domingo, 12 de octubre de 2008

                        EL LENGUAJE MÉDICO  EN  SARMIENTO.

 

INTRODUCCIÓN-

 

 

                                                            Por Guillermo R. Gagliardi.

 

 

  • Leopoldo Lugones (1874-1938) ha sido uno de los más destacados estudiosos sarmientinos, y uno de los primeros que advirtió el ideario de DOMINGO FAUSTINO SARMIENTO (1811-1888) como el de un auténtico “Proto-Mèdico” ((1911, “Historia de S.&rdquoGuiño.

 

Sarmiento: Precursor en temas básicos de la Salud Pública y convencido intérprete  médico de nuestra historia y de las necesidades político-sociales de América, que metaforiza en términos galénicos. (ob. cit., cap. X: “El innovador”, ed. 1945, p. 264-265).

 

El autor de “Facundo” analogiza el concepto de Civilización, de Educación, de Alfabetización, Prosperidad y Bienestar en la vida Republicana, al de Salud y Enfermedad.

 

Ante las epidemias con su desgraciada cifra de muertos exclama: “Mueren tantos porque no saben leer”. La lectura  constituye en su concepto, el compendio de su lucha contra la Barbarie, es su “remedio” contra  “la enfermedad de la Incultura”, la imprevisión y desgracia de la Ignorancia sobre la Higiene, la desinformación respecto de la Salud.

 

Por ello desde muy joven  destácase como un divulgador, editor y escritor de “Silabarios”, los que son trozos del  Evangelio que siembra a doquier.

 

La Salud es sinónimo de Libertad, de vida plena y cualificada, de trabajo honrado, de bienestar ciudadano.  Traslada a menudo al discurso político el vocabulario médico.

 

Obra salutífera, medicinal, la del genial sanjuanino. Se considera  un “médico-político”, un Médico de la República, un  “Sanador” de las Ideas y hábitos hispánicos: “Tengo contra todos estos males de mi pobre y decaída patria una receta eficaz”  (Obras Completas, t. XIV).

 

  • Juan Pablo Echagüe (1877-1950), escritor, crítico comprovinciano, califica a Sarmiento desde la dimensión  hipocrática. Lo define como  un desmesurado Descartes criollo, innovador: “Médico de medidas heroicas, arrima impávido su tea purificadora a lo vetusto, lo estacionario, lo retrógrado, como quien incendia aldeas para sofocar epidemias” (“S. Su espíritu y su obra”, en “S. Cincuentenario de su muerte”, 1938, tomo I,  p. 144).

 

También, uno de sus secretarios y amigos, el historiador Adolfo Saldías (1849-1914) lo   ilumina como  fiscalizador  y señalador de nuestra tipicidad  hispanoamericana, desde este juicio histórico: “Luego usted con su pulso de cirujano, con cincuenta años de práctica, sabe tocar lo que más debiera doler en este casi informe cuerpo de nuestros pueblos” (“A Sarmiento”, en su “Civilia”, F. Lajouane, 1888, p. 362-363).

 

Refiriéndose a Sarmiento en un diálogo con “La Nación” (4-9-1988) el historiador Félix Luna (1925) expresó, convocándonos al paralelo con el Dr. Bernardo Houssay (1887-1971), que el maestro cuyano oportunamente pidió  desempeñar la Dirección de Escuelas de Buenos Aires y luego la de Correos. Como impulsor vehemente de la modernización del país, al modo riguroso y pleno de convicción del Nobel de Fisiología 1947, don Domingo solicitaría –deduce el lúcido autor de “S. y sus fantasmas” y “Los caudillos”- hoy, el cargo de Presidente del CONICET- Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas, pues para el ilustre médico.investigador Houssay, como para  el  procérico maestro-político, el Sísifo de la Patria,  la Ciencia y la Tecnología, la Industria y la Investigación, representan los pilares incuestionables del adelanto de la Nación.

 

Ciencia significa en el diccionario sarmientesco, el conjunto de verdades conocidas, útiles y necesarias para un paìs, pero Civilización es la apropiación y uso inteligente del poder del Conocimiento, Ciencia y Técnica, por la mayoría de los Ciudadanos.

