POR LAS PÁGINAS DEL "FACUNDO" DE SARMIENTO.-
Por Guillermo R. Gagliardi
SARMIENTO, ante todo fue un Maestro. Y es así como, con respecto a los géneros literarios aplicó un criterio docente. Prefirió la Biografía y el Teatro. En Chile funge como crítico teatral, de artes Plásticas y Música. Este aspecto, innnovador y sorprendente, está documentado ricamente en los tomos primeros de sus Obras Completas, "Artículos críticos y literarios". Pero ahora me interesa referir su predilección por el relato de la vida de hombres trascendentes en la historia.
Las Biografías
Cultivar este género es la mejor manera de mostrar los buenos sentimientos y las acciones positivas, advierte. Por ello lo cultiva como otro método más para "enseñar" al público, para informarlo y formarlo, es decir, para "Educar".
Por tal motivo lo prefiere, por su función social. No así con la Poesía, pues según piensa no tiene influencia en el mejoramiento de la sociedad. Especialmente tiene en cuenta nuestra naturaleza nacional bárbara, aislada, ignorante.
Se lo ha llamado un "jornalero de la cultura" por poner énfasis en los resultados prácticos y concretos. Coincidía con la doctrina de Esteban Echeverría (1805-1851). El poeta romántico y doctrinario del "Dogma Socialista" consideraba a la Cultura como parte de la Revolución integral, como medio de educación democrática del pueblo, como manera de cambiar las costumbres arcaicas coloniales.
El autor de "La Cautiva" y "El Matadero", también de "Apología del matambre" y "Manual de enseñanza moral", en una carta a Pacheco y Obes expresa, en coincidencia con Sarmiento, que "escribir por escribir, sin que una creencia, una mira de utilidad pública nos mueva, me parece, no sólo un charlatanismo supino, sino el abuso más criminal y escandaloso que pueda hacerse de esa noble facultad".
Héctor P. Agosti, escritor y político, enseñó que la condición social de una cultura no se mide por el egoísmo de algunos eruditos intemporales, sino por la extensión colectiva del saber, lo que ansiaba don Domingo: educación de las masas como cuestión capital.
Echeverría en su escrito "Mayo y la enseñanza popular" afirmó, en consonancia con otros exiliados de la Generación del ’37 que "no hay salud, no hay porvenir feliz, ni progreso sólido para estos países sin esta condición –la Educación del Pueblo, encaminada a la Democracia – que debe ser la bandera, el símbolo, la religión social de los hombres de inteligencia de ambas orillas del Plata".
El sanjuanino aplica el sistema biográfico para revelarnos la historia general del Hombre. Es el compendio de los hechos históricos más al alcance del pueblo, una instrucción "más directa y más clara".
Subraya el valor motivador al estudiar la infancia de un personaje representativo, sus juegos de niño, ocupaciones domésticas, etc. Señala los ejemplos de B. Franklin y J.-J. Rousseau que desde párvulos leyeron las "Vidas Paralelas" de Plutarco, "empapándose" del amor por lo grande y lo bello, del sentimiento de la dignidad y libertad del hombre.
Toma la biografía de Juan Facundo Quiroga (1788-1835) como forma de explicarse la clave de las guerras civiles, de los conflictos socio-políticos de la historia argentina.
Precursor en tantos campos del Saber, ha estudiado los factores "deterministas" que actuaron en el personaje: raza, medio, momento, adelantándose al ensayista e historiador H. Taine en su "Introducción a la Historia de la Literatura inglesa" (1864).
También se aproxima, Genio mayúsculo, al estudio de Ch. A. de Sainte-Beuve (1804-1869), aunque sabemos que el crítico francés lo utilizaba desde 1828, y recién lo define sistemáticamente en 1862, casi dos décadas después de la publicación de la magna obra sarmientesca.
Investiga al Caudillo riojano en sus antecedentes infantiles, instrucción rústica, diversos rasgos de rebeldía en anécdotas. Cita una carta a un amigo en que le confiesa no haber rezado ni oído misa nunca. Nos traduce la impresión de que además de carecer de sentido religioso, desconoció el amor. Era un caprichoso que no se preocupaba con sensibilidad de las mujeres. Relata la historia de Severa Villafañe (cap. VI, de la 2ª. Parte).
Anota los vicios del personaje, la avaricia, el juego, los modos con que llegó a formar una cuantiosa fortuna. La semejanza entre ciertos rasgos fisonómicos externos y las disposiciones morales. Ello lo refiere con respecto al nombre de "Tigre de los Llanos" con que se motejaba a Quiroga.
Incursiona en lo psicológico, más específicamente en la vieja Frenología, hipótesis ya desechada que suponía una correspondencia entre las facultades mentales y regiones cerebrales, adaptándose el cráneo a la corteza del cerebro. "Los (pómulos) bastante pronunciados (descubrían) una voluntad firme y tenaz" observa S., como identificándose con el Caudillo (la "biografía que conquista al biógrafo" califica Alberto Palcos a la obra).
