martes, 26 de agosto de 2008

SARMIENTO, nuestro MOISÉS.

 

 

 

 

Por Guillermo R. Gagliardi.-

 

 

 

 

"La lectura del Viejo y del Nuevo Testamento es una de las ocupaciones más sabrosas que puede hallar el hombre. Pasaría mil años sobre ellas sin agotarlas, como un pájaro podría pasar mil años bebiendo en un río sin disminuirlo. Y lo que es infinitamente más importante y curioso, esa lectura nos sacia, sin quitarnos la sed de seguir leyendo".

(Gustavo Martínez Zuviría, "Hugo Wast", carta del 14-1-1937 a Lisandro de la Torre).

 

 

 

 

1

.-

Rescatamos una analogía superior, espiritual, metafísica, entre MOISÉS (siglo 13 a.C.) y DOMINGO FAUSTINO SARMIENTO (1811-1888).

 

Caudillos de la Libertad, la Regeneración y el Progreso. Más que Hombres, semidioses, de súbitas explosiones, coléricos. Sigmund Freud (1856-1939) anotó esa "mirada despectiva del Héroe". Podrían atribuirse, según el nieto Augusto Belín a "los sinsabores que nacían de sus entusiasmos decepcionados...".

El autor de "El Moisés de Miguel Ángel" (1913, Obras Completas, vol. 10, trad. L. L. Ballesteros y de Torres, ed. Orbis, p 1876-1891) y "Moisés y el Monoteísmo" (1934-1939, íd., vol. 19, p. 3241-3324 ) observa la majestuosidad expresiva de la escultura del Buonarroti (1475-1564), integrada el Sepulcro del Papa Julio II (obra inconclusa, realizada entre 1501-1540) situada en la Iglesia romana de San Pietro in Víncoli. (Léase carta de S. a su amigo Antonino Aberastain, condiscípulo y comprovinciano, desde Roma, en "Viajes").

 

Despreciativos de la "chusma a quien va dirigida esa mirada, chusma incapaz de mantenerse fiel a convicción ninguna".

Absolutamente convencidos de su razón. Altaneros y adustos. Longevos, M. muere a los 120 años de edad, S. a los 77, destinada su constitución física e intelectual para centenario.

Médula ígnea, furia oceánica reciedumbre de tenso fuego, los definen.

(V. "Moisés, Jacob y Sigmund", por F. Black-Cereijido, rev. "Psicoanálisis", 1996, n° 18; "Tres legisladores de la Antigüedad-Licurgo-Solón-Moisés", por E. Dickmann, 1928, "Páginas socialistas", p. 141-178).

 

En 1375 a. C. Amenofis IV, luego Aknatón influyen en una revolución religiosa importantísima, con la creencia en un Dios supremo. Trascurre su extensa vida cuatro décadas en la Corte, e igual período en un refugio y en el tiempo del Éxodo. Lucha contra Ramsés II, enérgico, imperial, para liberar a su gente. Ese camino en el desierto, hacia Palestina, adquiere significación de prueba y purificación.

 

Esgrimen firmemente el látigo de sus Ideas, fulminante desde su Verbo Moral. Organizadores, Legisladores de Pueblos. Actúan desde la perspectiva hercúlea del Hacedor, la indicación de Energía y Actividad.

 

T. di Montegnacco, en su "El otro rostro de M." (1966): "consagra el mejoramiento moral y material para todos. El pueblo (...) encontró en Moisés al Guía espiritual y Libertador, que lo regeneró...". "El cambio que impuso fue radical. Temido por sus enemigos, pudo dictar leyes y gobernar por cuarenta años, hasta su muerte".

Su obra fue vivificadora, "un despertar renovador de la raza judía". Esta autora considera "la potente personalidad de este divino sedicioso que tuvo el valor de enfrentarse con la tiranía y libertad un pueblo".

Y nos sugiere la gesta sarmientina. Nos menta la genialidad del escritor de "Facundo": "a pesar de los disparates con que quisieron obscurecer y desvirtuar su vida, agraviándole de la manera más oprobiosa, su figura sobresale inconfundible en toda su estupenda magnitud".

 

Según el texto bíblico, "Números", 11: 4, "el maestro de Israel" como frecuentemente el de la provincia sanjuanina, tropezó con la oposición de la grosería y violencia del pueblo.

 

El sacerdote Jetro, acoge en Madián al joven Moisés, quien huye por haber matado presumiblemente a un encumbrado egipcio. Lo instruye en rectos principios éticos y religiosos. Nos recuerda al padre José de Oro y a Fray Juan Pascual Albarracín, quienes enseñan al adolescente cuyano los postulados esenciales de la religión y una ética de la vida.

El relato Escriturario nos informa sobre la sublimidad de la normativa que Jetro, luego su suegro, le inculca: sobre "el altar de tierra" y la abominación de ídolos artificiales.

El joven Domingo confiesa deberle lo más auténtico de sus ideas y su madurez toda a las enseñanzas del Pbtro. Oro: "a él debo los instintos por la vida pública, mi amor a la libertad y a la patria" ("Recuerdos de Provincia", cap. "Los Oro").

 

Alfredo Orgaz, en su "Ensayos sarmientinos" (1967): registra "la voz tronante, la mirada fiera, descargando golpes terribles con las mazas de sus puños sobre sus enemigos de siempre", "tuvo que hacer el papel de ogro en un medio bárbaro y hostil". "Era una fuerza natural, un torrente de agua espumante".

Coincide la descripción, con Freud y con H. Tode ("Michelangelo", 1908, según citas del maestro vienés). Thode: "la figura de un apasionado Guía de la Humanidad, el cual consciente de su divina misión legisladora tropieza con la resistencia e incomprensión de los hombres".

 

"Estoy en campaña" –le escribe don Domingo a Bartolomé Mitre el 23-10-1854- "como siempre echando sobre mis hombros la tarea más ruda", que "es inmensa" (en "S.-Mitre. Correspondencia", Museo Mitre, 1911, p. 75, 76, 78). "Vamos a consumar la obra más grande: levantar una vara más alta sobre el nivel del mar ese continente sudamericano".

 

M. y S. luchan contra los "ídolos de barro", los "becerros de oro" apóstatas, los políticos falsos, el caudillaje retrógrado, las supersticiones y el atraso. Desde su Voz de Patriarca, todo fuego e impulso, que advierte y enseña, conduce y anuncia: "apóstol insomne –según A. Orgaz- que en el desierto de aquellos años era un vociferador de palabras bíblicas" (ob. cit., p. 59-60).

 

Obsesión noble y ceñuda por la Ley, por el funcionamiento reglado del ser de la República, con prevalencia implacable de esa "tendencia al orgullo sacerdotal y a la tiranía teocrática" (según E. Schuré, "Los grandes iniciados", 1889, Libro IV). "Seguramente tenía plena consciencia de sus grandes dotes, era ambicioso y emprendedor" según Freud ("Moisés", p. 3255).