La Ciencia Médica  representa en su ideario social-humanista,  uno de los conocimientos que le interesan en cuanto sea aplicado al mejoramiento de la vida de las personas.

 

 

  • En su “Espíritu y condiciones de la historia en América” (1858, Obras Completas, edit. Luz del Día, tomo XXI) anhela que se  formalice una Historia de la Humanidad a través de las Enfermedades.

 

Considera a la marcha evolutiva  del hombre desde la perspectiva inquietante de la Biología, de las Patologías: la “Biohistoria”, la historia cultural de la Enfermedad, según la fundamentaría  el filósofo Michel Foucault (1926-1984) en sus brillantes estudios sobre la  Historia de la Medicalización (el Sexo, la Locura, el Hospital, desde la original  perspectiva de su época). Visión histórico-estructuralista.

 

“La historia de los padecimientos humanos no se ha escrito todavía. Al hombre que ha diezmado regularmente cada diez años la masa de las poblaciones, le ha faltado Homeros que inmortalicen sus hazañas.

 

Un millón de habitantes pereció en Irlanda en 1845 a causa de la enfermedad que atacó a las patatas, único alimento de las muchedumbres, y hasta un siglo antes toda la Europa era Irlanda en la miseria de las masas (...). La estadística ha revelado que el pueblo vive en término medio cuarenta años hoy, mientras no hace medio siglo en los mismos lugares no vivía más de veintiocho, y puede afirmarse que durante toda la edad media, el término medio de la vida del hombre no pasado de quince años, si el hombre no era rey, sacerdote, lord, conde o duque; tales eran las dificultades de la existencia donde la tierra pertenecía al señor feudal con el pueblo  que como las platas estaba adherido a ella” (ob. cit.).

 

La alimentación, la enfermedad, el factor económico, la cuestión del trabajo agrario, son enfocados por el talento historiográfico de Sarmiento, como factores determinantes del desarrollo, del “penoso ascenso”  de la raza a través de los siglos.

 

La moral de estos avances y caídas se ha enriquecido con el desenvolvimiento de la Civilización Americana y sus Principios de Igualdad, de Educación Común. “Mundo Nuevo”, un tesoro de Conocimientos para todos, “la igual distribución, como de la tierra, de legados, de verdades y descubrimientos...”.

 

Se vulgarizan las nociones médicas, de Higiene y Tratamientos. Se mejoran las condiciones de vida y de trabajo, las tasas de morbilidad, la Salubridad Pública se generaliza y con  ella , la expectativa que don Domingo celebra, de mayores y mejores años, de cuantificación y cualificación  vida.

 

Es la Política del Mercantilismo en la historia europea de los siglos  XVI y XVII. El adelanto de las sociedades más privilegiadas ocurre  “por  el mejoramiento de la salud, los servicios  y el consumo de salud en el desarrollo económico”. La existencia humana se  “medicaliza”, según  el vocabulario foucaultiano.

 

Salud-Economía y Sociología forman el conjunta de la Historia como factores estructurantes decisivos: esto ya lo prevé agudamente el maestro sanjuanino en la primera mitad del siglo XIX. Enuncia una precursora Arqueología del Saber Histórico.

 

  • En los años en que  Sarmiento pronuncia su visionario Discurso en la Sociedad Histórica de Rhode Island (Estados Unidos), 1858, hacía muy pocos, una década, que se habían descubierto los Anestésicos y  unos años después, 1870, con la Guerra Prusiana, se introduce la Asepsia en la práctica médica.

 

A partir de estos hechos, se alejan los padecimientos humanos por el dolor, “desaparece la barrera del sufrimiento”. Surge una Nueva Dimensión de la Historia y de la Medicina que él ya avizora en sus reflexiones.  El autor de “La Arqueología del Saber” y “El nacimiento de la Clínica” explica “la huella que puede dejar en la historia de la especie humana la fuerte intervención médica”.

 

La Medicina se estatiza, se crean planes y  sistemas de Medicina urbana y Laboral y Ambiental. El autor de “Educación Popular” enfoca la Historia Universal desde  la  lente de la  Masa,  del Hombre Común, las creencias y necesidades de las grandes poblaciones, las rebeliones y las enfermedades de las mayorías.

