COMUNIÓN DE SAN PABLO Y D. F. SARMIENTO.-
Por Guillermo R. Gagliardi.
_“Creo en la inyección del espíritu de un hombre en el espíritu de otro por la palabra y el ejemplo” Sarmiento.
DOMINGO FAUSTINO SARMIENTO (1811-1888), en sus “Comentarios a la Constitución” (1853, en el tomo 8 de sus “Obras Completas”, edit. Luz del Día) expresa su idea coincidente con Cicerón (“De Republica”, a. 54 a.C., Libro III) y sobre la existencia de una Legislación universal e impersonal, que es la Ley Natural que reside en el interior del alma de cada ser. Anterior y fundamental a las que dicte una persona o cuerpo legislativo.
El autodidacta lo especifica muy informado, gran lector en Derecho, y mente con sorprendentes inquietudes en el tema de la Jurisprudencia: “El principio que reconoce que hay derechos y deberes anteriores a las leyes positivas, es uno de los más morales y más dignos, que puede proclamar el Legislador humano”.
Y SAN PABLO (nace en Asia Menor, Turquía actual, ca. 5-10, es decapitado en 67, en Roma) aparece en la reflexión del sanjuanino sobre que la Primera Ley es la que reside “en la esencia misma de la Humanidad, cuyo origen es divino”, en “la conciencia de todos los pueblos de la tierra”.
“Son principios generales que el Creador ha grabado en el corazón de todos los hombres y que cada uno encuentra en su conciencia interrogándola” (D. Pérez Guilhou: “S. y la Constitución”, Depalma, 1988, cap. 8).
Campean en ese extenso texto las ideas de la filosofía estoica. Similares concepciones expondrá con solidez de Jurisperito durante su actuación en la Reforma Constitucional de 1860, donde se referirá a los principios superiores a la soberanía popular, consagrados por la historia del Progreso humano y por el Cristianismo.
Comprobamos una intertextualidad con el Apóstol, en su “Epístola a los Romanos” ( del año 58, 2: 14-15), en su parte Dogmática sobre la Ley de los Gentiles, cuando escribe que los mismos la ejercen “guiados por la razón natural”, “y con esto muestran que los preceptos de la Ley están escritos en sus corazones, siendo testigo su conciencia”.
Llevamos en el alma, impresa, Su Ley, Él nos juzgará: “Así se verá el día en que Dios por Jesucristo, según mi evangelio, juzgará las acciones secretas de los hombres”.
La Roma Pagana y la Doctrina Cristiana, “Caput Mundi”, saber viviente e iluminante, basamentan y enriquecen toda la obra y el pensar sarmientino. (G. Furlong, “S., paladín de la enseñanza religiosa”, en su “La tradición religiosa en la escuela argentina”, Theoría, 1957, p. 62-71).
Recordemos que la educación del maestro cuyano, infantil y juvenil, todo lo que lo rodea, fue eminentemente religiosa y sacerdotal: tradición familiar, mundo provinciano, afectos, maestros, lecturas devotas de la literatura “escrituraria”, prácticas de la Liturgia...
La pureza de su alma, la bondad y honradez inmensas de sus intenciones y obras, demuestran esta base esencial de su Genio de Estadista. No obstante sus polémicas anticlericales, sus luchas ideológicas circunstanciales y su derroche de verbosidad impetuosa.
“Un San Pablo, fue así antes de caerse del caballo” observa Daniel J. Ruiz, justamente, sugiriéndonos este paralelo, en el Prólogo a la edición de “La conciencia de un niño” y “Vida de N. S. J. Cristo” (ed. Braga, 1988, p. 9).
También el pensamiento Paulino se adhiere a esta etapa decisiva de su formación. En la puerta del templo puntano, en 1826, graba la frase sintética del ideario del Santo: “Unus Deus, Una Ecclesia, Unum Baptismo”, “Epístola a los Efesios”, 4, 5, (Obras, t. 51, ed. cit., p. 179; en Augusto Belin, “S. anecdótico”, 1ª ed., p. 7 y sobre el Portal de la Escuela San Francisco del Monte de Oro, en R. Rojas, “El Profeta de la Pampa”, Kraft, 1962, cap. IV, p. 67)).
