EL LENGUAJE MÉDICO EN SARMIENTO. Parte III.-
Por Guillermo R. Gagliardi.
Textos sarmientinos de la década de 1860.-
(Cartas de Sarmiento a Félix Frías, desde Buenos Aires, 20 y 16-4-1861; en “S.-Frías- Epistolario inédito”, ed. de Ana M. Barrenechea, Universidad Nacional de Buenos Aires, Facultad de Filosofía y Letras, 1997, p. 100-102).
El 10-3-1861 la provincia cuyana sufre un Terremoto; Frías organiza la ayuda y acude a la ciudad. Sarmiento, por su parte, envía ropa, elementos de primeros auxilios, medicamentos, etc., con prontitud y diligencia, indicando informadas normas para su concreción.
El sistema circulatorio y su fisiología le permite analizar, en su mensaje a la Legislatura provincial, y comparar con el método de Irrigación que propulsa en 1862 como Gobernador de San Juan.
Asimila las dificultades circulatorias a los movimientos políticos anárquicos.
(“Discursos Populares”, Obras Completas, t. 21: en 1862 ante los restos del Cónsul de Chile, Dn Juan Gervasio Borgoño.).
Sarmiento evoca el pensamiento ilustre de Blas Pascal (1623-1662), pensador y científico, que “apuesta” a la Existencia de Dios, la considera desde el “esprit de finesse”, las razones del corazón, el sentimiento personal y la intuición.
Descarta así las pruebas racionales tomistas. “El espíritu geométrico” no alcanza a abarcar la inmensidad magnífica de la presencia Divina (“Pensèes sur la religión”, publ. Post., 1669). Véase mi “Las razones del corazón de Pascal y S.”, blog sarmientisimo.
Refiérese también a la “Plegaria para el buen uso de las enfermedades” que Pascal compuso. Donde interpreta a la enfermedad, al dolor desde la doble perspectiva cristiana de la humanidad: como castigo o expiación divina, el cuerpo perecedero y pecador por un lado, el alma imperecedera por el otro.
La enfermedad juzgada desde la comprensión general del Cosmos.. No es algo por soportar o sufrir, sino una interpretación, una manera de justificar la vida y la bondad de Dios. Incursiona don Domingo en la Historia y Filosofía Médicas ante un discurso fúnebre.
(Obras , t. 32).
Sobre la reinstalaciòn de la Legislatura sanjuanina y en relación con sus ideas constitucionales e intervención.
(“La catástrofe de la Superstición. 2. El culto sensual”, en “El Zonda”, 1864; y en sus Obras, 1864, tomo 2: “Artículos críticos y literarios&rdquo
.
(1864). Escrito sobre el incendio de la Compañía de Jesús y el fanatismo religioso. Enfoca al culto “sensual” de la religión católica, que hechiza sobre todo a los sentimientos femeninos.
Sobre los seres exageradamente devotos , fanáticos y supersticiosos de este sensualismo seudo-religioso, los califica en términos médicos: como “enfermos raquíticos de corazón y que iban a buscar en los juguetes de una verdadera idolatría, pasto para alimentar la aneurisma moral que extravía sus sentimientos”.
Publicado en “S. anecdótico” de Augusto Belin Sarmiento, ed. 1929, p. 49.
Esta idolatría sensual causa una degeneración, un “aneurisma”, dilatación localizada de una vena o arteria por degeneración de la pared de la misma. Por lo tanto tiene entidad de Enfermedad.
(Carta del Presidente Sarmiento a Ambrosio Montt, incluida en sus obras, tomo 51).
(Carta a la educadora Juana Manso, de 1865: en “Páginas Confidenciales” de S., ed. A. Palcos, p. 191).
Se refiere a su tarea de Propagandista de la Educación, para impulsar el interés de gobernantes y gobernados, y avivar su secular indiferencia por la Escuela Común, base de su adelanto, fundamento de la Salud de la República.
De lo primero me curé con alejarme de las causas irritantes, con lo que cerró la herida. De lo segundo, la mejoría ha tardado...”.
(Carta a José Posse, 27-2-1866, en “Epistolario Sarmiento-Posse”, Museo Histórico S., ed. A. P. Castro, 1947, tomo I).
Utiliza terminología de la salud para aludir a su amigo tucumano, respecto de sus cuestiones íntimas, personales.
(“Discurso en el Congreso Pedagógico de Indianápolis”, 17 de agosto de 1866; recogido en el tomo 21 de sus Obras, “Discursos Populares” vol. I).
Interpretación hipocrática de la tarea de fundar la República Sudamericana: el remedio formidable, la Panacea, es la Educación Estatal, igualitaria.
Advierte a los yanquis sobre las dificultades, por la herencia colonial e indígena: “un enfermo que rehúsa tomar el sencillo remedio”...
(Carta a su amiga norteamericana Mary Peabody Mann, del 8-6-1866, desde New York).
La figura del médico y su oficio la traslada aquì como término de comparación con la solicitud de detalles biográficos que le requiere la Sra. Mann, para difundir su obra y trayectoria en territorio yanqui.
(Carta a Lucio V. Mansilla, incluida en sus obras, tomo 49).
