jueves, 09 de octubre de 2008

LOS DÍAS DEL MAESTRO. BIOGRAFÍA SARMIENTINA.

Parte II.-

 

 

Por Guillermo R. Gagliardi.-

 

 

 

     

  • En noviembre de 1840 huye a Chile: "A fines del año 1840 salía de mi patria desterrado por lástima, estropeado, lleno de cardenales, puntazos y golpes recibidos el día anterior en una de esas bacanales sangrientas de soldadesca y mazorqueros. Al pasar por los Baños del Zonda, bajo las armas de la Patria que en días más alegres había pintado en una sala, escribí con carbón estas palabras: ‘On ne tue point les ideés’" ("¡Bárbaros, las ideas no se matan!" es una de las traducciones de esta frase que S. atribuía a Fortoul, Groussac admitió que era de Volney y Paul Verdevoye, de Diderot).
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Sobre el lugar en que fueron escritas, existen varias opiniones: algunos sostienen que fueron escritas con carbón de leña al pasar por el camino (G. Guerra), otros, que lo escribió en su casa y, según el Informe de la Justa de Historia sanjuanina, primeramente dibujó un escudo de armas y debajo del mismo, citó las frases conocidas.

 

En Chile es dable de mencionar su labor periodística a través de las columnas de "El Mercurio" (de Valparaíso, perteneciente a Rivadeneyra y luego a los Sres. Sánchez y Tornero), "El Nacional" (redactado en colaboración con Miguel de la Barra, desde abril 1841), "El Progreso" (‘fiel a su título, fiel a sus doctrinas, fiel a los intereses de la libertad, se declaró desde su fundación el enemigo de los tiranos americanos&rsquoGuiño, "La Crónica", "Heraldo Argentino" (junto con V. F. López, de índole marcadamente antirrosista, escriben que "el suelo de nuestra república se ha cubierto de sangre"), bajo los seudónimos de "a tourist", "Pinganilla", "un teniente de artillería".

 

Refiriéndose al estilo literario sarmientino de esta época, Manuel Gálvez nos ha dejado anotado, con certeza que, a pesar de haber transcurrido tantos años, aún se lo lee con interés ya que su prosa periodística es "personalísima, rápida, colorida, sabrosa, jugosa, expresiva y por momentos castiza", pero "desmadejada y empedrada de defectos y galicismos" y concluye expresando el carácter "profundo y genial" de sus ideas en Periodismo: "se manifiesta artista, narrador habilísimo y humorista".

 

Allí uno de sus primeros artículos lo publica en "El Mercurio", refiriéndose a la conmemoración de Chacabuco, escribe, consagrándose escritor: "Si hubiéramos de buscar todos nuestros compañeros de armas en aquel glorioso día; si resucitadas las simpatías que entonces nos unieron, quisiésemos estrecharnos entre nuestros brazos, ¡cuántas desgracias nos contaríamos, cuántas heridas no sangrarían de nuevo, cuántas lágrimas no verteríamos, al ver nuestros destinos tan contrarios, cuán contados los felices, y tanto tan intolerables, tan despiadados!. ¡Deseo inútil, empero!. ¡Ilusión engañosa!. Toda la América está sembrada de los gloriosos campeones de Chacabuco. Unos han sucumbido en el cadalso; el destierro o el extrañamiento de la patria ha alejado a los otros ; la miseria envilece y degrada a muchos; el crimen ha manchado las bellas páginas de la historia de algunos; tal sale de su largo reposo y sucumbe por salvar la patria de un tirano horroroso; y cual otro, lucha casi sin fruto contra el colosal poder de un suspicaz déspota que ha jurado exterminio a todo soldado de la guerra de la independencia porque él no oyó nunca silbar las balas españolas, porque su nombre oscuro, su nombre de ayer no está asociado a los inmortales nombres de los que ilustraron en Chacabuco, Maipo, Tucumán, Callao, Talcahuano, Junín y Ayacucho. Felices, en extremo felices algunos, si gozando de la estimación de sus conciudadanos, desempeñan destinos honrosos o dirigen con acierto el timón del estado; felices en extremo, los que en el seno de sus familias llevan una vida oscura, pero sin alarmas; felices, mil veces felices, los que pueden volver sus miradas sobre lo pasado, sin desear ver borrado un día deshonroso de la historia de su vida...".

