martes, 11 de noviembre de 2008

                                    LECTURAS  MILLERIANAS.-

 

 

                                                            Por Guillermo R. Gagliardi.

 

 

 

“Para empezar el corazón tiene que estar intacto. Hay que poder creer en algo. Los valores que nos enseñaron a respetar de niños están todos destrozados.

Ya no somos hombres, somos autómatas. Ni siguiente hallamos satisfacción matando...

Somos la legión perdida de los arcángeles derrotados. Erramos en el caos y nuestros caudillos, más ciegos que los murciélagos, aúllan como chacales”.

 

Esto escribió Henry Miller (N. York, 1891- California, 1980) en su “Noches de amor y alegrìa” (‘Nights of Love and Laughter’; traducción de Josefina Martínez Alinari, Bs. As., 1959).

 

  • El Caudillo, el conductor de la masa, ha de estar “inspirado por una gran visión;  tiene que levantar del fango a su gente, tiene que despertarlos el estupor en que vegetan como armiños o babosas”

 

“No se adelanta en la causa de la libertad y la humanidad conduciendo a pobres débiles soñadores al matadero”.

 

Es el Hombre del Destino, el individuo con “una grandeza que se iguala a las luchas sublimes de los hombres a quienes consideramos tipos superiores”. El Inconformista, apasionado defensor de la Libertad completa, influyente destacado en la Beat Generation, controvertido, sensual en sus novelas semiautobiográficas...

 

El débil sucumbe, el fuerte, puro e insobornable, “tiene cualidades heroicas”, “lucha a brazo partido con el destino, desafiándolo y burlándose de él al mismo tiempo”.

En él, “tenemos un ejemplo de la maravillosa naturaleza humana”, “tiene que elevarse por encima del patrón establecido, reaccionario, del individuo ordinario”.

 

  • El gran escritor norteamericano, siempre incisivo y rebelde, se pregunta:

 

“¿Dónde está esta libertad de la que estamos tan orgullosos? (...).

Si no se tiene dinero o no se tiene empleo la libertad no sirve de nada.

Y si se es viejo, además, entonces a uno no le espera más que la miseria.

Son más compasivos con los animales, las flores y los locos.

La civilización es una bendición para los incapaces y los degenerados; a los otros los rompe y los desmoraliza”.

 

Critica en numerosos pasajes e sus novelas, a la civilización contemporánea, tecnificada y despersonalizadora.

 

En medio de la mediocridad y rutina en que sobreviven millones de seres humanos del Planeta, la Guerra les resulta  “una interrupciòn emocionante... de los trabajos y penalidades de la vida vulgar”.

Es “la mayor conmoción de su patrón de vida cotidiano”, para un número de hombres “superior al que la mayoría de nosotros quiere creer”.

 

“La presencia de la muerte les da un sabor, les acelera las células cerebrales generalmente entorpecidas”.

 

El último capítulo de “Noches de amor y alegría” destaca por sus bellas imágenes de “El Puerto de Poros”. Aspira a la Paz y la Hermosura. Poros lo envuelve y encanta “hasta que uno estalla como una estrella y el corazón esparce a lo lejos sus pedazos fundidos”.

 

En ese mundo de la Luz, afirma alborozado: “mis pies no dejarán jamás  aquel barco, mis ojos no se cerrarán jamás sobre aquella escena”.  “Aquél fue un momento imperecedero”.

 

  • En “Trópico de Capricornio” (1939), otra de sus novelas discutidas e incitantes (antes, “Trópico de Cáncer”, 1934), esta “fuerte personalidad contemporánea”, indomable y siempre alegre, se burla de “la doctrina de la limpieza, para no mencionar la de la rectitud”.

 

Crudo radiógrafo de la hipocresía moral puritana. Erótico, obsceno y espiritual a la vez, en su rica literatura vitalista.

 

Dice de sus parientes que “eran desesperantemente limpios. Pero en su interior, apestaban. Ni una sola vez abrieron la puerta que da al alma...”.

 

Valoriza en sus escritos, el Presente vivo, la Libertad antes y por sobre todo, el sentido de la Aventura, el asombro.

 

“Porque no hay en el mundo más que una gran aventura y ésa es interior, hacia uno mismo”.

 

Acerbo e irónico cuando critica a la sociedad de su época,  turbamulta enloquecida y miserable, masa enajenada, carente y auténtica riqueza y felicidad.

 

“Yo nunca estaba solo, y menos que nunca cuando estaba conmigo mismo”.

 

La cultura de masas hace de cada uno de nosotros un “autómata irracional, un huyente de sí mismo” (Giovanni Papini: “Informe sobre los hombres”: “no somos otra cosa que una manada inmensa de marionetas en fuga&rdquoGuiño.

 

  • Iconoclasta y verborrágico, escribió Kingsley Widmer (“H.M.”, Pleamar, 1974) que el autor de “La pesadilla del aire acondicionado”, “Sexus”, “Plexus” y “Nexus” ejercitó una visión bufonesca y egolátrica sobre la Cultura Tradicional Norteamericana, en su narrativa y en su ensayística (sobre M. Proust, D. H. Lawrence, Joyce, etc.).

 

“Miller testimonia con claridad la pérdida de los valores, una humanidad dolorosamente incompleta y el antiheroísmo tan hondo ya en nuestra auténtica literatura” (autor cit.).

 

“El Coloso...” (1940) representa su experiencia griega, reveladora en su totalidad:

 

                        “La tierra griega se abre ante mí como el Libro de la Revelación.

No sabía que la tierra contuviera tanto.

Frente a la vida falsa, limitada del hombre de la ciudad, la luz de Grecia me abrió los ojos, penetró a través de mis poros, dilatò todo mi ser”.

 

Su mensaje helénico  contiene luminosa cualidad de Vida y Universalidad:

 

“Me niego categóricamente a ser algo menos que ciudadano del mundo, según me proclamé a mí mismo en silencio, de pie, ante la tumba de Agamenón.

 

Desde aquel día, mi vida ha estado consagrada a la recuperación de la divinidad del hombre.

¡Paz para todos los hombres, pues, y una vida más abundante!”.

 

Esta aventura de Grecia  fue para Miller “un verdadero renacimiento.

El paisaje sagrado, y esplendoroso de la tierra de Sófocles y Kazantzakis, lo ciega y lo alegra.

 


Publicado por Desconocido @ 5:34
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