OTRAS NOTAS SOBRE GALILEO EN SARMIENTO.-
Por Guillermo R. Gagliardi.-
I.-
En su "Conflicto y armonías de las razas en América", 1er. volumen, capítulo III, DOMINGO FAUSTINO SARMIENTO (1811-1888) cita el Proceso Inquisitorial contra el poeta Esteban M. de Villegas (1589-1669), como ejemplo de la "terrible decadencia" española, de la sospecha y calumnia contra la inteligencia.
Poeta erótico y elegíaco, docto humanista y filólogo, no cultivó el ensayo teológico:
"nada de cosas que a religión o a infierno oliesen".
Este caso le trae a don Domingo el recuerdo de GALILEO GALILEI (1564-1642) y las injustas condenas del temido Tribunal.
"La causa le fue promovida al fin de sus días, a Villegas, a los sesenta y seis años, como a los setenta y seis era molestado Galileo, a causa de demostraciones matemáticas".
Semejanza en las condiciones biográficas y en la tortuosa y torturante dirección de la acusación, el proceso y la sentencia, que
"le cuesta cuatro años de destierro, a los setenta de su edad, y quedar bajo la vigilancia de la policía inquisitorial, que era lo que más hacía sufrir a Galileo en Toscana, en una finca de Fiésoli, donde tenía que recibir a los primeros sabios del mundo que buscaban su sociedad o venían a admirar su ciencia: todo esto en presencia de un espión o de un sacristán, atisbando lo que dirán sobre los satélites de Júpiter recientemente descubiertos, o de la oscilación del péndulo, etc., etc.".
II.-
En su "Contestacón a un Profesor de Gramática" (1843, en tomo 4 de sus "Obras Completas", "Memorias sobre Ortografía Americana"), el sanjuanino aproxima la postura que pretenden los gramáticos hispanófilos que él adopte, sobre la Fonética americana de la "z", con la porfía galileana en admitir su teoría original, no obstante las abjuraciones pretendidas por la autoridad eclesiástica.
Escribe el exiliado argentino en Chile:
"Este punto de la ‘z’ es el único en que me he separado de los antecedentes, y en este punto tan sólo existe la verdadera discordancia de las opiniones. He dicho que no hay sonido ‘z’ en América... Por lo que a mí respecta, continuaré en la estéril tarea que he tenido hasta aquí".
Con autoridad y conocimientos lingüísticos, concluye el maestro, sentenciando a lo Moisés y juramentando sapientemente a lo Galileo:
"Formularé pues, el silabario que ha de adoptarse en las escuelas primarias, en el supuesto (falso, perdónemelo Dios) de que se ha de pronunciar ‘z’ en América algún día; predicaré lo que no creo, y como Galileo abjurando su doctrina cosmográfica, diré: ‘e pur si muove; ¡pero no la pronuncian!".
III.-
Según observó don Domingo historiador, el Renacimiento europeo, con sus descubrimientos e investigaciones, inspiró el descubrimiento de América. Así lo reflexionó serenamente en su magistral "Memoria" de 1858 sobre "Espíritu y condiciones de la Historia en América" (Obras, t. 21, "Discursos Populares"):
"El rol histórico de la América, lo prepara el Renacimiento de las Ciencias en Europa".
La supuesta hazaña colombina está anunciada, según la óptica sarmientina, por el fin del Medioevo y los nuevos aires científicos y la gesta luminosa de Galileo:
"al despertar el espíritu humano, de la somnolencia agitada de la Edad Media; Galileo asignando a la tierra su noble condición de planeta, hace necesaria la existencia de América, y el genio de Colón tropieza con ella".
Se ensancha el campo intelectual de la Historia: no se restringe al área del "Mare Nostrum", y se extiende al mundo nuevo del Gran Océano, de los salvajes aborígenes.
Esta transformación cambia la noción del Mundo Antiguo e inaugura la verdadera Modernidad.
"La historia hasta entonces no es universal, porque el universo mundo no era conocido aún. Es la historia del Mediterráneo, en cuyo rededor se agrupan, se desgarran y separan los pueblos".
Y sigue historiando otra etapa, de revelación, de la historia humana, y de acuerdo con la interpretación de las Escrituras:
"Con el advenimiento de la América, la humanidad emprende de nuevo su marcha, siempre hacia el Occidente, el Océano es el vehículo y el vínculo de las naciones, volviendo a repetirse el movimiento bíblico de la dispersión de los pueblos".