 

Las obras educativas de Sarmiento, políticas y sociológicas, lucen la entidad de "Mandamientos" profundamente sentidos.

"Deuteronomio" (4, 1-2): "Ahora, pues, oh Israel, oye los estatutos y decretos que yo os enseño, para que los ejecutéis". Así parece exclamar, soberbio y veraz, entre otros, el cuadro pintado por su nieta Eugenia Belin en postura de Moisés del Alfabeto., exponiendo, ofreciendo su preciosa Panacea, imponiéndola con la mayor de las firmezas.

 

Por su parte, leamos esta esencial confesión del profetismo sarmientino: "El hábito adquirido en catorce años de poner el oído a los imperceptibles rumores de las cosas que vienen, me ha creado una especie de instinto, de conciencia anticipada de las situaciones" (carta a B. Mitre, 1-10-1854, corresp. cit., p. 70).

 

"¡Escuchad, cielos, y hablaré; y oiga la tierra los dichos de mi boca. Goteará como la lluvia mi enseñanza; destilará como el rocío mi razonamiento" (Deut.., 32, 1-2).

Esa visión larga, y esa palabra didáctica los une.

Nota Schuré que M. "tuvo evidentemente miras lejanas que superaban en mucho los destinos de su pueblo".

 

Como Moisés, personaje de la novela homónima (1951) del célebre escritor polaco Scholem Asch (1880-1957), también nuestro S. parece confesarnos en definitiva: "Quería dejar a los Bnai Israel una admonición imperecedera, un código y una guía para todos los tiempos por venir. Se afanaba, por tanto, en la sistematización de las leyes, y en la expresión de sus opiniones, consejos y advertencias, (cito por trad. de Manuel Gurrea, Kraft, 1952, p. 591).

 

También Thomas Mann (1875-1955, Nobel 1929) elaboró literariamente, con la excelencia habitual de su literatura, la novela "Das Gesetz", "La Ley", "Las Tablas de la Ley" o asimismo titulada "Los Diez Mandamientos de Moisés" (1943); Samuel Josef Agnon (1888-1970, Nobel 1966) "Moisés"; íd. de Martin Buber (1878-1965, ensayo de 1945).

 

El anciano S., define esa etapa vital por la que atraviesa, con la imagen del pasado hebreo desde la histórica empresa Mosaica. Esta historia ilustre es utilizada en la oratoria sarmientina como motivo cristalizador de sus mayores aspiraciones en la vida, y como compendio de los fines más amados de sus altos años , como estadista-maestro sudamericano.

Datamos, v.gr., este recurso áureo de su estilo y de su pensamiento, en su discurso del 15 de febrero de 1881, en la manifestación de jóvenes que saludaron al orador en su 70° cumpleaños. Lo inspira ese venerable paradigma y lo define en lo fundamental, en lo indiscutible de su lugar histórico. "Como modelo mismo de vuestra imitación os ofrezco en mi persona el mayor y menos cuestionable de todos mis talentos, de todas mis virtudes, de todas las capacidades que la buena voluntad me atribuye: ¡La de vivir largos años sobre la tierra prometida!".

 

Excelsa despedida. Exige valerosos capitanes como Josué, su discípulo, que puedan continuarlo, y que acaudillen el paso del Jordán, para derrotar "el Jericó" de la Barbarie y el atraso argentino.

 

S. entró en la tierra de Canán para cumplir el sueño de ventura y prosperidad eternas, de "habitar en tierra justa y segura", "del trigo y del mosto, cuyos cielos difunden el rocío" (Deuteronomio, 33, 28-29). íd.: "sube a este monte... y mira desde ahí la tierra de Canán..", "Tú verás ante ti la tierra, pero no entrarás" (32- vs. 48-52, y 34).

 

 

 

2

.-

.-

M. y S. trasmiten a la Historia la grandeza legendaria de su figura, de su acción Liberadora, de su ímpetu constructor y sólida vocación legocrática, como testifica "Deuteronomio", 34, 10-12: "y nunca más se levantó profeta en Israel como Moisés", "nadie como él en todas las señales y prodigios", "y en el gran poder y en los hechos

grandiosos y terribles...".

 

Emil Ludwig (1881-1948) reflexiona que la Grandeza se revela activamente, es privilegio de los que obran hacia elevados fines, a través de una vida valiosamente dotada. "Un hombre nacido para el bien del mundo" (Bossuet). "Caudillo del Bien" (F. Romero). J. G. von Herder (1744-1803), anunciador del Romanticismo en Alemania, dedica páginas valorativas a M. en su ensayo "Sobre el espíritu de la poesía hebrea" (1783). También Heinrich Heine (1797-1856), epígono del movimiento literario citado, en sus "Confesiones" (1854) luce la metáfora de Moisés como escultor de una nación, como Forjador ético.

 

Leopoldo Lugones (1874-1938) en su "Historia de S." (1911): "La naturaleza hizo en grande a S. Su fortaleza manifiéstase en una ruda fealdad". "Dotó de fuerza membruda, desbordada. Nadie lo recuerda ya sino bajo aquel aspecto de peñasco rugoso en que habíanle anticipado carne de estatua, con una especie de saña genial, los azares de su vida violenta".

 

El profeta huarpe, como el de Sinaí "llevan dentro de sí como una contradicción metafísica: son, por una parte, necesidad, pues vienen como señalados desde el nacimiento (...) para desempeñar un papel de trascendencia singular, una tarea determinada, que hay que cumplir; son por otro lado, libertad..." según A. Orgaz (ob. cit., p. 21).

 

S. resumió la historia de Moisés en su traducción del francés (Chile, 1843) de "La conciencia de un niño" (del padre Schmidt, Parte 2°: Historia de la Religión). Hombre admirable, iniciador de Civilización. Se identificó con su sufrimiento, las persecuciones y el destierro, la angustiosa expatriación, la incomprensión y las mentiras. Entendió y alabó el heroísmo y la voluntad del pueblo y conductores judíos, "realmente pueblo escogido" (S. Rollansky: "S. y los judíos", 1993, p. 57-59). "

 

Moisés vivió hace tres mil quinientos años, "y es el escritor más antiguo, cuyas obras hayan llegado hasta nosotros. Historia, geografía, poesía, leyes, religión, todo principia para nosotros con este hombre extraordinario" (cito por ed. prolog. por D. J. Ruiz, Braga, 1988).

