sábado, 11 de octubre de 2008

                    LA MEDICINA EN LA ESCRITURA Y LA VIDA DE sarmiento.

 

 

 

                                                                        Por  Guillermo R. Gagliardi.

 

 

 

 

 

I.-

 

“D. F. Sarmiento, el titán que marcó para las conciencias de América, el rumbo hacia el Ideal de Fraternidad, de Cultura y la Salud”.

Carlos E. Paz Soldán (“D. F. S.”, 1911; y en “S. Cincuentenario de su muerte”, 1938, tomo II).

 

 

 

En 1884 DOMINGO FAUSTINO SARMIENTO (1811-1888)            reùne a médicos en su casa para leerles un artículo de una revista norteamericana de Política: sobre la Embriaguez y la Locura, sus causas sociales, raciales y ambientales. Ideas a las que él adhería convencido.

Al año siguiente (4-5-1885)  inaugura un “Gimnasio Científico”, con un discurso  donoso e informado como siempre: “todas estas  máquinas, correas, ruedas y los manubrios que las mueven son remedios”.

 

El ejercicio  físico atendido sistemáticamente por médicos y especialistas es “el nuevo sistema de tratar las enfermedades” y la manera más eficaz de prevenirlas.

“Puede prolongarse la vida por sistemas higiénicos”: la vida ordenada, con abundantes  ejercicios y buenas costumbres, ya que el robustecimiento, físico y moral, previene contra las enfermedades del cuerpo y del alma (G-. Canessa: “S- y  la educación física”, Bol. Educ. Física, Univ. Chile, nº 49, 1946; y en “El Monitor de la Educación Común”, nº 909, 1948).

 

Carlos Ibarguren, el historiador y académico, recuerda en su “La historia que he vivido” (1956) una de las últimas veces que vio  al sanjuanino, en 1888, en Buenos Aires, en el gimnasio mecánico del Dr. Aberg, mèdico sueco (ob. cit., Eudeba, 1969; también A. Dujovich, “El escritor; el médico”, p. 17-49).

 

En noviembre de 1875 se había inaugurado el Parque Tres de Febrero en Palermo. Tal acontecimiento es interpretado por Sarmiento desde una perspectiva social, política y médica: la estética del paisaje, la práctica de  movimientos  gimnásticos para el común del pueblo, en un ambiente saludable.

Lo considera una obra hondamente humana, de duradera utilidad, “un monumento al pueblo”.

 

“Verdadero tratamiento higiénico, que robustecerá sus miembros por el saludable ejercicio, dilatará  su ánimo por el espectáculo de las perspectivas grandiosas que alcanza en todas direcciones la vista, y cultivará el buen gusto, con la combinación de bellezas naturales y artísticas, que estos dilatados jardines ofrecerán”.

 

Es obra de Civilización, es práctica de Patriotismo: será el Parque un centro de cohesión de los habitantes de esta región, donde no habrá diferencias sociales y  que todos compartirán. Se constituirá en el ‘desideratum’ de todo hombre público: una Obra de Cultura Cívica, de Mejoramiento Ético, Físico y Estético de todos los seres humanos que habitan estas tierras. Visión Integral y Humanizante.

 

 

II.-

                                   

“Caballero andante de la utilidad social, vive por entero para la mejora y el bien de sus semejantes”.

Alberto Palcos: “Sarmiento”. 4ª ed-. 1962.

 

Se identifica entre los primeros con Darwin (1809-1882) y su Doctrina del Evolucionismo.  Véase su Discurso de 1881:

 

“Yo, señores, adhiero a la doctrina de la Evolución así generalizada, como procedimiento del espíritu, porque necesito reposar sobre un principio armonioso y bello a la vez, a fin de acallar la duda, que es el tormento del alma”

(“Obras Completas” de S., , edit. Luz del Día, 1948-1956, tomo XXII).

 

Acude a las apetencias estéticas y filosóficas de su intelecto excepcional: monumental profesión de  Fe en Filosofía, Ciencias e Historia Universal.

He ahí al Sarmiento equilibrado, reflexivo, muy informado sobre lo más antiguo y lo más moderno.

El estilo, armonioso; la erudición, brillante.

 

Destaca con observaciones simpáticas a su auditorio y con intenciones de síntesis, los fundamentos de las teorías del autor de “El origen de las especies”, la selección natural, el instinto de la Belleza.