Galileo, la Ciencia Renacentista, fecundan el nacimiento de América, según su evaluación. Y aventura un juicio contundente, consagratorio:
"Galileo asignando a la tierra su noble condición de planeta, hace necesaria la existencia de América".
("Espíritu y condiciones de la historia de América", 1858, Obras, tomo 21, "Discursos Populares", 1er. volumen).
He ahí en su agudo concepto la audaz y magna influencia del científico itálico. Inspiran a él y el movimiento científico y técnico y las empresas de descubrimiento, "tamaño acontecimiento" por el cual el Globo
"sólo entonces (queda) librado por entero a la actividad y desenvolvimiento del hombre".
Una nueva Era de revolución político-social, moral y religiosa, en que la misión de Galileo se destaca como providencial. Sobre ello advierte el argentino:
"trajeron la derrota en unas partes, el triunfo sólo parcial en otras, del espíritu humano en su primer conato de poner orden en el gobierno de la sociedad, y asegurarse la libertad propia, a que lo excitaban las revelaciones de Galileo que dio a la tierra su carta de ciudadanía en los cielos entre Venus y Marte...".
El Hombre, en consecuencia, se posesionará del Cosmos por el Telescopio, la Brújula, el Microscopio, y ejercerá su libertad plena, desarrollará máximamente su divina facultad racional.
Y...ya prevé S. "un tercer Mundo Nuevo", el de las comunicaciones, la "aldea global", "el mundo como un barrio", ("the global village" teorizada por el comunicólogo canadiense H. M. McLuhan, 1911-1980), consecuencia de este impresionante movimiento y aceleración impuestos a la mente del Hombre Moderno: "el mundo transparente" y la certeza de que "sólo el pensamiento existe".
Fundamentales y aurorales expresiones ya expuestas por el cuyano en 1852, más sintéticamente, en su Memoria al Instituto Histórico de Francia: "Estado de las Repúblicas Sudamericanas a mediados de siglo", en su "Provinciano en Buenos Aires, porteño en las provincias" (Tomo 16 de sus Obras, 1ª parte: "Origen y divergencias de las Colonias europeas al Norte o al Sur del Continente").
El inmortal científico encarna palmariamente "el ingenio por sendas nuevas"
y el "asalto audaz dado al porvenir": síntesis sarmientina, evaluativa de la gesta científica galileana.
IV.-
Galileo significa en el intelecto sarmientesco la médula del Espíritu Renacentista y es capítulo esencial de su ideario liberal y modernizador.
La importancia de la subjetividad , del valor de la acción transformadora del Hombre por la Técnica y la Ciencia, son los tópicos motivadores de su filosofía humanista y cívica.
En carta a su amigo comprovinciano Antonino Aberastain (1810-1861), escrita desde Paris, uno de los centros del primer Mundo, le manifiesta:
"aquí donde el hombre marcha en la verdad como en el error sin tutela, sin trabas".
( fechada el 4 de setiembre de 1846, en su Obras, tomo 5).
Su otro compañero sanjuanino, Quiroga Rozas (1804-1844) en su tesis doctoral "Sobre la materia filosófica del Derecho", de 1837, había ampliado el célebre postulado cartesiano: "Yo pienso, luego soy libre".
S. y G. cursaron una instrucción religiosa intensa. Exaltada por el maestro-estadista en sus "Recuerdos de Provincia" (1850) y después en sus "Memorias" (1884), y siempre constantes e incandescentes en su alma cristiana y su ejecutividad civilizadora.
