PATRIA Y LIBERTAD EN JOVELLANOS y D.F.SARMIENTO.-
Por Guillermo R. Gagliardi
1.- Escuela y Pueblo.-
La instrucción popular es la base de la prosperidad nacional. A partir de esta tesis central, Don GASPAR MELCHOR DE JOVELLANOS (1744-1811) se configura un ilustre antecedente del gran sanjuanino, Don DOMINGO FAUSTINO SARMIENTO (1811-1888). La meta de sus actividades y de sus conductas políticas: la “utilidad pública”. “El deseo del bien de este país me devora”. Para ellos “pensar y escribir fue una forma del bien social” como expresa Alfonso Reyes tan acertadamente en 1941, en un estudio sobre Justo Sierra. Sufren destierros, cárceles, persecuciones y ataques por dedicarse a la “sagrada vocación” de impulsar la industria y el adelanto nacional. Ésta es la mayor gloria a que aspiraron. Estadistas desinteresados, combatientes de la pluma, sembraron por doquier “ideas sanas y realizables”. Mentes enciclopédicas, abrasadas de proyectos, de obras para la colectividad, mejoras económicas, memorias educativas, informes y discursos para dignificar la moral y elevar la conciencia ciudadana.
Jovellanos pregonaba casi un siglo antes de que el santo afán de la instrucción popular, fuera consigna de nuestro gran maestro..Caracteres enérgicos y altivos, de gran inquietud e irradiación espiritual, claves de su tiempo, bregaron con constancia ejemplar para que sus coetáneos avanzaran hacia un estado de mayor libertad política y justicia colectiva. Los patriotas americanos, observa el argentino en 1841, deben inspirarse en “los escritores del siglo dieciocho”: habiendo destruido por la espada “los obstáculos materiales que se oponían al establecimiento de la libertad”. La de acometer la gran empresa, la gran obra “de difundir la cultura en el pueblo, divulgando los principios elementales de la civilización y el adelanto moral”
Criados en segura escuela de orden y trabajo, de responsabilidad y servicio humano. Amantes de la verdad y creyentes, ante todo, en el Progreso pacífico y continuo. Escribe el español en una carta de 1794:
“alabo a los que tienen valor para decir la verdad, a los que se sacrifican por ella....Creo que una nación que se ilustra puede hacer grandes reformas sin sangre, y creo que para ilustrarse tampoco sea necesaria la rebelión” (1).
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(1). Cito por “Obras Completas” de Sarmiento, Buenos Aires, Editorial Luz del Día, 1948-1953, 53 tomos. Para Jovellanos, “Obras en Prosa” ed., intr. y notas José Caso González, Madrid, Clásicos Castalia, nº 18, y “Obras escogidas” ed., intr.. y notas Ángel del Río, Clásicos Castellanos, nº 110, 111 y 129, Madrid, Espasa-Calpe, varias ed..-
Expresa Virgilio Cutinella, por su parte, y refiriéndose a Sarmiento, que
“su política no fue únicamente la de poblar y colonizar, ni tampoco la de crear exclusivamente fuentes de trabajo,(...) fue, antes bien, contribuir por el trabajo metódico y provechoso, al progreso del país, en forma científica y bajo una fiscalización rigurosa”.(2)
Gradualismo ininterrumpido en el apoyo científico-técnico como basamento del progreso. Su visión es amplia, tenaz, práctica y realista. Sus escritos significan un magisterio continuo y obstinado, que debemos recoger y perfeccionar. Asi S. “era- según Francisco Romero- una especie de caudillo del bien, de la justicia y de la auténtica democracia” (3). “...No abandonó su idea de que existía un orden racional que era la clave del progreso humano. “. Entendió
“ que la falla estaba en la estructura de la sociedad. Había que reformar la sociedad y ajustarla al orden racional. La reforma política, económica e intelectual era necesaria y se dedicaría a esa tarea. (...) Nunca descansó, nunca estuvo ocioso. De acuerdo con su creencia de que sólo un esfuerzo infatigable podría lograr un buen éxito, siguió leyendo, escribiendo y experimentando” (4).
