FRANKLIN y SARMIENTO.- Por Guillermo R. Gagliardi.
FRANKLIN Y D. F. SARMIENTO.-
El 29-1-1845 la escribe S. a Posse desde San Felipe sobre su situación pública y privada, reiterando conceptos de su mencionada carta a Soriano: "Tentaciones me vienen de darte un consejo. Uno, uno solo te daré. No abuses del amor, no agotes todos los placeres. Consérvala (a tu mujer) casta y pura si quieres amarla siempre" ("Epistolario S.-Posse", t. I, p. 26). Franklin acentúa la necesidad y ventajas de una vida conyugal prudente, el deber de guardar cierta escrupulosidad en los modales, etc. Aventurero en el terreno amoroso, se había casado en 1730 con Deborah Read, llevando al hogar un hijo natural: William. El sanjuanino tenía una hija natural, Faustina, nacida en 1831, casada luego con el impresor Julio Belin, y origen de la familia Belin Sarmiento. Luego de su casamiento, a Benjamin le nacía su hijita Sara, en 1743, luego Francisco, que murió de viruela en 1736. Su vida matrimonial en contraste con la sarmientina, fue más o menos regular. En 1755 comienza una cálida amistad en Rhode Island con Catalina Ray. Ya llevaba 25 años de casado. Tiene ahora 50 y ella 23. Dijo "mi Caty" haber sufrido como un encantamiento. La compara con los copos de nieve, "son tan puros como su inocencia virginal, blancos como su hermoso pecho". Ella: "la ausencia más bien aumenta que disminuye mi afecto". "Dígame que está bien y que me quiere solamente una milésima parte de lo bien que le quiero yo". Ella después se casa en 1763 con William Greene. Treinta años perdura su amistad con el Santo Yanqui. A sus 83, Benjamin, continuaba en esa mutua atracción, "entre las cosas felices de mi vida incluyo su amistad, que recordaré con placer mientras dure esta vida.". Ya separado de su esposa, Domingo escribe en 1861 a "su Aurelia": "mi vida futura está basada exclusivamente sobre tu solemne promesa de amarme y pertenecerme a despecho de todo...necesito tus cariños y tus ideas, tus sentimientos blandos para vivir" ("Epistolario íntimo de S", B. Gz. Arrili, ECA, p. 90-91). Su primer contacto fue en 1852, él 41 años y ella 16 de edad. He ahí el bellísimo "Diario de viaje del Merrimac", que escribió e ilustró para su amada Aurelia. Amor adúltero, duró 30 años, hasta su muerte. Le escribe ella: "te amo con todas las timideces de una niña, y con toda la pasión de que es capaz una mujer. Te amo como no he amado nunca...". Hay otra correspondencia amorosa del autor de "Viajes", es con Ida Wickersham, joven de 25 años, enamorada de él, un hombre de 55. "Eres una flor, un pájaro, una gema¡". "Es la mujer más mujer que he conocido". La temporada que vivió con ella en Chicago, la contó S. entre las más felices de su vida. Pontificó Goethe: "Las naturalezas geniales viven una pubertad repetida, mientras que otras gentes son jóvenes sólo una vez". (Campobassi, "S. y su época", Losada, 2 ts. 1975; "S. y sus contactos culturales con los Estados Unidos" G. F. J. Cirigliano, en rev. "Humanidades", Univ. Nac. La Plata, 1961, t. 37, v. 2, p. 171-179). IV.- Sentido de la Caridad Estatal: Otro tema coincidente: sobre la Beneficencia del Estado a los mendigos y huérfanos. F. opina que la beneficencia del gobierno a los pobres es una caridad que los pone cómodamente en la pobreza; es decir, no los saca de ese estado. Observa, con la experiencia de su inquietud de viajero, que cuantos más socorros públicos se establecen para favorecer a los mendigos, "otros tantos son los alicientes para inclinarles al abandono absoluto de sí mismos" y más rápidamente sucumben en el vicio, pues ese sistema, según S., sólo sirve para criar holgazanes. En su "El precio del trigo y la administración de los pobres" escribe F. que "no existe país en el mundo donde los pobres sean más holgazanes, libertinos, borrachos e insolentes" como los Estados Unidos. En 1750 había propiciado la construcción del Hospital de Pensilvania, el primero en América, sobre un proyecto del Dr. Thomas Bond, promoviendo activamente su erección por suscripción popular y bregando con su incansable pluma en la "Gaceta". Esa caridad oficial que el común de las gentes ve con muy buenos ojos, es sólo "una recompensa para fomentar la pereza". Tanto F. como S., pues, han sido severamente atacados en este punto de sus idearios. "No queráis llenar con vuestras larguezas una cántara sin fondo: la mendicidad, que es insaciable". En el Senado, en 1859, el sanjuanino dijo que Inglaterra comenzó asignando cuatro millones para auxiliar a los necesitados y ya en esa época gastaba cincuenta millones, "y es mayor el número de pobres" (léanse sus escritos: "La Caridad y el Estado", "Caridad Pública", "Extravíos de la beneficencia pública", "Sociedad cristiana para el socorro de pobres vergonzantes"). Todo el que pide se contenta con lo que mendiga, no trabaja: "Un borracho, un vago pide dinero y lo halla y si se le encuentra herido en las calles, el hospital le recibe, y cuando vuelva a salir, sigue en la misma vida, porque sabe que lo han de atender en todas sus necesidades. Estos son los resultados director de la caridad pública", La Caridad del Estado para el argentino, es inmoral y "desvirtúa nuestra religión". La sociedad tiene por base que el hombre viva de su conducta, el hombre es responsable de sus propios actos. La base del Cristianismo es vivir con el sudor de la frente. Critica la limosna que practican las clases acomodadas. Eso no es Filantropía, es orgullo. "Las clases dotadas que viven llenas de fausto, que se llevan todo el día en adornarse", dan dinero al mendigo por el asco que les causa su miseria. S. se opone a la creación de los Asilos de Mendigos, porque no tiene una mentalidad rebañega, sino que posee una visión porvenirista, certera: "Donde quiera que se han fundado estas instituciones, han dado un resultado contrario de lo que se proponía, que era extinguir los mendigos". "Yo pregunto, ¿por qué hay esta filantropía con el mendigo y no la hay para plantear edificios para la educación de los niños que andan como cuatrocientos en las calles que todo el mundo sabe la historia de ellos?". "Recoger los mendigos, no extingue, sino que aumenta la mendicidad". Yo propongo otro sistema. Recojamos al niño que quizá va a ser mendigo y démosle todos los medios, no sólo para que no sea un desheredado, sino también para hacer de él un hombre laborioso y honrado". Ya en 1844 advertía S. en "El Progreso" que "el pauperismo" empezaba a tomar un carácter alarmante. Como Senador se opuso a las asignaciones del Erario para los Mendigos, pues pensaba que las rentas estatales deben invertirse en la enseñanza del pueblo "porque