viernes, 13 de junio de 2008

Conflictos y armonías de Sarmiento y Montaigne.-

 

 

CONFLICTOS Y ARMONÍAS DE SARMIENTO Y MONTAIGNE.-

 

 

Educadores siempre

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"No es un alma, no es tampoco un cuerpo lo que el maestro debe tratar de formar, es un hombre" (M.). "La opinión que acerca de educación profeso, contraria al común sentir y uso". Ideas originales y de avanzada. Censuran la ignorancia de los gobernantes. S. dióse cuenta que le era preciso educar a las clases pudientes antes que a las populares...Concepto pragmático de la enseñanza, en cuanto ésta se logra principalmente con ejemplos y obras. Valor de la experiencia. Les interesa la realidad de la vida humana. El tipo de educación que les apasiona es la de la Libertad. La antidogmática. Enseñar al infante la diferencia entre libertad y servidumbre. Dignidad y deshonra. El Bien vivir y el bien morir..

 

"La educación monacal, clerical, de monjas y frailes mata la inteligencia y la estorba desenvolver su capacidad.. S. tenía en real honor llamarse Maestro de Escuela y comparaba a esta profesión sublime con el Sacerdocio. Fue el maniático de la Educación (así lo apeló J. A. Roca). El Maestro Ideal Argentino, pues reunía en sí las dos condiciones: de pedagogo, en el enfoque teórico, y maestro de aula, en el aspecto práctico. Amó hasta los más humildes detalles del ejercicio del Magisterio áulico. Advirtió la felicidad de poder vivir en un siglo de progresos en que según el espíritu democrático dominante, surge una institución antes desconocida: la Instrucción Pública. "Hasta ahora dos siglos había educación para las clases gobernantes, para el sacerdocio, para la aristocracia, pero el pueblo, la plebe no formaba, propiamente hablando, parte activa de las naciones" (S.).

La instrucción pública como medio de educación política y moral del Ciudadano. "Educación Popular", "Educar al Soberano", "Educación Común" jalonan esta monumental tarea sarmientina.

 

M. por su parte también propugna una educación moderna. Que enseñe nuevas formas de conducta y la esencia de las cosas, con un criterio utilitario. "Que se informe del provecho que ha sacado, no por la memoria del alumno, sino por su conducta". ("Ens.", Libro I, cap. XXV). El educando ha de ser acostumbrado a "pasar por el tamiz todas las ideas que le trasmita". "El fruto de nuestro trabajo debe consistir en transformar al alumno en mejor y más prudente". Sobre todo el adiestramiento del juicio, la reflexión crítica, la formación racional. Ha de consistir no en ornamentar la inteligencia, sino en formarla en conjunto con toda la personalidad. Esto se logra con "el comercio de los hombres". Integral y autónomo ha de desarrollarse este proceso formativo. "La frecuentación del mundo y el trato de los hombres procuran clarividencia y juicio". La insuperable didáctica de los viajes: "Se debe viajar para conocer el espíritu de los países que se recorren y sus costumbres y para frotar y limar nuestro cerebro con el de los demás". Para S., con éstos, se educa, complementariamente, la facultad de sentir a la Naturaleza ("Camino del Lacio" 1856). J. Martínez Villergas, el periodista satírico español (1816-1894), habíalo motejado de "Profesor de viajes". Ese conocimiento de diversos paisajes y costumbres, son una forma de adecuarse a nuestra condición humana, de ciudadanos del mundo por sobre todo lo demás. "Me parece el viajar un ejercicio provechoso: el alma adquiere en él una ejercitación continuada, haciéndose cargo de las cosas desconocidas y nuevas; yo no conozco mejor escuela para amaestrar la vida que el proponerle incesantemente la diversidad de tantas otras vidas, espectáculos y costumbres, haciéndola gustar una variedad tan perpetua de la contextura de nuestra naturaleza" (M.,"Ens.", Libro III, cap. IX).

 

Recalcan el valor de la formación física y del aprendizaje de las lenguas vivas. "No basta sólo fortificar el alma, es preciso también endurecer los músculos". "Es preciso habituar al alumno a la rudeza y fatiga de los ejercicios, la caza, la danza, las armas". Enseñar la modestia y la cortesía. Formación de un espíritu "elevado y filosófico que tenga nobleza en sus actos, que evite la testarudez, que resalten en sus palabras la virtud y la honradez". Por supuesto, es primordial la enseñanza de la lectura, con la propensión a la conclusión moralizadora. De allí la relevancia de las obras de historia y biografías.

 

"En conclusión, mi deseo es que el universo entero sea el libro de nuestro escolar" (M.). "No es un alma, no es tampoco un cuerpo lo que el maestro debe tratar de formar, es un hombre". "Los colegios son una verdadera prisión de la juventud cautiva". "Cuánto mejor sería ver la escuela sembrada de flores que de trozos de mimbres ensangrentados" ("Ens.", Libro I, cap. XXVI). M. Estructura una contraparte del personalismo pedagógico y el autoritarismo sarmientino (sobre todo exagerado y resecado por algunas concepciones y prácticas, pedantescas, del "Normalismo" posterior): el ensayista galo no concibe otra pedagogía que la del deleite y la instrucción, que la de la alegría y la dulzura estratégicas: un aula sin castigos, sin lágrimas, bajo las alegorías de las Gracias y del Regocijo...."Yo reniego de todo acto violento en la educación de un alma tierna que se destina al honor y a la libertad" ("Ens:" Libro I, cap. XXIV).

