jueves, 20 de noviembre de 2008

                        PAUL VALÈRY  Y  SUS  “MIRADAS AL MUNDO ACTUAL”.

 

 

                                                            Por Guillermo R. Gagliardi.

 

 

-         PAUL VALERY (Sètte, 1871- Paris, 1945), como él mismo afirmó de Baudelaire, ha sido un escritor cuyo éxito y  “fecundidad espiritual” ha dependido “no solamente de su valor propio como poeta, sino también de circunstancias excepcionales”.

 

Estas circunstancias han consistido en una “inteligencia crítica asociada a la virtud de poesía”. Ése es el genio poético de Valery. Véase su “situación de Baudelaire”, en “Variedad” I, ed. Losada, Bs. As.).

 

Escritor de preciosa sensibilidad, prevalece en él la exigencia crítica, el “juicio” y la pasión creativa. Sensual y preciso, “rara alianza” de imaginación ardorosa –al modo del autor de “Las flores del mal” y de Racine, el de “Fedra” y “Andrómaca”-  y  “lucidez demoníaca”. 

 

El crítico hispano-argentino Guillermo de Torre lo llama acertadamente el primero que “levanta esa cortina filosófica en el umbral del dominio poético” y  que intenta “intrincarse en los meandros del intelecto, este propósito de mantener la inteligencia al rojo vivo y en perpetua vigilia” (en su “Problemática de la Literatura”, 1966, p. 102-105; también en su “Prólogo” a “Política del Espíritu” de P. V., ed. Losada, 1961; íd., en su “La aventura y el orden, p. 131-139).

 

Poeta de las armonías sutiles, del discurso elegante y la musicalidad, su arte es “Clásico” por la conciencia reflexiva sobre la Creación, por el ajuste formal de la emoción.

 

Su obra, en poesías, discursos académicos, ensayos, diálogos y críticas, se encuentra merecidamente situada entre las cimas de la Inteligencia Occidental. Amante del Razonamiento, de la Lógica impecable e implacable,. Indagador del pensamiento de Descartes, “fantástico espectáculo intelectual que se ofrece  al espíritu”.

 

Mentalidad científica unida a una brillante inspiración y fantasía.

 

“La joven Parca”(1917), “El cementerio marino” (1920), unen expresión de emociones íntimas y meditaciones sobre el Ser y el Universo: comunión misteriosa de “sonido” y “sentido”.

 

-         Para Valery  la vida de la Inteligencia constituye un universo lírico incomparable. Pasión de Arquitectura y de Elevación. Su arte es una vuelta gloriosa a una época dorada  de las Letras. 

 

Ése constituye el tema central de su “Introducción al método de Leonardo” y “Nota y Digresión” (1895, 1919, respectivamente).:

 

“Ese mundo del pensamiento, en el que se entreve el pensamiento del pensamiento y que se extiende desde el misterio central de la conciencia hasta el espacio luminoso en que se excita la locura de la claridad, es tan variado, tan conmovedor, tan sorprendente por los golpes teatrales y la intervención del azar, tan admirable en sí mismo, como el mundo de la vida afectiva dominado por sólo los instintos”

 

(en su “Política del Espíritu”, ed. Losada, p. 137 y ss.).

 

“Vivimos bajo el régimen perpetuo de la perturbación de nuestras inteligencias”,

“necesitamos la libertad del Espíritu, cima donde surgen las imperecederas obras de Arte del Hombre”,

“porque donde no hay libertad del espíritu, la cultura se marchita”.

 

En sus cinco tomos de “Variedad” (1924-1944), . en “Miradas al mundo actual” (1931)  y en diversas conferencias y notas, lanzó la voz de alerta, humanista, que hoy identificamos con las no menos valiosas de Aldous Huxley, Bertrand Russell y Hermann Hesse:

 

“El hombre moderno es el esclavo de la modernidad: no hay progreso que no coadyuve a su más completa servidumbre. La comodidad nos encadena.

