martes, 02 de septiembre de 2008

TEMPERAMENTO Y LITERATURA DE SARMIENTO Y PAPINI.-

 

 

 

Por Guillermo R. Gagliardi.-

 

 

 

 

Algunas características de la persona, obra y vida de GIOVANNI PAPINI (1881-1957) hacen pensar en DOMINGO FAUSTINO SARMIENTO (1811-1888).

 

 

A.-

 

Recordamos al autor de "Educación Popular cuando Papini, en su "Espía del mundo" se refiere al hombre distinto al resto de sus próximos (cap. "La diversidad", ¡qué desgracia!"):

 

"Me parece mayor desgracia que la del ingenio la de haber nacido con índole demasiado diferente de la habitual en los conciudadanos y contemporáneos.

 

Imaginad, por ejemplo, a un hombre naturalmente inclinado a la generosidad de sentimientos y a la espontaneidad del afecto y a quien le toca vivir una época caracterizada por hombres de árida inteligencia, por desconfiados contadores socarrones, por sórdidos administradores de pequeños patrimonios intelectuales, por avisados estrategas de mediocres fortunas vitalicias..

 

Imaginad que este mismo hombre tenga el mal hábito de llamar a las cosas por su nombre, de manifestar sin disfraz, sin oropel ni zalamería, sus opiniones e impresiones, sobre todo cuando le parece necesario defender o proclamar lo que considera verdadero y justo.

 

Se ve por todas partes circundado de los campeones del sí y del quizás, de los devotos del eufemismo y de la transacción, de los que por razón de cálculo, de interés, de prudencia, de comodidad, de temor y hasta de bellaquería, a veces, practican el sistema de decir sin decir, de decir a medias o con palabras encubiertas, del te veo sin verte, incapaces de una verdadera afirmación o de una negación verdadera, necia y maliciosamente ilusos de híbridas expresiones.

 

El hombre antedicho será de todos aborrecido, como agua-fiestas irreverente, como traidor al apandillamiento, anarquizador feroz, y todos huirán de él como de un can rabioso

 

Pues él incurre en el supremo error de comprometerse de la manera más riesgosa, de asumir la personal responsabilidad de cuanto dice y hace, de no preocuparse por los enemigos que se procura ni de las posibles venganzas...".

 

Estas fulgurantes y críticas apreciaciones del creador del "Juicio Universal", son un ajustadísimo retrato moral de Don Domingo. Con "el puño lleno de verdades" y un portentoso cerebro repleto de buenas Ideas para sembrar a manos llenas en las mentes hispanoamericanas.

 

Personalistas, de carácter irascible, frecuentemente intratables (el Hombre- piensan – se impone por su fuerza, por su voluntad y audacia en el mundo), se asemejan hasta físicamente: rostro marcadamente expresivo, sobresaliente caja craneana, manos "de gladiador", constitución robusta y maciza, vitalidad exorbitante, gestos contundentes y bruscos, voz de trueno, "hecha para proyectarse desde la torre de las alarmas", sus facciones "modeladas con golpes de escoplo", "las fuertes palabras dispersan relámpagos de vida" (C. Tiempo, en su "Manos de obra", 1980; J. M. Rohde, "Ángulos", 1975).

 

 

B.-

 

Siempre "contra la corriente", seguidores fieles de su propia Luz, proféticos y radiantes en su Genio, espontáneos e incomprendidos por sus coetáneos. Leemos al florentino en su "La experiencia futurista" (1913-1915):

 

"Yo me pongo del lado de los pocos, de los exploradores, de los innovadores".

("Obras", t. 6).

 

"Yo soy futurista, porque futurismo equivale a trazar nuevos caminos hacia el porvenir".

 

"Yo soy futurista, porque futurismo significa que se aspira a una civilización más amplia, a una actividad más intensa, a un arte más nuestro, a una sensibilidad más rica, a un pensamiento más heroico".

 

"No soy un conservador. No soy un cobarde. Me agrada lo nuevo; la audacia me apasiona; lo extraño me entusiasma; la locura me atrae..

 

Yo también soy partidario de marchar hacia delante y de descubrir".

 

Verbo y sustantivo sin adornos, recio, sin atenuaciones, "lengua de carne":

 

"Soy una persona que no puede soportar las palabras y las fórrmulas hinchadas y huecas y que quisiera un mayor realismo en cosas tremendamente reales".

("Amo a Italia". De "La paga del sábado", "Obras", t. 6).
o un toro enfurecido.

 

 

A veces, petulantes y conscientes de su importancia. Soldados convencidos de la Libertad del Espíritu y de la Cultura. Lectores desordenados y furiosos, universalistas (v. P.: "Un hombre acabado", 1912; también R. Walsh: "G.P. y la lucha contra el demonio", "Leoplán", 1954; E.A.Imbert: "Genio y figura de S.", 1967, 1988).