 

Esquematiza  el curso de la  Historia, “el feliz siglo que alcanzamos, la época científica, constitucional, artística, libre”.

 

Fue un Promotor y un Divulgador, constante y sorprendente , de las Ciencias. (J. Orione: “S. y la Ciencia”, rev. “Todo es Historia”, nº 255, p. 46-55).

 

Atiende frecuentemente a la aplicación de los métodos de Observación y Experimentación en Medicina: la Física en las investigaciones fisiológicas, la Microbiología y los estudios de Pasteur (1822-1895) y sus consecuencias para el progreso de la ciencia hipocrática:               

 

“se ha reconocido igualmente que muchas enfermedades provienen de la multiplicación excesiva de  organismos microscópicos, y debe esperarse que se encontraràn los medios de destruir, sin perjudicar  al enfermo, esos pequeños y terribles enemigos”.

 

Avizora otros adelantos, asì p. ej., los rayos X, en página trascripta por su nieto:

 

“Quedan otros rayos que no entran en nuestra rutina, los rayos obscuros, pero que afectan los objetos sobre los cuales se reflejan, descomponiéndolos, pues tienen potencia química”,

 

como el patriotismo del hombre reflexivo, que  “goza de esta cualidad, de ver lo que no ve el vulgo” (A. Belin S., “S. anecdótico”, ed. 1929, p. 301).

 

En 1855 publica su “Plan combinado de educación común, silvicultura e industria pastoril” (t. XXIII de sus Obras), reimpreso con actualizaciones en 1887.

 

El tema agrícola es una constante de la prédica y acción sarmientinas. Incluye en dicha concepción política, económica y pedagógica, el establecimiento de centros de Instrucción Médica Popular, Higiene, Administración de Vacunas.

Representa su Idea Social de la Medicina.  Donde el  maestro ha de ser en esas “Quintas Normales” (como los “falansterios”  concebidos por el socialista utópico francés  Charles Fourier, 1772-1837), el planificador y promotor de la Salud Escolar, administrador de un Hospital de Huérfanos, elemento esencial del desarrollo de la Comunidad, “quedando echadas las bases de un porvenir de civilización, moralidad y riqueza”.

 

En correspondencia a “El Zonda” (fundado por el  maestro en 1839), desde New York, 1866, se refiere a su concurrencia a la Academia de Medicina en un acto de Colación de Grados. Trasmite su admiración por los hospitales neoyorquinos y por el espíritu progresista de la Ciencia yanqui concordante con la Política:

 

“sin duda que no hay genios ni profundo saber; pero cuando un hombre como Lincoln jure de dar su nombre a su siglo, como otros se llamó Luis XIV, (...), es preciso creer en el pueblo y en la libertad”.

 

“Está esperándose la publicación del Informe del Cirujano Mayor de los ejércitos de la Unión, durante la guerra, en el que se demostrarán los progresos y aun saltos que han hecho dar a la ciencia práctica, sobre todo en amputaciones.

 

Se ha formado en Washington un Museo de Cirugía, que dice es ‘the best in the world’. Ello es que así marcha la ciencia aquí, a la par de la política”

(Obras comp.., de S., t.  XXIX).

 

Documentamos asimismo la constante utilización de metáforas y símiles médicos en sus escritos y discursos, asunto que desarrollaremos en otro trabajo.

 

 

 

III.-

 

 

“Sarmiento es nuestro terreno fundamental, el suelo de nuestra espiritualidad. La espiritualidad argentina tiene su tierra en Sarmiento escritor; su cielo, en el destino con que cada naturaleza sea capaz de partir desde esa tierra”.

Eduardo Mallea (“Aseveración sobre S.”,  en rev. “Sur”, nº 48 sept. 1938).

 

En 1883 en “El Nacional” publicita con  fervor los viajes, estudios y méritos de los grandes galenos de su época. Entre ellos el Dr. Ignacio Piovano, “padre de la Cirugía Argentina” (1844-1895):

 

“En sus estudios profesionales visitando las aulas y escuelas de medicina norteamericana, que tienen hoy grande expectación en el  mundo científico por la osadía de sus experimentos y la variedad y perfección de sus instrumentos y aparatos quirúrgicos.

No se olvide que la  anestesia es compatriota del telégrafo”.

