domingo, 05 de octubre de 2008

                                    Los  “Viajes”  De  sarmiento.-

 

 

                                                            Por  Guillermo R. Gagliardi.-

 

 

 

Es esta obra una colección de cartas enviadas a sus amigos, publicada en 1849 y que compone el tomo V de sus Obras Completas: “Viajes por Europa, África y América”.

 

La correspondencia es dirigida a David Peña, Vicente Fidel López, Miguel Piñero, Carlos Tejedor, Juan María Gutiérrez, Manuel Montt y  Antonio Aberastain.

 

Un año antes escríbe a su hermana Bienvenida: “mis viajes han de publicarse pronto, y cuento con un éxito completo” (set. 30 de 1848). ..

 

Relato y  descripcuón  de sus viajes, perfil   de paisajes, aguda observación, fluida exposición de noticias históricas y filosóficas, discusión de  ideas políticas y teorías estéticas y económicas: todo esto cabe en su proteico libro.

 

Miscelánea de observaciones, reminiscencias  vitales, diálogos, incidentes de viaje. El motivo: “ver por mis propios ojos, y palpar... el estado de la enseñanza primaria, en las naciones que han hecho de ella un ramo de la administración pública”.

 

Quedó asombrado de las portentosas fábricas “que son el orgullo y el blasón de la inteligencia humana”. Prefirió la estructura epistolar, pues la carta, “género  literario tan dúctil y elástico... se presta a todas las formas y admite todos los asuntos”. Como  el ‘ondulante y diverso’  ensayo, como Montaigne.

 

El resultado: “he sentido agrandarse y asumir el carácter de una convicción invencible, persistente, la idea de que vamos en América en mal camino, y de que hay causas profundas, tradicionales, que es preciso romper, si no queremos dejarnos arrastrar a la descomposición , a la nada, y me atrevo a decir, a la barbarie”.

 

El viaje de Valparaíso a Montevideo ha ocurrido sin novedades. “sucesión de días sin emociones”.  Goza sí del placer de  contemplar el Mar, extasiado y sereno,  “permaneciendo horas enteras, inmòvil, los ojos fijos en un punto, sin mirar, sin pensar, sin sentir, especie de embrutecimiento y paralización de todas las facultades, y sin embargo lleno de atractivo y delicia”.

 

Narra con evidente maestría su llegada a la Isla Mas-.a-Fuera, con su paisaje salvaje, abrupto, la cabaña en que pasaron la noche con  cuatro hombres que solitarios, residían en la isla. Esta primera carta está dirigida a Demetrio Peña, Montevideo, diciembre 14 de 1845.

 

Basándose en datos de estadísticas, ve la situación socio-económica de la ciudad sitiada. Describe y cuenta los horrores, degüellos, el terror por todas partes y  contrastando con ello , la labor literaria de los proscriptos.

 

“En medio de este caos de intereses, respirando la atmósfera cargada de humo, y encerrados en un horizonte que a cada punto tiene aparejadas tormentas que de una hora a otra pueden descargar sobre sus cabezas, las musas argentinas cualquiera que sea la ribera donde les sea permitido entregarse a sus sueños, lo divinizan todo hasta la desesperación y el desencanto”.

“¡Yo os disculpo poetas argentinos! Vuestras endechas protestarán por mucho tiempo contra la suerte de vuestra patria...; contad sílabas mientras los recién venidos cuentan los patacones: pintad las bellezas del río que otros navegan...Qué de riquezazas de inteligencia y cuánta fecundidad de imaginación perdidas!”

 

Nombra a algunos de nuestros poetas y exalta la literatura criolla incipiente: Florencio Varela (“el eco de la razón pública en estas aguas, el último Mohicano de la raza pura de los constitucionales&rdquoGuiño, Hilario Ascasubi, Bartolomé Hidalgo, Esteban Echeverría.

“A mí me retozan las fibras cuando leo las inmortales pláticas de “Chano el cantor”, que andan por aquí en boca de todos. Echeverría describiendo las escenas de la Pampa; Hidalgo imitando el llano lenguaje, lleno de imágenes campestres del Cantor: ¡qué diablos!, por qué no he de decirlo, yo, intentando describir en Quiroga la vida, los instintos del pastor argentino...; he aquí los comienzos de aquella literatura fantástica, homérica...”.

 

Critica algunos fragmentos de “Chano”. Pero sobre todo le interesa Echeverría (1805-1851),  “manso varón, como es poeta ardiente y apasionado”. Alaba a “La Cautiva” (editada  en sus “Rimas”, 1837) y a las preocupaciones sobre sociedad  y educación primaria (“Dogma Socialista” y “Manual de enseñanza moral para las escuelas primarias”, ambos de 1846). El escritor de “Los Talas” residió en la “Nueva Troya” desde 1840 hasta su muerte.

