LIBERTAD Y CREACIÓN EN
BERGSON Y SARMIENTO.-
Por Guillermo R. Gagliardi.
I.-
En carta a su amigo chileno, el jurista y político José V. Lastarria (1817-1888), DOMINGO FAUSTINO SARMIENTO (1811-1888) le escribe: "Vivo y siento la vida". "Pocos hombres tendrán existencia más llena, más variada, paseada por más extenso espacio de la tierra, ni presente a más extrañas vicisitudes".
Expresa, poético y castizo... y metafórico...: "he aquí mi existencia, a merced de los vientos, en mar un poco crespa, sobre escollos harto visibles para no evitarlos y con suerte varia, sin ser nunca ni muy venturosa ni desesperada" (10-1-1876).
En una epístola al mismo, Don Domingo intuye magistralmente, en 1884, la idea bergsoniana de la Vida como una corriente incesante e inapresable por el intelecto: "Es mi memoria una pizarra en que merced a la movilidad de mi existencia y a las fases diversas de mi acción, se sustituye un cuadro a otro, dejando apenas número, letras, palabras sin sentido del que le precedió" ("Correspondencia S.-L.", M. L. Del Pino de Carbone, 1954, carta del 4-1-1884).
En dichos textos, nuestro maestro adelanta asombrosamente las tesis de HENRI BERGSON (1859-1941), el filósofo y escrito francés, Nobel de Literatura 1927, en su "La pensée et le mouvant" sobre "la creación continua de imprevisible novedad que parece perseguirse en el Universo". Esencia de la "duración" es esa elaboración "sin cesar de algo nuevo", parte de "ese movimiento, que es como un torbellino", una fluyente simultaneidad.
Es la "marejada tumultuosa", "la oleada turbia, espumosa y alborotada" del sentir, del pensar, en los días sarmientinos (carta a Mary Mann, 6-12-1882, en su "Conflictos y armonías de las razas en América", t. I). Genial visión del viejo luchador, preanunciando las cogitaciones bergsonianas.
En carta a Bartolomé Mitre (1821-1906) (1-10-1854, en su Obras Completas, edit. Luz del Día, t. 52, p. 58), S. refiere a su capacidad "intuitiva", su visión histórica anticipadora: "El hábito adquirido en catorce años de poner el oído a los imperceptibles rumores de las cosas que vienen, me ha creado una especie de instinto, de conciencia anticipada de las situaciones".
Caracteriza ese estado anímico de duda, en el destierro chileno, entre volver a Buenos Aires de donde se desterró por disentir con la política de Justo J. de Urquiza (1801-1870, nuestro Primer Presidente Constitucional), o radicarse en su San Juan.
Por un lado, su conciencia y su deseo según Bergson, "mi razón, mi interés" según el argentino, el análisis, lo externo. Por el otro, "una fuerza interior" según éste, una visión directa, comprensiva e inmediata de la realidad, "que le pintaba su situación difícil en el ámbito porteño", es la intuición bergsoniana, que se dirige al devenir, capta la interioridad.
II.-
En su discurso ante la inhumación de los restos mortales de S., el Dr. Isaías Gil marcó, según lo entendemos nosotros, el bergsonismo del intento sarmientino por liberar y lograr "la evolución creadora de la civilización americana": "la misión de S.- colocar el entendimiento americano, libertándolo de las fuerzas perturbadoras de su propio movimiento, en la situación indispensable para su desarrollo espontáneo".
Creía el autor de "Facundo" en la originalidad del carácter argentino y en su "fuerza prodigiosa de expansión". Se requería para esta magna obra, las virtudes de nuestro Sísifo: voluntad poderosa, genial intuición de nuestra naturaleza, un espíritu superior en independencia y tenacidad. ("S. Discursos pronunciados en la inhumación de sus restos, el 21-9-1888", Bs. As., Impr. Biedma, 1889).
