EL LENGUAJE MÉDICO EN SARMIENTO. Parte Iª .-
Por Guillermo R. Gagliardi.-
Textos sarmientinos de la década de 1840:
· Publica en 1839 el periódico “El Zonda” y en su Programa, incluido en el tomo LII de sus “Obras Completas” (edit. Luz del Día, 1956, p. 13) lo considera, en el comienzo de sus combates políticos y educativos, “un baño refrigerante, cuyas saludables aguas alivian mis dolencias”.
Escribe en el mismo diario, del que llegó a publicar 6 números, la intención primordial que persigue en el mismo, el examen de las situaciones conflictivas objetivamente: “Para curar las heridas preciso es sondearlas, tocarlas, examinarlas”, como lo hace el clínico o el cirujano para diagnosticar y adoptar la terapéutica apropiada.
· Cuando funda el Colegio de Pensionistas de Santa Rosa de América, envía una epístola a Da. Tránsito de Rodríguez en 1840 sobre la disciplina física y medicina preventiva para las alumnas, el equilibrio entre vida intelectual y física, la armonía que en definitiva configura el concepto de Salud:
“Soy de opinión que salgan los domingos y las haga caminar los jueves cuanto sea posible. Todas las enfermedades que sufren nacen de la desproporción entre los trabajos mentales y el ejercicio físico. Así lo revela un tratado de Higiene que tiene Bienvenida, amonestando seriamente los males que puedan aún afectar a las educandas para toda su vida”.
· Declárase Liberal en Política, pero “con limitaciones”, pues es, temperamentalmente, un “hombre de autoridad” y de arraigadas convicciones y de ideas responsablemente asumidas: “Discurriendo anatómicamente, veamos lo que llámase gobiernos fuertes...” insta en 1841 a analizar las características, virtudes y defectos, de los mismos. (Obras, tomo 9).
“Quieren inventar gobiernos fuertes y enérgicos, que en su propio sistema llevan la destrucción, aumentando de día en día las resistencias, aguzando la irritabilidad pública que aumenta también su fiebre, que produce debilidad y consunción”.
“Ellos engendran al monstruo de la anarquía, que conduce a mil otros despotismos”. (ìd.).
Advierte sobre el engaño y apariencia, los riesgos y la patología de estos tipos de ejecutivos en nuestras naciones, sobre todo por el descontento popular, la agitación negativa que causan. Y general al fin la enfermedad, el malestar público, indeseable, la inseguridad general, sobre las que nada sólido puede construirse para afirmar la sociedad republicana que necesitamos.
· “Creemos pues llegado el momento de cicatrizar esta llaga, concerniendo a la sociedad entera. Que el Bautismo sea gratuito...” (“El Progreso”, 15-4-1844, ídem). Con el objeto de que todas las clases sociales, sin distinciones de ingresos o posibilidades económicas o sociales, accedan a este registro legal y religioso.
· “¿Hay por ventura una enfermedad oculta en las entrañas de estos pueblos, que empeoran de día en día su existencia y que pretensiosos y mal aconsejados médicos no aciertan a descubrir, aplicando remedios que corroen la superficie sin atacar la causa verdadera del mal, haciendo cada vez más triste su situación?” (en “El Nacional”, abril 1841, t. 9: “Instituciones sudamericanas&rdquo
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Alude al trabajo profundo, de radiógrafo, que ha de enfrentar quien intente buscar las causas de este mal de la inestabilidad de estos pueblos, del atraso inveterado. Ha de llevar a cabo una tarea de hondura analista e interpretativa, con rigor y objetividad.
Estas enfermedades “crónicas” que padecemos han de curarse con “remedio, con régimen, con sistema”: “curad la llaga, cicatrizadla, si no queréis que os llegue al corazón”.
· Se inició en los conocimientos Médicos en el hogar de los Rawson: Amán el padre, Farmacéutico, y los hijos Franklin, pintor y Guillermo, médico y político, comprovinciano. Ricardo Rojas, uno de los más sólidos y exhaustivo y devoto biógrafo sarmientino, estableció en su “El Profeta de la Pampa”: “En aquella familia, S. oyó hablar de medicina, de ciencias naturales,... iniciación de múltiple curiosidad que el neófito habría de mantener durante el resto de su vida”.
Ese hogar fue parte básica en la formación intelectual del genio sanjuanino, y en su destacada vocación por las Ciencias.
· “Aún nos queda una nueva escala de males que correr, y nuevos y ficticios remedios que la necesidad y la urgencia del momento van aconsejando, que menos que a curarlos radicalmente, tienden a complicarlos más y más cada día, a la manera de aquellas bebidas refrigerantes que la condescendencia de los que asisten a un enfermo les hace administrar sin que consigan apagar la sed inextinguible que le quema, porque lejos de atenuar la fuerza del mal, no hacen más que irritar las vísceras dañadas” (17-8-1844, “Curas rentados”, Obras, tomo 9).