Escribe que la estructura craneana del riojano revelaba por su morfología, "la organización privilegiada de los hombres nacidos para mandar".
En la escuela era altivo, huraño, solitario, poco sociable en su vida de relación.
Destaca su carácter y hábitos desordenados, el juego (pasión que reafirma Ramón J. Cárcano en su "J.F.Q. Simulación, infidencia, tragedia", 1942), puñaladas y violencia siempre.
Pareciéndose a él en no pocos detalles ("doctor montonero" lo apodan), destaca el relieve de su figura: "pero hay algo de imponente, algo que subyuga y domina en el asesino de catorce hombres a la vez". Hiperbólico, como lo es frecuentemente, lo considera y compara con Julio César y con Mahoma, y lo llama "Hombre Superior".
El libro es un conjunto bullente de páginas inflamadas de profundo sentir argentino. .Estuvo concebido para desprestigiar al Gobernante don Juan Manuel de Rosas, quien había opinado: "El libro del loco Sarmiento es de lo mejor que se ha escrito contra mí: así es como se ataca; ya verá usted cómo nadie me defiende tan bien, señor".
Mientras tanto recibe su consagración, por Charles de Mazade en la "Revue de Deux Mondes": "el Sr. Sarmiento ha publicado esta obra llena de atractivo y novedad, instructiva, como la historia, interesante como un romance, brillante de imágenes y de colorido...., no es solamente uno de aquellos escasos testimonios que nos llegan de la vida intelectual de la América Meridional: es un documento precioso".
El libro ya célebre contiene 12 capítulos, con una Introducción.
La primera edición es de 1845, en "El Progreso", como folletín, en Chile. La segunda, en 1851, también en Chile por la imprenta de su yerno Julio Belin: suprime los dos últimos capítulos, por razones del cambio de panorama político del país, contribuyendo a limar asperezas entre unitarios y federales, a lograr la unión nacional; ya en 1850 había publicado su "Argirópolis". La tercera, en N. York, en 1868, por Appleton, persiste en supresiones: p. ejemplo, su preferencia por Buenos Aires como Capital, puesto que asume como Presidente con el apoyo del Partido Autonomista de Adolfo Alsina que estaba por la opinión opuesta. La 4ª. , en Paris, por Hachette, 1874, restablece las partes cercenadas.
El primer ejemplar de su obra lo remite a Juan María Gutiérrez según carta que le envía el 24-07-1845 desde Santiago. Le pide que la comente en "El Mercurio": "¿Quiere Ud. encargarse de analizarlo, por ‘El Mercurio’ y decir que es un librote estupendo, magnífico, celebérrimo?. Sin miedo de ofenderme diga en este sentido lo que le dé la gana; soy tolerantísimo. Cuando más le permito que por no ofender mi modestia, añada que es una producción indigesta, incorrecta y nauseabunda; pero nada más".
El 22 de agosto le remite 170 ejemplares junto con otra carta. "Qué libro tan desgraciado fue éste, todo hasta la impresión, salió como si Rosas hubiese sido el que ponía la mano en él".
Quiere explicar "la vida secreta y las convulsiones internas" que desgarran las entrañas de un noble pueblo. Quiere desentrañar "el enigma de la organización política de la República". Desatar un nudo, "estudiar prolijamente las vueltas y revueltas de los hilos que lo forman", "y buscar en los antecedentes nacionales, en la fisonomía del suelo, en las costumbres y tradiciones populares, los puntos en que están pegados". Don Domingo es el primer argentino que necesita y desea interpretar a su país. Es el primer gran Sociólogo.
Es el Tocqueville esperado, que le hacía falta a la Argentina para penetrar en el interior de nuestra vida nacional y y revelar al mundo el nuevo modo de Lo Argentino: "un mundo nuevo en la política", caracterizado por el fatalismo de nuestra historia: "Rosas es natural, es algo lógico, fatal, forzoso".
Establece las causas, intenta señalarlas y examinarlas, para develar el misterio de esa lucha que despedaza al país y lo sume en un "torbellino fatal": su configuración geográfica y hábitos que engendra, las tradiciones españolas (Inquisición, Absolutismo), la barbarie indígena (incuria, incapacidad politico-industrial), la civilización europea, la democracia desde la revolución de mayo de 1810.
Augura a América un porvenir inmenso y una elevadísima misión.
Se ocupará del Caudillo a quien distingue como "el tipo más ingenuo del carácter de la guerra civil de la República Argentina", "la figura más americana que la revolución presenta", el que "enlaza y eslabona todos los elementos de desorden que hasta antes de su aparición estaban agitándose aisladamente" y el que "hace de la guerra local la guerra nacional, argentina".
