martes, 14 de octubre de 2008

                        el lenguaje médico en  sarmiento.  iiª  PARTE.-

 

 

                                                                        Por  Guillermo R. Gagliardi.

 

 

Textos sarmientinos  de la década de 1850.-

 

 

  • “De ahí también el doble remedio indicado con igual anticipación, inmigración europea y educación popular, que serían seguro antídoto, si no hubiesen de administrárselo los mismos enfermos, que le hacen perder su eficacia a fuerza de volver la cara haciéndole ascos, no obstante estar persuadidos de su acierto”.

(“Recuerdos de Provincia”, cap. ¡La vida pública’, Obras Completas, t. 3).

 

El Político-Médico  recomienda su receta Inmigración y Educación, “una profunda revolución”, para derrocar la “enfermedad hereditaria americana”, la Barbarie hispánica. Tiene Fe concentrada en el Poder Curativo de sus “medicamentos” cívicos.

 

“Aquí vienen los candidatos, sánalo todo de las llagas del pueblo, panacea universal de las dolencias de Santiago”-

            (“Candidatura Montt”, 1851, en sus Obras, tomo 52, “Escritos diversos&rdquoGuiño.

 

 

  • “Un camino  de hierro a Santiago es una jeringa permanente para inyectarle por vaso excusado las buenas ideas, porque hacérselas tragar por la boca, es empresa en que usted y yo hemos fracasado. Hace gestos de condenado y lo peor es que araña y muerte esta desorejada, a quien quiere curarla”.

 

Carta a Bartolomé Mitre (1821-1906), desde Yungay, Chile, 9-7-1852, dibuja la oposición cerril al progreso, connatural a nuestra raza.

 

  • A propósito de la polémica con Juan Bautista Alberdi (1810-1884) y recordando comparativamente los personajes de las comedias de Moliere  (1622-1673) y su actualización y adaptación satírica en este tiempo, 1853 (sus obras más famosas fueron “El enfermo imaginario”, “El misántropo”, “El médico a palos”, “El avaro”, etc.),  la propaganda y el engaño del periodista mentiroso:

 

“por la manía y el plan de embaucar. Este hecho revela a Alberdi, y no existiendo  en tiempo de Moliere la ‘réclame’, que ha hecho ganar millones en estos tiempos a los autores de pomadas maravillosas, de bálsamos de Tetuán, para curar enfermedades secretas, no vio este tipo original moderno del periodista réclame...”.

 

  • Entusiasta de la divulgación de la Ciencia como maestro y como reformador social, S. brega por la difusión popular de los conocimientos médicos como medio de producir “efectos visibles en nuestra sociedad”.

 

Por ello incentiva como Gobernante, como político, la propagación de las Bibliotecas locales  o barriales, y la introducción de libros apropiados que procuren la intensificación y extensión de la instrucción pública extra escolar:“

 

“¡Y bien! Si hubiera un libro que, despojado del lenguaje técnico de la ciencia, y en estilo claro y ameno...”.

 

Y ejemplifica ampliamente con la divulgación de las causas y efectos de la Anestesia:

     

“Hácese frecuente por todas partes el uso del éter o del cloroformo, para suspender la vida, mientras se ejecuta una operación dolorosa sobre el cuerpo humano.

 

Vemos morir y resucitar a nuestros deudos, vemos a personas queridas entregadas a este sueño terrible, en que puede cortarse una pierna con el hacha si se quisiera, sin que el paciente despierte, lo advierta o se queje.

 

¿Cómo entró en posesión la cirugía, de auxiliar tan poderoso?. ¿Quiénes lo descubrieron y perfeccionaron? ¿Qué peligro hay realmente en esta muerte momentánea, en este alejar el alma un momento, y llamarla sólo cuando el cuerpo que la habitaba ha perdido un brazo, o una pierna  inutilizada?

 

¿Sería por demás para el reposo de las familias, para aquietar las dudas y temores de los enfermos, hacer popular el conocimiento de estos fenómenos?”.

 

(artículo “Bibliotecas locales”, 15-7-1853, en “El Monitor de las escuelas primarias”, en sus Obras Completas, tomo IV).

