"SARMIENTO DESDE SU "CONFLICTOS Y ARMONÍAS DE LAS RAZAS
EN AMÉRICA" .
por Guillermo R. Gagliardi.-
DOMINGO FAUSTINO SARMIENTO (1811-1888) publica en 1883 su obra "Conflictos y Armonías de las Razas en América". Este libro, a veces de redacción confusa y desordenada, nos habla sobre la formación étnica de los pueblos de la América Española, de los cuales deduce que se muestran ineptos para la convivencia en una democracia representativa y para la industria y productividad.
Enuncia su objetivo: "Poner ante los ojos del lector americano los elementos que constituyen nuestra sociedad, explicar el mal éxito parcial de las instituciones republicanas en tan grande extensión y en tan distintos ensayos por la resistencia de inercia, que al fin desenvuelva calor en lo moral como en lo físico, señalar las deficiencias y apuntar los complementos sin salir del cuadro que trazan a la América sus propios destinos".
A sus 72 años, inspirado en las ideas evolucionistas los británicos Herbert Spencer (filósofo y sociólogo, 1820-1903) y el biólogo Charles Darwin (1809-1882), escribe esta obra, descoyuntada, pero muy interesado por caracterizar "el Ser Americano". Por indagar las diferencias y semejanzas entre los países del continente.
El plan resulta algo trunco. La obra se compone de cuatro partes: "Etnología Americana", "Las razas en Sur América", "Las razas en Norte América" y "La independencia Suramericana". En un Apéndice transcribe algunas cartas, una "Sinopsis" y "Conclusiones".
En la 2da. Parte trata de los cabildos coloniales, de la Inquisición como institución civil, de las razas de los conquistadores y de la organización del Virreinato del Río de la Plata (1776). Esboza unos cuantos puntos de vista capitales, y salta de un asunto a otro, sin seguir un orden preciso ni exponer completamente.
2.- Nuestros males sociales:
Nuestros males sociales provienen, según explica, de la "herencia española" y de "la mestización indígena". Tales factores han determinado nuestra manera de ser anárquica y disolvente. Para tal estado de rutina y de barbarie, aconseja dos remedios que estima eficaces: la Educación Pública y la Inmigración europea.
Según C. O. Bunge ("S., estudio biográfico y crítico", Madrid, 1926; ya había tratado esta temática en 1903 en su "Nuestra América"), "la obra estuvo muy lejos de obtener, cuando vio la luz pública, un franco éxito de crítica. La teoría étnica, resultaba ciertamente poco halagadora para la vanidad nacional, y era antipática a los escritores argentinos, que, olvidando su origen criollo, se suponían europeos ‘pur sang’".
El abundoso libro fue censurado con acritud. No faltó quien lo considerase ya una prueba de la decadencia mental del eminente maestro-político, y una extravagancia más del "loco" don Domingo. No obstante, las ideas sociológicas expuestas descansan sobre bases histórico.científicas. Funda sólidamente la Sociología Argentina. De este tratado registran su vigorosa impronta "El federalismo argentino" de Francisco Ramos Mejía (1889), "La ciudad indiana" de Juan Agustín García (1909) y "Rosas y su tiempo" de José María Ramos Mejía (1907), entre otros.
Explica que los individuos de raza negra tienden todos a la misma conformación craneana y piensan lo mismo, que cumplen la frase "existo, luego pienso" (antítesis de la cartesiana). Dichas personas no "existen", sino que sólo "sienten". Todos sus actos se caracterizan por ser instintivos, obedecen a meros impulsos primitivos, no hay premeditación.