 

Ásperos y duros como una montaña, y en lo profundo, tiernamente humanos, humanísimos (N. Rojas: "Psicología de S.", 1916, 1961; C. B. Quiroga, "S.", 1961; V. Franchini, "P. íntimo", 1959; B. González Arrili, "S. y P.", en "Columna", 17-8-1938).

 

Amor a la Acción y al Intelecto, casi siempre sumidos en "los ásperos zarzales de la acción". En su "Informe sobre los Hombres" estampa su autor pensamientos que traducen las ideas más caras a Sarmiento:

 

"Quisiera que mi obra fuese un acto, un ejemplo, un remedio: no escritura para los ojos sino obra actuante".

 

En su "La paga del sábado" (1914-1915) el escritor meridional confiesa su hurañez innata, su autonomía de pensamiento y los fines de su escritura memorable:

 

"Yo quisiera que Italia estuviese mejor, que curase de sus enfermedades. Quisiera que fuese más inteligente, más rica, más feliz de lo que es hoy.

 

Soy independiente de todos y de cada uno y puedo permitirse el costoso lujo de la sinceridad.

 

Sé escribir y escribo para enseñar al que quiera oírme cuáles son los hechos y las realidades que es preciso tener ante la vista".

(en "Obras", tomo 6).

 

 

C.-

 

Un artículo del libro citado en primer término, "Remedios para la escuela enferma", podría haberlo suscrito, el autor de "Educar al Soberano", no menos efusivo y batallador:

 

"Es preciso poner la vista en el centro, en el tronco, en las llagas reales, en lo esencial, aunque sean cosas sencillas, aunque sean humildes, pero mucho más importantes que las abstracciones filosóficas y las geometrías legislativas...

 

Primer punto. Reducir por lo menos a la mitad el insoportable peso de los programas de estudios...

 

Segundo punto. Quitadas algunas materias, desbrozados y podados los programas, la escuela debería proponerse antes que todo dos metas: la de inspirar el amor y hasta la pasión por el conocimiento, la de enseñar los métodos más conducentes para estudiar y aprender cada cual por sí mismo".

 

Fe total en el poder de la Educación, Instrucción para la Libertad, que incite al estudio y la acción benéficos, a la vida moral, y a la insustituible práctica de los deberes y derechos del hombre y del Ciudadano.

 

"Preciso es que lo sepáis: mucho he sufrido a causa de la educación del pueblo".

("Obras Completas" de S., ed. Luz del Día, tomo XXI).

 

S. rehuia en todo las medias tintas. Corajudo y sincero en la vida política de su tiempo, como pocos, gritaba:

 

"Hagamos escuelas, compatriotas. Eduquemos a toda la generación naciente...

 

 

La educación dada al mayor número se reproduce en mayores facultades productivas.

 

Ayudadme a fundar escuelas, coinciudadanos, y habréis hecho la felicidad de vuestros hijos, y la única gloria a que aspiro".

Autodidactos de palabra a veces indignada e insultante, y siempre descarnada y apasionante.

Desafiaron a sus tiempos enriqueciéndolo grandemente con su obra y vida monumentales ("un escritor sabroso y arrebatado, que posee el sentido de la lengua y el gusto de la ironía" escribió G. Marone sobre P.).

 

Verdaderos "Hombres del Destino", puros e insobornables. Individuos superiores, ejemplos de maravillosa naturaleza humana.

Polemistas dotados, refulgentes artistas, predominantemente autobiográficos:

 

"Las palabras que escojo y prefiero tienen que ser duras como la piedra fuerte; escabrosas, áridas, desagradables, como los pedruscos que se despeñan de las cimas y saltan de las excavaciones de las minas".

Papini (cit., por C. A. Erro, en su "Tiempo lacerado", Sur, 1936).

 

Su sabiduría esencialmente ética, su estilo huero de solemnidad y acartonamiento, están impregnados del sagrado fuego del entusiasmo.

 

Cultor de la Locura Genial, entusiasta del entusiasmo, P. escribe en su "Cartas del Papa Celestino VI a los hombres", 1946:

 

"¿No sabéis, pues, que sólo la incandescencia del entusiasmo puede devolver el

calor a los tibios y hacer caminar a los paralíticos?".

 

 

 

D.-

 

El maestro de "La escuela ultrapampeana" y "La escuela sin la religión de mi mujer" particularmente, cumplió una labor infatigable de misionero de la Civilización y el Progreso. Un Apostolado Laico de la Instrucción Popular.

 

"Ese brujo amenazante, pero siempre generoso y cordial" asienta Marone sobre P. y nos recuerda a S. lógicamente.

 

La Humanidad, cree el ensayista de "San Agustín" (1929) y "Carducci" (1935) con fervor, necesita de estos Apóstoles Nietzscheanos, de los hombres de excepcional talento, que reforman, agitan, sacuden y movilizan, a veces borrascosos y atormentados, temerarios y mordaces, a través de un pensamiento imperiosamente vital y activo.