 

 

 

 

"Locos de Libertad".

 

Espíritu semejante al autor de "Argirópolis" nuestro Domingo, en su defensa de la Libertad integral del Hombre. La libertad de expresión, la Escuela Popular y Laica, la prensa sin cadenas. La rebeldía contra la opresión. Denodada batalla, de pasta Prometeica. "Locos de Libertad", frase que forja M. en sus "Ensayos", Libro III, cap. XIII.

 

Para S. la autonomía de la Conciencia es una de las más grandes conquistas humanas, la Gran Conquista, "pues de ella emana la emancipación del pensamiento que ha sometido las leyes de la creación al dominio del hombre". Quijotes perfectos, contra "los prejuicios cristalizados en verdades comunes, las verdades deformadas en mentiras universalmente compartidas".

 

En su "Apología de Raimundo Sabunde" (el teólogo-médico catalán, siglo 15) el francés emprende una verdadera crítica de valores, donde niega la verdad científica, ética y religiosa. Pone en duda el valor de la Razón, la moral colectiva y el prejuicio de la costumbre ("Ens.", cap, "Sobre unos versos de Virgilio"). Denuncia la ignorancia popular de códigos y leyes, "puesto que no están escritos ni publicados en su propia lengua".

 

Don Domingo, repetidamente ha sido considerado un símbolo de la protesta contra la tradición colonial hispánica, epítome de Modernizador, de Reformador, de estilo luterano, visceral y totalitario. Pero, también en forma reiterada, no admite la Revolución en sus consecuencias externas, el vano derramamiento de sangre, el derroche de dinero de las arcas públicas o el detenimiento del desarrollo económico de las naciones. (en su Obras, tomo 35 p. ej., "Cuestiones americanas"). Y maldice la prensa alborotadora que "santifica las revoluciones" y que contribuye a que estos países pierdan crédito en el exterior, por la inseguridad y alarma constante.

 

Rebeldes y videntes, presienten de todos modos el Destino que les aguarda para la posteridad. Uno, en su carta a la hija, Ana Faustina de Belin: "Las maldiciones de los unos, las injurias de los otros, serán mi recompensa". Perseguidos, S. y M., por la desvergüenza, los prejuicios y la calumnia de espíritus ineptos o envidiosos. Pero existe una diferencia temperamental: en S. , junto al hombre de Ideas, se impone el ejecutivo, el hombre de Acción. Grandioso poder de voluntad. "Maestro de Energías". Mientras el filósofo aparece decididamente escéptico cuando hay que actuar concretamente..

 

Consideran básico lograr la independencia de criterio. Sobre todo S. pertenece a esa clase de seres de excepción que M. define como "almas activas y laboriosas que todo lo abrazan y que se apasionan extraordinariamente". Y como los Iluministas, cuya fe abrazó don Domingo y su generación, piensan exclusivamente como "alethóphilos", amigos de la Verdad, "desean la mirada libre y el espíritu lleno de claridad". (María Á. Fernández, "El tema del hombre en S." en "Humanidades", t. 37, Univ. La Plata, 1961).

 

También amantes de la soledad, y de la independencia de mente y de sentimientos. Aconseja el francés que es preciso recogerse y entrar de lleno en la "posesión de sí mismo", apartarse de la general manera de ser, de lo común y vulgar. ("Ens." Libro I, cap. XXXVIII). Nuestro interior ha de ser un sitio sagrado. "Es necesario reservar una trastienda que nos pertenezca por entero, en la cual podamos establecer nuestra libertad verdadera, nuestro principal retiro y soledad". Por su parte, su retiro en Carapachay, sus "amores carapachayos", eran para el argentino, tan pensativo y soñador uno como otro, "un arrancarse a la vida civilizada", "un sentirse vivir", un "reír con todo motivo y a toda ocasión", para luego volver "a hacer las muecas y musarañas que constituyen la vida civilizada". "Escuchémonos vivir, esto es todo cuanto tenemos que hacer" (M.). Ese "sentirse divinamente bruto", ese contacto epidérmico con la tierra fértil, era para el cuyano un sentirse estar vivo. Para aquél, la libertad verdadera consiste en poderlo todo sobre sí mismo, en un magisterio interior, y esto es muy importante. No doblegarse ante nada ni nadie: "Mi razón no está para plegarse ni doblegarse; esto es asunto de mis rodillas".