 

Chacabuco, 12 de febrero de 1817: en esa batalla los españoles perdieron 300 hombres y más del mismo número quedaron prisioneros, mientras que las tropas de San Martín, al mando de Soler y O’Higgins, tuvieron 12 muertos y 120 heridos. Subraya S. la significación del triunfo. Ya anciano, afirmará que había llamado la atención de los chilenos, debido a su "audaz estilo".

Según M. Rosenthal: el día en que el sanjuanino publicó ese exitoso artículo, "la cultura de América asistió al alumbramiento de un periodista. Tal vez el más pujante y avizor de cuantos se empinaron sobre las brumas telúricas de nuestro continente. Tal vez el más cíclope, tanto por la grandeza de su espíritu como por la riqueza de su prosa y la magnitud de sus ideales".

 

"Escuchemos -continúa S.- los juicios de esta generación ingrata que nos ha sucedido y extrañado como instrumentos gastados e inútiles, oídla en sus odios que no turba ya el temor de sus enemigos que nosotros destruimos, para que ella se folgare tranquila; oídla echarnos en cara nuestros desaciertos y los crímenes de algunos, como si debiéramos haber sido en todo superiores a la época en que nos tocó figurar; como si el régimen colonial en que fuimos criados y la ignorancia y la abyección de nuestros padres, nos hubiere dejado sólo virtudes; como si hubiere sido posible desarraigar el respeto servir a nuestros tiranos sin violencia; como si las pasiones pudieran ser tenidas siempre a raya; y como si las grandes revoluciones pudieran completarse sin sangre, sin extorsiones y aun sin crímenes".

 

Otros trabajos de esta época: "Costumbres yankis", "Las procesiones de Semana Santa", "La Dictadura de O’Higgins", "Espíritu de Asociación", "El celibato clerical", "Iglesia y Política", "Libertad de Cultos", "El Museo de Ambas Américas", "Los Mineros", "El exceso de clérigos", "El oro ¡Dios nos asista!", "Un viaje a Valparaíso", "Cartas de dos amigas" (Rosa y Emilia).

Algunos de ellos revelan gran devoción por el arte dramático: "El teatro como elemento de cultura", "Sobre Lanza y Casacuberta", "Cromwell", "El Mulato" (de Dumas), "Las obras de Larra", etc.

 

En "El Heraldo Argentino" (Santiago, 23-12-1842) se dirige a todos los compatriotas proscriptos para aconsejarles: "Perseveremos y no nos aletargue el sueño del destierro, ni nos desalienten las pasadas desgracias. Todavía hay ejércitos, todavía hay patria, todavía hemos de ver nuestros hogares, todavía hemos de reposarnos tranquilos en las fértiles llanuras del Plata!" (Obras completas", tomo V).

Menciona su propósito: "Reanimaremos el espíritu de los que pierden toda esperanza; avivaremos las creencias y convicciones de los que tienen fe en el porvenir de la América y de su patria".

 

En "El Progreso" (11-1-1843) nota que "Los editores del ‘Heraldo’ han creido de su deber suspender la publicación de que se habían encargado". Las causas son la derrota, en Arroyo Grande, de las fuerzas de resistencia a Rosas. El más descorazonado es S., el de más fuertes convicciones, y el que más ha bregado por ello en la pluma y los hechos. Ante el estado deplorable del país, desahuciado muy profundamente en su fe, dice que es preferible convertirse en chilenos, país de hombres libres. En Chile se goza de las bendiciones de la civilización, el respeto a la persona y el ejercicio libre de sus derechos, "la represión de sus abusos por medio de leyes y reglamentos y no por la bárbara y desenfrenada rabia de un mandón".