curando el vicio de la ignorancia, que es lo que lleva a la mendicidad, se obtiene el único medio de llegar al resultado a que aspiramos". "Demos educación al pobre y él se preservará de la mendicidad". Sabía muy bien de las manifestaciones antipáticas que provocarían sus modernas meditaciones "para abandonar nuestras añejas tradiciones...". Y advierte en un discurso: "El mendigo es también un espectáculo necesario para la moral de la sociedad, pues morigera el orgullo del rico y le dice: ved la miseria humana como es: no os olvidéis que todos somos hombres y hermanos!" ("Obras Completas", t. 18). Visión sociológica y educacional de un problema universal. El verdadero bien que los Estados pueden hacer a sus habitantes, opinaban nuestros parangonados, es promover el bienestar de la sociedad, generalizar los progresos científicos, para su aplicación en la vida de la mayoría. Así, interésense por los problemas municipales, por regular la vigilancia en las ciudades, por la prevención de los incendios en las zonas urbanas. Franklin funda una "Union Fire Company"; en 1742 inventa un tipo de estufa que ahorra combustible y hasta escribe un folleto explicativo: "Descripción de las estufas de Pensilvania recientemente inventadas; con la explicación detallada de su construcción y modo de operar; demostración de sus ventajas sobre cualquier otro método de calentar las habitaciones...etc.". V. La fértil vida republicana:
Preocupado por la falta de una milicia organizada y de una adecuada educación universitaria, redacta un proyecto para fundar una Academia, establece una Sociedad Filosófica, publica "La pura verdad" y promueve la instrucción militar sistemática de los ciudadanos. Abre en 1749 una Escuela que será la base la Universidad de Filadelfia, escribe "Proposiciones referentes a la educación de la juventud de Pensilvania". Mentienen S,. y F., una agitada vida pública: "cada departamento de nuestro gobierno civil, casi a la vez, me imponía alguna misión". Miembro de la Comisión de la Paz, del Consejo Municipal, Embajador, Regidor, Representante en la Asamblea del Pueblo (elegido durante 19 años consecutivos), Juez de Paz... S., gobernador de su provincia natal, presidente de su País, Senador Nacional, Ministro, Director General de Escuelas, Embajador excepcional (Diplomático ‘anti-diplomático&rsquo Promueve por su parte, F. , la erección del hospital mencionado, la mejoría de la pavimentación, redacta leyes, mejora la iluminación de las aceras y proyecta la unión de todas las Colonias bajo un solo gobierno. Afirma en su "Autobiografía": "Para mí, después de todos mis afanosos empeños, no me quedan otros placeres sólidos que el pensamiento de una larga vida empleada en querer hacer el bien". Introduce el sauce amarillo en América. Inventa el Pararrayos ("un nuevo Prometeo que había robado el fuego al cielo" según Kant), Por su parte, el argentino, ante su diagnóstico severo de la realidad argentina: escasa densidad de población, escuelas mal y mezquinamente distribuidas, inexistencia de organización municipal, ausencia de la "cosa pública", del sentimiento de comunidad, etc. Lucha, pensador-realizador , por imponer criterios progresistas. Escribe sobre educación, inmigración, distribución de la tierra, fomento de actividades agrícolas y mineras, vías de comunicación. Alecciona con su verbo prometeano y a través de emocionantes discursos, como el que pronunció en Chivilcoy, recientemente electo presidente. Dicta decretos y leyes que faciliten la adquisición de material didáctico para colegios agrícolas. Construye la Quinta Normal en San Juan, el Observatorio Astronómico en Córdoba, la Exposición Industrial, la Escuela de Artes Mecánicas. Brega por la construcción del Puerto de Buenos Aires y de Rosario, por la cría del gusano de seda, la industria del mimbre, el establecimiento del cable transoceánico, etc., etc. Franklin había luchado por la mayor emisión de papel moneda, a lo que se oponían las clases pudientes, y publica un escrito: "La Naturaleza y necesidad de un papel moneda", con éxito marcado en el público común. Iniciativas, proyectos luminosos y realizaciones concretas: ésa es la Beneficencia estatal que ambos profesaron, con singular firmeza y valentía, como verdaderos Héroes de la Raza Humana, Hacedores del Bien por antonomasia. Había sentenciado Horace Mann, educador norteamericano admirado por el sanjuanino: "Averguénzate de morir sin haber logrado una victoria para la Humanidad". VI. Moral y Religión: Benjamin, desde muy joven había adquirido el hábito de la disputa y la habilidad en el refutar, debido a que lee libros de polémica teológica de su padre, Josiah, inteligente y sensible ("sobresalía grandemente en la comprensión sensata y el sólido juicio de los asuntos que requerían prudencia, tanto privados como públicos", escribe su hijo). "Mis indiscretas discusiones sobre la Religión empezaban a hacer que la buena gente me señalara con horror como un infiel o un ateo". "Mis padres me habían inculcado desde temprana edad ideas religiosas y me educaron durante la infancia según los conceptos de los disidentes. Pero apenas contaba quince años cuando, después de dudar alternativamente sobre varios puntos, empecé a dudar de la misma revelación. Cayeron en mis manos algunos libros contra el deísmo...". "Fui educado religiosamente como presbiteriano; y aunque algunos de los dogmas de esa doctrina, tales como los eternos designios de Dios, elección, reprobación, etc., me parecían incomprensibles y otros dudosos, nunca carecí de ciertos principios religiosos. Nunca dudé, por ejemplo, de la existencia de una divinidad; ni de que ésta creó el mundo y lo gobernaba por su providencia; que el mejor modo de serviir a Dios es hacer bien al hombre; que nuestras almas son inmortales; y que todo crimen será castigado y la virtud recompensada, aquí o más allá. Esto es lo que yo consideraba esencial de toda religión". La inclinación del sabio yanqui es llegar a un perfeccionamiento Moral: "deseaba vivir sin cometer en ningún momento ninguna falta". Incluyó, de esta forma, bajo trece nombres las Virtudes y explicó cada una con algunos preceptos esenciales: Templaza, Silencio, Orden, Resolución, Frugalidad, Laboriosidad, Castidad, Sinceridad, Justicia, Moderación, Limpieza, Tranquilidad, Humildad. Diariamente se autoexaminaba y criticaba sus faltas del día en relación con tales virtudes. Encarece la claridad y serenidad de la mente. Evitar las conversaciones frívolas, imitar a Jesús y a Sócrates. También S., en 1873, al inaugurarse un Hospital, aconsejaba la práctica de la caridad con el prójimo, como manera