El “DIÁLOGO DE LA LENGUA” DE JUAN DE VALDÉS.-
Por Guillermo R. Gagliardi.
“Todos los hombres somos más obligados a ilustrar y enriquecer la lengua que nos es natural y que mamamos en las tetas de nuestras madres”
escribió Juan de Valdés (Cuenca, 1509- Nápoles, 1541) en su “Diálogo de la Lengua” (escrito en 1535, publicado en 1737 como “Diálogo de las lenguas” por Gregorio Mayans y Siscar como Apéndice de su “Orígenes de la lengua castellana).
La castellana, más vulgar, considerada inelegante, pero “tan noble, tan entera, tan gentil y tan abundante”.
Reconocemos sus bases en la “Gramática Castellana” (1492) de Antonio Elio de Nebrija (1441-1522), en los temas de Vocabulario y Ortografía; y el “Amadís de Gaula” (cèlebre libro de Caballería Medieval en español, cuyos antecedentes de publicación datan del siglo XIV), en cuanto a estilo.
De todos modos señalamos la importancia del estudio del Latín para el conocimiento de la Lengua Castellana. Observó Carmelo M. Bonet que “el idioma no está todavía asentado y se maneja entre dudas y vacilaciones. Por eso los juicios tan autorizados de Valdés, resultaban muy importantes” (“Pespuntes críticos”, Academia Argentina de Letras, 1969, p. 207-216).
. Y en cuanto al estilo, la obligación de naturalidad y concisión:
“que todo el bien hablar castellano consiste en que digáis lo que queréis con las menos palabras que pudiéredes, de tal manera que splicando bien el conceto de vuestro ánimo y dando a entender lo que queréis decir, de las palabras que pusiéredes en una cláusula o razón no se pueda quitar ninguna sin ofender o a la sentencia della o al encarecimiento o a la elegancia”.
Establece la Lectura como aprendizaje lingüìstico y literario:
“es tal nuestro estilo quales son los libros que leemos”
(Azorín: “Obras Completas”, tomo 4, p. 301-313).
Recomienda y analiza estilos de obras: el “Amadís”, los “Cancioneros”, “La Celestina”. Juan de Mena, etc.
Su ideal estilístico es el del escritor y diplomático italiano Baltasar de Castiglione (1478-1529) en “El Cortesano” (1528), donde expone el modelo del Caballero, el Hombre Renacentista.
El lenguaje escrito, literario, ha de ser natural, no artificioso.. Valdés tiene contacto con la corte española en Nápoles, Italia.
La obra que estamos leyendo consiste en una Conversación en la que intervienen dos italianos y dos españoles: Marcio, Valdés, Coriolano y Pacheco.
Su autor ha sido reconocido como “el Paladín de la llaneza” por el cumplimiento de su axioma: “escribo como hablo”.
Su maestría, según sostiene Marcelino Menéndez y Pelayo, sólo será superada por el “Coloquio de los perros” de Miguel de Cervantes, “novela y coloquio” entre Cipión y Berganza, perros del Hospital de la Resurrección.
“Con un tema así, al parecer flaco y desabrido, compuso Valdés un librito delicioso, por la gracia y soltura de la forma” (Bonet).
Otro especialista, José Fernández Montesinos (editor crítico de la obra, en 1928 en la Colección Clásicos Castellanos de Espasa-Calpe, utilizo ed. 1964) reconoce que “es una de las mentes más activas en la persecución de la verdad y la claridad que puedan encontrarse en nuestra literatura”. Sigue: “Una lengua popular, pintoresca y viva, pero poco apta para la cultura moderna, se va extinguiendo. La expulsa la lengua escrita, la lengua de los cultos”.
Posteriormente fue editado el libro por Rafael Lapesa en 1940, Lore Terracini en 1957, Cristina B. de García en 1967, J. M. Lope Blanch en 1969, etc. (I. Lerner: “El discurso literario del Diálogo...”, Actas-Asociación Internacional de Hispanistas, VIII- 1983).
Son características de su espíritu la Mesura y la Continencia.
Justifica el Neologismo por necesidades de pensamiento: se trata de hacer del castellano una lengua de Cultura. Imbuida de Humanidad, precisión y sencillez, en oposición a la tendencia latinizante, a la frivolidad y el exorno típicos del siglo XV.
Han de evitarse, sostiene el erasmista español, los “dobles sentidos” (las anfibologías, disemias o polisemias), las palabras que expresan confusión de conceptos.
“en las quales stá escrito too quanto bueno ay que pertenezca assí a religión como a ciencia”.
En su “Diálogo de Doctrina Cristiana” (1529) traduce y adapta escritos del fundador del Protestantismo, Martín Lutero (1483-1546), monje y teólogo, escritor alemán. También tradujo parcialmente los textos Bíblicos, y colaboró con la introducción de la Reforma Religiosa en Italia (cons. “Obras Completas” de J. de Valdés, ed. y Pról.. de Ángel Alcalá, Madrid, Fundación J. A. de Castro, 1997; y en Biblioteca Virtual M. de Cervantes, 2006). Ver “Erasmo y el Erasmismo” Marcel Bataillon , 1977.
Se ocupa del tema de la Traducción y sus dificultades, relacionadas con la diferente naturaleza de cada nación por ende de cada idioma:
“porque cada lengua tiene sus vocablos propios y sus propias maneras de decir, ay tanto dificultad en el traducir bien de una lengua en otra, lo qual y no atribuyo a falta de la lengua, en que se traduze, sino a la abundancia de aquélla de que se traduze, y assí unas cosas se dicen en una lengua bien que la otra no se pueden decir assí bien, y en la mesma otra, otras que se digan mejor que en ninguna”.