 

Otro destacado buceador del carácter americano, el escritor ecuatoriano Juan Montalvo (1832-1889), acérrimo enemigo de las tiranías, en la primera de sus "Catilinarias", contra el presidente del Ecuador, Gral. Veintemilla, declararía: "Tiranía es monstruo de cien brazos: alárgalos en todas direcciones y toma lo que quiere: hombres, ideas, cosas, todo lo devora. Devora ideas ese monstruo: se come hasta la imprenta, degüella o destierra filósofos, publicistas, filántropos: esto es comerse ideas y destruirlas. El tesoro nacional, suyo es; la hacienda de las personas particulares, suya es; la riqueza común, suya es; suyo lo superfluo del rico, suyo lo necesario del pobre".

 

Para el sanjuanino "Rosas es la Inquisición política de la antigua España personificada... Déspota cruel y enemigo de todo lo que es nacional, es decir bárbaro, español, todo lo ha destruido. Escribe a su madre, en forma categórica: "hay países en el mundo donde reina la fiebre amarilla, el vómito negro y otras enfermedades endémicas que diezman las familias. En el nuestro es endémico el degüello y es preciso resolverse a abandonar el país para siempre".

 

     

  • Mantiene varias polémicas con el gramático Andrés Bello: la primera, sobre la Lengua, la segunda, respecto al Romanticismo y otras, referidas a la Ortografía. Con ironía, Lucio V. Mansilla, en una de sus "Charlas" dejó expresado: "¿Y qué más prueba que recordar que pretendió reformar la ortografía española, como lo hubiera pretendido Bello, siendo así que no la conocía (y se murió sin conocerla), ni en sus orígenes ni en sus transformaciones modernas?. ¿Él mismo no decía que no sabía latín sino latines?. Y de los clásicos del Renacimiento y del apogeo de éste, y de los que le siguieron....¿qué sabía?".
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El crítico trasandino Eugenio Orrego Vicuña valora a Vicuña Mackenna, a Bello y a nuestro S., como los que "constituyen en verdad la culminación del pensamiento sudamericano. El futuro entraña la superación posible; lo actual marca el límite de lo que aquellos alcanzaron y conquistaron".

 

En la primera polémica Domingo afirmó admirablemente que "un idioma es la expresión de las ideas de un pueblo, y cuando un pueblo no vive de su propio pensamiento, cuando tiene que importar de ajenas fuentes el agua que ha de saciar su sed, entonces está condenado a recibirla con el limo y las arenas que arrastra en su curso; y mal han de intentar los de gusto delicado poner coladeras al torrente".

 

"Pero cambiad de estudios y en lugar de ocuparos de las formas, de la pureza de las palabras, de lo redondeado de las frases o de lo que Cervantes o Fray Luis de León,... adquirid ideas de donde quiera que vengan, nutrid vuestro espíritu con las manifestaciones del pensamiento de los grandes luminares de la época; y cuando sintáis que vuestro pensamiento a su vez se despierta, echad miradas observadoras sobre vuestra patria; sobre el pueblo, las costumbres, las instituciones, las necesidades actuales, y enseguida escribid con amor, con corazón, lo que os alcance, lo que se os antoje, que eso será bueno en el fondo, aunque la forma sea incorrecta; será apasionado, aunque a veces sea inexacto; agradará al lector aunque rabie Garcilaso; no se parecerá a lo de nadie, pero bueno o malo será vuestro, nadie os lo disputará!. Entonces habrá prosa, habrá poesía, habrá defectos, habrá belleza".

 

Se pronuncia a favor de Larra, "el Cervantes de la España Regenerada", y desecha el valor de las Academias, que como la Española, "momifican" el idioma de Cervantes sujetándolo a reglas y a la imitación de los "admirables modelos".

Los conceptos sarmientinos tienen base parcial, importante, en "Fígaro": "No queremos esa literatura reducida a las galas del decir, al de la rima, a entonar sonetos y odas de circunstancias; que concede todo a la expresión y nada a la idea: sino una literatura hija de la experiencia y de la historia, y faro por tanto del provenir, estudiosa, analizadora, filosófica, profunda, pensándolo todo, (...) enseñando verdades a aquellos a quienes interesa saberlas, mostrando al hombre, no como debe ser, sino como es, para conocerle; literatura en fin, expresión toda de la ciencia de la época, del progreso intelectual del siglo".