“Alma elevadísima, por la contemplación de la naturaleza y la refracción de lo bello”, “es el poeta de la desesperación, el grito de la inteligencia pisoteada por los caballos de la pampa...¡Pobre Echeverría! Enfermo de espíritu y de cuerpo, trabajado por una imaginación de fuego...He aquí al verdadero poeta traduciendo sílaba por sílaba su país, su época, sus ideas”.

 

“Después de Echeverría he gozado de la frecuencia de Mitre, porta por vocación gaucho de la pampa por castigo impuesto a sus instintos intelectuales.., espíritu fácil, carácter siempre mesurado, y excelente amigo...”.

 

Esta sustancial carta, con juicios tan agudos, está dirigida a Vicente Fidel López, fechada en Montevideo, enero 25 de 1846.

 

La tercera carta, Río de Janeiro, , febrero 20 de 1846, está dirigida a M. Piñero. Elabora una sintética apología de esta Heliópolis sudamericana. “Me pone miedo el sol aquí”. “Es un tirano sobre cuya faz no es uno osado de echar  una mirada furtiva; sus rayos se sienten presentes a toda hora, agudos como flechas, penetrantes como lluvia de agujas. Después de veinte días de residencia en esta ciudad permanezco inmóvil, los brazos tendidos, las fibras sin elasticidad, agobiado bajo su influencia letárgica”. “Bajo los trópicos la naturaleza vive en orgías perenne. La vida bulle por todas partes...”..

 

Refiérese a la relajación social, los horrores de la esclavitud. Advierte en el ‘mulato’, un sentimiento exquisito del arte, que lo hace instintivamente músico. La belleza natural lo asombra, esa naturaleza siempre de gala, siempre brillante y recargada de perfumes y de flores, le producen “sensaciones de placer”, “un inefable deleite”.

 

Y se pregunta, sensitivo finísimo,  si la música proviene del sol, como los colores, ya que brilla en Italia y disminuye en armonías hacia el norte. “Hay en la naturaleza tropical melodías inapercibibles para nuestros oídos”.

 

Trata en Brasil a Rivera, Mármol. “Una joya,...el joven poeta que preludia su lira, cuando no hay oídos sino rejas en su patria, para escucharlo. Es éste el poeta de la maldición”. “El Peregrino... es el raudal de poesía más brillante de pedrería que hasta hoy ha producido la América”. Hace una  evaluación inteligente de la obra poética romántica de José Mármol (1818-1871) “exuberancia de vida, una imaginación que desborda...; pensamiento altísimo...; bellezas de detalle”. “Me ha dejado atónito, espantado Mármol con la lectura de su poema”.

 

El alemán Mauricio Rugendas (1802-1858), pintor y dibujante que residió en Chile de 1834 a 1842, “historiador más bien que paisajista, sus cuadros son documentos”. Observa y describe las características de sus pinturas campestres, señalando los contrastes de matices y de caracteres, la plasticidad de las expresiones corporales representadas.

 

En general encontró a Europa sumida en la ignorancia y en una gran miseria material y espiritual.  “¡Eh!, la Europa!, triste mezcla de grandeza y de abyección de saber y de embrutecimiento a la vez, sublime y sucio receptáculo de todo lo que al hombre eleva o le tiene degradado, reyes y lacayos, monumentos y lazaretos, opulencia y vida salvaje!” .

 

“Traíame triste y desencantado hasta entrar en Suiza el repugnante espectáculo de la miseria y atraso de la gran mayoría de las naciones. En España había visto en ambas Castillas y la Mancha, un pueblo feroz, andrajoso y endurecido en la ignorancia y la ociosidad; los árabes en África, me habrían tornado fanático hasta el exterminio y los italianos en Nápoles mostrádome el último grado a que puede descender la dignidad humana bajo cero” Pero Suiza lo embelesa como maravilloso pueblo, “humilde y pobre”.

 

La cuarta correspondencia, de Ruan, fechada en mayo 9 de 1846, dirigida a Tejedor. Anoticia al mismo sobre las ideas sociales de Charles Fourier. La quinta carta, de Paris, dirigida a su comprovinciano Aberastain, fechada en setiembre 4 de 1846. También en ésta como en la segunda, escribe sobre Florencio Varela (1807-1848, residió en Montevideo del ’28 al ’40, volvió para continuar con su prédica anti-rosista publicando en 1845 su “El Comercio del Plata”, finísimo escritor e historiador), “no el hombre más instruido que tiene hoy la República Argentina, sino la naturaleza más culta, el alma más depurada de todos los resabios americanos”.

