viernes, 26 de septiembre de 2008

 LECTURA DE “EL CAMINO DEL LACIO”  DE   SARMIENTO.-

 

 

                                                Por Guillermo R. Gagliardi.-

 

 

 

 

Este  volumen integra el tomo XXVI de las Obras Completas del maestro. Formado por artículos que publicó en “El Nacional”. Agrupa temas variadísimos, que  marcan su proteico perfil de Hacedor: agricultura, municipalidad, fronteras, vías férreas, industrias, escuelas, mimbre, ganadería...

El heterogéneo  libro  está dividido en 10 partes o títulos,  que agrupan los escritos periodísticos por temas: El Camino del Lacio – El Carapachay – Vida Municipal - Los primeros ferrocarriles – Programa de Gobierno de 1860 a 1863 – Agricultura – Cuestiones económicas - La Frontera – El drama de Quinteros – La alianza brasileña.-

 

I.-

 

Primeramente,  dos artículos de  enjundia  literaria. Allí  al describir una tarde de otoño en Buenos Aires, se nos muestra su autor un paisajista y buen observador. He detallado este tema en mi trabajo “Los ‘otros amores’ de Sarmiento”. Prosa amena, colorista, estilo rico en su paleta, dinámico, relatado como representación escénica de la naturaleza americana.

 

En “La Eneida en Buenos Aires”  nos narra una visita  a su amigo, el jurista y político, “el viejo Vélez”, Dalmacio Vélez Sársfield (1801-1875). Construye un sintético panegírico presentatorio del personaje:

 

Es nuestro  anciano amigo el reflejo  y como la representación de su patria... Ha hecho estudios severos...

Ha atravesado la revolución en todas sus faces, servido a la patria en momentos solemnes, y dado a la juventud medrosa de  lanzarse en el camino recto que conduce a las grandes cosas, estímulos y ejemplo. Su palabra ha resonado en viarios congresos...

Sus consejos han salvado alguna vez a la fortuna pública, o han guiado los actos administrativos, y más de una institución que se desarrolla hoy, es hija suya, aunque no lleva su nombre”.

 

En la escena con Vélez y su esposa, el diálogo es breve, y y don Dalmacio reitera: “¡Por ahí se va al Lacio!”. El Lacio es el porvenir, el progreso, para los argentinos, lo que para los hebreos era la Tierra Prometida, y para los romanos el “Latum” (por amplio, por llano), es decir el camino de la Fundación definitiva del país, de la consolidación de la República luego de las luchas y guerras. Tal como el celebrado poeta romano Virgilio (Publio  Virgilio Marón, 70-19 A.C.) lo significa en  su obra épica nacional, “La Eneida”.

Sarmiento sueña, pretende, se prepara, combate, para configurar ese Líder, ese Moisés, ese Eneas de la Consolidación y Reorganización de la Patria. De allí el extremo, y pasional, simbolismo del tópico mencionado, en su trayectoria vital, en sus sentimientos y en   la evolución y consecución de sus Ideas políticas.

 

Analiza la riqueza exuberante  de la región bonaerense, el ganado y las ganancias de sus propietarios,, ya que nuestra tierra produce “pasto que nada cuesta; y que sin costo casi se trasforma en lanas, cueros y carnes”. 

Los pingües resultados que se obtienen, comparándolos con las pérdidas que se producen en la Habana, Méjico o Chile por la tierra que necesita allí mucho trabajo y gastos de inversión, le hace concluir que la riqueza de  Buenos Aires será ininterrumpida:

 

“Creo que la Providencia apenas nos ha mostrado de lo que es capaz este territorio”.

“Buenos Aires, a pesar de sus convulsiones interiores, elevará sus riquezas a un grado que nadie habrá calculado, y esto en muy pocos años”. 

 

Concluye elocuente: “Estamos, amigo, ya en Alba la Larga, y bien pronto se alzará la soberbia Roma. Esto es tan cierto como que mañana volverá a aparecer por el oriente, ese sol que acaba de ocultarse”.

 

 

II.-

 

El segundo grupo temático de la obra está constituido por sus escritos sobre las Islas de Carapachay. Describe la formación de las Islas, en detalle y con vocabulario técnico. Él mismo se llama “el primer Herodoto que describa estas afortunadas comarcas”, en solazada referencia al  historiador-geógrafo griego de Halicarnaso, del siglo V A.C., el  autor de “Los nueve Libros de la Historia”.