La excepcional trayectoria humana y científica de Galileo ha sido tratada desde el área de las Humanidades en diversas épocas y oportunidades. Entre muchos otros, debe mencionarse a B. Brecht con su drama homónimo, exaltación de su vitalismo y pasión verista, a quien se refiere el ensayista J. Barylko en su "El aprendizaje de la libertad", 1994, cap.: "Inferencias del G. de Brecht"; Max Brod en su "G. encadenado"; Hipólito Nievo, 1831-1861, en su drama "G."; Arthur Koestler en su novela "Los sonámbulos", análisis valioso de tan singular vida; Patricio A. Laura en su breve y sustancioso ensayo "G.G.: grandeza, drama y mito", en Anales de la Academia Nacional de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales, 1990, t. 42, p. 111-122; desde la filosofía, Rodolfo Mondolfo, en su estudio "El método galileano y la teoría del conocimiento", en Actas- Academia de Ciencias Culturales y Artes, Univ. Nac. de Tucumán, 1949, ,1953, p. 9-27; y Michele F. Sciacca: "Nota sobre G. y Vico", "Cuadernos de Filosofía" de la Univ. Nac. de Buenos Aires, 2° época, 1969, p. 65-73; José Babini: "G. en la historia de la Ciencia", en el Boletín del Instituto de Matemática, Astronomía y Física, Córdoba, 1966, p. 17-28, y en su tomito antológico, con su prólogo y notas, en Centro Editor de América Latina, 1967; G. Marone, en su "Escritores de Italia", 1946: etc..
No obstante este espíritu "cristocéntrico" a veces ha sido criticado, y negado, como en sus polémicas de "La escuela ultrapampeana", con el ácido grupo de intelectuales de "La Unión Católica".
Y en su carta de 1872 al entonces gobernador de San Luis (Obras, tomo 51, "Papeles del Presidente"), por el fanatismo, la intolerancia y la superstición frecuentes y nocivas, para el desarrollo de estos pueblos.
VI.-
Como el genial pisano, el Sísifo argentino piensa que:
"todo el universo es una máquina donde todo se hace por figura y movimiento".
Todo su pensamiento físico es "Geometría y Mecánica", según sus "Principios de Filosofía", libro IV, art. 188.
Ambos atribuyen carácter de "realidad objetiva" a las determinaciones cuantitativas, la figura, la extensión, el movimiento. Es el Conocimiento científico absoluto, certero y necesario, que nos proporciona "ideas claras y distintas".
Critica al sabio, el atenerse a los fenómenos y experimentos, no arribando a la esencia, es decir, a "las causas primeras de la Naturaleza", por lo tanto, el haber "construido sin fundamentos" (Cartas al P. Marsenne, 1638).
Sobre su visión mística del 16-11-1619 respecto de que
"la matemática era la única clave necesaria de revelar los secretos de la naturaleza",
expresa que ése fue "el principio rector (del) trabajo de toda su vida".
Revelación de su vocación directriz. "Fue tanto un especulador de vuelo como (un) filósofo matemático" (ob. cit., p. 20).
En 1633 estuvo a punto de publicar sus geniales estudios sobre el movimiento, la mecánica universal, pero cauteloso y siempre "en retirada", se amedrentó por las persecuciones que sufriera al defender el movimiento de la Tierra atacando sólidamente el pensamiento aristotélico-tolemaico en su "Diálogo sobre los dos grandes sistemas".
En su "Geometría Analítica" establece categóricamente la relatividad del Espacio:
Debemos buscar "principios ciertos de las cosas materiales no con los prejuicios de los sentidos, sino con la luz de la razón, la cual posee así tanta evidencia que no podemos dudar de su verdad" .
("Principios de la Filosofía", part. III, pr. 1).
Descartes (1596-1650), junto con el reformador de Eisleben, Lutero (1483-1545) y Galileo, tipifican para S. el espíritu de la Modernidad. Los califica como los "descubridores del Mundo Antiguo" (1883):
"He aquí el movimiento más asombroso, más fecundo, más irresistible, dado a la Inteligencia Humana".
(Obras Completas, tomo 37, edit. Luz del Día, 1953, p. 187).
(E. A. Burtt: "Los fundamentos metafísicos de la Ciencia Moderna", Sudamericana, 1960, cap. IV: "Descartes", p. 114-135; P. Pasolini: "De G. a Einstein...", en su "En las fronteras del Universo", Ciudad Nueva, 1990, p. 143-158; A. Palcos: "Lugar de la Ciencia en la historia del Pensamiento", en "Humanidades", t. 19, 1929; F. Russo: "Sobre el Caso Galileo", en "Criterio", n° 1846, 23-10-1980, p. 635-639; G. Furlong: "En el 4° Centenario de G. G.", Anales de la Academia Nacional de Geografía, n| 8, 1971-1980, p. 46-56).