Posteriormente su nieto Augusto Belin (escritor, diplomático, su albacea, 1854-1936) recopiló un segundo volumen, conglomerado de hojas sueltas, y diversos artículos periodísticos. El 6-12-1882 escribía S. a su amiga yanqui Mary Peabody de Mann: "Le hablaré ahora de lo que me incumbe personalmente y ha de interesarle a Ud. por amor de la cosa y mío. Escribo ésta en medio de una marejada tumultuosa de pruebas de primera y de segunda que llegan de la imprenta, y no se han aquietado todavía, cuando llega otra oleada más turbia, más espumosa y alborotada de nuevas pruebas. Anteayer trabajé sin levantar cabeza con mis frescos años, doce horas que no llamaré mortales sino gloriosas porque describiendo el fervor de los Padres Peregrinos, y aquella irritación cerebral del siglo XV, que dio como Júpiter, nacimiento a Minerva en las instituciones libres en los Estados Unidos, yo mismo me sentía arrebatado por la grandeza del asunto, como se enciende el rostro del herrero que da formas al hierro candente. Escribo ‘Conflictos...’. Ojalá que al leer sus páginas pueda Ud. apellidar glorioso, algún capítulo, como llamó Ud. mi introducción a la ‘Vida de Lincoln’...Es una obra que no tiene antecedentes en nuestra literatura. He querido dar cuerpo a ideas que vengo dejando desparramadas en el camino de mi vida pública t literaria, a medida que el espectáculo del lugar y de la ocasión, las provocó y que pasaron desapercibidas para muchos, arrastrándolas tras sí el torbellino de los acontecimientos, sin que a alguno por no prestarles atención al paso, ya descoloridas o ajadas, le viniese la idea de que , aquellas hojas sueltas pertenecen todas a una vieja encina, dilacerados sus torcidos ramos por la acción del tiempo, y desprendidas del árbol y de los hielos del invierno".
3.- Esa "vieja encina":
En su libro, abundan las transcripciones de textos sociológicos, literarios e históricos. En los "Prolegómenos", cap. I: "Etnología americana", estudia y caracteriza a las razas guaraní, quichua, pampeana, araucana y negra.
En el cap. "Sobre los cabildos", transcribe documentos de época. Tratando en el cap. 3 de la Inquisición, se refiere al "Torquemada" de Victor Hugo: "es la figura o la síntesis más terrible de una aberración del espíritu humano... Con Torquemada es el sentido moral el que aconseja quemar a los hombres, si pensaron, si se sospecha que piensan, porque el que cree no piensa sobre lo que cree. T. es como los Papas que le preceden, es un hombre de Estado".
En el cap. 4 "La raza blanca", menciona el aislamiento geográfico de España, la España Imperial, los judíos españoles y la administración en el Contrabando ("aquel enemigo malo, armado, como Satanás, de todas las astucias del ingenio, para corregir y castigar los abusos y errores económicos de los gobiernos"). Las distancias entre las ciudades: "sin campiñas pobladas, ni aldeas, ni villas intermediarias, no habiendo más vehículo que las mulas".
Sobre las migraciones de la raza primitiva aria, y la Reforma y el Progreso de la raza humana en el Renacimiento (cap. 6), reflexiona meridiano y avizor: "El Cristianismo está destinado, sin duda, a dominar la tierra e incorporar en su seno a todas las razas, porque es seguro e infalible el progreso de la inteligencia, en todas ellas, aun las más retardatarias, acabarán por adquirir las nociones accesorias, secundarias, anteriores que hacen nacer la idea de un Dios creador, moral y necesario".
Examina la Biblia y las consecuencias de su lectura. Analiza las discusiones teológicas en Inglaterra, el Puritanismo, los cuáqueros: "otros fanáticos que han echado con su arrogante humildad los cimientos de la igualdad y de la benevolencia práctica entre los hombres, que el cristianismo enseña. Si los puritanos debían hacer de los Faraones víctimas expiatorias, los quákeros estaban preparados mansamente para el martirio, sin provocarlo. Eran... una sociedad de hermanos, que se debían protección y ayuda efectiva; que trataban de tú a sus hermanos los reyes, y no se quitaban el sombrero ante ellos, aunque inclinasen dulcemente la cabeza para no ver tanta majestad".
