LUIS FRANCO, POETA.-
Por Guillermo R. Gagliardi.
La Poesía de LUIS FRANCO es una poesía bucólica y civil, como él mismo apreció de la de Walt Whitman (1819-1892).
Canta a la Naturaleza, a la mañana, a la aurora, a las aves y las flores. Canta a la Alegría...El poeta se funde con la naturaleza vista en un sentido pánico.
Escribe en “El hermano ido” (1954):
“Amó el campo y la hora en que mejor despierta el alma, la hora
de más sabiduría que el día y la noche: la aurora.
...Y amó a los pájaros, porque en su canto y su vuelo
alzan la alegría de la tierra y el hombre hasta el cielo”.
“Hombre soy, y un poco árbol, pez y viento / y agua y sol vivos...”.
Honra al Hombre, al ser que ansía redención y a la hermandad. Vital, su poesía respira una frescura virginal, cuando no un claro mensaje social:
“Yo no canto la guerra ni la paz,
canto la navidad y el desarrollo
canto el insobornable crecimiento del hombre
y la violencia justa...”.
(en “Suma”, poema 37).
Su vitalidad es física y espiritual, posee un alma niña en cuanto asombro ante el más mínimo suceso de la naturaleza, y totalmente ajena de preocupaciones trascendentes ni complejidades.
“La vida no es mi costumbre, es mi pasión.
Siento que mi sangre convoca en sus márgenes todo lo que crece...
Acaricio con mis manos o mis ojos toda forma que late...”.
Cree en la Igualad de todos los Hombres, cree en el Valor Humano en sí y en su deber de confiar en sí mismo.
Definimos su Poesía, como él definió el arte poético whitmaniano: “claridad y claridad; sencillez, sencillez y sencillez”.
En su “América Inicial” (BABEL, 1921) expuso su pensamiento.
“No se debe engrillar al artista en nombre de los modelos antecesores...”.
El artista “debe tener un solo dogma: la espontaneidad y una sola rutina: la innovación”.
El poeta es Todo el Hombre, el Purificador del Mundo, el Maestro, la criatura de Ingenuidad y Profundidad, “sabiamente armoniosa y auténticamente salvaje”.
El arte no debe constituirse en un “realismo de feria”, sino y ante todo, Lirismo. Ni cosa de ornato ni de énfasis, “sino la versión de estremecidas y nobles peripecias íntimas”.
Explica cómo concibe un poema:
“Trabajo el Poema
(se trabaja él, conmigo de instrumento),
¡en qué jornada pura de ocho horas de vagancia!
Con el arte de cielo y barro de la lluvia.
Por instantes su ronca premura es la del rayo!”.
El poema pues, le nace en el vivir ocioso y alegre, en contacto con Natura:
“Remozo mis dientes en la carne edénica de las frutas...
paladeo el corazón del trópico en la frescura de los ananás...
paladeo, en el viento o la sal remota del mar
...Bebo horizontes y climas trago a trago”.
“una rosa que lleva la lucha y el dolor... más también la sonrisa de la felicidad, debe llevar el ritmo ascendente y optimista de la vida”.
Por una parte, el fin Humanitario, tanto de las esperanzas de los humildes, y por otra, la Alegría. El Dolor y la Alegría, los dos aspectos de toda auténtica Creación.
Luis Leopoldo Franco (1898-1989), catamarqueño ilustre, ha recibido el Premio Municipal de Poesía por su “Constelación” y las alabanzas y reconocimiento de la crítica internacional desde 1920, en que publicó su primer libro “La flauta de caña”.
Leopoldo Lugones apreció de su arte que es “verdadero himno sagrado al trabajo de la tierra, como pocas veces se oyó, si se lo ha oído alguna vez tan noble y puro en nuestro idioma. Verdadera voz, también, de un poeta genuinamente argentino”.
Juana de Ibarbourou le dedicó un poema:
“...¡hijo mío!
Bendita sea, Luis Franco, tu estupenda poesía.
Tu alegría dio el fruto que no dio mi alegría”.
Roberto Arlt:: “la enormidad de su inspiración es tan evidente, que toda palabra se hace lánguida para expresar su altura”.
