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Mi pesadilla oficinesca. ¿Nuevamente la angustia despótica, la separación de la biblioteca, el dolor casi inefable?. El agobio, la impotencia, la ignorancia... La repetición ordena. Y la desesperanza. La pobreza, la esterilidad, la prisión, la trampa: mi descenso al Infierno.
Leo en estos días libros de Administración. Percibo allí la esquizofrénica distancia: la lógica, la justicia, la humanización, el progreso personal y social... Y su oscura contraparte, la realidad bruta y sin razón, sin discusión. Aquélla construye la posibilidad de enriquecimiento interior, de Verticalización. Ésta, la realidad deprimente y empobrecedora: es la que suelo sufrir, es mi trabajo en esencia.
¡Toda la tarea que amo, seria, planificada, constructora, positiva, cultural, ignorada imperialmente!. El profesional y el ser humano no cuentan. Realidad lacerante, en carne viva, contrasta con la teoría, gris y sofista.
Se desechan las proyecciones fertilizantes. Y se reitera la desilusión y la tristeza, vuelve a gritar la ausencia de incentivos, la pálida, hambrienta, canina incultura. La ausencia atroz de calidad, de cualidades. Perversamente contrariado, en aptitudes y profesión.
¡Sólo resta, nada menos, la Esperanza, el amor por la Cultura, Dios. Lo que hay de más alto, y mejor y más noble. La vida completa!
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