Con esta apasionada biografía quiere explicar la Revolución Argentina. Es ejemplo de una de las dos tendencias que luchan en nuestra sociedad. Facundo, Alejandro Magno, Bolívar, representan la idiosincrasia de su pueblo. Quiere interpretar a su personaje no como los escritores que obedecen al estilo clásico y europeo, no de frac, sino de poncho, como caudillo autóctono, jefe de un levantamiento de las masas, no un General europeo.
Esboza el Plan: primero el paisaje, el terreno, el teatro, en segundo lugar, el personaje con su traje, sus ideas y acciones.
En su carta a Valentín Alsina, en la 2ª edición de la obra, luego de las notas críticas de éste, llama a su creación: "ensayo y revelación para mí mismo de mis ideas". Proyecta escribir la historia de Rosas, para presentarla a los pueblos europeos y americanos, "con unción en las palabras", "intachable imparcialidad", "exposición lúcida y animada", "elevación de sentimientos" y "conocimiento profundo de los intereses de los pueblos".
Es obra de psicología social, de etnología cultural, según la definió Ezequiel Martínez Estrada, fundamental pensador sarmientino.
Entre las reconocidas fuentes de su libro: relatos de amigos, intuiciones y conocimientos propios, crónicas viajeras (Head, Azara, Andrews), Echeverría, Domínguez, Víctor Hugo y sus relatos sobre la vida de los tártaros, Volney ("Las ruinas de Palmira"), Chateaubriand, Lamartine, Humboldt, Shakespeare, Fenimore Cooper (vida en las praderas del Norte de Estados Unidos), Walter Scott y sus novelas históricas, Tocqueville ("La Democracia en América)
Primera parte. Capítulo I: "Aspecto físico de la República Argentina y caracteres, hábitos e ideas que engendra".
Soledad, inmensidad, monotonía, peligro del indio y las fieras. Paisaje inconmensurable, abierto, misterioso. La Pampa: el mar de la tierra. Relaciónase con la pintura de E. Echeverría en su "La Cautiva".
Esta primera parte abarca 4 capítulos: Territorio, Personajes, Revolución de 1810. La segunda:la vida de Quiroga en 9 capítulos, Córdoba: enseñanza escolástica, Teología, claustro medieval, conventos) y Buenos Aires (fuerza revolucionario, dictrinas europeas). Tiene caracteres de Novela: estilo pintoresco, anécdotas, narraciones con vivacidad. La tercera parte, 2 capítulos: gobierno Unitario (época de Rosas) y, comparado, Presente y Porvenir.
Con una visión profética, comienza: "El mal que aqueja a la República Argentina es la extensión: el desierto la rodea por todas partes, y se le insinúa en las entrañas; el despoblado, la soledad sin una habitación humana, son, por lo general, los límites incuestionables entre unas y otras provincias. Allí, la inmensidad por todas partes: inmensa la llanura, inmensos los bosques, inmensos los ríos, el horizonte siempre incierto, siempre confundiéndose con la tierra, entre celajes y vapores tenues, que no dejan, en la lejana perspectiva, señalar el punto en que el mundo acaba y principia el cielo. Al sur y al norte, acéchanla los salvajes, que aguardan las noches de luna para caer, cual enjambre de hienas, sobre los ganados que pacen en los campos y sobre las indefensas poblaciones...".
Dibuja el territorio argentino: al Norte, el bosque espeso, al Centro, el bosque y zona de espinosos, al Sur, la Pampa.
Desde un punto de vista progresista sigue afinando su paleta descriptiva y su vena interpretativa intelectual:
"Da compasión y vergüenza en la República Argentina comparar la colonia alemana o la escocesa del Sur de Buenos Aires y la villa que se forma en el interior...La villa nacional es el reverso indigno de esta medalla,...un aspecto general de barbarie y de incuria los hacen notables".
Compara nuestra Llanura con Asia, la zona del Tígris y el Éufrates: soledad, caravanas, campañas pastoras, tiendas árabes, kalmukos, cosacos.
Civilización: Buenos Aires, Córdoba, reside en las ciudades, el municipio, arte, escuelas, comercio, buenos trajes y modales, juzgados. Encarna Europa, el siglo XIX. Barbarie: campo, población diseminada, desierto, no hay industria, no hay sociedad ni comercio ni gobierno organizado, vida nómade, tribal. Sin progreso ni adelantos, imposibilidad e inutilidad de la educación moral e intelectual. Representa el siglo XII, el Feudalismo. "No puede haber progreso sin la posesión permanente del suelo, sin la ciudad, que es la que desenvuelve la capacidad industrial del hombre, y le permite extender sus adquisiciones". No hay "Res Publica".