 

Alaba S. en su viaje a Roma la expresividad furiosa del gesto de M. según lo representa el pintor especialista en paisajes históricos de Paris, en su cuadro "Paso del Mar Rojo". Lo admira y entusiasma la imagen imponente y prodigiosa del Caudillo: "Moisés, vestido de blanco según el uso inmemorial de los árabes, domina desde lo alto de las rocas al pueblo que ha salvado, y a los enemigos que anega bajo las olas, cuyo furor incita con la vara milagrosa que tiene alzada en alto" ("Viajes", 1845-1847, Obras Completas, tomo 5), carta a su tío el Obispo de Cuyo, Dr. José M. Eufrasio de Quiroga Sarmiento, según el episodio bíblico ("Éxodo", 14, 21-22): "Y extendió Moisés su mano sobre el mar, e hizo Jehová que el mar se retirase, y recio viento oriental toda aquella noche (...). Entonces los hijos de Israel entraron por en medio del mar, en seco".

 

Imagen épica del héroe y dramaticidad hímnica de la escena ("una riqueza de colorido, que aumenta la solemnidad del asunto"), y el tono intensamente romántico de la naturaleza: "Las montañas secas y escarpadas, el mar alborotado, la atmósfera turbia" (J. M. Corcuera: "S. y el romanticismo", 1982).

El rayo, el huracán, la tempestad, armonizan con el temperamento sarmientino y mosaico. Ambos desplegaron el soberano "Genio de un Profeta, de un hombre de guerra y de un organizador social" (SchuréGuiño. En una contienda colosal, afirmativa y mítica, contra tremendas calumnias y oposiciones, exponiendo "alternativas de indignación y de piedad, ternuras de padre y rugidos de león" (íd.).

 

"Mi nombre se hace por allá mito" le escribe a Vicente F. López en su correspondencia del 12-12-1849 desde tierra chilena: "Así es que soy una sombra invisible, presente por todas partes, una nubecilla en el horizonte abrasado que pudiera traer la lluvia", "como numen de justicia, de reparación".

 

Moisés encarna también en el pensamiento sarmientino, la imagen del Libro y la Escritura, como epítome de lo que los hombres han sido o han hecho en el curso histórico (Obras de S., t. 4, "Los maestros de escuela", 15-10-1852). "El libro es la memoria de la especie humana durante millares de siglos: con el libro en la mano nos acordamos de Moisés...".

 

Y tal como lo eternizó el Buonarroti en su majestuosa escultura: "descendiendo Moisés del monte Sinaí con las dos tablas del Testimonio en su mano, la piel de su rostro resplandecía, después que hubo hablado con Dios" ("Éxodo, 34-27 y ss.) el profeta ordenando, en Deuteronomio 27, escribir la Ley en piedras sobre el Monte Ebal: "Guardaréis todos los mandamientos que yo os prescribo hoy. Y el día que pases el Jordán a la tierra que Jehová tu Dios te da, levantarás piedras grandes, y las revocarás con cal, y escribirás en ellas todas las palabras de esta Ley".

 

Giovanni Papini (1881-1957) en su "Il Diavolo" (cito por ed. Aguilar, Obras, t. 6), destaca el satanismo expresivo del carácter del lider de los hebreos y su representación por el artista italiano: los cuernos, su taumaturgia de poderío infernal (por ej., "Números", 21Beso, su familiaridad con el fuego, etc. Cita la Epístola de San Judas donde se refiere a la disputa del cuerpo de Moisés por parte de Miguel Arcángel y del mismo Diablo.

Ya en "L’imitazione del Padre" (1942, cap. XIII, 7. Pens. sobre M. Ángel, ed. cit., t. III) anota este titanismo luciferino, estético-psicológico, del Profeta. Observa: "El aspecto del M. miguelangelesco es, en verdad, de un terrible orgullo despectivo", "los labios salientes, en actitud de enojo y disgusto, los dos cuernos que apuntan por entre los rizos (...), todo el conjunto hace pensar realmente en un titán iracundo" (loc. cit., p. 1266-1267).

 

M. y S. estuvieron fuertemente inspirados por ideas de Unidad: la religión del Monoteísmo y la del Progreso. Podríamos afirmar con Luis Franco, sarmientino imprescindible, ("S. y Martí", 1958; "S. entre dos fuegos", 1967) que toda la obra sarmientina constituye nuestra verdadera Constitución Nacional. Toda su escritura, clave fundacional y evolucionista, posee una entidad casi semejante al "Libro de Los Principios" ("El Sepher Bereshit") de M. como legado (público en el cuyano, secreto en el otro), "cuadro de la ciencia futura" y "punto de reunión de toda la nación" (Schuré, ob. cit.). V. André Neher, "M. y la vocación judía", Madrid, 1963.

 

Como acuerda A. Rosenvasser, el sabio egiptólogo argentino, en su "Fundamentos históricos del Código de la Alianza", cap. 2."Los cuerpos legales" (Maia, 1947), "la legislación hebrea figura toda ella como impartida por Jehová a Moisés y por éste al pueblo desde el Monte Sinaí" (ob. cit., p. 24). Del mismo autor, puede leerse "Egipto e Israel y el monoteísmo hebreo", en "Davar", n° 16 y 17 / 1948; "Política y Religión en la historia antigua de Egipto e Israel", 1973.

 

Tulio Halperín Donghi en el "Prólogo" a su edición de "Campaña en el Ejército Grande" (1958) establece la existencia primordial de esta "arcaica cultura eclesiástica y escrituraria", la "capa más honda" de la literatura sarmientesca , su formación, la integra en mayor parte estas influencias de los grandes agonistas bíblicos (ob. cit., p. XXXVII; 2ª. ed., Univ. Quilmes, 1996).

 

Según Schuré afirma sobre el Codificador del Sinaí, podemos adscribir a nuestro sanjuanino, el predicativo de "domador de pueblos", con "puño de hierro", ejecutivo, cuyo pensamiento "llegaba a los tiempos futuros". Por sobre su patriotismo, priva su Humanismo, el culto monoteísta, el de la Educación Común: "¡Oh, Señor, he vivido potente y solitario..." clama el M. de Alfred de Vigny, en su poema (incl. en "De los grandes románticos" selección y traduc. de C. Obligado, 3° ed., 1945). Concuerda... con "Estoy solo en medio de hostiles prevenciones" ("Mi Defensa", Introducción, 1843).

 

Su soledad, proporcional a la genialidad de los postulados de su acción: "Sí, todos los poderosos han conocido la soledad que crea la grandeza" (SchuréGuiño, estuvieron más solos que los otros, porque fulgura en sus biografías, que "su principio fue más absoluto, más trascendente", vivido desde una superioridad cultual, solemne. Declararon la guerra a la Barbarie, al Politeísmo (M.), para consagrarse a erigir el Espíritu de la Civilización (S.), del Dios único (M.).

 

Debieron combatir una batalla sin tregua y hasta sin piedad. Y hasta sus últimas horas ejercerán su magisterio de fundadores, su rugido, verbo imperioso, de fiscales, acusadores sin miramientos de impostaciones, hipocresías, y anarquías.