El augural paso correctivo de tal sociedad, consiste para S. y J. en el fomento
agrícola:
Una buena agricultura es el primer remedio que se presenta a nuestras averiguaciones”, “los campos son lo que creo destinados de hoy en adelante a recibir el demasiado lleno de la sociedad en todas las posiciones y en ellos más que en ninguna otra parte está uno seguro de hallar aquellos bienes q ue hoy tanto se anhelan: ocupación agradable, bienestar material, riqueza y sobre todo independencia, libertad...”.-
Liberales en economía, política y educación. Lucharon por la eliminación del anti-cristiano desnivel social y por la elevación material, a través de la educación de las clases más necesitadas.
S. tenía la ·pasión de la práctica· y el amor a la acción y la gloria.
Sostenía que la tierra es la base de la propiedad y de la civilización: “es preciso poseerla, explotarla, habitarla, poblarla, para que las artes, las leyes, nazcan o se funden y perpetúen”. De acuerdo con su ideología republicana era un admirador convencido de la Revolución Francesa,
“porque es la proclamación de la justicia entre los pueblos, la igualdad entre los hombres, el derecho de la razón, la abolición del antiguo derramamiento de sangre, en nombre del interés de la sociedad”.
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(2) CUTINELLA, Virgilio, “Disquisiciones en torno a una serie de interrogantes de Sarmiento relacionados con la educación del pueblo”, en AA.VV, S. y la educación pública, Bs. As., Losada, 1962, pp.55-154.-
(3) ROMERO, Francisco, “S. y la instrucción popular extraescolar”, ídem anterior, pp. 215-236.-
(4) BUNKLEY, Allison Williams, “Vida de Sarmiento”, Bs. As., EUDEBA, 1966, p. 120. 1ª ed., “The Life os S.”, New Jersey, Princeton University, 1952.-
Ambos fueron destinados al sacerdocio. Don Gaspar alcanza el Bachillerato en Cánones (1764) en el Colegio de San Ildefonso. Cuando se apresta a opositar en una canonjía, sus amigos lo convencen de que deje esos aprontes curialescos y dedique sus horas a servir al Estado. Domingo, por su parte, no consigue ingresar al Seminario de Loreto (Córdoba, 1821) y con el Ingeniero Barreau se dedica a estudios matemáticos y de agrimensura en San Juan. Cambian el camino mencionado, por el de la Política en su más levantada acepción.. Su sueño es ver la patria en el marco de las más prósperas del orbe. A ello dedican todos sus esfuerzos, estudian sus necesidades, advierten crudamente los errores y desvíos del pasado y presente y señalan con optimismo y fe geniales, los elementos para configurar un firme futuro. Y siempre sostenidos en un verbo meditativo, valiente y clarísimo, profético, religioso. Su causa es la santa causa de la Nación, en ese altar encienden con nobleza y ardor excepcionales, los mejores frutos de su inteligencia. “Pero, ¡guárdense!, yo sostendré mi causa, ella es santa y si es preciso moriré en la brecha” confiesa el español en su “Diario” del 5 de setiembre de 1795. Patriotismo concreto y hacedor, nada abstracto. “Yo no sigo un partido, sigo la santa y justa causa que sostiene mi patria” contesta el asturiano al mariscal bonapartista Sebastián, en 1809. Se defienden con su arma más aguda, la pluma y el poderoso intelecto sustentador, cuando se ataca su honor personal o se mancilla sus ideas. Así uno en su “Defensa de la Junta Central” (1811) y S. en “Mi defensa” (1843), de alto valor en las literaturas hispánicas.
Ejemplarizaron los “hombres magnánimos” a los que se refirió Ortega y Gasset en su sagaz y encantador “Mirabeau o el político” de 1927 (5). Hombres de misión creadora y vital, vivir era para ellos idear y construir obras necesarias para la consolidación de la patria modernamente organizada. Llevan adentro el “destino” , “la forzosidad congénita de crear, de derramarse en obras” (6).
