sábado, 13 de septiembre de 2008

                                    OTRAS NOTAS SOBRE SARMIENTO Y ORTEGA.-

 

 

 

                                                            Por Guillermo R. Gagliardi.

 

 

1.-Genio epistolar.

                       

En relación con la riqueza e intensidad de las cartas de DOMINGO FAUSTINO SARMIENTO (1811-1888), el sarmientista cordial Bernardo González Arrili menciona en su “Epistolario íntimo de S.” (1962), el valioso estudio de JOSE ORTEGA Y GASSET (1883-1955)  sobre la Condesa de Noailles, “La poesía de Ana de Noailles”, “Revista de Occidente”, julio 1923 (en sus “Obras completas”, tomo 4), donde afirma que la literatura epistolar es característicamente femenina, siendo los hombres más pobres en el cultivo de la misma.

Dicha observación no es aplicable, evidentemente, a la correspondencia ingente del sanjuanino: “Hubiera O. y Gasset tenido ocasión y tiempo para leer cartas de S. y acaso fuese menos concluyente cuando hablando de la Condesa de Noailles decía que  ‘conviene recordar que ha habido un género literario donde sólo han descollado mujeres y donde siempre el hombre ha fracasado: el género epistolar’.

Diríalo porque en España los hombres, salvo excepciones,  no acostumbran a contestar las cartas que reciben. Continúa Ortega en ese estudio que “el hombre no acierta a escribir cartas, porque  sin darse cuenta, convierte al corresponsal en todo  un público”. Don Domingo es el Genio que supera estas parciales opiniones.. Es “el tipo más alto de existencia masculina, el ‘Hombre Público’”, según afirma en general  el pensador español (O. comp.., tomo cit.).

 

 

2.-Fe, Yo y Circunstancia.

 

            En su “Historia como sistema” (1941, O. comp.., t. 6) Ortega expresa: “El diagnóstico de una existencia humana (...) tiene que comenzar filiando el repertorio de sus convicciones. Son éstas el suelo de nuestra vida”.

Constituyen , el estrato básico y más profundo de nuestras creencias, que arquitecturan nuestra vida, la orientan, impulsan y dirigen. Sostén de la conducta, “tienen siempre una articulación vital”.

 

República, civismo al estilo romano antiguo, democracia yanqui, son sus “creencias” fundamentales y radicales, decisivas y organizadoras de todo el pensamiento y la acción sarmientina.  Fe viva en el Progreso y en el poder de la Educación, según las nociones  orteguianas de su “Ideas y Creencias” (tomo 5 de sus Obras).

Llama precisamente “Fe Viva” a esta creencia firme, colmada de incitación a la praxis eficaz, y la contrapone a la “Fe Inerte”, muerte y que “yace inactiva en el desván de nuestra alma”.

 

La existencia del autor de “Educación Popular” está apoyada fielmente en esta  “presencia activísima y permanente”, de la que brotan “las incitaciones y orientaciones para vivir”. Cicerón, Franklin, Horace Mann... constituyeron sus “figuras de vida”, reales y valiosos ejemplos con los cuales, junto con las limitaciones  y motivaciones de su peculiar circunstancia americana, construyó su exuberante “programa vital”.

 

             “Invento proyectos de hacer y de ser en vista de las circunstancias...Se olvida demasiado que el hombre es imposible sin imaginación, sin la capacidad de inventarse una figura de vida, de ‘idear’ el personaje que va a  ser.

“El hombre es novelista de sí mismo”, “el hombre se hace a sí mismo en vista de la circunstancia, que es un Dios de ocasión”, cito a Ortega. (Obras, t. 6).

 

Debemos distinguir en Sarmiento un planteo antitético con respecto a la doctrina orteguiana del Yo y la Circunstancia, dado que el argentino escinde ambas entidades.

Brinda supremacía al Ego, quien decide, conforma o se opone al Medio y al Momento. Él, con su extravagancia particular, con su literatura eminentemente “yoica”, intensa y personal,  a veces con gracia y frecuentemente àspera y salvaje, estampa su impronta sobre éstos, y defiende la preponderancia y derechos del Yo, por sobre cualquier Circunstancia..

