ARMONÍAS DE SARMIENTO Y BANCHS.
Por Guillermo R. Gagliardi.-
I.- "La simiente del nardo".
DOMINGO FAUSTINO SARMIENTO (1811-1888) podría afirmar como los versos de ENRIQUE BANCHS (1888-1968) en su poema "Evocación histórica", de "Las Barcas" (1907), estrofa final:
"Yo estuve con el Pueblo y con él puse el hombro
para hacer de los viejos edificios escombro,
porque nada es tan dulce como arrancar el cardo
cuando se tiene presta la simiente del nardo".
Trascribo por "Obra Poética", Prólogo de R. F. Giusti, Academia Argentina de letras, 1973.
El autor de "Educación Popular" fue un Místico de la Acción Benéfica. el dador de Vida, de Civilización, previa siega de la Barbarie. Que se entrega todo él en esa brega por el Progreso Ciudadano. Así lo recordó el poeta también en su Discurso en nombre de la Comisión Nacional de Cultura en 1938 y en el homenaje al "Sócrates de Gualeguaychú", profesor y crítico literario, don Luis Doello Jurado (1874-1955) en 1954 (en "E. B." de Leonidas de Vedia -con Antología y Apéndice de O. H. Dondo-, Ediciones Culturales Argentinas, 1964).
Nos recuerda el no menos significativo "Soneto del sembrador de ideas" ("La Nación", 1-2-1981) del escritor y maestro Fermín Estrella Gutiérrez (1900-1990) y al ensayo "S. y la parábola del sembrador" del historiador entrerriano Leoncio Gianello, 1908-1993 (en revista del Museo Histórico S., n° 4-5, 1959-1960).
Sabía el sanjuanino de la riqueza humana de las naciones hispanoamericanas, de su Futuro promisorio: "No abandonen en sus trabajos electorales al pueblo, así ignorante, sucio como es. Ésa es la República; ésa es la verdad..." clamaba a su amigo Pepe Posse (en carta del 15-9-1869).
Sin voluntad vacua y con clásica sencillez y armonía, el mismo pensamiento expresa la "Oda a los Padres de la Patria" de Banchs (1911). El poeta inteligente honra, emocionado, no a los próceres constantemente celebrados, sino a los hombres comunes y las cosas simples y fundamentales del pueblo: el labrador, el chasque, los trabajadores anónimos, desde la época colonial y la emancipatoria:
"Grande es aquel que hincando la medida
con el poste en que paran los enjambres,
rayó la pampa con los cuatro alambres".
Canta a los caminos de la Patria, que unen las poblaciones "más que una bandera, / más que un conciliador paño celeste...". Y celebra
"al que abre en incisiva cuchillada
el cogote berreante del becerro,
al que amasa y enforma el pan supremo,
al que golpea el rutilante hierro...".
El nombre patrio ha de ser acrisolado y vigoroso, como el hombre:
"Que tu nombre
tan metálico, límpido y sonriente
suene a verdad austera y a palabra
de honor".
La inmensidad geográfica y conceptual de la Patria comprende para ellos los ríos y campos enriquecidos, industrias florecientes, ciudades populosas en vida republicana, extensos trigales y numerosas escuelas, ferrocarriles y leyes, fraternidad e independencia, y no consiste en la "alabanza eterna de nuestros personajes históricos, fabulosos todos" (carta sarmientina, desde Yungay, del 2-9-1852).
Este panegírico ciego y repetido, estas "hinchazones de genio, de divinidad, de infinito" (Banchs, "Ciudades argentinas", 1910: "Santa Fe", trascribo según "Prosas", compil. de P. L. Barcia, 1983), de esos modelos inimitables, de negativa o nula influencia para niños y jóvenes, son "la vergüenza y condenación nuestra" (S., loc. cit.).
II.- "La naturalidad del habla".
En su "Averiguaciones sobre la autoridad en el idioma" Banchs desestima netamente la gramatiquería, la diminuta y superficialmente erudita, que coarte la libertad expresiva, la espontaneidad del habla. El lenguaje es un hecho enteramente vivo, movedizo y cambiante como fenómeno humano que es.
Deben eludirse los dogmas, "el fetichismo de la gramática" y los convencionalismos vanos que nos hacen perder de vista el maravilloso poder de la Lengua "para la expresión íntegra, vigorosa y bella del pensamiento".
Abomina de purismos ilógicos y de autoridades idiomáticas, y preceptivas arcaicas, que "interrumpen la naturalidad y la sinceridad del habla" (ob. cit., en Boletín de la Acad. Arg. de Letras, t. XII, n° 45, 1943).
