domingo, 21 de septiembre de 2008

   sarmiento y Victoria Ocampo: lengua, persona y NACIÓN.-

 

 

 

                                                            Por Guillermo R. Gagliardi.-

 

 

 

I.-“El amor  tenaz y encabritado por un paìs ingrato y querido”.

 

Se refiere  Victoria a Sarmiento  en una conferencia pronunciada el 15-6-1959, con el auspicio de la Càmara del Libro, sobre la frecuentaciòn del maestro, en  la casa de su padre: “Durante su adolescencia y juventud, mi padre debió de ver a menudo a S., que frecuentaba la casa de mi bisabuelo, con quien vivìa este nieto preferido”..

“Este joven constructor de puentes, de veintidós años, a quien S., llamaba su amigo era el que serìa nuestro padre”. (“De la cartilla al libro”, en “Sur”, nª 260, 1959). El ingeniero Manuel Ocampo y Ocampo y Da. Ramona Aguirre Herrera fueron sus progenitores.

 

En su “Autobiografía” (tomo I: ‘El Archipiélago’, 1979), rememora V., igual que D., los emocionados y sinceros homenajes al 25 de Mayo y al 9 de Julio. Destaca su origen patriarcal, su parentesco natural con los Padres de la Patria: “San Martín, Pueyrredòn, Belgrano, Rosas, Urquiza, Sarmiento, Mitre, Roca, Lòpez...Todos eran parientes o amigos”.

 

Entre ilustres recuerdos infantiles, acota: “Cuando S. venìa a tomar café con Tata Ocampo”. Declárase una continuadora de esas figuras patricias. “Aquellos hombres y aquellas mujeres han dado al paìs –que necesitaba tanto sacrificio y subsistía entre tanto sobresalto- lo que eran capaces de dar. ¿Què más puede exigirse?, Han vivido su hora de acuerdo con su conciencia. Yo vivo de acuerdo con la mìa,...No me siento obligada a seguirlos, sino cuando acepto su credo, y en la medida en que lo acepto... Ni vengarlos, ni seguirlos; continuarlos a nuestra manera...Yo sòlo sé  que habré prolongado, por un camino en apariencia muy distinto, no el rastro de sus virtudes, fuesen las que fuesen (serìa jactarme) sino su amor tenaz, y a veces encabritado, por un paìs ingrato y querido”.

 

“Desde la puerta de calle Florida, un dìa de lluvia, mi bisabuelo vio pasar el entierro de su gran amigo S.” (1969). “Durante el funeral” del pròcer, en setiembre, “en Buenos Aires, un lluvioso dìa de 1888, los padres de V., se vieron por primera vez” (Doris Meyer, “V. O. Contra viento y marea”, 1981). Su mentado bisabuelo fue don  Manuel José de Ocampo y Gonzàlez, amigo ìntimo del sanjuanino, “a quien aconsejaba en asuntos financieros”.

 

El nieto, albacea testamentario y estudioso de S., Augusto Belin (1854-1936, escritor, bibliófilo, diplomático), en  su “S. anecdótico” (1ª ed., 1905, p. 288-290 y  2ª ed., 1929, p. 238-239) nos anoticia del pariente, como “el hombre de negocios del Presidente”, el honrado contador, que habìa adminisrado cabalmente los sueldos del Presidente, resultado de lo cual pudo comprarle la casona de la Calle Cuyo 53 (Hoy lleva el nombre del pròcer, nùmero 1251). (Véase tambièn, J. S. Campobassi, “S. y su època”, t. II, Losada, 1975).

 

Anoticia  Alba Omil en su  “Frente y perfil de V. O.” (1980) que sus tìas abuelas le contaban de unas “historias amables de S.”. Y sobre esta imagen del funeral del autor de “Educación Popular” esta autora escribe que “como una estampa de tonos apagados, se guardò celosamente en el seno de la familia y allì la ‘vio’ doña Victoria y se la guardò para sì, tan vìvida como si fuese propia”.

“En esa chacra –se yerguen  todavía dos testigos centenarios de los tiempos idos: un aguaribay plantado por D. F. S. y otro  árbol plantado por Vèlez Sarsfield”.