 

El afamado Profesor del College de France, Foucault, desarrolla y fundamenta estas proteicas observaciones sarmientinas,  más de un siglo después, en 1974, en sus celebradas conferencias en el Instituto de Medicina Social de Río de Janeiro (Brasil), y posteriormente en otras cátedras de nivel universitario. Fueron tres Conferencias, reproducidas en traducción española en la revista “Educación Médica y Salud”, de la Organización Mundial de la Salud (OMS), números de 1976, 1977 y 1978 y posteriormente  en su “La vida de los hombres infames” (editada por Altamira, 1992).

Así lo anuncia  el  pensador francés: “En nuestros días se descubre algo nuevo: la historia del hombre y la vida tienen implicaciones profundas. La historia del hombre no continúa simplemente la de la vida, ni la reproduce, sino que la reanuda, hasta cierto punto, y puede ejercer varios efectos totalmente fundamentales sobre sus procesos”.

 

Se medicaliza el ojo del intelectual, del historiador y del sociólogo. La medicina a partir del siglo XVIII se socializa. La salud se desmedicaliza. Se diferencia de una Medicina Terapéutica hermética. . Especifica esta economía y política médicas, en la auroral pluma sarmientina: “la higiene, la alimentación, el ritmo de vida, las condiciones de trabajo, la vivienda”.

 

  • Sarmiento utiliza el recurso de la analogía, la comparación, semejanza, alusión,... como  gnoseología y como cosmovisión, como conocimiento y juicio.  Ello le permite hábilmente realizar equivalencias, fijar antítesis, relaciones y diferenciaciones, conflictos y correspondencias conceptuales, que pormenorizadamente trascribiremos en el próximo estudio.

 

Recurso pedagógico y filosófico que desenvuelve  brillantemente en su literatura, para dinamizar la enseñanza, para graficar y filosofar, para exponer, ordenar y demarcar  sus ideas según los postulados racionalistas, “claros y distintos”. 

Medio formidable para exhaustivizar, clasificar y desarrollar sus axiomas de político integral americano. Procedimientos retóricos que le permiten otorgar mayor fuerza a la expresión y materializar y ampliar  la sintaxis y el alcance de su discurso.  (véase Ricardo Piglia, “’Facundo’: el comienzo”, en “Página 12”, 11-9-1988).

 

  • Profesa nuestro sanjuanino un “sentido viviente” (según C. Alberini) de la Ciencia. desarrolla un impulsivo culto, vitalista  y pragmático, de la Técnica y de la Ciencia de su época.


Marcial V. Quiroga en su Discurso, “S.- Homenaje de la Universidad en su Primer Centenario”, 1911, p. 25: “el gran cerebro de S. contenía el espíritu más profundamente científico de la época, el que rebuscaba las causas detrás de las apariencias, el que hallaba las consecuencias lógicas de los sucesos y el que decía la verdad”.

 

El mismo Esteban Echeverría (1805-1851) escribía a Alberdi sobre Sarmiento, respecto de su juicio sobre sus obras y especialmente su persona, cuando en “Viajes” (1849) elabora un relevamiento de la Literatura Nacional de  los exiliados, en lengua popular, gaucha y culta.  “me ha declarado ex cátedra, cual otro Hipócrates, enfermo de espíritu y cuerpo...” (cit., p. ej., por Rafael A. Arrieta, en su “S. y la Poesía”, 1938).

 

 

  •  Uno de los modelos de personalidad médica en el pensamiento sarmientino  ha sido el del Padre José Castro. Un  Sócrates cristiano, asceta lo llama, moralista, sacerdote y médico de fines del 1700:

 

“Era además de sacerdote, médico, quizá para combinar los auxilios espirituales con los corporales, que a veces son más urgentes.”.

 

Lo evoca larga y bellamente en su “Recuerdos de Provincia” (1859, cap. III), refiriéndose a èl como uno de los maestros de Doña Paula.