 

Un luchador empedernido, de brazo "cidiano" y en toda hora y lugar, contra el oscurantismo en todas sus formas.

"El apache de la cultura", se autoproclamó el autor del "Diccionario del hombre salvaje" ("Testimonianze", 1918, en "Obras", t. III) así como el ilustre crítico e historiador santanderino Marcelino Menéndez y Pelayo (1856-1912) llamó al sanjuanino, "el gaucho montonero de la república de las Letras" ("Historia de la literatura hispanoamericana", Madrid, 1911).

 

Un torbellino, unas ‘manazas’ repletas de semillas generosas y ricas de Educación Común. Un ser pleno en su accionar extraordinario. Un trabajador hercúleo por la Fundación de la República Americana. Una "Vida heroica de sacrificio y batalla" (Papini, en su "Carta de Celestino VI..").

 

Un militante épico, con "palabras de fuego" en los campos de la incomprensión y los intereses creados:

 

"La reforma moral de una nación se realiza poco a poco, con la meditación personal de los mejores, con los esfuerzos innumerables y solitarios de los pequeños, con las palabras de fuego de los grandes profetas y despertadores".

(P., "Maschilitá", 1915), "Herejías pedagógicas"; en edic. de sus "Obras", Aguilar, tomo III).

 

En su "La spia dil mondo" (1955) G. P. menciona a nuestro S. como uno de los escritores fecundos de América Latina, junto con José Enrique Rodó, Rubén Darío y otros pocos más que "han conseguido pasar al Atlántico y ser traducidos a lenguas europeas". Sin haber alcanzado trascendencia universal, "ninguno de ellos ha llegado a ser verdaderamente popular, ni ha ejercido influencia alguna en las literaturas europeas".

 

Igual amor de ambos por América del Norte, los Estados Unidos, libre y pujante de su época. S.: por Jefferson, Franklin, Horace y Mary Mann, Lincoln... P.: por Whitman, William James, Poe.. Expresamente lo escribe en su "Pasado remoto" (1948), convencido "pragmatista": "mi ‘curriculum’ intelectual estuvo siempre ligado de alguna manera a la patria de mi gran amigo" (alude al conocido pensador , 1842-1910, de "Pragmatism" 1907).

 

 

E.-

 

El autor de "Vida de Facundo Quiroga o Civilización y Barbarie en las Pampas Argentinas" (1845) nos parece el "Hombre-Estrella", del que Papini habla en su "Gog" (1931). Un espíritu pródigo, un incansable Sembrador de Ideas "útiles y realizables".

Un ser lleno de ardor creativo y de rebeldía contra lo mediocre o lo rutinario:

 

"arden e iluminan con una generosidad incalculable, derraman a cada instante torrentes de luz y de calor".

("Obras", ed. cit., t. 1).

 

"Estrellas Gigantes" del firmamento intelectual. Escribe P. en su "Diario" que una de sus más tempranas "aspiraciones" ha sido "el descubrimiento de lo nuevo", "de lo desconocido":

 

"Un crítico ha escrito un artículo sobre mí con el título: ‘El último Titán’...No puedo negar que un germen de titanismo esté efectivamente en mi alma y en mi obra".

("Obras", t. 5).

 

El historiador y periodista José L. Muñoz Azpiri en su colección de ensayos "Capricho italiano" (Edic. Cult. Arg., 1961), anota sobre su entrevista con el intelectual toscano: "Una figura de Luca Signorelli con melena y grandes anteojos. Habla de Sarmiento, Hernández y Lugones. Los ha leído en español" (ob. cit., p. 107-108).

El pintor renacentista (1445?-1523) confería singular relieve y dramatismo, tensión y plasticidad a su creación, por lo que el rostro papiniano y sarmientino cumplían esos valores expresionistas y tensos que el genial artista había reflejado en el "San Sebastián" o en "Testamento y muerte de Moisés".

 

Y aclara esta vinculación en el idioma, con la literatura sarmientesca: "En su mesa, observé entre sus muchos libros, un ‘Facundo’, de Sarmiento, en español; en la biblioteca tenía igualmente, el ‘Martín Fierro’, y me demostró, en la conversación, poseer un conocimiento acertado de tales obras" (ib., p. 140-141: "P. y la América Española").

 

Graduado en Magisterio, P. como S., fue un Promotor de Cultura, un Movilizador de importantes centros culturales y educativos, como el Centro de Estudios sobre el Renacimiento, señaladas publicaciones periódicas, como "Leonardo", "La voce", "L’anima", "Lacerba", igual que don Domingo, con "El Monitor de la Educación Común", "Ambas Américas", "El Censor"...

