Las “razones del CORAZÓN” de pascal y sarmiento .-
Por Guillermo R. Gagliardi.
I.-
En su extensa e informada conferencia de 1882 sobre Charles Darwin (1809-1882, el formulador de la Teoría de la Evolución y Selección Natural en su “Origen de las especies&rdquo
, DOMINGO FAUSTINO SARMIENTO (1811-1888), traza un ensayo de Historia Universal del Pensamiento, la Ciencia y la Filosofía y sus hitos fundamentales.
Establece una separación decisiva entre la Edad Antigua y la Moderna. Con el insigne Poeta Dante Alighieri (1265-1321) “acaba el mundo antiguo”. Con el invento de la Pólvora (1330) y la Imprenta (1400) comienza una Nueva Era, secularizadora y libertadora. A esta última invención se suma la acción e ideas reformistas del monje y teólogo alemán Martín Lutero (1483-1546 ) y las reacciones religiosas, la Contrarreforma (1565); surge el Jesuitismo, “una táctica moral y un ejército de sabios y políticos sagaces”, y su hostigamiento incansable al adversario ideológico.
Así están escritas las 18 “Cartas” de BLAS PASCAL (1623-1662), con cuya intención crítica se identifica nuestro sanjuanino.
De esta organización religioso-militar, “quedó también una obra monumental en la literatura moderna: ‘Las Cartas Provinciales’ de Pascal, que son el origen de la revista crítico-literaria moderna”.
Aquilata Sarmiento la trascendencia de la obra del genio francés, como máxima realización del pensamiento crítico y del estilo literario en la Filosofía, Ciencia y Arte de esta etapa del desarrollo de la Humanidad.
El sabio de Clermont, continúa con maestría intelectual y excelencia artística, la labor develadora y humanista, y el Renacimiento que “el cisma de las predicaciones de Lutero producía en la Iglesia, y la secularización que con la imprenta y los nuevos rumbos abiertos a la vida venía operándose”. Y la tarea de investigación y des-cubrimiento del sabio polaco N. Copérnico (1473-1543) y Cristóbal Colón (1451-1506) “que ensancharon los límites del cielo, de la tierra y de la inteligencia”.
“No puede aprobar sino a los que investigan angustiados”. Definitivamente Pascal pide “más Cristianismo, más moral, más pureza”, Fe y absoluta sinceridad de entrega a la Divinidad.
La escritura pascaliana florece en el mismo tiempo en que se destacan algunos Dioses del santuario sarmientino: Descartes (1596-1650), F. Bacon (1561-1626), Galilei (1564-1642), los que conmovieron la autoridad sacramentada de Aristóteles (384-322 a.C.) y Santo Tomás de Aquino (1225-1274), la falsedad del principio del “horror al vacío” y la necesidad de invertir el racionalismo tomista, accediendo a Dios primeramente por el sentimiento individual y luego por el intelecto y las Verdades del Dogma.
Pascal, con sus escritos y doctrinas, humaniza la Teología, relativiza y subjetiviza el Conocimiento, colocando, con toda la fuerza de entrega de su “raison logique” y su “grande coeur”, las cuestiones religiosas fuera del cerrado ámbito dogmático, sometiéndolas al sentido común universal, a la peculiar razón y sentimientos del sujeto.
Su proyectada “Apología del Cristianismo”, cuyos testimonios publicados póstumamente en 1669 constituyen los valiosos fragmentos de sus “Pensèes”, presenta un nuevo método, realista, psicológico, para acceder a la Religión.
Invocación al espíritu Paulino y Agustiniano, desde la propia interioridad y no desde la exposición escolástica del Dogma: “conócete y trasciéndete a ti mismo”. Conciencia radicalmente individual de la presencia de Dios y de la sublimidad y miseria del ser humano.
Inquietud paradojal, fluctuante entre lo infinitamente grande y lo infinitamente pequeño.
Genios singularmente paradójicos los de S. y Pascal. Aúnan contrapuestos, superan antìtesis, integran contrarios, verdades eternas y realidades peculiares. Las dicotomías definen su universo de inquietudes, amplísimo, áereo, abierto, vibrátil, variable.
