EL ALMA "FÁUSTICA" DE SARMIENTO Y GOETHE.-
Por Guillermo R. Gagliardi.-
"Sobre toda esta efervescencia de su mundo interior, se cierne, siempre emancipada y potente, la fuerza indomable de su voluntad. Se dilata y renueva y reproduce en la acción, no menos que en las ideas y en los afectos. Voluntad heroica, actividad sobrehumana, y la necesidad de expansión que acicateó su vitalidad inmensa" ("Obras Completas", Aguilar, 1967, 2ª. ed., p. 406-107).
Todo su fervor creativo parte de la contemplación goetheana, de esta zona etérea. Y su revelador "Facundo" de 1845, des-vela y con-sagra los tipos auténticos, los genuinos paradigmas argentinos; son los personajes criollos de Facundo, Paz, el rastreador, el cantor, etc.
Y luego "Recuerdos de Provincia" (1850)...hasta que construye en su vejez los ditirambos inmortales del oso hormiguero, el ñandú, y el resto de nuestra ‘sagrada’ flora y fauna, como así también nuestros Padres Prehistóricos, apología del Indio, su cultura: arte, costumbres, medicina...
"Parecen escritas para acápite" de la biografía sarmientina. Absoluta coincidencia entre sus fundamentales Ideas y sus Acciones. Racionalista implacable en Política. "La vida de S. –observa Moreno- ofrece así una grandeza única... sólo comparable a la grandeza de su muerte, que tiene pronunciada analogía con la de Goethe y la de Clemenceau".
Goethe partió de los vocablos "velocitas" y "luciferino": "Los productos de las distintas naciones se entrecruzan ahora tan velociferinamente...". Y recomienda adoptar nuevos criterios para conocer y expresar el sentido de la Modernidad, de la marcha ascensional del Genio Humano.
Entusiasta de ese pragmatismo progresivo del desarrollo de la Ciencia y la Técnica, también nuestro maestro-político avizora la Planetarización analizada tan atrayentemente por McLuhan, el avance de los intercambios informativos a nivel internacional, de tal modo que por el reinado del telégrafo, el ferrocarril, el cable submarino, etc., el Mundo se ha convertido en "una familia sola", "Un barrio".
La evolución creciente de los medios informativos ha aumentado soberanamnte el poder del hombre para transformar y para comprender el Diálogo entre las Naciones, creando un Cosmos cibernético de simultaneidad en conocimientos y percepciones. Esto sostiene el comunicólogo canadiense: "los "Mass-Media" han centuplicado maravillosamente la capacidad mental del Homo Sapiens, hoy Homo Informaticus.
"Hoy se conoce en dos minutos, lo que antes se sabía a los quince días" (S.). "El trabajo de la Civilización moderna es abatir barreras, suprimir distancias" (Obras, tomo 17).
El progresismo Fáustico del siglo 19 adopta en el juicio sarmientino, las cualidades mefistofélicas de magia y velocidad, que Goethe observó antes y que coincidentemente McLuhan estableció en sus fascinantes ensayos y conferencias.
"Hay que procurarse una nueva manera de conocerlos y expresarse acerca de ellos" expresa la carta iluminadora de G. Es decir, "el medio es el mensaje. En la era computacional el medio determina la capacidad perceptiva, plasma nuestros modos de concientización del universo, según estudió el profesor de Toronto.
evoca un episodio de la vida del patriarca alemán que le sugiere su parangón con S.: "en la histórica entrevista Napoleón le dice a Goethe –Vous étes un homme- lacónica frase, aplicable a S., en la que un hombre saluda a otro más armonioso y completo".
Otra cara de la epopeya sarmientesca la representa su romanticismo novaliano, mágico y celestial. Su intención tenaz de instalar el Paraíso en la Pampa. Soñador y místico, profetiza en encendidos discursos y cartas, el advenimiento de dicho mundo sutil del Progreso (teologización de la Política, voluntad absolutizadora, opuestas a voluntad terrenal y pragmatización de la Política).
José P. Barreiro, estudioso de la vida y obra del maestro cuyano, en el "Prólogo" a "Cartas y discursos políticos" (1963) lo evoca como una "trasmutación de Moisés y de Goethe", por la iluminación de sus dotes proféticas y la trascendencia de su obra.
El desarrollo individual, el autoperfeccionamiento goetheano, lleva a la integración social (V. Massuh, "En la línea de S.: J.M.", en rev. "Sur", n° 341, 1977: íd, "La Argentina como sentimiento", 1982; "América como inteligencia y como pasión", 1955).
En relación con los magnos odios y pasiones sarmientescas contra la vida cerril e incivilizada en la campaña argentina, que personifica en el caudillo federal Juan Facundo Quiroga (1788-1835), p. ej., el ensayista R. García Pinto recuerda "el célebre consejo de Goethe: ‘Si tienes un monstruo, escríbelo’". Evidente es esa ‘transfusión espiritual’ según la norma goetheana, entre el montonero riojano y el cuyano batallador (aut. cit., "Escatología de ‘Facundo’", en "Sur", n° 269, 1961; y su "Autores y Personajes", íd.).