El "gaucho" ha de rescatarse por su individualismo, su energía y valentía. Es resignado ante su mala suerte, orgulloso, posee una acendrada xenofobia, no le agrada el hombre culto o amanerado, feliz en medio de sus pobrezas y carencias materiales y educativas. Nos hace reflexionar sobre el abandono del interior del país y la indiferencia oficial, ante la desolación, las enfermedades, el analfabetismo...
Pedro Goyena (1843-1892), adversario ideológico del viejo don Domingo, nos dejó una estampa ideal, literaria, del gaucho, que me place rescatar: ""Allá, en la extensión ilimitada de la pampa. Discurre en brioso corcel, este hombre americano, varonil y tierno, inteligente y audaz, que, asimilándose algún día los preciosos elementos conquistados en esa labor incesante de los siglos que se llama el progreso, será digno ciudadano de la república futura, próspera y colosal...El gaucho sumido en la ignorancia, lejos de los centros de población y de cultura, está sujeto siempre al capricho de los mandones irresponsables de la campaña. Su condición no ha mejorado desde los tiempos coloniales hasta el presente. Fue nuestro hermano en el sacrificio, pero no lo es en la libertad y en la grandeza. Vive todavía esclavo en un país que cualquiera llamaría la mansión de la libertad, la fuente de la riqueza y la abundancia. Tal es el gaucho, debatiéndose en la ignorancia y la miseria, sumergido en la profunda tristeza de una vida, cohibida por eternas tiranías y oscurecida por eternas sombras".
Destaca la posición privilegiada de Buenos Aires: ríos, puerto, comercio, el poder de las Rentas. Eso es la Civilización. En realidad, muy niño, Sarmiento sólo había llegado hasta Córdoba y San Luis. Recién tendrá una experiencia vivencial de la Pampa, luego de la derrota rosista. Para intuirla en su obra, se basó en las fuentes señaladas y también en narraciones de militares que residían en tierras chilenas. Le resuenan los versos echeverrianos: "Doquier campo y heredades, / del ave y bruto guaridas; / doquier cielo y soledades / de Dios sólo conocidas, / que Él sólo puede sondear".
La "Vida pastoril" la descompone en dos fases, la política (que desarrolla en el primer capítulo) y la poética (en el capítulo II).
Capítulo II: Originalidad y caracteres argentinos.
Profunda interpretación de nuestras costumbres y verdadera semblanza de personajes típicos de nuestro campo. La literatura argentina, americana – observa agudamente- sólo nacerá cuando se inspire en lo autóctono: "descripción de las grandiosas escenas naturales". La vida pastoril argentina, semeja a la de los árabes y a la de los norteamericanos, según un criterio determinista: "modificaciones análogas del suelo traen análogas costumbres".
Adhiere, según es común en su época, a la concepción romántica de la Poesía, como Religión: "necesita el espectáculo de lo bello, del poder terrible, de la inmensidad, de la extensión, de lo vago, de lo incomprensible". Prevalece la dimensión dramática: la muerte, los tigres, víboras, tormentas, malones. La Pampa adquiere, según la filóloga A. M. Barrenechea, un valor simbólico, de resonador, de explicación histórica, sociológica (aut. cit., "Función estética y significación histórica de las campañas pastores en el ‘Facundo’": "Emiliano Oliva: "La estructura institucional argentina a través del ‘Facundo’"; H. P. Agosti: "Sociología del ‘Facundo’"; E. M. Estrada: "Sarmiento"; N. Rodríguez Bustamante: "Filosofía social de S."; ver "Testimonios sobre el Hacedor. Bibliografía sarmientina" G. R. Gagliardi, 2008, en "Biblioteca Sarmiento .org").
El pueblo argentino es poeta por carácter, por naturaleza. La vertiente culta, la representa la poesía ciudadana, Echeverría, Domínguez. La popular, es la candorosa y desaliñada del gaucho. Arte narrativo, heroico, persecuciones, el malón, el caballo, representada por el cielito, la vidalita, el triste (canto norteño).
Elabora el perfil inmortal del rastreador, donde inserta la historia de Calíbar, en base a tradiciones populares; el baqueano, el gaucho malo (un outlaw, un ‘fuera de la ley’, un squatter, ‘un intruso’, "divorciado con la sociedad, proscripto por las leyes" y el cantor, es el bardo, el trovador del héroe de la pampa):
"El rastreador es un personaje grave, circunspecto, cuyas aseveraciones hacen fe en los tribunales inferiores. La conciencia del saber que posee le da cierta dignidad reservada y misteriosa. Todos le tratan con consideración: el pobre, porque puede hacerle mal, calumniándolo o denunciándolo; el propietario, porque su testimonio puede fallarle. ¿Qué misterio es éste del rastreador?. ¿Qué poder microscópico se desenvuelve en el órgano de la vista de estos hombres?. ¡Cuán sublime criatura es la que Dios hizo a su imagen y semejanza!". Personaje mágico, de aguzado sentido y percepción, como la del viejo Calíbar.
