jueves, 02 de octubre de 2008

LEYENDO “LOS DESFALLECIMIENTOS Y LOS DESVÍOS” DE SARMIENTO.-

 

 

 

                                                por  Guillermo R. Gagliardi.-

 

 

 

Este libro corresponde al tomo XL de las “Obras Completas” de Sarmiento.

 

En su escrito “Las revoluciones despóticas”, publicado en “El Nacional” del 4-1-1878 afirma el autor que es “Erróneo decir que la cuarta Presidencia y para Buenos Aires la tercera, fuese despótica, como se insinúa, aunque hubiese en ella los defectos inevitables en todo gobierno. Hubo libertad para sus opositores, hasta la licencia, y tanta, que en la prensa, en los clubs, en las Cámaras, en los comicios, en los corrillos, se anunció, se preparó y se proclamó la revolución”.  Defiende su gobierno y la libertad y democracia que pudo  tolerar (1868-1874).

 

Sobre el Diario “El Nacional”, escenario de sus campañas  esforzadas por la verdad y la justicia en las instituciones,  señala que el mismo ha sido “un órgano exclusivamente nacional” en que prevalecieron consecuentemente los “intereses generales de la República” por sobre  las “preocupaciones locales”.

La presidencia sarmientina experimentó un auge  de la prensa, con la circulación de casi 150 periódicos, entre ellos “La Prensa”, “La Nación”, “La Tribuna”, “El siglo”, “El Mosquito”, “El pueblo argentino” y “El Nacional”, dirigido por Vélez Sàrsfield y en el que escribía don Domingo, y que mucho antes había dirigido también. Argentina ocupaba el 4º lugar en el Mundo por la circulación de sus diarios. Esta prensa, efectivamente tenía prerrogativas excepcionales, liberalidad y mordacidad, sátira y ataques a granel.

 

Continúa defendiéndose, ahora con respecto a su imposición del Dr. Nicolás  Avellaneda (1837-1885), fino escritor, abogado y político,  para la Presidencia (1874-1880), sucediéndole en el Ejecutivo: “La elección el Presidente Avellaneda reunió los votos de una gran mayoría de ciudadanos, sin que el Presidente saliente hubiese dirigido una carta a persona alguna en toda la República, ni creado en las Provincias Gobernadores electores, ni permitido a ningún jefe del ejército que tomase parte en las elecciones”.

 

Construye un diagnóstico de la situación político-moral del país, en un artículo del 8-2-1879, de permanente actualidad y vigencia, preciso, ético, descarnado.

 Utiliza su prosa como látigo según la definió en “Las ciento y una”, para fiscalizar, des-cubrir y castigar: “Al leer nuestros diarios en sus horas de frenesí liberal y ver en ellos con pretensiones de fotografía, un cuadro de maldades, de crímenes, de traiciones y de engaños, en que se mueven Presidentes, Ministros, Gobernadores, Legislaturas y hombres públicos, todos al parecer cortados por el mismo padrón; a saber: malvados, ignorantes, locos, asesinos, falsarios; y esto no de hoy, sino de sesenta años ha sin que ningún nombre público vaya al extranjero,  a la posteridad, sino envuelto en este sambenito de infamia, siéntese cómo el nombre argentino, el carácter argentino y la moral argentina, vánse haciendo la hablilla popular de todos los pueblos, y que merced a nuestro propio afán, una vez arraigada esta preocupación se dirá sórdido como un judío, falso, como un griego, sanguinario, inmoral, como un argentino”.

 

“El lenguaje de nuestra prensa, en estas épocas de combate, desciende muy abajo, y en tratándose de elecciones, se usa el que no se tendría en cuevas de ladrones”.

 

 

Fija las condiciones del auténtico político, las suyas, por supuesto, la visión larga, la sensibilidad e inteligencia alertas: “Para ser político en países que están obligados a transformarse, para acabar de dejar de ser colonias hispano americanas, es preciso tender la vista más lejos, y con el teléfono de Edison, oír las voces que llegan desde la distancia”. (en “El Nacional”, 10-2-1879).

 

A través de las citas anteriores observamos que  va configurando la entidad del Político hispanoamericano,  enuncia una Teoría del Estadista Republicano: “un hombre de Estado en esta América tiene entre manos la arcilla de que han  de construirse las naciones”.

 

Hacedor y Demiurgo, hercúleo en su concepción teórica, lógica y sólida en fines y medios de realización,  y en su brazo obrante`sin desfallecimientos ni desvíos, un Sísifo de la Democracia representativa.

 

Ha de ser eminentemente legalista y ético quien dirija los destinos de una nación americana moderna. “En la Constitución, en las leyes, en el Derecho, en la práctica de los gobiernos libres, en la opinión pública, en la prensa, hemos de encontrar seguros medios, aunque no siempre triunfantes, de remediar los males que nos aquejan”..

 

Concluye: “Nuestros gobiernos son necesariamente imperfectos, y a veces detestables, a causa de que los pueblos que gobiernan, están mal preparados para la complicada existencia de la vida en los pueblos libres”.

 

“Razones son éstas –reflexiona ajustadamente- que no deben disimularse, porque están a la vista de todos; pero la apelación a las armas, el trastorno brusco por la violencia, a más de los males que trae consigo, tiene el inconveniente de alejar más y más al pueblo de la práctica regular de las instituciones libres, dando al que vence el derecho de arreglarlo todo a su paladar, quitando a los vencidos hasta el derecho de quejarse”. Siempre la enseñanza,  la siembra moral en la literatura sarmientina, la visión de futuro, la noción de la Democracia estable y pacífica como desideratum...

 

 


Publicado por Desconocido @ 20:45
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