sábado, 27 de septiembre de 2008

                        MONTAIGNE Y SARMIENTO REVISITADOS.-

 

 

                                                                        Por  Guillermo R. Gagliardi.

 

 

 

1.- “Soy yo mismo el que me reflejo”.

 

Introduce  Messire Michel, Seigneur de Montagine (1533-1596) sus cèlebres  “Ensayos” con este texto preliminar:

 

“He aquí, lector, un libro de buena fe. Él te advierte, desde el comienzo, que no me he propuesto darle otro destino que el familiar o privado..Lo he dedicado al solaz de mis parientes y amigos a fin de que cuando me hayan perdido (...), puedan  encontrar allí algunos rasgos de mi carácter y humor y por este medio mantengan más entero, y más vivo el conocimiento que de mí tuvieron... Quiero que se me vea en mi manera de ser sencilla, natural, ordinaria, sin restricciones   ni artificio, ya que soy yo mismo el que me reflejo. Mis defectos se mostrarán a lo vivo, y mi natural espontáneo, en tanto que la consideración pública lo ha permitido”.

 

Alberto Palcos, Nerio Rojas, Osvaldo Loudet, entre otros, señalaron episodios depresivos en la vida de estos genios frecuentemente rabelesianos.  En Sarmiento, tales conflictos se producían luego de perìodos de altísima concentración mental o de sucesos que afectaban hondamente sus fibras nerviosas, como el asesinato de su amigo y comprovinciano Antonio Aberastain (1861).

 

Se han estudiado perturbaciones digestivas, urinarias, auditivas y emotivas en los hombres  “locos de genio”. Pero éstos se sobreponen a sus dolencias físicas con eficacia (Véase  su carta a bartolomé Mitre, durante su destierro en Yungay, Chile, “Correspondencia S.-M.”, 1911, p. 17).

 

Montaigne, por su parte, superaba con prudencia y sabiduría los cólicos renales que le afligían. Según manifestó W. Goethe (1749-1832), todo ello se debe a la “pubertad repetida”, la “perenne juventud” psico-fìsica en que vivieron, el equilibrio endocrino y nervioso.  (A.Palcos: “El Genio”, Nerio Rojas: “Psicología de Sarmiento”, O. Loudet: “Que es la Locura”, etc.).

 

El sanjuanino sufre entre 1853 y 1854 la crisis  más extensa de su vida (tambièn, carta a Mitre, loc. cit., del 19-10-1853): “mi salud está quebrantada, cediendo el roble que Ud. conoció ante las fatigas del espíritu...¡No!, jamás he sufrido lo que en esta época...Vivo solo, como un presidiario que guardan Alberdi y el club...y en medio de todas estas torturas morales... me agoto, me destruyo. Estoy lleno de canas; mi pecho cede hace dos meses”.

 

 

 

 

2.- Montaigne en mi biblioteca.

 

Roy Bartholomew: “Messire Michel, Seigneur de Montaigne” (en rev. “Pájaro de Fuego”, marzo 1980, a. III, nº 23) / William Katra: “El estilo ensayístico de S.” –sobre S. y M.- (en “Cuadernos Hispanoamericanos. Los Complementarios /3”, abril 1989, Madrid, p. 83-92) /  J. A. Ferreira: “Acotaciones a M.” (“Revista de Filosofía”, v. 3, 1919, p. 358-366) /  Ricardo Sáenz Hayes, “M. de M.”  (Kraft, 1947, vs. edic.) / André Gide: “El pensamiento vivo de M.” (Losada) / Ezequiel Martínez Estrada: “M., filósofo impremeditado y fortuito” (en su “Heraldos de la verdad”, Nova, 1958, p. 5-96) / Manón V. Guaglianone: “La personalidad de M. de M. en la historia de las ideas educacionales” (Facultad de Filosofìa y Letras, UBA, 1939) / Maturin Dréano: “M.” (Columba, 1968) / “El apaciguamiento: M.” Gustave Lanson- Pierre Tuffrau (en su “Historia de la literatura francesa”, Labor, 1956, p. 122-132) / Marcos Victoria: “Un gentilhombre francés crea el ensayo moderno” (en su “Teoría del ensayo”, Emecé, 1975, p. 67-72) /  Charles A. de Sainte-Beuve: “M.” (en su “Grandes Escritores”, E.M.C.A., 1944), y en sus “Retratos Literarios”, traducción de Oscar Andrieu, Prólogo de José A. Oría, Estrada, 1947, p. 26-47) / R. Sàenz Hayes: “M. y Esteban de la Boétie” (en su “De la amistad en la vida y en los libros”, Espasa-Calpe, 2ª ed., 1944, p. 71-97) / Oscar Bietti: “Por el ‘M.’ de R. S. Hayes” (“La Prensa&rdquoGuiño / Raúl H. Castagnino: “Estructura del ensayo” (“La Prensa”, 23-3-1975) / Bernardo ezequiel Koremblit: “El nacimiento del ensayo (el humor en el libro)” (en rev. “Lyra&rdquoGuiño / D. Campos Agostino: “M. y nosotros” (“La Nación”, 11-2-1934) / R. Sáenz Hayes: “M. de M.” (“La Prensa”, 16-4-1933) / R. Sáenz Hayes: “M. de M., en el cuarto centenario de su nacimiento” (“La Prensa”, 26-2-1933) / R. S. Hayes: “Los aforismos de la torre viuda” (“La Prensa”, 10-11-1935) / Erich Auerbach: “La humana condición” (en su “Mimesis”, cap.XII, Fondo de Cultura Económica, México) / E. Martínez Estrada: “Introducción” (en “Ensayos” de M., Clásicos Jackson) / E. Martínez Estrada: “M. en la cultura” (“Los Anales de Buenos Aires”, junio 1946, 1, nº 8, p. 5-10) / Arturo Uslar Pietri: “M. viviente” (“La Prensa”, 26-10-1980) / R. S. Hayes: “Prólogo” a “Ensayos. Seguidos de todas sus cartas” de M., traducción por Constantino Román y Salamero, nueva edición, corregida y prol. por R. S. Hayes, Aguilar, 1962, 2 ts.).-