 

Narra con animación una sesión en la Cámara.  En Paris hace una histórica visita al Gral. José de San Martín: “He pasado con él momentos sublimes que quedarán para siempre grabados en mi espíritu...Sus ojos pequeños y nublados ya por la vejez se han abierto un momento y mostrádome aquellos ojos deominantes, luminosos, de que hablan todos los que le conocieron, su espalda, encorvada por los años, se había enderezado, avanzando el pecho rígido como el de los soldados de línea de aquel tiempo, su cabeza se había echado hacia atrás, sus movimientos rápidos, decisivos, semejaban el del brioso corcel que sacude su ensortijada crin, tasca el freno y estropea la tierra. Entonces la reducida habitación en que estábamos se había dilatado convirtiéndose en país, en nación; los españoles estaban allá,  el cuartel general aquí, tal ciudad acullá; tal hacienda, testigo de una escena, mostraba sus galpones, sus caseríos y arboledas en derredor de nosotros...¡Ilusión! Un momento después toda aquella fantasmagoría había desaparecido; San Martín era hombre y viejo, con debilidades terrenales, con enfermedades del espíritu adquiridas en la vejez; habíamos vuelto a la época presente y nombrado a Rosas y su sistema...; aquella inteligencia tan clara en otro tiempo, declina ahora; aquellos ojos tan penetrantes que de una mirada forjaban una página de la historia estaban turbios y allá en la lejana tierra veían fantasmas de ‘extranjeros’ y todas sus ideas se confundían, los españoles y  las potencias europeas, la patria, aquella patria antigua, y Rosas, la independencia y la restauración de la colonia”.  Dinámico retrato del militar prócer ya anciano, con inmortales pinceladas, clásica factura  de un gran escritor.

 

En 1846 llega a España, allí recorre Madrid, Córdoba, La Mancha y Barcelona. Escribe una sexta carta, de Madrid, dirigida a su amigo chileno Victorino Lastarria, fechada en noviembre 15 .

 

Enjuicia a España toda, por su atraso y por sus tradiciones. “El aspecto físico de la España trae ... a la fantasía la idea del África o de las planicies asiáticas. La Castilla vieja es todavía una pradera inmensa, en la que pacen numerosos rebaños de ovejas.... La aldea miserable que el ojo del viajero encuentra se muestra a lo lejos terrosa y triste; árbol alguno abriga bajo su sombra aquellas murallas medio destruidas, y en torno de las habitaciones, la flor más indiferente no alza su tallo, para amenizar con sus colores escogidos la vista desapacible que ofrecen llanuras descoloridas, arbustillos espinosos, encinas enanas, y en lontananza montañas descarnadas y perfiles adustos”.

Paisaje de belleza entre azoriniano por el detallismo y la inmovilidad del cuadro, y asimismo, de trazo machadiano, en su aridez y color amarillento.

 

Narra luego una excursión nocturna al monumento del Cid y otros . “Yo no recuerdo excursión alguna que me haya llenado como la de aquella noche, de más vivas emociones”. Se detiene además en el reconocimiento de la particular vestimenta española, y de algunos personajes típicos, con prosa galdosiana, mesurada, lenta: el ciego, el mendigo... “Por sus costumbres  y su espíritu, el pueblo español es el pueblo más romano que existe hoy día. Todos sus males le vienen de ahí: enemigo del trabajo, guerrero, heroico, tenaz, sobrio y apasionado por los espectáculos, todavía pide ‘panem et circenses’, para vivir feliz en medio de su caída”.

La corrida de toros, evocada con vivacidad de estilo, acción y colorido: “Cuando la arena está cubierta de caballos destripados, cuando la sangre hace fango sobre el suelo, entonces el pueblo de todas clases y sexos no puede contener su entusiasmo, se pone de pie, para aplaudir a los vencedores, ya sean toros u hombres, para ver hundirse la espada del matador en el corazón del toro furioso, para sorprender el último gemido de la víctima y deleitarse con su agonía. La noche halla a los espectadores agitándose sobre los bancos y pidiendo a voces nuevas carnicerías y nuevos combates. ¡Id, pues, a hablar a estos hombres de caminos de hierro, de industrias o de debates constitucionales!”.

“He visto los toros y sentido todo su sublime atractivo. Espectáculo bárbaro, terrible, sanguinario, y sin embargo lleno de seducción y de estímulo. “. 

 

Desestima al Escorial,, al Museo de Pintura de Madrid, “uno de los más ricos y desiertos de la Europa”.