Inquietud constante y genialidad combativa caracterizan al hombre público encumbrado. Agréganse la fuerza demoníaca que transuntaba la “espléndida fisiología” del gran sanjuanino, constante eticidad y preocupación meditativa del español, menos instintivo éste, frecuentemente turbulento aquél. Llegaron por igual al heroísmo y al martirio de los políticos egregios por defender sus ideas iluministas y patrióticas y sus históricas intuiciones.
Plumas enérgicas, indóciles, levantaron su grito contra el atraso y el desorden. Denunciaron abiertamente la corrupción de su época, como en la poesía de J. “A Arnesto”: “el hidrópico deseo, la ansiosa sed de vanidad y pompa”, el envilecimiento de los valores e ideales:
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(5) y (6). ORTEGA Y GASSET, José, “Obras Completas”, Madrid, Alianza, tomo 3, 1983, pp. 601-637. GAGLIARDI, Guillermo Ricardo, “S., Ortega y la política”, en “La Prensa” Bs. As., 31-12-88. G.R.G., “D.F.S., hoy” en “Tiempo actual”, Longchamps (Pvcia. Bs. As.), 1º quincena setiembre 1973.-
“¡Oh, ultraje!, ¡oh, mengua! Todo se trafica:
parentesco, amistad, favor, influjos
y hasta el honor, depósito sagrado,
o se vende o se compra...”
2.- Los ideólogos.-
Se cuentan numerosos y calificados los lectores de J. en tierras rioplatenses. Fue uno de esos ideólogos que “echaron a andar y empujaron con alguna valentía ideas beneficiosas para el común”. Escribía S. en 1886 en “El Censor”: “Estoy con los ideólogos. ...han creado el mundo político moderno....¡Salud a los ideólogos!”.Influjo seguro en Vicente López y Planes (1785-1856), en el Himno Nacional Argentino (“Marcha Patriótica” mayo 14 de 1813), de parecido ritmo épico y sentido libertario que el “Canto Guerrero para los asturianos” (1811) de aquél. Mariano Moreno (1778-1811) lo leyó en Chuquisaca, en la biblioteca del Cgo. Terrazas y luego publicó algunos de sus trascendentes escritos en “La Gaceta de Bs. As”,1810,”Pensamiento de un patriota español ...”. El Dr Nicolás Avellaneda (1836-1885). en su discurso de
1877 al inaugurar la estatua de Moreno, nota la semejanza de la “Representación de los Hacendados”, “célebre memoria para defender el franco y libre comercio con la Inglaterra”, con “Informe acerca de la Ley Agraria”. “Toma por modelo el conocido informe de J.... y le es inferior en el método de la composición y en la disciplina de las ideas, pero lo excede por lo vasto de la concepción y por el arte para apasionar su asunto” (7). ·J. Fue el primer autor que Moreno y los otros miembros de la Junta de Gobierno juzgaron conveniente presentar a los habitantes del Virreinato, advirtió categóricamente E. De Gandía, “para que les explicase los fundamentos de la evolución institucional y política que se estaba viviendo”(8). A. Castro se ha referido al influjo de la conciencia angustiada de J. Entre otros, sobre el concepto trágico de la cultura que se manifiesta en el ideario y estilo sarmientino:
“Alma goyesca, visión romántica del mundo, sentido dramático de la cultura como clara herencia de un siglo que a través de Feijoo, J. y tantos más había suscitado en esta margen atlántica unos afanes similares a la angustia que oprimía los ánimos mejores en la decadente metrópoli”(9).
