Espronceda y D.F.Sarmiento: literatura y política. 3ra. parte.-
ESPRONCEDA Y D.F.SARMIENTO: LITERATURA Y POLÍTICA. 3° parte.-
por Guillermo R. Gagliardi.
3.- Concepciones sobre la Poesía.-
Sarmiento "romantiza", enormiza, dilata semánticamente la actividad política y "emocionaliza" el significado de "Poesía". Así, su apología del río civilizador, la titula "Poema del Agua Dulce" (1866, en su obra "Ambas Américas"). En "Recuerdos de Provincia" (1850, cap. "La historia de mi madre"): su destino familiar es un "poema del corazón", "triste y luminoso". Su canto al adelanto fabril yanqui y a la libertad cívica, lo aplaude como "Poema épico de la Democracia" ("Viajes, 1845-1847"; o en carta a la educadora Juana Manso, en 1865, incluida en "Ambas Américas").
Más aún. Su naciente actividad militar, como ayudante de línea e instructor de reclutas, en Mendoza, campaña que terminó con la tragedia de Pilar, la considera la época de la poesía realizadora de sus ideas y lecturas, "el éxtasis permanente del entusiasmo", "la poesía de la embriaguez" ("Recuerdos...", cap. "La vida pública").
El trabajo productivo, base de la Economía Política y del progreso modernos, lo denomina "la gran poesía de nuestro siglo". Anuncia a Walt Whitman (Obras, tomo 30). En "Diario de viaje" (1868) de Estados Unidos a Buenos Aires, electo Presidente, exultante y nostálgico, evoca sus seres más queridos, que creyeron en él y lo estimularon afectivamente, sosteniéndolo en el vapuleado oficio de político probo (léase sus "Memorias"). Sus hermanas amadas, su hija Ana Faustina de Belin, su hijo y nietos, ocupan en su alma el lugar y la clasificación profunda de "los poetas menores del corazón". La poesía casera, más íntima y emotiva, interior y cálida, que sostiene su cruenta vida pública.
Semánticamente confiere en su mente excepcional, significación de ideal platónico, un desideratum, un modelo de perfección y de vida superior. Por ejemplo, para los trabajadores humildes, la labor de las minas, constituye un acicate para la actividad, para soñar con un orden y calidad de vida mejor. Por eso, religioso del Bien Absoluto, promueve estas labores nobles y fructíferas, en las que él mismo era perito. Y cuando ejerce el Ejecutivo Nacional, en su "Informe sobre los distritos minerales" (artículo "Minas y establecimientos de la República Argentina por el Mayor Rickard", El Nacional, 6-8-1869, en el tomo 41 de sus Obras), desarrolla estusiastamente su "teoría poética de las minas".
La curiosa concepción de la poesía democrática y popular que tanto admira en Béranger y en Espronceda. "Las minas son hoy el fuego que conduce a los pueblos al desierto para poblarlo; y como requieren inteligencia, civilizan...". "Sobre todo, esas minas son "la poesía del pobre", la piedra filosofal del ignorante, ante ellas todos son iguales" (tomo cit., "Progresos generales. Vistas económicas"). LLama "la prosa" al informe técnico de Rickard, pero se enciende su himno whitmaniano ante el ímpetu humano por el trabajo útil, y la fuerza de Bien y Mejora que conlleva.
Entonces, socializa y humaniza intensamente el alcance de la Poesía, la otra vertiente del Romanticismo decimonónico. "El libro del Mayor Rickard es la prosa todavía, es un catálogo de materias". Pero "si el furor minero se despierta", la poesía épica y transformadora de la revolución minera, liberará "del torpón en que viven, no diecinueve años sino tres siglos hace, los descendientes de los conquistadores sumidos hoy en la barbarie por la pobreza".
Aparece también la dimensión de la marginalidad, la delincuencia, la locura, en su noción de la Poesía. Refiriéndose a los que atentan contra los trenes, colocando obstáculos en las vías para provocar descarrilamientos y las consecuentes dificultades para el comercio, el tráfico y el progreso general de las sociedades. En su escrito "Entorpecimientos en la vía" (1878, en Obras, tomo 41) denomina originalmente a estos asociales, "los poetas del crimen" y traza un rico esquema de su psicología fronteriza, su "sentimiento extraviado", su "orgullo de la ignorancia". Poesía negativa, del mal, de la primitiva irracionalidad, de "la fiera en deseos, en imaginación y en perspectiva". "La obra de algún poeta del crimen, de alguna imaginación curiosa, de alguna ambición de gloria a su manera, la ambición de producir algo de que él sea el autor".
