LOS ESCRITOS DE D.F.SARMIENTO SOBRE "LA ESCUELA ULTRAPAMPEANA".-
Por Guillermo R. Gagliardi.-
I.-
En "Cuestiones Incendiarias", capítulo "En el Congreso Pedagógico. Título promovido por una frase", SARMIENTO con respecto a la frase "La educación común es esencialmente católica" (proclamada por J. M. Estrada, N. Viola, Pedro Goyena y otros), y a la cual se opone terminante, dice que "los que la proponen no son maestros, sino politicastros, y hombres de la clase social que aspira a modificar la sociedad".
Casi exagera el sanjuanino...: "Si se tratara de saber si conviene mejor usar de tinta, lápiz, o pizarra para el trazado de las primeras formas de letras, los autores de la moción católica no sabrían qué responder porque no saben jota en esa materia".
Muéstrase asimismo disconforme con el Congreso Pedagógico de 1882: "¿Son acaso los que forman el Congreso, los maestros de las Escuelas de la República?. NO". "Que de todo se trata menos de pedagogía, métodos, sistemas, textos de enseñanza".
Con respecto al artículo l° de la Constitución Nacional ("El Gobierno Federal sostiene el culto católico, apostólico romano"), declara: "Reducida esta proposición a pagar el erario público los sueldos de Obispos y Curas".
"¡Tiranuelos! perseguidores!. Siempre hay una cuestión de expoliación y de opresión a los débiles en las pretendidas cuestiones religiosas!".
"Las escuelas no son el culto; luego las Escuelas no son católicas, aunque sean cristianas, como que la Constitución actual no se ha dictado para católicos solamente".
"La declaración propuesta por los demagogos ultramontanos, es pues una violación flagrante de la Constitución y de las leyes, un retroceso a los tiempos anteriores a la Constitución, un robo en provecho propio de las rentas pagadas por todos para el beneficio y provecho de todos, y un acto de tiranía disimulado con las formas de la religión" denuncia taxativamente en "El Nacional", 13-04-1882.
En "Los Diarios Religiosos Argentinos" analiza las opiniones, las ideas que sostienen algunos periódicos, tales como "La Nación" ("no es cristiana, religiosamente hablando"), "El Courrier de la Plata" ("si es cristiano no es católico a fe"), "El Libre Pensamiento", "El Eco de Córdoba", "La Tribuna Nacional" y "El Nacional" ("el menos filósofo o desdeñoso").
Establece una imagen de nuestra pasada realidad: "Los pueblos católicos sudamericanos que pretenden que la enseñanza es en las Escuelas esencialmente religiosa, si son cristianos, son estúpidamente católicos, pues no hay una hoja de papel escrita para leer nada religioso".
La contrapone a la actualidad estadounidense de su época: "En los Estados Unidos la enseñanza de la Escuela no es esencial ni siquiera religiosa, ni la religión cosa que se enseña, y el pueblo adulto es el más religioso del mundo, pues mantiene cinco o seis mil publicaciones semanales religiosas".
Conclusión: "Toda la generación presente mira el Cristianismo como institución, y no como religión. El catolicismo es...menos comprendido todavía que el Cristianismo mismo".
II.-
Sobre la educación femenina establece claramente que "es el primer deber y debe ser la primera preocupación del Estado, porque es, para toda la sociedad, la educación inicial. Esta educación se continúa y perfecciona en la escuela infantil, a la que va el niño a recibir las nociones elementales de la instrucción".
Este escrito surgió a propósito del discurso de la prof., oradora y feminista, Clementina Comte de Alió en el Congreso Pedagógico sobre el mismo tema. Reseña brevemente los precursores, los primeros en sostener la trascendencia de la instrucción de las mujeres, como M. Belgrano y Rivadavia.
"Las buenas ideas, que no perecen nunca, suelen desaparecer de la superficie, escondiéndose en esas oscuridades misteriosas en que se elaboran los elementos del progreso humano; hasta que llegada la estación y la hora propicia brotan como la semilla depositada en el seno de la tierra, para desarrollarse a la luz del sol, coronándose de las flores y de los frutos que en ellas se encerraban".