 

Recordemos, con un solo y palmario ejemplo, su carta a Bartolomé Mitre de 1852, definitoria: “Antes de todo, en todas las transacciones de la vida pública y privada, quiero ser yo, siempre yo, tal como la naturaleza me ha hecho, y no deformado por las presiones exteriores”.

 

 

3.- La Poesía.

 

“La poesía para despertarse, porque la poesía es como el sentimiento religioso, una facultad del espíritu humano, necesita  el espectáculo de lo bello, del poder terrible, de la inmensidad de la extensión, de lo vago, de lo incomprensible, porque sólo donde acaba lo palpable y vulgar empiezan las mentiras de la imaginación, el mundo ideal” escribe  en cuerda romántica  S. en su “Facundo” (1845).

 

Admirador de Víctor Hugo, Byron y Lamartine,  cuyos escritos “lo enajenan”. Había esbozado un juvenil “Canto al Zonda”, y luego, entre el fragor de la brega política, su prosa se embelleció  de altas calidades artísticas, así en “La historia de mi madre” (“Recuerdos de Provincia”, 1850), el “Discurso a la Bandera” (24-09-1873, en tomo 21 de sus Obras Completas, “Discursos Populares&rdquoGuiño, los “Viajes por Europa, África y América” (1849).

 

Pero... Domingo era un Poeta de la Acción, un conductor y fundador de Naciones, un Maestro ... Por ello, en Chile, 1840, en aceradas polémicas sobre la Lengua Castellana y el Romanticismo, brega por un Arte genuinamente popular, nacional y americano. “se hizo “progresista, humanitario y socializante”.

Los modismos y giros del pueblo  deben ser utilizados, sostiene: “La soberanía del pueblo tiene todo su valor y su predominio en el idioma”. No deben ser aceptados “como buena moneda los que usan los escritos españoles”.

Brega por un nacionalismo lingüístico que fundamente una conciencia nacional integral. :

“Pero cambiad de estudios, y en lugar de ocuparos de las formas, de la pureza de las palabras, de lo redondeado de las frases, de lo que dijo Cervantes o fray Luis de León, adquirid ideas de donde quiera que vengan, nutrid vuestro espíritu con las manifestaciones del pensamiento de los grandes luminares de la época” (1842, “tomo 1 de sus Obras, “Artículos críticos y literarios&rdquoGuiño.

 

La Poesía ha de ocuparse de la cultura patria, de fundarla sobre bases seguras, de mejorar la vida de las mayorías: “echad miradas observadoras sobre vuestra patria, sobre el pueblo, las costumbres, las instituciones, las necesidades actuales, y en seguida escribid con amor, con corazón, lo que se os alcance, lo que se os antoje”.

 

Cultor de la literatura y el pensamiento de Larra, Pierre Leroux y Paul Courier, al Romanticismo literario y filosófico, debe sucederle urgente, piensa, el Socialismo. Un arte regenerador, moral en sus fines y esencia: “El socialismo, perdónennos la palabra; el socialismo, es decir, la necesidad de hacer concurrir la ciencia, el arte y la política al único fin de mejorar la suerte de los pueblos, de favorecer las tendencias liberales, de combatir las preocupaciones retrógradas, de rehabilitar al pueblo, al mulato y a todos los que sufren”.

 

La lengua y el arte no pueden ser momificados, pues, naturalmente, “siguen la marcha de los progresos y de las ideas”. Desecha la literatura preciosista, sin meollo histórico y ético, deshumanizada e inútil: “rehusamos, pues, lo que se llama en el día literatura entre nosotros; no queremos esa literatura reducida a las galas del decir, que concede todo a la expresión y nada a la idea, sino una literatura hija de la experiencia y de la historia, pensándolo todo, diciéndolo todo en prosa, en verso al alcance de la multitud ignorante aún; literatura nueva, expresión de la sociedad nueva que constituimos”.

 

“Libertad en literatura como en las artes, como en la industria, como en el comercio, como en la conciencia. He aquí la divisa de la época, he aquí la nuestra”.

