viernes, 24 de octubre de 2008

DOS APROXIMACIONES ENTRE PAPINI Y VICTORIA OCAMPO.

 

 

Por Guillermo R. Gagliardi.-

 

 

 

1.- La actitud testimonial.-

 

Giovanni Papini (1881-1957), actitud crítica impresionista, a lo Montaigne, se asemeja al personalismo acentuado de Victoria Ocampo (1890-1979).

 

Insaciable curiosidad intelectual, artística y humana, amplia e intensa:

 

"ha sido siempre insaciable y he recurrido a libros y a amigos para tener noticias de cuanto se ha hecho y pensado en todos los países del mundo".

 

("El espía del mundo", 1955, cap. "Lo que la América Latina no ha dado").

 

Los ensayos de una y otro resultan –en palabras de éste- preferencias y parcialidades de alguien:

 

"que sabe que es diferente de los registradores o disecadores de poetas y de otra gente florida".

 

Frecuentemente son "amorosos testimonios nacidos del corazón".

Integran una magnífica "familia de testigos", "razas de vehementes" y "grandes intérpretes de almas y de gestas" (Eduardo Mallea), que hablan constantemente de la relación íntima de cosas y personajes con ellos mismos.

 

"Ya escriba sobre América o Cochinchina, sobre Valéry o Caperucita Roja, lo que verás en mi caleidoscopio bajo una forma de greca o de festones, de arabescos o de damero, será siempre un testimonio".

 

(V. Ocampo, "Testimonios", tomo III, 1946).

 

 

"Estos ensayos míos, que a veces parecen agresiones y otras adoraciones, que pueden ser besos y mordiscos, pero son siempre, al final, preferencias y parcialidades...

Son en suma, testimonios, ya de acusación, ya de defensa, pero de un testigo que tiene ya una cierta experiencia del arte y del mundo".

 

(G. Papini: "Testimonios", 1918, cap. "Motivos").

"Nosotros, los injuriadores" escribe el italiano en "Virilidad" (1909). Pluma comprensiva cuando no hiriente y hasta polémicamente virulenta, tenaz y violenta en el sostenimiento de sus convicciones. Así, por ejemplo, la argentina en "La mujer y su expresión", y el autor de "Palabra y sangre" , en "Italia mía".

 

Seres grandes y tempestuosos, batalladores dentro del supremo estilo sarmientino, pugnaz y bravío.

Todos sus días, vividos plenamente, sin miedos, con intrepidez heroica, como Epopeyas de la Acción y del Intelecto autónomos..

 

Escribe el autor de "Testimonios para Domenico Giuliotti":

 

"Yo, empero, no me derrumbo, sigo trabajando como me parece y de todas las maneras que se me ocurren".

 

Temperamentos conquistados por el Dante, una en "De Francesca a Beatrice" (1924), Giovanni en "Dante vivo" (1933).

 

Afirmadores de un Yo autocrático contra vientos y mareas. Opina Victoria en 1959:

 

"Lo único que cuenta es lo que cada uno ha hecho de su vida después del accidente del nacimiento, a partir de él.

 

Cómo se han aprovechado o desaprovechado las oportunidades, cómo se ha luchado para vencer obstáculos".

 

Despertadores y libertarios. Atenaceados desde jóvenes por un inclaudicable espíritu de empresa, desarrollaron una labor innovadora e independiente de editores y directores de publicaciones culturales: la Ocampo con "Sur", revista y editorial, desde 1931 una y ésta desde 1933. Papini con "Leonardo" (1903), "L’anima" (1911), etc.

 

Amantes de la expresión sin tapujos de ideas y pareceres, "poderosa reclamación inteligente de verdad", raya en lo salvaje, extraordinaria en la fuerza:

 

"ha jurado –se refiere el autor de ‘Juicio Universal’- un odio cartaginés a toda urbanidad escrita o por escribir",-

 

"Tiene la manía de escribir lo que piensa y decir lo que le parece ser verdad".

 

Constante impaciencia y trasunto de una excepcional belleza combativa de estilo y pensamiento. Lenguaje directo, preciso, intempestivo e imprecatorio, a veces apedreante.

 

"Soy un ser muy salvaje" confiesa la escritora en carta al Conde Keyserling (1929, "Autobiografía", tomo V, p. 55); desobediente a sabiendas en materia de vocablos y otras especialidades gramaticales y subestimadora de tecnicismos enciclopédicos..

 

Papini publica un primer tomo de un insólito "Diccionario del hombre selvático" (1923):

"Siempre me gustó la franqueza, la rápida elocuencia, el lenguaje directo y vivo, aún a costa de parecer tosco y vulgar".

 

("Stroncature", 1916, cap. 1: ‘Caníbal y veleta’; y en sus "Obras", ed. Aguilar, tomo 3, p. 87).

 

Escribir consistió para ambos intelectuales en el sinónimo de hacer, de vivir, de ser, definitiva concreción de su urgencia moral de gritar su conciencia, de comunicar el fuego de su literatura yoica.

 

"Y con estas palabras, toscas e indígenas –advierte el creador genial de "Testimonianza"- quiero hacerme una prosa cuadrada, compacta, sólida y robusta, que avergüence a los perfumistas y a los libertos de todas las literaturas más literarias""

 

("Obras", ed. citada, tomo V, p. 884).