 

Traba amistad con José Victorino Lastarria, la cual se prolongará hasta la muerte de ambos, 1888. Lo conoce por primera vez en un cuarto desmantelado del tercer piso de los portales de Sierra Bella, en Santiago. "Ligados por una amistad arraigada profundamente en la íntima comunión de sus ideas compartieron en el transcurso de su larga vida las más intensas emociones, pues recorrieron, con suerte varia, el uno, todo el escalafón de la docencia, el periodismo, la creación literaria y la carrera política, y el otro, el largo y doloroso peregrinaje que va del ostracismo a la primera magistratura de su país" (María L. del Pino de Carbone).

El intelectual chileno había nacido en Rancagua. Fundador del "Semanario de Santiago", Presidente de la Sociedad literaria Chilena, Miembro de la Facultad de Filosofía y Humanidades, junto con S. Escribió "Investigaciones sobre la influencia social de la Conquista y del Sistema Colonial de los españoles en Chile".

 

En otra sonada polémica, la del Romanticismo, da a entender que dicho estilo literario es sinónimo de "lo absurdo, lo inverosímil, lo defectuoso, lo abominable, lo fastidioso, lo extravagante" y que le debería suceder lo que él designa como Socialismo, "entendido como la reunión de la ciencia y del arte con el objeto primordial de lograr el bienestar de los pueblos".

 

Todo se inició, se encendió, cuando S. realizó una crítica a una obra que trataba de los "Ejercicios Populares en lenguaje español" del catedrático Fernández Garfias. Fue entonces cuando el humanista venezolano, con el seudónimo de "Un Quidam", replicó sobriamente, siendo continuado luego por su discípulo Núñez, como "Otro Quidam". Alberdi ya había afirmado con anterioridad que era tiempo de abandonar el "pueril" idioma hispánico y sustituirlo por la lengua "viril" de Francia, y que "bajo la síntesis general de españolismo comprendemos todo lo que es retrógrado, porque, en efecto, no tenemos hoy una idea, una habitud, una tendencia retrógrada que no sea de origen español".

Sarmiento adelántase pues al intento memorable del poeta Rubén Darío (1867-1916), sobre la modernización de nuestra Lengua.

 

     

  • Había intentado incorporarse a las fuerzas de Lamadrid, cruzando la Cordillera y habiendo socorrido a los sobrevivientes de Rodeo del Medio (24 de setiembre de 1841, Mendoza). Allí las fuerzas de Oribe vencen al ejército de aquél. S. ayuda en forma generosa según éstas, sus palabras: "buscar, contratar y despachar a la cordillera esa misma tarde doce peones de cordillera para auxiliar a los que se fatigasen; comprar, reunir y despachar sus cargas de cueros de carnero para forro de pies y piernas, sogas, charqui, ají, carbón, algunas velas, tabaco, yerba, azúcar, etc., etc., despachar un propio a San Felipe avisando al intendente la catástrofe ocurrida, y pidiendo protección para los necesitados; hablar a varios vecinos con el objeto de mover su filantropía; un expreso a la comisión argentina, para ponerla en movimiento; carta al ministro Montt, reclamando la asistencia del Gobierno, pidiendo médico y otros auxilios; carta a los Viales y al señor Gana para que excitasen la caridad pública; al director del teatro para que se diese una función a beneficio de los que sufrían; un artículo a El Mercurio de Valparaíso, para alarmar a la nación entera y despertar la piedad".
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En 1842 funda la Escuela Normal de Preceptores en Chile, la primera en Sudamérica y la segunda en América. Llega a dirigir ese establecimiento. Allí S. dicta las materias Científicas y el Sr. Acuña se encarga de las clases de aquellas asignaturas de orientación artística. "El pomposo título del establecimiento no da idea de la realidad. La escuela es tan pobrecita que sólo tiene dos profesores, el Director y otro, y funciona en un departamento o en una pieza de un departamento" (Gálvez).

