miércoles, 10 de septiembre de 2008

NUEVAS LECTURAS DE  SARMIENTO  Y  AZORÍN.-

 

 

                                     Por Guillermo R. Gagliardi.-

 

 

1.- “Que Azorín lea a Sarmiento”.

 

Domingo Faustino Sarmiento  (1811-1888) posee una configuración “anti-azorinesca” según lo afirmó Miguel de Unamuno (1864-1936)  en su artículo-reseña  “Lecturas españolas” (27-4-1912; “Obras Completas”, Aguado, 1958, Madrid,  t. 5: “De esto y aquello”, p. 370-371).

 

El argentino era “aquel hombre de primer impulso”, mientras que  AZORÍN (1867-1973) significaba al estilista,  el vocablo y la sintaxis controlada.  “Creo que vale la pena que ‘Azorín’ lea a Sarmiento” nos motiva el  helenista de Salamanca.  El autèntico estilo literario es el propio, el particular e instintivo, como el de nuestro Domingo. Personalísimo y casi ‘involuntario’ y natural.

 

Y nos advierte, vasco sabio y sensibilísimo,  sobre el medular “hispanismo” del alma y literatura del autor de “Facundo”: “...Sarmiento no sólo entendía perfectamente a nuestros abuelos, pues hablaba la lengua misma de ellos, sino que era en espíritu español, profunda y netamente español, el más español acaso de todos los pensadores y escritores suramericanos”.

 

Menciona dos escritos azorinescos en el libro sobre la España que vieron Alexandre  Dumas (1802-1870,  quien escribió “De París a Cádiz&rdquoGuiño y Théophile Gautier (1811-1872,  autor de “Viaje a España”, de 1840) y recuerda a Don Domingo, quien estuvo en la Madre Patria en 1846 en la misma fecha que los escritores galos.

Y no duda en construir una sintética apología literaria de ese “estilo bravío, indómito”, “oratorio, y aun declamatorio con frecuencia...” del Sísifo cuyano. (véase “Unamuno, devoto lector y crítico de S.”, Carlos Rovetta, “La Prensa”, 1968; Dardo Cúneo: “S. y Unamuno”, 1963, 3ª ed.).

 

 

En su “Recuerdos de Provincia” (1850), cap. “Los hijos de Jofre”, en la escena de “la pirámide”  su autor   preanuncia al escritor español y con aires proustianos. Evoca imágenes y sentidos del pasado. Revive objetos, personas y acciones rescataos del tiempo ido. Utiliza ricas adjetivaciones. Una tierna memoración  de costumbres  infantiles, de un espacio y tiempo familiar, semejante en su dulzura y sabor, por ejemplo, a “Doña Inés” de A. (o en el caso del recuerdo de San Vicente Ferrer y su cuadro devoto en casa de Doña Paula, puede compararse con  el texto azoriniano de “Valencia”, de 1941, en sus “Obras completas”, ed. Aguilar, tomo 6, p. 89-91).  También  expresa un simbolismo conceptual: “La pirámide aquella es la tumba de la revolución”, “de noche, cuando el aire reseco, tostado, se anda azotando por el rostro...”, “viénenme aún las ráfagas de aire fresco y perfumado”. María Emma Carsuzán, en su “S. el escritor” (1949) había advertido este temprano rasgo azorinesco, antes de Azorín, en esta pintura nostálgica y en el detallismo de sus Retratos, verdaderas joyas de la obra referida y de sus formidables  cartas en “Viajes por Europa, África y América”, 1845-1847.

 

Casi podríamos afirmar que éste es un “grande estilo” como él mismo lo define. Una manera de escritura en que destacan la naturalidad y la experiencia de la pluma, la expresión de las emociones y las sensaciones. “Dote tan rara” son sus palabras, “cuando llega a manifestarse y tomar forma, ha dado lugar a decir: el estilo es el hombre”. Fundamentalmente  verbal y vivo, animado y brioso en el ritmo, firme y claro en el significado...