Piensa en los ataques y convulsiones de la rabia canina, al sostener que “el catolicismo se ha vuelto una enfermedad...; una enfermedad frenética, que tira mordiscos al aire, como los perros atacados de hidrofobia contra un enemigo imaginario”.
· “La tranquilidad pública ... es preciso que se convierta en un trabajo reglado (...) en que el sabio como el hombre del Estado, (...) sondeen todas las llagas que dilaceran el cuerpo social, para aplicar el remedio” (1842,“Legislación y Progresos. Cajas de Ahorro”, Obras, tomo 10).
El gobernante, el estadista, ha de semejarse para Sarmiento, al médico, que en un trabajo estricto, cartesiano, ha de señalar todos los elementos mórbidos y programar su tratamiento, ordenado, racional y práctico.
· En “El Progreso” del 10 de nov. de 1842 publica un comentario crítico, ágil y humorístico, sobre un drama costumbrista, “Mauricio o El Médico y la Huérfana” (Obras, tomo 2, “Artículos críticos y literarios&rdquo
:
“Hay un médico; pero ¡qué médico! ¿Se imaginarán que es un médico que entra, coge el pulso, hace sacar tanta lengua, pide papel y garabatea, y ... y se le descompone la espuela en la puerta, sin podérsela arreglar hasta que llega la sirvienta con la propina?- Ni cosa parecida. Un médico viejo, pero inteligente, un Corvisart, un Dupuytren, que cura los males del alma, que toma el pulso y descubre que hay un camote de aquellos que no pueden rebullirse entre dos manos...pero ya iba contando y no he de contar lo que de hermoso tenía la pieza”.
Conoce el sanjuanino evidentemente la trascendencia de la obra de Jean-Nicolas Corvisart (1755-1821), experto en cardiología, desarrolló el método de la percusión torácica como medida de diagnóstico, afamado médico de Bonaparte.
Y la de Guillaume Dupuytren (1777-1835), famoso cirujano, profesional práctico, caritativo, de origen pobre pero amasó una gran fortuna..
Como chanza alude a estas dos eminencias de la historia médica francesa y universal, pero el tono de la obra, y de su recensión crítica, es cómico y grotesco, apelando a una imagen popular y graciosa del galeno en la sociedad.
· Enemigo acérrimo de Juan Manuel de Rosas y su sistema de Gobierno tiránico, demagógico, populachero y aparentemente nacionalista, , emite esta opinión contundente y descalificadora, valiéndose del nombre de una patología médica (“El Mercurio” de Valparaíso, Chile, el 17-11-1842, ncluido en tomo 13 de sus Obras, “Argirópolis&rdquo
: “”¡La República Argentina!. ¡Esta es la úlcera que tiene la América!”..
· “Desenvuelvan ¡por Dios! ss teorías, si tanto es lo que saben que los hincha. Dígannos el modo cómo ellos consideran a la literatura, a la poesía, a la civilización y entonces veremos si han quedado polvos y consejos que administrar a los hidrópicos” (en “El Progreso”, 22-4-1843, Obras, tomo 2).
Denuncia la esterilidad e insignificancia, la inútil parafernalia del arte literario que gasta sólo denuncias retóricas y carece de los medios concretos y eficaces para imponer y contagiar las ideas de Progreso.
Acusa la similitud de la hinchazón oratoria o escrita con la edematización de los tejidos como síntoma de determinadas enfermedades. Quiere significar semiológicamente que lo insubstancial de esa literatura indica falta de ideas, carencia de programas sólidos de gobierno.
“Nuestros padres lograron echar por tierra al león; pero éste les dejó la estampa de sus garras, la impresión de sus dientes, y las heridas que les hizo se han convertido en una fístola odiosa e impura que está supurando sobre sus hijos”.
Si bien “a sus plantas rendido un León” exclama la letra ilustre, las huellas han permanecido, cruentas y enfermas, sintetizadas en esa “fìstola odiosa e impura”. Por alusiòn al absceso que puede producirse, y que debe drenarse de pus y sangre. Las “fístulas” son una conexión anormal entre un órgano, un vaso o el intestino y otra estructura: la piel, arteria o vena, ano, vagina, vesícula, etc..
Así, por ejemplo, en los vocablos y acepciones médicas. Como “tisis”, conoce los términos en griego, en inglés, francés: “pthuzis, phtisic, phtisie, respect Citas como ésta, le valen para reflexionar correctamente sobre la tendencia filológica británica y la francesa, en reconocer el origen de las palabras, diferenciándose del idioma español, que representa la fonética y que simplifica la pronunciación. De ahí la complicación de los vocablos médicos en inglés o en alemán, que conservan la escritura original del latín o del griego.