El Baqueano: "es un gaucho grave y reservado, que conoce a palmos, veinte mil leguas cuadradas de llanuras, bosques y montañas. Es el topógrafo más completo, es el único mapa que lleva un general para dirigir los movimientos de su campaña". Como ejemplo cita a Rosas, que reconocía por el sabor el pasto de cada estancia del Sur bonaerense, y al General Rivera, de la Banda Oriental, que conocía cada árbol que existía en todo el territorio uruguayo.
El "gaucho malo": "es un personaje misterioso: mora en la Pampa, son su albergue los cardales, vive de perdices y mulitas... Este hombre divorciado con la sociedad, proscripto por las leyes; este salvaje de color blanco, no es, en el fondo, un ser más depravado que los que habitan las poblaciones". Lo compara, aureolándolo de universalidad, con el "Ojo de Halcón" y el "Trampero", personajes de Cooper: en "El último de los mohicanos" y "La Pradera".
El cantor: "anda de pago en pago, de ‘tapera en galpón’, cantando sus héroes de la pampa, perseguidos por la justicia, los llantos de la viuda a quien los indios robaron sus hijos en un malón reciente...no tiene residencia fija: su morada está donde la noche lo sorprende; su fortuna, en sus versos y en su voz".
Esa canción lírica, similar a la trovadoresca medieval, que compone o trasforma el cantor, "es pesada, monótona, irregular, cuando se abandona a la inspiración del momento. Más narrativa que sentimental, llena de imágenes tomadas de la vida campestre...que la hacen metafórica y pomposa".
Capítulo III: Asociación. La pulpería.
Bosqueja una rica simbología del Cuchillo criollo. También confiere significación universal a los caudillos, a quienes compara con Mahoma, pues pueden "cambiar la religión dominante y forjar una nueva", ostentando "todos los poderes".
La Pulpería es una sociedad accidental ficticia, árabe-romana. Intervienen en ese particular ambiente primario, pero a menudo trágico, el pavor del cuchillo y otras proezas ostentosas, las fintas y compadreadas, el Juez de campaña, arbitrario, informal, el Comandante de campaña (todos los caudillos fueron comandantes de campaña).
También hay una asociación bélica: la Montonera (ferocidad-terrorismo), donde prevalece el individualismo y el odio a todo tipo de autoridad.
Afirma que la Revolución de Mayo fue extraña para la campaña. Se entiende la Revolución en, general, como guerra de las ciudades contra los españoles, y de los caudillos contra las ciudades.
El autor sobresale en el perfilado de retratos y paralelismos. En digresiones, por afán típicamente positivista, pedagógico. Abundante uso de signos de interrogación y exclamación. Apóstrofes románticos (invocaciones retóricas, a Facundo en el comienzo, a Rosas en el final).
Incluye pequeños relatos y retratos (Calíbar, la Villafañe, el mayor Navarro...). El "cinto colorado" como leit motiv, narración interesante en que lo vincula a la historia universal.
Vocabulario rico, original, con arcaísmos y términos típicos (monacillo, recibídolo: pronombre átono como enclítico del participio, mezcládose, abatanados); galicismos (romancista, estagnar, debut), argentinismos (parejero, cauchear, compadrito, cajetilla).
El hablista habanero Mantilla notó la presencia de estas locuciones castizas, fruto de sus lecturas de autores castellanos antiguos (se lo comunica el autor a Matías Calandrelli, en carta de 1881, y lo ha señalado especialmente, entre otros, Ricardo Rojas, en su "El Profeta de la Pampa").
Admite que "los fenómenos sociales varían con el volumen y la densidad de la población", con lo que se anticipa a las investigaciones de Emile Durkheim (1858-1917), pionero en el campo sociológico mundial.
Acentúa las tintas en destacar los trabajos rudos a que son acostumbrados desde niños, el rústico medio ambiente en que desarrollan su vida primaria, la pasión del juego, la afición al licor, la oposición a la justicia, a las destrezas y audacia en el manejo del caballo, todo lo cual va conformando las características peculiares de su temperamento.
Cap. IV: Revolución de 1810.
A dicho movimiento lo interpreta como una reacción de las ideas liberales europeas contra el absolutismo español. De esta manera explica el atraso en que se encontraba La Rioja: "Aquí los hechos hablan con toda su triste y espantosa severidad.... La historia de las conquistas de los mahometanos sobre la Grecia, presenta ejemplos de una Barbarización, de una destrucción tan rápida. ¡Y esto sucede en América en el siglo XIX!".
