ALFIERI Y SARMIENTO: Personalidad y Obra
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Por Guillermo R. Gagliardi.-
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Existen afinidades significativas entre VITTORIO ALFIERI (nacido en Piamonte, Italia, el 17 de enero de 1749-muerto en Florencia el 8 de octubre de 1803) y DOMINGO FAUSTINO SARMIENTO(San Juan, Argentina, 15 de febrero de 1811-11 de setiembre de 1888, en Asunción, Paraguay).
Aquél en su autobiografía, "Vita Scritta da esso", "Vida de V. A. de Asti escrita por él mismo" (traducción de Josefina Martínez Gastey, en "Maestros italianos" selecc., introd.., est. y notas de A. Prieto, Planeta, t. 1, 1970, 2ª ed.,, p. 1485-1936) refiere su educación primera a manos de "un buen sacerdote llamado don Ivaldi, el cual me enseñó desde las primeras letras hasta el latín" (ob. cit., 1ª època, p. 1631).
El sanjuanino, en su "Mi Defensa. Recuerdos de Provincia" (en el tomo III de sus "Obras Completas", edit. Luz del Día) nos anoticia de la instrucción elemental y religiosa, y vital, recibida por sus tíos los clérigos José de Oro y Juan Pascual Albarracín, de gran impronta en su carácter y en sus lecturas.
En el cap. VII continúa el poeta piamontés explicando ahora el influjo de las lecturas de Plutarco: "empecé a inflamarme de amor a la gloria y a la virtud", "bellísimo y elevadísimo amor a la gloria".
Así como Domingo destaca su frecuentación de los textos de Benjamin Franklin (1709-1790), la Sagrada Biblia, Cicerón (106-43 a. C.), etc., que forjaron esencialmente su moral innovadora, progresista, su amor a la República y su culto al Bien público.
Almas grandes y generosas. Amantes del movimiento y la acción. Con un temperamento ardiente y pasional. Advierte Alfieri, en el cap. IX (2ª época, p. 1675, ob. cit.) en su juventud cierta nota "desenfrenada" y "cierta tendencia natural a la Justicia, a la Igualdad y a la Generosidad de ánimo".
Constante en ellos su amor entero a la Libertad, la insumisa rebeldía, la aspereza de muchas de sus reacciones.
Salvajes, selváticos en su primordial Orgullo Personal, la acentuación ególatra y la Pasión Patriótica. "Impetuoso, intolerante y soberbio" se define el itálico, y pareciera asomar el cuyano.
"Un ánimo resuelto, tenacísimo e indómito; un corazón lleno a rebosar de afectos de toda clase, (...), y una profunda y feroz rabia y aborrecimiento hacia cualquier forma de tiranía" (Alfieri, ob. cit., época IV, cap. 1, p. 1771).
Ya desde su infancia, con las enseñanzas sustantivas de su tío Oro, había salido, confiesa Domingo, "insolente contra los mandatarios absolutos, caballeresco y vanidoso" ("Mi Defensa", 1843).
En el autor de "Educación Popular" notamos también esa "mezcla de ferocidad y generosidad", la "excesiva irritabilidad de mi carácter".
Y en el escritor italiano "la necesidad absoluta de tener lleno el corazón de un amor digno y la mente ocupada en alguna obra noble" (época 3, cap. II, p. 1617-1618), que asimismo revela Sarmiento.
S., honramos su dedicación a las "ideas útiles y realizables", su utopía de una nación próspera y soberana... Obra de enaltecimiento humano, de republicanismo y civismo en alto grado.
Don Domingo conoce la patria de Alfieri en sus viajes de 1845-1847. Se extasía ante el espectáculo áureo de Florencia. "Rico oasis de verdura". Allí admira en la Iglesia de Santa Croce "el panteón de los grandes hombres florentinos": "el Buonarroti", Michelangelo (1475-1564), el físico toscano Galileo Galilei (1564-1642) y el gran escritor, Alfieri.