Su exposición sobre estos temas de Lingüística posee similitud con las ideas sarmientinas expuestas en sus polémicas en Chile sobre Ortografía Americana, en "El Mercurio", que integran sus "Artículos críticos y literarios": la soberanía del pueblo, el uso idiomático es la principal regla para juzgar al Lenguaje: "escribid con amor, con corazón, lo que se os alcance, lo que se os antoje". "El entusiasmo es la gran regla del escritor". Cito por "Obras Completas de D. F. S., edit. Luz del Día, 1948-1956.
(Puede consultarse, A. Cambours Ocampo: "El problema de nuestro lenguaje" y "S. y el lenguaje de América", en su "Lengua y Creación", La Reja, 1970; íd., "Lenguaje y Nación", Marymar, 1983)-
III.-"Manos como arcángeles lozanos".
La madre constituye para Domingo la encarnación de la Providencia. Su mejor estilo se manifiesta, con reminiscencias de las "Confesiones" (1849) de Alphonse de Lamartine (el poeta y político romántico, 1790-1869), en su "La historia de mi madre" de "Recuerdos de Provincia" (1850), preñado de sentimiento filial y amor por esa enérgica "matrona romana", una "beldad moral" "digna de la apoteosis".
Con un canto menos personalizador Banchs hace un "Elogio" de las manos maternales: "que en la casa son tus manos / como arcángeles lozanos / protectores / y en sabia bondad doctores".
El escritor de "Educación Común" ha clarificado la función decisiva de las Mujeres en su vida: aliento, reposo, ternura, hermosura:
"Hay las ‘Mujeres de la Biblia’, hay las de Shakespeare, o de Goethe. ¿Por qué no he de tener para mí las ‘Mujeres de Sarmiento’? no porque yo las haya creado al grado de mi fantasía, sino porque todas ellas me cobijaron bajo el ala de madres, o me ayudaron a vivir en los largos años de prueba.
Una mujer es madre o amante, nunca amigo, aunque ella lo crea; si puede amar, se abandona como un don o un holocausto. Si no puede, física o moralmente, protege, vigila, cría, alienta y guía".
Y la mujer sarmientina simboliza la delicadeza, el pudor y la belleza. Por ej. en Carta a su primo Soriano, del 2-12-1843. Pero su visión no es sólo estética, sino social y política y pedagógica, y también religiosa.
La presencia femenina en la obra banchsiana equivale a Luz y Fortaleza, animación sublime:
"Por tu yugo seré fuerte,
por la unción de tu gracia dislocará la Muerte
sienta cerca de mí tu andar sereno
para alzarme de fortaleza lleno".
"¡Más santa que mano que venda la herida!":
"Porque la vida sublimizas
y la haces profunda entre sonrisas
y la haces profunda, y la haces profunda,
con tu santa aureola que todo lo inunda".
En el discurso sarmientino en Montevideo , en la Escuela Normal de Señoritas (en febrero de 1883) queda también no menos grácil y sabiamente estampada su Apología Femenina:
"Estudiad una rosa, o los lirios del campo; y que vuestro maestro os enseñe botánica. Esto es una mujer: las gasas, los colores brillantes, las formas graciosas y elegantes"
(en su Obras Completas, tomo XXII).
IV.-"Una inteligencia al servicio del Porvenir".
Su último discurso lo pronuncia Banchs emocionadamente como homenaje a S. "Todavía está el calor del sol en las banderas que circundaron trémulas el bronce de S.". Todos los habitantes acercaron su homenaje sincero a un Grande de la Patria, niños, magistrados, maestros... "En unanimidad sin ejemplo, el país se ha inclinado ante la inteligencia al servicio del bien público y al servicio del porvenir".
Tal como lo confiesa S. y aparece publicado en el libro de su nieto Augusto Belin: "S. anecdótico", "Un Resumen", 2° ed., 1929). "Luminoso testamento" lo adjetiva éste. Tal como en sus últimos años le escribe a su sobrino Clemente Gómez, previamente a su último viaje a San Juan:
"Ya habrás visto por los diarios, la recepción que ha hecho Chile entero, porque esto ha sido universal... Véngame esto de consuelo por tantos disgustos sobrellevados y por la pobreza en que me han dejado los que reparten los millones de la fortuna que yo contribuí a formar".
(C. H. Guerrero, "S. en su última visita a San Juan", 1973, p. 12).