Extiende sus observaciones a las otras provincias como San Luis, San Juan, Santa Fe y Santiago del Estero. Finaliza concluyendo que la Revolución de 1810 no es más que el triunfo de las ciudades sobre los españoles y las campañas: "He aquí explicado el enigma de la revolución argentina cuyo primer tiro se disparó en 1810 y el último aún no ha sonado todavía".
"Los caudillos eran representantes de una democracia turbulenta" (R. Levene: "S., sociólogo de la realidad americana y argentina", 1938). Ahonda en las calamitosas consecuencias que traen las guerras civiles, y compara, así, el estado de muchas provincias, las cuales antes de 1810 eran rescatables centros de producción, luego con la anarquía, cayeron en la mayor pobreza.
Segunda parte: Cap. V: Vida de J. F. Quiroga. Infancia y juventud.
Compara a Facundo con Julio César, con Tamerlán (el dominador de Persia e India) y con Mahoma. Retrata logradamente su perfil primitivo, selvático, y sus manifestaciones de superioridad, "more romántico": "no conoció sujeción de ningún género; su cólera era la de las fieras: la melena de sus renegridos y ensortijados cabellos caía sobre su frente y sus ojos, en guedejas como las serpientes de la cabeza de Medusa... En todos sus actos, mostrábase el hombre Bestia aún, sin ser por eso estúpido y sin carecer de elevación de miras".
De acuerdo con esa estética anti-clásica, renovadora, gusta de lo original, lo espontáneo y natural, lo grandioso y extra-ordinario, se afana en moverse entre las oposiciones y contrastes marcados. También integran parte de esa manifestación, la extraversión libre del Yo, la renovación de la técnica literaria, mezclando los géneros (ensayo, poema descriptivo, biografía, novela, historia), rebelándose contra las reglas.
Cita numerosas anécdotas que amplían la concepción sinfónica de ese carácter contradictorio, pleno de luces y de sombras, hasta fraguarle "eficazmente...una reputación misteriosa entre hombres groseros, que llegaban a atribuirle poderes sobrenaturales": "la estructura de su cabeza revelaba, sin embargo, bajo esta cubierta selvática, la organización privilegiada de los hombres nacidos para mandar".
El general-escritor José María Paz (1791-1854) concuerda con Sarmiento en esta versión de la figura sobrehumana del Caudillo, legendaria y original, en sus "Memorias Póstumas": "era tenido por un hombre inspirado: tenía espíritus familiares, que penetraban en todas partes y obedecían sus mandatos; tenía un célebre caballo moro... que le revelaba las cosas más ocultas y le daba los más saludables consejos; tenía escuadrones de hombres que, cuando lo ordenaba, se convertían en fieras y otros mil absurdos de este género".
Cap. VI
Muestra al protagonista en su vida pública, con sus pasiones desenfrenadas y su temperamento tosco y dominador, que causaba terror ante las personas que lo trataban o lo habían conocido.
Sobre la particular provincia de La Rioja, con "colinas verdinegras tapizadas de vegetación tan colosal como los cedros del Líbano. Lo que más me trae a la imaginación estas reminiscencias orientales, es el aspecto verdaderamente patriarcal de los campesinos de La Rioja...".
Cap. VII:
Al hablarnos de la Córdoba Colonial, se refiere, brevemente, a la Compañía de Jesús, la más encarnizada enemiga de las ideas "progresistas" según pensaban los liberales de la época. Destaca los áridos programas de estudios universitarios, valiéndose del autorizado juicio de su ascendiente el Deán Gregorio Funes (1749-1829) y la posterior renovación por él emprendida.
Menciona a los viejos e ilustres unitarios que aún en 1845 vivían y los pinta a través de sus modales y conducta: "El unitario tipo, marcha derecho, la cabeza alta; no da vuelta, aunque sienta desplomarse un edificio; habla con arrogancia: completa la frase con gestos desdeñosos y ademanes concluyentes; tiene ideas fijas, invariables. las fórmulas legales son el culto exterior, que rinde a sus ídolos, la Constitución, las garantías individuales. Su religión es el provenir de la República"
Gusta de las ideas opuestas, de su exposición binaria, antinómica. Córdoba, religiosa, española por educación, hostil a las innovaciones. Buenos Aires: con ideas revolucionarias.
Cap. VIII: Ensayos.
Debido a las innovaciones rivadavianas, se formaron en Buenos Aires dos facciones religiosas: los católicos, que desechaban reformas, y los libertinos, que las acataban. Subraya los sacerdotes asesinados en tal período, por degüello: Villafañe de Tucumán, dos Frías de Stgo. del Estero, y Cabrera, de Córdoba.
Cita la Constitución de 1826 y su rechazo por Bustos, Ibarra y Quiroga, caudillos de Córdoba, Santiago del Estero y La Rioja respectivamente.