 

Y... la Religión.-

 

 

"Los clericales de todas partes, que traen los cirios y la cruz a la cabeza de la procesión soplando odio, sangre y guerra en nombre del dios de la paz" asevera S. ("El Nacional", 30-6-1879). Anticlerical confeso, es lector y estudioso concsciente de la Biblia desde niño. Alumno de maestros católicos, autor y traductor de Catecismos divulgados por décadas durante toda América. Ejerció considerable influjo la tradición familiar. Ambos tuvieron un tío cura que se constituyó en guía espiritual de radical trascendencia (el Presbítero José de Oro, para Domingo; el Señor de Gayac, para el otro). "Todo lo que me rodea de joven, hasta la pubertad, es sacerdotal". Asimismo supersticiosos, son fatalistas. M. medita largamente sobre la influencia de la Fortuna, los Astros, el Destino y en su vida lo persigue el Acaso (tuvo 6 hijas, 5 murieron casi al nacer, sólo sobrevivió Leonor). El cuyano creía y sospechaba asombrosas relaciones entre hechos o aspectos que aparentemente no tenían conexión alguna. Hay en él una a veces portentosa capacidad de percepción extrasensorial y supremo interés por esos temas meta-físicos.

Escribe en "El Progreso" sobre el Mesmerismo: "Ya el magnetismo animal no es una paparrucha. Una personal magnetizada, se entiende, sabe lo que otro piensa, dónde está lo que se ha perdido, y lo que hace a tales horas un individuo, a diez leguas de distancia". Inquieto y experimentador de las nuevas experiencias parapsicológicas: "¡Qué habrá Dios mío, en esto de presentimientos!", "los sueños fueron siempre vaticinios de lo futuro". Cree "en los avisos de Dios, revelaciones misteriosas en que el porvenir se nos deja entrever".

 

Reflexiona S.: "Córdoba en tres siglos de monjas, frailes y clérigos con colegios, universidades y seminarios, fundados por obispos, curas y jesuitas, sólo enseñó a ser con orgullo, ignorantes por principio". Él a los 43 años de su edad ingresa a la Masonería, convencido de los postulados de hermandad y sabiduría superior que sustenta. Esa institución, enseña a ejercer la caridad prescripta por el Divino Maestro de Nazareth. "Los dineros que se emplean en misas sólo favorecen a los sacerdotes; en cambio, si se destinan a las escuelas, favorecerán a millares de niños". M.: "Me disgusta el ver hacer tres veces el signo de la cruz al Benedícete". Aborrece la manera continua con que algunos se santiguan. "Y juntamente con tantos actos devotos, las restantes horas del día vémoslas ocupadas en el odio, la injusticia y la avaricia". Dice expresarse y pensar siempre de una manera laica, no sacerdotal, pero religiosa siempre.

 

"La libertad de los pueblos no se consigue con la persecución, se consigue con la tolerancia y la libertad de conciencia". Creemos con Alfredo Orgaz que "el héroe, el sabio que está encerrado en su laboratorio, el pensador que está inclinado sobre sus libros, todo aquel que, contraído al servicio de ideales generosos, huye de la algazara de la turba que anda por las calles haciendo ruido inútil, son hombres religiosos" (A.Orgaz, "Estudios sarmientinos", J. M. Chavarría, "Densidad espiritual de S.").

 

Son remarcables las anticipaciones sarmientinas sobre muchos descubrimientos científicos. Sus observaciones sobre la luz como productora de música. Sobre las innatas aptitudes musicales de los africanos. Sobre la melodía que trasmite la vegetación tropical. Durante la epidemia de fiebre amarilla de 1871, antes que Louis Pasteur (1822-1895) crease la Bacteriología, S. prescribía ante el asombro de todos, la obligación de hervir el agua antes de beberla. Se adelanta a la teoría de Ratzel sobre la interconexión entre la estructura geográfica y la política. Busca las fuerzas determinantes de nuestra realidad en los agentes estéticos y dinámicos, el clima, el espacio geográfico y la flora y fauna. (Germán Fernández, "Aficiones y ternuras de S.").

 

Es el Gran Visionario de América. El pasado le importa en cuanto posea resonancia sobre el presente y el futuro, vitales y operantes.

 

Coincidencias y divergencias

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Coinciden en la carencia de destrezas físicas. La ineptitud para ciertos juegos y ejercicios. El sanjuanino escribe en "Recuerdos de Provincia" que nunca supo remontar una cometa ni hacer bailar un trompo. Las ocupaciones de su niñez humilde: monaguillo, jefe de pandilla, constructor de santos de barro, lector y vagabundo, marcan una huella primera de su futura voluntad de Poderío, de su desmesurado instinto de Paternidad que extendió a toda la dimensión de nuestra Patria, de su carácter frecuentemente despótico.

Reitera M.: "habilidad y disposición corporales no he tenido ningunas...en el nadar y en el esgrimir, en el voltear, mi habilidad es del todo nula".