Es designado Miembro fundador de la Facultad de Filosofía y Humanidades. Funda la Revista de Valparaíso, junto con Juan María Gutiérrez. Traduce del francés "Conciencia de un Niño", "Vida de Jesucristo" y "Manual de la Historia de los Pueblos" de Samuel Leví.

 

A fines de ese año es acusado por don Domingo Santiago Godoy (pariente de una religiosa, la Monja Zañartú, a la que habíase referido S. en una crónica teatral sobre "Adel en Zegri", y complicádola en un escándalo", de asesino, ladrón, culpable de una matanza en masa acaecida en 1830 y hasta de "malversación de fondos". Godoy es encarcelado por infundios. Da origen a su primera autobiografía (a los 32 años de su edad): "Mi Defensa".

Por sus declaraciones anti-españolas y sobre ortografía debe mantener otra violenta disputa, con el estilista Minvielle, que anteriormente había sido un amigo de sus ideas innovadoras.

 

En 1844 se desarrolla otra discusión, entre su periódico "El Progreso" y "El Siglo" de Nepomuceno Espejo, donde escribía Don Pedro Godoy.

 

A principios del ’45 publica su biografía de Fray Félix Aldao, donde estampa originales interpretaciones psicológicas del ambiente.

 

Escribe una serie de cartas a Benavídez, con el propósito de convencerlo para que se liberara de Rosas y cooperara con José María Paz, el general unitario. Asimismo plantea un Proyecto de Reorganización para nuestro país, al Gral. Anselmo Rojo.

 

En carta del 8-8-1845 le escribe a Juan María Gutiérrez: "¡Qué avisado ha sido Ud. en no meterse con la política!. Éste es un ‘metier’, infame y molesto como el de sacar hormigueros. Sé que ha hallado Ud. una casa quinta, con exposición al mar, aire fresco, alguna vegetación, y sobre todo, separada del contacto del mundo. Anacoreta o sibarita del espíritu, ¡cómo lo envidio!. Quizá si estuviese yo en ese orden me moriría de fastidio y haría lo que Adán hizo por hacer algo, morder el fruto prohibido" ("Páginas Confidenciales" de S., ed. A. Palcos, 1944, p. 30).

En otra carta del 22 de agosto, con algunas chanzas: "¿Cómo le va a Ud. con su ermita, ambiente fresco y embalsamados arbustillos verdes y florecientes?. ¿No tiene jilgueros y canarios?. ¡Es lástima, que no se haga regalar el oído con sus cantares!. Pero arpas eólicas pueden suplirlos".

En octubre 9 le escribe: "La primera parte de su sueño queda sancionada; me voy a Europa; me voy, me voy. La segunda del Plata?. Ya no haremos nuestro viaje por las provincias, juntos delirando sobre porvenir, gozando, padeciendo, escribiendo y mintiendo. Lo haremos después...".

 

Esa misión que a S. le encomienda el Gobierno Chileno, es aludida por su nieto en "S. anecdótico" (1ª. ed., 1805, p. 67): "El gobierno chileno aceptó la idea, no tanto por realizar un sistema de educación que nunca fue apoyado debidamente, sino más bien para alejar un amigo un tanto incómodo cuyo exceso de ideas ponía a menudo en singulares aprietos a políticos prudentes y cautelosos". Es encomendado para estudiar el estado educacional de las Naciones del Mundo.

Escribe en "El Comercio del Plata" y "Le Courrier du Brasil", viaja por Uruguay, Brasil, Francia, España, África, Suiza, Alemania, Italia, Países Bajos, Gran Bretaña, Estados Unidos, Canadá, Perú y Cuba.

 

Publica en 1846 el "Método de lectura Gradual". En enero de ese año llega a Brasil donde conoce al Dr. Sigaud, médico imperial, al Dr. Chavannes, que propulsa la industria de la Seda, al Encargado de negocios inglés Mr. Hamilton, al Gral. Fructuoso Rivera, del cual se burlaría luego en una comida, y el cual no le simpatizó: "¡Qué bruto tan fastidioso y tan insípido!", José Mármol, Gral. Tomás Guido, "anciano glorioso", al Caballero de Saint Georges, etc.-

 

 


Publicado por Desconocido @ 16:38
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