domingo, 21 de septiembre de 2008

                            SARMIENTO Y ALFONSINA STORNI. NUEVAS LECTURAS.

 

 

 

                                                            Por Guillermo R. Gagliardi.-

 

 

 

1.-

 

 En su poema “Fecundidad” canta ALFONSINA STORNI (Suiza, 29 de mayo de 1892- Mar del Plata, 25 de octubre de 1938) la Siembra útil, en consonancia con el mensaje de DOMINGO FAUSTINO SARMIENTO ( San Juan, 15 de febrero de 1811-Asunción, Paraguay, 11 de setiembre de 1888), ilustre Sembrador de ideales prácticos:

 

“Para los niños nuestra fuerza toda.

Enseñemos al niño que el arado

debe tener sus férvidos adeptos.

 

Hagamos de los niños los amigos

mejores de la tierra: tal empeño

ha de librar la patria de mendigos”.

 

Versos esperanzados de su “Canto a los niños”. Parece el maestro de San Francisco del Monte de Oro, el diplomático anti-diplomático, el ardoroso parlamentario, en sus prédicas escritas y piezas oratorias fervorosas, el Presidente agricultor, el propulsor temerario de la reforma agraria, y la del Alfabeto.

 

Mi tipo ideal de mujer –declara A. en 1917- es aquella que tiene una moral masculina en cuanto atañe a su responsabilidad frente a los hechos y su entereza para sostenerlos aún en contra de sus  más caros intereses”. “Un corazón valiente, dispuesta a todo”. “En cada gota de mi sangre hay un grito y una nota”. ...

 

Revela  su medular estirpe sarmientina, de mujer cabal y personalista, siempre innovadoramente en lucha contra prejuicios, convencionalismos y autoritarismos. Exuberancia vitalísima que se identifica con el curso caudaloso y enriquecedor del Río (“Irremediablemente”, 1920, poema “Soy esa flor” p. ej.).

Río y mar de amor. “Yo siento en todo átomo vivo un pensamiento”. Amor pánico a Natura, al “amo del mundo”, el hombre, cruel y deseado (“El dulce daño”, 1918, poema “Sábado&rdquoGuiño..

Amor al progreso, al libro y la escuela, como don Domingo.

 

En su  “Sin el látigo” (de “La inquietud del rosal&rdquoGuiño sugiere al “Pioneer” whitmnaniano, el hacedor de pueblos, el libertador y civilizador, el “Homo Conditor” de los romanos, el fundador de Naciones, consonante con los versos didácticos del tucumano  Ricardo Rojas (1882-1957) en “La victoria del hombre” (1903):

 

“Camino amplio y seguro abrir en los breñales

rompiendo con el hacha la maleza bravía

y poner en su vientre de recios espinales

la claridad magnífica y soberbia del día”.

 

Alfonsina parece evocar magistralmente el genio sarmientino, dador de vida, luz y bien, a través del silabario, de la “agonía” por imponer sus ideas., el Sermonero que “ama todas las auroras” y “tiene alas de energìas sanas y fuertes” (en sus poesìas “Rebeldía” y “Ansiedades&rdquoGuiño.

 

Ella se imagina, ansìa, ser la mujer con toda “fiereza”, que le pide el don de la Soberbia y la fuerza, “tu sal, tu yodo” al Mar. Prefiere  la misión de la ira profética, de la indignación y la denuncia al modo sarmientino, antes que la función   mediocre “de rosa”:

 

“Vulgaridad, vulgaridad me acosa.

Ah, me han comprado la ciudad y el hombre.

Hazme tener tu còlera sin nombre:

ya me fatiga esta misión de rosa.

 

Mírame aquí, pequeña, miserable,

todo dolor me vence, todo sueño;

mar, dame, dame el inefable empeño

de tornarme soberbia, inalcanzable”.

(Véase María A. Cichero de Pellegrino: “A. S. Una vida hacia el mar”, 1950).