El impulso continuo de las ideas de Bien Republicano: ésa es la ocupación y preocupación de Don Domingo. Consiste en ella su "moral de aspiración" según la denomina Bergson: "el alma que se abre a la aspiración está toda ella entregada al júbilo". "Joie" taumatúrgica y teúrgica sarmientina: el hacer (hasta prodigios si fuere necesario), combatir, para organizar, implantar y generalizar ideas de Civismo progresista. "El júbilo es marcha hacia delante". Mística sarmientesca.
Religión dinámica, participación en el Hacer Divino, en la Creación Universal. ("Les deux sources...").
Acción de amor, de orientación trascendente. Fundación de la Sociedad legocrática. Bergson: "El conjunto de los ciudadanos, el pueblo, es pues soberano. Tal es la democracia teórica". Hace suyas las palabras de Kant, que traducen el concepto sarmientino: "el ciudadano como legislador y súbdito", "un hombre ideal, respetuoso de los demás como de sí mismo".
Predomina en la personalidad de Don Domingo un alto grado de "Inteligencia" en el sentido bergsoniano. (B.: "el entendimiento" "nos mostraba (...) un orden infinitamente sabio...", "L’evolution créatrice"). Se confiesa: "fui siempre una máquina de pensar, absorbiendo este trabajo incesante del espíritu toda mi existencia" (en carta a Mitre, mayo de 1862, siendo Gobernador de su provincia natal).
Un esquema de la realidad nacional, un racionalismo Iluminista, que propone aplicar al suelo e idiosincrasia criollos. Desde este último enfoque lo ubicamos como un estadista de tendencia cartesiana. Pretende una inmovilidad y mecanicismo social para imponer los dictados del modelo yanqui, en el país de Facundo y Rosas. Ese arado ideológico se rompe ante estos terrones.
La dura experiencia del gobierno, las ingratas polémicas, los lamentables fracasos, no obstante la nobleza de fines y el entusiasmo impar en la instrumentación, lo maduró en gran parte para ejercer su genialidad constructiva, partiendo de la operación intuitiva, la penetración hasta la profundidad particular de la tierra hispanoamericana. Es nuestro S. bergsoniano.
Nuestro S. viejo. Nueva actitud, anti-dogmática, implica auténtico conocimiento de la Argentinidad. Es su útil etapa de hombre público, periodista, senador. Crítico de las imposiciones foráneas, de la teoría inmigratoria y las escuelas de las colectividades que desdeñan la instrucción en los temas nacionales.
Denuncia a los trabajadores de fábricas y factorías en "El Paraguay Industrial". Ahora se transforma en el apologista de nuestro Arte, Literatura y Ciencia. Consagra la incipiente paleontología, astronomía y fauna-flora argentina.
Justiprecia ahora, y eleva su apología a la herencia española, v. gr., en su "La conciencia castellana", "Bética", etc. Se dirige a lo originario.
Aplaude y estudia y divulga los méritos de F. J. Muñoz, el Perito Moreno, el Dr. Ramos Mejía, F. Ameghino, etc. Prologa, edita, difunde, comenta, elogia sus trabajos sobre Arqueología americana, Medicina folklórica, Arquitectura autóctona, Antropología indígena, la Lingüística y Filología primitivas de Sud América, etc. Invierte la dirección de su pensamiento. Se argentiniza. Lo real argentino, lo que deviene y se hace, que forma incesantemente el ser iberoamericano. Percibe, descubre, los datos genuinos de nuestra tradición, la fuente del impulso vital de la Nación, con lo que afirma su propia conciencia, la de la Patria Grande y la suya personal.
Se sarmientiza, es más S. que nunca. Es el arquetipo que rescatamos para la posteridad.
S. declara profesar una filosofía de la historia epistemológicamente racionalista, nacida del pensamiento moderno. Así en su escritura "La reforma ortográfica" (1844, Obras, t. 4): "el mundo moral como el mundo físico tiene su manera de proceder invariable, y como en los fenómenos de la naturaleza, hay orden y sucesión en los de la inteligencia". Según esta cosmovisión, las ideas se desenvuelven según una misma sucesión de causas y efectos, de acuerdo con leyes invariables, presentando una "especie de reproducción de series de acontecimientos". "Así se explican todos los fenómenos de la inteligencia". La razón tiene proyección macro y microcósmica, "esto que sucede en las grandes cosas, sucede en las pequeñas".