Medicina y Religión eran para el cura sanjuanino, “un ministerio edificante” al que estaba consagrado. Con una sólida formación teológica y filosófica, predicaba y sanaba cuerpo y alma:

 

“aquel santo varón conocía su siglo XVIII, su Rousseau, su Feijoo y sus filósofos, tanto como el Evangelio”.

 

Enseñaba “sobre los negocios de la vida:

 

“con simpatía y sentido práctico”, y  a continuación venía el texto del evangelio del día, seguido de un torrente de luz plácida y serena, de comentarios morales, prácticos, fáciles, aplicables a las situaciones todas de la vida”.

 

Fue además un reformador social y religioso, un depurador de costumbres populares y un crítico acertado de ideas confusas y creencias irracionales, Descartes con sotana:

 

“El cura Castro las hizo desaparecer todas, perseguidas por el ridículo y la explicación paciente cientifica, hecha desde la cátedra, de los fenómenos naturales que daban lugar a aquellos errores”.

 

Constituyóse este arquetipo sarmientesco en un sembrador de buenas, santas y sanas  nociones y preceptos para el pueblo. Un médico por la dignidad de su profesión, la superioridad de su espíritu y la eficacia de su oficio.

 

  • Miguel de Unamuno (1864-1936) recurre también a la Medicalización de la  interpretación de la Historia, cuando  en su “El español pincha más que corta” (1919, en sus Obras, ed. Aguado, t. 5) recuerda a Joaquín Costa, español sarmientino (1846-1911), volcánico y anheloso de Patria adelantada, solitario contra muchos, “quien pedía para los tumores sociales y políticos de España un cirujano de hierro”.

 

Acentúa Unamuno la necesidad del “tajo”, que extirpe, que corte el mal que tanto afligía y ocupò al aragonés y al cuyano: el Caciquismo  bicéfalo, el de chiripá y el de latines.

Corroborando la radical posición sarmientina, el vasco continúa: “y con el tumor no se acaba sino como Judit acabó con Holofernes: cortándole de raíz la cabeza, separándole del tronco”.

Descabezamiento quijotil es la operación que propugna valientemente el autor de “Argirópolis”. Más aún, etimologiza el profesor de Salamanca: descuajo, desarraigo contundente...

 

En relación con las referencias unamunianas comentadas, debo dejar sentado que  distinguimos dos etapas en el pensamiento filosófico sarmientino. La primera, iluminista y pragmatista,  liberal “con condiciones” y cosmopolita, modernizadora, yancófila. Es la más conocida, mencionada, criticada.

 

Pero la segunda fase  muestra a un Sarmiento desconocido, o velado, oculto, ignorado...El criollo “arraigado” a  la Ecumene cultural hispano-americana, en la que elabora su “elogio del Maíz” (en tomo XLII de sus Obras), “del Ñandú”, “del Carpincho” y del Hornero”, “del Oso Hormiguero” y la “Farmacopea Inca”.

El visceral escritor, emocionado, encantado ante las aves canoras y que inmortaliza en su prosa temprana al Baqueano, el Cantor, el Rastreador y después  el “poema del agua dulce de los ríos sudamericanos”...

Y luego canta a la Medicina  Toba y la arquitectura aborigen.

 

Porque “He amado mucho, he amado a mi madre y he amado a mi patria, y muchos de mis pecados me serán perdonados”.

 

En su  juvenil  pensamiento, América es interpretada como “hospites”, acogimiento de los Inmigrantes,  Libertad, imitación de la civilización extranjera, yanqui-europea, su industria y comercio, los contenidos educativos, etc.

 

En la segunda concepción, la de su vejez, sostiene que el país debe defender su propia identidad (lengua, instituciones, tradiciones), su integridad como Nación. Propende a la afirmación de la conciencia de Ciudadano , de sus deberes y derechos republicanos. El que abomina y señala los peligros de la inmigración indiscriminada y su     no asimilación de nuestra cultura genuina.

 

  • “Grande es el poder de la sensibilidad cuando el  corazón se encuentra en presencia de la desgracia, bello es el espectáculo que ofrecen sus actos cuando se dirigen a aliviar el infortunio” (“Recibimiento a los emigrados”, en  el tomo VI de sus Obras, “Política Argentina&rdquoGuiño.