Parecida significación adquieren los conceptos vertidos por nuestro Poeta en la Academia Argentina de Letras en 1961:
"Porque si la vida me privó de los bienes y los goces por lo común ávidamente apetecidos y de ambición y arrestos para alcanzarlos, llevó en todo tiempo a mi encuentro hombres dignísimos que me prodigaron estimación y afecto".
(en Boletín de la Academia, t. XXVI, jul.dic. 1961, n° 101-102).
También, coincidente, el maestro de San Francisco reconoce el sabio favor del destino por haberle permitido conocer a grandes hombres: "he sido favorecido con la estimación de muchos de los grandes hombres de la tierra".
El espacio sarmientino está representado por los valores de la Infancia, los Árboles, la Libertad..
Luego refiérese B. al influjo de los escritos de los grandes pensadores del mundo de la Antigüedad Clásica. Admiraba el cuyano la herencia Romana y sus leyes, "puedo estar equivocado pero estoy con los romanos".
Lo señala finamente el poeta de "La Urna": "Sus costumbres cívicas son las del romano de la República". Insta a que el pueblo vuelva a la fuente nutricia de los austeros varones de nuestra historia, la pobreza sarmientesca, la de Belgrano y San Martín, su íntimo convencimiento de entregar su vida por el Bien Patrio.
Éstos "vivían en verdad la admonición ciceroniana de emplear la mente sólo en las funciones excelentes, entre las cuales –dice- ninguna más elevada que la de velar por el bien de la patria".
V.-"Escribir para regenerar".
El recreador del castellano antiguo en "Mester de Clerecía" y "Sobre la mar azul" entiende la Literatura como el Arte de trasuntar bellamente las pasiones humanas, sin distinción de localismos pintorescos, subestimables.
Cree en los valores universales del arte Literario. Estima que debido al "panmundismo" (término que él utiliza), a la "planetarización de la cultura" decimos hoy, es muy difícil la formación de una literatura Nacional:
"¡Ah! No olvidemos que la literatura es cosa de unos pocos".
"La unificación de los pueblos en el espíritu de la civilización mejor, vale más que todos los intereses literarios".
("La literatura argentina", en "Nosotros", a. VI, 1912, t. 9, n° 4; y en "Prosas" ed. P. L. Barcia).
El adelantamiento nacional no depende de la literatura, sino del progreso industrial y comercial, sostiene B. junto con el criterio del "euríndico" Ricardo Rojas (1882-1957) en "La restauración nacionalista" (1909) y del rosista hispanófilo Manuel Gálvez (1882-1962) en su "El Diario de Gabriel Quiroga" (1910), por ejemplo:
"La Patria Argentino no será hecha por la literatura sino por las industrias. El porvenir y la fama de la patria necesita más a los industriales y a los grandes comerciantes, que a los literatos. Su carácter no se lo dará la literatura, sino su potencia de asegurarse una vida independiente por sus propios esfuerzos".
Por su parte, el autor de las cervantino-quevedescas "Memorias inéditas de una gallina de Guinea", nuestro Sísifo del Alfabeto quiere una Literatura nacional, crítica, que se ocupe de difundir las ideas de libertad e institucionalización:
"Escribir para regenerar es el deber de los que estudian las necesidades de la época en que viven.
Echad miradas observadoras sobre vuestra patria, sobre el pueblo, las costumbres, las instituciones, y las necesidades actuales, y enseguida escribid con amor, con corazón, lo que se os alcance, lo que se os antoje".
El escritor de "Viajes por Europa, África y América" admira incondicionalmente al "poeta práctico que hace una pastoral de un desierto inculto, e inventa pueblos y maravillas de la civilización" (carta a Vicente F. López, 25-1-1846).
La fuerza de la voluntad y las horas de intensa atención han de ser aplicadas "a producir un resultado útil". Los escritores deben escribir para despertar a los pueblos dormidos, sacudiéndolos del pesado letargo español, de la barbarie y de la limitación del "espíritu de localidad", estrecho y retrógrado, "el espíritu castellano de odio y adversión contra el extranjero".
(Puede leerse: "E. B." Poema de J. L. Borges, en "La Prensa", 15-4-1984; "La poesía en la primera mitad del siglo XX. E. B." J. Noé , en ‘Historia de la literatura argentina’, R. A. Arrieta dir., Peuser, t. IV, 1959; R. F. Giusti: "Recepción de E. B.", 1941, en "Discursos académicos", Acad. Arg. de Letras, 1945, t. 2; íd., "Homenaje a E. B.", Boletín..., t. XXX, n° 137-138, jul.-dic. 1970; E. A. Imbert: "Papeles. Dos metáforas con tigres (en B. y S.)", en "Sur", n° 215-216, 1952).