concreta de seguir los preceptos de Cristo. En esa oportunidad pronunció un encendido Discurso ante las Damas de Caridad, y les dijo: "Es ya mucho que os reunáis y con vuestro dinero y vuestro esfuerzo, levantéis edificios a la inteligencia, a la moral, a la religión, a las buenas costumbres. Esta forma de la caridad cristiana, es el complemento y la realización de la caridad y el amor que enseñó Jesús". "Dios os lo ha de tener en cuenta, la posteridad desvalida os bendecirá; y os lo aplaudo en nombre de la Patria que represento, de la educación universal, de que soy humilde obrero" ("Discursos", tomo 18 de sus O. Comp.; F. soñaba con crear y organizar un Partido Único para la Virtud, agrupando a los hombres bondadosos y virtuosos de todas las Naciones: la "Sociedad de los Libres y Afortunados", integrada sobre todo por jóvenes y solteros. Para S., F. es el primero que ha enaltecido universalmente el concepto de Bienestar y Virtud, como supremo bien, como principio de la democracia: "F. ha sido el primero que ha dicho: bienestar y virtud; sed virtuosos para que podáis adquirir; adquirid, para poder ser virtuosos" ("Viajes"). Se aproxima a Moisés en sus principios éticos, "cuando decía: honrad a vuestros padres para que así viváis largo tiempo sobre la tierra prometida". Asevera, convencido, que F., en Moral, avanza sobre la moral misma de Jesucristo (1886). Atestigua S. en su "Recuerdos de Provincia" que Paley, el Padre Feijóo y F. fueron los principales maestros en su formación religiosa, que, como tal, fue racionalista y eminentemente cartesiana-liberal. También le fue decisiva la influencia del Sacerdote riojano Pedro Ignacio Castro Barros (1777-1849): quien "echó en mi espíritu la primera duda que lo ha atormentado, el primer disfavor contra las ideas religiosas, en que había sido criado, ignorando el fanatismo y despreciando la superstición". Reflexionaba F. que dentro de una sociedad los seres más peligrosos y dañinos son los que hipócritamente pretenden profesar una religión, "especialmente si tiene un cargo público". "No existe mejor forma de manifestar nuestro amor a la religión y al país que la de desenmascarar a los farsantes y desengañar a los engañados". La religiosidad, "el Cristianismo Constitucional" según lo denominaba el Sísifo sanjuanino,, así lo entienden ambos, debe traducirse en hechos, en obras de bondad y de "espíritu público": "No hay duda que la fe religiosa es muy útil. No apetezco verla en modo alguna disminuída, ni tampoco trato de amortiguarla en quien la posea; pero deseo que produzca más buenas obras que por lo general hasta ahora he visto: hablo de verdaderas obras buenas, de obras de bondad, de caridad, de piedad y de espíritu público" (F.: "La verdadera piedad"). En la "Biografía de Castro Barros", S. llama a Franklin el Propagador de una "moral casera, práctica, aplicable y útil". Había traído "a la tierra, el dominio del hombre, encadenado, sometido, humillado, el rayo de que se armaban los dioses para terror de los hombres". En la "Vida de Dominguito" (1886) destaca varias veces sus esfuerzos por infundir el culto frankliniano a su hijo. Habíale enseñado a Dominguito el arte de leer con la vida de F. y R. Crusoe, "cuya lectura recomiendo a los padres: allí se aprende la felicidad de leer, ganando además nuevo acopio de ideas". El joven, junto con Lucio V. Mansilla (1831-1913) traducirá después "París en América"(1864) de Edouard de Laboulaye (1811-1883) labor que el padre equiparará en esfuerzo intelectual y utilidad popular a la traducción de la "Vida de F." (1848) de F.-Auguste Mignet (1796-1884) por Juan María Gutiérrez. F. y Laboulaye constituyeron para el hijo, dos factores básicos en su esmerada educación moral y cívica. Esa traducción de Gutiérrez le fue encomendada por S., en Chile, y luego la analizará críticamente en "El nacional", 11-7-1885 (Obras Compl., tomo 46: "Páginas Literarias"). Y publicada por Julio Belin. En ese estudio comenta también "El Camino de la Fortuna o sea vida y obra de B. F." del chileno Francisco Valdés Vergara, cuya lectura y difusión recomienda insistentemente. Refiere que haciendo vida de hogar en Yungay, intentó que Dominguito asimilase gradualmente los preceptos del célebre inventor, sobre todo inculcarle ideas de economía y, si fuera posible, de lucro, como F. hizo fortuna con "la receta infalible de.. guardarse la cuarta parte de todo dinero que por alguna vía entrase a su bolsa estrecha de muchacho necesitado". Añadió a la antigua moral, otra de las virtudes cardinales: la inversión del tiempo. El talentoso hijo leería también una selección de las obras del genio, en siete volúmenes, donadas por el padre a la Biblioteca Franklin de San Juan. Para S. "el Cristianismo traía sin duda, por implicancia, en el fondo de su doctrina, toda libertad humana, la libertad de pensamiento, puesto que constituía iguales a los hombres ante Dios; la libertad de las razas inferiores, puesto que las hacía provenir de un padre común a la especie humana" (Obras, t. 27). En la biografía del Presbítero Balmaceda, escribe que el cristianismo es una religión social, humana, que tiene de más grande y santo, ante todo, el poner en el amor del prójimo, la base de la Virtud (Obras, t. 3). Fundado en las ideas de Platón, cree F. que la "muerte física" es el inicio de una nueva vida, la de la emancipación e inmortalidad del alma. "Somos espíritus" dice en su "La muerte y la vida futura". Cree en la reencarnación, en seres con mayor perfección. También el sanjuanino dijo en una ocasión: "yo creo en muchas y muy misteriosas relaciones que escapan a las leyes conocidas y que la lógica repugna". S. y F. fueron honrosos cristianos. Verdaderos Apóstoles de la Paz Mundial. Combatieron la anarquía, los abusos sociales, la ignorancia que aniquila, la disipación en las clases altas y bajas de la sociedad, que llevan fatalmente a la disolución y la guerra. VII. Libros, Bibliotecas y Educación: F. fundó la primera biblioteca estadounidense; de 1731 es su Proyecto de Erección. Ambos tuvieron destacada pasión por promover la creación de Bibliotecas Populares. Proyectó la creación de una biblioteca por suscripción, origen de las futuras, copiosas y eficaces, bibliotecas norteamericanas. "A la sazón expuse mi primer proyecto de carácter público, el de una biblioteca por suscripción. Redacté los estatutos, los hice poner en debida forma por nuestro gran Escribano Brockden, y, con la ayuda de mis amigos de "La cábala", conseguí cincuenta suscriptores a cuarenta chelines cada uno como ingreso y diez chelines anuales durante cincuenta años, término de duración de