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(7) AVELLANEDA, Nicolás, “Escritos lit.”, Bs. As., Estrada, 1955, 6º ed., p. 103.-
(8) Gandía, Enrique de, “M. Moreno. Su pensamiento político” Bs. As., Pleamar, 1962, p. 275-286 y 336-340. También GONZÁLEZ ARRILI, Bernardo, “J.: unas notas al margen de su biografía”, Bs. As. , “La Prensa”, 17-09-72.-
(9) CASTRO, A.: “En torno al Facundo.”, en rev. “Sur”, nº 47, ag. 1938, 26-34.-
Del mismo autor, “J.”, en “El Sol” Madrid, 21-07-1933, y en su “Españoles al margen”, Madrid, Ediciones Júcar. 1973, pp. 73-83.-
J- , español entero, clave de su tiempo (10), demuestra en sus escritos y acciones su voluntad opositora a la decadencia española en el des-gobierno de Carlos IV (1788-1808), María Luisa de Parma y el ·favorito· Manuel Godoy (1767-1851), el odiado Príncipe de la Paz. Así Don Domingo contra Juan Manuel de Rosas (1793-1877), el Restaurador de las Leyes, descarga sus ataques contra el pérfido déspota. Rechaza J. La Constitución napoleónica de Bayona y brinda razones a los patriotas criollos para darse un cuerpo legal democrático y liberal, que combata el absolutismo, que conceda representación al pueblo soberano y que autorice a exponer libremente las ideas. El fervor para la acción cívica pronta que trasmite, recuerda las célebres campañas periodísticas sarmientescas en Chile y Argentina, en “El Zonda”, “El Progreso”, “El Nacional”, “La Crónica”. Declaraba aquél, decisivamente, que frente al duro despotismo napoleónico “Ya no hay más recurso que morir o vencer si queremos ser libres”. Según observa S. en su “Biografía de Castro Barros”, había asimilado las ideas del español y de Filangieri y Rousseau, quienes encarnan “el código del pensamiento humano”, la excelencia pensante de la época, “los lógicos más profundos de que la razón moderna puede vanagloriarse”, que abonaron el fértil suelo argentino con “las palabras eléctricas de igualdad, libertad, filantropía” (11).
Antes de Moreno, el Deán Gregorio Funes y el Dr. Mariano Medrano, uno en su “Oración fúnebre a Carlos III” (1790) y éste en su “Curso de Filosofía” (1793), preconizaron las ideas Iluministas de la Voluntad del Soberano y de que “el conocimiento de la ciencia es el primer paso a la justicia”. También Manuel Belgrano (1770-1820) fue magnetizado por esas ideas innovadoras, que postula (1794) desde el Consulado a través de sus “Memorias” anuales. Difunde las teorías del jurista y economista Jeremy Bentham (1748- 1832) sobre la Instrucción obligatoria y el Libre Cambio. Rivadavia (1780-1845), a su vez, las leyó e intentó aplicarlas en su gobierno unitario. Avellaneda asimismo abrevó en el riquísimo manantial jovellanista, con su reglamentación ministerial sobre “Tierras Públicas” (1865).
Domingo en San Juan, en la década de 1830 oficia de decorador y actor aficionado en la Compañía de teatro dirigida por Juan de Dios Jofré y luego por su amigo Aberastain.
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(10) MARÍAS, Julián, “J.: concordia y discordia de España”, en sus “Obras”, Madrid, Ed. Revista de Occidente, tomo 7, pp. 25-64.-
(11) SARMIENTO, D. F., “Necrologías y Biografías”, en su “Obras Completas”., ed.
cit., p. 277. Léase también FERNÁNDEZ, María Ángela, “El tema del hombre en S.”, en rev. “Humanidades” La Plata, Univ. Nac., 1961, tomo 37-v.2, p. 291-324. SARRAILH, “La España Ilustrada de la segunda mitad del siglo 18”, México, Fondo de Cultura Económica, 1957. Asimismo, GIUSTI, Roberto F., “J.” , en su “Siglos. Escuelas. Autores”, Bs. As., Problemas, 1946. `- 157-179.-