“¿Y creen los preocupados por la educación española que sofocarán este sentimiento de vida propia, que se manifiesta tan espontáneamente por todas partes en América? ¿Creen que somos ellos y nosotros un feto que lleva la España todavía en sus entrañas, y que nos ha de continuar alimentando de su sangre, cuando ya hemos respirado el ambiente de la existencia, y cuando está roto ya el cordón que a ella nos unía?” (“La reforma ortográfica”, en “El Progreso”, 17-2-1844, ìd.).
El símil del feto rompiendo el cordón umbilical, le vale para indicar nuestra apetencia de autonomía lingüística y política respecto de España, de su tradición histórica; ya hemos nacido, como nación libre e independiente...
· El espíritu de la Colonia, sus costumbres, ideas y prejuicios se encuentran insertados desgraciadamente, casi indelebles, observa S., en el espíritu argentino: “en el alma de nuestro pueblo, como otras tantas úlceras que le impiden ser feliz” (“El espíritu colonial”, en sus Obras, tomo 23).
En ese escrito señala también que “La América nuestra es mirada hoy día como un enfermo incurable”, debido a esa herencia pesada y difícil, si no imposible, de combatir.
· El terror, un mal profundo de la tiranía rosista, lo define en su “Facundo”, como una “enfermedad pública contagiosa, de súbito efecto y lenta desaparición. Se transmite de persona a persona...”.
En el cap. VIII de ese libro, expresa: “Es que el terror es una enfermedad del ánimo que aqueja a las poblaciones como el cólera morbus, la viruela, la escarlatina. Nadie se libra al fin del contagio. Y cuando se trabaja diez años consecutivos para inocularlo, no resisten al fin ni los ya vacunados...Esta enfermedad la traemos en la sangre!”.
Considera genética esta tendencia espiritual, que como las enfermedades infecto-contagiosas, son una “peste” que se difunde en todos los ambientes, por efecto de la propagación colectiva del “vibrio cholerae”, del “variola virus” o de la bacteria “steptococcus A”, en cada caso.
“Mal de raza, de antecedentes, de impotencia.- Probaré a curarlo. El enfermo resistirá. Curarélo” (Obras, t. 49).
“Las masas, lo sabéis, eran aquí y lo son en todas partes, la ignorancia, la pobreza y el temor; como eran los Dioses del pueblo romano ‘Pavor, Mavor, Pallor’, el Horror, la Muerte y la Enfermedad”.
Divinidades tanáticas, apocalìpticas, personificaban el miedo, el pavor, el espanto, la palidez terribles. Con ellas compara el analfabetismo y la miseria..
· En carta al Dr. Amán Rawson, médico, padre de Guillermo, le envía ejemplares de su “Facundo” a San Juan:
“Le remito las medicinas pedidas, es lo más fresco que se encuentra en la farmacia”.
El cajón con el curioso remito, contenía azafétida (“algo hediondo para que no lo abran en el resguardo de Uspallata&rdquo
y debajo los ejemplares de su obra. (ver “S. anecdótico” Augusto Belin, ed. 1929, p. 36).
Decía la epístola a Rawson, advirtiendo, que contenía el bulto, dicha sustancia de olor nauseabundo, para curar la tos “coqueluche”, convulsa, enfermedad bacteriana que ataca el tracto tráqueo bronquial.
Rosas había prohibido que circulase ningún escrito sarmientino en nuestro territorio y éste fue el recurso ideado por el escritor, fuerte opositor, para hacer pasar los libros a la Argentina.
En su “Facundo” acentúa el poder de la Inmigración europea y la necesidad de su fomento en estas tierras americanas:
“y si hubiera un gobierno capaz de dirigir su movimiento, bastaría por sí sola a sanar en diez años no más, las heridas que han hecho a la patria los bandidos...”.
En esta primera etapa de su filosofía, optimista y progresista absoluto, considera a la inmigración como remedio, ante el caudillismo, la anarquía y el desierto, que evalúa como patologías, enfermedades...
En el Capítulo 9 de dicha obra, “Guerra Social. La Tablada” valoriza la tarea militar y política del unitario Juan Galo de Lavalle (1797-1841):
“la que Lavalle hizo, fue dar con la espada un corte, al nudo gordiano en que había venido a enredarse toda la sociabilidad argentina; dando una sangría, quiso evitar el cáncer lento, la estagnación”.
Alude. a la sanguinaria campaña de Lavalle con la derrota y ejecución de Manuel Dorrego en Navarro (1828). Ésa fue , según S. M. del Carril “la ocasión de cortar la primera cabeza de la hidra...”.