 

El Dr. Juan Bautista Gil:

 

“de Córdoba, que no obstante haber recibido sus grados en  la Universidad de Paris, después de varios años de práctica fructuosa en Córdoba y Buenos Aires, ha tenido la abnegación de encerrarse en Nápoles, célebre asiento de aulas médicas, a avanzar sus conocimientos técnicos”.

 

En su “Campaña en el Ejército Grande Aliado de Sudamérica” (tomo XIV de sus Obras Completas), incluye su  escrito “Los emigrados”, que contiene reminiscencias personales y bocetos  de políticos, militares, escritores y médicos, destacando en ellos sus valores morales e intelectuales en la lucha anti rosista: el Dr. Manuel Bergia, cirujano tucumano, el Dr. Benito Carrasco, el Dr. Indalecio Cortínez, el Dr. Manuel Augusto Montes de Oca.

 

Evoca al Dr. Ireneo Portela con notas especiales: “precursor de las ideas modernas sobre las enfermedades contagiosas”; lo compara con Ambroise Paré (1509-1590) operando al Duque de Guise, en la etapa prequirúrgica de la historia médica, y aunque protestante, salvado por el noble católico, de la masacre de Saint Barthélemy. El Dr. Portela operó a  Bartolomé Mitre de un balazo en la frente, “pero no le valía su ciencia, su integridad, para ser respetado por la mazorca y debió ganar el destierro”.

Figura modélica: patriota  probo y la  acentuada conmiseración hacia pobres y enfermos; representa en la visión sarmientina y en la filosofía médica clásica, la mejor estirpe de los galenos: ética profesional  y ciencia rigurosas, amor a sus semejantes...

 

Ante la tumba del Dr. Salvador Doncel expresó su concepto clarísimo de la función e importancia universal del Médico. Recuerda una frase del ‘Maestro Kong’,  Confucio (551 a. C. – 479 a.C.): “Haced a los otros lo que desearais que se os hiciere a vosotros; y sacrificaos por la masa”. Caracteriza a la profesión como primeramente vocacional y social, de diálogo enriquecido y amoroso con el paciente, de obra duradera que enaltece a la Humanidad, en el diagnóstico y terapéutica precisos.

 

Y ejemplifica estas virtudes hipocráticas en el Dr. Doncel, su otólogo querido. La profesión tiene carácter religioso, de consagración, de sacrificio de la vida entera, de compromiso total con las personas, de cultivo virtuoso de la inteligencia, la investigación y los afectos. Irradiación intensa de talento y corazón.

El médico ha de curar por acumulación de conocimientos, en constante actualización, y por experiencia, continuamente afinada (carta a Posse, 17-8-1877).  Esboza así, pues, su teoría de la ética médica.

 

Escribe a Estados Unidos en 1885 aconsejando y favoreciendo calurosamente la venida de “Mujeres Médicos” a nuestro país (tomo  XLII de sus Obras):

 

“sabiendo que están para graduarse médicos dos señoritas en nuestra Universidad y la presencia de otras ya graduadas les allanaría las primeras dificultades de su carrera”.

 

Alude a la buena acogida y éxitos profesionales de las maestras yanquis que vinieron a estas tierras por iniciativa suya.

 

En  su discurso de 1888, al inaugurar el Hospital de Caridad, en Rosario (Santa Fe), se muestra conocedor en detalle de las normas sobre Arquitectura Sanitaria:

 

“Veo que ya han penetrado hasta el Rosario las nuevas aplicaciones  de la Higiene a la construcción de los Hospitales”.

 

“Así se construyen hoy los Hospitales, por Pabellones, con espacio, aire, flores y árboles intermediarios. Hay una fiebre, que llaman los Esculapios, hospitalaria, y es una enfermedad que recibe al enfermo que viene a curarse de la suya propia.

 

Los descubrimientos recientes demuestran que en el pavimento, en las hendiduras, en el techo, en las puertas, se conservan por años, viven  los animálculos (animalúnculos) pútridos, pestilentes, que han exhalado los enfermos en  una o más generaciones”.

 

(Léase su “Medidas de Salud Pública”, tomo XXIV de sus Obras).

 

“La Caridad es el Proteo de la fábula”: sintetiza en esta frase la profundidad y multiformidad de la misma. Su naturaleza es misional enteramente, y cristiana, no estatal según Sarmiento la entiende.