Corresponde a la epístola de la Cautividad, la Carta a los Efesios, habitantes de la capital de la provincia romana de Asia (años 31 en que permanece preso). Es una pieza sin la calidez afectuosa y monitora típica del Apóstol, que, “servata distantia, se parece a las mejores cartas familiares sarmientinas, emotivas y desbordantes de buenos consejos, reflexiones bondadosas y normas rectoras magistrales (a Soriano, a su hija Faustina, a su nieto Augusto, p. ej.). En su 4ª parte (moral o parenética), Saulo exhorta a la Unidad en la Fe: “Sólo hay un cuerpo y un Espíritu”, “Sólo un Señor, una Fe, un Bautismo, un Dios y un Padre” preceptúa.
La Unidad de la Iglesia, cuerpo místico de Cristo, implica la Unidad del Espíritu, aliento y vida y la Unidad de la Esperanza en la Resurrección gloriosa; por la Unidad de la Fe y el Bautismo nos incorporamos a la de Jesucristo.
Y así nos incorporamos a la Unidad de Dios, Padre de todos y fuente de Todo (“Efesios”, 4, 1-6).
Esta expresión, frecuente en furia y fuego, encarnaba el odio del Cura Oro, desterrado, a la “Carta de Mayo” liberal y unitaria, de Salvador María del Carril, el Gobernador. Las prédicas exaltadas del Padre José Ignacio de Castro Barros (1777-1849), las lecturas críticas del Pare Benito Jerónimo Feijoo (sabio y escritor, 1676-1764) y la visión por primera vez de las hordas federales facúndicas, le hicieron cambiar al joven Domingo, por posturas más heterodoxas y de transformación de supersticiones y barbarie religiosa popular, por la Ilustración del Ciudadano común.
Lo recuerda p. ej. en 1872 en carta al entonces Gobernador de San Luis Juan Ortiz de Estrada (Obras, tomo 51, “Papeles del Presidente”, 2ª parte):
“El Presbítero Oro al reparar el templo destruido por un rayo, me dio aquellas palabras con encargo de grabarlas en un arco natural de tres curvas perfectamente iguales que hacìa un madero y debìa rematar el coro, montado sobre gruesos pilares de algarrobo” (ob. y ed. cit., p. 182).
Este acontecimiento es altamente significativo en los días de S., simbólico de esta primera etapa, ortodoxa en la Fe y federal en Política, de su evolución intelectual. Su germen ideológico permanecerá siempre en su persona, no obstante las conveniencias de la militancia política e intereses de los historiadores, apologistas o detractores.
II.- La Fe de Pablo y Domingo.
J. L. Borges (1899-1986) en el “Prólogo” a “Recuerdos de Provincia” (Emecé, 1944) recuerda la definición Paulina de la Fe, como la demostración de cosas no vistas (sustancia de las cosas que se esperan&rdquo
y a propósito de la constante y optimista visión futurista sarmientina.
Siempre de cara resuelta al Porvenir, ve lo no visto, lo por venir, lo que no ven los demás. “¿Porvenir?. ¡Qué!. ¿No véis ese río que arrastra los tributos de cincuenta canales navegables, esa pampa que puede alimentar doscientos millones de toros...” (S.: “Movimiento mercantil, civilización y riqueza de la República Argentina”, en “El Nacional”, 1855). “Sobre las pobres tierras despedazadas quiere fundar la patria”. Por ello el ilustre creador de “El Aleph” vincula el concepto del judìo de Cilicia con la dirección principal del Genio sanjuanino.
S. se refiere en otro momento a la circunstancia biográfica del Teólogo. Los últimos debates evangélicos, su desencanto y finalmente su muerte ignorada, según algunas versiones de la historia eclesiástica. En carta a J. Victorino Lastarria (1818-1888), su amigo chileno, jurista, funcionario e intelectual, del 18-3-1877, advierte su seguro conocimiento de los asuntos dela Religión Católica (que en 1843 fundamentara en sus “Recuerdos...&rdquo
: “como fui sobrino de curas, deanes y obispos, anduve en mi niñez mezclado a las cosas de la Iglesia”. Y consigna que “he oído por ahí que contra el mito católico San Pablo murió olvidado, no se sabe dónde, desencantado de tan larga lucha con los de Jerusalem, vencedor en su doctrina, era vencido en su carácter, en su fe y en su estimación”.