Razón y Sensibilidad, “lógica del corazón”- universalidad racionalista más Fe personal. Intuición y deducción. “Esprit de finesse” y “esprit de geómetrie”: ductilidad e ímpetu pasional en el juicio y la acción, espíritu recto, fuerte pero a menudo limitado por la Teoría y el cálculo.
Afición al arte teatral, los bailes, fiestas, carnaval y por el otro la inflexibilidad de la planificación y el estudio concentrado.
La vida sarmientina, tan trabajada en hechos y noble en aspiraciones, ejemplifica cabalmente la tensión antagónica que plantea el autor de los “Pensamientos”, entre las “verdades de la razón” y “las del corazón”, entre las ideas y principios liberales con que pretende instaurar la Civilización y su pasión polémica. La sensibilidad exaltada, la rabia violenta contra la bestial Barbarie americana e hispánica.
II.-
En sus “Lettres de Louis de Montalte a un Provincial de ses amis et aix Réverends Pères Jesuites sur la morale et la politique de ces Pères”, las famosas “Provinciales” (1656-1657), el matemático-filósofo francés, como nuestro pedagogo-estadista en su “La escuela sin la religión de mi mujer” o las polémicas tumultuosas con los escritores de “La Unión” católica, “La escuela ultrapampeana” (tomo 48 de sus “Obras Completas”, siempre cito por ed. Luz del Día), combaten la religión falsa, el jesuitismo y el ultramontanismo, las ideas retrógradas y el maquiavelismo eclesiástico-político.
Cuestionan la moral clerical, no a Dios y la Religión Cristiana. Pues al contrario, son apologistas del pensamiento crístico originario, el ideal de ética caritativa, de humanismo y devoción sincera, las virtudes activas proclamadas por las enseñanzas perennes de Jesús de Nazareth y los Padres de la Iglesia. Mayor profundidad teológica en el francés, mayor ejercicio militante en el argentino, superior y pragmática voluntad de Bien en la Función Pública.
Mayor hondura mística y sutileza filosófica en aquél. Predominio de la pasión política y social en el sanjuanino. Cristocentrismo raigal en la meditación pascaliana y en el pensamiento y acción del americano.
(V. “Meditación de Pascal” R. Sáenz Hayes, en su “B. P. y otros ensayos”, Samet, 1924; “El dinamismo de P.” C.P. Utard, en su “Espíritu y espiritualidad en la literatura francesa”, 1962; “S.” de Mons. G. Franceschi, Criterio, 1938).
Místico teresiano, liberal con limitaciones, reformador del Catecismo en Chile y Argentina y señalado difusor en la enseñanza elemental, fundador de instituciones escolares, anticlerical, no hay en S. disposición espiritual ni formación para adherir plenamente al Catolicismo, como sí la hay en Pascal (G. Furlong: “La tradición religiosa en la escuela argentina”, 1957, y “En defensa de S.”, varias edic.).
Julio Arístides: “Pascal descubre (...) que la existencia no se compadece con la inmutabilidad de una proposición lógica, y que contrariamente es tensión, polémica, paradoja y angustia” (en su “B. P., pensador de la existencia apasionada”, “La Prensa”, 3-2-1980).
Don Domingo, ya viejo descubre la necedad y negatividad de una política inmigratoria indiscriminada, o la desnacionalización peligrosa que implica la adopción de criterios foráneos en la educación argentina, la proliferación de escuelas de comunidades extranjeras en detrimento desgraciado del conocimiento de nuestro idioma y cultura genuinos, la abundancia de industrias extra-nacionales que esclavizan a nuestros trabajadores y no respetan la Legislación laboral argentina ni las mínimas condiciones humanas de labor.
Entonces, abandona en gran parte su legendario optimismo civilizador, se concientiza sobre los peligros de la industrialización deshumanizada en la vida de cada ciudadano, se aproxima al pensamiento escéptico de Pascal sobre la relatividad de la mundanidad moderna, y la necesidad de promover y rescatar y preservar la esencial “condition humaine”, la integridad de la Persona individual, en su dimensión laboral, doméstica y espiritual e íntima.
