jueves, 15 de mayo de 2008

                                    SARMIENTO  DANTESCO.-

 

                                    Por Guillermo R. Gagliardi

 

 

  • DANTE ALIGHIERI (1265-1321) y DOMINGO FAUSTINO SARMIENTO (1811-1888). Reciedumbre temperamental y literaria. Pasión política y amor entero al riesgo. Genialidad  paradójica entre dos

fuegos : la  “selva selvaggia e aspera e forte” (Infierno, Iº parte, versos 5-6) de la Barbarie y el Paraíso de la Civilización liberal. Militancia del coraje. Entre el Purgatorio de la  Vida  pública y su Celestial arte literario. A uno y otro, como lo confesó el sanjuanino, “la felicidad en esta tierra, les había sido negada”. En carta a su hija Faustina de Belin, del 10/09/1867. “Sé mi hija en eso, en sufrir, en trabajar, en esperar...”. Aspiran a la gloria terrenal, a la vida perpetua por el hombre y por la obra.  “La verdadera Gloria, la más grande y la más útil pasión humana”, “arte durísima de practicar porque impone privaciones, dolores, martirios...” (S., en tomo 46 de sus Obras) “He pasado por terribles pruebas, como pocos hombres habrán experimentado” escribe el cuyano. Y nos recuerda al drama vital del Alighieri, “...y yo solo / me preparaba a sostener la guerra / de ese camino...” reflexiona el toscano (Inf., canto II, v. 3-5).  Así lo reconoce S. en su Discurso en la Escuela  Normal de Montevideo (Uruguay, febrero 1883), en lo que define como el martirio y sacerdocio republicanos del hombre superior. Condena y confesión  de la Terrenal Comedia: “Yo soy un hombre público de la otra banda del río. Un hombre público es un actor que figura con más o menos acierto, en la historia contemporánea”, “...desempeña varios papeles, y a mí, en tan largo drama, me han tocado los más difíciles¡”, “...y si es viejo, cuenta los días, los meses y los años de este suplicio eterno, de todas las horas, esperando de dónde se levantará un nuevo clamor, una nueva grita contra el hombre público, que no supo tener la lengua, que llamó a las cosas  por su nombre, que hirió tal o cual susceptibilidad estúpida” (Obras completas, tomo 22). Seriedad romana en la asunción, a una altura mística, de sus deberes ciudadanos.

 

  • La “sombra terrible de Facundo” vibrante en la evocación escatológica sarmientina, consuena en intensidad expresiva con las visiones de la “Divina Commedia”, rebosantes de vivacidad y de relieve. “. ¡Sombra

terrible de F.!, voy a evocarte, para que sacudiendo el ensangrentado polvo que cubre tus cenizas,   te levantes a explicarnos la vida secreta  y las convulsiones internas que desgarran las entrañas de un noble pueblo. ¡Tú posees el secreto: revélanoslo!” (“Facundo” 1845, Introducción). Por la  impar tensión de su obra y vida, por la profundidad de su conciencia humana y cimera espiritualidad, por la trascendencia indiscutible de sus mensajes, por la crudeza de sus odios y la llama  de sus amores, ambos exigen “il lungo studio, e ·l grande amore” (Inf., I, v. 83).

 

  • Sarmiento joven ofrece una imagen similar al Dante. En el destierro chileno en 1841, luego de su encarcelamiento en su San Juan natal, su segundo exilio trasandino. Le describe su amigo  Lastarria (JoséVictorino, 1817-1888) en sus “Recuerdos literarios”, como un “joven

viejo”. Reconcentrado en la lectura y el estudio recio en una humilde habitación,  en la localidad de Sierra Bella. Luchador por  “ideas  sanas y realizables”. “..su fisonomía se animaba con los destellos de un gran espíritu..”. El “raro” emigrado argentino,  pensativo, soñador y taciturno, regresaba de la infernal  etapa de 1840 en sus pagos. Como el poeta itálico “cuando los florentinos de principios del siglo 14 veían pasar a Dante”,  y  comentaban entre sí: “ese es el hombre que ha vuelto del Infierno” (según interpreta Manuel G. Lugones, en su “San Martín y S.” 1951, p. 15).

 

  • La vigorosa pluma de Don Domingo recurre a la imagen ilustre  dantesca, para autodefinirse desde una óptica dramática.  Adopta ese estilo  en el Prólogo a su “Campaña en el Ejército Grande” (1852).  Su

evocación autobiográfica se mueve igualmente con garbo y fuerza descriptiva, y con acierto psicológico. El Evangelista del Alfabeto y el personaje ultraterreno de la “Comedia”  italiana. El maestro militante de la escuela popular, cercano a la misión paulina del de Tarso y al apasionamiento del Alighieri “¡Ando peregrinando por la tierra de nuevo en busca de instrucción para el pueblo!”. Inmediatamente versátil y rico en su estilo. La sombra que desde el Averno resurge  del exilio: “Demonio escapado del infierno del destierro sempiterno. Vuelvo, después de haber bajado al mundo de la vida, a recoger de nuevo la cadena que me tiene atado, lejos del pedazo de tierra que me fue por la naturaleza asignado por la patria!”. Seguro en la luz de la evocación bíblica de su misión  significativa y la oscuridad  patética de su destino sudamericano, “¡Emigrado otra vez!. ¡Prófugo!...¡Proscripto!”. La “comedia” del exiliado anti rosista desnaturaliza su destino elevado de educador y Hacedor americano. En ese drama, desde ese hermoso díptico, oscila su vida de soldado de las Ideas de Progreso y Libertad. Entre esas dos oraciones exclamativas, metáforas de su Yo imperial, traza el relevante dibujo de su biografía espiritual. Preternatural en un primer movimiento. Ascensional, anabático, Lux del genio sarmientino. Visión sacralizadora de su labor de Estadista-Maestro. Luego, demonización de su futuro político. Ritmo catabático, umbra, Nox de su cimera personalidad.