Emocionado escribe que "Allí está el sepulcro de Alfieri, el gran poeta, ejecutado por Canova, el digno rival de Miguel Ángel". ("Viajes por Europa, África y América", 1849, en sus "Obras Completas" de S., ed. cit., tomo V). Alude al escultor itálico Antonio Canova (1757-1822), autor de "Maddalena penitente", "Paris", "Napoleón" y el "Monumento Funerario", al Poeta que concibió entre 1804 a 1810.
El supremo ideal alfieriano no radica en la Cultura ni en la Civilización industrial, sino en la sublime y heroica expresión de los afectos. Sostiene un total desdén por el utilitarismo, la burguesìa mercantil y la plebe esclava de los mandamàs. (v. su "Della tirannide", 1777; "Satire", 1786-1797; "Il misogallo", 1793-1799).
Canta la apología de la Grandeza italiana y la crítica feroz a los Reyes, los cortesanos y el envilecimiento consecuente de la Educación y la Religión. Semejante al S. viejo, luchador contra la corrupción fenicia de la Argentina de los noventa, desde sus "erupciones" de "El Censor" y sus artículos en "Condición del extranjero en América", por ejemplo. Donde reinvindica los valores genuinamente nacionales y se desengaña de sus ideales de juventud y madurez sobre la Civilización Racional e Iluminista y la sobreestimación de lo foráneo y su contribución a la formación de la nacionalidad.
("A." por N. Sapegno, en su "Hist. de la literatura italiana", Labor, 1964, p. 395-416: "S. La vida. La obra. Las ideas. El genio" por A. Palcos, 4ª ed., Emecé, 1962).
Reconoce en 1881 que "en simpatías por la Italia libre, artística, y unificada, no nos ha de ganar ningún napolitano, piamontés, romano o genovés de los que viven entre nosotros".
Giovanni Papini (1881-1957), quien se les parece, señala de su connacional que "era imperioso y violento, ávido de primacía y de gloria, tenía temperamento de monarca y quizá de tirano".
"Insoave ed irto carattere" (Marone). "Le atraen los reyes y tiranos, a pesar de sus rudas y elocuentes imprecaciones en contra". Pues el perspicaz escritor reconoce que "el odio es casi siempre síntoma de un parecido oculto entre el odiador y el objeto odiado". Ambición y altivez refulgentes en la actuación de A. y de S., el Facundo II, el "gaucho malo de la República de las letras". (G.P.: "V. A.", en su "Santos y Poetas", 1948, en "Obras", Aguilar, tomo IV, p. 878-900; Luis Franco "S. entre dos fuegos", Piados, 1968).
Estanislao S. Zeballos (1854-1923) en una semblanza sarmientina de 1898 destaca el autoritarismo, de conducta e interpretación intelectual, de S., para quien "los hombres eran obstáculos o medios para él, y los abatía o sacrificaba a sus ideales y a su acción ejecutiva e incontrarrestable, cuando su plan lo reclamaba".
Encarnaba a un Descartes criollo, en ciertos sentidos, violento y de lógica férrea en la prosecución de sus objetivos de estadista. Sobre todo se advierte este dogmatismo en los años de juventud y madurez, por un lado su iconoclasia anti-gaucha e intransigencia de utopista, luego, en su vejez y ocaso, atenuada por la vastísima experiencia y los golpes con la realidad, que virarán la dirección de su genio hacia criterios nacionalizadores y de exaltación de la argentinidad.
(V. Marcelo Sánchez Sorondo: "S., hombre de acción", en rev. "Sur", 1977, nº 341).
S. pareciera ilustrar palmariamente la concepción Liberal del Nobel de Economía 1974, el pensador de la Escuela Austríaca, Friedrich A. von Hayek (1899-1992) en su "Individualismo", sobre "La nefasta influencia de Descartes" en cuanto a este determinismo autoritario del gobernante, organicismo vigoroso y sistematizaciòn ejecutiva, que planifica y hace cumplir a rajatabla estos postulados y "mandatos de acción", con "la energía y fortaleza del alma" "para arrostrar la tempestad, sin abandonar el timón, ni la ruta". (ob. cit., Centro de Estudios sobre la Libertad, 1968, p. 23-27).