 

El sanjuanino está totalmente informado y actualizado sobre  el uso la anestesia, primeramente por el Dr. Crawford W. Long con el éter, en Georgia. Al año siguiente el Dr. Horace Wells comprueba este uso, en este caso, del óxido nitroso, en una extracción dentaria y desde 1848  con el cloroformo.

 

De acuerdo con esta fundamentación traduce y hace difundir el libro “Exposición de historia de los Descubrimientos Modernos” de Louis Figuier, en Santiago de Chile, 1854. El científico y escritor francés, 1819-1894, escribió una serie de utilísimas obras  para la enseñanza popular de las ciencias como “Anuario científico e industrial”, “La Ciencia y sus hombres”, “Historia de las Plantas”, “La Tierra y los Mares”, etc.

 

Al primer libros nombrado lo define S. como el “que contiene la verdadera explicación de estos prodigios del hombre”, que explica al común de las gentes el origen y organización de hechos y experiencias de la vida cotidiana universal, “gotas” “de inteligencia, de civilización  de lucidez”.

 

  • “Todo es sueño entre nosotros, hasta la vida que se salva de la epidemia que asuela a aquel país (Brasil) hace veinte años.

 

Reina en estos días la fiebre amarilla en Río de Janeiro...¡Ay! que se olvidaban que en la Confederación reinaba, hasta ahora poco, enfermedad endémica, màs rápida en sus efectos, màs devoradora en sus estragos que el còlera morbus asiático.

 

Llamóse aquella enfermedad ‘degüello’, y salvar de su diente era apenas el destierro....

 

No tiene el mal estación fija, y si amaina su fuerza, queda latente en la atmósfera, aconsejando la prudencia precaverse y no hacer desmanes.

 

Cuando los síntomas de la enfermedad aparecían en el semblante o en los actos de algún vecino, dábasele al apestado el nombre de salvaje unitario....

 

Los naturales de la tierra creen haber hallado antídoto seguro contra esta epidemia que creen adherente al suelo. Llevan un trapito colorado en el pecho como los fetiches que usan los africanos contra mordeduras de víboras...”.

 

En busca ando, hace veinte años, del medio de corregir la atmósfera argentina, de esta disposición mórbida... Tengo contra todos estos males de mi pobre y decaída patria  una receta eficaz...”.

 

Este texto pertenece al “Pròlogo” de  su “Campaña en el Ejército Grande”, 1852, tomo 14 de sus obras Completas.

 

Lograda metáfora médica como crítica de la patología política., el combate perpetuo entre unitarios y federales, la acción funesta de la mazorca, la persecución cruenta a los opositores ideológicos, su tortura, asesinato y  o destierro.

 

Asimila esta situación terrible de la Tiranía a la peste, a la enfermedad, aún peor en sus efectos, en la desolación y crueldad de sus síntomas y manifestaciones.

 

Explica la Política a través de la Medicina, elegantemente y con fineza de expresión, hasta con humor levemente irónico, pero  en el fondo, trágico, por la letalidad de la “patología” rosista...

 

Siempre S. se considera, se estima y ofrece como el Sanador, como el Médico que ha de prevenir y solucionar con su farmacopea, cívica y pedagógica, de estos  soberanos y repetidos males de nuestra Historia.

Concibe fuertemente su propia imagen procérica de Higienista Político y Apóstol Social, ante el panorama tremendo de nuestra  Barbarie.

 

  • “No estará de más señalar algunas de las facultades asignadas a las autoridades municipales en las grandes poblaciones norteamericanas (...); tales como nombrar guardianes de la salud pública, autorizados para entrar de día en toda clase de edificios, sitios y terrenos, e informar sobre su estado en cuanto puedan afectar al público”.

 

Sábese cuáles son nuestros antiguos hábitos de desaseo y el poco cuidado que se pone en impedir la creación de malos olores, producidos por la putrefacción”.

 

(“Industrias malsanas”, en ‘El Nacional’, 10-3-1856, y en sus obras, tomo 24).

 

Vuelve sobre el tema, preocúpale, pues vio los adelantos al respecto en territorio yanqui y es consciente del valor de tales controles.