 

Ch. A. de Sainte Beuve (1804-1809), el crítico literario, autor de las famosas "Causeries du Lundi" caracterizó el estilo de su connacional como imbuido de gracia, "en todos los asuntos que trata hace brotar manantiales de frecura". "Estilo cortado, viril, que hiere de golpe". Por otro lado el prolífico escritor Manuel Gálvez (1882-1962) señaló en la escritura sarmientina las notas vivas de color, entusiasmo, relieve, gracia ("Vida de S. , el hombre de autoridad" 1945). Alberto Palcos afirma que leerlo es sellar con él una amistad duradera ("S.", ed. 1962). Según Unamuno, el sanjuanino es el escritor americano de lengua castellana "que hasta hoy se nos ha mostrado con más robusto y poderoso ingenio y más fecunda originalidad". El "Facundo", escrito en poco tiempo, a la luz de fuertes pasiones, es el primer libro argentino que suscitó verdadera resonancia en las letras mundiales.

 

La prosa es el género preferido por S. y el señor de Eyquem, como forma de explayar sus ideas y sentimientos. Escribir como forma de hacer. Según Paul Groussac (1848-1929), S. era un escritor genial extraviado en la Política. S. y M. escritores natos, lectores empedernidos y tempranos. Adoptan la prosa como género más adecuado para relatar sus experiencias y describir su ánimo. Tuvieron preferencia por el género epistolar en el que son maestros. Género "tan dúctil y elástico" "se presta a todas las formas y admite todos los asuntos". El autor de "Vida del Chacho" escribe torrencialmente. Allí bulle el maremágnum de sus Obras Completas, que realmente alcanza más de 100 tomos, como las de Voltaire. Donde trata todos los temas y adopta todos los tonos: doctrinario en "Educación Popular", emotivo en "Recuerdos...", crítico en sus "Artículos literarios".

 

"Expongo mi opinión sobre todas las cosas" afirma M. Así como escriben, leen. Ávida y desordenadamente. Se identifican con los objetos de sus lecturas. Participan activamente de esta "lectura-macho", cortazariana, penetrativa, invasiva, personalizadora.. Justamente lo afirma E. Martínez Estrada en su "Heraldos de la Verdad": "la lectura activa es uno de los secretos del desarrollo y temple de los grandes espíritus".

 

"Mi estilo es naturalmente familiar y festivo" (M.). Cuando se propone llevar a cabo una labor, carece de nociones exactas acerca de los medios de que podrá echar mano para salir airoso. Ése es el batir en hierro caliente del que habla Unamuno refiriéndose a su admirado Don Domingo. Porque son espontáneos en su literatura, no se registra una voluntad de estilo, y ello enaltece el valor de su prosa. El estilo montaigneano es un hablar informar y sin reglas, sin método expositivo. Un hablar "sin definición, división, ni conclusión". "Como en el hacer, también en el decir sigo simplemente mi manera natural". Y de esta forma, cada artículo suyo es un acontecimiento. Sacude, conmueve, irrita, incita.

 

"El hablar de que yo gusto es un hablar sencillo e ingenuo, lo mismo cuando escribo que cuando hablo; un hablar sustancioso y nervioso, corto y conciso, no tanto pulido y delicado como brusco y vehemente... apartado de afectación, sin regla, desligado y arrojado... que no sea pedantesco, ni frailuno, ni jurídico, sino más bien soldadesco" (M.). Caligrafía insoportable en M., algo irregular en S.

Redactan las cartas, precipitadamente, "a escape". "Las empiezo de buen grado, sin plan; la primera frase engendra la segunda". Ambos prefieren evitar prolegómenos y frases muy cumplidas. Valdesianos, ante todo, sencillez y sinceridad.

 

Así como M. busca en la Historia ante todo la "pintura del hombre", S. opina que la Historia contemporánea se resume en "la biografía de un hombre que ha desempeñado un gran papel en una época y país dados" ("Ens.", Libro II, cap. X; Obras de S., tomo 1). Lamentándose el autor de los "Essais" de la pérdida del libro que el militar y político romano Marco Junio Bruto (ca. 87-42 a.C.) escribiera sobre la Virtud, dice querer saber las opiniones privadas del mismo, pues conoce muy bien sus éxitos en la vida pública. Le interesa saber la conversación que tuvo en su tienda de campaña en la intimidad con sus amigos, no sólo sus ocupaciones en la plaza pública o en el Senado. Anticipándose a Sainte Beuve prefiere la "biografía interna". Busca curiosamente sorprender a los grandes hombres en sus debilidades, caprichos y preocupaciones íntimas, las "privadas inclinaciones". Por eso es gran lector de epístolas, por lo que este sub género posee de reflejo del íntimo sentir.

 

Al argentino le agrada también el conocer los detalles de las vidas no publicados. El carácter y la educación de Bruto como "explicación de sus hechos públicos". "Para juzgar a un hombre- escribe M.- es preciso seguir sus pasos desde los comienzos, e inquirirse de los pormenores más nimios" (Libro II, cap. I). S. confiere un fin moralizante al género biográfico. Dice M. amar los libros biográficos sobre los grandes preceptores de la Humanidad. "Lamento que no tengamos una docena de Laercios, o al menos que el que tenemos no sea más extenso y más explícito; pues me interesa por igual, la vida de los que fueron grandes preceptores del mundo, como el conocimiento de la diversidad de sus opiniones y el de sus caprichos".