“Tout ce qui se perfectionne par le progrés, périt aussi par le progrés” (en H. Friedrich: “Humanismo Occidental”, Sur, 1973, espec. p. 100-121). Ahora S. se des-racionaliza, se aleja de Descartes y los destellos Iluministas, se dirige a la inspiración pascaliana.
Es el “otro Sarmiento”, se argentiniza, se convierte en entusiasta propulsor de la arqueología, la etnología y literatura autóctonas, se “sarmientiza”, es más èl mismo, el maestro huarpe, el estadista del Zonda, de mayor fuerza, Hacedor ignaciano, el cerebro más potente de estas tierras salvajes.
El “pedagogo del corazón”, no del sentimiento cómodo, sino del concepto superior de la función trascendente del Gobernante y del Maestro. Adhiere al apotegma pascaliano de la Superioridad del Hombre por el Pensamiento y el Sentimiento. “El hombre no es sino “un junco que piensa” (‘Grandeza del Hombre’, art. 18, XI): “Esforcémonos por consiguiente, en pensar bien: he aquí el principio de la moral”. “El hombre está visiblemente construido para pensar: esto es toda su dignidad; y todo su mérito, y todo su deber consisten en pensar como es debido y el orden del pensamiento en empezar por sí mismo, y por su autor y su fin” (ìd., XII).
En 1858 en su Discurso en Rhode Island, Estados Unidos, sobre “Espíritu y condiciones de la historia en América” (Obras, t. 21) se identifica con la significativa expresión del científico inglés Humphry Davy (1788-1829), después de haber aspirado oxígeno puro: “Sólo el pensamiento existe, y el Universo no se compone sino de ideas, de impresiones de placer y de sufrimiento (Obras, también en t. 22, 1887: “En Montevieo”, ed. cit., p. 87).
“Mientras más se recoja en los estratos de la profundidad, tanto mayor es la proximidad que tiene con los más lejanos contenidos del orden trascendente”. Vocación y misión sobrenatural de la labor ejecutiva y pedagógica, según la filosofía ascensional y erótica sarmientina. Central y decisiva en el trazado de su verdadero retrato histórico.
Hugo Friedrich (loc. cit.) continua analizando esta especial “teoría cordial” que P. concibe y que ilustra nuestro sanjuanino: “Desde el centro del hombre, la certidumbre del corazón abarca todos los elementos el mundo sensible e inteligible en cercanía esencial”.
“El corazón es una facultad de veloces y luminosos contactos esenciales, que irradia desde el comienzo todas las demás certidumbres o las ilumina”.
Nuestro S. siente y piensa su obrar político, desde este punto clave del corazón según P., y desde la majestuosidad republicana de las figuras de su devoción en la Antigüedad y Modernidad que más ha leído y asimilado, Catón Cicerón, Montesquieu, Franklin...
III.-
El Pensamiento IX, art. XXI: “Miseria del hombre...”: “Nada hay tan insoportable para el hombre como el permanecer en pleno reposo sin pasión, sin negocio, sin diversión, sin aplicación. Siente entonces su nada, su abandono, su insuficiencia., su dependencia, su impotencia, su vacío. Incontinenti saldrán del fondo de su alma el fastidio, la tristeza, la pena, el despecho, la desesperación”.
Nos recuerda y retrata el estado anímico, la angustia y desazón sarmientina, en su retiro chileno en Yungay (1852), con Benita Martínez Pastoriza, su esposa.
Esta circunstancia , tan bien descrita por la prosa pascaliana, parece comentario concreto de su propia existencia, en la carta de S. a Bartolomé Mitre del 9-7-1852. Su espada al sol para orearse, temeroso de que se herrumbre, adquiere categoría de metáfora de su inactividad y desasosiego en ese tiempo, que contradice su temperamento y las tendencias más netas de su genio.