Reconoce la armonización entre los derechos de propiedad e industria y las condiciones de vida, higiene popular y ambiente municipal. 

 

Sigue principios liberales y  las normas de conciliación de intereses públicos y privados: “Vida municipal. Industrias insalubres”, 13-8-1856, en el tomo 26 de sus Obras.

 

  • “Imposible es no convenir en que estos actos solemnes en que en nombre de Dios la sociedad lleva a los enfermos del cuerpo en los hospitales, socorros, consuelos y cuidados, y a los del espíritu, en las cárceles, atenuaciones, consejos y esperanzas, sean estériles para la moral y para el alivio del ánimo atribulado.

 

Menos sostenible sería que la tierna ceremonia de ayer no sea de grande auxilio para la reforma de uno que otro delincuente menos avezado en el crimen  y de solaz y consuelo para todos.

 

Nuestras diferencias de opiniones no están ahí, donde a un mal ya desenvuelto se aplica un remedio único posible. Nuestra persuasión es que el espíritu religioso ha de aplicarse a la prevención del mal, extirpándolo en su origen que es la barbarie en que  se cría el hombre”.

 

Artículo que publica en “El Nacional” en 1856, titulado “Comunión de los presos”, incluido en el tomo 24 de sus Obras, “Organización- Estado de Buenos Aires”.

 

El mal radica netamente en  el nacimiento y el ambiente primero del hombre, por ello la Educación, la Instrucción, la Cultura, requieren la mayor atención, pues luego, toda plegaria, lamento o socorro  será inútil, ante la Barbarie ya consolidada.

 

  • Escribe una carta a Justo José de Urquiza sobre las dificultades para entrar en plena vigencia la Constitución y la Organización de la Nación, por obra negativa del caudillismo y otros intereses personales, y la propuesta de “remedio efectivo”, sólido, exclusivamente de índole Cívica, la medicina de la confianza en los valores de la Nacionalidad, en la República y su Organización, su “pronóstico” se basa en la destitución y fracaso de la gestión  del mandamás entrerriano:

 

“¿Qué remedio ahora al mal hecho, general?. Le aseguro que me tengo por pasable médico, y que no le hallo hechura. Cuanto más le tomo el pulso a la situación, más desesperada la encuentro.

           

No, General: estas son cucharas de pan, cataplasmas, que entretienen pero no curan. El ùnico remedio, el ùnico apoyo sòlido, es que S. E. ni sospecha siquiera: la Fe. Restablecer la fe perdida.... Es S. E. hombre perdido, sin rehabilitación posible”.        

 

(Carta de Yungay, 1852, en su “Las ciento y una”, Obras , tomo 15).

 

  • Con motivo del rechazo del Código de Comercio de Vélez Sársfield (1800-1875; el Código  fue elaborado por Vélez y el uruguayo Eduardo Acevedo, sancionado en 1859, rigió en la Nación desde 1862), en el Congreso de Buenos Aires, escribe un artículo hilarante, sustancioso, ironizando  contra el discurso del Senador José Mármol, fomentando su dilación y pase a Comisión.

Alaba al lúcido médico Irene Portela, como parlamentario (artículo en “El Nacional”, 6-7-1857, reproducido en el tomo 24 de sus Obras):

 

“Debemos hacer justicia al buen criterio del Dr. Portela, que no obstante haber opinado a favor del nombramiento de la comisión votó en contra cuando vio que la Ciencia iba a ser manoseada por los legos”.

 

Se refiere S. a los comerciantes y políticos que opinaron decisivamente e influyeron en el rechazo del Código sabio de Vélez. Y alude, señalando la actitud digna y perita  del médico Senador, a un dístico popular del Dr. “Le Roy”, puestos a este criterio científico y acertado:

 

“Médico de reputación, se acordó sin duda de los estragos que en el juicio del vulgo ha hecho Le Roy, con esta sublime pieza de charlatanismo:

                                    El que me lleva en el bolsillo

                                                Lleva el médico conmigo”.

 

Menciona el sanjuanino al cirujano francés Jean-Jacques Joseph d’Etiolles Leroy. Coetáneo de S. (1798-1860), reconocido en la historia de la Medicina por su técnica de la litotricia El Dr. Ireneo Portela también fue su contemporáneo (1802-1861).

