jueves, 31 de julio de 2008

Fray Martín y Don Domingo. LUTERO en SARMIENTO. por Guillermo R. Gagliardi.

                         Fray Martín y Don Domingo. LUTERO EN SARMIENTO.-

 

 

 

                                                                        Por Guillermo R. Gagliardi.-

 

 

 

  1. INTRODUCCIÓN.

 

DOMINGO FAUSTINO SARMIENTO (1811-1888) y MARTÍN LUTERO     

adquieren en la perspectiva de la Historia la categoría de Héroes Carlyleanos. Encarnan los corazones más fuertes, la Acción Moral más decisiva, las Inteligencias más claras y firmes y apasionadas, la expresión más vital, y hasta brutal, de la convicción por el progreso humano.

 

Símbolos de positiva fe en los valores cristianos, y de voluntad de acero, por acrecentarlos: el Evangelio secular que conciben y siembran a manos llenos (en Thomas Carlyle, 1795-1881, fervoroso pensador e historiador escocés,  “On Heroes, Hero warship and the heroic in history”, 1840, 4ª conferencia: “Lutero y Knox&rdquoGuiño.

 

La doctrina intelectual y ètica del Héroe es dintinguidamente romántica y platònica. El individuo altivo y superior, el que se impone y configura su destino trascendental,  dinámicamente, y el de su época. El Inspirado e Inspirador Mesiánico . Al modo de Plutarco, Legisladores del pensamiento,   genios positivos de dimensión homérica.

 

S. también bebió en el ecléctico filósofo y educador  V. Cousin (1792-1867)) esta teoría del Grande Hombre (“Introd.. a la Hist. de la Filosofía”, también en el político F. P. G. Guizot, 1787-1874,  en su “Hist. de la Civiliz. de Francia&rdquoGuiño. La concepción del Hombre Representativo y su función histórica, en base a las ideas de G. W.  F. Hegel (1770-1831), sobre los “Welt historische individuen”. 

 

Calidad de hombres símbolos han caracterizado la figura y acción de Juan Manuel de Rosas, de Facundo Quiroga, y también de S. y de L., por la gran fuerza de la inteligencia.

Observa Raùl Orgaz, en su “S. y el naturalismo histórico” (1940) que nuestro maestro “con penetración admirable percibió que el hombre representativo lo es para el bien o para el mal; que Lutero, Napoleón y Rosas son hombres excepcionales y magnitudes històricas”.

Relevantes por su energía personal, por su irradiación de la misma y por la convergencia en su esfera de las espiritualidades y necesidades nacionales e internacionales. (ob. cit., Assandri, Córdoba, cap. III, y en su “Sociología argentina&rdquoGuiño.

 

José Ingenieros (1877-1925) sentencia en su “El hombre mediocre” (1913) que  estos “Hombres-Asta”, encarnan el ideal candente del cambio que su tiempo exige. Afirma consecuente: “Las grandes trasmutaciones históricas nacen como videncias líricas de los genios artísticos, se transfunden en la doctrina de los pensadores y se realizan por el esfuerzo de los estadistas”. Esa prosa beligerante de S. y L. es zarpa que fulgura, que alerta, que conmueve y derrumba, esculpe nuevos modelos. Estos hombres proverbiales, evidentemente, poseen  la fuerza de un numeroso ejército, como granito moviente. Cumplieron el ardido destino de oficiar  siempre de agresores y siempre agredidos.

Energías divergentes, obeliscos modeladores, apasionados de una Nueva Razón, de Libertad de Conciencia, de Dignidad Ciudadana. Se destacan guiados por  los  “grandes y claros principios”, de  tan cuantiosa acción e inspiración, pues, como el mismo sanjuanino destaca, “avanzaban peleando duro y recio” (Obras compl. , t. 22: “Discursos Populares&rdquoGuiño.

 

Manifiestamente Redentoristas. Hombres de “alta previsión y de alta comprensión”. Y que ejecutan su utopía superior siguiendo “ásperas sendas trabajadas por el enmascarado bosque de resistencias” (v. “La civilización como utopía en la mira sarmientina” de M. E. Silberman de Cywiner, en su “De textos y autores argentinos”, Univ. Nac. de Tucumán, 1993, p. 51-62).