El mago legendario practicó su arte incandescente que movía montañas, como su titánica Fe. Y amó fervorosamente, excluyentemente, a la Patria, como a Gretchen. Este marcado fervor o entusiasmo, -afirma rotundo G.- "es el mejor atributo del hombre". El fervor cívico, el entusiasmo benefactor, son las constantes del genio sanjuanino. El culto , el valor de la Personalidad y de su expresión sólida en la Sociedad.
"La importancia del hombre no estriba en que deje algo al morir, sino en que mientras viva influya y disfrute y estimule a otros a influir y disfrutar", íd., en su "Poesía y Verdad".
Goethe es el Héroe en el sentido de que representa la virtud heroica principal: el "dominio de sí mismo", respaldado por una cultura superior.
Según las categorías del Saber establecidas por Scheler (1874-1928), el sanjuanino encarna el ansia, el proyecto y la concreción de un saber de dominio, pragmático y eficiente, típicamente americano.
Y Goethe, por su parte, el saber cultural, del ‘homo rationalis’, "Bildungwissen", humanista esencial en Occidente. (ver Scheler: "Las formas del saber y la cultura", y "Esencia y sentido de Saber y Conocimiento").
El ideal sarmientino, positivista, del ‘homo faber’, de explotación de las aplicabilidades prácticas, es, según concepto scheleriano, un "saber vital para todo tipo de uso por parte del hombre", refiere "conscientemente todo saber unilateralmente al saber de trabajo".
Goethe configura en su totalidad, el sabio de selecta y cuidada formación, "que ha integrado una estructura personal, un resumen de esquemas ideales móviles que forman entre sí una unidad de estilo".
En ambos vemos lo que el filósofo alemán en su "Esencia y formas de la simpatía" considera como la "señal del Destino", el "cachet de la individualidad, en fin, la unidad de dirección" de una vida.
Escribe Papini (1881-1956) en "Cien páginas de Poesía" (1915) incluido en "Poesía en prosa" (1933), en "Obras", ed. Aguilar, t. 1: "Hay una canción dentro de mí, que debo escuchar yo solo, que debo sufrir y soportar solamente yo".
Asimismo, la soberbia obra goetheana es también casi toda introspectiva, confesional. Es Götz von Berlichingen, es Fausto, Mefistófeles y es también Werther, como Sarmiento es Facundo, es Aldao,... "Facundo parece un Sarmiento de la Pampa y S. un Facundo de la Civilización", Coriolano Alberini, "La Filosofía alemana en la Argentina, 1930.
En el libro 2do. del "Werther", novela epistolar representativa del Romanticismo (1774) están contenidos, según el Prof. Vicente Fatone en su "Misticismo épico" (1928), iguales conceptos que los de Papini: "Lo que yo sé cualquiera lo puede saber, pero mi corazón lo tengo sólo yo" (cit. en "V. Fatone", por F. J. Olivieri, "Cuadernos de Filosofía", a. XV, n° 22-23, 1975).
La intuición lo desbordaba. "Eso es la adivinación y el genio eso es" ("El problema estético en la psicología de S.", 1938, en "Tres conferencias", J. L. P. y F. F. de Amador, Academia de Bellas Artes, Mendoza, 1939).
También coincide en su pensamiento el educador argentino Juan Mantovani, al hermanar a ambos ,S. y G., en su noción acendrada de la Barbarie: "y así lo distinguía el poeta de Weimar..., en no reconocer las cosas eminentes". Y el escritor Luis Franco cuando analiza el concepto de belleza en la mente sarmientesca, que alcanza "la profundidad clarividente del pensamiento de G.": la estética no como ornamento, adventicia, sino como expresión, al modo helénico, de la armonía del Cosmos.
En "Fausto", II, 5 (trad. J. M. Valverde, 1963), anuncia su autor y declara admirativamente el valor de la inteligencia práctica, del trabajo del espíritu hacedor. "Tienes que abrirte paso tú mismo", dice G. en un verso que prefigura la totalidad de la biografía sarmientina, el ‘self-made-man’.
Como S., la acción dignifica la condición humana. "Sólo merece vida y libertad quien sabe conquistarlas cada día". El esfuerzo personal, el valor del individuo, son sus ideales. También su "manía" por la instrucción elemental deriva de estas ideas-fuerza.
Y su concepto de Cultura: "Habría más humildad y estudio si no hubiera todas esas ilusiones de universidad y de cosas con que se engaña al público y se engañan a sí mismos, para ahorrarse la molestia de trabajar y estudiar toda la vida, que es lo que se necesita para saber algo". Discurso pronunciado en el Senado Nacional.
Para G. como para el cuyano, América es la tierra llena de promesas, rica y libre, el Espacio del Porvenir y del Progreso, la Tierra del Lacio.
Como Fausto, S. no ha "hecho más que anhelar y realizar", "así, potente, con tumulto" cruzó la vida.
"La acción lo es todo" (L. Franco, ob. cit., cap. "La sabiduría fáustica").
G.: "Am Anfang war die Tat", en el Principio era la Acción, revierte el Evangelio Joánico. Comulga también don Domingo, con esta normativa y sentencia universal.