nuestra sociedad. Más adelante obtuvimos autorización oficial, cuando la sociedad había llegado a cien suscriptores: aquella fue la madre de todas las bibliotecas por suscripción de Norteamérica, ahora tan numerosas. Ya ha llegado a ser una gran biblioteca que aumenta continuamente. Esas bibliotecas han mejorado en general la conversación de los norteamericanos, han hecho a los comerciantes y granjeros comunes, tan inteligentes como la mayoría de caballeros de otros países y quizás han contribuido en cierto grado a que las colonias se hayan levantado de un modo tan general en defensa de sus privilegios". (B.F.: "Proposiciones referentes a la educación de la Juventud en Pensilvania"). La "Cábala" era un club o academia fundado y organizado por F., donde se discutían temas de moral y Política. Elogia S. a F. y a Laboulaye como Patriarcas de las Bibliotecas Populares (Discurso en la Sociedad Rivadavia, incluido en los "Discursos Populares", 1883, t. 2). Se pronuncian contrarios a las bibliotecas monumentales, pasivas y sin lectores, cementerios de libros, que sólo sirven de alimento a las polillas: "son por lo general objetos de ostentación y de lujo, de uso limitadísimo" (1853). S. funda la biblioteca Franklin en San Juan, inspirado por el ejemplo del político y escritor francés Edouard de Laboulaye, propagador de las bibliotecas populares en Francia. A inspiración de S. fue llamada "Laboulaye" una pujante ciudad cordobesa, en 1886. Laboulaye había escrito una historia de los Estados Unidos y "París en América", "La libertad religiosa", "El Partido liberal", etc. Por su iniciativa, también se instauró en N. York la Estatua de la Libertad, 1865 (J. A. Solari: "S. y L.", en su "Días y obras de S.", 1968, p. 92-95). Horace Mann, F. y S., según L., se encontraron entre los ejemplares humanos que consagraron la energía entera de su alma a la difusión de la instrucción popular, llevada a todos los hombres como un segundo bautismo y regeneración, como verdaderos evangelistas, de las buenas nuevas de la educación común. S. pide, exige, grita, para las bibliotecas populares: "¡libros, libros, libros!", con el objeto de "transmitir los conocimientos comunes bajo formas agradables". Y sienta las bases, magistral, de la Bibliopsicología en tierras hispanohablantes: "Los libros de esas bibliotecas deben ser prestados a los lectores para que puedan leerlos en sus hogares. El libro echado como por accidente sobre una mesa, es antídoto contra el fastidio y cerca de la cama es un narcótico o un estimulante contra el sueño". Brega por las Bibliotecas Circulantes. Hasta aconseja el cuidado externo del libro y sugiere, atinadamente, que en todas las bibliotecas se coloquen visibles estos consejos: nunca tomes un libro con manos sucias, nunca mojes el dedo para volver una hoja... Y en ejemplar carta que envió a San Juan en 1865, avizoramente, habla de la Moral de la Lectura, la formación de los buenos sentimientos, el hábito de pensar y reflexionar, la necesidad de informarse sobre el mundo moderno y sus positivos logros científico-técnicos, etc. Escribe a las autoridades provinciales para que se apresuren a fundar y sostener tales bibliotecas, única forma de que no padezcamos "un siglo más de guerra de montonera y de que no surjan veinte Chachos más, ¡cueste lo que cueste!". Alguna vez, algo desconsolado declararía: "no tenemos libros; no lee nuestra juventud. Es una vergüenza". Y en 1870 dictó, inspiró, como Presidente de la Nación, la Ley de Protección de las Bibliotecas Populares: "Apenas se reflexiona sobre los motivos que retardan el progreso intelectual de nuestras poblaciones, viene sin duda al pensamiento la carencia y la casi ninguna circulación de libros que se nota en ellas". En la "segunda parte" de su "Las escuelas..." su autor transcribe sus impresiones en la 37° Reunión del Instituto Americano de Instrucción, a la que asistió, en agosto de 1865, en New Haven (Connecticut). Allí, en la sesión del día 10-8-1865, expresó su alborozo y envanecimiento "de haberme hallado en esta reunión de sabios y de maestros, como daría cuenta de una grande victoria ganada por la civilización". Se define, paradigmáticamente: "Yo soy, y me honro de ello, un maestro de Sud América". Se siente llamado en cualquier tarea o puesto público a ejercer la profesión magisterial. Esa ocupación superior la equipara a la del sacerdote, pues redime al hombre de su origen salvaje. Y ha de educar divulgando y procurando la imitación de la vida de sus hombres ejemplares: "¿Qué efecto puede producir en una nación la imitación de sus héroes y de sus grandes hombres, cuando éstos son Washington, la justificación de los actos; Franklin, el ensayo de la moral, de la industria y de la propia educación, para llegar a la gloria y a la ciencia; (...) sin que a ellos se mezcle ni un conquistador, ni un malvado afortunado, ni un tirano, ni un criminal glorioso?". En Inglaterra, destaca don Domingo, el pueblo se educa "por la animación de sus poderosas fábricas, de sus ingeniosas máquinas: por el jurado, por el parlamento". Y en la Nueva Inglaterra el común de las gentes se instruye en las materiales principales que prefiere Sarmiento, y lo señala, siempre vehemente, la práctica de los derechos ciudadanos, el ejercicio "de sus libertades e industria, la serie inaudita de sus prosperidades" y la emulación de sus Héroes. En su carta desde Lima, del 5-4-1865 para la Inauguración de la Escuela S. considera a la "República frankliniana", fuerte y progresista, como "la Escuela de América". Quiere "la Libertad del individuo disciplinada en la Escuela": ése es el secreto del "milagro norteamericano". "Improvisar naciones en un siglo y resumir las glorias humanas en cuatro años", aumentando crecientemente el Poder de la Inteligencia Humana. En esa valiosa obra de "Las escuelas, base de la prosperidad y de la república en los E. Unidos", el maestro relata una sesión inolvidable de la Asociación de Maestros de Massachusetts: "Estaba entre los míos", se ufana. VIII. La "misión" de Periodistas: F. desde muy joven es Periodista, y hasta vende sus propios escritos por las calles. Aprendiz de imprenta, llegó a tener una imprenta propia, a los veinte años de edad. Obtiene éxito populares con sus artículos, pues hace agudas observaciones sobre los más variados temas, que impresionan por su novedad. Y son curiosos los seudónimos que adoptan. El de Boston, "Arator", "Paciencia", "Alicia Viperina", "Antonio Retardado", "El Atareado" (con el que publica escritos costumbristas en ‘El Mercurio’, género al que ambos fueron afectos, por amor a la gracia de lo popular y las