D. F. Sarmiento, Ortega y Gasset y la Metáfora de la Pampa"
D.F. SARMIENTO, ORTEGA Y GASSET y la
METÁFORA DE LA PAMPA.-
por Guillermo R. Gagliardi.-
"Yo no he vivido la vida criolla, pero la siento como un muñón".
Sentir hondo y visión oceánica de la Pampa en DOMINGO FAUSTINO SARMIENTO (1811-1888) y en JOSÉ ORTEGA Y GASSET (1883-1955).
En tres oportunidades memorables visitó el maestro español a la República Argentina. En 1916, 1928 y 1939. Este país fue su 'segunda patria'. Algunos estudiosos lo han evocado como "un gran argentino espiritual".
"Para mi padre - declaró Soledad Ortega en un reportaje - , que era una pura llama de espíritu, encontrarse en un país donde había muchas llamas chisporroteando por todos lados, fue tonificante y alentador".
Su palabra viva y sus escritos significaron un aire renovador, casi deportivo, festivo, en la apasionante tarea del Prensamiento.
Tuvo influencia e irradiación intensas. No sólo en la España de mitad del siglo 20, donde su acción intelectual tuvo el carácter de una verdadera "Jefatura Espiritual", sino en toda América hispano-hablante.
Sarmiento en su "Facundo o Civilización y Barbarie en las Pampas Argentinas" (1845, publicado en folletín en "El Progreso" chileno), en su capítulo I: "Aspecto físico de la República Argentina y caracteres, hábitos e ideas que engendra".
Ortega en "La Pampa... Promesas" (1930, "El Espectador", VII).
Para aquél la Pampa representa la imagen del mar en la tierra: "allí la inmensidad por todas partes", "y ostenta su lisa y velluda frente, sin límite conocido, sin accidente notable". Destaca la inconmensurabilidad del terreno, la monotonía y la soledad. En tal configuración geográfica, desde el Desierto, resulta muy difícil fundamentar la Vida Republicana.
Aislamiento e incomunicación, ésa es la consecuencia política que deduce, perspicaz, de sus observaciones.
"El horizonte siempre incierto, siempre confundiéndose con la tierra, entre celajes y vapores tenues, que se dejan, en la lejana perspectiva, señalar el punto en que el mundo acaba y principia el cielo".
Para el filósofo de "El tema de nuestro tiempo", la Pampa muestra un lejano confín, el horizonte promisorio al que siempre se dirige la mirada.
Es una "promesa": "acaso lo esencial de la vida argentina es eso -ser promesa".
"Esa lejanía, esa posibilidad, es una metáfora universal, vive de imaginación e incesantes alusiones".
En ella "lo próximo es pura áurea geométrica, es simplemente tierra, mies, algo abstracto, sin fisonomía singular".
Desde esta perspectiva orteguiana, témpera difuminada, la figura de la Pampa también se hace, como en la lente sarmientina, ilimitada, adquiere altura victorhuguesca: "la tierra se envaguece, abre sus poros, pierde peso, se vaporiza, se nubifica, se aproxima al cielo".
De sus reflexiones pampeanas, el escritor-pensador español, extrae principios existenciales, bellamente expresados. Así como el político- pedagogo sanjuanino infiere, avizoramente, normas sociológicas y de gobierno ciudadano.
El hombre de estas llanuras no vive su vida propia, este "criollo" está atento, como el pueblo que lidera Moisés, sólo a la vida Prometida, a la Esperanza. Siempre lanzado a un futuro imaginario, a algo inconcreto, aún irrealizado.
Toda vida es en su raíz un proyecto. Aquellos que disparan "hacia lo alto" merecen la calificación cimera de Hombres Superiores. Los conductores de pueblos que lucen, en su acción y especulaciones vigorosas, un "efectivo esfuerzo de ascensión".
La metáfora pampeana reclama, es evidente y urgente, de esos seres extraordinarios, conscientes del pasado (Sarmiento: "yo soy mis antepasados"). Responsables en el Presente. Cultores entusiastas del Futuro como continuación superadora, perfeccionable (Ortega: "El hombre a la defensiva").
Hoy, más que nunca, estamos menesterosos de esos Mensajes de Humanización, de Iluminación y estímulo.
En las esferas pública y privada, estas notas sabias y formidables, han significado el lugar fuera de lo común, incitadores, desperatadores, fertilizantes, de Sarmiento y de Ortega y Gasset en la historia hispánica.