 

Reflexiona a menudo  sobre el sentimiento humano ante el Dolor, la desgracia, el exilio, como su  “camarada”, el bardo de West Hills,  Walt Whitman (1819-1892), cree en el poder sagrado de la Mano que socorre y cura, en la grandeza de espíritu del que alivia la enfermedad o el dolor físico o moral. Apologizan a la naturaleza ética y sacramental de la asistencia al necesitado..

 

La Higiene constituye para  su mente un concepto no sólo técnico-científico, sino ético.social e integra uno de los capítulos de la Instrucción Cívica, junto con el trabajo y la formación espiritual, pues:

 

“La Moralidad se produce en las masas por la facilidad de obtener medios de subsistencia, por el aseo que eleva el sentimiento de la dignidad personal y por la cultura del espíritu”.

 

La salud representa el elemento primordial de la civilización, junto con la educación, no se le escapa ello a nuestro genio sanjuanino.  la enfermedad= barbarie. estos conceptos adquieren en sus ideas una  categórica envergadura política. simbolizan asuntos públicos, adquieren fundamental importancia para el desarrollo y constitución de una nación.

 

No es  un concepto limitado a lo Biológico, sino trasciende el mismo y adquiere relieve sociológico y pedagógico en su filosofía de Civilizador.

Evolucionista admirador y propagador de Darwin, anticipa al escritor y filósofo de “La evolución creadora”  Henri Bergson (1859-1941). Considera a la Medicina como un capítulo de sus principios Transformistas. En su pensamiento cohabitan la Intuición, genial frecuentemente, y su tendencia pragmática anunciadora de los postulados del pedagogo y pensador norteamericano  de “Democracy and Education”,  John Dewey (1859-1952), en la interrelación Escuela-Sociedad.

 

El distinguido  ciudadano paraguayo Luciano Recalde, a quien Sarmiento dedicó su artículo  magistral sobre el Paraguay Industrial  de 1857   lo denominó “médico perseverante del modo eficaz de combatir tiranos” (tomo 52 de sus Obras, “Escritos diversos&rdquoGuiño. Pues el cuyano enfatiza frecuentemente su etiqueta de Curador, en el sentido de que el estado de las repúblicas sudamericanas es de enfermedad, de barbarie, salvajismo , desierto geográfico y moral.

Y que para revertirlos, para “Salvarlo” de esta condena multisecular, herencia de España Inquisitorial y Colonial, es necesario adoptar una Terapia Intensiva Civilizatoria.. Su pensamiento prometeico y su acción adquiere en consecuencia carácter de Salvífica, Humanizadora, Salutífera.

 

Visión optimista, fe en el Futuro Venturoso, caliente Espíritu de Reforma y Combate. Determinación  libertaria. Visión Bíblica de Estadista. Construcción organizada, fortalecimiento de la República. Considera “Santa Causa” a su “Martirologio” para “salvar”, para “Curar” el mejoramiento de las condiciones de vida de las mayorías, el arraigo de la población en masa,  el desenvolvimiento del comercio y las comunicaciones...

Esfuerzo máximo para lograr la “Salud Cívica”, la instalación del Orden y la Paz (puede aclararse su fundamentación en José Martínez Pérez, “Medicina y Felicidad en el Siglo de las Luces”, en rev. ‘Quirón’, v. 23, nº 3, 1992).

 

  • El ‘alienista’ y escritor José Ingenieros (1877-1925) en su estudio  sobre Sarmiento incluido en “El hombre mediocre” (1913) forja la original y acertada imagen del Estadista riguroso que denuncia, demuele y reconstruye las instituciones,  bajo la égida de las figuras consulares de Catón el Censor y Descartes el racional.

 

Interpretación medicalizada la de Ingenieros, de las inaugurales en su bibliografía. “Entusiasta por la Patria, fue también despiadado con sus vicios, cauterizándolos con la benéfica crueldad de un Cirujano” (ob. cit., cap. VIII).

Publicado por Desconocido @ 15:19
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