Ironía e inquietud, desnaturalización de su personal psicología: “en mi alegre prisión de Yungay (...). Rasguño la silla en que estoy sentado: tallo la mesa con el cortaplumas, y me sorprendo mordiéndome las uñas. Es la tranquilidad (...) de la pólvora que está lejos de la llama”. Ansiedad de vida y movimiento (“Cartas y discursos políticos. Itinerario de una pasión republicana”, selecc., pról.. y notas J. P. Barreiro, ECA, 1965, p. 54-59).
Este Yo enérgico y activista, esta circunstancia biográfica, ilustran el fastidio e inquietud, desgracias esenciales en la antropología pascaliana (“Pensamientos”, art. 21-VI).
El Ego carismático y caritativo, poderoso y benefactor. “Yo soy Don Yo”. Seguridad sobre en qué consiste el bien y como construirlo. El que ha luchado cidianamente contra el caudillaje de toda laya, por imponer sus “sus ideas sanas y realizables”, de civilización de la república americana. Religión absoluta del Bien. Pasión de exaltado Yo ejecutor, conquistador, fundador, Bien Cívico.
Por otro lado, odio pascaliano al Yo (“Pensamientos div.”, art. XXV-VIII): “el yo tiene dos cualidades: es injusto en sí porque se hace el centro de todo; y es incómodo a los otros porque querría sujetarles; porque cada yo es el enemigo y quisiera ser el tirano de todos los otros”-
Pero S. tipifica la “verdadera grandeza” según la calificación del filósofo. Personalidad soberbia, activa en la lucha, formidable en el ataque. Que asciende en la escala valorativa por reunir los dos extremos: su Valentía, su “meterse con el oso”, afrontando oposiciones, incomprensiones e injurias, y el de la Benignidad de conducta y fines, la nobleza moral.
“Sé mi hija en sufrir, en trabajar, en esperar...”, escribe emocionadamente a su hija Faustina desde N. York, 10-9-1867 (“Páginas confidenciales”, introd. y selecc. A. Palcos, Elevación, 1944, p. 206-208). La intención de nuestro estoico, Sísifo andino, que ansía la función pública para ejercer su ideario republicano, presiente su Presidencia: “Si como me dices, mis compatriotas creen que yo soy el áncora de salvación para la República (...) volara a donde el voto de mis compatriotas me llamase (...) a poner mi nombre en el edificio que se desploma; a trabajar humilde y valientemente, como el pobre sanjuanino...”.
“Las pasiones más convenientes al hombre, y que encierran muchas otras, son el amor y la ambición” anota el francés en sus “Pensamientos sobre la elocuencia y el estilo...”. Y define las mismas, las dos condiciones más perdurables en el alma grande y fogosa de Domingo. Nos lo anticipa en cierto sentido Pascal en este “Discurso sobre la condición de los grandes” (1652-1653).
Alma “naturalmente grande” la del sanjuanino y la pascaliana, por su constitución original y propio genio. “La fuerza y la luz del espíritu”, “cualidades reales y efectivas”, v. A. Palcos: “El sentimiento de la propia grandeza en S.”, “La Prensa”, 2-6-1929.
Tutelado por la analogía bíblica, reflexiona el maestro cuyano, en 1876, en Tucumán, en un discurso popular, al inaugurar el Ferrocarril (Obras ,t. 22) que la muestra expresiva de cariño de las delegaciones escolares en el acto oficial, “la visita de estos niños y el sentimiento que expresa en los pueblos el presentármelos, me hace augurar que cuando llegue para mí la hora del juicio imparcial, la opinión tan severa y exigente siempre para con sus antiguos mandatarios, ha de sentir lo de Jesús para con la Magdalena cuando le decía: ‘¡muchos pecados os han de ser perdonados, porque habéis amado mucho!’”. Revela y enriquece su propia grandeza, la magnitud activa y amante de su singular psicología.
Estas virtudes encarnadas por el autor de “Facundo”, Pascal las simboliza en Epaminondas (418-362 a.C.), el famoso militar, político y orador de Tebas, y glorioso libertador de su patria, del yugo espartano (“Pensam.”, art. XXV. IX): “admiro a Epaminondas, que tenía el extremo valor y la benignidad; porque de otra suerte no se asciende, sino reuniendo las dos a la vez...”. Ahí radica su concepto de la ejemplaridad del espíritu del célebre estratega de la Antigüedad.