4.- Ambas Américas:
La colonización inglesa en América fue eminentemente libertaria y civilizadora. Antítesis de la escolástica y medievalizante de la Hispánica. "Por muchos años el gobierno de la Virginia se pareció mucho al de la Madre Patria en cuanto a negligencia, corrupción y rapacidad de los autores; y en cuanto a las ideas que preevalecían en el espíritu de los hombres de aquella clase y de aquellos tiempos, recuérdase un concepto de uno de los magistrados, que merece un lugar en la historia de los progresos hechos en la carrera de la civilización: ‘Doy gracias a Dios –decía uno de los gobernadores de la Virginia- de que no exista aquí escuela gratuita, ni imprenta alguna, ni espero que la haya ni en un siglo; pues la instrucción ha producido la desobediencia, la herejía y las distintas sectas que conmueven al mundo, mientras que la imprenta la ha divulgado arrojando libelos contra el mejor de los gobiernos".
Los tres tipos que contribuyeron a formar el carácter americano, religiosa y políticamente, han sido los puritanos, los cuáqueros y los ‘padres peregrinos’.
En el cap. 8, "Insurrección Sudamericana", enfoca el levantamiento de las colonias inglesas, los personajes influyentes y progresistas como su amado Benjamin Franklin (1706-1790), las ideas liberales del Barón de Montesquieu (1689-1755), Jean-Jacques Rousseau (1712-1778) las consecuencias que ello acarreó a nuestras ‘decaídas’ tierras, donde ‘la independencia estaba en la atmósfera, se la veía venir como la venida del día’. Menciona los tres virreinatos del Sur: la población limeña y sus aristocráticas costumbres, la Inquisición en Lima ("patria de santos", "ciudad sin industria") y su funesta acción en contra de las ideas de franca emancipación del yugo español, el estado convulsionado de los ideales en Méjico y América Central toda, la importancia de Colombia y los sucesos revolucionarios ("Nueva Granada...fue el centro civil de la revolución de la Independencia de aquel extremo, como Buenos Aires lo fue de éste").
"Los indígenas a caballo" se titula el 9no. Capítulo. "¡Feliz el día en que desembarcó el primer caballo en América!. De su propagación dependía la elevación moral de las razas indígenas prehistóricas que sometían su empuje mismo después de vagar a pie siglos sin cuento". "El cristianismo obra muy lentamente sobre el espíritu del salvaje; o la esclavitud o servidumbre que le imponian necesariamente los blancos o europeos para domesticarlo, contribuía a degradar el carácter castigando en ellos toda manifestación de independencia".
Ataca a los jesuítas, por "estimular por motivos religiosos el odio natural del salvaje al hombre civilizado, del indio al blanco, del vencido al vencedor", "alejar la idea de patria en los neófitos". Ataca, también, a los caudillos, como J. G. de Artigas ("Caudillo salteador ajeno a toda tradición humana de gobierno"), los López, los Aldaos y los Ibarras, "desertores unos, díscolos otros, torpes caudillejos plebeyos otros, que denuncian la anarquía o la ignorancia y atraso".
"Sólo profundizando la historia se encuentra la sagacidad de Taine, para rastrear lo que todo el movimiento anárquico disolvente, brutal, sanguinario, que descarrió o detuvo la Revolución de la Independencia, procedió del alzamiento de los indígenas de la Banda Oriental, y los indios misioneros, que los jesuítas educaron en el odio de los españoles, los blancos y a la obediencia pasiva".
"Es acaso ésta la vez primera que vamos a preguntarnos quiénes éramos cuando nos llamaron americanos, y quiénes somos cuando argentinos nos llamamos. ¿Somos europeos?- ¡Tantas caras cobrizas nos desmienten!. ¿Somos indígenas?- Sonrisas de desdén de nuestras blondas damas nos dan acaso la única respuesta.. ¿Mixtos?- Nadie quiere serlo, y hay miles que ni americanos ni argentinos querrían ser llamados. ¿Somos Nación?- Nación sin amalgama de materiales acumulados, sin ajuste ni cimiento. ¿Argentinos?- Hasta dónde y desde cuándo, bueno es darse cuenta de ello. Ejerce tan poderosa influencia el medio en que vivimos los seres animados, que a la aptitud misma para soportarlo se atribuyen las variaciones de razas, de especies y aun de género".