Profundiza un verdadero estudio de antropología cultural argentrina, al trazar el retrato claroscuro de este "outlaw". Antítesis de su luminoso elogio y consagración, precursor en la literatura hispanoamericana, del Rastreador y del Baqueano (en "Facundo", 1845), que descubre al delincuente y que con su arte y sabiduría admirables, arquetipo criollo, es un elemento positivo para el desenvolvimiento social.
Configuran dos éticas, dos miradas en la poesía de nuestra realidad. Recuerdan, claro, al Cosaco, el Pirata y el Mendigo en la evocación de Espronceda. Espíritu libertario opuesto a mezquindad moral, ímpetu hacia las grandes cosas opuesto a miseria social.
Tensa aún más su particular epistemología poética. Y concibe una "Poesía del Patriotismo", "recurso fantasista". Palabra hueca -afirma- que justifica revueltas y componendas políticas, contraventoras de las Leyes y de la Constitución. De esta manera lo expone en su agudo escrito "El patriotismo" (1879, tomo 41 de sus Obras, cit.). El "verso del patriotismo" es invocado para validar la inmoralidad pública, para encubrir intereses egoístas inconfesables, traidores de los ideales nacionales. Por supuesto, no alude a la poesía exclamativa, al himno de noble inspiración y cuidada forma, concebido coherentemenete con una vida dedicada al bien patrio, tal como memorablemente la cultivó Espronceda en los cantos y odas que él admira. Su visión es crítica y desmitificadora, antiheroica, desenmascaradora del innoble y falso patriotismo. Depreciación lastimosa de un antiguo y puro sentimiento, que tan bellamente inflamara a los vates hispánicos liberales.
Negación de la épica del patriotismo, la ve, zahorí como casi siempre, el ojo de nuestro Profeta. Ante los proyectos avanzados de colonias en el Sur argentino, parte importante del programa roquista, Don Domingo anuncia su crítica ajustada de la teoría de "la poesía de la gran nación". Ésta pretende una Patria como Rusia -abserva alarmado-, extensa, aislada, despoblada, ingobernable, imposible para un continuado desarrollo cultural, por la vastedad geográfica y escasa o nula densidad poblacional (léase en "Un Programa" 1879, tomo cit. de sus Obras). "No nos emborrachemos" con esta "poesía" contraria a nuestra necesidad de progreso republicano, conspiradora contra la constitución de una civilización estable: "Vamos a hacer una Rusia grande, y una pequeña Rusia. El despotismo militar de un lado y el nihilismo del otro; no hay nación". Su visión y admonición reviste total claridad, admirable.
Poesía vanílocua y seductora, "mal sistema, que va tomando cada día, a fuerza de entusiasmo y de frases, cómo fundar una gran nación y otras que seducen la imaginación". Habla el Estadista superior. Amonesta, expone sus atendibles axiomas: "Una Nación ha de ser compacta", "fuerte por la cohesión". "No hagamos grandes naciones del vacío; no nos inflemos". Combate y propone: concentrar racionalmente, no diseminar. "Para ser fuertes necesitamos estrechar las filas, llenar los vacíos, porque con ello se afirma y robustece la sociedad". Presenta soluciones cartesianas contra el programa del Gral. Julio A. Roca para la Presidencia (período 1880-1886).
Nuevamente la heterodoxia, el enfrentamiento, lo alimenta y enriquece su pluma robusta. Aplica criterios realistas, abomina de la oratoria sofista y demagógica. Enarbola su mensaje de sencillez republicana al modo de su caro Catón y concorde con sus amados maestros yanquis , los "Padres Fundadores". "Vivimos de hipérboles: el heroísmo, la gloria, el valor invencible, la libertad, la grandeza nacional" ironiza (en su "Las ideas sobre frontera", ob. cit.). Poesía irreal, ahistórica, confusa, partidista: "pervierte el juicio público, adultera la historia" con sus "epitalamios a merced de las circunstancias", con su flatulento "espíritu de epopeya". Porque Sarmiento añora "los arranques del alma generosa" de los sinceros patriotas. "El antiguo lustre y decoro" de la Nación.