Alberto Hidalgo ha proclamada desde su Arequipa, “a pulmón pleno”: “Para celebrar a un poeta de su envergadura, las palabras no alcanzan. Propongo que se lo rodee de mujeres y flores, aplausos, botellas y estrellas...! América me ha dado el encargo de saludarlo con los Andes abiertos”.
Enrique Espinoza (Samuel Glusberg): “la aparición de Luis Franco en las letras argentinas constituye quizás un caso único”.
Alfonso Reyes, según el testimonio de Gabriela Mistral, habló de él como de una de “las voces realmente nuevas de nuestra América”...
Su obra cuantiosa, celebrada y calificada, trasciende una autenticidad humana y artística, autenticidad de pensamiento. Él mismo se define:
“Un hombre que cree que los campanarios y las cátedras idealistas son los equivalentes culturales de la mosca tse-tse”.
Entiende el Amor, no a lo Dante ni a lo Leopardi, el amor carnal, como goce de los sentidos. Poeta “pagano”:
“Desnúdese tu cuerpo en la gimnasia casta
como una estatua. Puro y audaz tu cuerpo entrega
a la gracia del aire y del sol. La diosa griega
te unja en su óleo. El juego armonioso y diverso
de tus músculos plázcate como el más bello verso...
...Un cuerpo hermoso, fuerte, sano, qué noble palma!”.
Su arte es un canto a la vida. Los ritmos de sus versos es natural. Los encabalgamientos acentúan esa fluencia natural del verso que manifiesta el verdadero latido del corazón, del espíritu del autor.
En pocos versos puede traslucir lo esencial de su emoción:
“Pelusilla de tus labios
es la del durazno prisco
por eso es que más que el beso
tu boca tienta el mordisco”.
Imágenes puras y sencillas. posee el dominio de la esencialidad:
“¡Oh mediodía,
corona de oro del mundo”.
Ha cantado formidable y a la vez sencillamente a su madre:
“A esta mujer callada, esta mujer oscura,
la alabo, así, vestida de simpleza y cordura...”.
Suficiente, ya en esos dos versos, con rima consonante, nos ofrece su imagen maternal.
“Y nada hay tan de madre como sus manos pías...”.
Considera fundamental la Bondad del ser humano, que aún es Más Bueno cuando oye el trino de las aves, huele el olor del trigo o trabaja. Las manos, símbolo de lo que el hombre Es, y de lo que Puede Ser.
Y la Pampa, “un hogar con todas las puertas y ventanas abiertas”, otro leit-motiv de su escritura, sus árboles y flores, sus animales:
“Tierra de mocedad en que el horizonte no tiene una arruga”.
Porque “Soy un árbol ebrio de pájaros y de infinito”.
Pero es el escritor de muy aguda conciencia social, poeta de la denuncia, de la propuesta, de la crítica, humanísimo:
“Que ignoréis lo demás, no importa:
hay niños con hambre, sabedlo.
Niños que lloran
Con llanto de hombre, oh cielos”.
En 1920, en “La flauta de caña” se reveló un Poeta Nuevo. Joven campesino. Los cerros, los ríos, los pájaros, las cigarras y, sobre todo las mozas garridas de su aldea, llenábanle de poesía.
Poeta eglógico, y labriego honrado y hacendoso. “El libro del Gay Vivir” (1923) muestra su vitalidad extraordinaria, su serenidad espiritual. Nada le tortura, ni complejidades subjetivas ni preocupaciones trascendentes. Canta a la voluptuosidad, la embriaguez, la pureza del aire... Verso límpido, director, tradicional en su forma:
(Creo) “que la poesía está, o puede estar en toas partes (hasta en una ecuación algebraica o en las malas palabras de un bebé
, menos en la joroba de los profesores de arte poético, o en las máquinas de escribir de los gacetilleros.
...que el arte nuevo no saldrá de las retortas ni de los alambiques sino de una nueva relación del hombre con la naturaleza, con la sociedad y con su propio espíritu...”.
Explica cómo concibe el poema:
“Trabajo el Poema
(se trabaja él, conmigo de instrumento),
¡en qué jornada pura de ocho horas de vagancia!
Con el arte de cielo y barro de la lluvia.
Por instante, su ronca premura es la del rayo”.