La libertad de prensa y los medios demasiado poderosos de que dispone, nos asesinan con clamores impresos, nos taladran con nuevas sensaciones”.

                                   

                                    (en su “Fluctuaciones sobre la libertad”, 1938).

 

Publicidad engañosa e hipnótica, tiranía de la velocidad y los horarios, aherrojamiento de la Libertad Individual, prevalecimiento de la cantidad sobre la calidad, la masa, la novedad y los efectismos histerizantes, anuladores de la preciosa voluntad reflexiva (ver su “La libertad del espíritu”, 1939, en “Miradas al mundo actual”, ed. Losada, p. 184 y ss.)..

 

Toda política tiene a manejar a los hombres como cosas; todo dictador en pos de sus intereses, poda y unifica las ideas de sus súbditos a los que considera como elementos aritméticos.

En el régimen dictatorial el espíritu político se opone al hombre, a su radical diversidad, variabilidad, personalidad  y complejidad; transforma a la Educación en Adiestramiento, en aprendizaje de fórmulas, memorización de mitos, práctica de purgas, hambre, terror. (léase su “La idea de dictadura”, 1934, “A propósito de las  Dictaduras”. 1938, en su “Miradas...”. p. 66-81).

 

Éstas son algunas de sus claras denuncias de los males contemporáneos.

 

“Hay algo de suicidio en la forma ardiente y superficial de existencia del mundo civilizado”,

“sacudidas perpetuas, novedades, noticias, inestabilidad esencial”.

 

El mundo de hoy es la extrema inseguridad. En muchas naciones se reprime la Inteligencia, se desprecia el valor de la Investigación, se favorecen a los idólatras y fanáticos en detrimento de los creadores independientes de riqueza espiritual.

La labor del espíritu en esta época de penurias es analizar y superar los peligros que amenazan las virtudes de Occidente: el orden legal, el razonamiento científico, la necesidad del conocimiento y de la sensibilidad, y preservar aquello que le parece esencial para el universo humano, proyectar Luz sobre el Caos.

 

-         El siglo XX es una era, aún continúa, de crisis de los valores, de las relaciones humanas, de la Fe, de disminución de la afectividad. Estamos sometidos a una violencia perpetua, al desorden mental, al ruido y al bestialismo multiforme.

 

“El Estado... nunca como ahora se apoderó tan íntegramente de las vidas, las definió, escrutó, registró tan estrechamente”.

 

Construye una radiografía persuasiva de la ínsita perversidad de la Publicidad y el maquiavélico uso de los medios masivos de información :

 

“La publicidad, uno de los males mayores de este tiempo, insulta nuestras miradas, falsifica todos los epítetos, arruina los paisajes, corrompe toda cualidad y toda crítica, explota el árbol, el peñasco, el monumento y, en las páginas que vomitan las máquinas, confunde al asesino, la víctima, el héroe, el centenario del día y el niño mártir”.

 

Es necesario y muy urgente, leer y meditar sobre lo escrito por Valery.

Es preciso conservar la voluntad de lucidez en estos tiempos de penumbra moral y de intemperie metafísica.

 

Varias  centurias antes que él, Blas Pascal (6123-1662), hermano en el diagnóstico de nuestros días, había escrito:

 

“El hombre no sabe en qué lugar colocarse. Está visiblemente extraviado y caído de su verdadero lugar, sin poder hallarse de nuevo. Busca por todas partes con inquietud y sin éxito, entre tinieblas impenetrables.”.

 

Valery  fue Miembro de la Academia Francesa y de la Legión de Honor. Concebía a la Literatura como un Ejercicio Espiritual, un ansia de coherencia, de Luz y de Conocimiento, la “conciencia extremada” del método cartesiano.