 

Poseìa  la escritora una fotografía que  el maestro le envía desde Chile a su  tìa  V.O. y un tomo de  sus  Obras Completas  con su  valiosa dedicatoria: “la dedicatoria no me està dirigida, como es de imaginar, pero sì a una tìa abuela mìa de quien heredè el nombre y el libro”.

Y escribe: “Por primera vez en mi vida no sè por què conjunto de circunstancias, coincidencias y afinidades, me ha parecido que S. me dedicaba realmente ese volumen y que al legármelo, me habìa  legado tambièn su amistad y que no me serìa posible encontrar en esta tierra mìa, apoyo màs firme, presencia màs calida y reconfortante que la de ese gran ausente”.

 

En su discurso de recepción como Académica de Letras en 1977 (también en esto pionera), recuerda a este personaje sarmientino de su propia vida: “se empeñó en hacerme estudiar, en mi niñez y adolescencia sobre todo idiomas, pensando que por mi afición a la lectura me darìan la llave de secretos maravillosos. Puso en mis manos esas llaves” (en Boletín de la Academia, t. XLII, nª 163-164, enero-junio 1977).

 

Como Don Domingo reconocía a sus antecesores, los huarpes, a los indios de América Precolombina, en general, como “nuestros padres prehistóricos”, ella admite “yo reconozco a Águeda”, su raìz americana, significación y epìtome de su telurismo personal.

 

 

II.-Persona y lenguaje Criollos.

 

Opinò Ortega y Gasset que V. O. “es una criatura cuya existencia necesita absolutamente de la resistencia”. “Es lo bastante feroz y lo bastante puma para no vivir sin saltos de combate”.

Pedimos, orteguianamente, una Victoria y un Domingo ‘desde dentro’, partiendo de  su “lujo vital”: “No pido, conste, que se constituya en torno a V. O. una especie de beaterìa que halague su persona con acatamientos y remilgos vanos”.

Decimos que ambos no admiten el elogio bobo, sino que reclaman la polémica y la interpretación seria.. Luchadores por las ideas, sienten verdadera vocación por la defensa de nobles causas y el destierro de pensamientos anquilosados. (C.C. de Zapata: “V. O., O. y G. y el feminismo”, ‘La Naciòn’, 28-6-1981; “Mi deuda con O.” por V. O. en “Sur”, jul.-ag. 1956).

 

Ellos representaron siempre una permanente autenticidad y  anti-convencionalidad.

Simbolizaron al Criollo fundamental y total. “Amò a su paìs con intensidad y comprensión que no han tenido igual todavía”. Asì lo ve el poeta y ensayista libertario Luis Franco en su indispensable “S. entre dos fuegos” (1968).

 

La Mistral, amiga de Victoria y discípula espiritual de don Domingo,  expresò que “En todo èl palpitaba el espíritu de los próceres criollos, dramático y anhelante, iluminado y devorado por el fuego atávico” (en “El Hogar”, 11-12-1951).

 

El filòsofo español (1883-1955), pensador-escritor brillante, entiende a V. como la “mujer criolla” por antonomasia. Representa la ejemplar mujer Argentina, según lo escribiò en 1939 en su “Meditación de la criolla” (en tomo 8 de sus Obras).

La fémina activa e intelectual, espontánea y autèntica artista, llena de una gracia solar en sus fervores y vehemencias. Este vocablo acerca a V. y D. a la fuerza del viento, por su etimologìa, naturaleza y espíritu estàn en ellos supremamente dinamizados.

“Siempre yendo a las cosas y personas, en vìa tensa hacia ellas”. “El hombre o la mujer originales, geniales, el hombre o la mujer que viven de lo que en su intimidad nace y brota”.

 

El cuyano veìa  en  Don Domingo de Oro (sanjuanino, 1800-1879, hombre público, periodista, diplomático) traducidas las características del “tipo màs bello que haya salido de la naturaleza americana”, según lo evoca admirativamente en su “Recuerdos de Provincia” (1850, tomo III de sus Obras Completas).

