Entona su Magnificat  bíblico y nos contagia esa vibración cordial, esa elevación de su alma excepcional, al modo de la Oda claudeliana, en analogía con la amplitud de su gran espíritu. Eleva un auténtico cántico evangélico a la Educación. Nos hace memorar a Juan Sebastián Bach y su ritmo caudaloso y cristiano, su  sintaxis celebrante. Cuando se enternece, se agranda. Ningún bronce ha podido apresar su actividad y su discurso. “Yo he pasado mis horas de trabajo, estudiando en los pequeñitos el albor de la inteligencia para hacer silabarios(...). No cuento milagros, sino que viví siempre rodeado de pequeñuelos, por amor a la cultura del espíritu”. “He vivido de la fe por tantos años de mi vida” le confiesa a  Mitre. Ésta es su fuerza, su columna. Alimenta su profetismo “el hábito adquirido en catorce  años de poner el oído a los imperceptibles rumores de las cosas que vienen, me ha creado una especie de instinto, de conciencia anticipada de las situaciones”. El trabajo de “Antiguo Maestro” como él mismo se define en la portada de su “La escuela sin la religión de mi mujer”, es la justificación de toda su vida, de sus errores, combates y polémicas incesantes.  “¡No!, no me quiten a mí mi adoración, mi abogado a la hora de la muerte, mi maestro”. La inmortal frase de “Dejad venir los niños a Mí” del Evangelio de San Mateo (“Sinite Párvulos, et nolite eos prohibere ad me venire” , Mateo, XVIII, 1-5, XIX, 13-15), concretada en  el grabado que posee sobre su escritorio, la considera “el Dios Penate que he traído a mi hogar de largos viajes, con la advocación del Evangelio que cuadra a mis instintos”.

En el paraelo que traza entre él y J. J. de Urquiza, se define (Obras, t. 49): “...cuidando poco de la opinión de hoy, contando seguro con la de mañana, escogió el sendero más escabroso y desolado...”, “donde quiera que haya pasado..., algún esfuerzo a favor de la América, algún bien intentado, propuesto o realizado”, “nunca ha hablado sino a las nobles pasiones de los demás”, “es el candidato (a Presidente) de la esperanza en lo futuro”. Advierte: “Tengo cierta antorcha, cierta estrella polar luminosa que me guiará” (discurso de 1860).

 

2.- Pacifista declarado, no obstante su fibra cidiana. Guerrero con la pluma, polemista temerario. Abomina de la guerra, sinónimo en su diccionario ideológico, de barbarie, de caos y destrucción.  Carecía de “ese patriotismo quisquilloso que lleva al antagoismo” (Obras, tmo 34). Su credo es  libertario, de Unión y de Dación de sí. Brega por la confraternidad internacional a la que cree que el avance tecnológico contribuirá decisivamente. “La inteligencia convertida en máquina, en cálculo, es capital, es el motor de todas las fuerzas de la Naturaleza” (Obras, tomo 21).Sustenta sólidamente sus argumentos, con amplitud de criterio. Su retórica refleja una lógica civilizatoria férrea.. Grita, repite, proyecta febrilmente, ilustra, agita voluntades. Sísifo sanjuanino, encendido reformista.

“El Cristianismo (...) quitó del culto los últimos rastros de sangre sustituyendo al símbolo antiguo del águila de Júpiter, animal carnicero, el cordero de Jesús, todo dulzura y mansedumbre, para mostrar que la verdadera naturaleza del hombre era la que resulta de los progresos de su inteligencia, que  es dulcificar su carácter” (Obras, tomo 9, “Instituciones sudamericanas”, artículo en ‘La Crónica’, 25-2-1849). “La gloria del Cristianismo consiste, no sólo en haber ofrecido al hombre la perspectiva de una dicha imperecedera, sino también en haber llevado la civilización a los extremos de la tierra, dulcificando las costumbres y sometiendo las pasiones”. Implanta la filosofía de la Igualdad humana: “...atraía, sin dua, por implicancia, en el fondo de su doctrina, toda libertad humana; la libertad de pensamiento, puesto que era una doctrina espiritualista; la libertad civil, puesto que continstituía iguales a los hombres ente Dios”.

                Se reconoce “humilde obrero de la educación universal”. “Esta forma de la caridad cristiana, es el complemento y la realización de la caridad y el amor que enseñó Jesús”. “La escuela es como la Iglesia, una necesidad pública, y son el más bello homenaje rendido a Dios” (tomo 11 de sus Obras). “Mil instiutuciones ha producido la benéfica influencia del Cristianismo en los pueblos; entre éstos la organización y universalidad de la instrucción primaria, para abrir al pueblo las puertas de la cultura intelectual y las Cajas de Ahorro, para proporcionar a los propietarios el modo de salir de su menesterosa condición” (íd., tomo 10).

