sábado, 18 de octubre de 2008

                                    EL LENGUAJE MÉDICO  EN  SARMIENTO. 4ª parte.-

 

 

                                                                        Por Guillermo R. Gagliardi.-

 

 

 

Textos sarmientinos de la década de 1870.-

 

 

·        En una Iglesia abandonada en Córdoba, quiere construir una Escuela, ofrece 2.000 fuertes al Canónigo principal, quien accede con la condición de que no se desempeñen maestros protestantes.

 

Ante el riguroso, cerrado pensamiento del  sacerdote, exclama don Domingo:

 

“La enfermedad crónica cerebral”, “el Presidente no podía firmar obligaciones que negaran derechos acordados por la Constitución”.

 

·        Las enfermedades políticas son contagiosas”.

 

Se refiere S. al asesinato del Brig. Gral Venancio Flores en Montevideo  (apuñalado el 19-2-1868) y al de Lincoln (15-4-1865) y su influencia posterior (luego, J. A. Garfield en 1881, W. McKinley en 1901, J. F. Kennedy en 1963) .

 

El tiempo le fue dando la razón a esa expresión e idea, a esa profecía mèdico-polìtica, avizora,: la muerte de J. J. de Urquiza en 1870, el intento de asesinato, frustrado, de  los mercenarios italianos, hermanos Francisco y Pedro Guerri contra  él  mismo, en la noche del 23  de agosto de 1873 (luego ocurrirían otros atentados en nuestra historia, contra J. A. Roca, V. de la Plaza e H. Irigoyen...).

 

·        Las grandes ciudades tienen sus enfermedades propias, que es preciso estar curando siempre, como la sarna en las grandes majadas”.

 

Se refiere a una enfermedades urbana, milenaria, la escabiosis, que es una dermatosis, una enfermedad infecto-contagioso, producida por un ácaro, común en animales y personas.

 

·        “...tratándose de hombres que forzosamente han de venir dentro de un buque, conociendo como se conocen hoy las prescripciones higiénicas, el capitán que a sabiendas mete dentro de un camarote cien o doscientos hombres si no comete un crimen, hay por lo menos, el antecedente de un homicidio: se sabe qué cantidad de aire vicia un hombre dormido y no darlo en la cantidad que corresponde, es poner en peligro, a sabiendas, la vida de los hombres.

 

“¿No habrá quièn pregunte cómo han perecido esos hombres en el camino, cómo vienen todos llagados, cómo vienen todos muriéndose por haberles faltado el aire muy necesario para vivir, por no haberles dado el alimento suficiente para su subsistencia?”.

 

“...porque si no hay aire y luz suficiente, peligra la salud y trae consecuencias que hoy son conocidas”.

 

 (Discurso: “Sanción penal sobre abusos de empresas de inmigración”, 1876).

 

Preciso en sus observaciones, exige en el Congreso la penalización de estas contravenciones a reglas elementales de salud colectiva  y de consideración humana. Denuncia el hacinamiento, el hambre, el desaseo y malos tratos. Propone una legislación severa en su reglamentación, en su cumplimiento normativo.

 

“Estamos haciendo legislación por la conservación de la humanidad.

Se trata de hombres como nosotros mismos, y los hombres no son azúcar, ni son yerba ni mercadería”.

 

Quiere elevar en el espíritu ciudadano la atención  de las cuestiones de la salud de los inmigrantes y de la protección de una Legislación Sanitaria previsora, por una  parte,  y sancionadora, punitiva, de los incumplimientos  o abusos.

 

“Se relacionan con cuestiones de interés público. Pero nos parece que son baratijas, que no valen la pena de atenderlas, y sin embargo son necesarias”.

 

·        “Nosotros ni con la independencia nos hemos curado de la enfermedad colonial de abarcar tierras sin poblarlas, por falta de industria y de agricultura”. (1871).

 

Se ocupa S. en  diversos escritos, discursos y cartas, además de emprendimientos concretos,  sobre el asunto de los “latifundios”, en Latinoamérica. es decir de las grandes extensiones  agrarias,  utilizadas ineficientemente, concomitante con la precarización de la mano de obra,  la escasa o nula capitalización y tecnología. Causa fundamental de  inestabilidad social y política. Exige una  esencial “reforma agraria”...

Enfermedad incurable, crónica, que persiste desde la Colonización...

 

“Los ferrocarriles tienen que atravesar los centenares de leguas que separan las poblaciones, para inyectar nueva sangre, y servir de arterias para que ésta anime y vivifique el cuerpo social”.

 

Compara el sistema circulatorio  de la anatomía y fisiología humana con el político y la función del progreso ferroviario en la expansión económica e industrial de la nación. Otro tópico esencial en su ideario y lucha civilizadora.

 

·        “Por  entonces tomaba ya un carácter de malignidad, como las heridas que no se curan al principio y que muestran una de las aberraciones más tristes del espíritu humano”.