 

En sus "Viajes" S. carta desde Roma, refiérese a M. y su odio a la monumentalidad de la imaginería egipcia: "A veces me viene a la mente que los egipcios mortificaron tanto a los esclavos hebreos en la construcción de las pirámides y otros monumentos, porque cuando esa multitud se rebeló y marchó al desierto, juró no permitir jamás que en la Tierra Prometida, que buscaba alcanzar, se erigieran estatuas, que les recordaran sin ninguna duda, los azotes que recibían de los guardias egipcios". Concluye sagazmente: "¿De qué otro modo puede imaginarse el temor a los templos, que demuestra M., el discípulo de los sacerdotes egipcios?" (S. Rollansky, ob. cit., p. 32-36).

 

Deduce también el cuyano que el Apóstol Lucas, por ser judío, "debía por educación, por ciencia nacional, mirar como una profanación la representación de los objetos venerados; pues que la ley de M. lo prohíbe terminantemente por un precepto del Decálogo, y Jesucristo no había dicho nada para derogar ese precepto".

 

Considera totalmente incivilizadas, las imágenes del culto bárbaro, materialista y fetichista, y aprecia el renacimiento del arte hebreo como reacción contra las reglas judaicas.

 

 

 

3

.-

.-

A través de su educación religiosa de infancia y primera juventud, de sus abundantes lecturas y viajes, Don Domingo, nacionalizó la Historia sagrada, identificó genealogías simbólicas, imaginó decididamente encarnar personajes y gestas del Viejo y Nuevo Testamento. Analogizó los episodios de la historia del pueblo hebreo con los de nuestra Patria Americana.

 

Así lo señaló uno de sus discípulos espirituales, el crítico y poeta Ricardo Rojas en su "El Profeta de la Pampa": "La caída y la redención; patriarcas que hablan con Jehová, profetas que traen el mensaje de Dios a su pueblo, leyes sobre el Sinaí en relámpagos, marcha a la Tierra Prometida, trompetas de Jericó. ¿No era esa gesta como una alegoría de su patria?. Así lo sentía él, y él imaginaba ser su profeta" (ob. cit., ed. 1962, p. 597), cap. 42).

 

Advertimos ese paralelismo por la importancia espiritual en sus biografías, entre "la zarza ardiente" ("Éxodos", 3), el diálogo trascendente en el Monte Sinaí para uno, la visión teofánica (griego "theos": divinidad, "faino", manifestación) del Camino de Damasco al contemplar las tropas de Facundo Quiroga en las calles de San Juan y decidir así consagrarse a su misión "más que personal" (Obras, t. 22 y 49).

Y siempre haciendo uso de un lenguaje franco hasta ser descortés, y "diciendo verdades amargas sin otro título que el creerlas útiles" ("Mi Defensa", Introd.).

 

Lo fascinó a S. la figura del riojano Juan Facundo Quiroga (1793-1835) a quien en 1845 consagra su obra más importante, por razones políticas e históricas. Pero también, como advierte Manuel Gálvez, por sus similitudes con la tierra y la persona de Moisés. Símbolo, leyenda y liderazgo: "Porque La Rioja se parece enormemente a Palestina y porque en Facundo, ‘el general pastor’, el lector de la Biblia, hay algo de los reyes y de los caudillos del Viejo Testamento" ("Vida de S., el hombre de autoridad", 1945).

 

Puede verse también: Alain Didier-Weill: "Invocaciones. Dionisos, Moisés, San Pablo, Freud", Nueva Visión, 1999; Pablo Besson, "La Biblia según D. F. S.", "La Prensa", 25-10-1938; T.R. Glover, "El mundo antiguo. IX. Los judíos. B) Héroes, Reyes y Profetas", EUDEBA, 5ª. Ed., 1993; W. Churchill: "Moisés. El Conductor de un pueblo", "Pensamientos y Aventuras", 1963, p. 435-444).

 

S. adopta en sus discursos populares y parlamentarios el tono de Moisés, la metáfora de linaje escriturario, que prestigia su literatura: "Mientras atravesamos estos cuarenta años por el desierto ("las guerras y revoluciones por que hemos pasado") que la igualdad es el Señor que nos sacó de la casa de Egipto" (Obras, t. 21).

 

Para él, conocer es comparar. Reconstruye ingeniosa y sabiamente equivalencias y simetrías, para conferir sentido a sus tesis.

Por ello afirma R. Piglia: "Para S. saber es descifrar el secreto de las analogías", "Facundo: el comienzo", en supl. Culturas, "Página 12", 11-9-1988, p. 2. (cons. F. Schiller, ensayo "Misión de Moisés"; el Padre capadocio Gregorio de Nisa -siglo IV, "La vida de Moisés o Tratado de la perfección en materia de virtud"; E. Relgis, (Sigler, 1895-1987, escritor y pensador apostólico de tendencia anarquista, "Profetas y Poetas", 1955, 2ª. ed., Montevideo, 1981, p. 22-34).

 

La democracia igualitaria de nuestra historia, adquiere en su pluma la categoría de Dios Liberador de la esclavitud de los judíos en Egipto ("Espíritu y condiciones de la historia en América", 1858).

Moisés simboliza la Libertad de los nuevos tiempos, la independencia americana. El pasado pre-revolucionario se corresponde en su concepto, con la etapa egipcia de la historia hebrea: "Nuestra historia Colonial anterior a 1810, es una prolongación del viejo mundo en nuestro suelo, con todas las desigualdades de la vieja tradición de la humanidad".

 

Como expresa Rosenvasser, S. se empeña "en adecuar las palabras de antaño a modos especulativos y pragmáticos" de su realidad y a necesidades de su época. Confiere "un sentido nuevo" a los textos venerables de los Antiguos, adaptándolos a los ideales contemporáneos, a sus intereses políticos y literarios (A.R.: "Fundamentos historicos...", 1947, p. 7-8).

 

S. puja por abolir las antiguas Tablas (lacras) de la Montonera, e instalar el Nuevo Código de la Libertad, la Autoridad y la Instrucción Popular. Presenta y propone la Biblia de la Ciudad Liberal Americana.

 

En "Las herencias transversales" (1881, en Obras, t. 48), sobre los legados y misas en sufragio de las almas, y que desdeñan la necesidad de obras piadosas para los seres vivos que sufren, discute el Decálogo Mosaico, incluido en "Éxodo", 20: 12: "honrarás a tu padre y a tu madre, para que así vivas largo tiempo sobre la Tierra Prometida".

 

Se desencuentra en "El Nacional" con la prensa ultramontana, que él apoda "ultrapampeana". Distingue "esta ley" y seculariza asuntos teológicos, que "se proclamó en el Sinaí al salir el pueblo hebreo de la servidumbre de Egipto, yendo camino de la tierra de promisión, la Palestina".