Cap. IX:
Triunfa Paz sobre Quiroga el 23 de junio de 1829. Éste significa en la mente sarmientina al ignorante, el bárbaro y temerario. Mientras que el otro, encarna al estratega, culto ciudadano.
Cap. X: íd. Oncativo.
Del 25 de febrero de 1830, en que Paz vence a Quiroga.
Cap. XI:
Del 28 de marzo de 1831, Quiroga derrota al Cnel. Videla Castillo.
Cap. XII:
Del 4 de noviembre de 1831; Facundo vence a Lamadrid y a Javier López.
Opina el autor, con soberana indignación, lapidario, contundente, que Quiroga es "el campeón de la causa que han jurado los pueblos, era bárbaro, avaro y lúbrico, y se entregaba a sus pasiones sin embozo: su sucesor no saquea los pueblos, es verdad; no ultraja el pudor de las mujeres; no tiene más que una pasión, una necesidad: la sed de sangre humana y la del despotismo. En cambio, sabe usar de las palabras y de las formas que satisfacen a las exigencias de los indiferentes. Los salvajes, los sanguinarios, los pérfidos, inmundos unitarios, el sanguinario duque de Abrantes, el pérfido Ministerio del Brasil: ¡la federación!, ¡el sentimiento americano!, el oro inmundo de Francia, las pretensiones inicuas de la Inglaterra, la conquista europea!. Palabras así, bastan para encubrir la más espantosa y larga serie de crímenes que ha visto el siglo XIX. ¡Rosas!, ¡Rosas!, ¡Rosas!, ¡me prosterno y humillo ante tu poderosa inteligencia! ¡Sois grande como el Plata, como los Andes!. ¡Sólo tú has comprendido cuán despreciable es la especie humana, sus libertades, su ciencia y su orgullo! ¡Pisoteadla! ¡que todos los gobiernos del mundo civilizado te acatarán, a medida que seas más insolente! ¡Pisoteadla! ¡que no te faltarán perros fieles que, recogiendo el mendrugo que les tiras, vayan a derramar su sangre en los campos de batalla o a ostentar en el pecho vuestra marca colorada, por todas las capitales americanas!. ¡Pisoteadla! ¡oh! sí!, pisoteadla!...".
Alberdi, archienemigo político de don Domingo, inteligencia de opuesta naturaleza y formación a la de S., en sus "Escritos Póstumos" enmienda muchas de las ideas del Civilizador. Por ejemplo la de que Rosas dominaba a la Nación "por el terror": "sino por sus recursos que le absorbía en la provincia de su mando. Sin terror la dominan hoy los sucesores de Rosas".
En "Facundo y su biógrafo" afirma lúcidamente que Buenos Aires resulta de la sumatoria de: "capital.puerto.-aduana-tesoro-crédito-banco-papel moneda-poder total de la nación". "No es el ‘terror’ medio de gobierno, como dice S. Lo es el dinero, la riqueza. ..No conocía la naturaleza económica del poder".
Califica a la fundamental obra sarmientina como "un matadero..., o más bien, es una carnicería de carne humana, de la cual... se desprende un olor nauseabundo".
Apoda malévolamente a S. "el doctor en la ciencia del caudillaje". Muy perspicaz, distingue entre el "caudillo bárbaro", de las campañas rurales, que practican "el crimen pueril e ignorante aún" y los "caudillos letrados, o de frac", "son el crimen inteligente", y que don Domingo ha tenido que padecer años después, y a los que él también acusó, atacó y abominó sinceramente. El autor de las "Bases", denuncia sobre todo a éstos por ser ellos, advierte justamente, los que han restaurado los principios rosistas que antes habían maldecido y condenado...
Cap. XIII: ¡Barranca Yaco!.
Barranca Yaco, lugar situado a unos 90 kms. de la ciudad de Córdoba, es el escenario del asesinato de Facundo por parte de una partida encabezada, entre otros, por el Cap. Santos Pérez, adicto entusiasta de los Reinafé. Nacido en 1788, el Tigre de los Llanos muere el 18 de febrero de 1835.
Su muerte ocurrió al regresar de una misión que le habían encargado: la de conciliar a Heredia, el gobernador de Tucumán, que se había pronunciado en contra del de Salta. Los federales culparon a los unitarios de dicho suceso y afirmaron que ese episodio era el comienzo de un plan destinado a derrocar a las autoridades constituidas.
Tercera parte. Cap. XIV: Gobierno unitario
El segundo gobierno rosista –observa- fue netamente unitario en sus procederes, a pesar de que estuvo cubierto por la máscara del federalismo. Se cometieron toda clase de avasallamientos de los derechos más esenciales en todo ser humano, debido en gran parte a la acción de la temida Mazorca, que era la parte de la Sociedad Popular Restauradora (creada en 1833 durante el gobierno de Balcarce, para expandir las ideas rosistas), dedicada a cometer innúmeros desmanes en contra de las familias ilustradas del Buenos Aires de entonces. La otra parte de esa Sociedad estaba constituida por aquellas personas que temían la acción rosista, y buscaban en ella una especie de refugio (José M. Ramos Mejía).