Concibe en la historia humana una evolución de la racionalidad, como progreso del pensamiento y un Dualismo del espíritu humano, como ser afectivo y ser intelectual. Así por ejemplo, en 1841, en sus artículos densos de meditación en el joven diarista exiliado ("El Mercurio", agosto 1841), Obras, t. 4). "Por resultado de tan largos siglos de trabajos, el hombre de nuestros días se ha vuelto todo inteligencia". El cerebro y el corazón, en constante evolución histórica, es la clave del progreso de las sociedades, de la intensificación y extensión de valores de la persona individual y colectiva, y perfila los valores fundamentales de su conciencia política y pedagógica., clave de toda su acción civilizadora.
En su "La energía espiritual" observa Bergson y marca su "pragmatismo romántico", su prescindencia de la disquisición abstracta: "Ye ne vois qu’un moyen de savoir jusquíoú l’on peut aller: c’est de ce mettre en route et de marchar" (cita de Alejandro Korn en su "De San Agustín a Bergson", ed. Nova, 1959, p. 139).
Pero el filósofo, acota Korn, no se pierde en la actitud especulativa pura, sino que "entiende apoyarse en la base firme de la experiencia y de la ciencia".
"La religión, lo bello, el amor, el patriotismo, sin dejar de ser afecciones sublimes, son racionales, inteligentes, meditadas. "La mayor humanización implica en su ideario modernista, una superior intelectualización, una creciente complejidad de la ciencia y de su aplicación, la Técnica. "No bastan las emociones del corazón, necesita para que no le empalaguen, que vayan acompañadas de la sabrosa sazón del pensamiento".
El "nuevo poder de la época" es la razón, el avance masivo de la ilustracion, "la razón del mayor número": "Napoleón es el símbolo..., ¡pura inteligencia!". La Racionalidad estructura a la sociedad republicana, le confiere unidad y continuidad y posibilidad de adelanto. Pues para el iluminista sanjuanino, "las bases del gobierno democrático" están en la constitución de "una sociedad de seres inteligentes", con "conciencia íntima de su propia dignidad y de sus derechos" y deberes.
Por ello se dedica con altísimo convencimiento y entrega a su tarea ciclópea de educador, de propagandista paulino de la instrucción popular para formar "la razón pública".
El pensamiento y acción de Don Domingo manan de su "Yo profundo". Lo manifiestan, bergsonianamente, sus epístolas bravas o íntimas, sus discursos de civilizador, sus gritos de denuncia y sonoras polémicas.
III.-
En 1849 en un artículo en "La Crónica", incluido en el tomo 9 de sus Obras, "Instituciones sudamericanas", S., joven y aguerrido periodista y promotor de cultura en Chile, deja expresado un esbozo del "Impulso vital", el "élan vital" bergsoniano, de la "Evolución creadora del espíritu" (1907), de la "durée" como el ser de la libertad.
Universos religiosos, el de S. y B., en que la concepción divina marca sus acciones y escritos. A propósito del valor espiritual y teocéntrico de la palabra escrita como concreción trascendente del Bien, intuye, entusiasta, la "ética de aspiración" de 1932, su cualidad de avance y progreso.
El maestro sanjuanino ahonda el sentido de su prosa de "diarista": "el alma regeneradora como el principio vital en la atmósfera física, difunde su hálito benéfico por medio de ese vehículo impalpable, formado por la palabra escrita. Epidemia de vida, en vano se tratará de detenerla. En vano, porque Dios lo quiere...". Canta loas al poder irresistible de la libertad de la palabra, "la libertad santa del pensamiento del hombre", "es y debe señalarse como la primera", "élan" de vida y libertad absoluta, en devenir universal, visión metafísica fundante.
En carta al presidente Mitre, el Gobernador de San Juan, confiesa que su ambición como estadista es tener "poder para crear, transformar, realizar". Su magna tarea tiene el carácter extraordinario de las obras de los grandes místicos cristianos que Bergson define en "Las dos fuentes...", cap. III, "una vitalidad multiplicada, asombrosa, una potencia de concepción y de realización".
