viernes, 23 de mayo de 2008

Galdós y Sarmiento

 

 

PÉREZ GALDÓS Y D.F. SARMIENTO.-

 

 

por Guillermo R. Gagliardi.

 

 

     

  • Obra rica y vasta, las novelas de BENITO PÉREZ GALDÓS (1843-1920) constituyen meritoriamente otra "Comedia Humana", perenne retrato del mundo. Su lente detallista, se expresa cruda, implacable. Su narrativa resulta una sumatoria sabiamente decantada de Costumbrismo, Psicología, individual y colectiva, y Sátira Social.
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El autor de "Fortunata y Jacinta" profesaba una verdadera "simpatía universal" por los necesitados de pan y justicia, por los seres más desvalidos. Sus personajes se constituyen como auténticas "personas" por la dignidad y particular profundidad que trasuntan.

 

"El gran profeta de nuestra España", según lo calificó Gregorio Marañón (el médico-escritor madrileño, 1887-1960) en su "Raíz y decoro de España" (1933), ha sido un crítico de la vida comunitaria y un Humanista. Tal como don DOMINGO FAUSTINO SARMIENTO (1811-1888), "El Profeta de la Pampa" como lo conceptuó Ricardo Rojas (el crítico y profesor tucumano, 1882-1957) en su obra homónima (1945).

 

En ambos escritores se advierte semejante ansia de comunión, de sentir la colectividad, de vivir la vida de los otros. El español, liberal y reformista, entiende, como el argentino, que el avance de los pueblos consiste "en el esfuerzo de las colectividades, de la perseverencia y agudeza del individuo". Su sociología fundamental consiste, en palabras de ‘Azorín’ (José Martínez Ruiz, 1873-1967), en "una constante preocupación por el avance humano".

 

Críticos penetrantes de las costumbres e ideas populares, observadores sagaces de la Nación: he ahí la importancia trascendente de sus respectivas escrituras. Expresadas en un ‘modus’ nada convencional, ni artificioso, sí valdesiano (en el tono de "escribo como hablo" que prescribía Juan de Valdés, español, reformista del siglo 16, cuyo famoso "Diálogo de la Lengua" fue publicado en 1736) y personalísimo.

 

     

  • Amantes fervorosos de la Libertad. Sintieron peculiarmente, con intensidad sobrada, el problema de la Libertad de Conciencia y de los Derechos Civiles y Deberes Cívicos.
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Silencioso trabajador el español, febril y tormentoso el sanjuanino. Pensadores pragmáticos, encarnaron en forma prominente una "misión nacional": alumbrar la Conciencia Ciudadana, combatiendo con dureza y por todos los medios a su alcance, el discurso movilizador, la acción política en contra del fanatismo y la intolerancia.

 

 

"Respetando lo que la tradición tenga de respetable, rechacemos el espíritu mortuorio que en buena parte de la nación prevalece aún" sugiere Galdós en 1903. "Tengamos propósito firme de adquirir vida robusta y de crecer con todo el vigor y salud que podamos" reflexiona y propone el mismo en "Soñemos, alma, soñemos".

 

El Ser de la Nación está viviente y bullicioso debajo de la capa de las ceremonias públicas y aparatosidades oficiales de los políticos profesionales. No olviden al Pueblo, es lo mejor que tenemos, advierte el polemista de "Las ciento y una". Y asevera con justeza que "La España, como pueblo que trabaja por salir de la nulidad a que la han condenado los errores de sus antiguos déspotas, es la nación más digna de respeto".

 

Debajo de la corteza del "mundo oficial", "existe una capa viva, en ignición creciente", "con un poder de crecimiento que pasma". Es el país profundo: "dos aspiraciones grandes" han de hacerlo surgir y desarrollar – expone el español-, "necesitamos instrucción para nuestros entendimientos y agua para nuestros campos".

 

Ésa es también la continua prédica y acción sarmientina, expuesta por ejemplo, en su "Plan combinado de educación común, silvicultura e industria pastoril, aplicable al estado de Buenos Aires" (1855). El mismo ideario civilizador: "cuanto se quiere hacer producir al campo y al ganado, la instrucción se torna indispensable".

 

Su ingente obra y su conducta son modelo de pasión patriótica y lección de Ética Civil. Así lo meritúa nuestro citado ‘Azorín’ sobre su compatriota: "Libertad, progreso, independencia intelectual, lucha contra el prejuicio, formas innovadoras del vivir, concepción grande y humana del amor (...), todos estos son temas que se respiran en la obra del maestro".