 

El Presidente S, tuvo que lidiar con la oposición para poder hacer aprobar la revisión del “Código  de Comercio” que Vélez Sársfield y E. Acevedo concibieron, a sus instancias, en 1856 y que se aprobara en 1862 con vigencia nacional.

Asemeja estas dificultades lacerantes a la problemática terapéutica de algunas  patologías por efecto  de su gravedad o “malignidad”.

 

·        “Le agradezco el cuidado que le inspira mi salud. La sordera  es compuesta. Un oído perdido hace años y otro amenazado. De éste emprendí cura  con médicos, baños, dieta, cáusticos, etc., y sané hasta oír bastante claro; pero después que me llegó la carta tuve ocasión de aplicar el agua con sal sorbida por las narices, y si bien no puedo, en conciencia, decir que obtuve mejoría, la verdad es que estoy mejor estos días”.ç

 

(Carta de S. a Mary Mann, 16-2-1872). En “Epistolario íntimo”, ed. B. González Arrili, ECA, 1963, p. 108.-

 

Cuando estará llegando al final de su batalladora Presidencia, su ánimo dolorido y quebrantado, le comunica a su amigo tucumano José Posse que  se encuentra más enfermo (20-12-1872).

En 1874 le manifiesta  al mismo, su deseo de retirarse de la vida pública y recluirse en “su isla” del Delta del Paraná (15-1-1874, “Epistolario S.-P.”, t. II, p. 378). La sordera le es  casi total, la tensión cerebral aumenta:

 

He quedado sordo rematado, con ocho meses  de tensión cerebral, requerida por Jordán,  Segovia, los intrigantes del Congreso, los ‘Enfans terrible’ de la prensa. Etc.-

 

No podré servir de Plenipotenciario, de Ministro, ni de Diputado, no teniendo oídos para oìr disparates y aún cosas serias.

 

He pasado un mes en las islas, uno de los más serenos y activos de mi vida. Levanto una casita, planto un jardín, navego, y vuelvo con entusiasmo a mis sueños juveniles.

 

Es posible que me quede por ahí, si logro, como espero, hacerme la residencia más bella que estos lugares puedan proporcionar.

 

No me sobra dinero para tener coche y casa montada en Buenos Aires... No quiero viajar, ni legaciones”.          

 

El 17-7-1874:

 

“Estoy  sordo y con la garganta en continua erupción; pero vivo y me rebullo”.

 

Sobre el éxito aparente de su tratamiento del oído con el Dr. Doncel, le escribe a Posse:

 

“Para dar un buen rato te diré que estoy amenazado de recuperar el oído! , gracias  a los desvelos de un joven médico sanjuanino, Dr. Doncel, que ha tomado a pechos curarme: ensaya nuevos métodos en el hospital en sordos, si encuentra a mano, o en sanos, y me los aplica enseguida.

 

Esta vez con acierto, pues oigo mucho, y si dura puedo decir que oigo lo bastante para vivir decentemente”.

 

(25-6-1877, en “Epistolario Sarmiento-Posse”, tomo II, p. 425).

 

“Habrás leído en los diarios, acompañadas de puteadas, que he mejorado; sanado, dicen del oído. ¡Qué desgracia! Créenlo una calamidad pública. He  mejorado mucho, muchísimo en efecto, tanto que creo tener lo bastante para mi poco consumo de oír palabras y ruidos, no siendo grande aficionado a la música y pudiendo prescindir sin esfuerzo del chirrido de las carretas tucumanas gracias al ferro-carril.

 

Un  médico joven, Dr. Doncel sin reputación, lo que permite estudiar y aprender, se había consagrado de dos años atrás a inquirir en los libros y revistas recientes, y ensayar en los pobres en el hospital, lo que de nuevo se indicaba como eficaz; y cuando tuvo reunida su colección, de jeringas, sondas y aparatos de ver, y de inflar me sometió a uno de varios tratamientos. Tres días después los efectos eran sensibles y me diera después de dos meses de régimen por enteramente restablecido si el timbre de la campanilla, el tic tac del reloj, y la tónica del piano, no mostrasen que me trasmiten menos vibraciones sonoras que los otros experimentan.

 

Al  médico le ha valido media notoriedad y salen de debajo de tierra sordos que se ignoraban a sí mismos, o sujetos de 82 años, empedernidos e incorregibles por osificación o cronificación que es la última forma de los viejos, sobre todo si han tenido mujeres”.

 

(17-8-1877, ob. cit., p. 427).

 

“Mi salud está sujeta a las más singulares contingencias. He estado sordo como una tapia hasta anteayer que vino el médico y me restableció el oído en un segundo.


Estaba ya desesperanzado de recobrarlo, y me da vergüenza decir que estoy bueno, después de haberme lamentado de haberlo perdido completamente, y esto de la noche a la mañana.