El sanjuanino aporta además su visión social del asunto: la biografía como un efectivo método e instrumento para la enseñanza popular de la historia. Les interesa claro, el estudio psicológico. Hasta incursiona en la "Frenología", teoría ya desechada que suponía una correspondencia entre las facultades mentales y las zonas cerebrales, adaptándose el cráneo a la corteza cerebral. "Los (pómulos) bastante pronunciados (descubrían) una voluntad firme y tenaz". Así pues, la vida de Juan Facundo Quiroga (1788-1835) le sirve como forma de explicarse la clave de nuestras guerras civiles y por otra parte, la estructura craneana del caudillo riojano le revela por la forma "la organización privilegiada de los hombres nacidos para mandar" (Obras Completas, tomo 7). Lo advierte M., es preciso introducir la sonda hasta lo más recóndito de nuestra alma, no juzgar sólo por las acciones exteriores y ver cuáles son los resortes que la ponen en movimiento.

 

"El Teatro es una verdadera escuela en que por medio de los sentidos y del corazón llegan a nuestro espíritu ideas que necesitamos para la misma obra de la regeneración de nuestras costumbres" (S.). Éste fue uno de los primeros críticos dramáticos de Hispano América. Sus dotes histriónicas fueron conocidas, una vez llegó a disfrazarse con una vestimenta de turco, a fin de limosnear dinero para nuestras empresas patrióticas. Como Presidente de la República asiste frecuentemente a las representaciones y mantiene amistad con relevantes actores. Las excentricidades de su carácter le valen el epíteto de "loco". Ve en el Teatro un valiosísimo elemento de Cultura. Por su temperamento dionisíaco prefiere la comedia y lo grotesco en general. Su afición a las fiestas del Carnaval es proverbial en este "Emperador de las Máscaras". Aristofanesco y criollo, admite como M., que el teatro se funda no sólo en el elemento de diversión y placer popular, sino que alecciona el ánimo de los asistentes, ejerciendo una crítica de las costumbres. "El teatro español, como el teatro francés, trabajan para destruir toda preocupación de clases, toda tiranía ya sea pública o doméstica, y elevar en su lugar la libertad individual del uno y del otro sexo".

 

Hay que despertar a los gobernantes de su modorra mental, seduciéndolos con su pedido: "¿qué han hecho o qué hacen al presente para ayudar al desarrollo del teatro, para hacer que llene la alta misión a que está destinado?". Alegrábase S. de que en Berlín funcionasen novecientos teatros y sólo aproximadamente 50 templos.

 

M. dice tener "por impertinentes a los que censuran tales diversiones" y por injustos a los que impiden la entrada en nuestras ciudades de los comediantes de mérito, privando así al pueblo de legítimos placeres. Es necesario que el pueblo se reúna para estos espectáculos pues "con ello van en aumento la amistad y comunicación generales". "Paréceme también acertado que en las ciudades populosas haya sitios destinados y dispuestos para el espectáculo teatral".

En 1842 el sanjuanino escribía en "El Mercurio", advirtiendo a las autoridades que es vano que la Policía prohíba al proletariado beber y malgastar en ello salud y salario, o apasionarse viciosamente por el juego. El hombre necesita gozar de la existencia, escaparse un momento de la insipidez de la vida ordinaria, exaltarse, padecer a trueque de gozar. Los gobiernos no deben desconocer estas necesidades, de evasión del hombre común, por ello es que debe fomentar el establecimiento de lugares en que el pueblo se reúna para su solaz y alegría, debe erigir teatros. "Así es cómo se fomenta la moral, así como se mejoran las costumbres; así como se regenera la sociedad".

El teatro, ennoblecedor de los instintos, solaza y educa evitando que la juventud ahogue "en los lupanares y en diversiones impuras e inmorales el hastío que los consume" (M. Rosenthal, "S. y el teatro. La Musa recóndita del Titán").

Le agrada a S. recordar los pormenores de las comedias del siglo 16, como "la Mandrágora" (comedia en prosa, con prólogo versificado, de 1518) de N. Maquiavelo (1469-1525). "Este nombre no recuerda más que graves y sombrías ideas, y este terrible político es autor de la más vivaracha y mejor de todas las comedias italianas". Percibe esa acción, rápida, complicada, "sin escrúpulo ni pudor", que ha prevalecido durante dos siglos. Alaba a "esa juventud virtuosa que en lugar de frecuentar cafés y garitos va a sentarse tranquilamente en unos bancos a escuchar pensamientos elevados, a ennoblecer su ser con las dulces emociones del corazón; y a confundirse en una sola familia, una sola sociedad" (Obras Completas, t. 10: "Legislación y progresos", artículos "Para construir teatro" y "El teatro y los Papas").