La acción rosista se extendió a la Universidad, donde fueron destituidos profesores, se censuraron diversos textos de enseñanza, etc. Los intelectuales opositores se reúnen y constituyen la Asociación de Mayo en Montevideo en 1846, que el mandamás disuelve.
Cap. XV:
Hace hincapié en la Asociación de Mayo, el Salón Literario y el "Dogma Socialista", con sus Palabras Simbólicas que sintetizan el anhelo general de un pueblo oprimido: Mayo – Progreso – Democracia.
Conclusiones.
Todo el ingente opus sarmientino constituye una activísima reflexión sobre el Hombre Americano. Sostiene que hay que Humanizarlo, por la Educación. Hay que rescatarlo de la Incultura y la Barbarie, haciéndolo productivo, sensible, inteligente.
Su antropología se fundamenta en el "homo faber". Preparación del ciudadano honrado y capaz para el ejercicio del gobierno, para el respeto de las instituciones, para la fabricación de herramientas, utensilios e instrumentos de precisión con el objeto de perfeccionar las industrias, el comercio y las comunicaciones y de consolidar un orden jurídico y de hábitos de convivencia que diera firmeza al Estado.
Contrario a esta concepción civilizatoria, Lucio V. Mansilla escribe en su "Una excursión a los indios ranqueles" (1870): "La civilización consiste, si yo me hago una idea exacta de ella, en varias cosas. En usar cuellos de papel, que son los más económicos, botas de charol y guantes de cabritilla. En que haya muchos médicos y muchos enfermos, muchos abogados y muchos pleitos, muchos soldados y muchas guerras, muchos ricos y muchos pobres. En que se imprimen muchos periódicos y circulen muchas mentiras. En que se edifiquen muchas casas, con muchas piezas y muy pocas comodidades. En que funcione un gobierno compuesto de muchas personas como presidente, ministros, congresales, y en que se gobierne lo menos posible. En que haya muchísimos hoteles y todos muy malos y todos muy caros.." (ob. cit., cap. 10). Demuestra una superlativa ironía, un sarcasmo y crítica ostensibles...
Para Sarmiento, la deshumanización del hombre es provocada por causas físicas: la distancia, la soledad, el aislamiento del hombre de la campaña: "civilización y progreso no pueden desenvolverse sino a condición de que los hombres estén reunidos en sociedades numerosas.
El ejemplo del "homo practicus" sarmientino, es el norteamericano, que emplea la Técnica con acierto para dominar la naturaleza, y que practica la democracia, la libertad y las virtudes de la Paz inteligente: "el hombre fuera del alcance de la garra del hambre y de la desesperación..., el hombre con sentimiento y necesidades políticas, el hombre en fin, dueño de sí mismo, y llevado su espíritu por la educación y el sentimiento de su dignidad".
El hombre sarmientino que prefiere lo útil, tolerante en religión, con fructífera confianza en sí mismo.
Los propósitos de este libro inaugural y genesíaco de nuestra Cultura han sido desprestigiar a Rosas y al caudillismo y en segundo lugar, justificar la causa de los emigrados argentinos.
Y con la intención de desbaratar los fines de la misión que traía a Chile el enviado de Rosas, Baldomero García. Rosas, jefe de bandolerosos y rotosos criminales, grita don Domingo en el "Anuncio de la ‘Vida de Quiroga’ de "El Progreso", 1-5-1845, tiene como único objeto de su administración reclutar soldados y preparar balas y armas para matar a los que piensan.
"Para santificar nuestra causa, publico los apuntes adjuntos. Llamo a quien quiera a poner en duda la verdad fundamental de su contenido".
Pedro de Angelis (1784-1859), historiador, periodista y bibliografo (napolitano, radicado en nuestro país a partir de 1827), cortesano de Rosas, al mostrar cautelosamente a los Guido y Spano el volumen, exclamaba: "Esto se mueve, es la pampa, el pasto hace ondas, agitado por el aire, se siente el olor de las hierbas amargas...!".-
Presente y Porvenir.. íd. Ciudadela. íd. Chacón. Guerra social. La Tablada. Sociabilidad. Córdoba . Buenos Aires. : La Rioja. El comandante de campaña.
. , Salustio ("De Bello Jugurta", el Sahara, el caudillo númida), y se anticipa a la teoría determinista de Taine (influjo de la conformación topográfica del suelo, al que décadas después, en su "Conflictos..." agregará el tópico sociológico de la Raza) y al "método natural", de la "biografía espiritual" célebremente ejercido por Sainte Beuve.