sencillas tradiciones de las familias comunes); el sanjuanino, "Pinganlla", "Un pipiolo viejo", "Zamora de Adalid", "García Román", "Ánima del Diente Largo"... Para F. el periodista representa un tipo excepcional, que "debiera reunir un amplio conocimiento de idiomas, gran facilidad y dominio para escribir y referir las cosas, con claridad y de manera comprensible y en pocas palabras; debe estar capacitado para hablar de la guerra tanto por mar como por tierra; tener amplios conocimientos de la geografía, la historia contemporánea...". Así para S. el impresor, el cajista, también, es una "carrera que ofrece al talento grandes estímulos". Difunde asiduamente su apología de la prensa y la imprenta, la publicación e incitación del pensamiento, el avance en la legislación y normativa en América, en "El Zonda", "El Progreso", "La Crónica" hasta "El Censor"... Vibran ambos en un estilo coloquial, siendo ostensible la capacidad comunicativa de su prosa. F. empieza a escribir a los 16 años, con el seudónimo de "Silencio Benefactora"; el primer artículo sarmientino, publicado en "El Mercurio" de Chile, en 1841, sobre la Batalla de Chacabuco, exitoso y valorativo, en su justa grandeza, del talento militar del Gral. San Martín. Toda la obra de S. está concebida en función de periodista. Misión que desempeñó absorbentemente, con pasión y amor a la verdad y a la justicia. Cada trabajo suyo, dice Palcos, es un suceso, pues para él, "Escribir" adquiere la suprema entidad de "Hacer". En 1850 escribe: "Las publicaciones periódicas son como la respiración diaria: ni libertad, ni progreso, ni cultura se concibe sin este vehículo que liga a las sociedades unas con otras y nos hace sentirnos a cada hora miembros de la especie humana por la influencia y repercusión de los acontecimientos de unos pueblos sobre otros". En "La Crónica", 4-2-1849 (Obras, tomo 10) recuerda a Beranger, Franklin y Rivadeneira como ejemplos dignos de impresores famosos. La imprenta significa un arte que requiere mucha instrucción y capacidad: el cajista en Francia es hoy el obrero más culto ("es una carrera que ofrece al talento grandes estíimulos"), una profesión de utilidad a los jóvenes modestos que quieran continuar su educación. Ante la negativa de muchos por aprender este oficio, aconseja que "por amor del país trabajen por vencer las preocupaciones coloniales que mantienen sumidos en la ociosidad y en la ignorancia, a jóvenes capaces de vivir un trabajo noble y honroso". El fomento de la industria editorial, su protección y legislación, también le preocupan mucho ("El Progreso", 16, 19 y 20-11-1844: "Legislación sobre imprenta como industria"). En 1732 y durante 25 años, F. publicará un "Almanaque" instructivo, en especial para aquellos que nunca tomaban un libro. Tuvo un marcado éxito editorial: "lo consideré un vehículo apropiado para hacer llegar la instrucción a la gente común que no compraba casi ningún otro libro". Publicaba allí frases y proverbios útiles, traducido al francés, luego fue vendido por todo el Continente. En "El Camino de la Fortuna", se autotitularía, "un eminente autor de almanaques". A tales efectos, claramente didácticos, emplearía su periódico con fines de divulgación de conocimientos prácticos o de preceptos morales de inmediata aplicación. "La Prensa no son tipos de imprenta; es una virtud que se exhala". De ambos podemos decir que "la imprenta fue el tierno idilio de toda su vida" (José S. Gollán). Mallea aseveró que los defectos y virtudes sarmientinos corresponden a los del Periodista en general ("Aseveración sobre S.", 1938) No podemos ni debemos hablar separadamente de un S,. maestro, periodisto, político, escritor. Pues en la prensa es ante él mismo, estampa en la imprenta volandera todo su ser. Es "La Galaxia Sarmiento". Y es educador, sociólogo, artista y gobernante simultáneamente, maravillosamente (Mallea: "S. fue el hombre más indivisible del mundo"). Fundador de periódicos, fue periodista hasta sus últimos años, pues todo le interesaba y le urgía que los demás conocieran, y tomaran posición, sobre lo que él constantemente aprendía u opinaba. Su lema: "la verdad pura y limpia; y aunque esta verdad es un poco embarazosa y difícil de decirse, nosotros nos hemos resignado a confesarla sin rodeos". Por la prensa, el pueblo, antes ignorante y privado de medios de cultura, "empieza a interesarse en los conocimientos y gustar de la lectura que los instruye y divierte, elevando a todos al goce de las ventajas sociales, y despertando talento, genios e industrias que sin él hubieran permanecido en la oscuridad". Periodismo y Democracia. Periodismo y educación masiva, Periodismo y libertad de pensamiento. F. debuta como tal en el "Diario de Nueva Inglaterra". S. se refiere a esta auspiciosa iniciación del norteamericano en un escrito de 1841 (Obras, t. I): "el ilustre F., que se diseñaba apenas y se ignoraba aún a sí mismo, tomó parte furtiva o públicamente en su redacción. Este es el primer periódico que en las colonias inglesas se atrajese la animadversión de la autoridad real, por el espíritu de libertad que respiraban sus publicaciones, primera manifestación de la tendencia revolucionaria que empezaba a tomar la sociedad, y que robusteciéndose de día en día, terminó en la emancipación de aquellas colonias". Se refiere aquí S. a la fuerza de la prensa para mover las voluntades y para reformar las costumbres o fertilizar las mentes: tarea eminentemente civilizadora. Y enseña que la Declaración de la Independencia norteamericana (4 de Julio de 1776) fue no sólo una revolución externa con la actividad militar específica, sino una revolución interna, a la que ayudaron las prédicas y accionar de F. entre otros, con los universales principios de Igualdad, Fraternidad y Libertad, Thomas Paine, T. Jefferson, Washington...". (G. Lisitzky, "T. Jefferson", Claridad, 1953). Utiliza el recurso, frecuente en su literatura, de sacralizar la figura de sus héroes. En "Las escuelas, base de la prosperidad de la República en los Estados Unidos" (1866) llama al joven inventor: "era ya el Juan, precursor del pueblo": "...no era hijo, de la Nueva Cambridge; con sólo las iluminaciones de la ciencia latente en el universo inconmensurablemente inteligente, como lo experimentaba poco después Humphrey Davy..." (ob. cit., ed. Luz del Día, 1952, p. 44). "Por el diarismo el genio tiene por patria el mundo, y por testigos la humanidad civilizada". Para mejorarnos, para regenerarnos, para purificarnos de nuestros hábitos coloniales, sostenía en "El Mercurio" de Valparaíso, debemos dirigir todos nuestros esfuerzos a la difusión de las