Diferencia la "idea puramente carnal de recompensa en este mundo, las virtudes, y la observancia de los preceptos mosaicos", el espiritualismo paulino, joánico y patrístico, "el alma inmortal como solución de longevidad".

 

Concluye adhiriendo al pensamiento crítico, según lo relata San Marcos, cap. 7, donde acusa la hipocresía de los fariseos. Acude al mismo texto, fuente neotestamentaria, en su "El Consejo de Educación en el Presupuesto y el Pbtro. Lugones Diputado" (1881, en "Educar al Soberano", Obras, t. 47): "apenas entró el Sr. Sarmiento al Consejo de Educación, empezó como Jesucristo en religión a explicar la ley y los profetas en materia de educación".

 

"Jesucristo mismo condenó las donaciones al alma, o a Dios, para servir en provecho de alguno". Condena, siguiendo las palabras de Cristo, la creencia de "almas timoratas", "que vale más encomendar misas que ejercer obras de caridad". Para abonar su tesis de aplicar esas herencias a fines más concretos y cívicos, como el fomento de las escuelas, consagra el mensaje divino: "¿Y cuál era la palabra de Dios olvidada?. ¡Sed Misericordiosos! con los hombres. Ama a tu prójimo como a ti mismo".

 

Al pie del Sinaí, "Éxodo", 24, Moisés edificó un altar con doce columnas. Asciende al Monte para comunicarse con Jehová: "sube a mí al monte, y espera allá, y te daré tablas de piedra, y la ley, y mandamientos que he escrito para enseñarles" (íd., 24: 12, 15, 16, 33 :"Entonces Moisés subió al monte, y una nube cubrió el monte", "Y la gloria de Jehová reposó sobre el Monte Sinaí", "Cuando Moisés entraba en el tabernáculo, la columna de nube descendía y se ponía a la puerta del tabernáculo, y Jehová hablaba con Moisés".

"Éxodo", 40: 34-38: "Entonces una nube cubrió el tabernáculo de reunión, y la gloria de Jehová llenó el tabernáculo".

 

En su artículo "La censura previa y el tribunal secreto del Consejo" (t. 47 de sus Obras), el sanjuanino recuerda este episodio significativo de la historia israelí, actualizándolo al asunto que lo ocupa, la función de la prensa en los negocios republicanos. Y se expresa así, enlazando la antigua tradición con la imagen de la cotidiana lucha en el Congreso argentino del 80. "La prensa con la ley que la protege, como aquella nube blanquecina que rodeaba el Arca en el desierto para guiar al pueblo". Intensifica, enriqueciéndola, esta imagen de la vida constitucional moderna, dilatando su enraizamiento en la Cultura greco-romana: "es la Némesis de los antiguos, aquella deidad vengadora".

 

 

4

.-

.-

En sus viajes por el continente de África, memora el pueblo hebreo y árabe "anterior a los tiempos históricos" y que conservan aun hoy "el espíritu eminentemente religioso que ha debido caracterizar las primeras sociedades humanas", "cuyos abuelos habían presenciado el Diluvio o sido testigos de alguna grande manifestación de la presencia de Dios sobre la tierra aun despoblada".

"Los árabes y los hebreos se parecen en que todas sus instituciones son religiosas; sus guerreros, como sus oradores, sus conquistas, como sus servidumbres".

 

Ubica en su consagrado "Facundo o Civilización y Barbarie" el origen de la misma en Hispano-América, que se le revela a través de su visión de las comunidades pastoriles (geografía y costumbres) de África y Asia: "La vida primitiva de los pueblos, la vida de Abraham... asoma en los campos argentinos" (ver Olga F. L. de Botas, "La parábola africana como pre-texto de S.", en "Viajes", ed. Unesco, 1993; A. M. Barrenechea: "El estilo de S. Función estética y signific. histórica de las campañas pastoras en el ‘Facundo’", en su "Textos hispanoamericanos", 1978).

 

Esta visita aguza su sentido antropológico. Reconoce a nuestro país: "¡Tate!, dije para mí, yo conozco todo esto, y las tiendas patriarcales de los descendientes de Abraham no están más avanzadas que los toldos de nuestros salvajes de las pampas" ("Viajes", tomo 5 de sus Obras, carta al abogado y periodista exiliado Juan Thompson, Orán, enero 2 de 1847).

 

Luis Franco en su cit. "S. y Martí" señala la correlación entre S. y Moisés como civilizadores: "S. es, ante todo, un presentidor de bienestar y ascenso humano, un anticipador de Cananes". Ambos, "en la desolación y el desierto", no cejaron en concretar la Esperanza y conducir vitalmente "su vasta sed de fertilidad y hermosura" (ob. cit., 1958, cap. 6: "Naturaleza y Arte").

 

"La tierra a la cual pasáis para tomarla es tierra de montes y de vegas, que bebe las aguas de la lluvia del cielo", en que se recoge con abundancia "grano, vino y aceite" (Deuteronomio, 11). Todo su periplo civilizatorio, su acción de progreso y avance nacional, la define con una metáfora que se refiere a la gesta Mosaica, reconoce esa procedencia: "Esto lo hemos obtenido después de sesenta años de vagar en el desierto", ("Prólogo" a "Conflicto y armonías de las razas en América", carta a Mary Mann, del 24-12-1882, Obras, t, 37).

 

En la obra citada, cap. "Los Padres Peregrinos", el argentino traslada a la historia del continente los conceptos sustentados en el Pentateuco. Enlaza la Religión con la Política y la Historia. La relevancia histórica del Profeta, los textos de la Biblia, son valorados para su mente como "modelos jurídicos".

Acota Adriana Rodríguez Pérsico que esa obra "aspira a ser el libro profético, la biblia argentina", "en un entramado que une a Darwin con la Biblia", Moisés y las previsions de la ciencia moderna. Articula "El origen de las especies" con el Pentateuco, para legitimar su adhesión a la teoría darwiniana de "The Preservation of Favoured Races" (autora cit., "Modelos de estado: figuras utópicas y contrautópicas" en "Filología", a.23, 1988, UBA, p. 111-112).

 

La colonización de América del Norte sigue los preceptos del Génesis (32: 14). El juicio sarmientino: "esa rigidez de interpretación del texto Mosaico, reputado sagrado, y hecho propio, impidió cuando llegaron a tierra que se unieran con las hijas de los cananeos que allí encontraron, también por prohibición expresa de Moisés".

La escritura bíblica: "Pondré en tus manos a los moradores del país, y los arrojaré de tu presencia". Diferencia la colonización española: "Los españoles no siguieron la ley de Moisés: cohabitaron con las hijas de Moab...".