 

El autor de “Los Héroes” expresó el símil de la montaña, análogo al de L. Lugones en su “Historia de S.” de 1911: “Grande, no como un obelisco tallado, sino como una montaña alpina, tan sencillo, franco, espontáneo”. “La naturaleza hizo en grande a S. Dióle la unidad de la montaña…, una aglomeración pintorescamente compuesta de piedra, abismo, bosque y agua”. “Nadie lo recuerda ya sino bajo aquel aspecto de peñasco rugoso…”. Estos Grandes fueron los Conductores, los verdaderos modeladores y modelos.

 

 La frase inmensa: “He visto y desfiado a innumerables Diablos” del torrentoso y temerario alemán  en  su grandeza épica: “He pasado por terribles pruebas, como pocos hombres habrán experimentado”, el argentino,  (carta a su hija, 1867; en “S. a través de un epistolario” de J. Ottolenghi, 1939, p. 72).

 

La escritura sarmientesca contiene en su proteica manifestación, el expresionismo  terrible  y disperso junto con el màs intenso impresionismo, extremadamente sensible. Una energía sòlida y fulminante.  Un verbo fiscalizador y en suprema tensión. Junto con el perfil luterano, expresionista en su brega  pastoral y un maestro en la totalidad de su genio. La èpica sarmientesca consiste en su ambición “hefèstica”, de trabajador y Hacedor de nuestra Modernidad. Y sobresale en la Igneidad  de su  Ser. Su intento luterano posee esa nota volcánica y febril, brava fuerza eruptiva arquetípica en ellos,  “ese gran poder explosivo e indignaciòn (según escribe M. A. Speroni, en su “Erasmo”, Hachette, 19788, p. 95). Lo solìa confesar el germano: “si quiero escribir o predicar bien  debo  estar indignado”.(tambièn ver: E. Ventura: “Sobre hechos e ideas políticas”, Ciudad Argentina, 1997, cap. III. “El mundo moderno. 2. M. L.”, p. 149-153; A. Weber, “Hist. de  la cultura”, 2ª ed., 1965, “L. y la esencia de la Reforma”, p. 252-255).

 

En su “Goethe y Tolstoi” Thomas Mann (1875-1955)   confiere  relieve a este sentimiento luterano de la necesidad de la ira y “un sentido para el poder”, su afàn de brega y pelea, semejante en ambos, por su titanismo de Voluntad. (en su “Nobleza de Espíritu”,Obras compl.., ed. Plaza y Janés.).

 

“Tengo la fue que no me abandonó nunca, de que con trabajo, con decisión, se puede llegar al fin a levantar a ese país y elevarlo...” manifiesta sinceramente S. en 1867 en carta a su hija Ana Faustina (J. Ottolenghi, ob. cit., p. 73).    Militantes del “Eterno Sí”, al que se refiere el profesor Diógenes Teufelsdröckh en el “Sartor Resartus” (1835) del moralista británico..

 

En ellos es permanente “la conciencia de la batalla y la  decisión de perseverar en ella” (ed. de E. L. Revol, Corregidor, 1978, Libro 2do., cap. IX: “Pues el mandamiento formulado por Dios: Esfuérzate por hacer el Bien, yace escrito misteriosamente en prometeicos caracteres proféticos, en nuestros corazones; y no nos da reposo...” (íd., p. 221). “¡Arriba, arriba!. Sea lo que sea aquello que tu mano encuentra por hacer, hazlo con todas sus fuerzas” . Es el pensamiento carlyleano que halla su correspondencia exacta  en el obrar sarmientino y luterano. 

 

a médula de los mensajes de ambos es religiosa, la de imponer una Fe. Todas sus fundaciones, iniciativas, proyecciones, discursos, etc., son concreciones de su formidable misión de Evangelización, del Catecismo, de la difusión de la lectura masiva, de las costumbres de libertad, laboriosidad y dignidad ciudadanas. Siempre con un sentido apostólico, de urgencia práctica, de aplicación a las mayorías.

Su hacer es hondamente personal, adquiere entidad de Obrar, de acción moral. (L. Chestov: “Sola FIDE. Con la sola Fe. L. y la Iglesia”, PUF., 1960; J. M. Chavarría, “Densidad espiritual de S.”, 1960).

 

Porque ellos potenciaron su “momento real” ejerciendo formidablemente su poder heroico de Transformación fertilizante, su  inconmensurable “fuerza de visión y de corazón”: “Sí, aquí, en este pobre, miserable, trabajo, despreciable momento real donde ahora mismo estás parado, aquí o en ninguna parte está tu ideal; elabóralo sobre tal base, pues; y elaborándolo, cree, vive;” (ib., p. 232).