Luces y de los medios de obtenerla. En este terreno fundamental de la democratización de la Cultura, F. fundando un periódico, estableciendo una Sociedad de Lectura, hizo tanto por la Independencia de América "como un ejército o una victoria de los patriotas" (S.: "La publicación de libros en Chile", 10-6-1841). La prensa, para ambos ha sido el hacha que destruyó el Despotismo, y cambio de luchas y cátedra inigualable, son los Maestros de la prensa americana (Boston, ciudad de 80.000 habitantes en 1834, tiene 43 periódicos en circulación; Chile, con 1.000.000 de habitantes, sólo 1). IX. Representatividad: La Patria Yanqui como hemos visto, es la escuela de S., en la que aprende los beneficios de la Democracia, del Gobierno Representativo, de la Educación extendida a la mayoría, de la Igualdad, de la Dignidad del Ser Humano: "La Nueva Inglaterra fue la Patria de mi Pensamiento". "El único pueblo del mundo que lee en masa, que usa de la escritura para todas sus necesidades, donde dos mil periódicos satisfacen la curiosidad pública, son los Estados Unidos, y donde la educación como el bienestar están por todas partes difundidos y al alcance de los que quieran obtenerlo". "Allí, todo hombre, por cuanto es hombre, está habilitado para tener juicio y voluntad en los negocios políticos y y lo tiene, en efecto" ("Viajes", Obras , tomo 5). A esta luminosa patria intelectual, la llama "el otro sol": "Ahora y desde estos últimos años –le escribe a J. V. Lastarria en 1852-, me he vuelto a otro sol que no se eclipsa, que ninguna nube oculta: Los Estados Unidos. Como teoría, como hecho práctico, por todos aspectos, la democracia allí la encuentro fuerte, consistente consigo misma y dominante aún como hecho. Pero cómo hacer entrar en nuestro modo de ser aquel sistema de gobierno, cuyo mérito consiste en ser fruto y realización de las simples nociones del buen sentido?". Apología yanqui y confesión de la problemática de su aplicación en esta tierra, según la transcribe M. L. Del Pino de Carbone en su compilación de dicha Correspondencia, (1954, p. 37-38).- "Un pueblo compuesto de todos los pueblos del mundo, libre como la conciencia, como el aire, sin tutores, sin ejército, y sin bastillas, es la resultante de todos los antecedentes humanos, europeos y cristianos. Como Nación, los Estados Unidos son el último resultado de la lógica humana". Lo que S. observó y estudió agudamente en el País del Norte, en sus dos viajes de 1847 y 1866, era lo que deseaba para su amada nación: Escuelas, Constitución, Bienestar Económico, Prensa Libre. La primera vez sólo permaneció 3 meses, que equivalieron a 3 años, por su prodigiosa actividad y la multitud de enseñanzas recogidas y asimiladas. Las figuras consulares de Lincoln, Mann y Franklin fueron sus "Santos Patronos". A ellos les rindió el culto de toda una vida empeñada en honrarlos, y poner en práctica lo que de ellos había aprendido, con devoción y ardor proféticos. (E. Carilla: "El Embajador S.", Univ. Litoral, 1963). En su "Conflictos..." evoca a éste a la altura de Morse y de Edison, por su constante fe en la democracia, por el aumento de invenciones útiles para la Humanidad (Obras, t. 37). La percepción social y política, la visión deductiva agudísima, son dote peculiar del genio sarmientino. P. ej. cuando observa y caracteriza el "tipo norteamericano": "es un paisanote robusto, de índole bonachona y ojos maliciosos, con calzones listados de colorados, pero sí, bien anchos, demasiado cortos, como los niños grandulones y pobres que crecen demasiado a prisa". Detallismo descriptivo, excepcional capacidad de establecimiento de rasgos particularesy generales, capacidad de pensamiento abstracto y su normatización. "Esos son los Estados Unidos, sin embargo: un mocetón con la sonrisa en los labios y los puños fornidos y endurecidos al trabajo; que siempre le quedan cortas las piernas de los calzones y las mangas de la chapona" ("El Nacional", 1886, artículo "La Plata"; en tomo t. 2 Obras Compl, Luz del Día, p. 219). Escribe don Domingo , al llegar a Boston, en carta a "El Zonda" (9-10-1865): "Heme aquí en Boston, la ciudad ‘pioneer’ del mundo venidero, la Sión de los antiguos Puritanos, la patria de F., la ciudadela de la Libertad, la Academia del Pensamiento... En Boston está el centro del poder fabril de la Nueva Inglaterra, el cerebro de los Est. Unidos, la cátedra de las ciencias, y el cenáculo desde donde parten los apóstoles de la democracia, a llevar a los Estados del Oeste, la práctica, el espíritu de las instituciones libres. Sus maestros y maestras de escuelas, sus rectores y profesores de colegios y universidades, sus labradores y fabricantes han recibido la inspiración divina" ("Ambas Américas", Obras, tomo 29). Admiraba el adelanto fabril y cultural, las costumbres y la decencia en el vestir. Como Diplomático fue el más original de los americanos, prescindiendo de ceremonias y obligaciones sociales, informándose y moviéndose de un lugar a otro, trabando relaciones útiles, recogiendo datos para su país, visitando instituciones, manteniendo una copiosa correspondencia, Ni siquiera residía en Washington, sino en la zona laboral de Boston, cultivando la hermosa amistad de los Mann en West Newton. Allí está en contacto más directo con la vida cultural y comercial, bullente y moderna, como nunca antes había visto, luego de su desilusión de Europa. En Boston, la ciudad natal de su Dios, Benjamin, admira también la Arquitectura. Escribe que nuestra construcción de casas se encuentra estancada en la época clásica de Arabia, en comparación con el estilo de las del país yanqui. Evoca el monumento a F. en 1865, frente al edificio de la City Hall, el Cabildo o Ayuntamiento y nos lo describe; también lo hace en "Las escuelas, base de la prosperidad y la República en los Est. Un." (Obras, tomo 30). "Al frente del edificio, sobre un basamento de piedra con bajorrelieves de bronce, reconozco desde lejos a mi santo patrono, a F., con la cabeza inclinada, como si sintiera caer sobre su calva frente la lluvia menuda, con su saco forrado en pieles, precaviéndose contra el invierno que ya se diseña". "Los cuatro bajorrelieves cuentan en cuatro páginas de bronce la historia de F., nacido en Boston, dice la leyenda, muerto en Filadelfia. Está en mangas de camisa, joven cajista, corrigiendo las pruebas sobre las prensas del periódico que redactaba e imprimía a la vez. A la derecha del espectador, está firmando el acta de la Independencia de los Est Unidos. Al respaldo de la estatua está el famoso verso: ‘Eripuit coelo fulmen, cetrumque tyrannis’. "F. está representado en el acto de