 

La Argentina del período rosista necesita de esfuerzos y voluntades como la de S., para organizarse como Nación en el concierto mundial; y recibe la influencia de Maríano José de Larra (1809-1837), quien en su época diagnostica y receta lo mismo: una literatura social, auténticamente nueva, autónoma y progresista: “deseáramos  que nuestros antagonistas examinasen con detención las tendencias de Larra en todos sus escritos, para que se convenzan de que algo mucho,  no todo lo que ridiculizaba allí, se reproduce en nosotros mismos, con tan admirable consecuencia”. (A. Cambours Ocampo, “Lenguaje y Creación”; Larra: “Literatura: rápida ojeada sobre la  historia e índole de la nuestra, su estado actual. Su porvenir. Profesión de Fe”, en “Artículos”,  Planeta, 1964, p. 886 y ss.).

 

El escritor tiene en las ideas y prédicas sarmientinas, misión altamente política y social: “escribir para regenerar es el deber de los que estudian las necesidades de la época en que viven”.

En su carta a Vicente Fidel López en Montevideo (1846, incluida en sus “Viajes”, Obras, tomo 5) declara su  amor por el Poeta al modo del “pioneer” de Walt Whitman (1819-1892), que funda pueblos, liberta naciones, “poeta práctico que hace una pastoral de un desierto inculto, e inventa pueblos y maravillas de la civilización”

 

Los literatos deben escribir para sacar a estas naciones del pesado letargo colonial, alejándolas de la Barbarie y acercándolas al goce de los bienes de la civilización. Clarividente sociólogo de nuestra realidad, criticó severamente las poesías de los proscriptos que se deshacían en cantos al “almo río”: “contad sílabas, mientras los recién venidos cuentan patacones. ¡Qué de riquezas de inteligencia y cuánta fecundidad de imaginación perdidas!”. (v. por ej.: “S. y la Poesía”, por R. A. Arrieta; C. M. Bonet: “S. hombre de letras”, 1939).

 

La España de 1900 sufría una grave crisis moral y política, como la Argentina de S., todo estaba por hacerse, había que resucitar el perdido sentimiento patriótico. Allí el Joven José Ortega y Gasset sostiene en “El Imparcial”, similares ideas.

Ya   se perfila O. como enérgico periodista, traductor de nuevas ideas, impulsor de empresas intelectuales de gran influjo como la editorial “Revista de Occidente” (1923).  El arte debe servir al bien de la Patria: “en tanto que España cruje de angustia casi todos estos poetas vagan inocentemente en torno de los poetas de la decadencia actual francesa y con las piedras de sillería del verbo castellano quieren fingir fuentecillas versallescas...” (Obras Completas, tomo 1, “Moralejas&rdquoGuiño.

 

En 1906 apareciò una antología de Emilio Carrére, titulada “La corte de los poetas” cuya crítica hace en estos artículos. Un arte fecundo en preocupaciones morales puede ayudar al renacimiento nacional: abomina del virtuosismo vano, al modo unamunesco, y preconiza como S. una literatura que se enfatice “todos los intereses humanos y nacionales” (J. L. Cano: “O. y el modernismo&rdquoGuiño.

 

Llama “crítica bárbara” a esta urgente exigencia de abandonar “discusiones sutilísimas de técnica” o sensiblerías estéticas de cuño ‘modernista’ y de demandar “al artista el secreto de las energías humanas que guarda el arte, dentro de sus místicos arcaces”.

No sólo palabras (“poesía vieja&rdquoGuiño, sino conceptos, sentimiento y lógica. Una “santa energía estética, renovadora, impulsora” (“Poesía nueva&rdquoGuiño, forman la fontana de la poesía.

           

La Poesía es “una fuerza humana o, mejor dicho, nacional, propulsora del ánimo, forjadora de broncíneos ideales, educadora del intelecto, encantadora del sentimiento, empolladora del porvenir, que empuja hacia delante”. Es una fuerza de progreso, una potencia activa,  que hace renacer comunidades, poesía social y comunitaria, poesía de la calle, es vida intensa, en suma.

 

En medio de la sequedad y el dogmatismo árido de la realidad española, ¿qué han hecho los poetas? se pregunta, y nos recuerda a S. interrogando a los poetas  exiliados argentinos de la època de Rosas, sobre la utilidad  de sus lamentos y vocablos bellos, desguarnecidos de ideas útiles y visiones prácticas por las que claman los pueblos doloridos.