Los anglosajones, por su parte, poseen buenas condiciones para el comercio y para vivir sanamente en una auténtica democracia. Para nuestras tierras, para nuestros pueblos, como ya en 1845 había pensado en su "Facundo", el mal es la extensión, el desierto que nos rodea por todas partes. Respecto del territorio que ocupaba el Virreinato, escribe: "Edén bellísimo y residencia de pobres aldeanos alejados del mundo exterior por centenares de leguas de distancia de todas las costas marítimas. ¿Para qué extasiarnos en contemplar tanta buenandanza, si ella se reduce a oír el canto y ver las galas que revisten avecillas canoras..., cómo embriagan los perfumes y deleitan los ojos las flores de árboles y plantas con frutas exquisitas..., si todo esto no basta a satisfacer las grandes y nobles cualidades del espíritu humano que necesita otros objetos de aspiración que los de llenar sin molestia las necesidades primeras de la existencia?". Esto es el primer capítulo del 2° tomo, de la segunda parte.
Describe luego al Buenos colonial, los barrios, las actividades, todo su aspecto semi-bárbaro: "La prohibición a los extranjeros de penetrar en América", "las doctrinas exclusivas del catolicismo, armado del derecho criminal para perseguir a los que no lo profesasen", "la vida íntima de las colonias: sin comercio exterior, sin industrias...llena de privaciones", "el pueblo maravillado, se prosternaba ante el torrente de luces, oro, esmaltes, que desbordaba de la iglesia en medio de nubes de incienso"; en cinco líneas retrata la cerrazón mental de la época, y su considerable influjo hasta nuestros días.
Refiriéndose a las Invasiones Inglesas y a los porteños: "¿por qué pelearnos contra la Inglaterra, que nos traía el comercio libre, la libertad de imprenta, el escrito de Habeas Corpus y una civilización que abrazaba todos los ramos de la cultura humana, para sostener la más despreciable de las dominaciones de entonces, Carlos IV y Fernando VII, el Principe de la Paz y la Inquisición?. ¿Eso era lo que entusiasmaba a los heroicos defensores de Buenos Aires, como al pueblo de Madrid sublevado, porque se le quería despojar de las montañas de basura e inmundicias apiñadas en las plazas?". Es contundente y muy preciso en sus expresiones, malsonantes para un miope nacionalismo.
Prosa animada, en permanente diálogo con el lector.
El tercer capítulo, "Leyenda heroica de la Virgen mulata. La España esta perdida", anota: "Ninguna colonia hispano-americana ha profesado el culto del porvenir, es decir, lo que seremos con el tiempo, lo que estamos destinados a ser; pero maravilloso fue ya enseña de combate en la política argentina y objeto de odio en los incrédulos. Hoy tiene muchos adeptos, ser progresista es condición necesaria para ejercer el poder". Refiérese la acción "intolerable, humillante y destructora" de Artigas y otros secuaces, las causas y consecuencias de la disolución del Virreinato.
En los "Orígenes de la civilización argentina", otro capítulo, el curso evolutivo de la política educacional argentina, páginas plenas de "erudición, juicio histórico, gracia y picardía criolla" según el juicio de Américo Ghioldi en su "S. y la política de la educación". Con respecto a la fundación del Observatorio Astronómico de Córdoba durante su Presidencia, dice: "costó un triunfo que el Congreso se resolviese a ajustar por el mismo tiempo doce mil pesos para su erección, no por obedecer a malos designios, ni a oposición, sino por ser según nuestra teoría, extraño a los movimientos de nuestro cerebro español todo lo que huela a ciencias...", lo que nos proporciona una quemante pauta sobre las vallas y avatares por los que atravesó S. en su prédica y obra civilizadoras, de carácter excepcional en la historia americana.