Con su habitual desmesura y elevación  conceptual,  la define como semejante al Manto de la Virgen, símbolo de protección, de amor y compasión.  Se proclama devoto de la “Caridad Moderna”: brindar medios para que la Humanidad se fortalezca y dignifique a efectos de que no caiga en la inopia y el desamparo.

 

“Esto es lo que he aconsejado y practicado toda mi vida. Disminuir la clientela del médico y ahorrar camillas y camas en los hospitales, educando al pueblo para que mejore de condición”.

 

Es la “Filantropía yanqui” que él  admira. Es obra de caridad la difusión de libros de educación común, por ejemplo, como los misioneros difunden las Sagradas Escrituras.

 

En su discurso en la Sala Normal de Mujeres de Montevideo aboga por una Educación estatal, y por una Caridad Privada  y Cristiana. La educación por la Belleza, la Alegría de vivir y de estudiar, los hábitos de Higiene, la Enseñanza de la Salud:

 

“No os dejéis engañar por los que os inisunarán que mis doctrinas son irreligiosas, ues tienen su base en el Evangelio mismo. Jesucristo no ha predicado el ascetismo, ni las privaciones de los goces legítimos y aún artísticos... Os recomiendo niñas mías, el uso del agua de colonia y mucho agua de lavanda. Es cristiano”.

 

Educación moral por las buenas costumbres, las formas sociales, el aseo personal, el  cuidado de los vestidos y modales. (Mons. G. Franceschi: “S.”, 1938). La Diosa que  S. admira es “Eutrapelia”, de la felicidad, la sanidad de sentimientos, la movilidad de pensamientos, el amor y la bondad dadivosos, la Virtud privada y pública, según la fundamentación  aristotélico-tomista (“Ética a Nicómaco&rdquoGuiño.

 

Concepto sarmientino, sacralizador,  del Hospital: es un conservatorio, donde se retempla el alma. Es un templo donde se fortalecen los sentimientos humanitarios. “Edificio símbolo” de la inteligencia, de las buenas costumbres  evangélicas.

Obra de nobleza superior, que merece la Gracia Divina: “Dios os lo ha de tener en cuenta, la posteridad  desvalida os bendecirá”.

 

“Ya hemos vivido treinta o cuarenta años bajo ese sistema de la  ‘administración oficial de la caridad’ y cada día aumenta la miseria y el  abandono”.

 

“Si seguimos en el camino en que vamos, nunca se curarán los males del país”. Éstos han de ser atacados y corregidos en su raíz, “debemos  acudir a la fuente del mal”.

 

Ante el auge “de la vieja rutina de la vieja caridad”, postula una fecunda “Caridad Nueva”, republicana, legislativa, cristiana,   superadora de la Ignorancia y otros vicios que  no nos permiten constituirnos todavía como Sociedad del mundo Moderno.

 

“El evangelio ordena que cada individuo ejercite la caridad por sí mismo”. La del Samaritano, que cumple las Máximas de Jesucristo. Hay que rehabilitar “la parte esencial y sustancial de la doctrina de Jesús...Más obras y menos oraciones.

 

“Multiplicad vuestras oraciones cuanto querais, dice Jehová; ya no las escucho.

Aprended a hacer la justicia, sostened al oprimido, haced bien al huérfano, defended a la viuda”:

“un culto que reside en el ideal puro de la Moral y del Bien, culto tal es bueno para todo el mundo”.

 

Es el “Cristianismo Constitucional” del que se declara férreo seguidor: el amor al próximo enfermo, necesitado de ayuda concreta material y espiritual (véase “Conflicto y armonías de las razas en América”, 2º tomo).

 

En sesión parlamentaria de 1857, “La caridad y el Estado” (en tomo XVIII de sus Obras) observa lo gravoso e irrecomendable  de los gastos excesivos y desordenados del Estado de Buenos Aires en obra de beneficencia Pública. En sesiones posteriores,  (setiembre de 1850,loc. cit.) continua, y ahora en detalle, oponiéndose a los gastos del erario en tales conceptos.

En su  encumbrada valoración personal, el ser humano es un ente privilegiado, de dignidad y responsabilidad. Para él es “inmoral” la caridad pública, salvo para el discapacitado. Por ejemplo, observa el objeto fundador de Asilos de Mendigos, ha sido desvirtuado en la práctica:

Publicado por Desconocido @ 15:01
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