Espronceda y D.F.Sarmiento: literatura y polïtica. 1ra. parte.
ESPRONCEDA Y SARMIENTO: LITERATURA Y POLÍTICA. Ira. Parte.
por Guillermo Gagliardi.-
1. “Virtud contemplo, libertad y gloria”.
Así canta JOSÉ DE ESPRONCEDA (1808-1842) en “El Pelayo”. Y de inmediato convoco a la figura de DOMINGO FAUSTINO SARMIENTO (1811-1888). Su gesta magna de ideólogo y gobernante progresista. Obra ciclópea, manifestación de su alto concepto de Patria: “Intrépido soldado / Jefe sagaz” (ob. cit., ‘El Consejo’, estrofa 44). “Ardido en esa alta llama” (ídem, estr. 46): la acerada conciencia de su Misión, de la Dignidad y Responsabilidad de su Tarea de Estadista Americano.
Su oratoria vehemente (“ademán forzudo, hierro centelleante&rdquo
como los Mandamientos Mosaicos, sonaron “cual rojo alano a las batallas hecho”, cual “un trueno retumbar se siente”, “un bramar recio”.
Fervorosa voz de guerra contra la sociedad colonial, hirsuta y levantada como los himnos del pueblo en la estrofa XII (Primer Fragmento) del poema citado. Y aùn resuenan, dada la trascendencia e incompletud de su labor de Sísifo criollo, republicano abrazado al “riesgo aventurado”, como “eco ... de los opuestos vientos que pelean”. Éstos semejan la Barbarie bífida, “sañuda y con acicate fiero”. La montonera analfabeta, “requemada furia y rabia impía”, y la ideológica, que siembran, todavía hoy, de espinas envenenadas, la personalidad histórica del Maestro Universal de la Escuela Popular. La controvierten, ignoran o disminuyen. Él, “lanza en ristre”, “fornido yunque”, es un Grito, un movimiento taumatúrgico, formidable, “a lo Zonda”, por concretar “ideas sanas y realizables”.
Retratamos a Sarmiento desde la poesía de Espronceda. Su proverbial figura exige agrandar nuestros parámetros mentales, para acercársele, para comprender tanta pasión por el Bien público. Está aun hoy presto, considerando la asombrosa actualidad de su voz argentina, “más fiero / a blandir su brazo la robusta lanza”, con “su tajante acero”, “brioso, audaz”, como “el animoso hispano” de la estrofa 32 (“Fragmento Preliminar. Batalla del Guadalete&rdquo
; “y el esforzado íbero” (estr. 49), continúa brillando “la llama de su antiguo brío” (Fragm. Sexto, estr. 10). Hoy, para nosotros, “resuena solo el reverente canto” (estr. 54, ‘La Procesión&rsquo
sarmientino de Hacer de toda la República una Escuela.
“Plutarco de bandidos” lo llamó miopemente Juan Bautista Alberdi (1810-1884), antagonista de sus lides políticas. Porque le fascinaban las figuras románticas, “almas fieras e insolentes”, los egos salvajes, “sombras terribles”, que cohabitaban en su propia alma de montonero intelectual. Facundo Quiroga, Félix Aldao, Ángel Peñaloza el ‘Chacho’... Como a Espronceda, el Pirata, el Mendigo, el Verdugo, oscuros y misteriosos en su fuerza marginal. Pero también el poeta español canta a Pelayo ( a través de cuya evocación épica estamos estudiando al autor de “Educación Popular” y su médula libertaria). A Sancho Saldaña, y a los héroes de la lucha contra el tirano Rey Fernando, Torrijos, De Pablo. Así como el mismo argentino consagra en sentidas biografías al “viejo Vélez”, a Horace Mann, al Dr. Francisco Javier Muñiz, sabios pilares de la Civilización americana. Básicamente cantan a las personalidades decisivas en el destino histórico de los pueblos, ricas en humanidad o arquetípicas en la sociedad: el Baqueano, el Rastreador, en la escritura del genial prosista cuyano; el Cosaco diabólico y el donjuanesco Félix de Montemar, en el otro.