 

2.      “PATER GERMANIAE” .

 

En su escrito “Puritanism and drunkness”, pleno de noble pensamiento en el que habla el artista y el médico-sociólogo, Don Domingo bosqueja un penetrante parangón entre el Cristianismo y el Protestantismo.

Alaba el primero por su canonización de la Alegría, por su loa a la Belleza terrena. Lo contrapone con el inhumano desprecio por lo mundano, por la gris tristeza de sus costumbres y los vicios que genera, como la embriaguez.

Y deduce las características raciales diferenciadoras  y sus  consecuencias sociales. En su paralelo se inclina a un valor positivo del Cristianismo, como artista, por la apología estética, y como  pensador, por la educación ética y la axiología vital.

 

Concuerda con el sentido de su “Discurso a las alumnas de la Escuela Normal de Montevideo”, que pronunciara en su vejez.  Esgrime un fundamento teológico. El  Dios Puritano es traducción del Dios Hebreo, Yahvé-Jehová, sublime, adusto y vengador. En los países católicos “Dios es amigo”, y el día Domingo se vive en  descanso y solaz, afectuosidad y libertad.

Mientras que en los países protestantes, el puritanismo condena el placer, “mata el espíritu”, edifica  un mundo infernal, de dolor y castigo. Lamenta el gran contraste del “pueblo extraordinario que ha conquistado todas las libertades humanas”, pero que “el domingo es esclavo” y “el pueblo trabajador”, “lo obligan a reunirse a llorar y salmodiar plegarias, tristes, sin ecos”. A todo ello atribuye el origen de la embriaguez como enfermedad nacional en el pueblo yanqui.

 

En carta al político y orador  Aristóbulo del Valle, del 6-9-1883 (Apéndice en su “Conflictos y armonías de las razas en América”, Obra Completa, t. 37). atribuye a Lutero la inspiración principal en la mente de los colonizadores norteamericanos. La magna empresa “se hace bajo la excitación cerebral más aguda porque haya pasado jamás la especie humana”. Esa intelectualidad enérgica la encarnan en ese momento histórico “Moisés y los profetas antiguos, Calvino, Lutero, Sing., con su –Reforma y discursiones teológicas-, renueven aquellas cabezas”.

 

Comenta con estas afirmaciones el libro “The development of constitutional liberty in the english colonies of America” (1882) de Eben Greenough Scott, al que confiere gran importancia y lee con sumo provecho. También en carta a Mr. J. M. Noa, en Boston, 1-9-1884 y en su artículo de la “Revista Científica y Literaria”, “Coincidencia de dos autores”, donde señala la similitud de sus ideas con las de esa obra.

 

El genio de L. se vincula asimismo con el sarmientino, a través del sistema escolar norteamericano, admirado y estudiado por éste. “Norte América –afirma S. en “El Progreso”, Chile, 1845- es hija del jury, del espíritu comunal, del ‘habeas corpus’ y del protestantismo, germen fecundo de libertad” (O. compl., t. 23).  Esa organización educacional tiene su base precisamente en la concepción protestante, ideada por L. y por  Philip Melanchton (1497-1560), el organizador de la instrucción pública en Alemania, así como Nicolás Avellaneda como Ministro  de S. Presidente,  fue el ejecutor de sus  ideas pedagógicas (1868-1874); (leàse J. C. Neyra, “Revisión histórica y herejía religiosa” (Temática, 1988, donde analiza la influencia protestante en la historia argentina e hispanoamericana; y D. P. Monti, “Presencia el protestantismo en el Río de la Plata durante el siglo XIX”, 1969; “M . Lutero y F. Melanchton” H. Hammer, Luz y Vera, 1940).

 

Hostos educador de fibra sarmientina, humanista portorriqueño (1839-1903),  en su  escrito de 1874 sobre S., cuando arriba a Buenos Aires en los finales de la memorable y tempestuosa Presidencia, destaca esa admiración, nunca ciega ni crítica por la sociedad democrática yanqui, “el fruto más exquisito del libre examen”, de “la razón comùn”, de “la fe de los individuos en sí mismos”, de la “omnipresente y omnipotente libertad”.