Sobre el Congreso de Tucumán: "perdió su tiempo en discusiones inútiles, o extemporáneas, sobre asuntos extraños a sus funciones, careciendo de un reglamento para dirigir y limitar el uso de la palabra, ignorando, siquiera que su observación fuere parte esencial del sistema representativo, pues la Francia misma lo ignoraba".
Solvente, autorizado, se ocupa de "Bifurcación del Cristianismo" con el subtítulo de "Hacia las dos Américas". Toma como ítems principales al "Purgatorio, al Infierno y su administración desde la tierra". De Italia: "resulta con asombro y entristecimiento de todos los amigos de la Italia, que no puede marchar porque por la pobreza de las clases agrícolas –y son toda la Nación- los artesanos inteligentes y asiduos no ganan con qué vivir. El capital que se venía acumulando del trabajo de siglos como en Inglaterra, que forma el capital de la generación presente por la herencia, falta a la Italia, aunque lo tiene ahí a la vista, convertido en montones de piedras inútiles hoy, en estatuas, basílicas, templos, etc.".
EL último capítulo de este segundo tomo trata de la América Filipina ("la que poblaron los contemporáneos de Felipe II") y a la América Quichua. Gobiernan "la voluntad de poquísimos hombres", "Rosas es un tipo de imbecilidad, y esto me parece la explicación de gran parte de sus actos, aunque humille mucho a nuestros mayores la idea de que no sólo han sido gobernados por un imbécil, sino que le han rendido una especie de culto". Todo lo dedica aquí a comentar sucesos de la época rosista, documentos, las reiteradas renuncias". La serie de renuncias presentadas en veinte años con insistencia, muestran la misma estupidez que el instinto de hacerse el muerto que poseen muchos animales. Las razones en que se fundan las renuncias...son palabras, la fórmula exterior de un sentimiento".
También anota: "La historia es una escuela, y sus ejemplos salvan o pierden a los pueblos. Es a la historia que debemos apelar para descubrir las celadas, y explicar lo presente, por lo pasado. Y nuestra historia es rica de ejemplos, de tiranías, de audacias, de crímenes y de crueldades, que espantarían a toda otra nación, si no hubiese para rescatarlos las grandes virtudes de sus prohombres, el valor de sus héroes, la ilustración y coraje de sus tribunos, y lo que hace el honor y la gloria del país".
"La América del Sur –concluye- se queda atrás y perderá su misión providencial de sucursal de la civilización moderna. No detengamos a los Estados Unidos en su marcha. Alcancemos a los Estados Unidos. Seamos la América, como el mar es el Océano. Seamos Estados Unidos". Se refiere a un deseable acercamiento de Ciencia y Técnica, de Progreso material, educativo y político.
5. Escribo el libro:
En carta a su amigo tucumano José Posse, del 26 de julio de 1882 ("Epistolario S.Posse", Museo Histórico S., t. II, p. 503) adelanta conceptos sobre "Conflictos...". "Tengo escrito lo más del volumen. Es un supremo esfuerzo para restablecer las clases superiores en la Sociedad política, y el más rudo ‘coup de massne’, contra los federales. Será el complemento del ‘Facundo’ y si el estilo fulgurante le falta, la erudición y la ciencia en sus últimos resultados lo harán un libro de nuestro siglo y de las dos Américas porque he necesitado ponerlas frente a frente según sus elementos sociales. Termino así la larga obra de estudio comenzada en Chile cuando vivíamos juntos, tú te acuerdas, buscando las causas de nuestras guerras, evocando la sombra de Quiroga para que nos las explicase. Cambiando el pretexto de unitarios y federales, en lucha de civilización y barbarie que desarmó a los partidos".