Estos rasgos sugieren más nítidamente las notas dicotómicas de sus proteicos perfiles. El cantor del “Himno al Sol” y “A las cenizas de Napoleón”, facedor de versos plebeyos de erotismo callejero o escritor de enfáticas reflexiones rimadas. Señorito “Busca ruidos” y Diplomático en La Haya, entona odas débilmente macabras y satánicas.
Por su parte el político racionalista argentino, convive con el orador y el polemista inverecundo, con el amante de Aurelia Vélez, que rememora las dulces y nostálgicas baladas de Francois Villón. El relator encantado de “Mis pajaritos” y el fino descriptor de las puestas de sol, es el mismo, Jano bifronte, de “Las cienta y una” y “La escuela ultrapampeana”.
Don Domingo particpa de la filiación temperamental con el legendario Rey de Asturias, Pelayo (718-737). Caudillo, guerrero contra los árabes en Covadonga, inicia la gloriosa Reconquista. Advertimos el vertebral hispanismo del ser sarmientino, que nos sugieren los versos de Espronceda: alma grande, brazo libertador, soberbia voluntad patriótica. Pelayo, el Cid Campeador: seguramente le apasionaba al evocador romántico de “Facundo” la fijación e esta genealogía moral. El poema del español debe su nacimiento a los ataques al Despotismo, encabezados por él mismo al frente de “Los Numantinos”, una especie de Asociación de Mayo hispánica..
Como en la elegia esproncediana “A la Patria”, nuestro maestro se identifica con los tiempos heroicos de la emancipación nacional, “donde el fuego arde / del castellano honor”. “Un tiempo España fue: cien héroes fueron en tiempos de ventura”. “En sus pechos late / un corazón colérico español” (”Al dos de Mayo&rdquo
, “coronadas las inspiradas frentes por el laurel del entusiasmo”. “Truena el cañón, y el grito castellano / de Independencia y Libertad responde” (idem, ob. cit.). Como el escritor español en su “A la muerte de Don Joaquín de Pablo” (líider de su grupo liberal), así el argentino, en “El Mercurio” y “El Progreso” chilenos, parece incitar con versos de aquel: “Y vosotros ¡oh nobles guerreros, / de la patria sostén y esperanza!. / Abrasados en sed de venganza, / odio eterno al tirano jurad”. Versos que anuncian a nuestro Caseros y la derrota de Juan Manuel de Rosas (1852). O en “Guerra”, el impetuoso poema polimétrico: “Mi pecho hirviendo / el cántico de guerra entonará”, “arrogante en valor, omnipotente, / terror de la insolente tiranía”. “Y donde quiera generoso acento / se alza de Patria y Libertad tronando”. “Ved, ya desciende a la oprimida tierra, / los hierros a romper, la libertad” finaliza el bélico himno, de tono y ritmo sarmientino. Nos trae el recuerdo de la oposición de Espronceda, vigorosa, al ahorcamiento de Riego en 1823, como la encabezada por Sarmiento en el exilio trasandino a través de la prensa militante.
Visión crítica de la Religión, del Clericalismo especialmente. Enfoque polemista del oscurantismo en política. “Hablan a cada paso de una vida más elevada, un pensamiento más digno y levantado” observa José Moreno Villa (1887-1955, narrador y ensayista de arte español) en el Prólogo a las Obras de su compatriota (ed. Clásicos Castellanos, 1968, p. XX).
Soplo constante de libertad y soberana autonomía de la personalidad, con el justo acento de la estrofa reiterada de “La Canción del Pirata”: “Que es mi Dios la Libertad / mi ley la fuerza y el viento”, “Ansia de patria y libertad henchían / sus nobles pechos que jamás temieron” escribe en el soneto “A la muerte de Torrijos y sus compañeros”. “De tan heroica lucha y tanto / anhelo, tanta virtud y sacrificio” (”Al dos de Mayo&rdquo
. Canta en sonoros y amplios ritmos a la patria aherrojada por la tiranía, con el fervor y majestad que también lucen los escritos sarmientinos. Aquél en la elegía “A la Patria” (Londres, 1829), éste en los fogosos golpes tiranicidas de “El Progreso”, “La Crónica”, “El Mercurio”, etc., conjugan igual espíritu.