Es el Hacedor Supremo hispanoamericano, el Creador por antonomasia. "Thaumatourgós" y "Theúrgus" andino. "Creen que soy el áncora de salvación y querrían confiarme el poder para conjurar tantos males" (carta de 1867 a su hija Faustina). "Pónganse a mi lado, detrás, espalda con espalda los otros, pronto que levantaré la piedra y la subiré sobre la montaña" (Obras, t. 49).
Porque "Tengo la convicción íntima de que puedo hacer el Bien, porque sé en qué consiste". "Yo tomo el barro para modelarlo".
Gasta la fuerza de un Sísifo en echar los cimientos de la República, en crear y dirigir la opinión pública, en imprimir un movimiento y aceleración a la consolidación nacional. "¡Es preciso tomar en manos luego la materia y darla forma e inspirarla soplo de vida!" (carta a Mitre, 2-11-1853, "S.-Mitre. Corresp.", 1911).
Impulso "demiúrgico" por organizar la Nación, por concebir la República. "...¡Me palpita con agitación el corazón al escribirlo!". Vitalismo y emoción soberanos. Caudaloso deseo de "amasar el barro". Sus ideas-fuerza las traza vastísimas, para efectos prolongados, con perspectivas futuristas e intención reformista, de construcción de una nueva realidad.
"Las ideas que me han preocupado toda la vida. Es para llevarlas a cabo en grande escala, es para hacerlas efectivas y llevarlas a la práctica..." (carta a Mitre, Yungay, 1-1-1855). "Esta es mi grande empresa ahora...". Desea con fervor inaugurar un Nuevo Mundo, una América del Progreso.
Es la chispa del adelanto cívico, él enciende la acción con sus ideas. Por ello confiesa a su entonces colega ideológico, el historiador-poeta-militar-hombre público, en 1862: "Me contento con imprimir el movimiento". "Dénme patria donde me sea dado obrar, y les prometo convertir en hechos cada sílaba" reclama el taumaturgo.
En igual correspondencia agrega otras líneas donde define su capacidad teúrgica, su poder colosal de iniciativa. La tarea de promotor de la enseñanza popular primaria: "esta grande obra en que he comunicado tanta savia, que me ha hecho sufrir tanto"..
También desde San Juan envía otras muestras de confesión espiritualista, profesión de fe bergsoniana anticipada, muestra de su mentalidad pre-lógica: "Y no se burle de mi aserción: en punto a presentimiento o intuición del estado real de las cosas, soy como el andaluz que se tenía miedo a sí mismo. Tengo segunda vista".
Anticipa a Bergson, a quien para penetrar la Realidad hace falta esa captación que S. privilegia en sus sentidos: esa simpatía supra y extra-intelectual. Lo que captamos es la Vida, en fluir constante, en perpetua evolución.
En Bergson y en S. observamos un continuo afán de polémica y de combate contra ideas que consideran retrógradas y negativas. Toda su fuerza intelectual, su inteligencia luminosa, se compromete en esta lucha. En el francés, las actitudes naturalistas, el determinismo y las posturas anti-metafísicas son el blanco de sus celebrados escritos y clases. En el cuyano, la barbarie y caciquismo, el cerrilismo y la colonia...Véase A. Palcos, "S. La vida, la obra, las ideas, el Genio", Emecé ,1962; "S." de E. Martínez Estrada, 1947; "Densidad espiritual de S." por J. M. Chavarría, 1962).
IV.-
Obrar libremente, teóricamente en uno, pragmáticamente en el autor de "Educación Popular", consiste en actuar desde la conciencia más íntima, tomar auténtica posesión del Yo, expresarlo espontáneamente.
Entienden el mundo en esencia, como Actividad y Libertad. Escribe el pensador Nobel que es retomar posesión de sí mismo ("Los datos inmediatos de la conciencia", 1889). Sostendrá que no hay un Yo "sustancial", sino un "proceso" continuo y fluido, un fluir incesante, la llama "duración real".
