EL "JARDÍN" DE ANTON CHÉJOV.-
Por Guillermo R. Gagliardi.-
Antón Pávlovich Chéjov (1860-1904) escribió "El Jardín de los Cerezos" (1904) como una sátira, con intención de parodia literaria.
Lopajin, hijo de un siervo, es el único personaje positivo. Tiene energía y dedicación, una personalidad perfilada por el Trabajo (meta de su vida).
Destruye el antiguo modo de vida, simbolizado en el jardín de cerezos. Le interesa la utilidad, por lo que para él el jardín simboliza la inutilidad.
Trofimov teoriza sobre el Trabajo. Es un revolucionario, un intelectual holgazán. Ocurre la liquidación por vía hipotecaria, de una vieja posesión ancestral. Hay un evidente acto de Despojo. Pero suaviza el carácter del despojador.
Para Liuba: significa la Inocencia, la blancura de su juventud.
Trofimov semantiza la culpa, un recuerdo de la Esclavitud, aporta una perspectiva política y ética. Desacraliza el modo de vida aristocrático rural de Rusia, explotador y cruel, basado en el sufrimiento humano (investigó y escribió crudamente sobre ello durante su estadía en la colonia penitenciaria de la isla de Sajalín, 1891-1893).
"el cuerpo humano, la salud, la inteligencia, el talento, la inspiración, el amor y la libertad más absoluta, libertad de los despotismos y la mentira".
Es tema central en el opus chejoviano el conflicto entre Trabajo y Ocio.
Así memoramos ahora su "Tres hermanas" (1901) en que Tusenbach busca la salvación en la actividad Laboral, Irina representa la fe en la dignidad del Trabajo y el desengaño por la inesencialidad de las tareas que desempeña.
Y Vershinin, compendioso y porvenirista personaje, aunará el Trabajo y la Cultura según la civilización futura, la complementación axiológica, deseable, posible, entre Belleza y Utilidad.
Sus personajes ofician de Anti-Héroes. Siempre con un gesto corriente, lo diario, no lo extraordinario.
Es renuente a manifestar sus ideas a través de sus personajes. Lo preocupa la armonía entre la Teatralidad y la Realidad..
Los objetivos de su proverbial arte teatral y narrativo se ubican en los principios básicos del Naturalismo. Asimismo observamos en su escritura inmortal la tensión irónica de los juicios, el fervor moral en la expresión de ideas.
En el fondo, la sátira y la agudeza de un gran Moralista.
Profesa una noción más interior y honda de lo que debe ser un Personaje, contraponiéndose a otros, no menos grandes, como el drama realista y simbólico del noruego Henrik Ibsen (1828-1906) y el teatro del absurdo del sueco August Strindberg (1849-1912), los que nadan, maravillosamente, en la tradición cristiana dualista, determinante de la bondad o no de sus personajes.
El escritor, nativo de Taganrog, se define breve y contundentemente: "Sólo deseo ser un artista libre, y eso es todo".
En la médula de la obra del médico-escritor, muerto tuberculoso en Alemania, se destaca su espíritu melancólico y lo principal del "tedium vitae" que acompaña a su categoría espiritual.
Pinta agudamente, desnudamente, la vacuidad, la monotonía, la inercia moral de la sociedad provinciana alta. Los expertos en su inmensa obra reconocen una sustancia básica en ella, la belleza sin utilidad que representa en la clase alta rusa y la utilidad, sin belleza de los estratos medios y bajos
Siente finísimamente la degeneración de la Cultura en el mundo Moderno, el conflicto Cultura / Vulgaridad, Ignorancia. Percibe sutilmente el triunfo de las fuerzas de las Tinieblas, del Acqueronte catabático, por sobre las ascensionales, solares, de la Luz.
Dentro del objetivismo de su impar arte de escribir, siempre elude el énfasis melodramático, buscando lo natural: no mostrar "las convenciones sociales" sino "seres humanos que aman, lloran, piensan y ríen".
Es la atmósfera particular con que envuelve los acontecimientos de extrema trascendencia. Lo sobresaliente o exuberante lo cubre con capas opacas de lugares comunes. Tal su estilo, tal su persona.
(Puede consultarse: R. Brustein: "De Ibsen a Genet: la rebelión en el teatro", 1970, p. 155-201 / H. Clurman: "Teatro contemporáneo", p. 371-377).