IV-
Adherimos a los juicios concluyentes de Mons. Franceschi (1881-1957) en su “Sarmiento” (1938, 2ª ed., 1961). Abominamos del “sarmientudismo” reduccionista y de la jibarización hagiográfica.
“Partidario de la severa disciplina escolar, defensor de la propiedad privada, enemigo del pasquinismo, deseoso de una enseñanza no atea, propugnador del Ejército sustentador del orden en la calle y en las instituciones, habría protestado a gritos contra algunos de sus panegiristas más fogosos...Entre el Sarmiento histórico y el Sarmiento de la leyenda va acrecentándose la distancia.... (basta) comprobar cómo la figura real del prohombre está siendo sustituida por una imagen que en ciertos momentos me recuerda cromolitografías de guerreros ilustres(...): actitudes enérgicas, facciones viriles, gestos heroicos, un mínimum de humanidad verdadera. Sarmiento está dejando de ser el Domingo Faustino que recuerdan algunos sobrevivientes de su época (...). Y de este modo es hoy un demócrata imperturbable, un ‘laico’ absoluto, un periodista altivo y digno, un gobernante dispuesto siempre a acatar la voluntad popular, un patriota listo a jugarse por cualquier pedazo de tierra argentina. Y ese cuadro en que todo está bañado de luz y no existen sombras, es la deshumanización más perfecta de Sarmiento” (véase también “El ‘Sarmiento’ de Mons. Franceschi”, Juan C. Ghiano, “La Prensa”, 30-10-1988).
Y suscribimos asimismo las definitorias afirmaciones críticas de Ricardo Sáenz Hayes (1888-1976), en su “Meditación de Pascal”, estudioso de “La polémica de Alberdi con S.” (Gleizer, 1926) y talentoso periodista, escritor y académico que nos introdujo deleitosamente en la lectura del autor de “Pensamientos”.
Y pensamos, también ahora, en el autor de “Recuerdos de Provincia”. “Ahora, en llegando al punto postrero de nuestra Meditación de Pascal, nos viene al espíritu la imagen de un enemigo a quien nunca se le declara suficientemente guerra, aludimos a cuantos se empeñan en trocar una personalidad en otra, en quitarle sus rasgos características, en volverla cosa baladí, en disminuirla y afearla para que no se destaque de la línea que fija la mediocridad. Ese enemigo no acepta al hombre como es, ni le juzga en su ambiento ni en su época”. “Pero ¿no es insensato aplicarle a los seres de excepción la vara que le corresponde a nuestra talla mediana?”.
Pascal es el autor de rígidos estudios sobre geometrías no euclidianas, cálculos matemáticos superiores. De sublimes pensamientos religiosos, severas páginas sobre la diversión, sobre el misterio de Cristo, conjuntamente, sobre la subversión popular, buceador de la condición humana, como asimismo un no menos apasionado “Discurso sobre las pasiones de amor”. Cartesiano, jansenista, agustiniano, místico, hipersensible y enfermizo, Proteico.
Como nuestro sanjuanino, polémico, deslenguado, injurioso, grosero, vigoroso literato, amoroso escritor y dibujante para Aurelia Vélez, combativo diarista contra el régimen rosista, contra Roca y Juárez Celman, inflexible y cruel censor cuando de caudillos de cualquier pelaje se trata, dulce e intensamente sensitivo en “Mis Pajaritos” y “Vida de Dominguito”. Sacralizador del adelanto científico, el Progreso es para él “el espíritu de Dios que marcha sobre las aguas”, el “soplo Divino”.
Para él la gloria más alta consiste en ser Maestro de Escuela y su himno adorado es el bíblico “Sinite párvulos venire ad me”. Todas las plumas y látigos dispone su Inteligencia. “Farinata” dantesco de nuestra Pampa, acelerador y formador de opinión de avanzada cívica, inclasificable, desmesuardo en su siembra fértil del Evangelio del Alfabeto y del Civismo Republicano.