 

En su “La escuela sin la religión de mi mujer” (1883) S. se refiere a la naturaleza docente de la Iglesia, en todas sus sectas. Y memora ahí al Padre  Orígenes, natural de Alejandría (185-254) y a Lutero, “maestro cristiano y heresiarca”. Consagra su lema el bíblico “Sinite Párvulos Ad Me”. Ese maravilloso acercamiento, dación y vocación por la formación de los niños, lo constituye en su consuelo: “no cuento milagros, sino que viví siempre rodeado de pequeñuelos, por amor a la Cultura del Espíritu” (en t. 48 de sus Obras, “La escuela ultrapampeana&rdquoGuiño.

 

3.- “PADRE DEL AULA”.

 

Admira don Domingo intensamente a la cultura y nación alemana como  principal país para quien la Educación, el cultivo de las Ciencias y la dignidad humana son necesidad primordial. Lo expresa, contundente, en su carta “Al recibir al Ministro de Alemania”, junio 7 de 1871 (O. compl.. t. 51): “la dignidad humana debe a la Prusia, por la educación universal del pueblo, una noble iniciativa, como las ciencias son deudoras de su renovación al espíritu investigador y crìtico de los pensadores alemanes”.

 

 Panacea es el programa pedagógico alemán: “La Prusia principalmente, y la Alemania en general, han respondido mejor que otros pueblos de Europa (...) a la suprema exigencia de nuestro siglo, la educación de las grandes mayorías”. Por ello erigiò al paìs de Lutero y al de Franklin, en modelo de desarrollo de la escuela popular como institución política.

 

J. G. Fichte (1762-1814) en sus “Discursos a la Nación Alemana” (VI) anota que “el impulso que lo guiaba era poderosísimo”, refirièndose a L. S. asì como el monje revoltoso, con su obra de transformación nacional, con su fuerte vocación de liderazgo, con su exaltación ejecutiva y su convicción apostólica, se han “atrevido a desafiar sinceramente y sin temor a todos los diablos del infierno”.

Destacòse en ellos esa conciencia  agónica y de ruptura (Fichte: “Exposición de los Caracteres Alemanes en la Historia”, ob. cit.). Desafiaron, verdaderamente al mismísimo demonio, con la cara de la Barbarie, el Analfabetismo uno, y la del Fanatismo, el Absolutismo, etc., el otro.

Alberto Palcos observa que imaginan frecuentemente un interlocutor con el que discuten a solas sus extremadas pasiones:  “así como Lutero  ‘veía’ aparecer la imagen horrible del diablo y le arrojaba el tintero a la cabeza…”, nuestro cuyano alborotador “’ve’, mientras escribe, còmo uno de sus tradicionales adversarios, Gutiérrez (José María), le hace muecas..” (Obras de S., t. 39) (Palcos, “S.”, ed. 1962, p. 345; Sabino Solá: “El diabólico e infernal Lutero en la épica hispana”, 1969).

 

S. admira y estudia el sistema escolar prusiano, según lo traduce en carta a Manuel Montt desde Gotinga, en 1847. Aúna esfuerzos para promover la Emigración Alemana al Río de la Plata. La quietud, reuniones, conversaciones, con los Profesores de la Universidad, lo motivan al trabajo intelectual màs serio e intensivo.

“Como una curiosidad que nosotros llamaríamos reliquia, enseñáronme una Biblia con la firma de Lutero, al pie de algunos versículos escritos también de su propia mano”. La vista de la Biblia  subráyase en su mente y corazón como un memorable recuerdo, como acicate precioso para el diálogo meditativo: “ya fuese a causa del autógrafo de Lutero que nos había ocupado antes, ya porque entre los interlocutores había dos teólogos, el gran cisma religioso cayó como de suyo bajo el martillo de la amigable discusión”.

Y se traba en disquisiciones teológicas sobre la inmutabilidad de la doctrina y el formulismo exterior del culto. Esa presencia espiritual del gran Hereje constitúyese en la motivación espiritual perenne: “y no sé si la firma de Lutero que me lo hacía presente como por poder entre nosotros”, “daban a estos coloquios un carácter profundamente religioso que me traía impresionado y absorto” (en Obras comp., tomo V, “Viajes por Europa, África y América&rdquoGuiño.