En carta del 22-8-1882 ("Epistolario" t. II, p. 508): "Partiendo del hecho que a mí me consta que las elecciones son reales en todo otro país que no sea la América del Sur; y que los gobernadores se han apoderado del voto, he querido averiguar de dónde proviene la diferencia y encontrado que el votante pertenece a una raza indígena, cuyos antecedentes eran serviles hace cuarenta años, y que es inepta para el gobierno representativo. Esta raza explotada como se la ve en toda América por tran´sfugas de la raza blanca, Artigas, Güemes, Rosas o por desertores, Bustos, etc., o por indios y mulatos alzados, Ibarra, Rivera López, sirve hoy de custodia a la minoría blanca culta... La América para los Americanos!. Ése es el sánalo todo. Yo escribo el libro. Conflicto de las razas (nuestra guerra civil-caudillos-civilización y barbarie-fraude electoral arbitrario-todo viene del mismo origen)".
De lo transcripto y comentado se desprende que S. concibe la historia de la República Argentina como el resultado del conflicto entre dos etapas distintas de la evolución social. En América del Sur, los conquistadores sólo tuvieron en mira la explicación de las riquezas naturales y del trabajo de las razas sometidas. La diferencia étnica determina la diferencia de civilizaciones. Cada raza, en función de su medio, se traduce por costumbres e instituciones determinadas, cuyo exponente más inequívoco es una organización del trabajo humano, reflejada en sus condiciones económicas. Una raza medieval y reaccionaria se mezcla a la indígena para constituir un conglomerado anárquico en que se suman las taras de ambas (sigo a José Ingenieros en su "Sociología Argentina").
Para la distinción del Ser Americano debemos partir de la diferencia de la existencia de dos Europas. La Medieval, con España a la cabeza, se resiste a la Reforma y al Renacimiento, se rige por la Inquisición (incendiaria de cuerpos e ideas), en un régimen feudal (tierras trabajadas en condiciones denigrantes por siervos gobernados por un señor en relación de vasallos), civilización teocrática (la religión católica por sobre todo antes que nada), gobierno de la Cruz y la espada, aprendieron a holgar y a rezar. Ésa es la fuente de la civilización sudamericana. Por otra lado, la Europa Moderna, con los pueblos anglosajones en primera fila, realizan las ideas concretas de Progreso, Libre Examen y Democracia.
Resulta la civilización yanqui, obra del arado y la cartilla para alfabetizar, aprendieron a trabajar y a leer. estos antecedentes raciales dicotómicos explican la desigual aptitud de ambas Américas para el uso de la libertad política, la práctica de la democracia y el desenvolvimiento de las Instituciones Libres. El caudillismo americano surge del Feudalismo español.
Estos países carecían de comunes intereses económicos, organización deforme, embrionaria; pues la concreción de toda superior idea política exige cierta elevación intelectual y moral del pueblo al que debe ser aplicado. Mientras existan masas indígenas incultas o mestizos semicultos, la democracia y la libertad serán una ficción. "Hasta ahora sólo se ha desponchado la América".
El remedio a estos males, es la Educación Pública y la Inmigración europea, asimilar la Cultura y el Trabajo de las naciones más civilizadas.
Profesa un concepto social e historicista del Progreso. El Progreso como ideal de superación humana, con fe en la reforma social. El Socialismo "es la necesidad de hacer concurrir la ciencia, el arte y la política, al único fin de mejorar la suerte de los pueblos, de favorecer las tendencias liberales, de combatir las preocupaciones retrógradas, de rehabilitar al pueblo".
Ya en su "Facundo" había intentado desentrañar "la vida secreta y las convulsiones internas que desgarran las entrañas de un noble pueblo", "el enigma de la organización política de la República". Desmenuzaba las causas que configuran el Ser Argentino ("Rosas es natural, es algo lógico, fatal, forzoso"), como la geografía y los hábitos que engendra, las tradiciones españolas, la barbarie indígena, la incuria, la incapacidad política e industrial (obra de psicología social, de etnología cultural la ha calificado Martínez Estrada).