En su aguda conferencia “Balance de la Inteligencia” (1935) manifestó su espanto por la falta de rigor, la inconciencia del arte contemporáneo:

 

“las condiciones del trabajo del espíritu han sufrido... la misma suerte que todo el resto de las cosas humanas; es decir, que participan de la intensidad, del apresuramiento, de la aceleración, general de los intercambios, así como todos los efectos de la incoherencia y del fantástico cintilar de los acontecimientos”.

 

De ahí entonces, su llamado permanente y fervoroso al rigor, a la lucidez intelectual y a la pura luminosidad del arte Clásico. La Literatura es, pues, una maravillosa combinación de ascesis y juego, no es producción espontánea, sino lógica y resistencia a nuestra “creación” inmediata y continua. 

Es método, canon y proporción reglas de armonía y corrección (“gusto perverso de la corrección indefinida&rdquoGuiño.  Véase su “Fragmentos de las memorias de un poema”, en su “Variedad, II, Losada, ed. cit., p. 233-168.

 

Sobre Valery escribió André Gide (1869-1951): “esa poesía de plenitud y belleza tan perfectas que fuerzan la admiración y no pueden ser comparadas sino con los más puros joyeles de nuestra lengua”.

El Nobel  1947 de Literatura, autor de “Los alimentos terrestres” y “Los monederos falsos”, señala el pudor y reserva del arte valèryano, que revelaba un secreto estremecimiento de una exquisita sensibilidad.

“Mientras las tinieblas nos asedian por todas partes, gracias a ti, Francia irradia su luz sobre el mundo; y lo que tú has traído al mundo no puede sernos arrebatado”. “lo que le atrae es el dominio del Espíritu, pues lo demás le parece irrisorio” (“Páginas de otoño&rdquoGuiño.

 

 Rico ingenio, penetrante  y de polifacética obra,  su visión es una vuelta gloriosa a la Era Dorada de las Letras,

 

“la indagación ahondada y conducida hacia la expresión más exacta y más intensa de su objeto”

 

(en su “Nuestro destino y las Letras”, 1937).

 

“Por todos lados percibimos sujeciones y amenazas al espíritu, cuyas libertades al mismo tiempo que la Cultura, son combatidas por nuestras invenciones, nuestras formas de vida, por la política general y por diversas políticas particulares”.

 

Es evidente, que como  ha observado el crítico Leonidas de Vedia en su “Baudelaire” (1972, cap.” Memoria de V.&rdquoGuiño, Valery no escribió y no habló jamás sino para transmitir ideas esenciales, era un fenómeno natural de su jerarquía y de su talento (loc. cit., p. 148 ss.).

 

Peligra el Destino Humano, advierte categórico, la Persona, la Sacralidad del  Ser, entre tanto vértigo y agresiones cosificadoras. Es preciso, exacto, desmitificador:

 

“También está la tiranía de los horarios. Todo esto nos apunta a la cabeza.

 

Bien pronto habrá que construir claustros rigurosamente aislados, donde no entren las ondas ni los diarios, claustros donde se preserve y se cultive la ignorancia de toda política.

 

Allí se despreciará la velocidad, el número, los efectos de masa, de sorpresa, de contraste, de repetición, de novedad y de credulidad.

 

Es allí donde iremos, ciertos días, a considerar a través de las rejas algunos ejemplares de Hombres Libres”.

 

Impresiona su diagnóstico, preocupa su pronóstico, que ya se cumple..., en esta vanilocua Era llamada del “Homo Informaticus” y “Globalizado”.

 

Pacifista total, enfoca los  asuntos primordiales y a veces, inadvertidos peligrosamente por las mayorías, y observa, siempre agudamente, desesperadamente lúcido:

 

“...las separaciones entre países son muchas veces límites caprichosos que solamente dificultan las relaciones humanas y complican la vida de sus habitantes.

 

De allí que la definición tradicional e histórica de las naciones es de índole antropomórfica: cada país es como una persona que se opone a las otras, por derechos de soberanía y propiedad”.