“Contra la tradición cristiana, que es un mito reparador” anota en el borrador de este documento; “los de Jerusalem”, son “los apóstoles que conocieron a Jesús”, según el original borrador.
Escribió el Apóstol a su discípulo Timoteo (“el que honra a Dios”, 2º, 4, 6-8; escrita en año 61): “Ya estoy a punto de ser derramado como una libación...: he peleado hasta el fin el buen combate, concluí mi carrera, conservé la fe”..
En el 58 Pablo fue arrestado en el templo de Jerusalén, por intrigas de unos judíos, llevado a Cesarea, sede del Gobierno Romano, donde permanece preso hasta el año 60, en que comparece ante el Gobernador, después, ante su sucesor, Porcio Festo, y finalmente apela a Nerón, quien le concederá la libertad.
Continúa su peregrinaje evangelizador inclaudicable, pero definitivamente será preso, condenado por el Decreto del César contra los cristianos. Pasa sus últimos días en la Fosa Mamertina (ca. 67) (v. “San P. Testigo y evangelizador” Iacuzzi-Ayerza y Pereda, Rosario, 1987, 2ª ed.).
Don Domingo encuentra un paralelo espiritual en esa opinión histórica, con su propia situación, de desánimoy escepticismo, luego de tan larga y dura labor de dirigente de nuestros destinos: “Sin ser Pablo y sólo por lo que siento, hallo fundado en la naturaleza humana este desenlace trágico”, escribió en el borrador de la carta citada. “Queda el ánimo estropeado y baldado, después de años de trabajar, para arribar a nada o poca cosa sobre este granito de nuestra América”.
Descree de la organización político-social americana, tras tanto combate con la Barbarie, la anarquía y los intereses caudillescos de toda laya. “Por las resistencias que agrían el ánimo y hacen desesperar, no de las ideas, sino de la adaptabilidad y de la justicia humana”.
Sus enemigos, los bribones a lo Sancho Panza, un tipo nacional español, cristiano, que se reproduce en estas tierras, un “metro” para catar justamente a nuestros políticos y patriotas (en “Correspondencia entre S. y Lastarria, 1844-1888”, ed, M. del P. de Carbone, 1954, p. 105-111; su Borrador, p. 115-118).
También en sus “Viajes por Europa, África y América” (“El más glorioso itinerario histórico que hayan andado jamás los redentores de un mundo” según Bartolomé Mitre y Vedia, incl. en su “Páginas serias y humorísticas”, ed. 1994), (t. V de sus “Obras compl..&rdquo
, memora con exactitud al Santo, trazando un paralelo histórico con el Apóstol Pedro.
Es una carta desde Roma, 6-4-1847, extensa, al Obispo de Cuyo, su tío. “San Pedro, hombre del pueblo” (Simón, Cefas, de Betsaida, muerto en 67), tradicionalista en el culto judaico, “mientras que San Pablo, aunque judìo, ciudadano romano, hombre de mundo, fìlósofo, erudito y capaz de apoyar la nueva doctrina en la tradición ateniense sobre el ‘dios ignoto’” es un intelecto universalista y más cultivado. San Pablo “ve las cuestiones religiosas del Cristianismo desde un punto más elevado, no ya en relación al oscuro pueblo judaico, sino al mundo, a Roma, a Atenas, centro del poder o de la filosofía”.
Esta magna “quaesto teologica” entre Pedro y Pablo sobre tradición o innovación religiosa, se renueva en la historia moderna, tal como la alude S. líneas más adelante de su carta, entre Protestantismo y Catolicismo. Pues aquél “vino a renovar el disentimiento antiguo de los cristianos de Oriente y de Occidente, la disputa entre Pedro judío y San Pablo, ciudadano Romano”. El maestro enseña luego la importante civilización estética y moral de imagenología y la barbarie de los movimuentos iconoclastas. “¡Gloria, pues, al culto redentor de las imágenes!. A ellas se debe la salvación del mundo artístico”.