La experiencia política adquiere entidad médica en su pensamiento. La actuación pública es equivalente a la sala de observación del estudiante en el quirófano. Básica preparación para la praxis profesional.
Yo me salvado hasta aquì de la plaga...”
(Carta a la Sra. Magdalena Brihuega de Aberastain, 1867; incluida en “Epistolario íntimo”, ed. B. González Arrili, Edic. Culturales Arg., p. 69).
En varios textos, cartas, fragmentos de artículos, discursos, etc. reitera este tópico del degüello esgrimido y desarrollado por los caudillos como una “enfermedad endémica”.
Acude su autor aquí a términos específicos de la Salud Pública, de la Epidemiología. “Endemia” es una enfermedad, generalmente infecciosa, que se extiende por un período prolongado en determinada población o región geográfica, como la malaria, el paludismo, etc.
La fiebre amarilla, o vómito negro, que cita comparativamente S. en relación con el fenómeno político del asesinato de los opositores, es una enfermedad viral infecciosa aguda, comùn en América, Caribe, África.
En el “Prólogo “ a su “Campaña en el Ejército Grande” hace mención con ironía y elusivo estilo a la “epidemia del degüello” en la época rosista, “esta disposición mórbida”.
Lo que es yo, dejo que sucediere lo que sucediere sin preocuparme mucho (...). No es cosa fácil que pueblo tan agitado por males presentes, busque médico a dos mil leguas de distancia...
Sus últimas por duplicado me hablan de cosas que si fueran aceptables no sería prudente examinarlas por escrito. Si lo contrario, sería largo refutarlas.
Es sólo la forma que discrepamos. Los hechos son exactos; el remedio el mismo; el nombre del médico y el régimen, pertenece a escuelas distintas, eso es todo”.
(J. Ottolenghi: “S. a través de un epistolario”, 1959, p. 75-76). Carta a sus primas “Srtas. Gorda y Flaca Lenoir”, desde New York, 10-11-1867.
Domingo les escribe sobre su serenidad ante su candidatura a Presidente de la República, como asì tambièn su lejanìa geográfica. Vuelve sobre tópicos clásicos en su escritura de temas mèdicos: el político como Mèdico, las medidas republicanas como Medicamentos apropiados al paciente, las normas correctivas para nuestros habitantes.
(Carta de S. a Juana Manso, 1866, en “Páginas Confidenciales”, ed. A. Palcos, p. 200-201).
Hace alusiòn su autor a la traducción de Henry W. Longfellow (poeta estadounidense, 1807-1882)de algunos versos de la educadora y escritora feminista, amiga y colaboradora de S., Juana Paula Manso (1819-1875) en un poema sobre su admirado Abraham Lincoln, que pueda servirle de consuelo y estímulo, ante los diversos contratiempos que suele presentar la existencia.
Como un “bálsamo”, preparación con hierbas, para distintos fines terapéuticos, muchos de aplicación y conocimiento en la “medicina popular”.
(Carta a su hija Emilia Faustina de Belin, 10-9-1867).
Define la historia argentina y su misión civilizadora, con conceptos médicos.
Este “terrible combate”, esta cirugía intensiva contra la Barbarie fue “camino largo y fatigoso”, su noviciado, su Apostolado de coraje, la instauración de la Salud de la Patria.
Utilizò instrumental cruento y medicamentes efectivos: libros, escuelas, bibliotecas, promoción de la industria.
Con trabajo hercúleo, con decisión, con conocimiento de los males del país y sus causas, con Ciencia y Conciencia, “empresa difícil pero digna de acometerla”.
(“Diario de viaje”, en el Merrimac, 1868, carta a Aurelia Vélez, incluido en el tomo 49 de sus Obras Completas).
En Bahìa (Brasil), en viaje de vuelta a Buenos Aires, ya ungido Presidente, entre cañonazos y saludos personales, destaca valiosos regalos, entre ellos:
“El Dr. Carranza me obsequia un volumen de la importante obra sobre el Army Medical Museum”, donde se consignan “los hechos observados por los médicos durante la guerra”. Y alaba el Museo Osteológico, el mejor del mundo.
Al recibir la Presidencia de la República de manos de Mitre, en un acto muy desordenado y populachero, traslada a una imagen mèdica, una “enfermedad moral”, de índole social, que requiere medidas drásticas, que dibuja dicho pensamiento:
“El mal que hay que curar es la insolencia”.
Estudiar las causas mórbidas que perturbaciones tan prolongadas producen, sería la tarea más noble de nuestros pensadores, y curarla en su origen el objeto preferente de las leyes del Congreso”.
(En sus Obras, tomo 21, discurso de 1868).
Las guerras, la desorganización social y política, el mal del analfabetismo,...son enfermedades con características de “cronicidad” en nuestra Historia.
Los legisladores y los intelectuales han de ser los verdaderos “sanadores” de estas patologías constantes de la historia argentina.
(1868, Obras, t. 21, “Discursos Populares&rdquo
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En la interpretación sarmientina, los Digestos, las Recopilaciones de Normas Jurídicas adquieren la categoría de Vademécum, de Manuales Médicos, siempre en procura del desarrollo y organización sólidas de la República, es decir, de la Salud integral del Ciudadano.