Contacta el pensamiento hebreo con el de la conquista anglosajona. Afirma: "Las ciencias modernas, la psicología, la sociología, la anatomía, la etnología, se han encargado de probar que Moisés tenía razón". Basa su lógica, interpretando a la historia Moderna desde la Teología Cristiana. "El norteamericano es, pues, el anglosajón, exento de toda mezcla con razas inferiores".

Partiendo desde la perspectiva del Pentateuco, fundamenta su teoría de la antítesis del Continente: "nuestra colonización autoritaria, militar, semibárbara y salvaje", opuesta a "aquella otra, libre, espontánea y bajo Cartas que fijan claros principios de Gobierno, es el que muestra toda la colonización norteamericana". Ésta es la realización del "volcán de ideas, que remueven Moisés y los profetas antiguos" (loc. cit., "La Constitución de 1681").

 

Profesa el maestro un concepto ético y estético del Periodismo. Considéralo un arte literario y una moral. En su escrito "La prensa argentina" de 1882 (Obras, t. 46), estima a nuestra prensa como definitoria del Ser nacional, y como una milicia.

Visión sacra y estética, que en el citado artículo enriquece con imágenes de la historia cultural y que define desde la alusión bíblica.

"Para escribir con éxito para el pueblo argentino, es preciso no haber doblado la rodilla ante ninguna de las estatuas de oro con pies de arcilla que el pueblo se forma...".

El periodista "ilustrado, liberal y veraz" ha de ser un Moisés en su honor, impulso moral y progresista, denuncia y decisión. Una voz tronante contra el becerro de la apostasía y de la corrupción.

 

Como el preclaro Guía del Sinaí, el "diarista" descenderá del Monte, y ardiendo de ira destruirá los falsos ídolos (Éxodo, 32). . Ideal Mosaico, por la fundamentación moral y griego por la condición , el significante, la estilística; "...debe presentar las ideas de libertad y orden, de civilización y progreso revestidos con ropaje de gala y con la corona de rosas en la cabeza, como los convidados griegos a un festín en honor de los dioses inmortales".

 

En su "Conflictos..." ( vol. 1) su autor evaluó la Reforma Protestante que "permitió el desarrollo masivo del razonamiento, por la Alfabetización, y trajo como consecuencia el estudio de la Biblia y la identificación de las mayorías con los grandes ideales cristianos, con el mismo espíritu profético, oriental, semítico, que dictó aquellas sublimes páginas, en que después de la catástrofe del Diluvio vése la zarza ardiendo que habla con Moisés" (ob. cit., cap. 6: "Migraciones sintéticas hacia América").

 

Estas "sublimes páginas" acerca de la sobrecogedora visión, valoradas por S., corresponden a Éxodo, 3, el llamamiento de M. en el Monte Horib: "Y se le apareció el Ángel de Jehová en una llama de fuego en medio de una zarza; y él miró, y vio que la zarza ardía en fuego, y la zarza no se consumía", "lo llamó Dios de en medio de la zarza".

En Éxodo, 3: 8, Dios configura la misión Mosaica con la que el Hacedor huarpe se consubstancia como Estadista, trascendentalizando su tarea política (S., como M., se considera un "roe" y "nabi", llamado y enviado): "y he descendido para librarlos de mano de los egipcios, y sacarlos de aquella tierra a una tierra buena y ancha, a tierra que fluye leche y miel".

 

"La nube que se asienta sobre el Sinaí y despide rayos y truenos, la Cruz elevada sobre el Gólgota, la Redención del hombre por el Espíritu". Las dos escenas más relevantes para la Religión cristiana, las más significativas e irradiadoras de Espiritualidad. La comunicación con la Divinidad a través de esa nube impresionante (Éxodo, 24, 33 y 40) y la doliente imagen de Jesús Crucificado y el símbolo perenne de su muerte (V. Mateo, 27: 32 y ss.; Marcos, 15: 21 y ss.;, Lucas, 23, v. 26 y ss.; Juan, 19, vs. 17 y ss.).

 

En el mismo capítulo 6 de su "Conflictos..." recuerda la "resurrección histórica" de las prédicas Mosaicas con el surgimiento del Puritanismo en la Inglaterra renacentista. "...y de vivir por años en contacto diario con Moisés y los libros del Pentateuco, con su espíritu de exterminio y guerra contra el moabita, el filisteo...". "Por este iluminismo o fascinación mental, Moisés reapareció en Inglaterra con sus orientales teorías iconoclastas, con su fanatismo intransigente".

 

 

5

.-

.-

Semejante al resurgimiento de los modelos de la Oratoria moral Romana en la Revolución Francesa, "entonces ocurrió en Inglaterra un fenómeno igual", una resurrección y estructuración ética, una efervescente "energía de las ideas". La severidad principista, la elocuencia "tremendista", las normas de Moisés, inspiraron a "los anglicanos, los prelatistas, los monarquistas...", "el mundo moderno se transformó a los ojos de los iluminados en una parte del Asia y del África".

 

El Sísifo cuyano maneja una ingente bibliografía, una cuantiosa información: entre la más citada, "History of England before the restauration" de Thomas B. Macaulay (1800-1859), "History of Civilization in Europe" de Buckle, de las cuales trascribe extensamente fragmentos de sus tesis importantes.

 

Este espíritu Mosaico de los puritanos se traslada a una nueva "Tierra de promisión", "la Tierra Santa empezaba ya a señalarse siempre al Occidente" ("un nuevo exodus de la servidumbre de Egipto a Estados Unidos").

Colonizan la promisoria patria de Franklin. Los Padres Peregrinos, "proclaman en este nuevo desierto", las leyes "bajo la inspiración siempre de Moisés".

"El sistema de colonización, con la impronta de la ley Mosaica, no hacer alianza con el cananeo...".

 

Ya en 1849 en su correspondencia a Soriano, su pariente, había definido esta apreciación juiciosa de 1882: "El grito español es odio al extranjero", mientras que "Todas las repúblicas americanas crecen en pobreza y desmoralizaciones al tiempo mismo que los Estados Unidos, que se pueblan de extranjeros, son hoy el asombro del mundo" (cit. en "Epistolario íntimo", ed. B. G. Arrili, p. 19-20).

 

Refiere Hugo Mujica, nuestro poeta y ensayista de vertical inspiración, que M. "es un profeta según el concepto abrahamánico, individuo frente a una promesa aún por realizar, frente a un pueblo y a una tierra aún ideal". Mientras que el paradigma Mosaico, como el Carisma Sarmientino, es el Conductor de una empresa de riesgo, dirigida "a un pueblo concreto y humano, a un ‘pueblo de dura cerviz’" ("Camino de la Palabra", Paulinas, 1989, p. 41).