 

 

 

 

4.- Combate por el Bien: Educación y Política.

 

No olviden al pueblo –advertía el sanjuanino-  en sus trabajos electorales, “ésa es la república, esa es la verdad”, a cuya dignificación todo gobernante debe “inmolar su vida, como él lo hizo.  Fue uno de los argentinos que más sufrió por la suerte de su Nación, por la alfabetización popular, por el mejoramiento del nivel de vida de sus, frecuentemente ingratos conciudadanos.

 

Por su parte, lamentaba Ortega en 1932 que la política lo había distraído de trabajos intelectuales más deseados por su vocación de pensador y filósofo: “La política española se apoderó de mí” (tomo 4 de sus Obras, “La política es analfabetismo&rdquoGuiño. “...para que las ideas sean impetuosamente servidas –escribe el español, dibujándonos la médula de la acción sarmientesca- es menester que sean antes plenamente queridas, sin reservas, sin escepticismo, que hinchen totalmente el volumen de los corazones”.

 

Alfonso Reyes (1889-1959) lo llama “el héroe”, “el paladín”, “el inquietador”, en sus “Apuntes” (incluidos en “Simpatías y diferencias- IV serie. Los dos caminos”, 1923); se refiere a la tarea periodística altamente patriótica en su juventud, a través de sus artículos en “El Sol”, “El Imparcial”, “Faro”, “Crisol”, “Luz”, y otras torres de su elevada docencia patriótica.

 

“Es preciso reorganizar la nación española”, contiene el lema beligerante  orteguiano. Su ·incomparable poder de incitación y sugestión” (Julián Marías: “Encuentro con O.”, de su “Aquí y ahora”, 1954, en su “Obras, Rev. de Occidente, 1964, tomo III).

 

Confiesa el sanjuanino que  hizo “la guerra a la barbarie y a los caudillos en nombre de ideas sanas y realizables, y , llamado a ejecutar mi programa, si  bien todas las promesas no fueron cumplidas, avancé sobre todo lo conocido hasta aquí en esta parte de América”.

 

Compartieron un sostenido credo laico, elevadamente cívico y ético. Dijo Ortega en 1908 en “El Imparcial”: “la edad moderna ha traído sus nuevas virtudes, los deberes públicos y sociales. Son virtudes terrenas, virtudes municipales, virtudes laicas. Aquí se nos ofrece la cuestión moral española, hay que hacer laica la virtud y hay que inyectas en nuestra raza la moralidad social.”.

 

Liberal y progresista, brega por europeizar a España.  Combate todo provincianismo retrógrado. Como el  cuyano,  propaga ideas de renovación universalistas: maestros de energía espiritual y moral. (véase la editorial de “Convicción”, 8-05-1983: “O., el maestro de energía&rdquoGuiño.

Como S., propugna  y defiende firmemente lo que él consideraba de modo preciso , los tres principios que han hecho posible el Mundo Nuevo: la Democracia, Liberal, el avance científico y el Industrialismo.

 

El mejicano Octavio Paz (1914-1998) en su “J.O. y G.: el cómo y el para qué”, 1980, observa que la iluminación orteguiana y su influencia en Hispano-América, se debe a que su enseñanza consistió en mostrarnos para qué sirven las ideas y cómo abrirnos paso en nuestro mundo circunstante.

 

Su filosofía, desde “Meditación del Quijote” (1914) hasta “Unas lecciones de Metafísica” (curso de 1932-1933) y “La razón histórica” (1940.,1944) es la del pensamiento como acción y trabajo,, meditación activa, en el medio que se debe perfeccionar o cambiar, “pensar es hacer, construir, abrirse paso”. Don Domingo abrazó este pensamiento “realista” vigoroso y actualísimo, con profunda convicción, y es un ejemplo mítico de realización de tales postulados vitalistas antes de que los formulara en filósofo en su inimitable estilo (v. R. O. Abdala: “O. frente a los idealismos”, 1970).