 

Y con su particular adjetivaciòn, cadenciosa e impresionista, como ha observado C. M. Bonet en su “S., hombre de Letras”. . Por ej., ese “horizonte incierto, vaporoso, indefinido...” que habìa dibujado gràcilmente en su “Facundo” He ahí la Grandeza Sarmientina: su raigambre española, desde la lengua y la literatura, su instrumento ardoroso y a la vez sencillo, personalidad avasallante de escritor hispano y americano, como pocos, que “ha sorprendido en la propia España”, según advirtió justamente  J. J. Hernández Arregui en “El españolismo de S.”, cap. de su “¿Qué es el ser nacional?” (ed. 2002).

 

S, brilla también como un genial Lingüista y Filólogo, precursor de la Sociolingüística y la Pragmática. Integra el Idioma en el sistema total de Ideas. Urge la adopción de criterios modernos para la transformación del País con el que sueña. Valora sobre todo la lengua inglesa por ser conductora de los progresos científicos y políticos. Evolucionista convencido e historicista. Prioriza la Lengua Oral, el uso, el Habla como criterio para normatizar el fenómeno lingüístico.

 

Hábil en el original uso del adjetivo y rico vocabulario. Uso abundante e arcaísmos, “palabras abibliadas”, vulgarismos y chilenismos. Abundan los términos coloquiales en su correspondencia, las frecuentes oraciones interrogativas, para incitar al lector, en cartas y discursos. Verbos en modo imperativo y primacía de oraciones enunciativas, abundancia asimismo de párrafos expositivos. Abusa de los enclíticos y posee un gran poder descriptivo, maestría en el retrato, dinamismo y síntesis en los relatos. . Revela sus cuantiosas lecturas, a veces desordenadas, pero siempre obedientes a su interés y pasiones, a sus necesidades intelectuales, polítcas, afectivas.

 

Coinciden ambos en la desolada descripción del campo castellano. Así S. en 1846 en su “Viajes”, carta a J. V. Lastarria y A. en sus paisajes agrestes abundantes en toda su ingente obra literaria. Es la vieja España, desértica y pelada, triste y miserable, como lo señala Jorge Calle en su  “El pasajero sugerente”, 1925.  Ambos describen un espacio opuesto a su ideario político, modernizador y civilizado. Ambos piden una España Nueva, instruida, unida y progresista. (J. Blanco Amor: “A. Definidor de la Política”, “La Nación”, 8-07-1973; R. Sáenz Hayes: “A.”, en su “Antiguos y Modernos”, 1927).

 

Las ideas de Azorín sobre la Lectura Infantil nos ilustran sobre el tipo de lector que fue desde niño nuestro Domingo. “Demos de comer intelectualmente a los niños; démosles de comer de todo. No les vedemos nada” aconseja el español. (V. Cutinella:,  en “S. y la educación pública”, E. Carilla y otros autores, Losada, 1962).

Y esa cualidad luce la instrucción del niño Sarmiento, tal como él mismo lo relata y describe en sus pormenores (”Recuerdos...&rdquoGuiño.

 

Libros de fuerte contenido histórico e ideológico, de diversos autores, le imponia su padre, Don Jose Clemente, a su prometedor, y precoz,  hijo. Formación de la imaginación, forja del carácter, presentación de modelos de vida.

Desorden y voracidad, densidad y extensión informativa. Ejemplaridad histórica. Estas notas relevantes formarían su perfil  del lector, autodidacta pasional incansable.

 

“No pongamos límites a las lecturas de los niños”. En ello consiste el precepto azoriniano que S. desarrolla en sus “Recuerdos...”, capítulo “Mi Educación”.

En su ideario bibliológico, la Lectura es concebida como preparación para la vida, como programa total de instrucción. Como formación integral del hombre y del ciudadano.