Su retrato físico y moral de ese “modelo inimitable” es magistral y entusiasta. Oro es para su tocayo el hombre “pampa por la energía y los poderes físicos”, “el modelo y el tipo  del futuro argentino”, americano raigal, de distintivo “tino argentino, gaucho”, en la inteligencia aguda, la moral superior y la altivez del carácter.

 

Faustino Valentìn SARMIENTO (1811-1888) y Ramona Victoria Epifanía Rufina OCAMPO (1890-1979) representaron un Yo, intempestivo, imponente, siempre cálido e independiente y cristalizador de un lenguaje “estruendosamente argentino”. Un estilo literario conversacional, sencillo, pleno, como el de Lucio V. Mansilla o Santa Teresa de Jesús. “Un estilo directo, y suficiente. Bien disparado, oportuno, apto para presentar las ideas sin ambages. Preciso” lo adjetiva el crìtico y filólogo  Ángel J. Battistessa.

 

Declara Edmundo Guibourg en una entrevista que la importancia de la autora de “Diálogos con Mallea” es para la posteridad nacional, paralela a la de S., por la fuerza de sus prèdicas, sus consecuencias positivas, y las condiciones reflexivas de su genio. (“Instantáneas. Con E. G.” Marìa E. Vàzquez, ‘La Nación’, 12-6-1983).

 

Escribir  consistiò para ellos en actuar, combatir, hacer, vivir. “De la literatura –afirma Jean d’Ormesson sobre V.- tenìa una concepción muy exigente y muy vital y esto eleva su herencia”. Raimundo Lida en su “Palabras de S.”, los aùna en su actitud idiomática, desenfadada y clarificadora, con un sostenido combate contra el ‘purismo sastreril’ y frecuentemente mediocre.

 

S. es para ella una Presencia, una orden y un grito magnético. “Se me puede considerar producto local de las ideas de S. “(“Testimonios”, VII, 1967). Significa el “apoyo màs firme”, la “presencia màs cálida y reconfortante”, decisiva en “asuntos esenciales”, uno de los prohombres “dignos de este admirar y este querer míos” (V.O._ “S. y nuestra causa”; ìd.,  “Testimonios”, II, 1941, cap.: “La mujer, sus derechos y responsabilidades&rdquoGuiño.

Por su obra de acercamiento e intercambio cultural, sus fundaciones y alientos y protecciones innumerables, mereció, entre otros, para ella recibido con alborozo y satisfacción, el Premio Alberdi-Sarmiento en 1967, por el Instituto Popular de Conferencias, en “La Prensa” de Buenos Aires.

 

“El estilo americano màs de intemperie que sea dable” al que  alude Gabriela Mistral (1889-1957) se aplica a nuestros paralelos (Ver “Testimonios”, VI, 1964, cap. “G. M. en mis cartas&rdquoGuiño.

Representan el màs alto grado, el màs caliente nivel de “verdad y violencia vital” de la cultura autèntica. Arrisquez y fuerza de espíritu y acciòn señalan su “tuétano sacro”, su calidad genuina de arquetipos de nuestra Nacionalidad. Su misión “grandota”, “el recado que trae para repartir”, de exaltados cultores de la Argentinidad.

Han traspuesto a “las líneas màs cualitativas”, “con todo el volumen de su sangre”, central  entidad de Profeta y Sermonero, de subido seso y habla,“huella de toro”, “salto de tigre” y “pedagogo social”, el sanjuanino. (Potentes imágenes estampadas en su “S. en Aconcagua”, en 1939, “S. Cincuentenario de su muerte”, t. II, p. 99-105). .

Perfilado estilo sutil, que apunta lejos “a lo que viene”. Y la apasionada  de San Isidro: pura brasa de amor a las Artes, la Comunicación y el enaltecimiento humanos. Uno y otro, tan andinos y tan fluviales, “y tan cascada cegadora y relámpago de la Pampa”.

El “elefantismo” sarmientesco, impulso de còndor bravo tiene equivalencia con el  gesto enérgico “votoyesco”, victorino (en “Sur”, nª 43, abril. 1938 y nª 332-333).