Allí organiza una Sociedad Filarmónico-Dramática donde interpretan a Calderón, Beaumarchais y, entre otros, a Jovellanos. Lo testimonia un contemporáneo , Damián Hudson, en sus “Recuerdos históricos de la provincia de Cuyo” de 1898 y confírmanlo R. Rojas, Manuel Gálvez, M. Rosenthal y Allison W. Bunkley: representaron ·”El alcalde de Zalamea·”·--- y obras de importantes autores dramáticos del siglo 18, como “El barbero de Sevilla” y “El delincuente honrado·”de J. Ésta es una obra teatral sobresaliente de nuestro asturiano. Ejemplo de literatura didáctica, de nobles preocupaciones sociales, expresión precursora del romanticismo de factura neoclásica. El siglo jovellanista estuvo hondamente preocupado por la relevancia social del teatro. S. y J. fueron coincidentes en su concepción didáctica y social de la literatura general. En cuanto al drama, debe “instruir, presentando ejemplos y documentos que perfeccionen el espíritu y el corazón”, “el teatro como diversión vana es una peste pública” afirma el autor de “Memoria sobre los espectáculos” (1790). S. en “El teatro como elemento de cultura” y en críticas laudatorias a dramas de Víctor Hugo, Bretón de los Herreros, etc., recogidas en sus“Artículos críticos y literarios”. Sugiere reforma ética y material o escénica. El pueblo debe educarse y el teatro, tratar asuntos elevados y decorosos. El drama neoclásico es didáctico, escribe S. en “Atraso del teatro en Santiago” (1841): “tenemos que pedir a la Francia y a la España sus ingenios, para que nos muestren sus costumbres, instituciones, vicios y estados de civilización”. Es manifestación y germen de cultura social, de moralidad y crítica costumbrista: “El escritor americano debe sacrificar al autor en beneficio del adelanto de su país, el amor propio en las aras del patriotismo, hacer brillar la buena intención sin curarse de la fama de buen literato”. Opina el español que toda obra teatral debe inculcar amor a la virtud y horror al vicio como fin principal.
Al visitar en 1846 a Francia, S. reflexiona en sus “Viajes, 1845-1847”, Carta a Aberastain, sobre los bailes públicos parisienses. Coherente con sus opiniones de crítico de arte y costumbres en los periódicos de Chile, considera tales espectáculos de gran valor social. “Allí las clases aparecen fundidas y los modales se afinan y el espíritu del plebeyo se inicia en la civilización” y aspira “a una condición mejor”. Le recuerda a las “chinganas”, también, poderosamente civilizadoras: es el político social que juzga necesarias las diversiones populares. También J. en su “Memoria para el arreglo de la policía de los espectáculos y diversiones públicas y sobre su origen en España” (1786) sostiene como aquél, que “un pueblo libre y alegre será precisamente activo y laborioso, y siéndolo, será bien morigerado y obediente a la justicia”. Y continúa con su magisterio de político práctico, en la misma línea sarmientina: cuanto más sanamente y sinceramente se divierta la mayoría, “tanto más amará el gobierno en que vive, tanto mejor le obedecerá”. . Por otra parte muestra su afición por los estudios folklóricos, alaba las danzas y tradiciones provincianas, bellas y sencillas, no sólo en la obra citada, sino, por ejemplo, en la muy célebre cuarta octava a Don Antonio Ponz, sobre las romerías asturianas, primoroso ensayo etnográfico. Los gobernantes, sostienen ambos definitivamente, deben apoyar y fomentar las diversiones del pueblo, que levantan su moral y alegran la vida sencilla. Condenan, v.gr., los toreos por su crueldad y efecto embrutecedor sobre las gentes, en su “Sátira sobre el teatro y los toros” (1797). También S. se exalta y admira de espectáculo tan fascinante, pero considéralo “romano, bárbaro, feroz, sanguinario”. En un pueblo que tanto ama esas fiestas es imposible el progreso, el trabajo y el esfuerzo, concluye sabiamente..