arrancar la chispa eléctrica, poniendo en contacto una llave con el hilo de la pandorga que toca a una nueva. A la izquierda firma en Europa, como embajador, el tratado de reconocimiento de la Independencia de los Est. Un. ¡Vaya una historia de un pobre impresor!". "La Nueva Inglaterra, la cuna de la República moderna, ¡La escuela de la América entera!". F. y y Lincoln, habían nacido en uno de los pueblos más afortunados del mundo. ("Del pensamiento institucional de S." O. Maurín Navarro, en "Vigencia de S.", Com. Perm. de Hom. a S., 1988, p. 193-216). En 1850 en "Recuerdos de Provincia" celebra alborozado la ‘humildad altiva’ de F., "que había ostentado en la corte más fastuosa de Europa, paseando sus zapatos herrados sobre el terciopelo de los tapices reales, llevando su vestido de paño burdo con mayor desenvoltura que los nobles sus cuajados de bordados" (Obras, tomo 3). F. es el Creador de los Est. Unidos. Significa el ‘anche-io’, el ‘go a head’ del yanqui, "ha creado todas las maravillas de la invención y de la audacia yanqui". Es el país del Trabajo, del esfuerzo honroso, donde al extranjero no se pregunta "quién es", sino "qué sabe hacer". Es la consagración de la Política fundada en principios metafísicos, tal como la concibieron e inspiraron los admirados "The Founding Fathers". Tal como la postula F. en su "Información a las personas que quieren trasladarse a Norteamérica": "la laboriosidad y la ocupación constante son de gran importancia para conservar la moral y la virtud de una Nación". Las tierras sin cultivar aún, esperan a los artesanos y labradores virtuosos de todo el mundo. A ello agrégase "la bondad del aire, la salubridad del clima, la abundancia de alimentos sanos", la libertad de credo religioso y de ocupaciones (F.: "Aviso a los que piensan ir a establecerse en América"; (en "El libro del hombre de Bien", Espasa-Calpe, colecc. Austral, 3° ed., 1949). En el Discurso de Inauguración en San Juan de la Escuela S., enviado su texto por el sanjuanino desde Lima en abril de 1865, exclama que F., Washington y Lincoln, sus ídolos, han salido de las escuelas norteamericanas. El primero, "que arrebató al cielo los rayos. Que destrozó toda cadena que ligara colonias a la madre patria. La República fuerte, inteligente, porque es una igual asociación de hombres que se gobiernan a sí mismos, la abolición de la esclavitud con Lincoln, el Spartacus feliz". Trilogía impecable, siempre F., el primero en su afecto y en sus adherencias intelectuales ("Discursos Populares"). Lincoln, leñador, Johnson sastre, habían llegado a ser Presidentes, él, D. F. S, también lo sería. Lincoln era para él "el labrador honrado que estudia las leyes de su país y, conociendo los signos de los tiempos, se propone encabezar al pueblo y lo consigue..., pero sobre todo es una escuela de buen gobierno republicano" ("Vida de Lincoln"); su biografía, como la de F. es de alta enseñanza para las naciones. "un pueblo armado de cien mil instrumentos de labor, ejemplo de gobierno y parlamentarismo" ("Conflictos..."). Estos héroes de la Civilización tipificaban las virtudes "romanas" de Da. Paula: la veracidad, el poder de las manos, y la firmeza en el obrar. Son caracteres grandes en su misma sencillez, sublimes por su buen sentido y laboriosidad. Fueron Próceres de la Humanidad, no sólo de sus respectivos países, habiendo surgido, he ahí la gloria y el heroísmo republicano de F. y S. "del pueblo llano, enérgico, instruido y capaz de elevarse con el trabajo, con la paciencia, con el talento, con el patriotismo como móviles" ("Introducción" a la "Vida de Lincoln", 1865). F. encarna el "Hombre Representativo" de Norteamérica, en cuanto a "abrirse paso cada uno, cualquiera que sea el punto de partida, aprendiendo mientras vive, no desesperando nunca, y ’making money’, como él aconsejaba" (Obras, t. 30). Definió a tales Hombres como en quienes vienen a resumirse las aspiraciones de un pueblo en una época determinada, imponiendo a veces a la humanidad entera su sello especial ("Páginas literarias", tomo 46 de sus Obras). F., "his boyhood hero" según A. Houston Luiggi, fue "el ensayo de la moral, de la industria y de la propia educación, para llegar a la gloria y a la ciencia". Lo repetírá siempre, fervorosamente ya anciano, en su "Conflictos...". Dirá entonces que los Héroes de la Nueva Inglaterra no tienen rival en toda la historia universal: "F. con su gloria civil, su enseñanza democrática, sus escritos y descubrimientos, figuró como el único grande hombre de la época en la Corte fastuosa de Luis XV, en cuyos salones dorados hacía resonar los clavos de sus zapatos de labriego, llevados con estudiada aunque muy bien entendida simplicidad" (Obras, t. 37). Según Rodó, el genio norteamericano era la fuerza en movimiento, la capacidad y el entusiasmo, ‘la vocación dichosa de la acción’. El sanjuanino endiosó positivamente esas cualidades, que trató de incubar en su propia persona y nación. "Self made men", los hombres artífices de sí mismos, que no acatan otra orden que la de su propia personalidad, que todo lo deben a su educación proyectados esforzadamente hacia la Sociedad, a la cual quien mejorar, regenerar; "Los self-made-men’, norteamericanos, los hijos de sus obras, descienden de F. en línea recta, Lincoln, Johnson, son los presidentes de su hechura". Como F. es el tipo nacional por excelencia, podemos aseverar, fundadamente, que S. es el prototipo del hombre argentino. En virtudes y defectos, ejemplo de Libertad, Republicanismo, Iniciativa y esfuerzo personal, entereza ante la Calumnia. Ambos surgen a la vida pública casi repentinamente, proclamando nuevos principios, "sublevando antipatías", "predicando el bien constantemente", "impulsando a la juventud, empujando bruscamente a la sociedad, irritando susceptibilidades nacionales", cayendo como tigres en la polémica (S.: Introd. a ‘Mi Defensa&rsquo Y a cada momento conmoviendo la sociedad entera", con una voluntad férrea se abrieron camino, usando un lenguaje franco, hasta ser descortés y sin miramientos, "diciendo verdades amargas sin otro título que el creerlas útiles". (V. Massuh, "El cambio histórico y el ocaso de las Ideas", Fund. Banco de Boston, 1993; Ernesto Romano: "Franklincito", en rev. "Pensamiento de los Confines").. Se han abierto su futuro, identificado con el de sus naciones, a fuerza de estudios, intensos y extensos, de valor moral, de constancia y de toda clase de sufrimientos. "Es mi vida entera un largo combate que ha destruido mi físico sin debilitar mi alma, acerando y fortaleciendo mi carácter" reconocía S. en su vejez. Escribe en 1886 que la pionera