 

Hay una pasión sagrada y absorbente en la vida sarmientina: la del Bien público. A ésta sacrifica todo: su vida privada, su situación económica, sus proyectos familiares. Como quiere M., el Doctor Montonero, entrega todo su ser, "la atención, las palabras, el sudor y la sangre". Darse a los otros siempre, sin abandonarse a sí mismo. En todo lo que construye o proyecta advertimos esa constante: lograr el Bien del prójimo, mejorar la situación de las mayorías. En su nutrido epistolario, ya en sus años postreros, oímos su grito de cóndor bravío, el consejo a los nuevos políticos: "No olviden al pueblo, a los desheredados, ésa es la verdad".. M. había sido acostumbrado por su padre, desde niño, a convivir con los humildes, en la sencillez y valorando lo esencial de la condición humana. Del pueblo llano aprende la práctica de la Filosofía. "Entiendo que entre todos el más noble oficio y el más justo consiste en servir al prójimo y en acertar a ser útil a muchos". Contrariamente a éste, la vida pública del de Perigord aparece muy reducida. Alcalde de Burdeos, fue elegido por sus virtudes morales y por el pueblo que estimaba en él su natural bonhomía, Pero no apeteció el mando, ni las funciones políticas. A pesar de lo cual es un crítico severo de su tiempo.

 

En el genio impa de nuestro Civilizadorr reside una mente superior de proyección universal. . Como M., en el fondo considera a los hombres todos como sus compatriotas "y abrazo lo mismo a un polaco, que a un francés, subordinando esa unión nacional a la común y universal" (Libro III, cap. IX).

 

 

Dos inteligencias que escapan a toda superficial calificación. S. estaría así entre aquellos "ciudadanos vigorosos" que alaba el autor de los "Ensayos". "Los ciudadanos más vigorosos y menos pusilánimes, son los que sacrifican su tranquilidad y conciencia a la salvación de su país" (Libro III, cap. I). Éste es uno de los aspectos más excelentes en la personalidad del autor de "La escuela ultrapampeana". Nos deja su mensaje, duradero: "Cuando lo crea útil a la patria y a la Libertad, he de hacer lo que he hecho siempre: Inmolarme, sin prometerme otra recompensa que las injurias y el menosprecio de aquellos por quienes me sacrifico".

 

 

 

 

por Guillermo R. Gagliardi.-

 

 

 

Leo en Michel de Montaigne (1533-1596)

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"Porque soy yo mismo a quien pinto". Y me recuerda a DOMINGO FAUSTINO SARMIENTO (1811-1888.

"Mis defectos se reflejarán a lo vivo; mis imperfecciones y mi manera de ser ingenua".

Encuentro coincidencias entre los "Essais" y los "Recuerdos de Provincia": el culto del Yo, la egolatría sustentadora.

 

"Yo me atrevo no solamente a hablar de mí mismo sino a hablar de mí mismo solamente; me extravío cuando hablo de otra cosa, apartándome de mi asunto"

(cito por trad. de C. Román y Salamero, "Ensayos", libro III, cap. VIII).

 

El "Yo" de Sarmiento, el "Je" del francés, altaneros y hasta irritantes.

"Yo me estudio más que ningún otro asunto: soy mi metafísica y mi física" (íd. libro III, cap. XIII).

 

Gustan mantener una animada plática consigo mismos y con el lector. Sienten su presencia. Tienden a la confesión de sus emociones, con color pasional y desordenado.

 

Se ha dicho que el autor de "Facundo" trabajó sin descanso para dejar en su obra una imagen colosal de sí mismo. Hablan siempre de sí, se echan fuera y se ponen en evidencia. Ante el hecho de tratar de sí, se convierten en tema preferencial de sus escritos (ver R. Sáenz Hayes, su obra sobre el filósofo, ed. 1940, p. 140).

 

El maestro sanjuanino pareciera aconsejarnos lo mismo que aseveró el otro en su inmortal obra: "Si deben ocuparse de mí, quiero que lo hagan con verdad y exactitud. Retornaría muy gustoso del otro mundo para desmentir a quien me haga distinto de como fui, aun cuando fuese para honrarme" ("Ensayos", Libro III, cap. IX). Prefieren el ataque, el juicio lúcido y veraz, antes que el aplauso ñoño.

 

Sucede con "Facundo o Civilización y Barbarie" (1845) lo que pensaba nuestro Monsieur de Eyquem: "El mundo me reconoce en mi libro y a mi libro en mí". La obra que más ama don Domingo es "Recuerdos..." (1850), pues justamente, en ella es donde más se ocupa de su propia personalidad. Encabeza con dos epígrafes, uno del célebre dramaturgo de "Hamlet", y el otro, de Montaigne. "Decir de sí menos de lo que hay, es necedad y no modestia, tenerse en menos de lo que uno vale, es cobardía y pusilanimidad, según Aristóteles" ( el cuyano no aclara la cita, pero pertenece al Libro II, cap. VI de los "Ensayos").

 

 

Contradictorios y eufóricos

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"Yo tengo el entusiasmo de la perseverancia, la quietud febril del convencimiento". "Tengo la paciencia y la tenacidad del presidiario" (S. en cartas a Bartolomé Mitre en 1854, y a Aurelia Vélez en 1865.).