 

S. configura el tipo del “hombre discutido” que V. O. caracteriza siguiendo las referencias del escritor y filósofo francés Gustave Thibon (1903-2001) (ver “Testimonios”, 2ª serie, 1963, su conferencia de 1957 sobre “Lanza del Vasto en Arbois”.

Ser excepcional, desbordante y ubicuo, odiado, amado sin lìmites o reducido burdamente. Se eleva de manera proverbial  por sobre las etiquetas y decretos comunes. “Como no se lo puede clasificar, inspira cierta desconfianza. Las gentes se sienten seguras sòlo cuando pueden meter a sus semejantes en tal o cual casillero” (R.O.Abdala: “S. ubicuo”, “La Prensa”, 31-8-1975).

 

Sòlo halla su lugar privilegiado en el nivel de la  Grandeza y de la Intensidad expresiva de la Personalidad, como establece Emil Ludwig en “Sobre la Grandeza” (“Sur”, nª 29, febr. 1937). Ejerce y tipifica las virtudes del Héroe clásico. Tal como Ludwig (1881-1948) señala en su interpretación nietzscheana del “Übermensc”, con sus dotes de la mayor actividad y voluntad, construcción y amplitud de espíritu.

De los expuestos a los mayores ataques y riesgos, “combatiendo en medio de mil peligros”.

 

 

 

III.- “La proximidad de los Dioses”.

 

La idea de poder y de “una posibilidad” “no les dio reposo hasta que la llevaron a la realidad”. La vida de estos seres pródigos y fertilizantes, ardida, feroz, nos hace sentir “la proximidad de los Dioses”.

 

La escritora Alicia Jurado, sarmientista y victorina, en su “La amistad entre G. Mistral y V. O.” (Boletín de la Academia Argentina de Letras, nº 213-214, jul.-dic. 1989) cita una carta de la Nobel chilena, fechada cerca de 1940, desde Brasil, en la cual recuerda: “Acuérdate de S. Olvida tu cultura”. Invitación gabrielina ejemplarizadora: “Escribe lo tuyo...”, “con olvido de lo que sabes”, “de todo cuanto no estè en tu sangre”.

Alusiòn a las polémicas chilenas de don Domingo en “El Mercurio” (1842, Obras Completas, tomo I) y a sus ideas de independencia lingüística, literaria y política: “escribid con amor, con corazón, lo que se os alcance, lo que se os antoje”. Pasión del estilo: “pero bueno o malo será vuestro, nadie os lo disputarà”.

Ese venero anti-clasicista, personalista y esencialmente Libre corre por la pluma  de nuestros parangonados.. “Tengo que escribir ‘a`bâtons rompus’, cuando se me antoje, como se me antoje” (“Autobiografía”, v. II, 1980).

 

En ellos se capta como pocos en nuestra literatura hispánica, el tono de voz, el sentido y hondura de la conversación, el sentimiento, y hasta el enroquecimiento y la pedreada a travès de  sus palabras. Por ello Jurado, en “Homenaje a V. Ocampo” (en “La Prensa”, 1978) menciona que “V., siempre, de una manera u otra, sugiere la idea de batallas”. O Julián Marìas, para quien “ha sido un viento incansable soplando desde el Atlántico sobre la Pampa” (en su “V. O. o el entusiasmo”, en su “El tiempo que ni vuelve ni tropieza”, 1964, y en su “Obras”, 1966)..

Lucha por el enaltecimiento de las Mujeres argentinas, por la difusión de la Cultura en su mayor intensidad y amplitud universalista. Siempre incansable en señalar, indicar, enseñar.

 

Dispuesta constantemente a combatir optimistamente por los principios democráticos. “Era conocida en todas partes como rebelde y libre pensadora” (Doris Meyer, ob. cit.).

 

Apoyada en el subjetivismo de sus perspectivas, tiene evidente afinidad sarmientina.  Por ello estuvieron naturalmente inclinados al ensayo, a la exposición llana de sus sueños y proyectos, a una extraordinaria pasión epistolar, “cartas escritas impetuosamente y sin preocupaciones excluyentemente literarias”.