 Señala su flora, su fauna, la belleza natural y el carácter de sus habitantes: “los carapachayos, anfibios, come pescado, naranjas y duraznos...”.

 

Relata leyendas y tradiciones isleñas, como la de la misteriosa Manuela, fantástica y de cautivante fealdad. Pinta escenas de la vida de sus habitantes: caza, pesca, aspecto físico,, viabilidad, exploración y recolección de datos, con observaciones personales. Con el objeto loable, inédito, de despertar a las autoridades sobre la utilidad de estas zonas,

 

para transformar desiertos en campiñas y hacer brotar, como por encanto, riquezas, ciudades, bosques, agricultura y agricultores,, provisión de mercados y vistas deliciosas”.

 

El 8 de setiembre de 1855, se hace una expedición oficial a las Islas, a la que concurren Sarmiento, Mitre, el ingeniero Pellegrini, Albarracín, etc.  El primero que había llamado la atención sobre la feracidad de esos privilegiados lugares fue el educador y escritor rioplatense Marcos Sastre (1809-1887), “hombre culto”, “maestro de escuela”, consagrando literaria y científicamente esos lugares con su “El Tempe Argentino” (1848), en alusión al célebre Valle del Temple en la antigua Hélade. Allí se planta el primer mimbre.

 

“El mimbre crece en la humedad y a la orilla de las aguas, y es la red de que el agricultor se sirve para alzar los terrenos bajos,... es una producción valiosa, que da ciento por uno, y satisface mil necesidades de la industria”.

 

En el entusiasta discurso que S. pronunció en la oportunidad, dijo:

 

“Quiero, señores, simplemente a esta humilde planta, porque me unen a ella vínculos que quiero descubrir aquí en medio de mis amigos. Hace años que  me sigue esta planta a dondequiera que voy, y acaso su propagación en América sea lo único en que no he encontrado obstáculos...

 

Si ningún otro recuerdo hubiese de quedar en estas islas de mi presencia, sean ustedes, señores, testigos que hoy, 8 de setiembre, planto con mis manos el primer mimbre que va a fecundar el limo del Paraná, deseando que sea el progenitor de millones de su especie, y un elemento de riqueza para los que los cultiven con  el amor que yo le tengo”.

 

Luego exclamará  en su estilo frecuente de exaltación de tono bíblico, o victorhuguesco:

 

“La obra de la creación sucesiva del terreno está ya terminada. Lo que era barra es ya delta; lo que eran juncales son ahora islas...; pudiera decirse que es la aurora de la creación, y ya el sol brilla sobre el meridiano”.

 

Dos años después, en 1857, el prócer continúa escribiendo sobre las islas del Delta del Paraná. Desde el año anterior estaba en posesión de una de ellas, que él  bautizó solemnemente como “Prócida” por referencia a la  isla de Italia sureña, en el Golfo de Nápoles,  copiosa en frutos y belleza natural.  A ella acudía cuando Presidente de la República, buscando expansión de sus nervios y dilatación de su espíritu. Llamó a esos ricos   territorios, magnificando  la expresión y adornándola con reminiscencias de la Antigüedad Clasíca,  el mito griego ( del siglo  13 A.C.)  sobre el legendario  viaje de Jasón y los Argonautas para rescatar este vellocino dorado de un carnero, en la Cólquide, playa del Mar Euxino:

 

 “un bellocino de oro, país encantado... país de sueños, realidades de poesía metálica, de felicidad y mosquito; Venecia Estado, Estado programa; Holanda sin diques, y tierra de promisión mejor que aquella a que llevó Moisés a su pueblo, que era un desierto”.

 

Dos décadas más adelante continúa hablando de las Islas tan preciadas y bregando por una legislación más acertada. Su visión  dorada es la del utopista - político, sobre todo el humanista - civilizador, el ciudadano -  maestro.

 

“Nuestra opinión ... es que la propiedad de las islas sea otorgada a sus actuales poseedores”.

 

Esa legislación se sanciona recién en 1888. Afirma, defendiendo los derechos de los pobladores, humildes labriegos y modestos cultivadores:

 

“El llamarse propietarios dará a aquellas buenas gentes una satisfacción de muchos años postergada...”.