novela inglesa, de 1731, "Robinson Crusoe" de Daniel Defoe (ca. 1660-1731), ha dado la fisonomía a la raza, creando el tipo de F., vivo símbolo del "noble ejercicio de la inteligencia como instrumento de trabajo". Clara semilla del Pragmatismo deweyano ("Discursos Populares", II). Es uno de los Bienhechores de la Especie y uno de los más grandes Filósofos y Sabios Modernos. En lo ético, "inventa en el Buen Hombre Ricardo, un Robinson que guíe al pueblo". (H. B. Van Wesep: "Siete sabios y una filosofía. Itinerario del Pragmatismo (Franklin.Emerson-James-Dewey-Santayana-Peirce-Whitehead)", edit. Hobbs-Sudamericana, 1965; A. Ponce: "De Franklin, burgués de ayer, a Kreuger, burgués de hoy", Conferencia, 1932). En su estudio "Robinson es una Nación". S. evoca a su patrono como el Reformador moral ( (leído el 1-1-1886). El introductor de las virtudes nuevas de la Jovialidad, el aseo y la educación masiva y continua. La primer sería una virtud de su carácter, "lleno de gracia y de mansedumbre". "La riqueza es para F. la recompensa de los hábitos de economía y el fruto del trabajo honrado". El experimento del poder del Pararayos fue un acto simbólico en la historia universal, significando el final del reinado de la Superstición, son los conceptos sarmientinos, y la plena vigencia del genio de la Luz y la Razón, factores del Progreso Universal. En 1883, en un discurso en la Biblioteca de la Sociedad Rivadavia, habia evocado S. a su Patrono yanqui. Éste ha elevado el Buen sentido en institución y título de nobleza en Est. Unidos. El típico representante de la raza puritana y cuáquera, con su fisonomía plácida y sencilla, "con cierta malicia bonachona y taimada". Los yanquis, observa, hasta 1846, tenían la fisonomía frankliniana, "el tipo de la beldad moral.. con sus puntas de ironía y de pillería graciosa y astuta". Toda la ciencia norteamericana decimonónica sería la continuación brillante, desde Edison a Morse, del "espíritu experimental y candoroso de F.".("F. El Ap{ostol de los tiempos modernos" Bernard Fay, Juventud Argentina, 1952) En su conferencia sobre Darwin, S. llamó a Morse y Edison "los ejecutores testamentarios de F.". En esa lectura científica que pronunciara exitosamente en el Teatro Nacional en 1881, finalizó tributando un gran homenaje a todos aquellos grandes que "han levantado en esta América una punta del velo de la misteriosa Isis de la verdad científica". "¡Honor a nuestro compatriota B. F.!" ("Discursos", II). IX: La ortografía. Lengua y educación: F., al igual que nuestro pedagogo-político, se había preocupado respecto de la enseñanza de la Ortografía y la Fonética. Explicaba que una buena enseñanza de la misma podía facilitar la alfabetización de la gran mayoría de los ciudadanos. Por ello promueve la eliminación de la C, J, W, X y la Y. (F.: "Proyecto para un alfabeto nuevo" y "Estilo reformado de ortografía"). Cada letra debe corresponder a un sonido. Y escribe, divulgando sus ideas, un "Proyecto para un alfabeto nuevo" y un "Estilo reformado de Ortografía". Ambos desearon aplicar a la ortografía de sus respectivos idiomas, la filosofía racionalista del siglo 18. En su "Educación Popular" (1849) se había ocupado extensamente, y con gusto y pasión, de la procedencia de sílabas y vocales, de su clasificación, de la etimología y fonología. Recomienda a los gobiernos la inclusión de nuevos sistemas de lecto-escritura. Todos los aspectos de la enseñanza, le son familiares, desde los más teóricos hasta los más elementales: las rentas escolares, los edificios, el uso del pizarrón y la tiza, la enseñanza del Dibujo y la Cosmografía, la educación física, musical, armónica de los educandos: "por la gimnástica... se aumenta el poder, la salud y la facultad de obrar del individuo, por la educación intelectual, adquiere las exterioridades que más ennoblecen al ser humano. Algunos nacen con las primeras, otros adivinan las segundas; pero sólo la educación puede generalizar estas aptitudes". Y encarece la importancia de la difusión de la lectura pública, a semejanza de otros países de Europa, como Inglaterra (Dickens) y el mismo Est. Unidos. Desde "El Nacional" (13-5-1881) decía: "nos dirigimos a los padres de familia para indicarles que deben preocuparse de la educ. física y el desenvolvimiento de las fuerzas corporales de sus hijos, si no quieren ver que les suceda una generación raquítica". "Faltan escuelas porque hay una causa mórbida que persiste aún después de radicada la República y proclamada la igualdad. Interróguese cada uno y pregúntese si quiere con pasión poner los medios de llenar este vacío, y si guarda silencio, la Historia está ahí para decirle, que no se han construido escuelas, sino por impulsión accidental y personal, porque nadie siente la necesidad. Filadelfia tiene cuatrocientos sesenta edificios de escuelas, Buenos Aires tenía dos...!". (Obras, tomo "Educar al Soberano"). Porque para S. la base la prosperidad de la nación frankliniana eran las Escuelas. "Bases de la prosperidad y la república en los Estados Unidos", fue publicada en N. York, primera ed. en 1866, una segunda en 1869 y una tercera al año siguiente. Libro desatendido de su época, por ser "sólo semilla para otra generación", según declara en carta a Bartolomé Mitre. Había sido autor de un "Método gradual de lectura" que explicó en su "Vida de Dominguito". Había gozado grandemente en el país norteamericano, cuando se dirigió a la amplia audiencia que lo a
, siembra de escuelas y bibliotecas el país.
. Como en el poema "Las Hachas" de Rojas, Domingo abre nuevos territorios, inaugura Nuevos Mundos.. La luz de la Razón y de la Voluntad constructora se abre cauce a través de su pluma briosa y sus actos políticos. Estructura el "logos", la "norma", los códigos del "modelo frankliniano" que necesita "imponer" en estas tierras". Ya lo sostiene nuestro Descartes sanjuanino en 1843: "Las grandes reformas, las que están fundadas en principios inmutables y reconocidos por todos, se efectúan cerrando los ojos y poniendo mano a la obra" (Obra Compl. tomo 4, discurso del 17-10-1843). El discurso sarmientino brilla en su simpleza y racionalidad, "ensueños y y planes legalistas" con la finalidad titánica de normativizar el gigantesco despotismo y anarquía inherentes a la naturaleza hispanoamericanaarticulado con un alto poder persuasivo, según lo consagra la tradición política norteamericana, y de acuerdo a como lo observa precisamente Alan Bloom en su "The Closing of the American Mind" de 1987 ("La decadencia de la Cultura", 1989, p. 55). En ello ha consistido la memorable utopí sarmientiesca, raigalmente Iluminista.