 

Combate exasperado, implacable, seguro, con su palabra y brazo sacramental, contra la incuria, la inercia, el caudillaje bicorne, la "oligarquía con olor a bosta de vaca", los intereses retrógrados y la indiferencia gigantesca: tarea que abisma en su tragicidad y complejidad (loc. cit., cap. 3: "Palabra conductora").

 

En 1865 desde la capítal del Perú, le escribe a la educadora Juana Manso de Noronha (1819-1875), instándola con su fervor excepcional a que lidie por la causa de la instrucción popular. Analiza las espinas que embarazan el camino para que avance esa lucha. Y encuentra una metáfora Mosaica preciosa. En el tomo 29 de sus Obras, "Ambas Américas", cap.: "Tribulaciones de un apostolado".

Entre esos escollos está el decisivo de formar y animar la "opinión pública", a favor de la Enseñanza Común. Es clave de su pensar y escribir, al exponer asuntos pedagógicos, valerse de alusiones y analogías sacras. La vocación de maestro tiene entidad de Sacramento. Lo siente y lo declara: "Agite las olas de ese ‘mar muerto’...", insta a la Manso. "La opinión es Moisés con los brazos levantados al cielo, sosteniendo el ardor de los combatientes" aprecia en bella y luminosa imagen.

 

 

 

6

.-

.-

En una carta a David Peña (1865-1930), joven historiador y periodista, datada el primero de enero de 1888, el anciano político traza un Resumen de su Vida de Estadista, valiéndose de la imagen histórica del Conductor de los Hebreos ("erra, fértil y espacioso, atravesando heróicamente mares y desiertos"). "De pobre que era en unos países, le mostré caminos y mares que conducían a otros más felices". Recuérdese Éxodo, 13, 17: 22 c. 14, el paso de Israel por el Mar Rojo. (Éxodo, 12, vs. 37-42: el camino del Sinaí desde Egipto, "al cabo de 430 años").

 

Censor de Barbarie, con la Palabra como Espada, a semejanza del dialogante con Yahvé: "Había vendas espesas de ignorancia y de barbarie en el pueblo y traté de arrancarlas". Idealistas, definitivamente Educadores de parecido linaje, trataron, como S. se autodefine: "de reunir muchos egoísmos, muchos dialectos en una sola masa homogénea: el pueblo".

 

Francisco Muñoz Cabrera (1902-1989), escritor y periodista, convoca a las figuras de M. y S. en su poema "Sarmiento...Sarmiento siempre" (en "Vigencia de S.. Cartilla sarmientina", 1988, p. 59). "Supiste ser el Gobernante / de las grandes acciones personales". El gesto de clamar por la protección divina para salvar a su pueblo de la ignominia, se dibuja en ambos, en lengua y actos desbordantes. "...como un Moisés enorme, / invocando a los manes, / para salvar a un pueblo que moría / entre guerras y pestes infernales".

En "Números", c. 33, se relatan "las estaciones de los hijos de Israel cuando salieron según sus escuadras de la tierra de Egipto, conducidos por M. y Aarón". En la última etapa, "acamparon a lo largo del Jordán, desde Bet Jesimot hasta Abelsittim, en los llanos de Moab" y al pasar a la promesa tierra de Canán, M. los convoca: "Ésta es la tierra que por suerte habéis de distribuir" (Números, 34: 13).

En Deuter. habla M. , se dirige a su pueblo, exhorta y amonesta. "Mirad: Yo os he enseñado leyes y mandamientos para que los pongáis por obra en la tierra en que vais a entrar para poseerla". Deut., 9: "¡Escucha, Israel!. Estáis hoy para pasar el Jordán y marchar a la conquista de naciones".

 

Fe en el Porvenir. Promesa y Amenaza. Deuter., 11: "cuidad mucho de que no se deje seducir vuestro corazón, y, desviándoos, sirváis a otros dioses". "Ved; yo os pongo hoy delante bendición y maldición".

 

Como Domingo, al prestar su Juramento a la Presidencia de la República, en su discurso del 12-10-1868 (Obras, t. 21): "me atrevo a esperar que su bendición (de la Divina Providencia) se hará por fin sentir sobre esta parte de la tierra, que parece abandonada desde tan largos años a las consecuencias inevitables de los errores que extravían la marcha de los pueblos y de los gobiernos y han obstaculizado la obra de la salvación común".

 

En su "Proclama de Despedida del Presidente" , 6-10-1874, exhorta, pontifica: "¡Conciudadanos!. Que sea mi última palabra el consejo sincero, de que os mantengáis en rededor del Gobierno de vuestro país, desoyendo las sugestiones de embrollones políticos y militares, o de especuladores patrioteros, que esperan poner la mano en el tesoro público".

 

Su "Iris de Paz" como gobernante ha sido el fomento de las vías férreas, las escuelas, el telégrafo, bibliotecas, etc. Su bendición: "He hecho lo posible por salvarlos de sí mismos y de sus extravíos y ", adopta el mismo gesto del caudillo de Israel, bramido augusto y temerario, ante los idólatras (Éxodo, 32; Deuter., 17). Su maldición: el desvío de las Leyes Constitucionales, de la recta moral pública.

 

Desde los tiempos de la unión y organización nacional brega por la confederación de voluntades políticas dentro de las normas republicanas. "El filósofo lamenniano, el apóstol del Cristo, la roca inamovible (...), el joven guerrero en fin, que salió en busca del Arca de la Alianza". (en sus Obras, t. 52, "Escritos diversos", 10-3-1858).

Escribe: "¿Y qué le respondemos al que dijo no matarás?. Fue Moisés, Bilbao, que hizo morir millares en el desierto, y dictó las leyes draconianas, que concluyen por esta frase ‘muera de muerte’" (ídem, 17-3-1858). La referencia bíblica es a "Éxodo", el cofre que contenía las Tablas sagradas y la enorme figura mítica de Moisés le sirve a S. para definir más precisamente e ilustrar su pelea en los diarios (las ofensas gratuitas) de Francisco Bilbao, chileno delirante y mistificador, difamador de menor cuantía, respecto de la procedencia de la pena de muerte.

 

Mucho tiempo después, en 1875, hablará de este "joven un poco iluso, religioso por organización, seudo-apóstol infatuado, "partidario y sostenedor de Urquiza" y recordará esa "querella": "no habrá mucho de serio en aquellas elucubraciones" del "finado Bilbao" ("La Tribuna", 26-4-1875, Obras, tomo 2).

 

 

 

 

 

 

7

 

José A. Ramos Sucre (1890-1930) en "Lección Bíblica" (1918, incl. en su "La torre de Timón") escribe que Moisés, como don Domingo, "no olvida el deber de la actividad despierta" y "expande el ígneo espíritu civil que fragua las sociedades libres". Irradian una inspiración que los "levanta con vuelo inaudito".