La representación por el joven Domingo de “El delincuente honrado” (1773) constituye su primer y significativo contacto con la obra de J. `´Esta fue escrita contra las disposiciones de los Borbones sobre los duelos, y enjuicia dos conceptos legales: el vulgar sentido de la letra fría de la ley, y su trasfondo ético. El autor acusa en esta obra la impronta de Cesare Beccaria (1738-1798), el célebre jurista milanés, inspirador del concepto del delito y las penas expuesto por la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano promulgada en Francia en 1789. En “Dei delitti e delle pene” (1764), su autor critica acerbamente los sistemas de torturas en las cárceles de su época y la necesidad de adoptar un criterio social y humanitario en materia penal. Bajo un argumento de tinte melodramático (muerte, lágrimas, clemencia real, dolor del sentenciado), preconiza su idea de la flexibilidad y relatividad de la Justicia y de que la Jurisprudencia debe estar regida por criterios filantrópicos. Dentro del academicismo del proscenio dieciochesco, los jóvenes sanjuaninos eligieron una obra revolucionaria y considerada como un destacado antecedente del teatro social del siglo 19. “Aquello..., había dejado huellas en el espíritu de S.” advierte justamente Mauricio Rosenthal en su estudio de la vocación teatral sarmientina (12). Influyó en la “comedia lacrimosa”. Género que es el germen del drama moderno de costumbres, algo nuevo y distinto en la escena hispana según calificación considerable de Menéndez Pelayo. Así iba forjando S- como acota Rosenthal, “la pólvora de sus baterías críticas” (13)
(12) Rosenthal, Mauricio, “S. y el teatro>”, en Boletín Sarmiento, Bs. As., Instituto Sarmiento de Sociología e Historia, Nº 2 (1965), pp. 285-302, Y también en su S. y el teatro. La Musa recóndita de un Titán”, Bs. As., Kraft, 1967. Para J., ALBORG, Juan Luis, “Historia de la literatura española”, Madrid, Gredos, tomo 3, 1972, p.
763-834. También, KORN, Alejandro, “La filosofía moderna”, en su “Influencias filosóficas en la evolución nacional”. Bs. As., Ediciones Solar, 1983, p. 114-118, su 1º edición, Bs. As., Claridad, 1936. AZORÍN, “Clásicos redivivos. J.”, “Rasgos de J.” y “Nota sobre J.” , en sus “Obras completas”, Madrid, Aguilar, tomo 6, p. 1062-64, Tomo 8, p. 77-80 y tomo 9, p. 1430-1437.-
(13) En general, BARCIA, Augusto, “El pensamiento vivo de J.” Bs. As., Losada, 1951. Fundamental en la bibliografía argentina el sesudo y sentido homenaje de MÉNDEZ CALZADA, Luis- BARCIA TRELLES, A.- OSORIO Y GALLARDO, Ángel- SÁNCHEZ ALBORNOZ, Claudio- CIMORRA, Clemente- GONZÁLEZ, J. y INFIESTA, R., “Homenaje del Centro Asturiano de Buenos Aires. J. Su vida y su obra”-Bs. As., ed. del Centro Asturiano, 1945.
3.- Educadores.-
S., joven funda además una Sociedad Protectora de la Educación, junto con Manuel J. Quiroga Rosas, Indalecio Cortínez, Dionisio Rodríguez y Aberastain: el llamado Grupo de los Cinco tenía asimismo, fines políticos, de libre discusión y pensamiento como la filial de la Asociación de Mayo (1839) inspirada en el pensamiento rector de Esteban Echeverría (1805-1851). A semejanza de las activas Sociedades de Amigos del País y de la Educación, a que perteneciera Jovellanos, esta asociación sanjuanina mencionada en primer término, estableció un hito esencial en la difusión de las nuevas ideas en San Juan. . Siempre llenos de seriedad intelectual y sabiduría patriótica trabajaron denodadamente con estudios, discursos, informes, promoción de conferencias, etc. La biblioteca muy nutrida de Quiroga Rosas (1804-1844) (Villemain, Jouffroy, Leroux, Courier, Campomanes, Smithe, Feijoo, Jovellanos, Locke) fue justamente la escuela mas nutricia del mozo autodidacto: “discutíamos las nuevas doctrinas, las resistíamos, las atacábamos”. La mayoría de los autores que leían eran pensadores y escritores de la era de la Razón del siglo 18 (Bunkley). Igual de revelador y fructífera para su educación fue, en el caso de J., su asistencia a los cultos salones del peruano Pablo de Olavide (1725-1803), verdadero regente de la vida cultural de Sevilla, donde J. fue Alcalde del Crimen y luego Oidor. La amistad intelectual con Cabarrús, y las lecturas de los libros representativos de las últimas corrientes del pensamiento europeo formaron ese altísimo intelecto.