"Mientras los alemanes se torturan solucionando problemas filosóficos, los ingleses se ríen de nosotros con su gran inteligencia práctica y conquistan el mundo" conversa G. con Eckermann (1-9-1829).
Igualmente el argentino, aconseja a los poetas románticos en el exilio, José Mármol (1817-1871) y Esteban Echeverría (1805-1851) entre los más destacados, que escriban bellos poemas ("Cantos del Peregrino", "Elvira o la novia del Plata",...)mientras los demás recogen pingües beneficios.
"Siempre vivió en un terreno concreto y orientado a la práctica", cercado por las necesidades de la vida pública, "para él la vida activa, justa y resuelta, valía más que toda especulación" (Fritz Martini, "Hist. de la liter. Alemana", Labor, p. 227).
Cita Rohde: "¿Cómo arrebatar al pueblo infeliz –dice S. como dijo G.- estos momentos de dicha, en los cuales, a merced de un disfraz, el mendigo se finge rey...".
"En G. y S. se oye la campana del Capitolio a mediodía, anunciadora de la fiesta". "La elocuencia de S. es incomparable, y perdone el jupiterino weimariano, cuando describe...". "Roma admira y aflige, y su campaña emponzoña y oprime" escribirá al amigo, crítico y bibliógrafo, Juan María Gutiérrez desde Milán, 6-5-1847.
Semejanzas en la narración de su última noche en Roma, "en el Coliseo también bañado por la luna".
A Goethe "lo acompaña Ovidio en un poema de ‘Tristia’"; en esa ciudad compuso "Egmont" e "Ifigenia", y de ella escribirá las bellas "Elegías" que iluminarán la brumosa Weimar" (en Boletín Academia Argentina de Letras, t. 33, n° 129-130, jul.-dic. 1968). Véase "Testimonios sobre el Hacedor. Bibliografía sarmientina" G. R. Gagliardi, en blogs "sarmientísimo" y "bibliotecaSarmiento.org" (2008).
En Roma, "de regreso de Nápoles", el argentino está acompañado, por su parte, por un joven "noble de origen, pasablemente acomodado, francés e ignorante como un niño americano". Sube hasta la última grada del Coliseo, "embriagado ante aquellas imágenes" (R. Rojas), "desde una colina de Roma", y desde allí, inspirado como su maestro Cicerón, como "algún Mazzini republicano", compone para el amigo circunstancial, una imprecación fogosa contra las dictaduras y el valor de las enseñanzas de la historia: "Volvimos a hablar de la Libertad, y de la marcha de los siglos".
También Martínez Estrada evoca el viaje goetheano a Italia, que asemeja al sarmientino. "Despierta, y todo su ser, sin cambiarse ni alterarse, se trasmuta y plenifica en esa pubertad (la revelación intelectual y artística que significa su viaje europeo). Inevitable es pensar en el viaje a Italia, de G." ("S. escritor", en "Hist. de la liter. Arg." R,. A. Arrieta dir., Peuser, t. 2).
Como en Wilhelm Meister, el protagonista de la "bildungsroman" goetheana, Don Domingo tiene su escuela en la vida y las gentes, "sus viajes son estudios superiores de esa enseñanza libre" (E.M.E.: "Meditaciones sarmientinas", ed. Univ. de Chile, 1968).
Cada una de las mujeres del alemán: Gretchen, Carlota von Sten, F Brion, "tiene un nombre en el arte. Son éstas la Margarita del ‘Fausto’, Ifigenia en Tauride... A ellas alude S. en su cita sobre las ‘Santas Santas Mujeres’".
"No pudo vivir S. como G., su rival fáustico, el amor idílico, tampoco pudo cantar la canción de los bardos en el oído amoroso. Su musa era la epopeya...".
Esta aptitud del influjo perdurable, de la animación eficaz, de la inspiración e irradiación espiritual la atribuimos a su personalidad y obra de aceleración progresista en territorio americano. "Imprimir el movimiento", "acelerar al reforma" es el lema tenaz de la campaña del Civilizador.
Lo genial aparece, según el autor del "Fausto", cuando sobresale la intrepidez y la osadía en la lucha por las Ideas, y es "sólo recognoscible por la posibilidad de la realización". Sabiduría pasional sarmientina, del Bien pues "sé en qué consiste" y "cómo concretarlo". Personalidad en la concepción, vigor en la ejecución.
Sarmiento pertenece a esos pedagogos ricos de espíritu por los que claman G. y Nietzsche, tan escasos en nuestra época, que éste denomina de "barbarie cultural".
Los que poseen "verdaderas dotes innovadoras". Personalidad dionisíaca, fáustica, en su exuberancia, energía de voluntad y afán lógico de poder. (F. N.: "El porvenir de nuestros establecimientos de enseñanza", 1871-1872, en Obras Completas, Aguilar, t. 5). El super-hombre imaginado por G. y definido por el autor de "Humano, demasiado humano".
Encarnan una Humanidad más intensa, expandida intensamente a través de una excepcional vida, el alma "más vasta, la que puede correr más lejos".