Junto al autobiografismo, leit motiv de su personalidad en las letras, los aproxima el idealismo ético-social, el sentimiento de su destino grande, individual y romántico. el espíritu y la agresividad "agonista", de combate resolutivo y ampliamente libertario.
El crítico Francesco De Sanctis subraya en sus "Ensayos críticos" de 1855 que "Cada vez que Italia surge a la libertad, saluda con reverente entusiasmo a Alfieri y se reconoce en él". Anticipa a Giossué Carducci (1835-1907), su heredero espiritual, Poeta Nacional, en el que la Emoción Lírica, fina y sutil, tamizada por la tradición Clásica, y el ardor Patriótico, lucen cimeros.
Vittorio, Poeta, pero más Filósofo y Político. Es el animador de la Unidad Nacional Italiana. "Tribuno aristócrata", "Conde Republicano". Precursor del Risorgimento: Mazzini, Gioberti, De Sanctis, lo continúan.
En relación con el tema de la Unidad Nacional, traemos a colación un trabajo de Sarmiento, "Prospecto el ‘Heraldo Argentino’, a los argentinos residentes en Chile", del 23-12-1842 (en tomo 6 de sus Obras Completas).
En ese escrito se refiere al desastre de la tiranìa rosista y memora al escritor Ludovico Ariosto (1474-1533) y su famoso e influyente poema épico "Orlando furioso" (1516). Obra magnífica, muestra de lirismo, humor y grandioso sentido imaginativo, en la figura del héroe protagonista, gigantesco.
Asemeja la dispersión producida por la diáspora de los exiliados anti-rosistas (1835-1852) y su posterior reunión en el país, después de Caseros, con el despedazamiento monumental del cuerpo del protagonista en grandiosa escena de la obra aludida. : "¿Cómo ha podido creerse que una sociedad entera convenga voluntariamente en ser dispersada como las hojas de los árboles de otoño, al soplo del huracán de las pasiones desenfrenadas de un malvado?. ¡No! Los individuos que componen una nación son como los miembros dispersos del gigante del Ariosto; siempre están pugnando por reunirse en un solo cuerpo, para enderezarse de nuevo y volver a la vida". Ingeniosamente S. transforma una imagen literaria en una metáfora política, y traslada una temática universal a un tópico local, nacional, el asunto de la reorganización nacional después de la derrota y fuga de don Juan Manuel de Rosas.
Como la literatura del Ariosto con la que se identifica el cuyano, también gusta de las tragedias del Alfieri (sìnozianas, geométricas" las califica Papini), por el ímpetu lírico del protagonista, la tensión expresiva del sentimiento, la voluntad al extremo, la rebelión, romántica, política, en forma clásica: "Mirra", "Merope", "Polinice", "Filippo".
El crítico español A. Prieto señala su influjo decidido en el teatro prerromántico español, en el "Pelayo" de Manuel J. de Quintana (1772-1857) y en Francisco Martínez de la Rosa (1787-1862) y su "La viuda de Padilla". También lo señalamos en nuestros neoclásicos, los poetas-patriotas , Juan Cruz Varela (1794-1839) y Esteban de Luca (1786-1824), de la generación de Mayo en la literatura argentina naciente.
(v. "Presencia de A. en el teatro de J. C. Varela" A. N. Marani, en su "Tonos y motivos italianos en la literatura argentina", Univ. La Plata, 1977; "La influencia de ‘Merope’ en ‘Argia’ de Varela" A. Borzoni de Giacosa, rev. "Humanidades", La Plata, 1939; "E. de Luca traductor de A." R. C. de Barsotti, 1951; "El ‘Filippo’ de A. en Buenos Aires" A. Corti, Univ. Bs. As., 1924, etc.).
Hallamos en las críticas dramáticas juveniles de S., una dimensión amplia e intensa dentro de su rico Ideario social, político y educativo. "El alma ardiente de este arquetipo", expresa Mauricio Rosenthal, en su "S. y el Teatro" (1972) se proyecta, como los personajes del drama alfieriano, en los sujetos de su opus histórico-literario: Aldao, Eacundo, Mann, Lincoln en uno; los mitos clásicos y magnos protagonistas de la Antigüedad en el itálico. Constituyen tipologías negativas o positivas, por sus sentimientos y sus ideas ("Plutarco de bandidos" llamaron, reduccionistas, al genial argentino...).