Luego de avances, retrocesos, muertes..., en Entre Ríos, al sur de Concordia, vence en Yeruá a los entrerrianos (1839). El general pronuncia una terrible arenga: “Es preciso degollarlos a todos. Purguemos a la sociedad de esos monstruos. Muerte, muerte sin piedad, derramad a torrentes la inhumana sangre...”.
La flebotomía a que se refiere don Domingo, indica la extracción terapéutica de sangre al paciente, es un tipo de tratamiento médico, para evitar el estancamiento de la sangre, en patologías hematológicas como la policitemia, p. ejemplo.
· “Nosotros nos sentimos prósperos y esta enérgica salud, impele a la guerra a la grande mayoría. Mi opinión es que esta América tiene un principio mórbido, que la llevará siempre a despedazarse. Somos apopléticos. Nos ahoga la sangre” (en su Obras, t. 35).
Refiérese a la “apoplejía”, como ACV, accidente cerebro vascular por obstrucción del flujo sanguíneo al cerebro o por hemorragia. El exceso de sangre, la plenitud de la misma, genera, según su interpretación trasladada a la política sudamericana, una necesidad de acción por sobra de energía...
· Sobre los efectos calmantes, analgésicos del libro “Facundo” en la sociedad política de su época:
“sus doctrinas inoculadas en la sangre de los febricientes partidos, calmó los espíritus a guisa de un bálsamo” (Obras, tomo 38).
El bálsamo oficiaba de desodorizador y purificador, por ejemplo en el proceso de momificacion en Egipto antiguo, de ahí el término ‘embalsamar”. Mezcla de ésteres, como el incienso, agregando resinas y ácidos aromáticos para producir el efecto mencionado.
· En 1846, en carta a Antonio Aberastain, incluida como capítulo de sus “Viajes”, califica a Paris de “ciudad enferma de fiebre cerebral”, por su prestigiosa actividad de pensamiento, por la admirable proliferación de teorías políticas, por su exceso de intelectualidad.
En carta a José V. Lastarria, desde Madrid, también cap. de “Viajes”:
“Esta Aspaña que tantos malos ratos me ha dado..., si por fortuna me toca andarle con los dedos sobre una llaga a fuer de médico, aprieto maliciosamente la mano para que le duela...”.
Al visitar el Palacio de El Escorial: “¡Oh, Escorial! Aquí, bajo tus bóvedas sombrías, está toda la historia de esta pobre enferma, cuyo hondo mal,médico alguno ha estudiado todavía”.(“Viajes”, cap. “Madrid&rdquo
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Utiliza un lenguaje hábilmente medicalizado, al narrar sus anécdotas e impresiones personales, al interpretar sucesos y monumentos históricos y al prescribir normativas de vida cívica. Como p. ej., “el cáncer de la esclavatura” en Brasil...
Escribe a Adolfo Alsina:
“En Norteamérica han desaparecido las más feas úlceras de la especie humana, se presentan algunas cicatrizadas ya aún entre los pueblos europeos, y que aquí se convierten en cáncer, al paso que se originan dolencias nuevas para las que aún no se busca ni conoce remedio”.
Viene a decirnos y reconocer que cada civilización y cada era histórica posee sus “enfermedades”, sus defectos, sus tendencias, desde las más antiguas y tradicionales hasta las más modernas, y para todos se requieren correctivos, soluciones.
En nuestros países, lamentablemente, se agravan, se cancerizan, se convierten en patologías oncológicas, en tumores incurables o difíciles de erradicar...
Observa críticamente la civilización yanqui. Se consolidan sus ideas “claras y distintas” sobre Filosofía de la Historia y Sociología de los Pueblos. Ve, y denuncia categóricamente la agresividad, la codicia, el mal gusto, la ineducación en más de un sentido, de las clases populares yanquis.
Su viaje, revelación en algunos aspectos, en otros, lo desilusiona y lo concientiza. Lo madura en sus meditaciones políticas, sociales y pedagógicas.
Por ello escribe a su amigo Posse que prepara una obra de Educación para estos pueblos, tan adelantada y futurista que será aplicada posteriormente en el tiempo por sucesivas generaciones que la heredarán:
“Es simplemente un estimulante, un sinapismo a toda esa pobre América”. “Sigo mi camino, consagrándome a preparar el remedio que otros aplicarán más tarde...Educación, Educación...” (Obras, tomo 29).
Del griego “mostaza”, significa una medicación preparada como cataplasma o emplasto con mostaza, o alguna otra sustancia irritante. Por extensión indica, en el sentido que lo usa S., meditación para estimular algo o a alguien en forma enérgica. En su caso, promover el adelanto de nuestras naciones por la inyección de la Escuela Popular.
“Y a introducir esta vacunación, para extirpar la muerte que nos dará la barbarie insumida, en nuestras venas, consagró el que esto escribe su vida entera” (Obras, tomo 38).