 

“Criado en la lucha por la existencia, más que mía, de mi patria, acometiendo todo lo que creí bueno, no deseé mejor que dejar por herencia millares en mejores condiciones intelectuales...”. Cada uno ha de comportarse como si fuera a ser elegido Presidente de la República, sentencia S.: la organización general es tarea de todos, cada uno convencidamente debe arrimar su piedra para construir el edificio nacional.. “Vio la realidad sudamericana con lucidez angustiosa y quiso transformarla bruscamente” (R. Rojas).

 

Solamente experimenta la plenitud vital cuando desea morir por sus ideas. Su felicidad, su acicate, es la acción patriótica benefactora, humanista. “El hombre no puede vivir plenamente si no hay algo capaz de llenar su espíritu hasta el punto de desear morir por ello” (“El Espectador”, I, 1916, Obras, t. 2). Es la vida ejemplar del Mártir. “Sólo nos empuja irresistiblemente hacia la vida lo que por entero inunda nuestra cuenca interior”. Su vida se santifica en nuestra perspectiva visto su inmensa vocación, el sentimiento propio de la Misión, parcialmente cumplida. (F. Schultz de Mantovani: “América y el Espectador”, “Sur”, nº 289-90, 1966; “O. y G. y la Argentina” L. Castellani, en rev. “Dinámica social”, abril 1954, nº 44, y en su “Lugones. Esencia del liberalismo. Nueva crítica literaria”, Dictio, 1976; F. L. Bernárdez, “O. en la política”, en su “Mundo de las Españas”, 1967; “O. y G., político y la política” E. Anderson Imbert, en su “La flecha en el aire”, 1972).

 

El autor de “La rebelión de las masas” sostiene que la Civilización, la democracia Liberal, la convivencia armónica en lo social y político, son el reino de la Justicia y la Razón, el ámbito de la cultura. La Barbarie o Incultura, ausencia de principios básicos de legalidad civil, violencia y disociación. La educación popular es el remedio para des-masificar, para incorporar al pueblo a la vida constitucionalmente organizada.  La masa origina tiranías y dictadura, caudillismo e injusticias. S. anticípase a la famosa obra orteguiana y sus otros distingos sobre la vida vulgar e inerte, la barbarie y el ideal del hombre-masa.(Véase Prólogo de F. J. Legón a “Condición del extranjero en América” y A. A. Abeledo, “Ambas Américas”, folleto, 1967, sobre la anticipación y coincidencias sarmientino-orteguianas respecto de la herencia negativa y atraso  de España).

 

Como observó A. M. Madrazo de Rebollo Paz lo que el sanjuanino intuye en el “Facundo”, el pensador hispano investigará casi  un siglo después.(aut. cit., “S. y su interpretación de nuestra realidad social”, en rev. del Museo Hist. S., a. II y III, nº 2 y 3, 1957-1958). No escaparon a su agudeza los peligros de la intervención del Estado en la vida individual, la anulación de la espontaneidad y originalidad del hombre concreto. Como así también el nihilismo y primitivismo del sobreviviente de la era técnica..

Si bien  S, profundo intérprete de la realidad americana, anunciador de importantes aspectos de la luminosa visión orteguiana, pondera las virtudes de la Cultura: vigencia de los principios republicanos, escuelas y municipios, combate sin descanso la Barbarie, como significación de atraso material, , y reconoció, sufrió y denunció las iniquidades de  la “otra barbarie”, la letrada, de los devotos y sapientísimos gobernantes que asesinan y roban y esquilman al ciudadano. Y reconoció la bondad y generosidad y coraje y sentido artístico del Gaucho, destituido y necesitado de atención por los gobiernos “cultos”, y la herencia también rescatable, del Indio, nuestro “padre prehistórico”. Él mismo inmortalizó a tipos auténticos americanos, como el Rastreador, el Baquiano, el Cantor en su “Facundo”.

Memora con delectación  y sabiduría al carpincho,  el ñandú, evoca bellamente la cultura de los Huarpes, los Quichuas y Guaraníes, sus costumbres y  creencias.  la historia de “Juan Chipaco” , en el tomo 43 de sus Obras, “Vida de Muñiz”, los “Recuerdos...”, , el tomo 42: “Costumbres. Progresos”, “Conflictos...”, etc..