 

 

2. El arte de Leer.-

 

Señala P. en su libro postrero "La logia de los bustos" (1956) el placer y utilidad "de las comparaciones imprevistas" y:

 

"sobre todo por las muchas y felices ocasiones de enfrentamientos originales entre figuras que parecían alejadísimas y que provocan pensamientos que nunca se hubiesen producido sin esas comparaciones".

 

("Obras", ed. cit., tomo II, p. 959).

 

En la fructífera convivencia con los textos de ambos escritores encontramos otra afinidad extraordinaria. Su manera de leer, hazaña parejamente intensa y conquistadora.

 

Como define el florentino, practicaron asiduamente un "tratamiento guerrero de la lectura", "a mano armada", con lápiz que señala agresivamente netas simpatías y diferencias (Papini: "Cómo leo", en su "Exposición individual", 1941 y en "Obras", ed. cit., tomo I, p. 1324-1328).

 

Lectores voraces, febriles y omnívoros: "la aplicada lectura consecutiva era tan ajena a sus hábitos" recordó J. L. Borges (1899-1986) acertadamente.

 

El filósofo madrileño de la "razón vital", J. Ortega y Gasset (1883-1955) comunica a Victoria en 1917 que la suya es un arte mirífico, "la única manera de leer que existe, y el resto es erudición". Es "un lujo espiritual" afirma exaltado por la figura e inteligencia impar de la escritora criolla...

La lectura ‘toruna’, efervescente, vigorosa y de crecimiento:

 

"es un virtual aumento y dilatación que ofrecemos a nuestras germinaciones interiores".

 

(en su "Virginia Woolf, Orlando y Cía", n° 35, agosto 1937, p. 43-44).

 

Quien enalteció "la supremacía del alma y la sangre", "no acepta métodos fuera de sus gustos, sus inclinaciones y sus instintos".

 

Lectura parcial e indoméstica, que hasta despedaza los textos para aprovechar un fragmento de caliente interés.

 

Subestiman la crítica sistemática y como para los reformadores religiosos del 1500, "no hay más interpretación válida que la personal" (concepto del maestro dominicano Pedro Henríquez Ureña en "Sur", n° 89, febrero 1942, p. 65 y ss.)- Siempre buscan, palpan y gozan la "pulpa viva y espiritual" de la Letra.

 

En "Un alma valientemente diferente" (1962) Mallea (1903-1982) expresa su admiración, fino y sólido en su literatura existencial-introspectiva, por Victoria y "su ida, pronta y directa, a los textos": "verla ir a los libros así de directa y así de segura", "al fondo más fondo de todo cuanto leyó, a mí me pareció siempre una lección".

 

La lectura fue para V. O. y G. P. una urgencia vital y constante, síntoma ejemplar de una "necesidad casi animal por entender":

 

"Para mí los libros han sido siempre seres vivientes", confesó la primera.

 

Al hablar de "Orlando" de V. Woolf o de "Cumbres borrascosas" de Emily Brontë, señala V. que lo hace en calidad de "common reader":

 

"que lee exclusivamente por placer y sin preocupación de tener que transmitir sus conocimientos" sin pretensiones eruditas.

 

(de su "E. Brontë, terra incognita", en "Sur", n° 45, junio 1938, p. 7 y ss.)

 

Leopoldo Marechal (1900-1970), reflexiona que en realidad la lectura al modo victoriano o papiniano, actúa como los coros de la Tragedia Clásica, "que padecen el drama y lo dicen, que discuten o asienten con los lectores" (autor cit., "V. O. y la literatura femenina", en "Sur", n° 52, enero 1939, p. 66-70).

 

Lectura activa e inquietante que considera a los personajes de la ficción como sujetos vivientes y que discute o valora a los autores pretéritos de su gusto como actuales y coetáneos.

He ahí, v. gr., "Carducci hombre" (1918) o "San Agustín" (1945) donde Papini intenta "la biografía de un alma", un retrato espiritual y afectivo y una definición magistral de su propio genio y tendencias:

 

"Yo soy de la escuela de Pascal: en el autor busco el hombre".

 

("Obras", ed. cit., tomo II).

 

Búsqueda exploratoria del hombre detrás de la figura consagrada, "con todas las humanas debilidades". Como Ch. A. de Sainte-Beuve (1804-1869) en sus "Retratos literarios", el humanista itálico quiere sorprender al genio en el gesto privado:

 

"en los momentos humanos, aunque sean demasiado humanos, de su vida ordinaria y familiar", "el hombre auténtico, el hombre vivo".

 

Ambos afirman su abominación de gramatiquerías y baterías de datos superficiales:

 

"conmigo no van estas honradas profesiones de cicerone métrico, gramático, estético, histórico, por las pinacotecas de la poesía, o de recoge polvo de las reboticas de la Historia".

 

Detestan todo lo que oculte la conexión con la realidad radical que es la vida del artista, con el ser profundo e irrepetible: la Persona Humana.

 

Biógrafos y lectores ardientes, ostentan y despliegan un Yo absorbente en continuo impulso de expresión.

 

Confiesan con gran energía su sentir e ideas, sus rabias y creencias más firmes, a través de sus lecturas y comentarios, nunca fríos o indiferentes.


Publicado por Desconocido @ 10:49
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