 

 

III.- Algunas valoraciones.

 

S. y M. coinciden en su vindicación de la tradición y naturaleza de América Hispana, con respecto al “Buen Salvaje”. Èste en sus “Ensayos”, I, 30 y aquél en su “Facundo” (1845), en sus escritos  reveladores sobre las Islas del Delta del Paraná (recogidos en el tomo XXVI, “Camino del Lacio” de sus Obras Completas, antologados  por ejemplo por  Liborio Justo en “El Carapachay”, EUDEBA, 1975) y en general en sus diversos textos periodísticos y discursos,  sobre su apología del paisaje, la flora y personajes autóctonos, el gaucho malo, el rastreador, etc. Puede verse Rivera: “S. y el fantasma del Desierto”, “Clarín”, 28-11-1985).

 

En su  escrito “Biblioteca de San Fernando” (1878) (contenido en el tomo     “Educación Común” de sus Obras Completas) S. recuerda al escritor y pensador perigordano  y especialmente una de sus observaciones sobre la Lectura:

 

“hay biblioteca, en fin, donde pescar algún volumen para cambiar un poco de fastidio, como definía la lectura el ilustre Montaigne”.

 

M. en el cap. X había afirmado que en los libros sólo buscaba

 

“un entretenimiento agradable, y si alguna vez estudio, me aplico a la ciencia que trata del conocimiento de mí mismo, la cual me enseña el bien vivir y el bien morir”.

 

La lectura integra parte de la Didáctica, es elemento primordial de la Pedagogía, forma el pensamiento filosófico y contribuye al adelanto de la Psicología Humana.

 

En el libro I, cap. XXIV, “Del pedantismo” M.  deja establecido su odio a los que son “incapaces de obrar”, y cuya filosofía “se desvanece en vanas sentencias”.

 

“Trabajamos  únicamente para llenar la memoria, y dejamos vacíos conciencia y entendimiento”.

 

Como Sarmiento, piensa decididamente que

 

“La prudencia meticulosa y circunspecta es mortal enemiga de las grandes empresas” ( cap. XXII: “De la costumbre y de la dificultad de cambiar...·Guiño.

 

Pues, declara,

 

“cualquiera que sea el asunto de que yo trate, siempre me precisa ir en algún respecto contra los usos recibidos” (ìd., c. XXXV: “De la costumbre de vestirse&rdquoGuiño.

 

Su alma noble y sencilla se regocija donde no hay convencionalismos ni falsos miramientos..

 

“Yo escribo mis cartas a escape, tan precipitadamente”, como el cuyano alborotador. Y en un tono firme y natural,  sin preocupación de belleza. 

 

La intención meridiana, la ocupación concreta por el Bien los demás, los hermana espiritualmente. S.  ha sido apodado el “Caudillo del Bien” público, por su constante afán de beneficencia ciudadana, amplia, de largo alcance, fundamental.

Y el filòsofo, por su parte confiesa:

 

“me cosquillea el contento cuando realizo una acciòn justa o contribuyo a la alegrìa ajena”.

 

Expresión magnífica  de la “Religión del Bien Absoluto” que el maestro –político, que el ‘místico de la Patria’  profesaba raigalmente y ejercía con  superabundancia de energía.

 

Las meditaciones de ambos sobre el hacer humano, sobre su propio obrar, sus consejos y moralidades, abundantes y dignas de conservar, cumplir y mejorar, “sus humanas fantasías”, según dice el autor de los “Ensayos” de 1580, han de ser consideradas, con mirada limpia y clara, independientemente y de manera definitiva, perenne:

 

“Mi alma toda propia, a sí misma se pertenece por entero”,

 

“caminé siempre como quise y al paso que me plugo”, M.,

 

y “de una manera laica, no sacerdotal, pero religiosísima siempre” manifiesta en el, cap. LVI: “De las Oraciones”.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


Publicado por Desconocido @ 10:09
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