Para S. , de la lectura de las Sagradas Escrituras por todo hombre alfabetizado “debìa nacer la igualdad ante la razón, o democracia científica de nuestros tiempos” (“Conflictos...”; leàse “La autonomía de la conciencia” por Luis Franco, en su “S.”, Paidòs, 1968, cap. IX; “Enseñar a leer es enseñar a pensar” por J. Isaacson, “La Nación”, 12-3-1988; “¿Como Juliano?” de Matías Suárez, en su “S. ese desconocido”, Theoría, 1964, p. 75-132).

 

El humanista e historiador de la Ciencia George Sarton (muerto en 1956) traza  en su libro “Seis Alas” (Eudeba, 1965) un paralelo entre Erasmo de Rótterdam (1466-1536) y L.. Intelectual austero aquél, pacífico, ordenado y objetivo; el expositor de Worms, luchador y propagandista, violento y de temperamento dionisíaco, sugiere analogía en la cultura argentina, con S., el genio de la acción militante, efusivo, personalista, temerario. Como deuteragonista,  Juan Bautista Alberdi (1810-1884) representa el sutil e irónico escritor de gabinete, teórico prudente, y racionalista (obra cit., p. 27 y 28, también p. 20 y ss.).

 

Para S. “el pueblo alemán educado es el que más realiza el programa de una democracia” (Carta a M. R. García, 1870, cit. por M. Gálvez en su “Vida de S.”, 1ª ed., p. 469; también H. D. Daliadiras: “Algo más sobre S.”, 2ª ed., 1965, caps. “Protestante y Librepensador” y “S. y la Religión&rdquoGuiño.

 

S. establece la diferencia entre la intención educativa católica y la reformista. Aquélla pretende “educar para corroborar la fe”, fortalecerla y fundamentarla. Ésta, : “educar a los pueblos para hacerlos fuertes en los puntos de disidencia” (“EL Progreso”, 30-3-2844, O. comp., t. 9). “La reforma había levantado su estandarte en la Alemania y llevádolo triunfante y establecídolo por todo el Norte de Europa; los espíritus estaban agitados, la iglesia dividida, turbadas las conciencias”. 

Bosqueja penetrante el estado  histórico-espiritual de esa era polémica. “La excomunión era impotente, los inquisidores, el tormento...Se necesitaban otros medios que atajasen el contagio. La predicación no era bastante...”. Aquí surge la figura de Lutero educador, ejecutivo y decidido al cambio. La teología que fundó, instauró e impuso “a fuerza de querer dar forma a la poesía hebraica, acabó por aguzar la inteligencia, y aplicándola a las cosas humanas, hizo nacer la libertad y con ella la República” (1888: “Introducción a ‘La Democracia triunfante’ de Andrés Carnegie”, t. 46 de sus Obras).

 

En la Segunda parte de “Conflictos...” (1883, Obra compl., t. 38) estudia el surgimiento de las Escuelas Públicas en el mundo anglosajón y escribe un documentado elogio del “teólogo de la Reforma”, el que  concreta el mensaje del “sinite párvulos” que se relata conmovedoramente en el Evangelio de San Mateo. El fervoroso educador alemán, expresa S., “para estimular a entrar en la discusión y leer la Biblia, aconsejó la creación de escuelas”. Y cita un texto del maestro germano,  que èl mismo parafraseará, comentará y adaptarà repetidas veces en cartas y discursos: “Es una cosa grave y seria que afecta los intereses de Jesucristo y de todo el mundo, que nos dediquemos a la obra de ayudar a instruir a la juventud” (1524). Concluye por su parte el sanjuanino: “Donde quiera que estas palabras se oyeron, las naciones están educadas hoy en masa”. 

 

Se basa detalladamente  en obras de investigación en Historia general y de la  Educación, como “La escuela y el ejército en Alemania y Francia” del Gral. Hazen, de Estados Unidos, “Desarrollo de la Libertad Constitucional de las Colonias Inglesas” de Eben Scott, y en la Historia Universal de la Iglesia, en la Sagrada Biblia, encíclicas Papales, etc. Sobre estas últimas comenta  una alocución de León XIII (Papa desde 1873 hasta su deceso en 1903), “pronunciada ante la Congregación del Sacre Coeur de Montorio”, donde “acaba de aceptar la doctrina proclamada por M. Lutero hace cuatro siglos, sobre la necesidad de educar a los pobres”. Éste representa el paladín del Cristianismo Constitucional, según la denominación sarmientina (en “Conflictos...”, 2ª· parte): la Caridad en las obras.