J. propone la divulgación de cartillas para instruir a los labriegos en sus tareas y el mejoramiento de los métodos inherentes a las mismas. Luego Belgrano lo intentará en estas tierras. Finalmente S. retoma esa preciosa inspiración jovellanista, en su titánica prédica educativa. Confluyen en ellos las lecturas y discusiones entusiastas de los “fisiócratas” Robert Jacques Turgot (1727-1781) y François Quesnay (1694-1774). Sostienen éstos, junto con Adam Smith (1723-1790), que la base de la riqueza de una nación reside en la racional explotación de las tierras. En el “Esquema de un cuadro histórico del progreso del espíritu humano” escrito por el Marqués de Condorcet (1741-1794) y en la “Relación a los filántropos y a los potentados sobre las escuelas, el estudio y su influencia en el bienestar público” (1768) de Johann Bernhard Basedow (1723-1790), encuentran las bases del liberalismo político y de sus combates contra el fanatismo, la barbarie histórica y a favor de un filantropismo o hermandad de los ciudadanos del mundo por ideales comunes de progreso moral y científico y de educación técnica, práctica y altamente cívica. Este universalismo es constante en la obra de J. y S. Así aquél en sus cartas a amigos “ilustrados”, y en su “Epístola a Inarco” (1796) a Moratín: “Un solo pueblo entonces, una sola y gran familia, unida por un solo común idioma, habitará contenta los indivisos términos del mundo”. También el sanjuanino es consecuente con el credo de concordia y fraternidad internacional, p. ej., cuando le pregunta a Aberastain:
“¿No es, sin duda, bello y consolador, imaginarse que un día no muy lejano todos los pueblos cristianos no serán sino un mismo pueblo, unido por caminos de hierro o vapores?, por iguales afanes de trabajo productivo, por las mismas normas morales y sentimientos comunes.”.
En días postreros S. ansía con ejemplar idealismo organizar una filial argentina de la Liga Mundial de la Paz de Ginebra. El autor de “Facundo” nos parece más ardiente, a veces menos refinado y prudente, menos puritano que el español, pero de semejante alma heroica y bella, mejor dotado para la polémica y hasta para la burla y el sarcasmo, más afanoso de gloria y de mando, fuertemente posesivo. Sus mejores ideas pragmáticas y observaciones más hondas están trasvasadas en sus cartas, género al que rendían igual culto. Así uno en sus epístolas a Lord Holland, al cónsul Jardine o a su hermano Francisco de Paula. El otro, a Mary Peabody de Mann, la hija Faustina o su amigo José Posse, etc. Escribir una carta significa para ellos una formidable manera de acción, de divulgación de ideas provechosas, de conmover y convencer. Hasta sus relatos de viaje los concretan en bellas cartas, intensas: uno a Tejedor, Aberastain, Lastarria o J. M. Gutiérrez; el otro, en sus cartas a Ponz, prosas cautivantes, que irradian curiosidad, observaciones sutiles, multitud de comentarios estéticos y políticos, normativas para el habla, el vestir y otras costumbres sociales.
Campomanes, Olavide, Floridablanca, Capmany, Feijoo, Cadalso y Jovellanos en España. Luego recogen esa preciada herencia, luminosa y militante, los escritores noventaiochistas, Costa, Unamuno, Maeztu. Un antecedente: Larra, admirado e imitado por S. y Alberdi, “Figarillo”. En Argentina participan de ese espíritu reformista y crítico, los “proscriptos” de la generación de 1837 y los organizadores de 1853. Posteriormente, más concretos y positivos en sus realizaciones nacionales, los de la generación de 1880, en la vejez de S., desde Miguel Cané, Carlos Pellegrini, Julio A. Roca y Joaquín V. González.
En el influyente “Informe sobre la Ley Agraria” (1794) escrito en su destierro asturiano , 1790-98, el pensador ibérico brega, en prosa robusta, lúcida y castizamente redactada, por la extensión y variedad de las actividades agrícolas, la instrucción elemental y específica de los campesinos y para que el Estado facilite tales labores, las fomente con estudios de la geografía, sus características regionales y necesidades más apremiantes y mediante la extensión de las comunicaciones y el mejoramiento del riego, el cultivo y la
distribución de los productos.
“Con esto queda suficientemente demostrada la necesidad de mejorar los caminos interiores de nuestras provincias, los exteriores que