En el escrito "De las Sociabilidades" (22-4-1882) responde ampliamente a las declaraciones de Navarro Viola sobre que "El Sr. Sarmiento a cada rato nos invoca el ejemplo de los Estados Unidos, pero no se acuerda de que la sociabilidad yankee es distinta de la sociabilidad nuestra". Como respuesta contundente el maestro realiza una comparación entre ambas sociabilidades, la yankee y la argentina.
En la última dice que "el pueblo carece (totalmente) de ideas religiosas". "No da el pueblo señales de vida religiosa, en cuanto a tener ideas, alimentadas con la palabra de sus pastores".
Mientras que los norteamericanos tenían "a su alcance un periódico religioso por semana, de ordinario con dieciséis páginas de lectura cristiana, expositora de doctrinas piadosas, teológicas, etc., etc.".
III.-
En otros artículos-capítulos de este tomo 48 de sus "Obras Completas": "Sarmiento como Director de Escuelas de Buenos Aires, contra los librepensadores", "Rectificación", "Auto-da-Fe", "Las escuelas son laicas y no eclesiásticas" y "La Educación Común es laica", responde a falsas impugnaciones formuladas por opositores de sus ideas anti-clericales.
En relación con los resultados del Congreso de 1882 (el primero en Argentina, y en América del Sur) declara: "Las escuelas se cerraron el l° de diciembre de 1881, para proceder a los exámenes. El 1° de marzo se abrieron, pero los niños no concurrieron desde el primer día. Hoy les faltan los maestros, y ya llevan cinco meses perdidos de aprender, por faltar en cada escuela, Colegio Nacional, Normal, etc., el Jefe. Cuando vuelvan se habrá perdido medio año que importa más de medio millón de duros en salarios mal empleados. Qué llevarán los maestros y maestras?. Cuentos que contar en cambio de este atraso?. Qué habrá ganado la educación?. Nada, porque nada sale de ese hablar, a tontas y a ciegas de embrollones como los que dirigen el pandero para avanzar sus negocios y no la educación que les sirve de pretexto".
En "Las Dragonadas en la República Argentina" advierte que el Consejo de Educación " ultramontano nos va a hacer una nación católica, apostólica, romana clerical, con prohibición de todo otro culto, y para ello, no pudiendo cerrar los templos protestantes ni expulsar a los que piensan como ellos, cerrará las escuelas públicas comunes al que no quiera que a sus hijos les dicte nada el cura de la Parroquia. Porque al fin, los ingleses, franceses, alemanes de diversas formas de culto, tienen sus escuelas extranjeras, un poco para que no sean argentinos sus hijos; un poco por temor de estas maulas de los católicos".
Observa en "Las escuelas en las Iglesias" que "El Estado no puede mandar que los adultos, o los niños, concurran a una Iglesia para ningún objeto de culto". "En las campañas argentinas no se oye, por años, a veces la palabra de un sacerdote. La tercera parte de los habitantes de la República viven en villas, ciudades, etc., y se compone de plebes mestizas y de criollos, en general poco instruidos en materias religiosas".
IV.-
Luego aparecen otros textos titulados: "Cristianos y Ateos", "La enseñanza del Catecismo", "Saltó la liebre", "Las lágrimas del cocodrilo", "La especulación docente", "Las hermanas extranjeras rebeldes", "El Concordato", "Córdoba intelectual", "La Constitución Argentina no es católica sino civil" y "Córdoba. Con clérigos, tres siglos de ignorancia / Por Sarmiento, diez años de mejoras (1873-1883)".
En este último, escribe en "El Nacional", 6-3-1883 que "Los sacristanes no hallan lugar que les acomode desde que se ha probado que la docta Córdoba, que la religiosa Córdoba, es la provincia más atrasada, más ignorante como resultado de tres siglos de educación jesuítica, franciscana, conventual".