 

Participan de la prudencia y del peligro, de la acción y la meditación. "Navegantes de todas las corrientes", de ahí la dificultad para clasificarlos. "En el mundo no he visto monstruo ni portento más expreso que yo mismo". El mando no es más que un balanceo perenne, "todo en él se agita sin cesar". "El reposo mismo no es sino un movimiento más lánguido. ...Yo no pinto el ser, pinto solamente lo transitorio" ("Ens.", libro III, cap. II).

 

Cree el francés que la cualidad dominante en el hombre es la inconstancia. El mundo es mutación. La vida se manifiesta como variación y novedad. Nada permanece. Todo se transforma. Profesión de fe digna de Heráclito: "Nuestra vida no es sino acción y movimiento".

 

Nacidos para la Amistad, son extravertidos por naturaleza. Necesitan viajar. Los acucia el deseo de exteriorizar, ver y hacerse ver. "Mi manera esencial es favorable a la sociedad y a la producción, yo me franqueo abiertamente nacido para la sociedad y la amistad".

 

Aman la soledad, también la compañía... Nacidos para la meditación, son conjuntamente, introvertidos. Se fiscalizan constantemente. Adoran el retiro contemplativo: la Torre ilustre, la vida en la isla del Delta, su "Prócida"...

 

"Gigantes intelectuales". "Enfermos de Personalidad" denominó el autor de "La cultura del Renacimiento en Italia" e "Historia de la cultura Griega" Jacob Burckhardt (1818-1897) a Leonardo, Ariosto y Miguel Ángel. Cerebros renacentistas, por el afán de sabiduría y perfeccionamiento. Por la sed enciclopédica, las ansias de alcanzar la gloria terrena. En el argentino, el culto por las jerarquías, la vocación militar, el "Doctorado"...Seres "raros" en su época. Originales. Llevan una existencia diferente a la de sus contemporáneos. En uno se registra al visionario excepcional, una mente precursora en Política, Sociología, Pedagogía. Una conciencia libre de prejuicios, galileana por antonomasia. Odian la tristeza en todas sus manifestaciones, "cualidad siempre perjudicial, cobarde y baja". Según el profesado ideal del "Humanista" clásico y renacentista, poseen extenso saber, en continuo mejoramiento y de natural ‘dilettantesco’.

 

Despliegan una memoria profunda. Cultivan asiduamente la lectura, enrevesadamente y desde muy niños. Leen furiosamente, caótica y genialmente.. Uno ya adolescente había incursionado en la rica literatura latina, el eglógico y épico Virgilio (70-19 a.C.) y los dramas de Plauto (254-184 a.C.) y Terencio (siglo II a. C.). La voracidad sarmientina se había lanzado muy joven sobre los escritos, aleccionantes, del yanqui Benjamin Franklin (1706-1790) y el orador Cicerón. Tipifican particularmente los "representative men" de Emerson, los "Héroes" de Carlyle.

 

Apología del Renacimiento

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"El Renacimiento trayendo de nuevo a los ojos la grandeza de la República romana, las bellas artes y las glorias de la Civilización griega, despertaron a los pueblos que propendieron a regularizar los gobiernos y tomar su parte legítima en la dirección de los negocios". S. es este apologista. En su vejez es un lector crítico de las obras "clásicas".

 

Admira, como el francés, apasionadamente, las leyes romanas, la incalculable herencia de Roma antigua ("puedo estar equivocado; pero estoy con los romanos"), el arte de Grecia y su proyección en la humanidad post medieval. Alaban la "prudentia" de los hijos de Rómulo y Remo, "los fundadores del Gobierno". Se identifican en sus rebeldías y combates libertarios con ese espíritu Humanista, con Lorenzo Valla, (1406/07-1457) estudioso del tema del Libro Albedrío y de las desventajas de la "Contemplatio". O alaban el mensaje y el vital temperamento de G. Pico della Mirandola (1463-1494), el polemista que se atreve a proclamar: "El Hombre es artífice de sí mismo".

 

La risa sarmientesca deja percibir esta fibra, vital y jocunda. "Risa genealógica": la de Rabelais, Balzac, Erasmo, Quevedo. "Risa inteligente más que fisiológica". "Cuando la inteligencia sonríe hay gloria en las alturas y paz en la tierra para los hombres". "El buen reír educa y forma el gusto". Erasmo de Rotterdam (1466/69-1536), en su "Encomion Moriae" ("Elogio de la Locura", 1511): "Ahora bien la vida de los hombres, ¿qué es sino una comedia en la que bajo una máscara prestada cada uno sale a decir su papel hasta que el director de escena les hace retirarse del tablado".

 

Gustan y gastan una conversación animada con picardías y hasta ingeniosas alusiones de literatura licenciosa. El temperamento sarmientino sobre todo, revelaba una jovialidad homérica y a veces, un anti-sequismo de la vida. También Montaigne: "Yo huyo de las complexiones tristes y de los hombres malhumorados como de la peste". Risa irónica, estruendosa siempre, en el sanjuanino; despreciativa y plácida en el perigordano.

