jueves, 06 de noviembre de 2008

            BENITO  PEREZ  GALDÓS y los Médicos en su Literatura.

 

 

                                                            Por Guillermo  R. Gagliardi.

 

 

 

Consideraba Galdós (Las Palmas de Gran Canaria- 1843 / Madrid- 1920) a la Medicina como  “ciencia experimental y caritativa”.

 El Profesional de la Medicina adquiere la alta categoría trascendente de un Caballero, entre científico y religioso,  un agente técnico y  metafísico.

 

1.- 

Y sobre  todo valoriza la Abnegación como la suprema virtud del Médico Pediatra, según lo expone en su  “Prólogo”  al libro de cuentos   “Niñerías” (de 1885) de su amigo, el Dr.  Manuel Tolosa Latour (1857-1919, insigne pediatra español y protector de la Infancia y de las Madres).

 

“porque cuidar a los pequeñuelos enfermos me parece la mayor gloria y la dificultad más grande”.

 

Debe ser artista, afectivo, paciente:

 

“No cumplirá bien su objeto si a la Ciencia no reúne la ternura y eso que llaman ‘ángel’, don misterioso de ganar confianzas”.

 

Medicina existencial, integral, personal, antropológica, es la que postula (la “Eubiatría” según la denominó Emilio Mira y López). El que la profesa debe ejercer una actividad personal y poseer verdadera “delicadeza de espíritu”.

 

2.-

         El escritor canario vislumbra  una  Hermandad, una maravillosa analogía entre las Letras y la Medicina: el Amor a la Humanidad, el don de Observación (tan agudo en él mismo, tal como lo revela su  ilustre narrativa), la Intuición Estética, el Conocimiento Humano, condiciones esenciales del Arte y Ciencia de Curar, son terreno fecundo para el florecimiento de las Letras.

 

Un ejemplo de ese quehacer lo dibuja nuestro novelista en “el Doctor Moreno Rubio”, personaje muy afectuoso y cristiano,  quien veìa a los Enfermos como Amigos y como Libros, en su obra “El Doctor Centeno” (1883).

En esa obra reflexiona:

 

“Observar la marcha metódica de la enfermedad (...), ver y oír cada síntoma.

                  

Esto y los cantos de un bello poema venían a ser cosas muy semejantes”.

 

Las dotes personales del médico son básica y necesariamente “comunicacionales”: la palabra justa, la presencia, la apertura hacia el Otro.

 

La Terapéutica efectiva requiere de la Ternura, del Valor Ético, de la Confianza y del Sentido del Deber.

 

El galeno es uno de los seres de Humanidad más intensamente sentida y vivida:

 

“por la piadosa tristeza que les infunde el continuo estudio del olor físico y de las miserias y debilidades de nuestra especie”.

 

 

3.-

            El médico es el ser más hábil para conocer la naturaleza moral a través de la naturaleza física:

 

“Por eso envidio a los que poseen la ciencia hipocrática, que considero llave del mundo moral”.

 

Y, también, clave para el diagnóstico de las pasiones a través del Estudio Fisiológico.

 

La práctica de la profesión hipocrática exige admitir la complejidad y variabilidad de los fenómenos biológicos, el ejercicio saludable de la duda y la ilustración constante,.

 

Estas son armas, evidentemente protectoras y a su vez iluminadoras, para no cosificarse o anquilosarse en generalizaciones arbitrarias o en fragmentarismos fanáticos, o en intolerancias indeseables, perdiendo la visión Sincrética y Humanista.

 

 

4.-

            Tenía Galdós una vocación destacaDA  de Médico. Sentía el “llamado” (‘vocare&rsquoGuiño para esa  ocupación profesional, la inclinación distintiva, las doTes innatas para el estudio y la  “mirada clínica”, zahorí y global.

 

Hasta gustaba de oficiar de médico, como lo atestigua en su “Prefacio” de 1913 a “Misericordia”.

 

Y  la enfermedad es motivo relevante de varias de sus obras célebres: “Marianela”, “El abuelo”, “La familia de León Roch”...

 

Le place la descripción minuciosa de las Patologías y los detalles semiológicos, como en la última novela citada, de 1878, en el capítulo 4, segunda parte:

 

                        “El mayor monstruo, el ‘crup’, la difteria, la traqueotomía”.

 

El “Doctor Bruno”, personaje de su “Amor y Ciencia” (comedia en cuatro actos, de 1905), concreta también, literariamente, sus ideas médicas: un  profesional  enérgico y de poderoso influjo espiritual.

l alegre y desenvuelto “Augusto Miquis” (en su “Fortunata y Jacinta”, “El amigo Manso&rdquoGuiño, el simpático “Don Mariano” (en su “Pedro Minio&rdquoGuiño, el bondadoso “Quevedito” (en “Torquemada&rdquoGuiño y  de manera negativa el “Doctor Teodoro Golfín”, vanidoso y ególatra, en su “Marianela” y “La de Bringas”.

 

 

5.-      La Medicina ha sido ‘la novia del intelecto’ de Galdós:

 

                        “vivo en continuo  ‘flirtation’  con la Medicina”,

                       

                        “a la que amamos sin atrevernos a decírselo”.

 

Don Benito rinde culto sincero a “las Bellezas de la terapéutica,  los Hechizos de la neuropatía, de la Higiene”.

 

Entiende devotamente a las Ciencias  Médicas como un Saber y un Quehacer Apostólicos, fundamentados en las Cualidades de  Empatía, Responsabilidad, radicalmente Humanistas y Dialògicos.

 

Definitivamente, la actividad, la  Técnica y la Ciencia galénicas, consisten  y lucen para el genio galdosiano, primordialmente,  en ejercicio axiológico, de Arte y de Ética.

 

 

 

 


Publicado por Desconocido @ 17:29
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