 

 

3.- LA NUEVA Y LA VIEJA  TEOLOGÍA.-

 

 La nueva Teología, que es en realidad la más antigua y original, la del buen Samaritano, la de la abominación de sacrificios estériles y oraciones verbosas. “El samaritano, pues, es el enemigo, el hereje, el idólatra, el protestante de hoy, de quien es el reino de los cielos”. “Las constituciones modernas y las libertades públicas reconocen esta doctrina de Jesucristo por fundamento”(obra cit.).

 

“El hombre de la reforma” lo califica Gutiérrez, Juan María (1808-1878), en carta a Mitre en 1868: “es el hombre de la lucha, de la reforma, del movimiento”.

Martínez Estrada en su imprescindible “S.” de 1947 (varias ed. posteriores), reconoce que las imprecaciones sarmientinas consistìan definitivamente en respuesta “a las mismas determinantes morales que levantaron el furor de Lutero”, por su acento litúrgico y rebelde, (ob. cit., ed. 1969, p. 171). Se autocalificò como en permanente “situación de espíritu” revolucionario “de ideas, de volte face” (carta a Lastarria, 16-1-1852).

 

En uno de  los articulos de polémica contra los católicos argentinos (1883, en “El Nacional”, “Disparos al aire”, en tomo 48 de sus Obras: “La escuela ultrapampeana&rdquoGuiño S. comenta la obra de F. R. de Chateaubriand, de Lammenais y Lacordaire. Allí recuerda la oposición insuperable de la curia romana, más fuerte que la Iglesia toda, a las teorías luteranas.  “...pero todos se estrellaron como Tertuliano y Orígenes, como Lutero y Melanchton contra la ceguedad vetusta de la cancillería, contra aquella roca endurecida por los siglos, no la iglesia, sino el oscurantismo clerical italiano que se llama la Curia Romana, con su Index, y su Inquisición aunque apagada, su propaganda FIDE, etc.”.

 

Aproxima las concepciones racionales del Padre Jacinto sobre la absurdidad de ciertas prácticas católicas, a las protestantes coincidentes. Observa que la Iglesia de su época busca un centro de unión luego del cisma luterano. “Hoy con quince siglos de dispersión, con la separación de la Iglesia ortodoxa  que trajeron la desmembración de las Iglesias protestantes y disidentes, promovida por el padre germánico Lutero, asegurada la tolerancia por el Tratado de Westfalia, después de la guerra de Treinta años, la Cristiandad busca un símbolo de reunión”.

 

El nacimiento “del movimiento más asombroso, más fecundo, más irresistible, dado a la inteligencia humana” está contenido en la Reforma: “El primer paso, después de protestar contra abusos que clamaban al cielo, como la venta de la entrada a la gloria de Dios, con los pasaportes llamados indulgencias, fue volver a leer la Biblia (...)”. Las consecuencias de “el hecho material de leer la Biblia” trajo la  idea  de la Instrucción Popular, de la Igualdad de acceso al Saber. “A fin de que todo buen cristiano leyese la Biblia, se procuró enseñar a leer a todo hombre y mujer, de donde debía nacer la igualdad ante la Razón, o la democracia científica de nuestros tiempos”.

 

Y también causó siglos de discusión teológica profunda: el sacerdocio, la gracia Divina, el culto, el Papa, el pueblo y la religión, las cuestiones sociales.En 1883 escribe  un trabajo en “El Nacional” (Obras, t. 48) en que refiere la “robusta inteligencia” luterana en comparación con  Ernest  Renan (1823-1892), expresivo en sus interrogantes e inquietudes metafísicas como él, y que concibe la “Idea de Nación” (Discurso, de 1882) como comunidad de vida y sacrificio, de identidades similares (S. escribiò tambièn una introducción a los “Recuerdos de Infancia y Juventud” de 1883).

 

“Oh! Si pudieran reunirse en Córdoba algunos protestantes metodistas, presbiterianos -escribe S.- o de alguna denominación cualquiera y levantar un templo en lugar aparente, cuánto bien harìan al progreso de las ideas”. “En Buenos Aires los pináculos del templo gótico de los alemanes, las columnatas dóricas o jónicas de los otros templos protestantes, son una lección en carteles imperecederos” (íd.).

 

De su protestantismo religioso, mana el torrente agresivo y contundente ataque, ‘more luterano’, al sensualismo de las prácticas del culto, tal como lo denuncia  con motivo del incendio de 1863 de un templo de la Compañía de Jesús: en “El Zonda”, febrero 1864, O. compl., t. II.