Todo el concepto de la Historia como Proscenio que profesan, pareciera cristalizarse en el ámbito escénico. "En este país se cambia de escena diariamente, de teatro, de personajes y de decoraciones" (S. en su discurso memorable de 1879 habiendo renunciado al conflictivo puesto de Ministro del Interior del presidente Avellaneda y denunciando la maquiavélica "Liga" de Gobernadores para asegurar la sucesión presidencial, en tomo 20 de sus Obras, art. "Intervención a Jujuy").
Practicaron un puro patriotismo heroico, de tono greco-romano, desde una perspectiva estoica y cívica, dignamente legalista o nomocrático.
Así lo escribe el artista piamontés en su "Misogallo", soneto XVI: "E Republica il símbolo, ore divine / leggi son base a umane leggi e scudo".
El verdadero vigor robusto de los gobiernos –sostiene el sanjuanino, concordantemente- "depende del sistema que el legislador combina, aplica y ejecuta, según las necesidades del pueblo y sus diferentes situaciones, considerando lo que se da, quién lo recibe y las capacidades para el buen uso o el abuso. Pero esto ha de ser legal, porque lo arbitrario es licencia, término opuesto a sistema, método y gobierno" ("Gobiernos fuertes", 1841, en Obras, t. 9).
Legocracia y personalismo se unen en su idea del gobierno: "La fuerza del gobierno consiste además en el talento de los hombres prominentes, en esas altas inteligencias que obran sin salir del círculo legal y sistemático una vez adoptado, o variarle si conviene, siempre legalmente" (íd.).
Militancia activa, como la de nuestro sanjuanino, de Propaganda, con un alto sentido místico, misional, de martirologio, esfuerzo, oficio sacro (sacrificio). Hasta la "inmolación", como repetidamente lo escribe y demuestra Domingo.
Éste, como Alfieri, tuvieron ese sublime amor por los Héroes de la Historia, como ascetas gloriosos, según lo expone en su "Della virtú sconosciuta" (1786) y en su "Del Príncipe y de las Letras": "toda gran acción siempre brota de un fuerte sentir".
Por todo esto G. Papini afirma, contundente como siempre: "Le atraen los reyes y tiranos, a pesar de sus rudas y elocuentes imprecaciones en contra", "tenía temperamento de monarca y quizá de tirano".
Ambos identifícanse primariamente con esta observación tan lúcida del autor del "Juicio Universal".
Cantan, uno en poesía y dramas, el otro en sus artículos y discursos, una Apología de la "Virtud Patriótica", el amor y entrega incondicional a la causa de su Nación.
Su fundación, constitución y mejoramiento como prioridad en la vida, postergación sublime de los intereses personales en aras del Bien Común.
Lectores y admiradores profundos de Cicerón, el ilustre Orador, quien en su inmortal "De re publica" (54 a.C) advierte ejemplarmente sobre la norma, moral y política, del "Instituere Civitatem", que "la patria no nos ha engendrado y educado para no recibir de nosotros frutos algún día, sin otro objeto que el de atender a nuestros especiales intereses y proteger nuestra tranquilidad y quietud, sino para tener derecho sobre las mejores facultades de nuestra alma, de nuestro ingenio, de nuestra razón, y emplearlas en servicio propio, sin abandonar a nuestro uso privado más que la parte que a ella le sobre" (ob. cit., Libro 1, trad. F. Navarro y Calvo).
Según Georges Duveau (en su "Les instituteurs", 1961, 1er. Cap.), sobre todo nuestro político realiza en su excepcional vida y trayectoria pública el concepto cartesiano del "instituteur", como el Educador Nacional, misionero de la República, imbuido de un elevado rango de Latinidad, sumatoria de Romanidad y de Racionalidad (comentarios y traducción de fragmentos de Duveau en L. J. Zanotti, "Etapas històricas de la política educativa", 1981, y en su "Obra Fundamental", Instituto de Investigaciones Educativas, 1993, t. I, esp. p. 644-651).