No fue un execrador total de lo hispánico como algunos afirman, pues reconoció y construyó memorables panegíricos a las cualidades del carácter español, que podrán "ser explotadas en beneficio de la civilización: la honra, la sobriedad e hidalguía, alto desenvolvimiento del sentido común", etc., y puso también en claro las virtudes del Gaucho, que aunque semi bárbaro, es independiente de carácter, valeroso, desinteresado en sus acciones, hospitalario en sus casas y sensible al honor (su "Política argentina", tomo VI de sus Obras Completas).
Como afirma Ezequiel Martínez Estrada, toda la doctrina sarmientina se constriñe a la teoría simple de formar ciudadanos honrados y capaces para el ejercicio del gobierno o para el respeto de las Instituciones, para la fabricación de herramientas, y utensilios e instrumentos de precisión, capaces de perfeccionar las industrias, el comercio y las comunicaciones, y de consolidar un orden jurídico y de hábitos de convivencia que diera firmeza al Estado, prosperidad a la Nación, bienestar a la mayoría. Decía: "Da compasión y vergüenza en la República Argentina comparar la colonia alemana o escocesa del Sud de Buenos Aires y la villa que se forma en el interior: en la primera las casitas son pintadas, el frente de la casa siempre aseado, adornado con flores y arbustillos graciosos, el amueblado sencillo, pero completo, la vajilla de cobre o estaño reluciente siempre, la casa con cortinillas graciosas, y los habitantes en un movimiento y acción continuos. La villa nacional es el reverso indigno de esta medalla: niños sucios y cubiertos de harapos viven con una jauría de perros, hombres tendidos por el suelo en más completa inacción, el desaseo y la pobreza por todas partes... ranchos miserables por habitación" ("Facundo").
Sus ideas no son europeístas ni menos yancófilas. Explica: "vengo de recorrer Europa, de admirar sus monumentos, de prosternarme ante su ciencia, asombrado todavía del prodigio de sus artes, pero he visto sus millones de campesinos, proletarios y artesanos vilmente degradados, indignos de ser contados entre los hombres". Si bien se entusiasmó con los Estados Unidos, fue una época en que existía una genuina Democracia, una sociedad nueva, reparto equivalente de la tierra y el alfabeto diseminado extensamente.
Contra todo lo que se dicho, amó a su país con intensidad y comprensión impares. Desde el único modo como él sabía amar: tratando de conocer la cosa amada hasta en sus entresijos, para alzarla a su máxima dignidad y hermosura, no para mimar sus menguas ("S. entre dos fuegos" Luis Franco, 1968).
Por eso desde el principio no sólo señaló con puntos de fuego las muestras más fehacientes del atraso argentino y sudamericano, sino que trató de desempolvar sus orígenes y todavía hizo algo cuantiosamente mayor: trabajó sin tregua durante medio siglo para salvar el aciago déficit.
Para S. , pensador-realizador, población, agricultura y alfabeto formaban los tres sumandos de una sola cifra.
Creía absolutamente necesario civilizar la ganadería pampeana, asociarla con la agronomía moderna. En América subsisten dos áreas: el Sur y el Norte, dos continentes, dos estados sociales y políticos, dos Culturas. "Desde Méjico hasta el estrecho de Magallanes: atraso, ignorancia del pueblo, disolución, falta de leyes y de espíritu público. Desde la Florida hasta la bahía de Hudson: paz, progresos, escuelas, orden" ("S. y su americanismo", Emeterio Santovenia).
En Argentina coexistían dos mundos diferenciados: el de las ciudades (en el siglo 19, centro de europeísmo, factor de adelanto) y el de las campañas (el siglo 12, el feudalismo, los propósitos reaccionarios).
La civilización tan ansiada se lograría afirmando el imperio de la Ley y de la Autoridad constituida, educando a las masas por la Escuela primaria, abriendo los puertos y los ríos al comercio universal, construyendo caminos y vías férreas. Fomentando el arraigo de nuevos colonos, removiendo todos los obstáculos a la libre expresión de las fuerzas económicas- Ahí reside, sentencia el gran maestro, la Panacea para Fundar y Consolidar América: instauración del Libre Cambio, de la Libertad de Conciencia y la División equitativa de las tierras laborables.