“Por esto es grande la temeridad de los que se ponen a traducir de una lengua en otra sin ser muy diestros en la una y en la otra”.
“Que nos digáis lo que observáis y guardáis acerca del escribir y hablar en vuestro romance castellano quanto al estilo”.
Escribe una bella y lógica respuesta:
“Para deciros la verdad, muy pocas cosas observo porque el estilo que tengo me es natural, y sin afetación ninguna escrivo como hablo, solamente tengo cuidado de usar de vocablos que sinifiquen bien lo que quiero decir, y dígolo quanto más llanamente me es posible, porque a mi parecer en ninguna lengua stá bien el afetación”.
Aconseja no abusar de “que” y “de” en estas frases: “esperando de cambiar” o “creo que será bien hazer esto”.
“Dévese también huir de toda manera de decir que tenga mal sonido”. Por ejemplo, “me he de perder” por “he de perderme”.
Porque, medita Valdés, es menester:
“Hablar o escribir de suerte que vuestra razón pueda tener dos entendimientos, en todas lenguas es muy gran falta del que habla o escrive”.
También opina contrariamente al uso del “hipérbaton” y la cláusula latina con el verbo al final del período oracional.
“los que quieren aprender una lengua de nuevo, devrían mucho mirar en qué libros leen, porque siempre acontece que assí como naturalmente tales son nuestras costumbres quales son las de aquellos con quien conversamos y platicamos, de la mesma manera es tal nuestro estilo quales son los libros en que leemos”.
Suprime la consonante latina en los cultismos: “sinificar”, “acetar”.
Valdès se nos manifiesta como un crítico firme y equilibrado en sus juicios. Tiene en muy alto lugar el buen juicio.
Culto y muy bien informado, se ocupa de la Lexicografía Castellana, la Estilística, la Sintaxis, la Ortografía, la Fonética y la Literatura de nuestro Idioma, con constante ponderación.
El plan lo enuncia Marcio. Le interrogará sobre el Origen de la Lengua (Valdés sobrevalora el aporte Griego), la Gramática, la Ortografía, el Vocabulario, el Estilo y los Libros más representativos y más recomendables por la pureza de la lengua y la donosura del Estilo.
Manifiesta otro personaje del “Diálogo”, Pacheco:
“Porque yo lo tengo por tal, (a Valdés) que ninguna cosa escribe sin fundamente”,
“porque no ví en mi vida hombre más amigo de scrivir”,
“siempre, en su casa stá hecho un San Juan Evangelista, la péñola en la mano, tanto que creo escribe de noche lo que haze de día, y de día lo que ensueña de noche”.
Menoscaba parte de los estudios del lingüista y humanista sevillano, por ser de origen andaluz,
“donde la lengua no stá muy pura, aunque Librixa era muy docto en la lengua latina, q’esto nadie se lo puede quitar, al fin no se puede negar que era andaluz, y no castellano, y que scrivió aquel su vocabulario con tan poco cuidado, que parece averlo escrito por burla”.
Antonio Martínez de Cala y Jarava, había nacido en Lebrija (antigua Nebrissa Veneria), estudiado en Salamanca y en Bolonia, profesó en la primera.
Por ello no aprueba el uso de “vicinus” por “aldeano”, según quiere Nebrija, “morositas” por “brío en costumbres”, “balbutire” por “cecear”- Explica Valdés a Pacheco, que el gramático andaluz sólo registra aquellos vocablos “españoles” que se corresponden con otros griegos o romanos.
“que en el estilo peca muchas vezes con no sé qué frías afetaciones que le contentan”.
Prefiere acudir a la prístina fuente paremiológica, los Refraneros,
“para considerar la propiedad de la lengua castellana, lo mejor que los refranes tienen es ser nacidos en el vulgo”.
Y se ocupa del uso del Artículo, de los Pronombres, la Morfología elemental de nuestra Lengua: Conjugaciones, Accidentes de género y número.
Encarece la observancia de la Prosodia, el uso de los Acentos, la pronunciación de las palabras, según la tradición más aceptado o la concordancia con la razón. Y el conocimiento del Latín, básico para la comprensión de nuestro Idioma:
“Y sabed q’la gentileza de la lengua castellana, entre las otras cosas, consiste en q’los vocablos sean llenos y enteros”.
Lo guía un criterio moral: el apreciar el buen juicio del hablante por sobre toda la ciencia o riquezas materiales que posea:
“Aunque sean quan altos y quan ricos quisieren, en mi opinión serán plebeyos si no son altos de ingenio y ricos de juicio”.
Admira en nuestra idioma las variedad proteiforme de sus vocablos y los matices seductores de sus frases y entonaciones:
“se dicen muchas cosas ingeniosas muy sutiles y galanas”.
Quiere un lenguaje de expositores, de teóricos, de prosistas pensadores. Otros vendrán después (Montesinos dixit, loc. cit. ) “que pidan al lenguaje número, melodía y dulzura, lenguaje de poetas”.
“Valdés no era ciertamente, un técnico de la lengua, cuyos problemas trata más bien como un inteligente aficionado de gran cultura y exquisito gusto..., los aciertos, las intuiciones profundas, las fecundas sugerencias son constantes a lo largo de estas páginas, donde se plantean por primera vez los más importantes problemas de nuestro idioma” (Juan L. Alborg, “Hist. de la liter. Española”, tomo 1, Gredos, 1970).