 

     

  • Como afirmó el ilustre historiador y filólogo Américo Castro (1885-1972) en su "Españoles al margen" (1973), el re-creador de los "Episodios Nacionales" representa el resurgir de la inteligencia hispánica moderna y al igual que el creador de "Facundo o Civilización y Barbarie en las Pampas Argentinas", realiza una tarea titánicamente "reconstructiva". Ambos está colmados "de fe y ardor empeñoso" en su valioso arte literario, en sus ideas y vida. Más allá de la ignorancia y de la oscuridad de sus respectivas circunstancias históricas, presintieron avizoramente el Porvenir de su Nacionalidad.
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Cumbres del intelecto español, superiores y luminosos, vieron "luz esperanzada más allá del inerte presente.

 

En 1883 Sarmiento pronuncia una conferencia titulado "Lectura sobre Bibliotecas Populares" donde observa con conocimiento minucioso que en las bibliotecas de Buenos Aires, determinados autores no son solicitados por los lectores de acuerdo con la importancia y actualidad de los mismos. Así, por ejemplo, se refiere precisamente al narrador impar de "Misericordia": "Sin salir de las novelas, Pérez Galdós, español que ya se hace traducir en otras lenguas por sus pinturas reales de las costumbres internas de España, en relación a sus ideas tradicionales". A continuación valora afirmativamente la modernidad y realismo del novelista canario y lamenta su aún escasa difusión entre los asistentes a las bibliotecas públicas municipales: "no siempre la demanda está en relación con el mérito intrínseco o la boga actual de los autores", "está representado por 151 pedidos. Es poco para autor tan moderno" ("Discursos Populares" volumen II, Obras Completas, ed. Luz del Día, tomo 22).

Autores como el de "La mujer adúltera", Enrique Pérez Escrich (1829-1897), de secundaria estima, o Manuel Fernández y González (1821-1888), según datos sarmientinos, superan en diez veces los pedidos de las obras de Galdós, análisis que le hace observar concluyentemente que existen serias "deficiencias en el gusto o en el conocimiento".

 

     

  • En su novela "Ángel Guerra" (1890-91) Galdós traza el retrato del Místico al modo de Sarmiento, que lo fue, con vibración de guerrero reformador y activo. Como en la novela Don Ángel, así don Domingo ostenta un fuerte deseo "de mejorar la suerte de los pueblos, aminorar el mal humano". Preso de un febril "vértigo político" y amor y entrega de fervor apostólicos "a la cosa pública". Luchador quijotesco, humanista de avanzada, el "Caudillo del Bien" público, así fue el autor de "Educación Popular", "santo por la abnegación valerosa que superaba todas sus imperfecciones" (según aprecia Leopoldo Lugones en 1911, "Historia de Sarmiento").
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Como el maestro del Zonda, Ángel, el personaje galdosiano, primero un revolucionario idealista y luego un evangelista como Nazarín, adopta el papel de "religioso práctico". Místico de obras concretas al modo de Teresa de Jesús (1515-1582) o de Ignacio de Loyola (1451-1556). Representa "la idiosincracia genuina de lo hispánico", "la tendencia incoercible a fertilizar la fe, a erigir fundaciones benéficas antes que a aplicarse cilicios" (Guillermo de Torre, "Revalorización de Galdós").

 

La obra de ambos escritores es primordialmente educativa y de grandiosa labor cívica y humanizadora, "con el despabilado pensamiento", Galdós dixit, en el sostenido afán de "abrir caminos anchos y nuevos a los negocios, a la industria y a las artes".

 

"Procuremos, grandes y chicos, instruirnos y civilizarnos, persiguiendo las tinieblas que el que menos y el que más lleva dentro de su caletre".

 

"Va y viene casi todo él en medio de polémicas, discusiones, manifestaciones, acusaciones, defensas" afirma José Blanco Amor en su artículo galdosiano publicado en "Sur" (n° 265, 1960); se compromete activamente en el bullir de la vida española.

 

Galdós, con su arte novelístico y su teatro de fama universal, discutido y hasta menospreciado en honores y reconocimientos merecidos.

 

Don Domingo, en la política pasional y la acción pedagógica, en la forja de una Nación autónoma y Moderna definitivamente.

 

Obra irregular, digresiva, impetuosa la sarmientina. Uniforme, sin arrebatos pero no menos caudalosa, la galdosiana.

 

De parecida sustancia ideológica. Entre "enciclopedista" y "social-romántica", símbolo de Civilización y República.

 

Siempre imbuidos del "generoso anhelo de que algo se construya" y de que se desvele algún fanatismo embrutecedor, empequeñecedor de la naturaleza humana.

 

Sus páginas y la lección vital de sus personas resultan de vigencia permanente y es indispensable recordarlos y estudiarlos.

 


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