Toda la épica sarmientesca, sus batallas por el Progreso, consisten en la puesta en marcha jubilosa de una Mística Cristiana en el sentido bergsoniano. Una exteriorización de su amor por el Bien cívico, un servicio práctico y activo para la fundación definitiva y organización de nuestros países. En ello estriba su "religión dinámica", su impulso constructivo desde su potente Yo, apasionado y ejecutivo y amoroso, su intuición totalizadora del ser nacional" ("Les deux sources..."), su "moral de aspiración", consagración de la voluntad intensa y la acción omniabarcadora, en continuo avance creador.
A partir de 1843, en Chile, con su "Mi Defensa", S. desarrolla en su escritura autobiográfica la "memoria simbólica", que Bergson teorizará justamente medio siglo después, en su "Matiére et Mémoire" (1896). Interpreta su pasado vital desde sus fines de promoción política, defensa y controversias. La "historia colonial" de su familia y la "vida republicana" de su juventud y madurez.
Construye su biografía, esculpiendo una estatua, escultura incesante y ejemplarizadora. Modelo patético de "esta pobre América del Sur". Comprende, para obrar. Selecciona, basándose en su percepción segura y excepcional, de lo que es conveniente para su futuro público. No vinculada estrechamente con los hechos concretos, sino expresada desde su visión personalista, su Yo, su desmesurada conciencia de sí.
A partir de esta observacion el crítico Adolfo Prieto une la autobiografía sarmientina con la teoría bergsoniana. Según la explicación del filósofo francés, los "Recuerdos de Provincia" analizan el pasado propio, insertándolo en los intereses de su presente y lo transforma de recuerdo en percepción privilegiada, preciosa.
La "memoria vital" explica B. revive el pasado como un acontecer único e irrepetible, contrariamente a la "memoria técnica". (A. Prieto: "La literatura autobiográfica argentina"" cap. III, Eudeba, 2003).
S. nos trasmite con gran fuerza la impresión de un ser enteramente libre y personal, entidad irrepetible en nuestra Historia. "La mayor parte del tiempo vivimos como externos a nosotros mismos, sólo aprehendemos el fantasma descolorido de nuestro yo", "somos raramente libres" ("Les données inmédiates...").
Genio y Carácter, como señala perspicazmente Eduardo Wilde (1844-|1913) en su carta a F. Yofre, 1900: "nació para ser sentido. Era un grito...", vive siempre como interior a sí mismo, conciencia libre" (Wilde, "Cartas de Presidentes", vol. 9 de sus Obras Completas, La Facultad, 1935, p. 41 y ss.).
Es el mandato de un feroz y positivo Profeta. Cada uno de sus actos, palabras, escritos, discursos y proyectos, son él mismo, lo expresan absolutamente, lo contienen en su íntegra Humanidad.
Según la explicación del filósofo en "Los datos inmediatos de la conciencia", cap. III (1889) el Ego Sarmientino presenta maravillosamente amalgamados el "yo que siente y piensa y el yo que actúa". Es un Yo de imperial teofanía, en total "posesión de sí mismo", instalado "en la duración pura". Piensa como habla, obra desde su interioridad, su impronta es profunda, intensa y continúa, clama poderosamente por continuarse, y si es posible, perfeccionarse.
En 1934 Bergson publica "La pensée et le mouvant", serie de ensayos "que se cuentan entre los mejores trabajos de B." (según A. Vasallo, "H.B.", Centro Editor de América Latina, p. 7).
En nuestro sanjuanino es fundamental, clave de su pensamiento de Estadista, el concepto de Movimiento. Se contenta con "inspirar el movimiento", lo declara persistentemente. Su credo político, englobante de lo educativo-sociológico-económico (escuelas, bibliotecas, inmigración, ferrocarril, correos, telégrafos, reforma agraria, urbanización, industrias...), contiene como principio esta noción bergsoniana.
Hacedor, Caudillo Benefactor, Gobernante "Eudemónico". Inicia, propulsa, pionero, promotor de adelantos ciudadanos, impone, "en incesante pugna", la acción. Forma la Opinión, entusiasta, confiado en la nobleza de sus convicciones, la dirige hacia fines concretos. "Yo he vivido en el éxtasis permanente del entusiasmo".