 

 

 

“Pónme en el sillón para ver amanecer” le pide Domingo a su nieto, en 1888. Ama el alba y el crepúsculo. Ramón Gómez de la Serna trascribe en su “Azorin” (cito por 3ª · ed., 1957), una carta de éste donde le comenta su afición a escribir esperando el amanecer: “Ya el alba, se anuncia con su blancor; después, vendrá la aurora con su rosicler”.

 

El brillante autor de las “Greguerías”  nos trae a la evocación a nuestros parangonados y sus amores álbicos: “Me inquieta verle a  Azorin meterse cada vez más en el alba que es lo menos de uno que existe porque se entrega al infusorio que nace y deja morir al moribundo y tener dolor al dolorido. ¡Pobre Sarmiento que sólo queria vivir una hora más, llegar a ver una vez más alba, y el alba no le hizo caso y apareció una hora después de que él hubiese muerto!”.

 

En otro capitulo de su obra, de la Serna comenta una entrevista con  el autor de “Confesiones de un pequeño filósofo”  en 1916 en su despacho. Alli “saca de un armario (...) un libro escogido, probablemente un libro de viajes... Cuando Saint-Simon estuvo en España...”. “Cuando el pedagogo americano Sarmiento estuvo en España en 1846...”.  El joven escritor viaja por Europa enviado por el gobierno chileno de Montt. Nuevamente S. “eterno sentidor de lo español”, y Azorín, aunados en la clara prosa de don Ramón.

 

Abundan importantes juicios sobre A. que nos lo aproximan espiritualmente al sanjuanino. Gustamos sorprendidos de tales paralelos, en su carácter ejecutivo y patriotismo consciente, fuertes personalidades morales, de pluma emocional y vigorosa, y radical  progresismo. Asi por ejemplo en el capitulo “Momento álgido” (ob. cit.) anota de la Serna: “Azorin vive preocupado por todos los problemas nacionales... cada una de sus palabras resuena como un gran estampido”.

En el cap. “Nuevos avatares”: “A todo le daba una particular emoción literaria. Siempre nos aprestábamos a ver en él al que va delante...”. “A... recordaba de vez en cuando a Costa y pintaba su habitación de solitario y el anillo de silencio e ineficacia que parecía mentira le rodease”. Joaquín Costa (1846-1911) encarnó en varios  sentidos el Sarmiento de la “Regeneración” española. Político y educador, jurista e historiador. Orador vehemente, bregó por  la “europeización y desafricanización” de su Nación; su lema “Escuela y Despensa”.  Su  lucha principal, sarmientesca, combatir con mano férrea al caciquismo y la oligarquía hispánicas.

 

 

“A. tiene un tipo sombrío de hombre dramático, que al ver que las colectividades no proceden a ningún movimiento, se decide a actuar solo”. “Aquel ser original, destacado, francamente visible...”. “Esa postura de transplantarse a mejores dominios de la vida, ambientes de mejor conciencia , a suposiciones de mayor espíritu, dando temblores al presente,  fue la que A. tomó”.

 

Cita también palabras azorinianas que lo aproximan al optimismo iluminista sarmientino: “Mis ideas políticas se resumen en “sinceridad” y “esfuerzo”¡!”, y “depende de nosotros, de nuestra buena voluntad, de nuestro patriotismo, de nuestra buena fe en el progreso humano” (“Vida formal y política”, ob. cit.).

 

El mensaje político sarmientino ejemplifica en nuestra historia lo que el sociólogo alemán Max Weber (1864-1920) ha clasificado como la “racionalizacion del poder”, el ejercicio de una dominación legitima y legalista, pasión y planificación y la tendencia directiva y forjadora de voluntades, ”carismática”.