 

Se ha hablado repetidamente de la hipocondría montaigneana. Pero lo que lo caracteriza junto con don Domingo es una rica sensibilidad, pues son hombres todo entrañas. Han sido llamados acertadamente "Pedagogos de la Risa y del Placer".

 

Sus mensajes definitivamente lucen positivos para la Humanidad. De afirmación ante todo, padecieron, "locos de genio", períodos de crisis depresiva, pero nunca estados delirantes que inhibieran sus funciones intelectivas. Las crisis sarmientinas pueden estudiarse en su fascinante epistolario por ejemplo. Se producen luego de fases de concentración mental muy alta y de sucesos que afectan sus fibras nerviosas (p. ej., el asesinato de A. Aberastain -1810-1861, en la época del ajusticiamiento del Chacho Peñaloza). La crisis anímica más extensa e intensa súfrela entre 1853-1854. Escribe por esa época a Mitre: "Mi salud está quebrantada, cediendo el roble que Usted conoció ante las fatigas del espíritu...¡No!, jamás he sufrido lo que en esta época. ¡Vivo solo, como un presidiario que guardan Alberdi y el Club, y en medio de todas estas torturas morales... me agoto, me destruyo. Estoy lleno de canas; mi pecho cede hace dos meses...". Se indicaron perturbaciones físicas, fisiológicas, en los hombres geniales, pero suelen reponerse eficazmente a estas dolencias (véase la carta de S. a Mitre, en el destierro angustiante de Yungay y su frustrante vida matrimonial, en "Correspondencia S.-Mitre" 1911, p. 17).

 

Montaigne supera sabiamente sus ataques de cólico renal. Recordemos la prodigiosa exuberancia de vida en los Genios, debido a la "pubertad repetida" de la que habló W. Goethe (1749-1832): la perenne juventud psico-física, el equilibrio endocrino y neurológico. (Palcos, "El genio").

 

Señalamos mucho de epicureísmo en la personalidad y obra de S. y M. Proclaman constante el evangelio de la alegría de vivir. Antiascéticos y sensuales. El Renacimiento reconoce esa expresión de euforias y se plantea el problema de la perennidad de las obras humanas en el mundo terrenal. Gustan de la buena mesa, comen vorazmente, "pantagruélicamente".

"Los sentidos son nuestros peculiares y primeros jueces". "Yo. que no tengo otros fines que vivir y gozar" (M.). "El último fin de nuestra vida es el deleite, nos han enseñado los epicúreos".

Por eso también, Faustino es un psicólogo y filósofo de la vida y esencia de la Mujer. Intuye todos los sutiles matices de la mente femenina. Ama muchas mujeres en su trabajada vida, las cuales se caracterizan por su esfuerzo y superioridad mental. Asi, los amores secretos con Ida Wickersham en Chicago. Ésta le escribe: "supongo que usted, que tanto ama la belleza y que tiene tan buen ojo artístico...". "Él: "observe a la mujer... Es una flor: la flor de la humanidad... La mujer es un pájaro, una flor, una gema. Dios es Fidias, es Rafael... ¡A mí, que me den lo que el puritano prohibe: ¡placer!... Pongamos vino en nuestras mesas, música en el aire, risa en la boca, fragancias en la nariz, colores, formas y curvas ante los ojos. ..Yo he comprado en París (¡Yo, un hombre viejo!) una Venus de Milo en bronce, porque venero la belleza". "El mundo nada tiene más hermoso que la mujer" (M.). (E. Anderson Imbert: "Una aventura amorosa de S.", 1968; "M." M. Dreano, Columba)).

Esos amores sarmientinos nos evocan los paralelos del francés con Marie de Gournay, "sa fille d'alliance". Amistad fervorosa, noble. "Una de las mejores prendas de mi ser. Nadie más que ella existe para mí en el mundo". Viven estos ardores de adolescente, a los 55. Don Domingo acusa enérgicamente la gazmoñería, el puritanismo. "Así pues yo amo la vida". "Jamás pude contemplar sin dolor la persecución y la muerte de un animal inocente e indefenso de quien ningún daño recibimos. Ningún animal cae en mis manos que no le deje inmediatamente en libertad" ( "Ens.", Libro II, cap. XI).

 

Poeseían el "Don del Entusiasmo", estaban habitados por un Dios, como sabían los griegos. Llama interior que brota de los corazones nobles y exaltados. "No acertaría nunca a repetir de sobra, cuándo idolatro la belleza, calidad suprema y

poderosa" ("Ens.", Libro III, cap. XII).

"Sócrates, un hombre tan enamoradamente loco de la belleza, el maestro de los maestros". El sublime griego era una de las grandes admiraciones, como ideal de perfección y ante todo como amante de lo Bello. También Aurelia, otro amor sarmientino, significó una primavera en su crepúsculo vital, una pasión miguelangelesca, como la del Buonarroti (1475-1564) por Vittoria Colonna: adúlteros, ardientes, sostuvieron su aspereza y hurañez con una impar pasión.


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