En su “Diario de Viaje de N. York a Buenos Aires” (1868, en Obras completas, tomo 49), fijó el sanjuanino su línea histórica, innovadora y beligerante, de sugerente espíritu esproncediano “Empecé a ser hombre entre la colonia española que había concluido, y la República que aun no se organiza”. “Yo soy el único que quedo todavía gritando: ¡mueran los godos!. Pertenezco a los viejos revolucionarios de la Independencia, y voy, con la teoría de entonces y la práctica norteamericana, contra lo que queda de la vieja colonia”.
Aman la vida de acción política, el escribir como combatir. “De alma enérgica y valiente, / clara razón y fuerza diamantina” (“El Diablo...&rdquo
. Desborde vital, impetuosidad en las ideas y proyectos. Mente audaz y corazón exuberante. Definido yo ejecutivo y romántico, idealista y constructivo. Golpean temerariamente “al furor del déspota sombrío”.
El exilio marca su tragedia íntima e intelectual: “Yo desterrado de la patria mía, de una patria que adoro” (Espronceda). “Oscuridad y luto tenebroso / en ti vertió la muerte, / y en su furor el déspota sañoso / se complació en tu suerte”. “Estoy solo en medio de hostiles prevenciones” confiesa el periodista de “Recuerdos de Provincia” (Obras, tomo 3). Como la bandera exaltada por el bravo Aldaimón (estr. XI, Fragm. 4·, ob. cit.), nuestro escritor, es guía de los amantes de la Libertad Ciudadana. “Entusiasmo bélico” y “Gaucho malo de la pluma”. Látigo feroz contra la Barbarie anárquica y el despotismo del Caudillaje.
Como la insignia “al aire tremolada” del musulmán bravo, Don Domingo “al Çántabro feroz impuso miedo” (estr. XII), y todavía “solo contra mil pelea” (Estr. 19, fragm. 6·
. “Estoy solo contra muchos” (“Mi Defensa”, 1843, Introducción).
Tensa vocación por la elevación humana en nuestros dos hombres. Tareas comprometidas, de militancia moral. En sus escritos tejen una apología de la acción y del sentimiento: “Al dos de Mayo” y “Educación Popular”; “Canto a Teresa” y “Vida de Dominguito”. Se instalan en el riesgo, y, afirmativos, izan el noble cartel de la Esperanza. Manifiestan una interioridad volcánica y expansiva, rebelde. Vivid sin perdirle permiso al jefe de policía, aconseja el sanjuanino.
La admiración sarmientesca por Pierre-Jean de Béranger (1780-1857), el popular autor de las alegres “Chansons”, lo acerca al arte democrático esproncediano, a su periodismo poético y reformista, a su literatura predicadora con la que evidentemenete congenia. Atraían a Sarmiento la alacridad del verso de Béranger y la sátira contundente contra el poder clerical o el gobierno borbónico. Poesía que “va a mover guerra, / a alzar rebeldes pendones” (en ”El Diablo Mundo”, Introd., Monólogo de Luzbel).
Ambos, Sarmiento y Espronceda, en gran parte, participan del ritmo iconoclasta, independiente e inconformista, y el ala fáustica del Pirata, de la soberanía de la personalidad individual .Este dibujo autobiográfico de la “Canción del Pirata”, define las líneas raigales de la ética romántica del bardo español. Así como el valor de su “Canto del Cosaco” significa toda la violencia de su pluma contra la sociedad mercantilizada y mediocre de su época, o en “El Mendigo”, la burla luciferina de la hipocresía social.
Pertenecen consecuentemente a esa categoría de escritores, a los cuales Armando Palacio Valdés (1853-1938, el dulce escritor y crítico) adjudica la cualidad cimera de que “cuando los leemos, horizontes irisados se alzan delante de nosotros; asoma una aurora”, “pensadores osados”,”Corazones de fuego que encienden el de sus lectores” (en su “Álbum de un viejo”, 2da. parte de “La novela de un novelista&rdquo
. Tipifican “de grandes hechos generosos guías” (Canto II de “El Diablo Mundo&rdquo
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