 

Aun  en 1885 y con el  mismo  ímpetu y energía, advertía sobre la necesidad de poblar la Isla Martín García y darle estabilidad y progreso. Advierte:

 

“Algo puede intentarse para hacer cesar esa inutilidad de una isla, que Dios ha situado allí, para utilidad del hombre, ya que para recreo es bien triste. Si hubiera un hotel en Martín García, árboles frondosos, quintas, algo que ver,  y donde espaciar la vista, ya que es el paso de todos los buques, vapores  y barquichuelos que remontan y descienden los ríos, no tardaría en hacerse lugar frecuentado por la población de Buenos Aires”.

 

(Véase también su carta a José Posse, de 1855).

 

 

 

 

III.-

 

El tercer sector  temático lo constituyen sus artículos periodísticos sobre el Municipio. Fue éste otro tema constante de sus ocupaciones, desde 1841 en Chile hasta 1883 en su “Conflicto y Armonías de las Razas en América”. Concedía importancia primordial a la organización municipal, comunal, que existe en todo lugar donde varias familias deseen administrar sus bienes en común.

Hasta sostiene, con su habitual vehemencia, que la organización municipal debía estar a cargo de los mismos vecinos , y no de las autoridades que el gobierno designe.

 

Todos estos escritos datan de 1856, donde S. es miembro del Concejo Municipal, y a su vez está a cargo de la redacción de “El Nacional”, y ejerce la Jefatura del Departamento de Escuelas. En el Concejo Municipal fue el que más se destacó y el mejor adaptado al cargo, ya que, según su testimonio, los demás componentes: Alsina, Murúa, Torres, etc., “magnificaban” el horizonte, discurrian pomposamente pero no se ocupaban de la misión específica que el pueblo les había encomendado.

Él los aleccionó vivamente:

 

“Aquí estamos encargados, como municipales, del barrido de las calles y de sacar las basuras, y todas esas grandezas y retóricas amplificaciones, están fuera de lugar”.

 

Es el Repúblico  al modo de Catón...

 

Apenas organizada la Municipalidad, promete firmemente que “su influencia no tardará en hacerse sentir, en todo lo que contribuye a la comodidad, cultura, ornato y adelanto”.

 

Y dentro de su función, no puede faltar la Educación, el tema trascendente, nodal, de todo su Ideario y su Biografía.

 

Entra en las atenciones municipales muy particularmente la educación común de los habitantes de cada localidad confiada hoy a la buena voluntad de empleados inteligentes y de corporaciones filantrópicas”.

 

La tarea de la Municipalidad es ardua. Trátase nada menos que de constituir para las generaciones venideras el Poder Municipal”.

 

Siempre el Futurista, el hombre Público de visión honda y ancha.

También detalla el Proyecto de Reglamento. Se refiere a debates sobre problemas administrativos, pero “desearíamos...ver algo de positivo, trabajo, estudio, ideas útiles, preparación,,,”.

 

En un trabajo de 1859 habla con ironía de cómo se reparte el dinero en el organismo municipal y exige que una parte se invierta en escuelas y menos en iglesias que era a lo único que se avocaban con anterioridad (¡?).

 

 

IV.-

 

El cuarto grupo corresponde a los Ferrocarriles. El amor al progreso es lo que inicia el avance de los “caminos de hierro”, explica. Ha de anoticiarse al habitante para que invierta en la ejecución de las vías férreas.  Pues acerca las distancias. Aporta datos concretos, cifras y ejemplos prácticos. Se ocupa de Chivilcoy, que es “el granero de Buenos Aires”.

 

“Desde lejos se le reconoce en la Pampa desierta por los cortijos y arboledas que por todos lados hermosean el horizonte y rompen la monotonía habitual del paisaje.”

 

Critica:

 

“Entre nosotros la tierra se aglomera en manos de grande capital y es poseída por centenares de leguas por un solo individuo, no para poblarla de hombres ni para entregarla al cultivo, sino para mantenerla en el estado salvaje, por generaciones enteras, abandonándola al ganado, que recoge las hierbas y los pastos que la naturaleza da espontáneamente”.

