"CAMPAÑA EN EL EJÉRCITO GRANDE" DE SARMIENTO.-
Por Guillermo R, Gagliardi.
1.- El Boletinero y su imprenta.
Esta importante obra de Sarmiento, fue publicada en 1852 e integra el tomo XIV de sus incompletas "Obras Completas".
El juicio certero de Leopoldo Lugones (en su "Historia de Sarmiento" editada en el homenaje al Centenario de su nacimiento, en 1911) lo calificó como uno de sus más notables libros.
Cristalizó el resultado de su labor como Boletinero ("relator de campaña") en el Ejército Grande Aliado de Sud América. Su grado militar al escribirla era el de Teniente Coronel: "kepi con plumas, levita entallada, botas brillantes, espada luciente, tienda de campaña, silla inglesa con pistoleras, cantimplora, navaja, lanceta, eslabón de sacar fuego" describe Ricardo Rojas la vestimenta usada (en su "El Profeta de la Pampa", 1945).
Allí, bajo el fragor de la batalla, se van publicando boletines tras boletines, mediante una rústica imprenta, mastodóntica, y varios ayudantes extranjeros.
Nos informa sobre el memorable combate de Caseros, en que Justo José de Urquiza (1801-1870) derrota a las fuerzas de Rosas, a quien formalmente prepárase para derrocarlo, desde su Pronunciamiento del l° de mayo de 1851: "la batalla se inició sin guerrillas y por un fuego de artillería de poco efecto, desde que las baterías estuvieron al alcance". Ocurrió la lucha durante 6 horas, en el actual terreno del Colegio Militar de la Nación, que fundara el sanjuanino. Rosas (1793-1877) huyó herido al exilio en Gran Bretaña, hasta su muerte en Southampton.
Este es el comienzo del relato, que se encuentra detallado en el Boletín n° 26, "novela muy interesante que tuvimos el honor de componer entre Mitre y yo, con algunos detalles que a su tiempo vendrán".
2.- El ejército argentino.
Anteriormente, con respecto a las tropas de Juan Manuel de Rosas (con más de 40.000 efectivos, comandadas por Jerónimo Costa, Martiniano Chilavert, e Hilario Lagos), su rusticidad, obsecuencia y servidumbre degradante al déspota desconsiderado, había escrito, en tono trágico, que "carecieron diez años del abrigo de un techo, y nunca murmuraron. Comieron sólo carne asada en escaso fuego, y nunca murmuraron. La pasión del amor, poderosa e indomable en el hombre como en el bruto, pues que ella perpetúa la sociedad, estuvo comprimida diez años, y nunca murmuraron. La pasión de adquirir, como la de elevarse, no fue satisfecha en soldados ni oficiales subalternos por el saqueo, ni entretenida por un salario que llenase las más reducidas necesidades, y nunca murmuraron...
Matar y morir, he aquí la única facultad despierta en esta inmensa familia de bayonetas y regimientos, y sus miembros, separados por causas que ignoraban, del hombre que los tenía condenados a este oficio mortífero, y a esta abnegación sin premio, sin elevación, sin término, tenían por él, por Rosas, una afección profunda, una veneración que disimulaban apenas".
Y describe descarnadamente, con crudo realismo, el estado miserable y de ignorancia e incuria de las tropas rosistas, enfatizando, naturalísticamente, con la repetición de verbos y adjetivos descalificadores.
3.- Panegírico del Río.
Manifiesta su gran admiración por los ríos del país: "en el Rhin, en el Mississip´, en el Sena o en el San Lorenzo" no vio ni buscó "sino la imagen, los rivales del Uruguay o del Paraná".
En el capítulo sobre Gualeguaychú, nara su particular entrevista con el Caudillo entrerriano, y se explaya sobre la belleza de nuestros ríos, que fueron su "sueño dorado": "la alucinación de mis cavilaciones, la utopía de mis sistemas políticos, la panacea de nuestros males, el tema de mis lucubraciones, y, si hubiera sabido medir versos, el asunto de un poema eterno".
Alude específicamente a las posibilidades de comercio, industria, navegación, intercambio entre pueblos y países, circulación, lo que se convertirá en uno de sus Mandamientos de la Civilización Sudamericana, y en su texto hermoso "Poema del Agua Dulce".
Entusiasta, exaltado ante tanta belleza y posibilidades de adelanto y progreso para estas naciones, exclama sobre el Río de la Plata: "¡tan ancho, tan majestuoso!", el Uruguay, el Negro...
4.- Mitología y literatura.
Sentidor extraordinario de nuestros paisajes, compara a la provincia de Entre Ríos, en nuestro rico Litoral, con la Isla de Calipso, "adonde mi espíritu volaba de todas partes en busca de una patria definitiva para acabar mis oscuros días".
Nuevamente las reminiscencias mitológicas clásicas y de la Literatura de la Antigüedad engalanan la procérica escritura sarmientina.
‘Kalypto’ es término griego equivalente a encerrado, oculto, pues ese pobre islote en el estrecho de Gibraltar aloja a la ninfa Calypso, quien según la mitología en el texto de Homero, "La Odisea" (siglo VIII a. C., cantos XII y XIII)), acoge y cuida a Ulises (nombre latino, en griego "Odiseo", astuto). Zeus envía a Hermes, por sugerencia de Atenea, su protectora, para que Ulises abandone los placeres de esa isla y regrese al hogar de la amorosa Penélope y de Telémaco, su hijo, en el reino de Ítaca..
Esta Calypso literaria es la isla actual de Perejil, llamada así por la abundancia de dicha gustosa planta, véase texto de Miguel de Unamuno, "España. Perejil y la isla de Calipso", en "Alrededor del mundo", 27-6-1902; reprod. en "ABC.es", digital).
En el Boletín n° 3 describe en forma admirable el pasaje del Paraná por parte de las tropas entrerrianas: "el pasaje de un gran río por un grande ejército", que califica, sensible a la grandiosidad y magnificencia de la wagneriana escena, como una de las más grandiosas representaciones del mundo.
Invoca al lector a la manera de Víctor Hugo, exclamando extasiado: "¡Oh!. Cuando las vicisitudes de la vida os opriman, lector, buscad el espectáculo de las cosas que son superiores a las vicisitudes humanas; el curso de los grandes ríos, las costas del mar, el perfil de las montañas...".
Finalmente, una de sus mayores satisfacciones fue la de redactar él mismo, como Boletinero del ejército de Urquiza ( compuesto por más de 20.000 combatientes, de Brasil, Uruguay y Argentina -entrerrianos y correntinos-) el parte del Triunfo de Caseros, del 3 de Febrero de 1852, en el escritorio y la misma pluma que había sido propiedad del Tirano, al que tanto combatió con su pluma mordaz y apasionada.
Puede consultarse "El mar y los ríos en la vida de S." J. A. Craviotto (en "Humanidades", t. 37, Univ. Nac. La Plata, 1961) – Edición crítica y prologada de "Campaña..." de S., por T. Halperin Donghi (1959 y 1988 por Fondo de Cultura Económica, y 1991 por la Univ. Nac. de Quilmes) y su Bibliografía en "BibliotecaSarmiento.org", sitio de M. Meglioli - "Notas sobre el río en la literatura argentina I" por Inés de Mendonca (en "el interpretador", n° 33, mayo 2008, v. digital), etc.