Su magna empresa de político de perfil catoniano y de “obrero de la educación universal”, su herencia perdurable”, “defender las instituciones, el orden, la libertad y la moral, contra los enemigos armados del puñal, del veneno, de la lanza, de la pluma, de la palabra” (1873, “La Caridad”, Obras, t. 21).
Continúa siempre lúcido, Sáenz Hayes: “Y así, como quien poda un árbol frondoso, le van despojando de aquellas sus cualidades excesivas para vestirlo con las cualidades menores que tanto enorgullecen a la mediocridad. Eso es lo que no deseamos: que nos cambien el hombre. Tal como fue, la màs pasmosa síntesis de humanidad”.
Que no nos cambien a Sarmiento.
Creemos que el autor de “Argirópolis”, tal como Pascal aconseja, “apostó” por Dios con el cumplimiento del Bien para sus conciudadanos.
Como político integró los tres órdenes pascalianos, geometrismo metafísico de Platón y San Agustín como antecesores: “ordre du corps” (progreso material de la República), “de l’esprit” ( autoridad, bienestar del científico) y “de la charité” (del amor, e la cohesión de la familia, la comunidad y la sensibilidad social).
Siempre inaugurando, promoviendo, combatiendo prejuicios e intereses y perezas, inspirando el amor por las obras, “acometiendo todo lo que cree bueno”: escuelas, bibliotecas, instituciones de adelanto económico, etc..
Viviendo desde sí mismo, no renunció a la soberbia, ni el proceloso apasionamiento político.
Y como afirma Alejandro Korn, médico-filósofo, sobre Pascal, “vivió su vida propia sin coacción ni cobardía, como le plugo su soberana voluntad, porque no separó su verdad del Bien...” (“De San Agustín a Bergson”, ed. Nova, 1959, p. 51)...
S. fue “más Sarmiento”. , más cercano al centro de su Espíritu y consecuentemente a la Gracia, en “la incesante pugna”, “endurecido a todas las fatigas”, desarrolló su pródigo diario de enaltecimiento ciudadano, dejando “por herencia millares en mejores condiciones”, “para que todos participen del festín de la vida...” (“Autobiografía&rdquo
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La Sagrada Escritura es una “Ciencia del Corazón”, exclama Pascal, “sólo la entienden los hombres de corazón recto”, y su clave es la Caridad. S. profesa el dogma que él llama del “Cristianismo constitucional”. Ideario del Estadista en quien lo primero es la vocación por el obrar, por el facilitar los medios para la vida plena del individuo y de la colectividad, la elevación de sus condiciones materiales y espirituales de existencia: califica al siglo 19 como el de la Constitución y la Caridad progresista (San Pablo, “Epístola a los Corintios”, 30: “si no poseo la caridad de nada sirve todo&rdquo
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Siguiendo la teorizaciòn de Benedetto Croce en su “Ética y Política”, (cap. 14, ed. Imán, 1952, trad. E. Pezzoni, p. 62-65), afirmamos entonces que el sanjuanino ejerce una “política de razón”, rigurosa y metódica en su esencia y génesis.
Pero no escapa a su tendencia pascaliana, “cordial”, a la “política pasional”, la del “calor de la acciòn” que lo despliega.
La grandeza y la fortaleza de S. en el sentido pascaliano, de su ética como hombre público, como magistrado. Observa precisamente Margarita Costa, en su estudio sobre P., incluido en “Filosofía y formación humana” (Instituto de Investigaciones Educativas, 1978, cap.: “Grandeza y miseria del hombre”, p. 41-46), que “el que elige el bien elige sin saberlo a Dios y será el verdadero poseedor de la Gracia aunque viva entre idólatras y entre salvajes” (ob. cit., p. 46).
V.-
En su discurso fúnebre por la muerte del Cónsul de Chile en San Juan (Obras, t. 21) el gobernador Sarmiento, el 8-12-1862, Gervasio Borgoño, alude al pensador francés del siglo 17 y sus célebres meditaciones metafísicas: su “Priere pour demander a Dieu le bon usage des maladies”, aproxim. 1647-1648, “Oración para pedir a Dios el buen uso de las enfermedades”.