 

El  urticante asunto de la Ley Agraria es otro motivo principal de sus proyectos progresistas. Punzante radiógrafo de nuestra realidad, sentencia:

 

“al Estado, al país, no le conviene la aglomeración sin límites de la propiedad. Rosas y Urquiza son el resultado de la falta de leyes justas sobre la distribución de la tierra. Observen el origen de su poder, las influencias, los medios y los fines de sus tiranías”.

 

Le opone a ello los Estados Unidos de América del Norte:

 

La prosperidad asombrosa de los Estados Unidos es el efecto de una previsora y equitativa ley de tierras”.

 

“No tenemos (1857), no tendremos ferrocarriles. El obstáculo es la mala distribución de la tierra, y sin ferrocarriles, en país donde faltan los materiales para construir caminos, el país no se poblará en un siglo lo suficiente para defenderse a sí mismo contra un puñado de salvajes”.

 

Las dos funciones esenciales de una República son la de promover la extensión de las vías de comunicación y la enseñanza común.

 

“Las funciones normales del Estado deben reducirse a dos cosas, poner en rápido contacto todos los puntos del territorio entre sí y con los grandes centros comerciales,  y preparar a la vida pública a las generaciones nacientes por medio de la generalización de la enseñanza”.

 

Insiste años después, 1879:

 

“En materia de ferrocarriles no hay sacrificio que no deba hacerse...”.

 

En el ’57 escribirá un artículo dirigido a José Mármol, el escritor de “Amalia” y “Cantos del Peregrino”, exiliado anti-rosista y político (1818-1871) y su poco destacable actuación en el Senado sobre problemas de trenes (entre otros).

 

 

V.-

 

Otro  conjunto  de asuntos se centra en la Agricultura. Advierte sobre la riqueza de la industria ganadera en el país y le augura “un desarrollo sin límites”.

Y pregona  su mejoramiento al mezclarse con ganado europeo y la conveniencia de reformar el sistema de pastoreo. Se ocupa del problema del  “ganado de incierto dominio”, de “marcas desconocidas” y propone que el Gobierno, el responsable del mismo,  debe recuperarlos como bien común.

El  extravío del ganado obedecía al sistema de cría, “a campo abierto y sin domesticidad”. Y en 1856 saluda alborozado el sistema ideográfico de marcas de ganado de Pellegrini.

 

También aboga por que se extienda aquí la Sericicultura, la industria del gusano de seda.  También la Apicultura no escapa a sus preocupaciones.

 

“Las abejas desempeñan una función industrial que sin su cooperación el hombre no puede suplir, que es colectar, por valor de millones de pesos, la miel que en pequeñísimas cantidades encierra la corola de las flores”.

 

Aquí, en estos temas, suele aparecer, candente, sus juicios  sobre Juan Manuel de Rosas:

 

“Tuvo en sus manos los destinos de este país veinte años. Si él o sus secuaces hubiesen tenido el instinto siquiera de la civilización, al acumular la fortuna a cuya adquisición consagraron todos sus conatos, habrían mejorado las razas de animales y enriquecido el país con mejoras inteligentes.

 

Pero Rosas, el estanciero por excelencia, no introdujo otra reforma en la cría del ganado que dejarlo alzado once  años; en la distribución de la tierra, otro progreso que despilfarrar dos mil leguas de terreno entre los suyos; en la producción, que estancar la crítica de yeguas, y en el traspaso de propiedad, que la confiscación. “.

 

Cree haber un parelelismo en el sistema político: unitarios o federales y cría de ganado.

 

“Hacen perfectamente bien los publicistas, pues, en ligar la tradición unitaria a los antecedentes gloriosos del país”.

 

Si los federales asumieran nuevamente el gobierno, exclamarían , haciéndose sentir su espíritu barbarizante y explotador:

 

“¿Para qué escuelas?. ¿Para qué jardines de aclimatación?.: lo que se precisa, lo que urge es hartarse, hacer la olla gorda, dstribuirse tierras, repartirse favores, establecer el cintillo u otro embeleco innoble, para vejar y oprimir”.

 

 

VI.-

 

El otro sector trata de “Cuestiones Económicas”. Estima grandemente la Estadística, hecho que cada vez se acrecienta en el mundo actual. .

 

“Ante las cifras se rompen las ideas recibidas, la rutina y la pasión política”. “Pedimos con insistencia el censo, la estadística comercial”.