Penetra sagazmente en lo que interpreta como la causa verdadera de esta catástrofe, con dos mil muertos: “el culto sensual”, el fanatismo hechizador de los sentidos, los sortilegios y mentiras del culto superficial, la solemnidad de luces y frivolidad y perfumes, la ausencia de sentimiento profundo de piedad.

 

En la 2ª· parte de “Conflictos...”, cap. “Bifurcación del Cristianismo” trata el tema de la configuración político-cultural de las dos Américas, estructurada por las dos teorías religiosas. La obra y acción de Lutero ha servido “para emancipar el pensamiento”. Analiza con profusa información histórica y transcripciones de fragmentos literarios, la cuestión teológica del Infierno, las ventas de indulgencias, la presencia de creencias y sucesos de la Historia. “La Ley de Educación Común de Boston, la primera del mundo, dice que para preservar las almas de Satanás, es necesario aprender a leer. Todavía se conserva en Worms la chorrera de tinta que sobre la muralla dejó el  tintero con que Lutero envió a Satanás, que lo atormentaba”.

 

Documenta su alarma sobre el avance de la ignorancia en las regiones católicas y de la creciente alfabetización en las comunidades protestantes. “Muchos miembros desde  Escocia afirmaban que M. Lutero había compuesto últimamente un perverso libro llamado Nuevo Testamento...”. En 1844 alude S. a los ataques luteranos contra el celibato clerical. Lo considera una cuestión de normativa disciplinaria relativa o absoluta, muchas veces local y no exclusiva de los Concilios Ecuménicos. Un asunto eclesiástico que puede y ha sido resuelto en distintas oportunidades históricas en el ámbito nacional, y particular de determinadas o lugares.  Es “una institución que puede variar según las exigencias de los tiempos, sin alterar en nada la ortodoxia de las creencias” (O. compl. t. 9, “Celibato de clérigos”, en “El Progreso”, 3-5-1944).

 

“La circunstancia de haber atacado L. el celibato clerical, no es un argumento tan concluyente en favor de él”.  Concluye el  sanjuanino: “pues si las demàs reformas eran crìticas, èsta, que sòlo la disciplina toca, no tiene en el fondo tal carácter” (ob. cit.). “Nuestro periodista adopta una perspectiva política de base Escrituraria, constante de su pensamiento de genial estadista: “Nosotros creemos (&hellipGuiño que si es una gran virtud la continencia, el Estado debe, si no quiere suicidarse, estorbar que sea ilimitado el nùmero de los que la practiquen”. Como frecuentemente lo hace, fundamenta sus opiniones en los textos cristianos antiguos: “…y Moisés, inspirado por Dios, mandò a los israelitas casarse con las mujeres de sus hermanos muertos, a fin de que se continuasen y multiplicasen las generaciones”.

 

Para cumplir el precepto vetero-testamentario de “Creced y multiplicáos”, recuerda S. el “Procread y multiplicáos” del Génesis 1,28 y la ley del Levirato, según Gén., 38,8 (Judá ordena a Onán tomar la mujer de su hermano) también en Deuteronomio 25, 5-10.

 

L. como S. eran hombres “de sí o de no”, tal afirma del primero, Lucien Febvre en su estudio “M.L.: su destino”, 1927. Nunca tibios. Dejó asentado uno sus ideas en el “Sermón acerca del Estado Matrimonial” (Obras, El Escudo, edit. La Aurora, t. III).  Cita Febvre el “Pecca fortiter” (1521) de la Epístola a Melanchton (ob. cit., p. 113, 140,144) sobre la firmeza de convicción y expresión de L. El fraile había decidido  casarse en esa fecha, con Kätge von Bora. La visión final del escrito sarmientino es concluyente y manifiesta claramente al moralista: “el celibato es a más de inútil, perjudicial, y un semillero de corrupción”.

 

L. con sus enseñanzas inauguró una nueva concepción de la vida, a la que adhiere el autor de “Educación común”. La vida cotidiana como servicio activo,  como justificación de la Fe Evangélica. La comunión de la vocación con la profesión u oficio, la existencia de un sacerdocio universal de los creyentes.

 

 

 

 

 

 

 

4.- HOMBRES DE FE Y DE “BUENAS OB

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