           

            “El Señor Mármol ha obtenido un espléndido triunfo, el quimagogo tiene partidarios en el Senado. ¿Para qué sirven los médicos?”

 

S. adopta una opinión favorable a la Ciencia y la sabiduría de los especialistas en Jurisprudencia y, por comparación, en Medicina, oponiéndola a la estéril imposición de criterios populares de escasa arquitectura lógica y evidente liviandad de conocimientos (como el supuesto “pan quimagogo o purgante”, engañosa  panacea del mistificador Le Roy).

 

 

“La conciencia humana en los casos cuestionables o científicos necesita reposar en algo, y cuando no sé de una dolencia me atengo a lo que me dice el médico y entre un médico y otro, al más afamado. Así se tranquiliza el hombre, porque de lo contrario, sería necesario que fuera  cada hombre un enciclopédico”.

 

Sesión en el Parlamento, del 19-6-1857, en tomo 18 de sus obras. Sobre Discusión y Enmienda al Código de Comercio, reflexiona sobre la conciencia humana y su fundamento en materia jurídica. . Ilustra su pensamiento, desde la perspectiva de la ética hipocrática,  con un ejemplo de la consulta médica y la conciencia del paciente.

 

  • “El hospital cura la enfermedad que ha provenido de los desórdenes y abusos de apetitos indisciplinados: la escuela, elevando el carácter moral, previene la incontinencia y los malos hábitos”.

 

De su “Educación Común”, tomo 12 de las Obras Completas, “Memoria presentada al Consejo de la Universidad de Chile sobre estas Cuestiones”, 1856.

 

El tema médico como término de comparación en relación con  la educación, parangón hospital/escuela  en cuanto a su función ética y formadora de la personalidad. La Instrucción tiene en su ideario un significado galénico: es una tarea y un resultado generador de Salud, preventivo y correctivo.

 

  • “Una vez observaba en Chile que había trescientos abogados y sólo  cuarenta médicos, al mismo tiempo que en Estados Unidos estaban estudiando en las aulas de jurisprudencia sólo cuatrocientos estudiantes y en las de Medicina, cinco mil.

 

La comparación de estos dos hechos daba suficiente idea, a mi juicio, del estado de la inteligencia de ambos pueblos: mucha ignorancia donde muchos abogados se necesitan y poco bien estar donde el médico no es por todos consultado”.

 

Sesión parlamentaria del 18-6-1857, en tomo 18 de sus Obras.

 

Establece un parangón entre Chile y los Estados Unidos, en cuanto a la existencia de profesionales y el estado de la civilización en sendas naciones.

El número elevado de estudiantes de Medicina se corresponde con el mayor grado de Cultura y mejor calidad de vida consecuente.

 

A igual asunto y enfoque  se dedica en un pasaje de su “Educación Común”, cap. “Sistema que convenga adoptar para procurarse rentas con qué costear la instrucción primaria”.

La conclusión es expresada aquí por su autor aún con mayor acuidad y contundencia:

 

“La razón de estar aquí y allá las cifras invertidas, salta a la vista. En donde todos tienen instrucción, de todos son las leyes conocidas, y se requieren pocas veces intermediarios para su interpretación, mientras que siendo todos instruidos, acuden al médico; y lo remuneran por sus servicios.

Los muchos abogados de Chile y los pocos médicos, prueban la misma cosa, mucha ignorancia en la masa de la población”.

 

  • “Un insigne médico, que ha pasado estos días por Buenos Aires visitando la América y estudiando  sus enfermedades, M. Stamp, me ha asegurado como hecho científico que Buenos Aires es la ciudad más salubre que existe en el mundo, pues dura en ella la vida media del hombre 43 años, mientras que es de 30 a 36 en otras partes”.

 

Esa información médica le estimula a S. para proyectar la urgencia de “fundar el sistema de escuelas comunes, para educar al soberano” y preparar un futuro más venturoso para América hispana.

Publicado por Desconocido @ 8:53
Comentarios (0)  | Enviar
Comentarios