S. y Pablo, “Predicadores de nuevos dioses”: así calificaban al Santo los atenienses, según “Hechos de los Apóstoles”, XVII, 18.
III.- Obra de Fe y Energía.
Escribe Paul Groussac que S. “gastaba energía de Guerrero para su obra de concordia y pacificación”. Como el Santo, “su propaganda tenía el ímpetu prodigioso del torrente”.
Acentuado sentido de proselitismo y “conversio”, de unión de almas en una causa común, poder de galvanización. Fortalecimiento ante las dificultades: “me gozo – escribe Pablo en su 2ª epístola a los Corintios, 12- en las debilidades, en afrentas, en necesidades, en persecuciones, en angustias, porque cuando soy débil, entonces soy fuerte”.
Como el Santo que lo inspira y a quien recuerda en circunstancias y textos destacados, vive “en el éxtasis permanente del entusiasmo” y ha “abrazado con el calor y el fanatismo de una religión”, los principios políticos democráticos.”
S. ofició, por su visión, inspiración y acción, como “el Saulo de la Organización Nacional” (I Corintios, 1, 10: “que todos habléis igualmente, y no haya entre vosotros cismas, antes seáis concordes&rdquo
, así como el crítico acerado de “El viaje intelectual” llamó a Mariano Moreno (1778-1811), también nervio y verbo encendidos, como “el Saulo de la Revolución”. (H. Jürgen Baden, “Literatura y conversión”, 1969, espec. p. 25-34).
De acuerdo con Paul Jonson en su “La historia del Cristianismo” (1989), el Santo fue el primer Cristiano puro, el primero que comprendió en su hondura y totalidad el pensamiento teológico de Cristo, y que luchó con gran fuerza y sufrimiento por imponer la universalidad de su Evangelio (ob. cit., 1ª parte: “El ascenso y rescate de la secta de Jesús&rdquo
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Como el rabino santo en “Corintios”: “Si no poseo caridad de nada sirve todo”. “No teniendo caridad nada me aprovecha”. “Atented a cuanto hay de verdadero, de honorable, de justo, de puro, de amable, de laudable, de virtuoso y de digno de alabanza” (“Colosenses”, 3:12 y ss., “Filipenses”, 4
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Sarmiento, por su parte, considera a la Caridad desde una óptica activa progresista, desde su postura de un “Cristianismo Ejecutivo”, “Constitucional”, según él la llama. Acción fructífera del estadista, para mejorar las condiciones de vida de la mayoría. Concreción de posibilidades de adelanto social, cohesión de las familias, instrucción escolar y extra-escolar, reparto de la tierra pública. Fomento del trabajo humanizado productivo, acceso de la masa a la educación y a la propiedad, a una vida económica útil, a un creciente bienestar espiritual y material, a la práctica de la auténtica Libertad Republicana. A una más rica y ascendente solidaridad. Una política de promoción de lo social, a la participación ciudadana en los beneficios de la Civilización. Unión del esfuerzo comunitario para proteger a la niñez, a los minusválidos y acción institucional para asegurar la vida en democracia, en paz y trabajo. (V. Horacio Lona: “Carisma y Libertad: tres estudios sobre San Pablo”, Centro Salesiano de Estudios, 1993; Angelo Penna: “Sn. Pablo, Apóstol”, en “Diccionario de Autores” González Porto-Bompiani, Montaner y Simón, t. III, 1973, reimpr., p. 38-43; A. Schweitzer, “La mística del Apóstol Pablo”, 1931, trad. J. R. Wilcock, en “El camino hacia ti mismo”, Sur, 2ª ed., 1960, p. 122-131; G. Seaver: “El misticismo del Apóstol Pablo”, en su “A. S.”, Fabril, 1964, p. 209-231).
Domingo y Saulo sienten el “Soy en Cristo”, el manantial solar del espíritu cristiano reside en ellos y mana de sus obras y escritos. La Idea de la Predestinación (“Romanos”, VIII, 28): “los que son llamados” conforme al propósito de Dios.