Francisco Muñoz Cabrera en su poema “S...Siempre S.”, incluido en ‘Cartilla sarmientina’ de la Comisión Permanente de Homenaje a S., Bs. As., 1988, canta al “Misionero de amor sobre el planeta”, “Como el dulce Rabí de Galilea/ predicaste el Sermón de la Montaña,/ dictaste tu breviario.”. “Ese raudal salobre de tus lágrimas / fue lluvia bienhechora de las almas, / manantial de ternura y esperanza”. Consideraba “nuestro iris de paz para las familias”( en carta a Secundino Navarro, 1884) sus traducciones del Catecismo, de la Vida de Cristo y de ‘La conciencia de un niño’ del P. Cristóbal Schmidt. Difundidas durante décadas en las escuelas primarias hispanoamericanas. “Era y soyt el ùnico propagadior del Cristianismo en las escuelas” (1883), “con el objeto de despertar en el corazón de los niños las primeras nociones del conocimiento de Dios y de los deberes del hombre” pues “el primer deber maternal es transmitir... la antorcha del Cristianismo”.

<por la emoción religiosa que impulsan, por el poder de convicción, por el sincero amor a sus semejantes y a toda la Creación,, sus escritos y acción apostólicas, transmiten el valor de <oraciones.. “Y en última instancia la oración es un acto de amor” afirma Mario J. Ruso en su ‘La vía regia de la oración’ (La prensa, 30-4-1994). Como lo son todas las fundaciones armientinas, fuego encendido por Dios en su brazo. Es notable ese vocabulario ‘abibliado’ de Sarmiento. Su conciencia crística, su pensamiento sacralizador radica en su enfoque de personas y sucesos, anécdotas de la vida, ambientes e ideales que vivió. Sus epístolas paulinas, sus cartas para promover un adelanto, sus discursos para subrayar la significación de la inauguración de alguna obra pública, forman su luminoso y multiplicado Sermón de la Montaña. Su oceánico pragmatismo también integran su humanismo cristiano, no retórico ni vanilocuente, Fe y Acción. Como así también sus polémicas y controversias, siempre “Hiriendo de frente” y en pos de un bien “sano y realizable”. Lugones en su “Historia de S.” (1911) lo ve “Santo, en efecto, a la manera de aquellos varones formidables y coléticos que iniciaron los grandes movimientos cristianos e islamitas; santo, no por la perfección de su viretdu, por la altura de su misticismo, conducentes a la vida unitiva de los teólogos en estado de contemplación inefable; sino por la abnegación valerosa que superaba todas sus imperfecciones...” (obra cita., ed. 1945, pág. 61). El mismo S. en carta a B. Gould (1882, ¡Las Carpas&rsquoGuiño dice que “Desde la edad de veinte años hastga la de cuarentón... flotaba yo en el aire más bien que caminaba sobre la tierra, tenido en suspenso por una sublime idea¨el porvenir de la patria. Principió a manifestarse esta vocación de Santo...”. “Tenía el diablo en el cuerpo para llevar adelante una idea, sostenerla, luchar con las dificultades y vencerlas a fuerza de paciencia y esperanza” (1866, Obras, t. 29). Sabía, tenaz e iluminado, “hacer el lomo duro para recibir los golpes y zurriagazos”. Por sus  realizaciones escolares principalmente, cree que, como Salomón, se salvará y accederá a la Gracia de Dios, por ese amor demostrado para con las gentes y por elevación hacia Él.. Pues “Cultivar la inteligencia es acercar la Criatura al Creador”. Vida cristiana auténtica fue la suya, aunque algunos lo nieguen. Porque, según explica Ortega y Gasset, estuvo  enteramente “dedicada a algo”. Es misión y destino interior, entrega y despliegue (en su ‘En torno a Galileo’ 1933, lección XII, y en sus Obras, Alianza, t. 5, p. 154-155). Ejemplifica, actualiza la ética de lo sacrificial a la que se refiere el pensador contempor´zaneo Gilles Lipovetzky, ética del esfuerzo, opuesta a la prevalente ética indolora.

“La mano de la Providencia está visible en todas partes, pero en los fenómenos históricos se la ve, como en los naturales, al través de las leyes que ella ha impuesto al corazón humano y a la materia” (Obras, t.4). En ‘Facundo?: “la Providencia, que realiza todo lo que al porvenir de la patria interesa”. Manifiesta de esta forma su historicismo profético, su Providencialismo interpretativo, su futurismo constructivo.

 

 


Publicado por Desconocido @ 19:59
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