Desde su historicismo romántico, inspirado en su logicismo interpretativo de base Iluminista, el joven intelectual exiliado en Chile explica en su escrito "Vindicación de la República Argentina en su Revolución y en sus guerras civiles", su teoría de que no interesa la clasificación cronológica del pasado tanto como "el orden progresivo de los desenvolvimientos de las sociedades".
La historia como ciencia que deduce de los hechos la marcha del espíritu humano. De allí infiere y podemos entenderlo y aplicarlo a su propia figura, que "cada hombre ocupa su lugar en esta serie", cada uno de estos hombres mesiánicos, "picos egregios", están predestinados, causalmente, a surgir y desenvolverse en su atmósfera de acción, "cada uno de los caracteres que aparecen echados al acaso en el camino que siguen las naciones, tiene su deducción lógica".
Aprehende agudamente las claves de la filosofía de la Historia ("Su razón de ser", "su ley que hay que descifrar" sentencia el "ecléctique normaliste" Victor Cousin, 1792-1867), y construye su hermenéutica, de idealismo moral.
Ha de descubrirse el simbolismo, "cierto encadenamiento de los hechos históricos" y explicar "las causas secretas que minan la existencia de las sociedades americanas" y "el principio moral" que "engendra y alimenta los sucesos que presenciamos".
Procura con la mayor fuerza de su sentimiento e intelecto, sorprender, re-velar "cierta analogía entre las tendencias y necesidades de las sociedades, y el carácter y fisonomía moral de los hombres que sobresalen en ellas".
El historiador, en la imagen sarmientina, equivale a un Geólogo, un pensador, clasificador y ordenador "en las entrañas de la tierra" (Obras compl., t. 1, 1841).
Por tales ideales, Alfieri entiende al "Escritor Libre" como el "que podrá reunir en sí la independencia del Príncipe, la educación del Ciudadano, el ingenio, las costumbres, el conocimiento de los hombres y el amor de lo honrado y de lo verdadero".
De tal manera como S. identifica al auténtico escritor dentro de la corriente romántica y "socialista", en el sentido de la pasión por su arte y la revelación de las verdades principales de la època (según lo expresara en sus polémicas sobre ortografía y literatura en Chile, en 1841-1842, contenidas en los tomos 1 y 2 de sus Obras: "Artículos críticos y literarios"). (Ver "Genio y figura de S." E. Anderson Imbert, Eudeba, 1967, 1988; "Cuatro clases sobre S. escritor" C. M. Onetti, 1939, 1988; "S., educar y escribir opinando" P. Verdevoye, 1988).
La literatura se transforma en ellos en la fuerza de un pensamiento lúcido y fuertemente sentido y ejercido, hercúleamente.
Despliegan un lenguaje Yoico, que trasunta un espíritu fogoso y enérgico, afirmativo. El pedagogo, desde su particular uso lingüístico, significante en oposiciones paradigmáticas, binario, antitético: civilización-barbarie, progreso-atraso, protestantismo-catolicismo, caudillos-ilustrados, él-Rosas o Urquiza.
Los protagonistas alfierianos, un lenguaje de exaltación del sentimiento amoroso o de la liberación política, la elevación del corazón, pre-romántico, o de la voluntad soberana en sus determinaciones y aspiraciones.
Definitivamente construyeron un Arte Literario de alta energía pasional y de relevante trascendencia y representatividad en sus naciones, con un alto mensaje de Humanismo.
(Cons.: G. Gentile: "L’ereditá e V. A.", ed. La Nuova Italia, Venecia, 1926; B. Croce: "Poesia e non Poesia", Bari, Laterza, 1928; G. Marone, "Escritores de italia", 1946, p. 61-69; P. Cazzani: en "Diccionario de autores", Porto-Bompiani, t. 1, 1973, 1ª reimpr., p. 61-63; Papini: "Santos y poetas", en su "Obras", ed. Aguilar, 1957, t. IV, p. 878-900).