En ambos niveles de poder individual situamos a nuestro Domingo, como “Idealtypus”, determinado por su particular fisiología y sus circunstancias.  Ejerció su Misión y Conciencia Republicana, su “politk als grosse Beruf”, según la teoria sobresaliente de Weber en su conferencia de 1918: “La política como Vocación” y cristalizada en  su tratado monumental “Economia y Sociedad”, iniciado en 1911 y editado póstumamente en 1922.

 

En las juveniles criticas teatrales sarmientinas (en Chile, 1841=1842, contenidos principalmente en los os primeros  tomos de sus “Obras Completas&rdquoGuiño señalamos una dimensión amplia e intensa del Teatro dentro de las ideas y literatura de su autor.

Toda  su  capacidad genial ,de Profeta y Pensador socio-político, se encuentra en su alto concepto del Teatro. Manifiesta incluso una concepción de la Historia como Proscenio, como cambio escénico: “En este país se cambia de escena diariamente, de teatro, de personajes y de decoraciones...” (1879, Obras, t. 20).

Pregona un teatro social y liberal: “Aplaudiremos un teatro que se haga portavoz de la civilización, de la nueva y progresiva manera de sentir, de la paz, de una moral amorosa, comprensiva y bienhechora, de un sentido de la vida humana, libre y henchido de justicia” (Obras, t. 9). Profesó una conocida pasión por la creación, la critica y la teoría dramáticas, testimonios recogidos  p. ej., en su “Ante las candilejas”, caps. sobre “La renovación teatral”, “Leyes del teatro”.

Expone ese idealismo en “la necesidad de hacer concurrir la ciencia, el arte y la política al único fin de mejorar la suerte de los pueblos, de favorecer las tendencias liberales, de combatir las preocupaciones retrógradas. El contendor virulento de Alberdi, o Goyena, o Mitre, o los Gutiérrez, en actitud variablemente anarquista y decir sencillo y directo, Azorin pelea en la prensa, con pungentes ataques personales a J. Dicenta, J. Echegaray o V. Blasco Ibáñez.

 

 

Me place finalizar con una preciosa página de Sarmiento, “Bética”, de 1885, (incluida en sus “Paginas literarias”, titulo del tomo 46 de sus Obras Completas), manifestación  completa de su Hispanismo Esencial, justa, emotiva y solidaria, americanista. :

“Es la España Atalaya de la Europa hacia el mundo bárbaro. Y, sin embargo, por ese lado penetró la luz que disipó la tiniebla de la edad media... Mundos nuevos sacó del caos con América, mientras expulsaba al moro uno de sus castellanos y con Cervantes, la andante caballería y Calderón creaba el arte dramático... Ayudémosla a levantarse sus hijos de América”.

 

 

Bibliografía complementaria:

 “C. Berraz Montyn: “Hispanidad y argentinidad”, Sta. Fe, 1948;  M. Palacin: “El antiespañolismo de S.”, en “Columna”, 17-9-1938; E. Segovia Guerrero: “España en la obra de D. F. S.”, “Quinto Centenario-Depto. Hist. de América”, Univ. Complutense de Madrid, nro. 11, 1986, p. 163-175; Joaquín de Vedia: “S. y España”, “La Nación”, 8-2-1929;Àlvaro de las Casas: “S. en España” , en “Los Principios”, Cordoba, 5-10-1946); B. Gonzalez Arrili: “¨Salve, Azorinª, “La Prensa”, 3-6-1973; íd., “Los autores que se van a pique”, íd., 18-9-1977; J. O. y Gasset: “A., primores de lo vulgar”, Obras, t. 2; A. Reyes: “Apuntes sobre A.”, Obras comp.., t. 4; D,. Alonso: “Nuestra deuda a A.”, Obras compl, t. 4; O. Bietti: “Glosas del escribir: A. y lo extranjero”; :E. F. Rubens: “A., crítico literario”, “La Prensa”, 28-4-1974; M. Vargas Llosa: “¨Todavia tiene lectores A.”, “Clarín”, 3-9-1981; etc.).


Publicado por Desconocido @ 20:39
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