 

  • En el Purgatorio, canto 16, sufren los iracundos, entre un denso humo, en la 3º cornisa: “Buio d· inferno e di notte privata/ d·ogni pianeta.../ di

nuvol tembrata (1º terceto). Esta escena es referida y parcialmente trascripta por S. en el primer  volumen  de su “Conflicto y armonías de las  razas en América” (1883, tomo 37 de sus Obras, cap. 3, “La Inquisición como institución civil&rdquoGuiño al datar en 1493 el Papado nefasto de Alejandro VI y la inmoralidad eclesiástica. “un siglo hacía, Dante, el inspirado bardo de la epopeya cristiana, había profetizado como Isaías, que Dios abandonaría a su pueblo, por  los pecados de sus pastores...”. Y cita los versos 109-11 y 127-129 de la “Commedia”.  En dichos textos elegidos por el autor de “Conflictos...”  habla Marco Lombardo. Crítico y altivo personaje de mediados del siglo 13, de la Alta Italia. S. y Dante aseméjanse a este conocido Marco, por su moralidad, su alto criterio y a su vez, extrema franqueza para juzgar y  denunciar las  imposturas de sus contemporáneos, en el ámbito de “los dos soles”, el temporal y laico  y el religioso-espiritual, del Papa. “Y ya la espada/ al báculo va unida, y  justamente/  mal tienen que marchar por viva fuerza”. “Dí, pues, que en Roma de hoy en más la Iglesia,/ por confundir en sí los dos poderes,/  está en el   fango” (siempre cito traducción Battistessa). El Alighieri adopta el tono profético de Isaías, según anota Don Domingo. Jehová, según el texto de la Biblia, advierte con fuerza: “¡Oh gente pecadora, pueblo cargado de maldad, generación de malignos, hijos depravados!. Dejaron a Jehová, provocaron  a ira al Santo de Israel, se volvieron atrás” (Isaías, 1, 5). “¿Para qué me sirve, la multitud de vuestros sacrificios” (ídem, 1:11). Estas referencias culturales sirven  a la exposición sarmientina para basar su nota sobre la decadencia del espíritu moral del Cristianismo bajo los Borgia, “los monstruos casi apocalíticos de depravación”.-

 

  • Sarmiento caracteriza desde la lente dantesca al pasado político de Chile. En carta al historiador Miguel Luis Amunátegui (1828-1888), a propósito de  su “La dictadura de O·Higgins” dice no conocer “la historia de los

antiguos partidos chilenos, aquellos güelfos y gibelinos que tanto mal y tanto bien hicieron a la patria”. Alude S. a la lucha  medieval (siglos 12  al 15)  entre los papistas y los defensores del emperador teutón,  contienda en la que el venerable  poeta  jugó un papel que marcó sus días y escritos.

 

  • Ricardo Rojas (1882-1957) en su “El Profeta de la Pampa” (1945, capítulo 6) estudia la actuación militar del joven Domingo entre 1829 y 1831. Experiencia sarmientina del Infierno, descenso al mundo dantesco de la

guerra civil en San Martín y Mendoza. El miedo, la impresión más viva, el delirio, el entusiasmo en las sangrientas contiendas de Pilar y Niquivil. El

 sanjuanino las relató y evaluó su estado de ánimo.  Las  enseñanzas que le aportaron  el riesgo del “laberinto de muertes”, en “Recuerdos de Provincia” (tomo 3 de sus Obras) y en sus “Memorias” (ídem, tomo 49). El investigador y poeta de “Eurindia” señala este paralelo entre el “salvaje unitario” y el  vidente  florentino: “Tal es el infierno  a que bajó S joven, alucinado, y fanatizado  él también: infierno peor que el de Dante, porque fue real” (cito por ed. del “Profeta...” 1962, pág. 95). “Si el poeta gibelino llevó a su poema los rencores que le dejaron las guerras civiles de Florencia, la patria de que él, también, fue desterrado”. Así Domingo, “cambiando la espada en punzante buril, y dejando a veces páginas que valían batallas”,  vuelca su deslumbrante pasión civilizadora contra el caudillaje bárbaro de Aldao, el fraile guerrero, Facundo Quiroga, el Tigre de los Llanos, Rosas, el “astuto lobo” y el Chacho Peñaloza (S., Obras  cit.)..

 

  • El Bien Moral, el mejoramiento de los hombres, constituyeron definitivamente la esencia de sus escritos. Intención absolutamente Civilizadora. Sentido profético de la misión reformadora para la

Democracia Republicana en Hispanoamérica. Refulgen en la generación patria del ·  37 y del ·80  la filosofía romántica y la positivista así como la reverencia al humanismo clásico y el realismo gótico, entre el medioevo y el renacimiento en  la inmortal  obra dantesca.-


Publicado por Desconocido @ 20:29
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