 

En el mismo sentido que don Domingo, la poeta revelò en un Reportaje, incluido en “Obras. Prosa”, t. II, edición Losada, 2002: “La mayor dificultad para mí ha sido la de tener que hacer frente a la vida de un modo tenaz, lo que me ha llevado un tiempo precioso, que yo desearía para aumentar mi cultura y producir..”.

 

Continúa: “Mi carácter, poco dado a la adulación y a las habilidades políticas menores, ha sido (...) el más grande enemigo mío”.

 

Gusta de la vida recia, la brega  y el arte humanista:

 

“Que cuanto más la tempestad arrecie,

más alta vibración tendrá mi estrofa”.

 

Porque nacieron al lado de la piedra y la montaña y el viento. Altivez y contradicción,  vehemencia y energía. C. A. Andreola: “La vida fue para ella una dura prueba de fuego”, con sus “manos esculpidas, por una voluntad de hacer y sobre todo de mandar”, en su “A. S. Vida, talento, soledad”, 1976. Siempre en el tozudo esfuerzo de Avanzar y Anunciar una nueva aurora americana.

 

Destácase  la inclinación juvenil de S. por la crítica teatral en Chile, precursor de este género en América, pasión por la declamación, los conciertos y representaciones dramáticas. Activísimo propulsor de actividades artísticas hasta en sus últimos años, de considerables dotes él mismo.

Por su parte la escritora también acusa estas sobresalientes dotes, para la actuación y la creación dramática, desde muy niña (“colorada, redonda, chatilla y fea&rdquoGuiño, desde 1900 en la Escuela Normal de Maestras de San Juan, fundada por inspiración del maestro en 1879,; como actriz adolescente recorre las provincias argentinas con interpretaciones de visen, Florencio Sánchez, etc.; en 1908 en el Teatro Municipal de Santa Fe, hasta sus obras escritas para niños: “Blanco...Negro...Blanco”, “Pedro y Pedrito” “El dios de los pájaros”, y para adultos: “El amo del mundo”, “La técnica de Míster Dougall”, “Dos farsas pirotécnicas”,  etc. . Siempre inquietos, ejemplares pedagogos.

 

En toda la magnífica, inteligente y sensible obra alfonsina se “siente” poderoso  “como un aliento de virtud y grandeza, como perfume de saber y ciencia, como un incienso, de verdad, bendito. Sarmiento está aquí” reflexionó Herminia Brumana, otra sarmientina (“Palabritas”, 1918).

 

 

Bibliografía complementaria:

 

A. S. frente al público” J. J. de Urquiza, en su “Imágenes y recuerdos de Buenos Aires”, 1980.-“A. S. y su mundo poético” A. Cambours Ocampo (en su “Teoría y técnica de la creación literaria”, 1966.-“A. S. y su poesía” C. M. Bonet (en su “Pespuntes crìticos”, Acad. Arg. de Letras, 1969.-“A.S.” F. E. Gutiérrez (en  su “Estuios literarios”, 1969.-“Con y sin A. S.” C. Tiempo (en su “Manos de obra”, 1980.-“Leyendo a A.S.” J. Gómez Paz.- “Recuerdo de A.” J. de Ibarbourou, en “Clarín”, 3-4-1980.-“A.” poema de F. S. Sorondo, en “Vigencia”, abril 1980.-“A. S. y Sta. Teresa de Jesús” María de las Mercedes Gironella (1940).-“La mujer enamorada” O. Rossler “La Nación”, 3-2-1980.-“A. Mujeres del siglo del viento” E. Galeano “Crisis”, nº 46, set. 1986.-“Genio y figura de A. S.” C. Nalé Roxlo- M. Mármol, Eudeba, 1966.-“Modern women poets of Spanish America: The Precursors: D. Agustini, G. Mistral, A. Storni  and  J. de Ibarbourou”, Hispanic Institute in the United States, N. York, 1945.-

 

 


Publicado por Desconocido @ 15:48
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