El sanjuanino debiera ser representado en su iconografía con "los cuernos augustos de la fuerza", según el arte de Miguel Ángel. Genios barrocos, de verbo radioso de imponente gravedad dada su Conciencia Cívica.

 

Sus sueños se prefiguran magníficamente en "Deut.", 8:7-10: "una tierra buena, tierra de torrentes, de fuentes y hontanares (...), de trigo y de cebada, de viñas, higueras y granados". El propósito Divino es "subir" al pueblo "a una tierra buena y espaciosa, a una tierra que mana leche y miel...". Así lo revela (Éxodo, cap. 3, vers. 8) a Moisés.

Es el "Lacium" esplendente que Don Domingo imagina, que le sugiere inteligentemente su amigo el jurista Dalmacio Vélez Sársfield (1800-1875), quiere para su Nación, desde su accionar imbatible. La Canán argentina (Thomas Cahill: "Los dones de los judíos", 1998, cap. III. "De la esclavitud a la libertad").

Esta patria de promesa se fragua entre la dialéctica de Civilización / Barbarie, así como Moisés (Deut., 30: 15. 19) señala los dos caminos: el bueno, de posesión bendita en vida y felicidad, y el negativo, de la destrucción por la muerte y la desgracia. Culto de normas y preceptos de vida versus culto a los dioses de la muerte.

 

Hombres "de contradicciones y de anhelos" como perfiló Miguel de Unamuno (1864-1936) al ser sustancial y la situación existencial del español Joaquín Costa (1846-1911), con su lema de "Escuela y Despensa", su combate "sarmientino" contra la Oligarquía y el Caciquismo y sus tensos esfuerzos por la "europeización" y Regeneración española, en su "Discurso en homenaje a J. C.", 1932; solo en la altura de su misión como el mismo conductor de los israelitas (en su "La soledad de Moisés", cap. de "De esto y aquello", 1950-1954), torrente de fuerza severa y de bondad poderosa.

 

Descubrimos el tono cultual, litúrgico, de los escritos sarmientescos, lo confirma el "Cántico " de Moisés en "Deuteronomio", cap. 32: "Prestad oído, cielos, que hablo yo, escuche la tierra las palabras de mi boca. Como lluvia se derrame mi doctrina". ‘Palabra-sable’, ‘aguacero de verdades ciudadanas’, verbo iluminador en la mano fuerte del León cuyano.

 

En 1870 el presidente S. visita la Colonia Esperanza, fundada en 1856 y compuesta por entusiastas inmigrantes, en Santa Fe, entusiasta de la civilización agraria, "sanjuanino agricultor", se interesa por la labor del inmigrante en el campo. "Es el mago de la Patria" así como a Moisés le es otorgado por Yahvé el poder de hacer prodigios (´Éxodo, 4).

José Pedroni (1899-1968), el notable poeta santafesino, evoca a "S. en Esperanza", en su obrita, densa y sustanciosa, "La hoja voladora", poesía, 1961: "Como Moisés, en el agua echó su bastón de mando, y el río se puso dulce con aquel bastón flotando"... El "bastón de mando" de Moisés que dulcifica el río, aseméjase al rudo bastón presidencial sarmientino en la poesía pedroniana. Su palabra, "un cayado de Dios". "Dijo cosas muy hermosas: / llamó al gringo ciudadano". Con su privilegiada vara hace y anuncia, promueve e inaugura, lidera y transforma, alfabetiza y legisla (Éxodo, 4, 2.20/ 7, 9 / 8, 16 / 9, 23/ 10, 13 / 14, 16/ 17-5; Números 20, 8).

 

Hirió el Mar Rojo de la Barbarie gaucha y colonial hispánica con su vara republicana. Derribó esa roca feroz de la Ignorancia, con el Bastón de la Escuela.

"Hiere la roca y saldrá de ella agua para que beba el pueblo" (Éxodo, 17:5-6, Números, 20:8-9, 11): "hablad a la roca, y ésta dará sus aguas; de la roca sacarás agua para dar de beber a la muchedumbre".

 

Finalmente, Moisés como S., "quiso instituir un cuerpo de nación con leyes, reglas y códigos, para que aprenda a vivir en libertad" (R. Christensen, "La eterna lección de Moisés", "La Prensa", 1-4-1990).

 

 

Muchas de las ideas del autor de "Vida de Aldao" tienen fuerza de mandamientos, y a pesar de todos, intenta implantarlas en su tierra. A la moralidad del fondo agrega, la corona, gramática de donación e imprecación, como una Homilía. Toda su obra implica, compila un Evangelio de trabajo y constitución nacional.

Como lo poetizó Alejandro Martí: "Amó al humilde y le dolió su vida; / sintió a su Patria y esculpió su sino: / cual si un Moisés le señaló el camino / y en cuyo fin la Tierra Prometida" (en su "Retratos de S." II, en "S. en el soneto,", C. H. Guerrero, 1974, 2° ed., p. 54).-

 

Otro poema, de Eradio Doce (recogido en la misma antología mencionada anteriormente) da cabida a la mirada Mosaica de la figura del maestro: "Moisés del abc; en los eriales / tocados por su vara diamantina, / desbordó de la arteria cristalina, / el torrente lustral de las ideas".

 

También el consagrado poeta Leopoldo Díaz (1862-1947), lírico parnasiano, recoge en su verso escultural la imagen religiosa: "De América rasgando el horizonte obscuro / cruzó tu verbo henchido de bíblico temblor".

 

"¡Como es Dios mío! Que en la campaña de Buenos Aires, prenden las ideas, y en la capital donde se reconcentran el saber y el capital, no tienen entrada. ¿Será siempre cierto que las doctrinas que regeneran a las sociedades, tienen que nacer en Galilea de los gentiles, la campaña; y de allí avanzan hacia Jerusalén, entran en triunfo siniestro, para ser colgadas en seguida por los doctores de la ley y los fariseos?" (1867). Sobre todo en su pasión central, el tema educacional, S. concentra sus mejores analogías bíblicas y metáforas religiosas.

 

"He vivido de la Fe por tantos años de mi vida... Como en la Pampa, veo que vamos haciendo zig-zags, porque no llevamos como los hebreos en el desierto un fanal que nos alumbre" escribe a Mitre en 1854.. La ausencia de liderazgos políticos, su desazón de criollo patriota y su fervor de comparación con el pueblo hebreo que en la Antigüedad luchó por su liberación bajo la guía de Dios. La mirada y la voz de Jehová los orientó y condujo ("Números", 33, "Deut.", libro 5°, 2).

 

 

 

8

 

En su estudio "Moisés y Martín Fierro" G. Luzuriaga Agote ("

Publicado por Desconocido @ 14:15
Comentarios (0)  | Enviar
Comentarios