“Ninguna industria se ha introducido en tres siglos, salvo la fabricación de malísimas pajuelas fosfóricas. No hay marina nacional. No hay caminos, sino dos grandes vías... No hay  educación popular...La venta tal como la describe Don Quijote, existe inmaculada de toda mejora...El odio a los extranjeros hoy es el mismo que expulsó a los judíos y a los árabes...Opino porque se colonice la España...”.

 

Cuando llega a Barcelona, importante centro industrial español, declara con algo de intención satírica: “Estoy por fin fuera de España... El aspecto de la ciudad es enteramente europeo. La población activa, industrial por instinto y fabricante por conveniencia”. “Aquí hay ómnibus, gas, vapor, seguros, tejidos, imprenta, humo y ruido; hay, pues, un pueblo europeo”.

 

A este anti-hispanismo  sarmientino, sucederá al fin de sus años  una comprensión de nuestra esencia hispánica, de nuestra raigal tradición española en América: “Ayudémosla a levantarse sus hijos de América”, instará convencido.

 

Entre abril y mayo de 1847 se encuentra en Italia. En la séptima carta, dirigida a su tío el Obispo de Cuyo, abril 6 de 1847. Recorre la ciudad, alaba el fastuoso carnaval y demás bellezas artísticas.  hace una histórica visita al Sumo Pontífice Pío IX.

 

“La Italia es desde la Romania hasta la Lombardía un jardín delicioso. Los Apeninos van desapareciendo poco a poco, y dejando ver un país inmenso, una llanura sin límites, sembrada de ciudades, de villas y cubierta de árboles y verdura.” “¿Por qué la Pampa no ha de ser, en lugar de un yermo, un jardín como las llanuras de Lombardía? ¿Por qué?: Porque el pueblo de Buenos Aires, con todas sus ventajas, es el más bárbaro que existe en América, pastores rudos, a la manera de los Calmucos, no han tomado aún posesión de la tierra; en la Pampa hay que completar por el arte la obra de Dios”..

 

Compara la Semana Santa romana con la sanjuanina. Aquélla, grandiosa y solemne, pero de ninguna profundidad religiosa según aprecia.

Junto con digresiones históricas y trascripciones documentales,  escribe su impresión sobre el agro romano, que “es un yermo desierto, cenagoso, estéril y enfermizo”.

También  ensaya una breve autobiografía. “Era mi cabeza desde pequeñuelo, allá en nuestra remota y poco erudita provincia, un cajón de sastre lleno de retazos de historia, viajes, vidas de santos, cuentos de brujas y aparecidos;... a la edad de cuatro años me había labrado la reputación del lector más petulante y gritón que se había hasta entonces visto. Las truncas nociones que, sin proponérmelo, adquiría con la frecuencia de leer, vagaban largo tiempo en mi espíritu...”.

 

Sobre su entrevista Pontificia: “No bien hube terminado mis reverencias, -“Señor Sarmiento, me dijo con bondad y en buen español, de qué punto de la América del Sur es Ud. – De San Juan, en la República Argentina, Santo Padre. – Ya estoy; San Juan de Cuyo, al Norte de Mendoza, como tres o cuatro días de camino, -Dos cuando más –Sí (sonriéndose), pero ustedes viven a caballo, y corren en lugar de caminar. Yo he andado por esos países y conozco a Mendoza, Buenos Aires, Chile... –Lo sabemos, Santo Padre, y los pueblos de América, que tuvieron la felicidad de hospedarle, habrán recibido con entusiasmo la noticia de la exaltación de Su Santidad al  Sumo Pontificado. Es el primer Soberano Pontífice que haya visitado la América. –Sí, es verdad... Dígame usted...¿Rivadavia?...¿El General Pinto? ¿Qué es de ellos?. Su voz tomó repentinamente un acento grave al hacer estas preguntas, cuya solución le interesaba tanto más cuanto que yo era el primer americano con quien hablaba después de su exaltación. –El primero ha muerto  no ha mucho, le contesté, en Cádiz, desterrado y en la miseria, su administración cayó en 1827 a causa de la resistencia que suscitaron sus reformas políticas y religiosas, y sus partidarios han sido expulsados o exterminados -¡Oh!, exclamó con un acento profundo de disgusto, al parecer mezclado de compasión y horror. –El segundo, continué, por causas análogas dejó el gobierno en 1830, y más feliz que Rivadavia, pudo retirarse a la vida privada, donde permanece respetado y tranquilo...”.

 

La próxima  Carta está dirigida a Gutiérrez, desde Milán en mayo 6 de 1847.