En su mística “Visión del camino de Damasco”, la montonera es símbolo de la barbarie: “aquella montonera de Facundo, cubierta de polvo y andrajos, sobre caballos que pisaban sin ruido la calle sin empedrar, para que se oyeran mejor los gritos infernales de los jinetes entre nubes de polvo y entre guardamontes que agitaban las alas diabólicas”.

 

Los Estados Unidos de América del Norte constituyen para el autor de “Argirópolis”, símbolo de todo lo que de progreso material hay en el mundo de su época: escuelas, fábricas, sistema representativo en óptimo funcionamiento, libertad de pensamiento y expresión. He ahí entonces su acendrado culto a Lincoln, Horace Mann y Franklin, que vertebraron su formación intelectual y definieron sus ideas políticas. .

 

Como lo fue la civilización yanqui floreciente en el siglo 19 para el argentino, así el pensamiento germánico fecundó las ideas del madrileño. Maduró sus intelecciones, fue decisivo en su educación superior. “El pensamiento de O. se ha encontrado a sí mismo gracias al choque con el mundo de ideas alemán” anota E. R. Curtius en su ensayo  sobre O. incluido en sus “Ensayos críticos sobre la literatura europea”, 1972, 2ª ed.. . Estudió en Alemania, en 1906 y 1913 los escritos de Wilhelm Dilthey, Georg Simmel y Kant, entre otros., “el erizado zarzal de la filosofía trascendente tan del gusto de los alemanes” según lo dijo S.

 

S. por su parte hasta expuso en sus “Viajes” una teoría sobre la “incomprensible” filosofía germana: “he creído hallar en el uso de la pipa el origen de la mística metafísica de los alemanes”. Un filósofo que consume sus horas entre las complejas volutas del humo de su gran pipa, seguramente elabora un saber filosófico no menos “místico, vaporoso, metafísico, incomprensible”.

Su teoría “tan plausible y que arrojará una gran luz sobre los misterios de la filosofía alemana” no halló  eco entre los entendidos a quienes la expuso en Gotinga (Obras de S. tomo 5). Admira todo el pensamiento germano, colosal y de gran influjo en toda la civilización occidental, la ciencia, la técnica, especialmente el sistema escolar y el social, el culto de las Artes. En varios trabajos se ocupará de la importancia de la Emigración alemana al suelo americano.

 

Ortega convoca a todos sus connacionales para que resurja “la España vital”, moderna, “sincera, honrada”, “aspirante, germinal”, fuerte y eterna. “Por esto es menester que nuestra generación se preocupe con toda conciencia, premeditadamente, orgánicamente, del porvenir nacional”. “Vamos a impulsar hacia un imperioso levantamiento espiritual los hombres mejores de cada capital”. “Una nación no se hace sólo con un verso, con un razonamiento o con un párrafo que le ocurre a un orador; es una labor de todos los días, de todos los instantes: labor sobre la cual hay que extender como un calor, como un amor que haga fructificar a su tiempo la semilla y la acompañe en su expansión”.

 

A través de la “Liga de Educación Política Española” y de la “Agrupación al servicio de la República”, O. brega por fundamentar una conciencia nacional  activa, “una España vertebrada y en pie”: “Liberalismo y Nacionalización propondría yo como lemas a nuestro movimiento, pues es requisito urgente que las minorías intelectuales directoras saquen a las masas de su inerte índolencia. Estas intenciones que recuerdan la brega sarmientina por levantar al pueblo del pesado sueño colonial hispano, para proclamar su liberación política, económica y cultural, a través del fomento de la Educación Común, de las actividades agrícolas, de la extensión de las vías férreas, correos y navegación comercial: ése es el contenido de toda su obra y acción prometeicas.

 

Para S. como expone, entre otros, en su “Misión de la Universidad” (1930), la prioridad es la educación general de todos, luego la especialización. La primera es el principal objetivo de la sociedad democrática tal cual lo sostiene también nuestro pedagogo. Propugna un enfoque humanistico de todo el Saber. Señaló la nueva Barbarie, la del siglo 20, que es en su concepto, la de la Especialización,

Publicado por Desconocido @ 19:49
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