 

Tales diferenciaciones sólo ayudan a la satánica divinización de la violencia bélica, del armamentismo monstruosamente extendido en nuestro Planeta: ahí radica, claro, la inestabilidad extrema del Equilibrio Mundial.

 

Medita con precisión angustiante e insistente coherencia, que en nuestra era prevalece una constante sacudida de noticias abrumadoras, novedades e incitación venenosa a la Pereza Mental y a la abominación del Estudio y la Lectura. 

El Reino de la Tecnología, no siempre al servicio del mejoramiento de la calidad de vida humana. Una gradual alienación  en aras de la idolatría del Progreso y del desmedido acrecentamiento del poderío mecánico:

 

“Hay algo de suicidio en la forma ardiente y superficial del mundo civilizado”.

 

En definitiva, asistimos asombrados a una disminución real de la Cultura y de la verdadera Libertad del Espíritu.

En muchas naciones se reprime la Inteligencia, se desprecia el altísimo valor del Silencio constructivo de gabinetes y laboratorios,  de la Investigación Pura, se fragmenta la indivisibilidad del ser humano, se favorece a los adoradores de falsos ídolos , transitorios, en detrimento de los Creadores independientes de riqueza espiritual en la Ciencia y el Arte.

 

La labor de los Humanistas, de los defensores del Hombre y sus Derechos sagrados, consiste, ayer y hoy igualmente, en analizar críticamente y superar los peligros que amenazan las virtudes de la Libertad, de la Creatividad, de la Personalidad y del Trabajo plenificador.

 

Urgente es entonces poner en práctica un nuevo Humanismo que reivindique a la Persona, en el que el hombre quede  definido por la responsabilidad hacia sus prójimos y ante la Historia, en que la Cultura de Masas, con el avance de la Industrialización y las Ciencias Positivas, promueva una vida más intensa y profunda y consciente.

 

Un hombre Libre, como lo estudia Valery en sus escritos, es un ser en el que se desarrolla perfectiblemente la capacidad de Admiración de Intuición y Razonamiento complementariamente, de Contemplación Artística y Religiosa,  y deducción científica aunadas.

 

Con inquietante desesperanza, señala la disminución de la Cultura en nuestro Mundo:

 

“Esa hora diaria que el hombre que tiene un empleo, el hombre que gana su vida, podía consagrar a la lectura en su casa, en el tranvía o en el subterráneo, está devorada por la publicidad de los crímenes, las necesidades incoherentes, las habladurías y los hechos menos apasionantes, cuya mezcolanza y abundancia parecen destinadas a aturdir y simplificar groseramente los espíritus.

 

Nuestro hombre está perdido para el libro...Esto es fatal, y nada podemos contra ello.

 

Consecuencia: primero, una disminución real de la cultura; segundo, una disminución real de la verdadera libertad del espíritu, porque esta libertad exige, por lo contrario, desasimiento, rechazo de las sensaciones incoherentes o violentas que recibimos a cada instante en la vida moderna”.

 

(de su “Miradas al mundo actual”, ed. cit., p. 204).

 

 

Bibliografía complementaria:

 

-         L. de Vedia: “P. V.” (en Boletín de la Academia Argentina de Letras, t. XXXVI, nº 141-142, jul.-dic. 1971, p. 315-321).

-         E. de la Rochefoucauld: “P. V.” (Columba).

-         M. Victoria: “El universal C.” (en su “Teoría del ensayo”, Emecé, 1975).

-         A. Gide: “P.V.” (en su “Obras”, P. y Janés, 1968).

-         P. de Boisdeffre: “Nuestros últimos clásicos” (en su “Metamorfosis de la literatura”, tomo 2, 1969).

-         Carloni-Filloux: “V. y la aventura del espíritu” (en su “La crítica literaria francesa”, Eudeba, 1961).

 

 

 

 


Publicado por Desconocido @ 6:42
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