“¡Qué miseria y qué abandono! ¿Por qué no trabaja este pueblo? Por qué sus habitaciones son tan ruines, tan descuidada la cultura, y tan desaliñados los vestidos de los habitantes?”.

“Los paisanos de Toscana revelan a la simple vista el contento, cierta cultura de modales y de espíritu; y lo que los semblantes no dijeran, diríalo el vestido aseado, las casillas de campo graciosas y la cultura de la morera...”.

Diagnostica semióticamente, precursor siempre, de acuerdo a signos materiales (vestimenta, casas) y sociales (saludo, modales, lengua) la civilización, el estado cultural de los pueblos.

 

“Sabe Ud. que no he cruzado la pampa hasta Buenos Aires, habiendo obtenido la descripción de ella de los arrieros sanjuaninos que la atraviesan todos los años, de los poetas como Echeverría, y de los militares de la guerra civil”. Quiérola sin embargo, y la miro como cosa mía. Imaginómela yerma en el invierno, calva y polvorosa, interrumpida su desnudez por  bandas de cardales y de viznagas...”.

 

 La anteúltima carta, dirigida a Valentín Alsina,  desde EstadosUnidos, noviembre 12 de 1847.

Sale de Europa: “triste, pensativo, complacido y abismado; la mitad de mis ilusiones rotas o ajadas”. A pesar de ello, dibuja  una prosa optimista, entusiasta. Aspecto general del país, terreno, ciudades, vías de comunicación. Las casas, todos los instrumentos de la Civilización al alcance de la mayoría. Es su Sueño de político americano, su utopía su “ciervo  dorado”.

 

“Usan los yanquis, en masa, cocinas económicas, arado Durand y coche. Habitan casas cómodas, aseadas. El jornalero gana un duro al día. Tienen caminos de hierro, canales artificiales y ríos navegables, en mayor número y recorriendo mayores distancias que toda la Europa Junta. Rl único  pueblo del mundo que lee en masa..., la educación como el bienestar están por toas partes difundidos y al alcance de los que quieran obtenerlo.”.

 

Observaciones sobre las costumbres del norteamericano. Dentro de la moral, diagnostica  en ellos avaricia y mala fe, “fruto ingrato de la libertad y la democracia”. Considera a la viabilidad como el instrumento y base de la prosperidad de los Estados Unidos. Predomina en ese pueblo, la igualdad, el sentimiento religioso, “depurado e las formas exteriores”: y la Asociación, “es el alma y la base de toda la existencia nacional e individual de aquel pueblo”.

 

“Dos cosas me habían hecho desear inspeccionar personalmente los Estados Unidos. La colonización y la práctica del sistema electoral, el modo de poblar el desierto, y la manera de proveer al gobierno de la sociedad”.

 

“El santuario de mi peregrinación era Boston, la reina de las escuelas de enseñanza primaria”, paraíso del maestro. Admira las cataratas del Niágara, que le causan “sólo sensaciones de terror, admiración”.

 

“El principal objeto de mi viaje era ver a Mr. H. Mann, el gran reformador de la educación primaria”.

 

Según Miguel Cané: “Declaro que no conozco  en prosa castellana ni aún en los grandes modelos del género páginas comparables a algunas de Sarmiento en sus viajes”.

 

En 1866 le manifiesta a Mitre, desde Lago Oscawana, New York: “Veo que en Buenos Aires están leyendo recién mis ‘Viajes’ de 1847, y que yo releo ahora, y me enorgullezco de haberlos escrito. Hasta la hora del apogeo norteamericano pude señalar entonces, veinte años ¡ con previsión astronómica!. Esto resarce con usura de muchos desencantos, en la difícil tarea de aleccionar pueblos mal educados” (“Correspondencia S.-Mitre”, 1911, p. 365).

 

 

Ezequiel Martínez Estrada ha escrito en su  imprescindible “Sarmiento” (1947) que “El afán de viajar corresponde a la inquietud espiritual y forma parte de un tipo humano inquieto por múltiples tribulaciones, descontento y anhelante de nuevas aventuras”. “Todo en torno lo mortificaba, porque sus desajustes mentales y morales con las formas rígidas e hirientes de la realidad lo excoriaban en las zonas de fricción, las más sensibles... Nada mejor para el profeta que la tierra extranjera”.

 

Ese profeta anheloso de conocimiento, reformador osado, descontento de la realidad y  ambicioso de benéfica acción política, ese maestro, fue don Domingo. Y sus “Viajes” constituyen la Biblia de su revelación y  su aprendizaje mayor.


Publicado por Desconocido @ 8:35
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