Significación operante y efectiva de su Cristianismo en la acción (“Epístola a los Gálatas”, año 57). El redentorismo sarmiento bebe en la fuente paulina. Ética ascética, no del menosprecio de lo terrenal sino de liberación y consagración interior, de trabajo santificador según advierte Schweitzer.
Su vida la ofrenda para redimir a las gentes, para salvarlos. El autor de “Argirópolis” interpreta sus luchas por la Ilustración, muy especialmente en el campo de la pedagogía popular como un sufrimiento expiatorio y finalmente como una con-sagraciòn y cumplimiento elevado de un llamado (véanse por ejemplo las cartas a Juana Manso, 1819-1875, feminista precursora y maestra, quien lo secundó en sus empresas educacionales). V. “Ambas Américas”, t. 29 de sus Obras.
Destaco como vigorosamente paulina la prédica moral de los consejos sarmientinos a su hija , del 10-9-1867 (J. Ottolenghi: “S. a través de un epistolario”, 1939). “Sé mi hija en eso, en sufrir, en trabajar, en esperar...” (ob. cit., p. 73).
El maestro se identifica con un núcleo sugestivo del pensamiento evangélico: la virtud cristiana de la paciencia, la esperanza, la fuerza. Saulo invoca justamente este fortalecerse espiritualmente ante la debilidad, ante las tribulaciones: “Nos gloriamos hasta en las tribulaciones” (“Romanos” del año 58, 3-5). En la misma, VIII, 17: “herederos de Dios y coherederos con Cristo, si es que padecemos justamente con Él, que podamos ser glorificados con Él”.
Esta acción y pensar sarmientinos ostentan una luminosa perspectiva “misiológica”. Es acuciante en Saulo y Domingo lo que Gustav Warneck denomina la “Missionstatt” (actividad misionera) y “Missiongedanke” (idea de la Misión), en su “Historia de la Misión”, de 1913.
Los escritos del cuyano participan en su parte sustancial del carácter de Epistola homilética, de la literatura paulina. Revisten cualidad de exhortación vibrante, de gran poder de estremecimiento, fuerza racional y emotiva.. Sus obras de adelanto humano americano las considera S. ofrendas para “preparar los espíritus” a Nuevos Caminos. Lo afirma en carta al Gral. José María Paz (1791-1854) del 22-12-1845. Pablo: “¡Ay de mí si no evangelizo!”.
IV.- Literatura, exhortación y política.
Escribe don Francisco de Quevedo (1580-1645) que Pablo “empezó en vileza, abatimiento, error e ignorancia, y acabó en santidad, sabiduría y magisterio de las gentes”, en su “Vida de San Pablo Apóstol” (1644, última obra publicada por el ilustre español). Cito por ed. de F. Buendía, Obras en Prosa, Aguilar, 1979, t. II, p. 1636. Menciona el gran escritor español, conceptos de San Jerónimo, el Padre de la Iglesia, 340-420, traductor de la Biblia del griego y hebreo al latín, para quien “todas las veces que leo a Pablo me parece que oigo truenos, y no palabras”.
G. Papini señala que las Epístolas paulinas “son declaraciones de guerra, explosiones de afecto, éxtasis del pensamiento, ascensiones líricas, elegías apasionadas, cánticos de descubrimiento, de liberación y de triunfo. En él, la teología se vuelve epopeya, la historia, profecía, la moral himno e iluminación”.
En su “Santos y Poetas” (1948, cap. III. “San P., ciudadano romano” y en su “Exposición individual” 1941, Sala Quinta. La gloria de San P. El vuelo de Sn. P.”, ed. Obras, Aguilar, t. IV y t. I, resp.), el famoso autor italiano acentúa la zarza ardiente de la persona y la escritura del Santo, como ya en 1945 con imágenes parecidas, exaltó nuestro escritor y crìtico Ricardo Rojas la índole profética y el apostolado educativo sarmiento y lo renueva en nuestros días Antonio Pagés Larraya, discípulo destacado y sarmientista importante de los actuales.
El ímpetu de universalización de su ideario, la conciencia de haber percibido el llamado de “arcanas palabras”, de ser un enviado, el sostenimiento del mismo con fogosísima unción, unen al romano y al sanjuanino.