También: "La Constitución. Trampa para cazar infieles y herejes", "El pase de bulas y rescriptos", "El Estatuto de 1816", "Importación de Jesuitas", "¡Oh Témpora!", "De Moros y de Judíos", "Extrañas coincidencias", "Más católico que el Papa", "Los sub-entendidos. Educación religiosa / In petto, Educación Ultramontana", "La Ley de Educación Religiosa" y "Disparos al Aire".
En este último trabajo alude a la oratoria ultramontana y bucea los precursores en los orígenes de la Restauración Católica: Chateaubriand, Lamennais, Lacordaire, etc.
Sobre el primero, escritor y político romántico, autor de "El Genio del Cristianismo", 1802 y "Los Mártires", 1809, entre otros. califica de "bombitas de jabón, la mayor parte de sus artificios oratorios". "Brillaron, encantaron un momento, y se disiparon al viento, sin necesidad de soplarlas...Antes de su muerte, empero, el poeta, el restaurador, el literato de la frase pulida a buril, sintió la reacción que se operaba en los ánimos. Murió descreído. Sus libros no se leían ya como no se leen ahora. Sus argumentos son celadas tendidas al incauto, sus frases "de-poudre-aux-yeux" para fascinar o enceguecer... Monarquista y noble de raza, poeta más que filósofo, ambicioso de fama y de poder más que monarquista ni católico; pero dotado de un inmenso talento y de grande penetración, entrevió el fin de su vida, los nuevos horizontes del porvenir y la influencia de la prensa que traía la igualdad; y como no podía abjurar la obra entera de la vida, en sus confesiones póstumas, dirigió al catolicismo que quiso restaurar, su condenación, declarándolo muerto en donde había brillado sin interrupción diez siglos.. Ante la retractación republicana, liberal, democrática del fin de su vida, se le puede perdonar la astucia de su dialéctica, y los errores de su política reaccionaria y legitimista...".
Traza pues, una cumplida apología del ilustre escritor y una neta abominación del pensador reaccionario.
Con respecto al Padre Jean-Baptiste Henri Lacordaire (1808-1861), orador y pensador dominico, restaura su memoria, como "el creador de la secta ultramontana", y "uno de los más grandes ingenios del catolicismo". Lo alaba por sus ideas de Liberalización de la Iglesia: "como lo mostró en ‘El Avenir’, ningún obstáculo oponen ni a las ciencias ni a la libertad los dogmas cristianos...El ultramontanismo era incapaz de comprender la situación nueva creada por la revolución francesa".
También destaca la majestad de su verbo. En cuanto a Ernest Renan (1823-1892), el historiador y filólogo, lo califica como "el último padre de la iglesia católica...". Y Louis Veuillot (1813-1883), escritor y pensador religioso, el malvado, lo considera "un ‘Vaurien’ que apenas sabía leer, pero que ha creado una escuela de embusteros, de calumniadores".
V.-
No hemos de olvidar que Sarmiento fue el que se atrevió a gritar en la época su pensar verdadero: "las misas no dan al alma del difunto la caridad que no practicó. Los dineros que se emplean en misas sólo favorecen a los sacerdotes, en cambio si se destinaran a las escuelas, favorecerían a millares de niños". "La moral no puede ser enseñada sino por el que es padre y esposo, o sea, por los que siguen las costumbres ordinarias".
Lo que nos importa y queremos subrayar, es que en su "La escuela sin la religión de mi mujer" confiesa el maestro su médula magisterial, auténticamente Cristiana, Humanista, su perenne y modélico ‘eros pedagógico’: "Yo he pasado mis horas de trabajo, estudiando en los pequeñitos el albor de la inteligencia para hacer silabarios. A dos indiecitos he enseñado a leer en Buenos Aires por motivo de estudios; de uno de ellos le consta al Consejo de Educación; a un mucamo gallego que es hoy empleado de aduana, le enseñó a leer el Presidente de la República. No cuento milagros, sino que viví siempre rodeado de pequeñuelos, por amor a la cultura del espíritu".