Imprime el soplo vital a la empresa épico-dramática de "levantar una vara más alta este continente americano".
La fe sarmientesca rinde culto a la evolución continua, creadora, que Bergson identifica como la "durée réelle", la intuición primera, el ser de toda la realidad. Vivir sarmientinamente, es combatir, reformar, planificar, empezar, estimular, atacar, siempre levantar. Evolución Creadora, que el filósofo analizara exhaustivamente en su obra de 1907.
La Inteligencia toma "instantáneas" del devenir, inmoviliza, solidifica. Mientras que la Intuición capta lo móvil y la vida, cerca del sentimiento. El intelecto es incapaz de apresar ese flujo de la vida, y esa fuerza. S. brega por la Moral móvil, libre y creadora, y lucha contra la Moral cerrada, la de obligación, fija y conservadora, según la tipología caracterizada por Bergson.
V.-
Aforismo de Bergson que resume brillantemente el genio sarmientino: "Hay que actuar como hombre de pensamiento y pensar como hombre de acción". Condice con la expresión del sanjuanino en 1852, ("Campaña en el Ejército Grande", Obras, tomo 14, "Prólogo"), el pensador pragmático, torrencial, provocador infatigable. "Escribo como medio y arma de combate, que combatir es realizar el pensamiento (C. Floria, "El deber del intelectual", en "S., 100 años después", "La Nación", 4-9-1988).
"Vivre consiste á agir" (B. en su "Le rire", 1926). Vivir exige que miremos "sólo ante nosotros, en dirección en que tenemos que marchar" ("La pensée et le mouvant"). Entonces, "Pensamos para obrar", para influir en la realidad.
"El movimiento es la vida. Correos, caminos, pavimento" escribe S. en Chile, en 1950 (Obras, t. 10, "Legislación y Progresos").
Cultiva un idealismo dualista:, habla de "idea ideal", teórica primero y práctica en su faz resolutiva (su aplicación, en el artículo "Ley de Imprenta" 1849, Obras, t. 9).
V. también "Bergson y el sentido de su influencia en América" por Manuel Gonzalo Casas, en "Humanitas", VII, 12, Tucumán, 1959, p. 95-108; A. Vassallo, "B. y nosotros", en su "Retablo de la filosofía moderna", UBA, 1968, p. 125-140; N. Márquez; "Lección de S. y esencia filosófica de sus ideas", en "Boletín n° 1", Instituto S. de Sociología e Historia, 1953, p. 171-183; "La obra de H. B." N. Abbagnano y A. Visalberghi, en su "Historia de la Pedagogía", 1969, p. 584-589; "El problema ético en la filosofía de B." C. Alberini, "La Prensa", 1925; F.W.Torres: "Dos filósofos de la vida. B.-Schopenhauer", Univ. Córdoba, 1938; "Homenaje a B.", Univ. Córdoba, 1936; J. Maritain: "Metafísica de B.", UBA, 1938).
Cuando nos escuchamos vivir –afirma el filósofo- percibimos un tiempo distinto al de los sabios (jalonado en segmentos homogéneos e iguales), un estado cualitativo en transformación perpetua que rechaza toda medida, que ninguna lógica puede encuadrar.
La conciencia del sanjuanino es primordialmente anticipadora del Porvenir americano. Es memoria del pasado proyectada al Futuro. Medita el filósofo "que la preparación de lo que será no puede efectuarse sin la utilización de lo que ha sido" ("La conciencia y la vida", en su "L’energie spirituelle", 1919).
Místico ignaciano y teresiano de la Patria, S. sacraliza su labor pedagógico-política, incesantemente creadora. Héroe por la audacia y esfuerzo activo en la tarea civilizadora. "Santo Laico", por su intención benefactora para las mayorías, su propósito humanizador de la vida ciudadana. Entre esas dos categorías de ser excepcional, descriptas por Bergson en su "Las dos fuentes de la moral y de la religión", se mueve el genio vigoroso del autor de "Argirópolis".
Impulso vital y ascensional de una Épica extraordinaria, la Sarmientina, en la que debemos interesarnos para mejorarla y actualizarla.-