 

(Léase: "P." E. Allodoli, en "Dicc. de Autores" Porto-Bompiani, tomo III, 1973, reimpr., p. 68-70; "Segundo nacimiento de P." B. E. Koremblit, "La Prensa", 13-12-1987; "G. P." Vintila Horia, en "Forjadores del mundo contemporáneo", Planeta, t. 4, 1961; "Prólogo" de J. L. Borges a "Lo trágico cotidiano...", Alianza, 1988; "Perspectiva europea (Un juicio de P.)" E. Carilla, en su "Hispanoamérica y su expresión literaria", 1982, 2° ed., p. 139-144: "Relectura de G. P." F. Savater, en su "Sobre vivir", 1983; "Una hora con P." G. Marone, "La Nación", 24-7-1955).

 

El grave meditador de "Descubrimientos espirituales" gustaba pasar sus descansos, merecidos e infrecuentes, en vida de creación febril y tumultuosa, en Bulciano, un sitio agreste y selvático, muy de acuerdo con su personalidad y preferencias.

Como el Delta y sus paradisíacas Islas lo eran para Sarmiento, a los efectos de sentirse "divinamente bruto" y huir de "las musarañas de la vida civilizada".

 

Don Domingo había visitado y admirado, voraz, el paisaje itálico, sus inmortales artistas y había leído a sus principales escritores:

 

"En simpatías por la Italia libre, artística, y unificada, no nos ha de ganar ningún napolitano, piamontés, romano o genovés, de los que viven entre nosotros".

(en "El Nacional", 14-1-1881: "Las escuelas italianas"; también, "Recepción del ministro de Italia, conde E. Della Croce de Doyola", "Papeles del Presidente", Obras Completas, tomo 50).

 

Entre sus últimos escritos, deja un testimonio de amor y pasión por la tierra de Papini, "’La Patria Italiana’ en Buenos Aires bajo la Presidencia de Pellegrini", publicada en "El Diario", 19-11-1887:

 

"La Italia, patria de italianos en Europa, está bien donde la Providencia la ha colocado; y como sociedad, como historia, como gobierno libre (hoy) tras doce siglos de desintegración y conquistas extranjeras, es digna del alto puesto que tiene en el mundo moderno.

 

Lo ha conquistado, ‘da se’, nos placemos en decirlo, por su propio esfuerzo, y sigue con éxito su rudo trabajo de hacer funcionar las instituciones libres, que tiene en común con nosotros"

.

(S.: "Condición del extranjero en América", "Obras Completas", tomo 36).

 

 

 

 

 

 

 

 

 

F.-

 

 

El "poligonalismo" sarmientino, también lo adjudicamos a la sensible y fructuosa alma papiniana.

Desiguales, parciales, violentos, contradictorios, hasta insolentes, extremosos en sus amores y odios, bátense en sus almas cada día :

 

"Dios y Satanás; Eros y Logos; Demócrito y Heráclito; Rousseau y Freud: Walt Whitman y Stirner".

 

"Todos los extremos, se alternan, se rechazan, se vuelvan a asomar".

Así Facundo Quiroga y Abraham Lincoln, Benjamin Franklin y "el Chacho Peñaloza", el Alighieri y Giossué Carducci se agitaban , procelosamente en sus almas proteicas.

Y sugerían a otros espíritus elevados, que les han sucedido, hermanados con místicos y rebeldes, con León Tolstoi y R. Tagore, con "Novalis" y Juan Luis Vives, con Pascal y con Descartes...

 

Como previendo idiosincrasias erróneas, típicas de algún tipo, jibarizante, de "sarmientismo", Papini, admirador devoto del "altísimo poeta" de "La Divina Comedia", el "de carne, hueso, uñas y dientes", observa que falta a los dantistas el "espíritu dantesco", su grandeza y vitalidad totales, como deducimos de estos "sarmientudos", el Magno y Bravo, y Salutífero, espíritu Sarmientino. Deslumbrante por su Llama y Fuego, y Luces y Sombras. "Io son nato con la malattia della grandezza" (1912).

 

Nosotros, como el autor de "Dante vivo" (1933), hemos amado siempre "además del titán, el hombre, con todas sus humanas debilidades" y por eso, hemos "logrado quererle de verdad".(ob. cit., "Prolegómeno. Explicaciones necesarias"). Porque, sostiene firmemente:

 

"Imaginarse a los hombres geniales en constante actitud estatuaria, grave y solemne, es una idiotez"-

 

"Sería hora de resucitar el hombre auténtico, el hombre vivo. No para rebajarle, sino para entenderle mejor".

 

"Como todo grande, Dante

(¡Sarmiento!) es poligonal, (...) está fuera de las categorías cerradas, encima de las divisiones contingentes".-

 

 

(P.: "Diario", 29 de mayo 1945).

 


Publicado por Desconocido @ 13:46
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