Nos place aunarlos en sus almas llameantes y guerreras, y como dice el escritor florentino, en su “estilo imperioso e intrépido”, su actuar de conquistadores de almas para vivir en y por Cristo, pues en definitiva el sentido misional de la obra sarmientesca también es la de asegurar el reinado cristiano, haciendo carne en los pueblos las ideas de caridad en las obras y de ascenso humano que es esencia perenne del mensaje de Jesús.
La “Causa Santa de las Escuelas”, o la “Guerra Santa del sistema de escuelas públicas” en el argentino- “El Reino de Dios”, en Pablo: avidez romana de Conquista. Esta Lid por la Instrucción, Epopeya iliádica de Domingo, equivale en ardimiento ejecutivo a la lucha contra las fieras de Éfeso, en su tercer viaje misionero, el Paganismo y el Pecado, al que dona la totalidad de sus esfuerzos, “mis caminos”, “mi enseñanza”, según alegoriza el romano en I Corintios, 15: 32. Así lo enfoca Papini en su “Descubrimientos espirituales”: “Pablo tiene el alma de un Conquistador”, “la tenacidad, la audacia, el calor de la imaginación...”, “Se lanza resueltamente a la conquista de las almas, a la formación de colonias espirituales”, “sus predicaciones son sus batallas...”.
En 1866 S. pronuncia un discurso en el Congreso Pedagógico de Indianápolis (Estados Unidos), que es reproducido en el tomo 21 de sus Obras, con una nota introductoria, donde se expresa que “presentado como amigo de (Horace) Mann, podía reputársele un Pablo apóstol de los Gentiles”. Mann (1796-1859) creó la Primera Escuela Normal, en Massachussets y dedicó su fructífera vida a la Enseñanza Pública. S. lo admiró hasta el punto de realizar un bosquejo biográfico, “Vida de Horacio Mann”, publicado junto con la del Dr. F. J. Muñiz, en el tomo 43 de sus Obras. Cultivó luego de su muerte, la amistad, humana e intelectual de su familia. Seguramente en alusión evidente a su fervor legendario en la difusión del evangelio de la escuela popular y su carácter de seguidor devoto de las ideas del educador norteamericano.
Lo confirma e ilumina sus palabras a los maestros: “Es vuestra misión extender los beneficios de la educación desde estos centros de luz, hasta este y el otro más remoto Sur. Tenemos que pasear la antorcha por toda la América, hasta que todo crepúsculo desaparezca”.
Ortega y Gasset en su “En torno a Galileo” (1933, Obras Completas, t. 5, p. 105, Lección VIII) observa agudamente el “frenético paradojismo” y el “radicalismo subversivo” que encarna el modo de vivir cristiano, ultramundano y sobrenatural, del que San Pablo tiene plena advertencia. En su prédica el santo vuelve al mundo del revés: “Porque escrito está: Destruiré la sabiduría de los sabios y desecharé la prudencia de los prudentes” (“Corintios”, I). Dios “quiso hacer salvos a los que creyesen en Él por la locura de la predicación”.
El santo despliega extremismo, locura por amor divino, para salvar al hombre: “nosotros predicamos a Cristo, crucificado, que es escándalo para los judíos y locura para los gentiles”. Pues “la palabra de la Cruz, a la verdad, locura es para los que perecen: mas para los que se salvan, esto es, para nosotros, es virtud de Dios”.
“Que nadie me tenga por loco” pide en II Corintios, 10: 16 y ss.: apelan el estadista y el evangelista, a la locura, a la aventura de la osada palabra y radical acción, “en trabajos más abundante, en azotes innúmeros”, plena de peligros y fatigas y con muchos desvelos.
El Cristianismo ilumina y orienta a la Humanidad y surge como solución y contrapartida de esperanza y fe ante el estado de crisis, de desesperación e incompletud negativa, de insuficiente espíritu del Mundo antiguo.
“Hablo como loco, porque lo soy más que nadie” declara el autor en el año 57, “2ª epíst. a los Corintios”, 11, 22-31. Se refiere a su mirada elevada, salvífica del mundo.
En el sanjuanino, la tan mentada locura, es producto de su inteligencia avizora, sus pronósticos penetrantes, la