Ésas coordenadas de temperamento literario y exigencias de vida y tiempo han configurado su Estética, significante de una Ética de la Energía: forma “orgánica” de escribir, ignaciana, unamuniana y una soberbia independencia de juicio.

 

Como los “Pioneros” whtmanianos, ellos, al decir de Daniel Cosio Villegas (“Testimonios sobre V. O.”, 1962) se han “abierto por entre la maleza, a veces desgarrándose la ropa y aun la carne”.

Militantes generosos y fervorosos entre dos mundos, la acciòn /contemplación, intelecto / pasión, naturaleza / espíritu, Europa / América.  Aunque no especialmente confesionales han tenido siempre  un afinado órgano religioso, una denodada militancia por las Grandes Causas de la Humanidad.

 

Trabajadores endiablados. Ostentaban una fuerza en la mirada que transmitìa su voluntad de acero, la Magnitud y seguridad de sus personas. Han dejado un nombre perenne en la Historia del Corazón y del Espíritu.

 

Bernardo Canal Feijoo ha evocado particularmente  la diferencia y distancia del Yo sarmientino y del victorino.  “Usò en sus pàginas el ‘Yo’ , como S. afrontadoramente”. Pero connotan tonos antinómicos, distingue el sociólogo santiagueño: Voraz y autocrático el yo procèrico de Don Domingo. El de la Ocampo, por supuesto, femenino, desde donde transmite acogimiento, receptividad. Lo asemeja màs al “Nos” alberdiano, “clamando místicamente ‘¡que la Europa nos penetre por todos los lados!”.. Unida a ambos por la comùn preocupación y ocupación por el destino de Argentina. (B. C.F.: “Transparencia”, ‘La Prensa’, 8-4-1979).

 

“¿No se habrà asomado tambièn su Sarmiento, feliz de reconocer a la sarmientina que no alcanzò a conocer en vida?” se pregunta Adolfo de Obieta, al imaginar la muerte de Victoria y la ascensión de su alma a las esferas supraterrestres.

 

Seres grandiosos por su gran presencia física y la vibración de su Persona. Definitivamente solos y fuertes en su soledad. Volcánicos y pétreos: “Soy un ser muy salvaje” le escribe en 1929 a Keyserling. “Descendìa todos los dìas a una arena donde debìa combatir sola, sin permitirme contar con el otro” (“Autobiografía”, tomo V, 1957).

 

“Soy solo contra muchos” confiesa S., con el ùnico objetivo de mejorar las  suerte de las mayorías ciudadanas, de mejorar esta vida de la que èl gozò sòlo a hurtadillas.

 

Representaron en la historia la màs alta condición humana, las màs puras virtudes de la Inteligencia. Se consagraron a Civilizar en la intensidad de este concepto.

 

Removiendo obstáculos, superando incomprensiones gigantescas y ataques enanos.

 

Pujantes Sìsifos Sembradores... debemos continuarlos en su lección de engrandecimiento espiritual americano. 

 

 

 

 

 

Bibliografía Ocampiana complementaria.

 

e. estiú: “el problema estètico en la obra de v.o.”, ‘cuadernos del idioma’, ii, 8, 1967 /  L. Gusman: “Tres escenas de V. O.”, rev. ‘Sitio’, 2, 1983, 1983 / F. S. de Mantovani: “V.O., ECA, 1963 / F. E. Gutiérrez: “V.O. y la cultura argentina”, en su “Estudios literarios”, Acad. Arg. de letras, 1969 / M. L. Bastos: “Fidelidad a las imágenes”, ‘Clarín’, 31-1-1980 /B. Matamoro: “Genio y figura de V. O.”, Eudeba, 1986 /  B. T. Tuninetti: “Contribución a la bibliografía de V. O.”, UBA, 1962 / M. E. Walsh: “Feminismo y no-violencia. Sobre la ideología de V. O.”, ‘Clarín’. 22-2-1979 /S. Mohillo: “La viajera y varias de sus sombras”, ‘La Prensa’, 10-6-1979 /  J. C. Ghiano: “Criolla”, “La Prensa’, 8-4-1979 /


Publicado por Desconocido @ 10:16
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