 

“Las revoluciones y trastornos por que hemos pasado han sido fecundas, morales y útiles, porque hemos combatido veinte años para romper las viejas tradiciones de la colonia; hemos vencido el despotismo y la inmoralidad de los gobernantes; y pasada la tormenta podemos repetir lo que en medio de ella decíamos a los que flaqueaban, para alentarlos a continuar: ‘¿Qué nos pedirían para saber si éramos nación?. ¿Gloria?. Bastaría trazar con la vista un círculo en el horizonte. ¡Cuán grande es la América que nos rodea, por todas partes están nuestros trofeos y nuestros huesos!. ¿Instituciones, lucha de ideas, de civilización y de barbarie, de libertad y de despotismo?.

Venid y recorred nuestro suelo; a cada legua, un campo de batalla; en cada charco de sangre, una idea que ha sucumbido para levantarse en otra parte. ¿Porvenir?. ¡Qué! ¿no veis ese río que arrastra los tributos de cincuenta canales navegables, esa pampa que puede alimentar doscientos millones de toros; esos bosques, esos climas diversos que fecundan todas  las producciones de la tierra?. ¿Pedís población?.

Decidle a Europa: aquí hay un pueblo libre, y en un siglo seremos innumerables como las arenas del mar; nuestras llanuras cultivadas pueden convidar a todos los habitantes de la tierra; espacio y alimento habría para todos. ¿Pedís luces, hombres? ¡Oh!, no somos los últimos entre los americanos!”.

 

“Las exposiciones industriales son actos pertenecientes a la  humanidad, independiente, y extraños a las divisiones políticas, y tan útiles para el país que las promueve, como para los que envían sus productos, y sólo un espíritu servil puede hacer materia de hostilidad o de desdén no contribuir, por lo que le interesa, a una exhibición”.

 

 

 

 

 

 

VII.-

 

Otra serie se ocupa de La Frontera y el Problema de las Invasiones de los Indios.

 

“En las llanuras argentinos no existe la tribu nómade; el pastor posee el suelo con títulos de propiedad, está fijo en un punto que le pertenece; pero para ocuparlo ha sido necesario disolver la asociación y derramar las familias sobre una inmensa superficie.

Imagínese una extensión de los dos mil leguas cuadras, cubierta toda de población, pero colocadas las habitaciones a cuatro leguas de  distancia unas de otras, a ocho a veces, a dos las más cercanas...La sociedad ha desaparecido completamente; queda sólo la familia feudal, aislada, reconcentrada; y no habiendo sociedad reunida, toda clase de gobierno se hace imposible; la municipalidad no existe, la policía no puede ejercerse, y la justicia civil no tiene medios de alcanzar a los delincuentes...

El progreso moral, la cultura de la inteligencia es aquí no sólo descuidada, sino imposible. ¿Dónde colocar la escuela para que asistan a recibir lecciones los niños diseminados a diez leguas de distancia en todas direcciones?. Así, pues, la civilización es del todo irrealizable, la barbarie es normal...La religión sufre las consecuencias de la disolución de la sociedad”.

 

Abomina de  la cría salvaje de ganado, diciendo que ella no es la riqueza del país sino la  lepra que la corroe, “y lo sujetará hasta que se dicten leyes sabias, a las continuas guerras civiles y tiranías sobre los hombres, y alarmes y desastres sobre la frontera”.

 

Lucha y brega por la defensa de las estancias contra las invasiones indígenas y señala la conveniencia urgente de que los grandes hacendados construyan casas fuertes con corrales zanjados y terrenos alambrados. Insiste sobre la cuestión en varios trabajos.

 

“La cuestión de indios ha tomado las formas de un mal crónico, que ha resistido a todos los remedios vulgares, y asumido fijeza en sus síntomas”.

 

Advierte que se tenga en cuenta a ese enemigo crónico que crecerá en proporción a la riqueza nacional. “Cuanto más ganado poseamos y mayor valor tengan en los mercados extranjeros, más tenacidad opondrán los bárbaros y más elementos de poder desenvolverán para arrebatarlo”.

 

“En medio de revueltas tiránicas, confiscaciones y auxilios de ganado, hemos llegado a tratar de poner orden en el cúmulo de desórdenes que se han encadenado por medio siglo.

Publicado por Desconocido @ 21:05
Comentarios (0)  | Enviar
Comentarios