Tal y como lo evoca Espronceda en su poema "A la degradación de Europa" (publicada también como "A la traslación de las cenizas de Napoleón"). Vitupera el estado de "Miseria y avidez, dinero y prosa / en vil mercado convertido...". Prefiere los tiempos "del genio y la virtud", el resonar intenso de la ética "voz del héroe y del profeta", "semilla de virtud, polvo fecundo". Denuncia desde su "corazón colérico español" la poesía del "espíritu flaco" y el "débil llanto" que justamente anatematiza en su "El Dos de Mayo". Canto a "los recuerdos de honra y valentía", "de tan heroica lucha y tanto anhelo, / tanta virtud y sacrificio tanto". Negación de la poesía meliflua, como el recio verso español declara: "Llorad como mujeres", "apáticos vivía en tanta mengua, /y os cansa el brazo el peso de la lanza" entre tanta "hipócrita máscara" y "tembloroso brazo".
Llama "poetas menores de la detracción" a sus contrincantes, con los que polemiza rabiosamente en la prensa y en el Congreso: Manuel Bilbao, los Gutiérrez, el "Bachiller Ox", Goyena... (véase el tomo 48 de sus Obras, "La escuela ultrapampeana", y el 52, "Escritos Diversos", ataques furibundos en los diarios católicos de 1875, 1878, 1882 y 1883). Encuentra la Poesía lo mismo en el Infierno que en el Paraíso. Así su admirado Espronceda, canta al Mendigo y al Reo de Muerte, como a "Jarifa en una orgía", "A una dama burlada" y también al "Cuadro del Hambre" de su "Pelayo".
Sarmiento ha ejercido una obra efectiva de Progreso material y moral. Una "Política Poética", en la acción ejecutiva y legislativa y en la Literatura. Así como Espronceda en su función diplomática y en la prensa revolucionaria, Por el más intenso genio político y la extensión cronológica, el argentino ha desenvuelto con mayor y mejor influencia esta formidable "Política".
Con la elevación impar de sus miras, los objetivos estéticos de sus trabajos legislativos, precursores en material de política ambiental. Su detallismo en la propuestas embellecedoras de parques y otros lugares públicos, sus originales previsiones sobre Higiene y Arquitectura de las ciudades, escuelas, gimnasios y fiestas populares y oficiales que, sorprendentemente, llegó a planificar de manera obsesiva.
Otorgaba excepcional importancia a estos aspectos que ennoblecen al ser humano y predisponen a una vida racional, al equilibrio que necesita la salud de una República pujante.
Su obra de Estadista pretende encarnar la Poesía de la Tierra, la "Civitas Dei" en la "Civitas Homini", more agustiniano. El idilio y la égloga deben solidificarse en los hechos de una política de alcance antropológico y americano. "¿Para qué las ficciones del poeta, si el idilio puede hacerse real, suprimiendo el rancho y creando la casita de Concord..., embellecida, rodeada de árboles simétricos, de flores y de verdura, morada de una familia de paisanos aseados, robustos, elegantes, ardientes en el trabajo, auxiliados de máquinas y con el libro en la mano, para dirigir las labores de la tierra".
A esa obra, grandiosa en objetivos, pasional y noble en su concreción , la llama "ersos versos que saldrán un día de los 'Anales' (de la Educación Común)". Este texto magistral pertenece a su valiosa carta, fervorosamente paulina, a la Manso, de noviembre de 1865, incluida en el tomo 29 de sus Obras, y que justamente la titula "El poema épico de la Democracia". Siempre nos revelan a un ser pleno de intereses y de deseos, observador y anticipador, vastísimamente informado por la lectura voraz y la experiencia ávida, que ciñó "la espada del guerrero" y conservó "toda su vida el cilicio del monje".
Milicia intelectual, ambición estética, autoridad moral, definitivamente han estructurado el genio de Espronceda y de Sarmiento.-