 

Parece fuera de duda que la laxitud de ciertos músculos hace que se cierre y obstruya un conducto, que lleva el aire aspirado al interior del oído.

 

Sólo así se explica cómo se restablece instantáneamente al inyectarle artificialmente el aire”.

 

(4-8-1878, ob. cit., p. 452).

 

 Le ha escrito a su amigo Posse sobre el aparente éxito de su tratamiento otológico con el joven médico sanjuanino, Dr. Salvador Doncel.

Debajo o detrás de la reflexión moral subyace la dolencia física. La  esfera privada bajo la acción de la vida pública, una y otra mancomunadas en su extraordinaria personalidad.

 

La enfermedad es interpretada en el pensamiento sarmientino como un impedimento del desempeño ejecutivo.

 

En sus textos epistolares se detiene en detalles  de su patología y del tratamiento adoptado.  Enfoca su padecimiento desde una óptica de humor y sarcasmo, vinculándola con su “martirologio” público.

 

·        “Yo me extasío en considerar los bienes que traerá  para la salud de millares de hoy en adelante, la distribución de aires puros, de sol radiante, de vistas encantadoras.

 

Éstas son las verdaderas riquezas de las naciones”.

 

(“La sierra de Córdoba”, 26-10-1871. Discurso al inaugurar el Ferrocarril de Córdoba a la Calera; en Obras Completas, tomo 21).

 

Comunica su exaltación por  los avances en salubridad pública, y sus beneficiosos efectos para las mayorías. Es tema, preocupación y acción recurrente en toda su vida.

 

·        “Creemos que ciertos hechos presentan muestras del estado de las ideas del pueblo en Córdoba, casi enseñando el cerebro en movimiento, como aquel cirujano que teniendo un sujeto a quien faltaba un fragmento del cráneo, pudo ver el encéfalo, pálido de ordinario, encenderse un poco, ruborizarse y enrojecerse cuando el paciente dormido se entregó a las ilusiones de una fuerte pesadilla.

 

El médico veía, pues, funcionar el cerebro. Cuando dejó de hablar (el dormido) el color del tejido que lo encubre bajó a rosado, a rosado pálido, a pálido como antes. Volvía el  órgano al reposo”.

 

(“Sesenta años después. La Exposición Industrial en Córdoba”, en tomo 48 de sus Obras, “La escuela ultrapampeana&rdquoGuiño.

 

El encéfalo (etimológicamente, ‘dentro de la cabeza&rsquoGuiño constituye la zona superior y masiva del sistema nervioso; está protegido por la meninges y el líquido  cefalorraquìdeo. El cerebro posee una ‘sustancia blanca’ y una ‘sustancia gris’.

El color rosáceo se relaciona con la actividad cerebral, el funcionamiento neuronal.  La palidez habitual, con el reposo de dichas funciones.

 

S. traslada estas referencias anátomo-fisiológicas al campo de la política, más específicamente, alude irónicamente al entusiasmo por  el evento expositivo, y a , seguramente, su inveterada calma en la provincia mediterránea,  cuando cese la misma.

 

·        “Hacéis, pues, muy bien en fundar establecimientos de educación argentina, como si pusierais aguas corrientes en una ciudad infecta”.

 

Esta valoración del pedagogo (1873) continúa manifestando su  sòlida creencia, optimista, en el efecto salutífero de la instrucción popular en la vida institucional del país.

 

·        “El dolor es el signo y el efecto de las enfermedades del cuerpo, no la causa;  y acaso estas dolencias sociales  (...) son simples resultados de las ideas malsanas que luchan por prevalecer o se reproducen de épocas pasadas”.

 

(Mensaje presidencial en la apertura del Congreso, en mayo de 1874, en sus Obras, tomo 51).

 

Las “dolencias sociales” son referencia sarmientina a las revueltas  del pueblo, al desorden público.

En su interpretación clínica son consecuencia de  “enfermedades” subsistentes en el país. Son síntomas o signos de patologías: sucedáneos de la influencia colonial, hispánica, la tiranía y el despotismo político en general. .

 

·        “La fortaleza de ánimo” que permitió concebir a los británicos las empresas de exploración y viajes y el fundamento de “las instituciones representativas” ha sido posible por “una fuerte educación Gimnástica” que “desde temprano (ha) endurecido el cuerpo a las fatigas o adiestrado los miembros para bastarse a sí mismos en los momentos difíciles”.

 

Entiende el precepto “mens sana in corpore sano” como un dogma moral y un seguro aval para las  democracias, por “el desprecio con que, por su ineptitud física, las masas populares miraban a los hombres educados a quienes daban el apodo de cajetillas”.

      

       (Carta del 10-9-1874, a H. Oxenford, secretario del Buenos Aires Cricket Club).

 

Encarece  el valor, en lo físico y espiritual, de la Gimnasia y su significación en la formación del carácter nacional.

Publicado por Desconocido @ 19:37
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